martes, 30 de agosto de 2016

Ametralladores del ejército español


Ametralladoras Hotchkiss modelo 1914 ocupando una elevación en el Rif. Para defensa de los servidores de las máquinas
vemos dos escudos fabricados a nivel de unidad con sendas chapas de hierro.

Ciertamente, en España siempre hemos tenido un defectillo, y es que nos ha costado la propia vida aceptar las innovaciones tecnológicas. A pesar de que el ingenio hispano ha dado al mundo inventos tan fabulosos como la fregona, que liberó al personal de tener que limpiar el suelo hincados de rodillas, el bolígrafo, que acabó con las elegantes pero engorrosas estilográficas, o el chupa-chups, que evitó más de un atragantamiento letal entre la voraz chiquillería de medio planeta, hemos sido asaz remisos a la hora de adaptarnos a la modernidad. De ahí que hombres como Isaac Peral o Ricardo de La Cierva, que con sus submarinos y helicópteros nos habrían permitido disponer de armas totalmente revolucionarias, estén cuasi olvidados mientras que, por ejemplo, a Colt, que no inventó nada sino que se limitó a mejorar el invento de otro, lo conozcan hasta los nenes de la LOGSE esa la cual, a la vista de sus nefastos resultados, más bien deberían llamarse NÓSE en vez de LOGSE. En fin, eso es muy español, y ya lo anticipó Quevedo al afirmar que en España se tacha de maricón al que trabaja e hideputa al que triunfa.

Ametralladora Gatling del ejército yankee controlando la
carretera entre San Roque y Cavite. La foto fue tomada tras
la guerra, en febrero de 1899.
Debido a esa indolencia hispánica fuimos de los últimos países europeos en sumarnos al club de ametralladores a pesar de que andábamos a la gresca con los moros o, más grave aún, de que pudimos comprobar en nuestras propias carnes la eficacia de estas máquinas cuando los yankees batieron a nuestros aguerridos infantes en las Lomas de San Juan con sus Gatling, lo que les salvó de tener que reembarcar a sus amilanadas tropas y nos costó perder la preciada isla. Así pues, optamos por seguir demostrando al mundo entero que teníamos más cojones que nadie, pero también que estábamos más anticuados que los balcones de palo, por lo llegó un momento en que los cerebros pensantes del ejército decidieron que ya iba siendo hora de añadir a nuestro arsenal esas curiosas máquinas que hacían mucho ruido y gastaban mucha munición pero que, a cambio, mataban más gente que la peste.

Ametralladora Nordenfelt sobre afuste naval. Obsérvese su
similitud con los cañones Meroka que arman varios de
nuestros buques de hoy día.
No obstante, hay que señalar que ya en tiempos de Alfonso XII se adquirieron algunas Montigny empleadas básicamente como piezas de plaza adscritas a unidades de artillería. Recordemos el empleo táctico de esta primera generación de ametralladoras consideraba a estas armas más bien como piezas de artillería y no como armas de apoyo de la infantería, así que el siglo XIX concluyó para el ejército español con un total desinterés por estas máquinas, y solo la Armada las tomó en consideración equipando varios navíos con ametralladoras Nordenfelt de 11 y 25 mm. si bien su eficacia no pudo ser constatada ya que los malvados yankees mandaron al carajo a nuestra marchita flota en Santiago de Cuba en la nefasta jornada del 3 de julio de 1898. En todo caso, algún día nos podremos tomar cumplida venganza, que es un plato que cuanto más frío se sirva, mejor sabe.

Ametralladores en Sidi-Ifni manejando una vieja Hotchkiss.
Las tropas enviada allí tuvieron que combatir a los moros
con armamento más obsoleto que un disco de 16 rpm. salvo
las unidades que ya disponían del nuevo CETME
En fin, para no alargar más esta introducción, comentar solo que no fue hasta 1907 cuando, por fin, se decidió adoptar una ametralladora para apoyar la acción de la infantería en el campo de batalla. El arma elegida fue inicialmente la conocida Hotchkiss mod. 1899 reglamentaria en el ejército francés, si bien recamarada al calibre 7x57, el mismo de los fusiles Mauser 1893 empleados por el ejército español. Cinco años más tarde se llevaron a cabo una serie de modificaciones, así como la adopción del trípode y los elementos de puntería del modelo 1913, lo que dio lugar al modelo 1914. No obstante, el estallido de la Gran Guerra complicó sobremanera el suministro de máquinas ya que, obviamente, la producción la absorbía por completo el ejército francés, así que no quedó más remedio que adquirir un modelo de la firma Colt que resultó una birria, así como algunos ejemplares de Maxims. Dicho material fue enviado a las plazas de Ceuta y Melilla que, obviamente, eran las más necesitadas de armas modernas. No fue hasta el término de la Gran Guerra cuando se pudo restablecer la normalidad, comprando el estado español los derechos de producción de la Hotchkiss, la cual aún estaba dando guerra durante el conflicto de Sidi-Ifni allá por los años 1957-58.

