sábado, 6 de enero de 2018

Curiosidades: las selectas raciones de combate de Fortnum & Mason

Grupo de oficiales reunidos en su selecto club "Gentlemens Hole's" deleitándose con un nutritivo desayuno para acometer
la jornada con los bríos necesarios. Aunque puede que muchos piensen lo contrario, la oficialidad británica, tan clasista
y altiva, no disponían de muchas comodidades cuando estaban en primera línea, y sus raciones diarias eran las mismas
que las del resto del personal

Desde que se inventaron las guerras, una de las principales premisas a cumplir por parte de los que toman parte en ellas es que hay que pasar hambre. Una guerra sin hambre es como un tinto de verano sin hielo. Si no se pasa hambre, las tropas pierden su agresividad, se tornan perezosas, les domina la molicie y solo piensan en dormir y vaguear todo el santo día. Es de todos sabido que cuando se tiene el buche lleno de aire el personal es más peligroso que un alacrán con escarlatina, pero si lo tiene lleno de rancho es capaz de rendirse con tal de no mover el culo de la trinchera. El hambre hace que a las tropas les entre prisa por volver a casa a deleitarse con los deleitosos guisos que les preparan sus parientas para, a continuación y a modo de premio por su buena mano con los fogones, darse un restregón como Dios manda. Pero para ello antes hay que ganar la guerra, así que le fórmula es fácil; hambre 𝑥 (mugre + castidad interminable) = ímpetu arrollador. 

Cocinas de campaña británicas durante la guerra de Crimea
Dicho esto, y tras hacer un somero balance de los temas que llevamos tratados a lo largo de estos años, he caído en la cuenta de que aún no hemos hablado nada acerca de la alimentación de los ejércitos modernos. Se han publicado entradas sobre el condumio entre los romanos, pero no sobre tiempos más recientes, así que con esta iniciaremos una serie de entradas dedicadas a las raciones de combate. Al cabo, tan necesario es el pan como las municiones para triturar bonitamente a los enemigos, y tan importante es estar bien pertrechado como alimentado para obtener una victoria razonablemente rápida. Obviamente, la Gran Guerra marcó un antes y un después en lo tocante a la intendencia que, ya en el siglo XIX, empezó a tomar forma tal como la conocemos hoy día. Los ejércitos eran cada vez más numerosos, y las guerras cada vez más largas. 

Transportando el rancho a través de las trincheras en el sector de Arrás
Ya no se trataba de mesnadas de unos cientos de hombres que luchaban durante 40 días al año, tras los cuales volvían al terruño para proseguir al año siguiente, sino de decenas, centenares de miles o incluso millones de hombres que combatían los siete días de la semana durante años e incluso lustros enteros. Como es lógico, los ejércitos modernos no podían subsistir con lo que obtenían sobre el terreno rapiñando todo lo que podían a los atribulados habitantes de las granjas o poblaciones que pillaban a su paso, como se hizo hasta el siglo XVIII aproximadamente, ya que las cantidades de vituallas necesarias eran astronómicas. A modo de ejemplo, un millar de hombres, o sea, los efectivos de un batallón, requerían a diario unos 600 kilos de pan, media tonelada de patatas y unos 350 kilos de carne. A eso, añadir las menudencias como el café o el té, las galletas, la mermelada y la mantequilla o margarina, leche y queso, que se repartían en función de la disponibilidad, más el tabaco y la bebida alcohólica que se consumiera en función de las tradiciones de las tropas: vino entre los gabachos (Dios maldiga al enano corso), ron entre los british (Dios maldiga a Nelson), schnaps entre los tedescos o vodka entre los hijos del padrecito Nikolái Aleksándrovich Románov. Por cierto que no debemos desdeñar el aporte calórico de las bebidas alcohólicas, especialmente las de elevada graduación ya que un litro de vodka contiene unas 2.800 calorías mientras que el ron alcanza nada menos que las 4.000. Es decir, que salvo por el hecho de que el hígado se les convertiría en comida para gatos, un ruso o un british podrían vivir a base de vodka o ron sin problemas.

