martes, 17 de diciembre de 2013

El arnés de justa II





Prosigamos...

Aparte de los arneses que vimos ayer, aún nos restan por estudiar alguno que otro más. En primer lugar, debemos observar la ilustración de cabecera en la que aparecen dos jinetes acometiéndose con un equipo un tanto peculiar. Se trata de piezas para justas específicas, en este caso de Alemania. Los tedescos, siempre tan belicosos, idearon una serie de modalidades bastante curiosas que solo se practicaron en aquella tierra de bebedores de zumo de cebada. Veamos de que va el tema...



La imagen de la derecha nos muestra el arnés diseñado para una modalidad denominada "sharfrennen" cuyo objetivo no consistía ni en romper lanzas gallardamente ni gaitas. En el scharfrennen lo que se intentaba era arrancar la tarja o, mejor aún, derribar al adversario y producirle una suntuosa costalada. El término scharfrennen proviene al parecer del tipo de silla que usaban, sin arzones altos para que el interfecto no se viera sujeto por la misma y pudiera salir elegantemente despedido de la grupa de su penco. La protección pectoral estaba encomendada a ese escudo moldeado con la forma del brazo izquierdo y la parte inferior de la celada a modo de babera adicional. Se fabricaban de cuero hervido, por lo que se podía hacer a medida sin problema. El lado izquierdo se cubría con la enorme arandela de la lanza que, como se ve, tiene cierto grado de inclinación para que se adapte mejor al cuerpo. En cuanto a las piernas, no iban provistas de quijotes y grebas, sino que se cubrían con esos perniles metálicos con la inclinación adecuada para adaptarse a las piernas cuando se montaba a caballo y que iban fijadas a la silla de montar. Por cierto que la punta que emerge de la tarja no formaba parte de la misma. En realidad iba fijada al peto y servía para colocar en el sitio correcto dicha tarja, pasándola a través de un agujero practicado a tal fin. 



Por otro lado, en el scharfrennen no se usaban puntas jostradas en las lanzas, sino de guerra. Concretamente como la que aparece en la foto de la izquierda, de sección prismática. Si esa moharra acertaba en la parte superior del yelmo, menos protegida, o en la cadera, ya podía uno prepararse para partir al Gran Viaje Final, porque ese chisme era un trépano inmisericorde. Junto a la moharra vemos el tipo de silla al uso en esta modalidad que, como ya dije antes, carecía de arzones altos.



Y para colmo, en el sharfrennen no se separaba a los justadores con la barrera, de forma que se acometían como antaño o sea, frente a frente. Ello implicaba que ambos contendientes recibían un golpe simplemente bestial ya que la lanza del adversario chocaba contra el otro casi perpendicularmente, así que el cuerpo absorbía toda la energía del impacto. Además, los caballos se podían dar unos testarazos monumentales por lo que iban provistos de testeras y unos curiosos collares como el que aparece en la imagen inferior. A la izquierda aparece por su lado interno mostrando que se trata de una estructura de varas o gruesos mimbres forrados de cuero. En la parte inferior, en blanco, aparece un relleno de paja que se apoyaba en el pecho del animal. En el centro vemos la cara exterior en la que se aprecia el grueso relleno recubierto de cuero pespunteado. Finalmente, a la derecha tenemos el collar cubierto con tela a juego con el caparazón del caballo mostrando las armas de su jinete. De esa forma se evitaba desgraciar un bridón que costaba más que lo que ganaba en toda su vida un artesano de la época.







Otra modalidad exclusivamente germánica era el "bundrennen" que consistía en acertar de pleno en el centro de la tarja, la cual iba recubierta de láminas de metal que, mediante un ingenioso mecanismo como el que vemos a la derecha, las hacía saltar en todas direcciones. Así no había duda de quién era el que había ganado el lance y, además, era una prueba palmaria de la extrema destreza del justador ya que era muy difícil acertar en el centro del escudo a galope tendido. Lo que no inventen estos tedescos... En todo caso y como hemos podido comprobar, la protección en las justas alemanas era muy inferior a las que estaban al uso en el resto de Europa. De hecho, vemos que la protección del torso estaba confiada a una tarja y a la arandela de la lanza ya que el chisme de la foto no era una armadura en sí misma, sino un armazón destinado a hacer saltar las láminas de la tarja. Así mismo, las piernas no iban provistas de las piezas habituales. Cabe pues pensar que, al ser justas basadas en la precisión más absoluta, no hacían necesarias las protecciones integrales habituales. Lo que no sabemos es que pasaba si el "diestro" tedesco fallaba... Debía ser algo tremendo, ¿no?



Y para terminar, un tipo de yelmo con una serie de accesorios para practicar las modalidades descritas en la entrada. Podemos verlo a la izquierda. Se trata de la típica celada gótica con una bufa como protección adicional asegurada mediante una palometa. Estas celadas no se fijaban a la coraza como los baúles u otros tipos de yelmos (almetes o borgoñotas), y el cuello podía moverse libremente así que había que inventar algo para evitarlo. Así pues, para ello tenemos esa peculiar pieza metálica atornillada al crestón y que, como vemos con más claridad en el dibujo de la derecha, va fijada con otra palometa al espaldar. ¿Que para qué sirve? Pues precisamente para lo que comentaba más arriba acerca de qué pasaría si el adversario era un inútil y no acertaba en la tarja, sino en el yelmo. Esa pieza impedía simplemente que la lanza del contrincante le arrancase la cabeza de cuajo. Sin ella, el cuello sería absolutamente incapaz de resistir semejante empuje, la cabeza oscilaría hacia atrás hasta límites insoportables y, con seguridad, las cervicales se irían al garete. Y puede que la testa también, naturalmente. Dicho claramente: muerte segura.

La verdad, me da dolor de cabeza solo imaginarlo. Había que ser bestia, carajo...

Bueno, mañana proseguimos. Como cierre dejo esa ilustración del gran maestro Angus McBride en la que se ve con claridad meridiana en qué consistía eso del bundrennen por si alguno no lo ha pillado.

Hale, he dicho...