Bien, dicho esto para ponernos en situación, al grano pues.

Distribución del baste para la ametralladora. Arriba
aparece el costado izquierdo, y abajo el derecho. Para
los que no lo sepan, el baste era el arnés sobre el que
los mulos transportaban su carga.
1. La unidad básica era la escuadra de ametralladoras, la cual se componía de un tirador, que por norma era un cabo, dos proveedores y un auxiliar, los tres con el empleo de soldados rasos. Para su transporte se empleaba lo que se denominaba "el elemento", o sea, dos mulos (¿vendrá de ahí lo de "valiente elemento estás hecho"?) con sus respectivos conductores. Una de las acémilas transportaba la máquina y dos cajas de munición y la otra el resto de la dotación de munición. Todos ellos formaban la escuadra, la cual estaba bajo el mando de un sargento. El primer proveedor tenía como misión cargar el arma y ayudar al tirador, el segundo proveedor era el encargado de acarrear la munición desde donde habían aparcado los mulos hasta la posición, así como retirar las cajas y peines servidos para, posteriormente, entregarlos en los puestos de municionamiento para su reposición. En cuanto al auxiliar, estaba a cargo de los respetos de la máquina, así como de su limpieza y buen estado de revista. Resumiendo: la escuadra de ametralladoras la formaban siete hombres y dos mulos. Por cierto que entre los respetos de cada máquina figuraban dos guantes para facilitar el cambio de cañón cuando la temperatura obligaba a ello. Dichos guantes, fabricados de cuero, llevaban las palmas recubiertas por una malla y una capa de amianto, pero no los usaba el mismo hombre. El de la mano derecha lo usaba el primer proveedor, que era el encargado de cambiar el cañón, y el de la izquierda lo usaba el auxiliar, que era el que lo debía enfiar con el agua del caldero ayudado por una esponja.

Ametralladores en plena instrucción. El pequeño caldero que se ve delante
de cada máquina era para contener agua. La Hotchkiss, aunque refrigerada
por aire, podía recalentarse cuando se hacía fuego sostenido, por lo que era
conveniente tener a mano agua para enfriarla con rapidez. En combate, el
caldero en cuestión debía estar seis pasos por detrás y a la izquierda de la
máquina junto al depósito de agua y el cañón de repuesto.
2. Para ser elegido como ametrallador debía tenerse en cuenta que el aspirante fuese "inteligente", si bien en los manuales de la época no se da un baremo para calcular el C.I. del mismo. Supongo que se consideraría como "inteligente" a todo aquel que no fuera analfabeto y supiera algo de números. Así mismo, debían estar en buena forma física ya que los mulos no llegaban nunca hasta primera línea, por lo que los servidores debían trasladar las máquinas y la munición hasta las posiciones. Además, se exigía una talla mínima de 1,68 metros, lo que para la época era una estatura más bien tirando por encima de la media. Además, se recomendaba que los auxiliares y proveedores adquiriesen nociones del manejo de las ametralladoras para que, en caso de que los tiradores de estas cayesen en combate, poder manejarlas hasta la llegada de sus sustitutos. En cuanto a los conductores de los mulos, se recomendaba que fuesen elegidos entre los que en su vida civil estuvieran habituados a su manejo. Es de todos sabido que estos animalitos son especialmente duros de mollera, y más los resabiados mulos del ejército.

3. Naturalmente, los reglamentos de la época contemplaban la distribución de cada miembro de la escuadra alrededor de la máquina tanto cuando era emplazada como cuando iba a lomos de los mulos. Es de todos sabido que el orden y la disciplina son la base de cualquier ejército como Dios manda ya que, de lo contrario, la tropa se vuelve disoluta, perezosa y pasan de morir como héroes, por lo que pierden todas las batallas. En el gráfico de la derecha podemos ver la posición de cada componente además de los mulos. Al frente de la escuadra tenemos al sargento jefe como A. El conductor E1 guía al mulo que porta la máquina y los respetos de la misma, y a ambos lados de este tenemos al cabo tirador en B y al primer proveedor en C1. Los dos irán a un paso de distancia del mulo. Detrás, también a un paso de distancia de su predecesor, aparece la acémila que transporta la munición guiada por el conductor E2. C2 es el segundo proveedor y D el auxiliar, también separados un paso del mulo. En cuanto al armamento individual, los ametralladores no estaban equipados con el mosquetón reglamentario. Ello era debido a que se consideraba que la misión de la escuadra era manejar su máquina, y el armamento individual era para defenderla en caso de necesidad. Por ello, cada miembro de la escuadra estaba armado con el machete y la pistola reglamentarios.