Cocina de la compañía B del 8 Batallón del Rgto. de Lincolnshire antes de
partir para Francia en septiembre de 1915. Nada más llegar les dieron para
el pelo en Loos: perdió 22 de sus 24 oficiales y el 50% de sus efectivos
en solo dos días
Cuando el Cuerpo Expedicionario británico cruzó el Canal en 1914 pensando que la guerra era una mera aventura emocionante, la dieta reglamentaria les aportaba 4.193 calorías, con lo que quedarían cubiertos de sobra los requerimientos del organismo para funcionar adecuadamente por muchos saltos y carreras que diesen. De hecho, semejante aportación de calorías en hombres que no tuviesen una actividad cotidiana notable los cebaría como gorrinos en pocas semanas pero, como ya podemos imaginar, una cosa era lo que decía el reglamento y otra la posibilidad de suministrar la cantidad de alimentos necesarios para ello. Básicamente, la ración diaria de un british además del café y el té cotidianos constaba de 450 gramos de pan, 450 de carne, 115 de tocino, 250 de vegetales (patatas y legumbres sobre todo), 85 de azúcar, 55 de queso, 170 de mantequilla o margarina y 55 de mermelada. Como es obvio, estas cantidades podían verse dramáticamente reducidas si las cosas se ponían chungas, y del mismo modo podían verse bastante menguadas como castigo o bien aumentadas con alguna golosina si había ocasión o motivo para ello. La ración de ron era de ¼ de pinta (118,3 ml.), pero esta se distribuía a discreción del comandante de la unidad. En cuanto al tabaco, la ración semanal era de dos onzas (56 gramos). Lógicamente, los productos mencionados no eran una regla fija porque era conveniente variar la dieta, así que se cambiaban por alimentos con un aporte calórico similar en función de la disponibilidad de los mismos. 

Gabachas ofreciendo a los british golosinas caseras en Étaples, población
costera cercana al Paso de Calais donde se encontraba el mayor campamento
base de la BEF (British Expeditionary Force)
Bien, así estaban las cosas a inicios de la contienda pero, como ya podemos imaginar, no pasó mucho tiempo antes de que llegara la carestía de determinados alimentos, especialmente el queso, la mantequilla y la carne fresca, teniendo que recurrir al corned beef enlatado que tanta fama ganó. La solución si uno quería aumentar sus tristes raciones radicaba en adquirir las vituallas que los paisanos gabachos de los pueblos situados a la retaguardia les ofrecían o bien comprarlas al ejército francés. Generalmente se podían encontrar alimentos básicos como pan, que costaba 40 céntimos el kilo; té, que salía a 6 francos y 50 céntimos el kilo; mermelada por 1 franco con 10 céntimos el bote o carne de carnero por 2 francos con 25 céntimos el kilo. El cambio estaba en aquella época a razón de 25 francos por libra esterlina.

Varias cocinas de campaña británicas a pleno rendimiento
Lógicamente, la paga de un soldado no daba para muchas florituras gastronómicas. Su paga era de un chelín diario (en 1917 la aumentaron en 3 peniques), por lo que si una libra equivalía según el aberrante, atroz y absurdo sistema monetaria británico de aquella época a 20 chelines, pues un tommie disponía de 1 franco con 25 céntimos para gastar. Bueno, en realidad era un poco menos porque les retenían parte de la paga por conceptos que ya explicaremos detenidamente en mejor ocasión pero, como vemos, aún cobrando la totalidad de la misma no se podía estirar demasiado. Un sargento cobraba 2 chelines y 4 peniques, un teniente 5 chelines, y un mayor 13 chelines y 8 peniques (mientras que una libra equivalía a 20 chelines, un chelín valía 12 peniques. Monstruoso, ¿verdad?). No obstante, era habitual el envío de paquetes de comida por parte de la familia, lo que aliviaba enormemente las penurias bélicas. Leche en polvo, cubitos de caldo, fruta en conserva, latas de mermelada, etc., permitían variar la monótona dieta cuartelera, compensar las penurias del frente y, lógicamente, lo que llegaba de casa solía ser de mejor calidad. Sin embargo, cuando la escasez llegó también a su brumosa isla se complicó la cosa ya que, si apenas les llegaba a ellos, ¿cómo iban a mandar nada al frente? Y ahí es donde unos emprendedores súbditos del gracioso de su majestad empezaron a forrarse gracias una genialidad bastante genial: enviar bajo pedido sus magníficas cestas de excursión al frente. Hablamos de la conocida firma Fortnum & Mason, radicada en Picadilly Circus, en pleno corazón del imperio.

