jueves, 22 de enero de 2015

El origen del caballero medieval 1ª parte


Dilectos lectores, las cosas claras y el chocolate espeso. Que nadie tenga la osadía de negar que, en algún momento de su vida, ha soñado con ser un caballero de los buenos. Sí, de esos que iban por el mundo desfaziendo entuertos, masacrando bonitamente a sus enemigos y viendo como el hembrerío caía rendido ante su viril prestancia y su gallarda apostura. Todos hemos leído alguna vez sobre la ceremonia en la que los neófitos eran armados caballeros, y eso de que te calzara las espuelas un pibón con una trenza rubia hasta por debajo del culete daba un morbo fastuoso, para no hablar de la que te ceñía la espada, arma que constituía la quintaesencia del espíritu caballeresco. Sin embargo, esa idílica imagen es, una vez más, el enésimo tópico sobre el medioevo que conviene clarificar. Vamos a ello...

ANTECEDENTES HISTÓRICOS
DEL CABALLERO MEDIEVAL


EQVES de tiempos de la república
De entrada, debemos recordar que en todas las sociedades de Occidente anteriores a la Edad Media ya existía el concepto de "caballero". Dentro de las castas sociales de cada cultura había por norma una dedicada a la milicia con el mero fin de disponer de hombres con un entrenamiento militar adecuado para rechazar hipotéticos invasores y, dentro de dicha casta o estamento, los que disponían de medios económicos tenían la posibilidad de combatir a caballo o en un carro de guerra. Esto no solo tenía unas connotaciones de tipo social que los colocaba en un estatus superior al resto, sino que les permitía aumentar notablemente las posibilidades de salir vivos y razonablemente enteros de las guerras y poder volver a casa a contar batallitas a los cuñados mientras estos, aprovechando la ocasión, le dejaban al héroe la bodega llena de aire. 

Buena prueba de ello lo tenemos en el ORDO EQVESTER romano, el segundo estrato social en categoría tras los PATRITII, cuyos miembros, los EQVITES, provenían de los miembros del ejército que se podían costear el caballo y todos los arreos mientras que el resto, que por cierto también se tenían que pagar el equipo, tenían que combatir a pie por falta de medios económicos. Esta superioridad social y económica implicaba poder escalar en el poder político, lo que finalmente convertía al combatiente a caballo, o sea, el caballero, no solo en un miembro de la élite militar y social, sino también en un dirigente que podía alcanzar los más altos cargos en la administración del estado. Recordemos que era precisamente de los EQVITES de donde salían los COMITIS o compañeros, un grupo de selectos entre los selectos destinados a servir como séquito a los PATRITII. Más tarde, en tiempos de los visigodos, los COMITIS siguieron formando una élite política y militar que en la Baja Edad Media dio lugar al COMES, o sea, al conde. 


BUCELLARII del siglo V d.C.
No obstante, el caballero medieval tal como lo conocemos tiene su origen en los pueblos germánicos que dominaron Europa tras la caída del imperio romano en base a una diferencia de tipo social: mientras que el EQVES romano era un ciudadano que pertenecía a un estrato social simplemente por su forma de combatir, los pueblos germánicos se consideraban a sí mismos como una raza de guerreros. El EQVES romano luchaba a cambio de un estipendio, mientras que el guerrero germano (franco, visigodo, lombardo, etc. ) lo hacía porque su honra y su condición de guerrero así se lo demandaban, y sus hijos actuarían igual porque ser de una casta guerrera era algo hereditario. Así pues, para pertenecer al estamento militar no era necesario tener sangre noble o un determinado patrimonio sino, simplemente, ser un hombre libre que había heredado su condición militar de sus ancestros. De hecho, a partir del siglo IV d.C. muchos germanos que pasaban de dedicarse a las labores rurales se enrolaban en las escoltas personales de la aristocracia terrateniente y militar romana a cambio de una paga y el sustento, de donde les dieron el mote de BUCELLARII que no significa otra cosa que comedores de BVCELLATVM, un bizcocho que sustituía al pan cuando estaban en campaña.

La desaparición del imperio conllevó además la extinción de los ejércitos permanentes que habían distinguido ese período histórico. Recordemos que no fue hasta el Renacimiento cuando volvió a aparecer el concepto de ejército profesional al servicio del estado así que, una vez que las legiones pasaron a la historia, la única forma de levantar un ejército era llamando a la guerra a los súbditos del reino. No obstante, algunos gobernantes que se lo podían permitir conservaron a su servicio de forma permanente grupos de militares como los antiguos BUCELLARII  conforme a lo que hoy conocemos como guardia personal. Estos hombres de armas, que seguían sin tener que ser nobles o terratenientes sino simplemente diestros en su oficio, recibían un estipendio a cambio de permanecer al servicio del rey, gobernador, jefe tribal o lo que fuera; por otro lado, siempre podían actuar como pequeña mesnada en caso de emergencia ante un inesperado ataque ya que, como hemos comentado muchas veces, los efectivos de los ejércitos de la Alta Edad Media no eran ni remotamente tan numerosos como narran las crónicas. 