Milicianos anarquistas se encaraman en el cerro de Torreárboles, en
Cerro Muriano (Córdoba)
4. Si algunos se preguntan a santo de qué necesitaban dos mulos cuando hemos visto a los ametralladores tedescos acarreando su máquina entre solo dos hombres, sepan que ellos también precisaban de acémilas para el transporte de las ametralladoras de la época, que entre el peso de las mismas, los trípodes, respetos y munición era una burrada. Unas cifras nos pondrán al tanto: la Hotchkiss pesaba 25,5 kilos más 27,1 del trípode, lo que hace un total de 52,6 kilos a los que hay que añadirle los 3.000 cartuchos de dotación que pesaban nada menos que 75 kilos. A eso, añadir los 12,5 kilos del cañón de repuesto con su estuche, los 17 del depósito de agua lleno y los 17 de la caja de respeto con sus accesorios y herramientas. O sea, que así a bote pronto y sin contar con otros cachivaches diversos tenemos 174,1 kilos de nada, los cuales sí tenían que acarrear a brazo los servidores hasta primera línea, lo que no es cosa baladí. Un ejemplo lo tenemos en la foto superior, tomada por Robert Capa en la guerra civil, concretamente en Cerro Muriano. La mera contemplación de la puñetera foto me produce severos calambres, así como una fatiga extrema porque, las cosas como son, subir ese empinado cerro cargado con la máquina y el trípode indican que los dos milicianos que van en cabeza no fumarían, y si lo hacían debían tener los pulmones de un elefante. En cuanto a los que acarrean las cajas de munición cada una de ellas contiene 10 cargadores de 30 cartuchos, o sea, 300 cartuchos con un peso de unos 10 kilos cada una. Agota solo imaginarlo, ¿que no?

5. Si alguien piensa que a la hora de abrir fuego el sargento se limitaba a señalar el blanco y decir al cabo

-¡Abrasa a esa partía de mamone y que no quée ni uno vivo, Gonsále! ¡Fuego, hohtia, cagüendió!

Prácticas en el Rif. Aparte de los mirones, la foto muestra la posición de
los servidores. Obsérvese como el tirador ajusta la altura de la máquina
pues va a ser que nones. Todo tiene su ritual conforme a las ordenanzas, y en todo momento debe imperar el orden y la disciplina. Así, cuando el sargento ordenaba "prepárense para hacer fuego", el cabo tirador se tumbaba tras la ametralladora o se sentaba en el sillín del trípode, dependiendo de la posición de este último, mientras el primer proveedor se colocaba a su izquierda y el auxiliar a su derecha. El tirador entregaba al primero un baquetón, una llave para desmontar el cañón, un mazo y el guante derecho mencionado anteriormente. El auxiliar recibía el guante izquierdo y la esponja para enfriarlo, guardando ambos todos estos utensilios en su macuto. A continuación, el primer proveedor extraía un cargador de la caja y lo introducía en la teja de alimentación, tras lo cual quitaba el cubre-bocas y el protector de los elementos de puntería y los entregaba al tirador. Mientras tanto, el segundo proveedor salía al galope donde estaban los mulos en busca de dos cajas de munición, permaneciendo con ellas a la mitad de la distancia entre las acémilas y el puesto de tiro. Y mientras todo eso ocurría, el auxiliar disponía el caldero de agua, lo llenaba, metía dentro la esponja y colocaba el cañón de repuesto sobre dicho caldero, en unas escotaduras previstas para tal fin. Tras todas esas operaciones, que en teoría debían efectuarse a una velocidad intergaláctica, el sargento ordenaba qué tipo de puntería y cadencia de tiro debían hacerse en función del objetivo a batir, lo que suponía una serie de ajustes en el trípode y los elementos de puntería. Finalmente se daba la orden de abrir fuego si el enemigo no se había largado, aburrido de tanto esperar.

Ametralladora emplazada para batir de flanco la posición
que defiende
6. Está de más decir que los ametralladores tenían que estar constantemente llevando a cabo las prácticas reglamentarias para mejorar su eficacia y poder matar cuantos más enemigos mejor. Y ojo, que dicho adiestramiento no se limitaba a quemar unos cientos de cartuchos en un polígono de tiro. No, nada de eso. De hecho, el adiestramiento que recibían los cabos tiradores era de lo más enjundioso, recibiendo conocimientos acerca del cálculo de tiro en las condiciones más adversas considerando la existencia de corrientes de aire laterales, los ritmos de consumo de munición y un largo et cétera. Así mismo, los oficiales de las compañías de ametralladoras recibían cursos de lo más variopinto, entre los que cabría destacar el posicionamiento de las máquinas. O sea, que cuando una compañía llegaba a un sector determinado, el capitán que la mandaba no se limitaba a ordenar a los sargentos poner sus ametralladoras "aquí, aquí, allí y esa la pone mirando para allá porque ese barranco me da mal fario". Porque, ¿acaso sabía el capitán donde estaba exactamente el enemigo? Frente a ellos, seguro, pero, ¿dónde?, ¿a qué distancia? Para eso traía un mapa con las posiciones enemigas marcadas si es que se sabía con certeza su distribución en el frente, y en base a ello se designaban los lugares más adecuados para emplazar las máquinas en función del ángulo, altura y distancia respecto a dichas posiciones. Como vemos, no era ninguna chorrada ni se emplazaban de cualquier modo.