Postal que muestra Picadilly Circus. En el centro, en el edificio que hace
esquina, se ve la tienda de Fortnum & Mason
Esta empresa fue fundada en 1705 por William Fortnum y Hugh Mason y estaba dedicada desde el primer momento a la venta de comestibles selectos destinados a una clientela con un poder adquisitivo alto. Muy alto. Aristócratas, millonarios y, por supuesto, a la realeza, los que acudían a adquirir sus deleitosos tés, especias, conservas y demás virguerías que nadie más que ellos tenían en Londres. En la década de los 30 del siglo XVIII introdujeron unas cestas de mimbre que contenían todo tipo de delikatessen cuyos clientes solían ser excursionistas forrados de pasta gansa, viajeros adinerados que no estaban por la labor de comer cualquier cosa en las fondas donde pernoctaban o, simplemente, gente de postín que se marchaba a pasar unos días a su casa de campo y no querían privarse de nada. En el interior de estas cestas había de todo lo necesario para que los paladares más exigentes quedaran sumamente contentitos: pasteles elaborados con carne de caza, pan de la mejor calidad, mantequilla, mermeladas de todo tipo, frutas criadas en invernaderos para disponer de ellas todo el año, cervezas, vinos y licores selectos y, en fin, cualquier chorradita que les encargasen porque, eso sí, los deseos del cliente eran lo principal, y si tenían que ir a Irán a pescar esturiones para que el lord de turno degustase su exquisito caviar, pues iban. Estas cestas arrasaron entre la alta sociedad, y aún hoy día perduran en un extenso catálogo para ricachones con ganas de apabullar a sus cuñados menos pudientes. Hay una que cuesta la friolera de 1.000 libras, de modo que ya podemos hacernos una idea del contenido.

Catálogo de Fortnum & Mason
de 1914
Fortnum & Mason ya habían hecho sus pinitos en conflictos anteriores. Durante las guerras contra el enano corso (Dios lo maldiga por los siglos de los siglos amén) enviaron grandes cantidades de frutos secos y conservas a la aristocrática oficialidad británica. Recordemos que, en aquella época, los rangos en el ejército se compraban, de modo que solo los miembros de familias pudientes podían optar a mandar a uno de sus retoños al ejército sin ser, naturalmente, un soldado raso. Posteriormente, durante la guerra de Crimea, mandaron cantidades masivas de cubitos de caldo por encargo personal de la reina Victoria con destino a los hospitales de campaña donde la proba Florence Nightingale creaba la enfermería moderna. Pero cuando vieron la oportunidad para forrarse aún más de lo que ya estaban fue a raíz de la Gran Guerra. Estos fulanos eran unos linces, porque para la Navidad de 1914 ya habían distribuido un catálogo en el que los abnegados british podían adquirir todo tipo de artículos para regalarse el paladar, desde latas de conserva de todo lo imaginable a vinos, licores o los tabacos más selectos. Si tenemos en cuenta que la guerra empezó en agosto, ya se dieron prisa, ¿no?

El catálogo era simple y llanamente asombroso. Se podía encontrar de todo. Casi 40 páginas de chorraditas capaces de hacer perder la chaveta a cualquier cuñado hambriento y sediento. Un ejemplo: solo de galletas de agua ofrecían SESENTA Y DOS, sí, 62 variedades distintas. Esas galletas, para los que las desconozcan, se suelen usar para untar patés y cosas por el estilo. Además de eso, tés de las más diversas procedencias y mezclas, cafés de trece tipos, frutas glaseadas, maceradas en licor, tabaco turco, egipcio, virginiano, cubano, aceitunas españolas, tropocientos tipos de chocolates, licores, champagnes, vinos de Jerez e incluso combinados ya previamente preparados... ¡Ah!, y sopa de tortuga, como no. En fin, la archidescojonación. Pero, ojo, los surtidos no solo podían ser de lujo, sino también de productos más asequibles para bolsillos menos llenos de money. Los que vemos en la imagen superior costaban solo una libra, y en vez de tantas chorradas contenían cosas más corrientes y, al mismo tiempo, más necesarias para la penosa vida en las trincheras como caramelos, leche condensada, chocolate, queso, tubos de vaselina, cepillos de dientes, calcetines de lana, linternas a pilas, cordones para las botas y cosas así.

