domingo, 22 de diciembre de 2013

La Carta de Venecia



Esta entrada tiene como objeto ilustrar a mis lectores acerca de las normas por las que los "expertos" se rigen a la hora de perpetrar sus monstruosas "puestas en valor" y, de paso, dejar claro que cuando despotrico en las entradas sobre estos temas contra esa horda nociva, lo hago sabiendo lo que digo. O sea, que no es teatral visceralidad ni empecinamiento propio de ignorantes, sino fruto de la comparación entre lo que se debería o podría hacer y lo que en realidad se hace, que ciertamente hay un abismo entre lo uno y lo otro. Es posible que a muchos de los que me leen les de una soberana higa esta temática, lo cual me parece muy bien porque cada uno se interesa en lo que tiene a bien, pero me consta que hay otros que, al igual que yo, sienten como les arde la sangre ante las grotestas y onerosísimas "restauraciones" que se llevan a cabo en nuestro país. Así pues, al que no le interesen estas cuestiones que se ahorre leer la filípica que voy a largar a continuación y se ponga a ver una peli o, mejor aún, a hacerle arrumacos a la parienta a ver si a cambio se aviene a prepararles el plato predilecto de vuecedes.

Dicho esto, vamos al tema. Esto de la Carta de Venecia no va de cartas de amor, ni tampoco de misivas dirigidas al dux por los astutos y sagaces embajadores venecianos, sino que se trata de un documento que firmaron en 1964 en dicha ciudad una serie de individuos que asistieron a un congreso, concrétamente el II Congreso Internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos. O sea, expertos. En dicho documento, que no es en sí más que una mera declaración de intenciones, se fijaban una serie de principios comunes para la restauración y conservación del patrimonio histórico pero que, en modo alguno, eran ni son de obligado cumplimiento ya que el patrimonio histórico de cada nación es de su propiedad y puede restaurarlo o conservarlo como le de la real gana. Para que nos entendamos: ningún país tiene obligación de seguir estas normas. 

Con todo, y ya que aquí sí seguimos esas normas porque somos más papistas que el papa y firmamos todo lo habido por haber aunque nos perjudique, como por cierto quedó claro a raíz de la tristemente célebre sentencia del Tribunal de Estrasburgo que ha puesto en la calle a decenas de alimañas que deberían pudrirse en el trullo algunos lustros más, he entresacado del articulado de dicho documento una serie de datos sumamente reveladores que dejan bien claro que las "puestas en valor" que se realizan con nuestro patrimonio son una IMPOSTURA como una catedral y no una pataleta mía en plan talibán. Veamos...

Preámbulo (fragmento)
Es esencial que los principios encaminados a la conservación y restauración de los monumentos sean preestablecidos y formulados a nivel internacional, dejando, sin embargo, que cada país los aplique teniendo en cuenta su propia cultura y sus propias tradiciones.

O sea, que España tiene total potestad para llevar a cabo las intervenciones que considere oportunas en función de nuestros intereses. Es de todos sabido que en España, por norma, se considera más adecuado, más interesante, mejor, más democrático y más chulo lo que venga de fuera, producto de nuestros inacabables complejos por haber sido el mayor imperio del mundo mundial al parecer.


Preclaro ejemplo de "mantenimiento sistemático". El ocupa
es el que se mantiene ahí de gorra y nada más. El resto del
edificio se desmorona sin que nadie lo impida
Art. 4
La conservación de los monumentos impone ante todo un mantenimiento sistemático.

Y un carajo. Aquí se gastan una fortuna en "poner en valor" para, al cabo de pocos meses, ver el monumento lleno de basura, con destrozos, pintadas, etc. ¿Tanto cuesta poner un guarda, con la de paro que hay? Hecho el "reparto de beneficios" del pastón invertido, ¿qué más da si el monumento se cae a cachos? Ya nos entendemos, ¿no?





Al parecer, no hay otro sitio disponible para
poner las antenas. Igual era un clamor
popular para convertir la torre en un poste
Art. 5
La conservación de los monumentos se ve siempre favorecida por su utilización en funciones útiles a la sociedad: tal finalidad es deseable, pero no debe alterar la distribución y el aspecto del edificio. Las adaptaciones realizadas en función de la evolución de los usos y costumbres deben, pues, contenerse dentro de estos límites.

No se contienen dentro de nada. Aquí se altera el aspecto de una fortificación de forma que adopte un aspecto grotesco que nada tiene que ver con el original y no pasa nada. Ejemplos, por desgracia, conocemos por decenas o incluso centenas. A la derecha podemos ver uno de ellos: una torre usada como poste para varias antenas. Lleva así la torta de años pero, hasta ahora, nadie se ha preocupado de quitarlas o cambiarlas de sitio empezando por el mismo ayuntamiento.



Art. 7
El monumento no puede ser separado de la historia de la que es testimonio, ni del ambiente en el que se encuentra. Por lo tanto, el cambio de una parte o de todo el monumento no puede ser tolerado más que cuando la salvaguardia de un monumento lo exija, o cuando esté justificado por causas de relevante interés nacional o internacional.

¿Qué exigía o qué justificaba el ejemplo que vemos a la derecha? Sobran más comentarios.


Art. 9
...cualquier trabajo encaminado a completar, considerado como indispensable por razones estéticas y teóricas, debe distinguirse del conjunto arquitectónico y deberá llevar el sello de nuestra época.