Foto que muestra el balde de agua con el cañón de
repuesto reposando sobre el mismo en las entalladuras
que llevaba practicadas para  sujetarlo. Tras el balde se
puede ver el pequeño bidón para transportar el agua.
Tenía capacidad para 12 litros.
7. Uno de los aspectos considerados como más importante en el adiestramiento de los tiradores era el régimen de tiro. Una ametralladora es el chisme que más incita a disparar de todo el armamento habido y por haber. Eso de apretar el gatillo y sentir el gustirrinín del retroceso constante, el tableteo inacabable y ver la polvareda que levantan los disparos en la lejanía puede producir severos orgasmos, y en eso estarán de acuerdo conmigo todos los que me lean y hayan manejado una de estas máquinas. De ahí que se hiciera especial hincapié en inculcar una disciplina de fuego porque, en caso contrario, la dotación de cartuchos de la ametralladora duraría menos que un maletín de ignoto contenido en manos de un alcalde. Por todo ello se establecieron una serie de consumos de munición en base al objetivo a batir, fijándose un máximo de 480 disparos el máximo que se podían efectuar en fuego continuo sin tener que enfriar el cañón. Se establecieron pues una serie de consumos que el tirador debía observar minuciosamente para no verse sin munición y con los dos cañones al rojo vivo en mitad de un fregado gordísimo. Eran los siguientes:

Consumo lento: 30 cartuchos al minuto, o sea, un cargador. Esto no quiere decir que se disparasen los 30 tiros de golpe y se mantuviese el arma callada el resto del tiempo, sino que se debían efectuar ráfagas cortas durante ese periodo de tiempo hasta agotar un cargador. De ahí la necesidad de un buen adiestramiento.

Ametralladores practicando. Obsérvese como el auxiliar que
aparece a la izquierda acaba de extraer el cañón de la
ametralladora, la cual se puede ver sin el mismo.
Consumo normal: entre 60 y 150 cartuchos por minuto. Por lo general, a partir de este consumo se efectuaban paradas de 3 segundos entre cada ráfaga. Las pausas se podían aprovechar para enfriar el cañón con la esponja sin necesidad de desmontarlo.

Consumo acelerado: entre 240 y 360 por minuto. Esta cadencia no debía mantenerse mucho tiempo, vigilando no alcanzar los 480 disparos considerados como tope.

Como vemos, esa imagen de la ametralladora que dispara y dispara sin parar es más bien un mito porque, entre otras cosas, un cañón se funde en menos que canta un gallo, inutilizando la máquina.

En fin, dilectos lectores, esto es una ínfima muestra del nivel de preparación que tenían nuestros ametralladores, lo cual pudieron demostrar en todos los conflictos en los que se vieron sumergidos desde la introducción de las ametralladoras en el ejército español. Quiero hacer especial énfasis en esto porque, fieles como somos a nuestros incurables complejos, muchos pensarán que los servidores de estas máquinas eran unos catetos analfabestias que solo sabían apretar el gatillo como autómatas sin más conocimiento que cargar la ametralladora y disparar de cualquier forma y, de eso, nada.

Bueno, ya seguiremos otro día con este tema, que es hora de merendar.

Hale he dicho

Dos Hotchkiss sobre afustes anti-aéreos durante la Guerra Civil. El entrenamiento para el fuego anti-aéreo también
estaba ampliamente contemplado en los manuales de la época.




20 comentarios:

alfonsodf dijo...

Los dirigentes españoles siempre han sido más cortos de miras que Rompetechos. De haber adoptado en su momento el submarino, y disponer de un puñado de unidades en Cuba y Filipinas, los «usanos» hubieran salido escaldados, en lugar de entretenerse jugando al tiro al plato con la obsoleta armada española.

Amo del castillo dijo...

Así es. Los políticos han sido el cáncer que nos ha devorado a lo largo del tiempo. Si en vez de estos cantamañanas hubiésemos tenido los mismos políticos que Alemania o Inglaterra otro gallo nos cantase.

Un saludo

dani dijo...

En realidad en Cuba si se desplegaron unas cuantas ametralladoras; 5 maxim de los primeros modelos. Pero dieron problemas. Por una parte se encasquillaban mucho, típico problema de juventud de muchas armas y que en posteriores modelos se solucionó el problema. Y por otra las cincas de cuero se estropeaban en el clima cubano. Por ello cuando se adoptó por fin una ametralladora se alimentó por peines y no por cintas.
Por otra parte agradecerte que por fin me sacaras de una duda existencial (bueno, no tanto). Cada vez que miraba las características de la ametralladora que se adoptó, veía que era refrigerada por aire, pero también cada vez que leía sobre la orgánica de las unidades de ametralladoras leía que había aguadores. Y claro no me cuadraba, ahora por fin lo comprendo.
Lo que si que era un atraso es que aún en 1936 la dotación de una cia de máquinas era de 4, cuando los alemanes llegaron a tener unas 72 por batallón durante la IGM

Mikelatz dijo...