Miniatura del Salterio de Stuttgart (c.825) que
muestra un jinete aún sin estribos
Por último, hay que añadir un detalle que, aunque no lo parezca, fue el germen que dio lugar al concepto de caballero medieval que todos conocemos. Hasta las postrimerías del primer milenio, la caballería no fue en ningún momento el arma decisiva en que se convertiría a partir del siglo XI. El cometido del combatiente a caballo se basaba por lo general en la exploración, el hostigamiento a tropas enemigas, persecución del enemigo y explotación del éxito tras la batalla o incluso como una especie de combatiente multiuso que, gracias a su movilidad, podía ser enviado con rapidez de un lado a otro durante la batalla según las necesidades del momento. Esta forma de luchar estaba basada en la limitación que tenía el jinete que, al carecer de estribos, no podía formar ese conjunto sólido y formidable que supuso el caballero sentado en una silla de arzón alto y provisto de apoyo en los pies que le permitía actuar como arma de choque. 



La ausencia de estribos no permitía cargar embrazando
la lanza, ni golpear apoyando los pies para imprimir
más fuerza
Muchos autores coinciden en que es a partir del año 1000 cuando el estribo y la silla de arzón alto convierten al jinete de caballería ligera la uso hasta aquel momento en un jinete de caballería pesada: un hombre fuertemente armado que podía embestir al enemigo embrazando la lanza o dando tajos con su espada sabiendo que el apoyo que le daba el estribo convertía a su montura en una base estable dentro de lo que cabe. Éste sólido conjunto que convertía a caballo y caballero en una especie de centauro mitológico se agrupaba en formaciones cerradas capaces de barrer del campo de batalla al adversario gracias al silla que, al dar un apoyo en la zona lumbar, les permitía ensartar a un enemigo sin salir despedido hacia atrás, o abrirles la cabeza en dos de un tajo de espada sin que la inercia del golpe les hiciera caer de lado, o golpear sin la fuerza necesaria porque no podían descargar el peso del cuerpo sobre el objetivo al carecer del apoyo necesario.


Jinetes carolingios de mediados del siglo X que ya aparecen
con estribos. En cuanto a la silla, la baticola y el petral la
aseguran sólidamente al caballo mientras que la aparición
del arzón alto permite al jinete quedar unido a su montura
Obviamente, estos combatientes no eran baratos. Sus caballos debían ser especiales, animales grandes y poderosos capaces de soportar el peso tanto de los jinetes como de sus armas. Dichas armas también eran extremadamente caras, y la panoplia de un jinete a caballo en aquel momento era ya bastante compleja: yelmo, almófar, loriga, escudo, espada y lanza como mínimo. ¿Cómo pues se podría disponer a un elevado número de combatientes tan eficaz en una época en que era absolutamente inviable el mantenimiento de un ejército profesional como el que tenían en Roma? ¿Quién podría pagar los caballos y las armas cuyo precio estaban solo al alcance de los terratenientes? No fue muy complicado:


  1. Los monarcas ofrecen como pago a los servicios prestados por estos jinetes tierras de cuyas rentas no solo podrán vivir, sino pagarse sus onerosos equipos.
  2. Estos jinetes son el germen de una nobleza terrateniente que forma a su vez grupos de seguidores, o sea, hombres de armas a caballo que luchan a cambio de un estipendio. Esto permite a la nobleza terrateniente disponer de su propio ejército para hacer frente a otros señores con afán de apoderarse de las tierras del vecino y, lo más importante, poder acudir a las llamadas a la guerra por parte de los monarcas de forma que, como pago a dicha llamada, obtenían más tierras por lo que sus patrimonios aumentaban de forma ostensible. 
  3. De ese modo se acaba creando una red clientelar en la que la corona -o sea, el estado- no mantiene a los profesionales de las armas, sino que dicha carga corre a cargo de la nobleza tanto secular como eclesiástica. A cambio, el rey concede a la nobleza tierras y privilegios.

Fragmento del Tapiz de Bayeux. Estos jinetes del siglo XI
son el germen del caballero medieval que todos conocemos
Así pues, este tipo de combatiente a caballo que, según los estudiosos en la materia surge en la Francia de Carlos Martel a raíz de la batalla de Poitiers (732), se extiende inicialmente hacia la Península debido al constante estado de guerra contra los musulmanes y, a continuación, por el resto de Europa. Independientemente de los usos respecto a los ritos de iniciación caballeresca y demás peculiaridades de cada nación, así fue cómo surgió la figura del caballero medieval, que no necesariamente era de sangre noble, ni cantaba trovas a las damas ni se paseaba por el mundo en busca de problemas. La realidad era bastante más prosaica y menos idílica, y el ceremonial por el que se regían a la hora de ser armados caballeros tampoco conllevaba la carga religiosa que se suele imaginar. Pero todo eso lo veremos en la siguiente entrada, que por hoy ya he escrito bastante.

Hale, he dicho...


Ya vemos como las más fascinantes leyendas medievales sobre la caballería tenían su origen en hombres que
elegían como oficio servir de escolta a los aristócratas de su época, de forma similar al concepto de mercenario.
O sea, muy lejos de esa imagen de generosidad y altruismo que se atribuye al caballero medieval

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