¿Por narices el sello de nuestra época tiene que ser el adefesio modernista? ¿Es que una simple puerta de madera no es de nuestra época? ¿Solo son modernas esas cristaleras horrorosamente feas y fuera de contexto? 



Art. 12
Los elementos destinados a reemplazar las partes que falten deben integrarse armoniosamente en el conjunto, pero distinguiéndose a su vez de las partes originales, a fin de que la restauración no falsifique el monumento, tanto en su aspecto artístico como histórico. 

¿Saben estos cantamañanas lo que quiere decir "integrar armoniosamente"? Diría que más bien no saben un carajo de nada. Eso más bien parece un cuadro cubista que una torre.


Bien, como vamos viendo, los "sacrosantos" principios de la cartita de marras se los pasan por el ombligo. Estos "expertos" se toman como les da la gana el articulado y aplican las normas como les apetece y, supongo, como más caro resulte por razones obvias. Pero aún hay más...

En el año 2000 se firmó un nuevo documento a fin de actualizar los principios vertidos en la Carta de Venecia. Al igual que ésta, era una declaración de intenciones como la anterior sin obligación de acatarla. Se firmó en Cracovia, redactada por una serie de representantes de varios países entre los que se encontraba, por parte de España, el profesor Javier Rivera Blanco. Veamos algunos párrafos tanto o más sugerentes que los vistos hasta ahora.

4. Debe evitarse la reconstrucción en “el estilo del edificio” de partes enteras del mismo. La reconstrucción de partes muy limitadas con un significado arquitectónico puede ser excepcionalmente aceptada a condición de que esta se base en una documentación precisa e indiscutible. Si se necesita, para el adecuado uso del edificio, la incorporación de partes espaciales y funcionales más extensas, debe reflejarse en ellas el lenguaje de la arquitectura actual.

En la imagen inferior vemos un ejemplo de que esto no se cumple, como está mandado. La foto de la izquierda es de principios del siglo pasado y en ella se aprecian perfectamente la morfología de las dos torres de la derecha. Obviamente, este documento gráfico puede considerarse "una documentación precisa e indiscutible". Así pues, ¿por qué como vemos en la foto de la derecha una de las torres ni se ha reconstruido y la del extremo derecho ha sido rehecha de forma que no se parezca ni de lejos a su aspecto anterior? Ah, misterio...





Prosigamos...

6. La intención de la conservación de edificios históricos y monumentos, estén estos en contextos rurales o urbanos, es mantener su autenticidad e integridad, incluyendo los  espacios internos, mobiliario y decoración de acuerdo con su conformación original. Semejante conservación requiere un apropiado “proyecto de restauración” que defina los métodos y los objetivos. En muchos casos, esto además requiere un uso apropiado, compatible con el espacio y significado existente. Las obras en edificios históricos deben prestar una atención total a todos los periodos históricos presentes.

Como se ve en la foto, aparte de la basura acumulada por la falta de mantenimiento, el "mobiliario" y, sobre todo, la "decoración" no parece que tengan mucho que ver con el original.

Y, finalmente, la perla entre las perlas. Por favor, léanla muy muy despacio, analizando detenidamente cada palabra:

12. La pluralidad de valores del patrimonio y la diversidad de intereses requiere una estructura de comunicación que permita, además de a los especialistas y administradores, una participación efectiva de los habitantes en el proceso. Es responsabilidad de las comunidades establecer los métodos y estructuras apropiados para asegurar la participación verdadera de individuos e instituciones en el proceso de decisión.

¿Sabe alguien de que haya habido una sola vez en que se haya consultado al pueblo acerca de estos temas? Yo diría que no. Los "expertos", en su infinita y desmedida soberbia, así como los políticos que tanto hablan en pro del pueblo pero pasando del pueblo en plan déspota ilustrado, van a su bola, ellos se lo guisan y ellos, nunca mejor dicho, se lo comen. Es más, tampoco tengo constancia de que se convoquen concursos con diversos proyectos, los cuales sean a su vez presentados a la población para que elijan. No, nada de eso. El político llama a su cuñado que conoce a un amigo que tiene un compadre, tras lo cual el compadre del amigo de su cuñado presenta un proyecto que, invariablemente, cuesta un riñón. Finalmente, y sin que nadie más que el político y el experto hayan estado al tanto de lo que se cuece, presentan la perpetración a hechos consumados. Si al personal no le gusta, ajo y agua, y si la restauración es una aberración pues se aplica invariablemente la Ley de Herodes: o te chinchas o te jodes. Y eso es lo que hay, dilectos lectores.

En fin, así son las cosas. Ya saben de donde proviene tanta chapa mohosa, tanto hormigón, tanta farola que ni el mismo arquitecto o político jamás pondrían en su calle o tanto cristal que le pega a un castillo lo mismo que a un santo dos pistolas. Y encima me salen sujetos como el que hace pocos días me exhortó a que me retractara en base a no se qué razones socializantes que eran la excusa para convertir el castillo de Aracena en un forúnculo sangrante. Y una leche voy a retractarme cuando veo como se cometen las mayores felonía escudándose en declaraciones de intenciones en las que solo han tomado parte cuatro "expertos" que se creen los dioses del Olimpo castellológico y, para colmo, tienen la inmensa osadía de arrogarse la posesión de la verdad absoluta. UN CARAJO PARA TODOS ELLOS.

Hale, he dicho