Buenos días,

curiosamente durante la última guerra carlista, y a decir de Juan Calvo, ya poseía el ejército liberal ametralladoras del tipo Christophe-Montigny: "en 1872 se organizó una bateria de cuatro ametralladoras como sexta adjunta al Primer Regimiento de Artilleria que, al mando del capitán don Fernando Vega, intervino en acciones contra las fuerzas carlistas, sin que haya noticia de que esta única batería de ametralladoras llegara a merecer mención alguna".

Pero todavía más curioso es que los propios carlistas parece que estuvieron a punto de poseer su propia ametralladora. En uno de los grandes embarcos de armas que partiendo de Londres iban destinados a las fuerzas carlistas, se incorporó una ametralladora, como regalo de un legitimista extranjero. No se cita modelo. Este embarco de armas quedó retenido en Londres y tras una rocambolesca historia de espías y juzgados, la embajada liberal se vió en la obligación de comprar el alijo de armas y el barco, a los propio carlistas; pero por más dinero del que se habían gastado los carlistas. Y estos no tardaron en reponer la pérdida de su buque y de sus armas, utilizando el propio dinero liberal. Sin embargo, la ametralladora no fue repuesta y nunca llegó a manos carlistas.

Un saludo,

mikelatz.blogspot.com

Antonio dijo...

Estimado Señor del Castillo, parece que ha cambiado el texto que leí anteriormente y en el citaba al CETME. No importa. Lo que buscaba era ver si mencionaba las ametralladoras Alfa 44 y 55 que estuvieron por Ifni y Sahara antes de que llegara la MG3, versión recalibrada de la mítica MG42 alemana. Buscaba más noticias de esas ametralladoras, que según me han contado eran un coñazo, aunque su refrigeración era por aire y no había ir cargando con bidón de agua. Los CETME llegaron a Ifni o Sahara trás la guerra en 1958, de prueba estuvieron en la 5ª Cia de la XII Bandera, pero en combate no estuvieron. Por aquellos años, como Vd conoce, nuestro Ejército poseía una cantidad de chatarra obsoleta de cuidado, por ejemplo la versión casera del He-111 o las granadas Breda de la guerra civil. Y la situación duró. hice la mili en el 77 y mi fusil era un FR8, un mosquetón, ya que los CETMES estaban hechos polvo y era peligroso usarlos. Que cosas depara la vida.

En fin, saludos cordiales.

Amo del castillo dijo...

Estimados lectores, ante todo agradecerles sus aportaciones, pero quiero concretar que esta entrada no va sobre las ametralladorAs del ejército español, sino sobre los ametralladorEs. De ahí que no entre en profundidad sobre los diversos modelos usados a lo largo del siglo XX, sino algunas curiosidades sobre el adiestramiento que recibían los servidores de estas máquinas.

Aparte de eso, tengan en cuenta los Sres. Dani y Mikelatz que durante las épocas que citan la ametralladora aún era considerada como una pieza de artillería, con un empleo táctico totalmente diferente al que se implantó a partir del siglo XX.

En cuanto al comentario del Sr. Antonio, comentarle que hay bastantes testimonios gráficos en los que se ven los CETMES en manos de los legionarios y paracas de Ifni en acción, así que no concuerda con su afirmación. En lo referente a los Heinkel o las Breda, pues no sé donde hizo vuecé la mili, pero los viejos He-111 llevaban ya la torta de años fuera de servicio. En cuanto a los FR-8, que yo sepa solo se distribuyeron entre tropas de Intendencia, Sanidad, etc. El resto estábamos armados con el CETME B y, en mi caso concreto además con la Z-70B. Le hablo de 1980.

Un saludo y gracias por sus comentarios.

baskerbill dijo...

Me ha recordado usted mis tiempo de la mili. Hicimos una práctica -una- con una MG. Uno hacía de proveedor y otro estaba esperando con unos guantes gigantes como de cocina para cambiar el cañón. Pero como el presupuesto no era muy alto, cada cinco cartuchos quitaban uno, así que ya se puede imaginar que las ráfagas había que imaginárselas más bien. También recuerdo un compañero mío catalán -muy apreciado, todavía estamos en contacto- que se puso de voluntario para disparar un bazuca de usar y tirar. ¡Aún le duele la napia del ostión que le dió el aparato! ¡Y aún así acertó al blanco! El teniente le comentó (con fuerte acento andaluz): "Soldado Irineo -por no desvelar su verdadero nombre- no se si darle un permiso o meterle en la preve".

Lamento haberme ido del tema, me ha salido así.

Gracias por compartir sus conocimientos y un saludo.

Amo del castillo dijo...

