viernes, 6 de noviembre de 2015

Celadas venecianas


Es de todos sabido que los italianos han sido, y puede que aún sean, unos probos ciudadanos especialmente proclives a convertir cualquier chisme en motivo de regodeo estético. O sea, que si el resto de europeos compran a sus cachorros chupetes para que se callen un rato y no den mucho la murga, pues ellos les añaden mil virguerías para que sea un chupete tan bonito que de cosa dárselo a un crío para que lo llene de babas. Este es el caso de los peculiares yelmos a los que dedicaremos la entrada de hoy: unas celadas tan chulísimas de la muerte que uno preferiría dejarlas en una vitrina antes que ponérselas en la cabeza. Veamos pues...


Antes de nada, conviene hacer un inciso sobre la denominación de estos elegantes yelmos. Por lo general, en los catálogos y libros sobre el tema veremos que son designados como celadas, un tipo de yelmo de origen alemán que gozó de gran popularidad en toda Europa y, de hecho, eran el complemento de las famosas armaduras góticas. Sin embargo, la morfología de las celadas venecianas es la misma que la de las barbotas, un modelo surgido precisamente en Italia durante el siglo XV emulando los antiguos yelmos corintios del mundo helénico. En su día ya se publicaron sendas entradas sobre estas tipologías que pueden repasar vuecedes pinchando aquí y aquí pero, si no tienen ganas de leer mucho, pues limítense a observar la foto superior: el ejemplar de la izquierda es una barbota y el de la derecha una celada, en este caso milanesa.

Como se puede comprobar respecto al yelmo que vemos a la izquierda, una fastuosa celada veneciana de mediados del siglo XVII que podemos ver tanto de frente como de perfil, su apariencia es talmente la de una barbota, y no la de una celada. Así pues, que conste que la denominación que se les da actualmente no tiene nada que ver con su morfología, cosa que por cierto suele ser bastante habitual  ya que, desconocedores de los nombres reales de muchas armas, se les asignan otros que no tienen nada que ver con la realidad o, simplemente, un "experto" se lo inventa y santas pascuas. En cualquier caso y para no liarnos, pues optaremos por llamarlas de la forma más habitual, o sea, celadas.

Celada veneciana c. siglo XV
Como todos sabemos, la Italia medieval era una miríada de ciudades estado y de territorios bajo el mando de nobles que, aunque no eran reyes, actuaban como tales en sus dominios. Cabe pues suponer que cada cual procuraba hacer gala de la mayor ostentación posible, no solo en sus ropajes, sino también en su panoplia a fin de demostrar a propios y extraños que eran hombres de posibles y, de paso, apabullar a sus cuñados más envidiosos. Así debieron surgir estos peculiares yelmos, destinados a dejar bien claro al personal que uno estaba forrado de pasta portando en la cabeza esas obras de arte más cercanas a la orfebrería que a la armería y que, curiosamente, eran exclusivos de la poderosa Venecia, ciudad estado donde el dinero entraba literalmente a mansalva en aquella época. 




En ocasiones, la barbota base era muy anterior
al decorado, habiendo ejemplares del siglo XV
cuya ornamentación está datada en los siglos
XVI o XVII. Un buen ejemplo sería el de la foto,
cuya decoración es claramente de estilo barroco.
Por norma, las celadas venecianas partían de una barbota convencional, ya fuese abierta o, como la que vemos en la foto superior, cerrada y con una abertura de ojo de cíclope. Para darles vistosidad, se revestían con telas de precio, seda o terciopelo generalmente rojo, y a continuación se añadía una decoración a base de bronce dorado que, como mínimo, recorría todo el borde del yelmo. Esta decoración, casi siempre basada en motivos florales, daba lugar a piezas sumamente elaboradas que, obviamente, encarecían el precio final. Pero algunos, deseosos de señalarse como más pudientes o con el cuñado más odioso, añadían aún más motivos en bronce repartidos por toda la superficie de la barbota, llegando en algunos casos casi a cubrir por completo el revestimiento de tela, como vemos en el ejemplar de la izquierda. Por último, también podremos ver incluso pequeñas cimeras como las de la fila superior de la colección que presentamos a continuación y que son una preclara muestra del primoroso nivel de acabado que alcanzaban estas piezas. El del centro, por ejemplo, muestra el león que representa al evangelista San Marcos, patrón de Venecia, mientras que el de la derecha porta un grifo, animalito mitológico muy extendido en la heráldica medieval ya que representaba el valor y la fuerza.




Ejemplar perteneciente a Giandomenico Tiepolo.
La pieza base es una barbota milanesa fabricada
por Missaglia hacia mediados del siglo XV,
mientras que la decoración está datada entre
1660 y 1710
Está de más decir que estos yelmos no se usaban en combate si bien su robustez era similar a la de los normales. Su peso era similar a estos, de alrededor de 1,5 kilos o algo más por el añadido de bronce decorativo. Obviamente, no era plan de ir a una batalla con una de esas virguerías en la cabeza para que cualquier villano la dejase hecha unos zorros a golpe de alabarda. Así pues, el destino de las celadas venecianas no era otro que lucirlo en las paradas militares, justas, pasos de armas y demás saraos donde había que sacar del baúl las mejores galas para lucirse a base de bien. Celata de pompa o da parata, las llamaban en Italia de forma asaz significativa. Como colofón, añadir que su vida operativa fue más larga que las de sus parientas plebeyas ya que estas últimas fueron desapareciendo a lo largo de la primera mitad del siglo XVI, mientras que las celadas venecianas llegaron incluso a los albores del XVIII. Por cierto que no hay constancia de su uso fuera de su ámbito original.

En fin, así eran las suntuosas celadas venecianas, de las que se conservan en museos y colecciones privadas una cantidad de ejemplares razonablemente extensa y en unas condiciones espléndidas precisamente por su uso meramente ornamental. Si alguien desea hacerse con una de ellas, sepan que a veces suele aparecer algún ejemplar en las casas de subastas o en anticuarios de postín. No obstante, que conste que debe mentalizarse de que dejará la cartilla de ahorros tiritando porque valen un poco caras, me temo.

En fin, vale por hoy.

Hale, he dicho