Precisamente, Sr. Baskerbill, dejar una cinta de 250 cartuchos en manos de un novato era la mejor forma de decirles adiós sin obtener buenos resultados a cambio. Si se eliminaba un cartucho de cada cinco se aprendía a disparar con ráfagas cortas, más efectivas que el tiro sostenido, y se impedía que el personal se entusiasmase dándole gusto al dedo. Así, toda la compañía aprendía los rudimentos del manejo de la ametralladora por si aliñaban en plena refriega a los tiradores y/o a los servidores de las máquinas. Por otro lado, peor que el entusiasmo de algunos era el miedo a disparar, que muchos lo tienen. Aún recuerdo a un pringao apodado Heidi (ya puede vuecé imaginar su aspecto) que tuvo que disparar los 12 cargadores de Z-70 de las prácticas de recluta con un cabo instructor sujetándolo por la espalda para que no se cayera de culo. Al terminar cada serie, Heidi lloraba a moco tendido, presa del pánico. Para colmo lo mandaron a la policía, no sé a qué, la verdad, porque imponía menos respeto que un cuñado vestido con boatiné y rulos.

Un saludo

baskerbill dijo...

Gracias primero por su respuesta a mi comentario. Y desde luego, debo decirle que aunque provocó no pocas risas el incidente, este hombre se ganó el respeto de la camareta; y el permiso de dos días. También recuerdo un compañero que no tuvo valor para saltar... ¡el potro! Niente, de ningún modo, prefirió el arresto cuartelario. Pero dejémonos de anécdotas de la mili.

...

¿O mejor no?

Bueno, prefiero que nos revele casos históricos como "Masadá" o hechos de las dos grandes guerras, o detalles específicos del armamento como "Berta", equipamiento romano en tiempos de guerra, movidas con los pretores, cómo se fabrica un arco compuesto, y un mil de etcéteras.

Encantado de seguirle y reciba un cordial saludo.

Amo del castillo dijo...

Nada que agradecer, Sr. Baskerbill, para mi es un placer ilustrarles con lo poco que se.

Un saludo y gracias por su comentario

Antonio dijo...

Estimado Señor, respecto aun comentario anterior, aclaro algunas cosas que seguramente expresé mal debido a las calores veraniegas.

Una es que he visto la tira de fotos de la guerra Ifni-Sahara y trabajado con historiadores sobre eso y por los datos que tengo, los Cetmes llegaron al final o después del folló y a título experimental y en concreto el modelo A.

Otra es que las fotos que se han publicado y danzan por Internet, son una pesadilla de desorden y errores. Las hay correctas, claro, pero he visto fotos de Ifni marcadas como Sahara, fotos del Marruecos español marcadas como Ifni, confusión de unidades, confusión de fechas y hasta omisiones. En fin, un lío, favorecido por la dificultad de acceso a archivos. Cierto que hay fotos de soldados con Cetme, mi opinión es que o bien son esos experimentales o bien son fotos posteriores a la guerra. El resto iban con el Mauser Coruña mod. 1943, calibre 7.92x57.

Otra es que quise señalar a la versión española del He-111, en concreto el CASA 2.111, que un servidor vio volando a comienzos de los 70 aunque solo se le empleara como avión de reconocimiento.

Finalmente, mi FR-8, le diré que según decían los viejos del lugar, Cetmes los hubo antes de mi estancia vacacional pero algún muertos, algunos heridos y muchos sustos forzaron a los mandos a retirarlos de los servicios de armas. En desfiles, sí para guardias, escoltas y todo eso, el veterano chopo. Quizá me tocaron tiempos de escaso presupuesto. En cualquier caso, afirmo que Cetme C era una joya que llegué a usar alguno nuevo, recién desembalado (patrulla de tiro) y donde ponías el ojo ponías las balas.

Disculpas por el rollazo, pero cuando a un español (de antes) le mentas la mili, se disparata a hablar. Saludos cordiales.

Amo del castillo dijo...

Bueno, Sr. Antonio, no se prive de hablar de la mili todo lo que quiera. ¿No es acaso defender a la Patria lo más honroso que existe? Con todo, por desgracia, actualmente se confunde Patria con "partido en el gobierno" o, peor aún, se la asemeja con dictaduras añejas, y el personal parece no caer en la cuenta de que la Patria somos todos independientemente de lo que seamos o como pensamos. Es vergonzoso ver como todos los países glorifican a su patria mientras que aquí, solo por mencionar el término, te tachen de fascista. En fin, ya lo dijo Horacio: Dulce et decorum est pro patria mori, y eso no hay quien me lo quite de la cabeza.

En lo tocante a su comentario sobre el CETME, no crea que cayó en el olvido. He indagado en mi biblioteca y, tal como anticipé, ya estuvo en servicio en el conflicto de Ifni. Según la obra "Breve Historia de la Guerra de Ifni-Sáhara", se llevó a cabo un envío para pruebas a la XIII Bandera de la Legión, mientras que otra unidad de dicho cuerpo, la IV Bandera, fue enteramente armada con el modelo A-2. Así mismo, se entregaron al Escuadrón de Paracaidistas del Ejército del Aire, empleándolos en Smara y Hagunía, y a los paracas de Tierra que los usaron en la Operación Pegaso. En fin, que el CETME tuvo su bautismo de fuego en dicho conflicto.

Lo que sí me causa cierta extrañeza es su comentario acerca de la poca fiabilidad del FR-8 ya que estos no eran más que un híbrido formado por cañones del nuevo CETME recamarados a 7,52x51 con acciones Mauser 93 (el FR-7) o Mauser 98 (el FR-8). De hecho, un conocido mío que tenía una armería vendió centenares de estos mosquetones procedentes de surplus del ejército para caza mayor y, al decir del personal, iban estupendamente. Es más, estuve a un tris de comprarme uno porque varios colegas lo tenían y solo echaban flores al puñetero mosquetón, pero no pudo ser porque tenía ya la licencia totalmente cubierta y no pude vender ningún arma para hacer hueco.

Otra cosa sería que los accidentes fuesen consecuencia de la imprudencia del personal, que de eso podríamos hablar durante horas. En mi periplo castrense tuve que ver dos muertos y tres heridos "a causa" de la Z-70, y dos heridos,uno de ellos grave, por la pistola Star A. Está de más decir que ninguna de las dos armas falló en lo tocante a sus mecanismos de seguridad. Los inseguros eran los cantamañanas que las manejaban.

Agradeciéndole su comentario, reciba un cordial saludo

Antonio dijo...

Muy de acuerdo Señor del Castillo con el primer párrafo, que comparto en su totalidad. Pienso igual y hasta me enoja comprobar por ahí fuera, que si llevas una banderita noruega o inglesa en la mochila, se ve normal pero como se te ocurra que sea española, la liaste con algunos, eres un peligroso fascista. Lo mismo de la mili, soy partidario que sea obligatoria pero adaptada a los tiempos actuales, como en Noruega o Suiza. Una lástima tanta confusión, en que incluso que digas que te gusta la historia militar es señal para algunos de militarismo feroz.

Bueno, a lo que iba, no he afirmado que el FR-8 fuera peligroso, todo lo contrario, era fiable, seguro y solido. Lo que eran peligrosos eran los ruinosos Cetme que teníamos de lo cascados que estaban. Me da que habían estado por África y allí habían tenido un trote de cuidado y antes de jubilarlos nos los colocaron para uso ornamental.

Estoy muy interesado en información, fotos mejor, sobre uso del Cetme en la Guerra de Ifni-Sahara. Alguno habría, seguro, pero como dotación general de una unidad no lo creo. Que yo sepa, si mal no recuerdo, la IV Bandera del Tercio fue la primera unidad en tenerlos y luego la XIII ya en Ifni. Como curiosidad, le dirá que a los saharauis que servían en nuestro Ejército no les hacían gracia los Cetmes, se ensuciaban demasiado en el desierto y gastaban mucha munición, les encantaban los mosquetones. Claro, más tarde cuando sus broncas con los marroquíes no tuvieron reparo en pasarse a las armas automáticas y en concreto al mítico AK-47.

Bueno, gracias por dejar que me enrolle malamente. Saludos cordiales.

Amo del castillo dijo...

Pues en la obra que le citaba en mi mensaje anterior hay información detallada sobre todo el armamento empleado en ese conflicto. También, si mal no recuerdo, hay un libro dedicado enteramente a fotografías del mismo, si bien no sabría decirle el título ni el autor. En todo caso, no creo que sea difícil dar con él en la red.

Un saludo

Antonio dijo...

Nuevas disculpas por volver con el tema del Cetmen en Ifni-Sahara. Copio de facebook:

Del modelo A-2 en calibre 7.62×40, a finales de 1956 se envían para experimentación al Sahara un lote, de entre éstos se le entregan a la 1ª Cía. de la XIII Bandera de la Legión para su evaluación.

A través de uno de sus protagonistas, y sacado de sus apuntes cedidos a los autores del libro “CETME, 50 años del fusil de asalto español” (Lucas Molina Franco y José María Manrique García), el Cabo Caballero Legionario D. Luciano Gajate, perteneciente a la 3ª Sección de la 1 Cía., nos relata sus experiencias con el CETME modelo A2 del 7.62mm que su capitán le había asignado para evaluar el comportamiento del nuevo fusil, comparando éste con el armamento que tenía asignado, el mosquetón mod. 1943 de 7.92 mm del sistema Mauser y con otras armas como la Z-45.

En febrero de 1957, cuando comienzan las hostilidades en el Sahara Español, se habían fabricado un total de 815 fusiles del modelo A (sin especificar modelo, ya que hubo modelos A-1 y A-2, aunque este último fue el que se distribuyó a la tropa).La primera y única unidad armada al completo con el CETME A2 (con palanca de montar flotante y asa de transporte) fue la IV Bandera de la Legión, que después pasó a ser la VII (Sahariana), y después de ésta lo tenían en dotación la ya mencionada XIII Bandera, sobre todo después del combate de Edchera, así como las banderas paracaidistas del Ejército de Tierra y el Escuadrón del Ejército del Aire, tanto el modelo CETME A2 como el de culata plegable en el conflicto de Ifni, siendo las únicas unidades que probaron el CETME en combate. De: El CETME en la legión Española.

Ref:https://www.facebook.com/media/set/?set=a.806587366034568.1073742023.563207270372580&type=3

El libro que cita, lo conocía de oidas pero me hicieron críticas negativas sobre el mismo y no lo compré. Tendré que verlo.

Saludos cordiales,

Amo del castillo dijo...

Pues los datos que aporta son básicamente los mismos que le cité en mi comentario anterior, Sr. Antonio, así que coincide con la fuente que vuecé aporta. La cuestión es que, efectivamente, el CETME ya intervino en el conflicto de Ifni. Serían pocas unidades, pero la cosa es que ya estaba operativo.

Un saludo

Antonio dijo...

Gracias, y disculpe vuestra merced con el latazo de los cetmes, pero es que cuando me tocan los territorios africanos me toca la fibra aunque nunca estuve allí. Por ironías del destino estuve destinado a la Poli Territorial, pero por las prórrogas de estudios pasó el tiempo y cuando me tocó, España se había largado a toda pastilla del territorio. Y la historia de estos territorios es muy poco conocida.

En fin, saludos cordiales y a la espera de su próximo artículo.

Amo del castillo dijo...

Bueno, pues gracias a eso se libró de la quema. De no ser así, quizás no estaría hoy día comentando en blogs de la red, sino en una fosa en cuya lápida quedase bien claro que fue un auténtico y verdadero héroe. El destino es asaz caprichoso, y más cuando hay tiros de por medio.

Un saludo y gracias por sus aportaciones

Anónimo y discreto dijo...

Dice en la primera parte del artículo que, en Cuba, los yankis iban con armas modernas y los soldados españoles, unos desharrapados según ud, con armas obsoletas. No es del todo exacto. La marina española sí era obsoleta respecto a la yanki, y efectivamente estos usaron ametralladoras Gatling y España, no. Pero hasta ahí. Para empezar, los 700 defensores de la loma de San Juan no eran desharrapados, sino soldados veteranos, bien equipados y disciplinados, más que los yankis. En segundo lugar, tenían menos cañones que los yankis, pero eran dos modernísimos Krupp de 75 mm, y con ellos acallaron las piezas yankis. En tercer, y último, lugar, los yankis usaban fusiles obsoletos de pólvora negra y nuestros valerosísimos soldados, los más modernos fusiles del mundo en ese momento: el máuser modelo 1893. Por eso, tampoco es justa su afirmación de lo obsoleto del equipo español, en unos casos sí, y en otros no, como en todas partes y en todos los aspectos de la vida.

Amo del castillo dijo...

A ver, Sr. anónimo, yo no he dicho que las tropas españolas fuesen unos desarrapados en ningún momento, sino que la equipación en general del ejército en aquella época no estaba ni remotamente a la altura de otras potencias, y eso es así nos guste o no independientemente de que tuviésemos el Mauser. Por desgracia, la inmunda clase política que siempre nos ha contaminado fue responsable de ello.

Dígame por otro lado en qué parte del artículo digo que los defensores de las Lomas de San Juan fuesen unos desarrapados, o cuándo he cuestionado su valía que, de hecho, resalto al decir que los yankees se libraron de reembarcar a sus tropas gracias a sus Gatling, lo cual está históricamente más que comprobado.

Por último los yankees estaban armados con el Krag-Jorgensen 1889, un arma que entró en servicio en USA en 1892 cuyo defecto era el complejo mecanismo del cargador, susceptible de padecer interrupciones constantemente. Sin embargo, su calibre, el 30-40 Krag, fue precisamente el primero de pólvora sin humo adoptado por los yankees, así que de pólvora negra nada de nada.

En definitiva y aunque le fastidie reconocerlo de la misma forma que a mí me joroba afirmarlo, el hecho de tener el Mauser y hombres aguerridos no fue suficiente para compensar las deficiencias en muchos aspectos, empezando por el material y acabando por lo humano ya que España estaba agotada en aquella época, harta de guerras civiles, de guerras coloniales y de ver como sus hijos morían por la incompetencia palmaria de los dirigentes de aquel momento. Incluso de ver como las clases pudientes se podían permitir pagar a un pringado para que hiciera la mili por el nene, que hubo tipos que se mamaron siete milis seguidas. Y ya me dirá qué podíamos hacer contra un país que, aunque nunca se había enfrentado con tropas occidentales, se acababa de dar cuenta de su enorme potencial y, para colmo, estaban a un paseo de Cuba mientras que nosotros teníamos nuestra isla en el quinto carajo y sin medios para socorrerla y con el enemigo dentro.

Jamás cuestiono ni cuestionaré el valor y el arrojo temerario del ejército español, pero si en un determinado momento de la historia estuvo de capa caída hay que reconocer que fue así y eso no lo deshonra.