La idea tuvo tanto éxito que la firma decidió aumentar su oferta de productos creando un "Catálogo de Guerra" de casi 70 páginas en el que, además de provisiones, se podía comprar cualquier objeto de uso militar o personal, desde un uniforme a un correaje pasando por prismáticos, calzado, sábanas, ropa interior, paraguas, artículos de aseo, cerillas, corta-uñas y tropocientos chismes más. Por cierto, en su surtido de jamones incluían "spanish highly flavoured" por un precio de 2 chelines y 6 peniques la libra, un importe el doble de caro que el resto de la lista. Obviamente, el mejor jamón del mundo hay que pagarlo, qué carajo... Pero lo más peculiar eran las diversas formas en que podían adquirirse estos lotes.  En la imagen superior tenemos una de ellas, que consistía en paquetes con determinados surtidos que salían bastante módicos, oscilando desde los 15 chelines a una libra y un chelín. En la parte inferior de la relación de cada surtido figura el importe con los gastos de envío incluidos dependiendo si era a Francia o a Egipto o Turquía. Estos surtidos consistían principalmente en productos más corrientes, como salchichas, leche condensada, caramelos, budines, bizcochos, té, chocolate, queso, etc.

Pero también había otros más sencillos en plan, digamos, más unipersonal que eran nombrados por los meses del año. Como vemos, salen todos por el mismo precio, 15 chelines, por lo que un simple teniente podría comprarse una de esas cajas con la paga de dos días y medio, que tampoco es para echarse las manos a la cabeza. Por enumerar el contenido de una de ellas para los que desconozcan la abominable lengua de los anglosajones, veamos qué venía dentro de la caja "Febrero", todo a razón de una lata por producto: tubos de consomé, langosta, chuletas de cordero con tomate, pudin de ciruelas, crema inglesa, cerezas con sirope, bizcochos surtidos, sardinas,chocholate, caramelos de limón y café con leche. Un almuerzo regio que, obviamente, era una utopía en las trincheras. Estos paquetes tardaban entre cuatro y cinco días en llegar a destino, y solo aumentaban el precio en poco más de un chelín. No obstante, no se distribuían a las tropas de primera línea, así que quedaban a la espera de que sus destinatarios fueran relevados para efectuar su entrega.

Otro acierto de la Fortnum & Mason fue la creación de paquetes destinados a los prisioneros de guerra que languidecían en la tenebrosa Germania por volver a ver  de nuevo la brumosa Albión. Estos envíos se hacían llegar a través de la Cruz Roja. Se trataba de paquetes que contenían productos más básicos para hacer la vida mas llevadera a los POW. No obstante, había uno más costoso por si el prisionero era un mandamás que no estaba por trasegar sopa de nabos a todas horas. Por lo tanto, había para todos los bolsillos, desde surtidos muy suntuosos que costaban una libra a los que vemos en la página de la izquierda, que salían por 4 chelines y 6 peniques. En este caso se trataba de alimentos básicos como latas de carne, de sardinas, leche condensada, chocolate, mermelada y lo que llaman bollos escoceses, un bizcocho sustituto del pan ya que, ante la demora que sufrían estos envíos, que podía ser incluso de tres semanas, llegaría a destino duro como un cuerno. Cada bollo pesaba 2 libras, costaba un chelín y 9 peniques y se fabricaban de forma que los envolvía una gruesa corteza que los mantenía frescos durante varias semanas.


Por último, el fastuoso catálogo alimentario ofrecía unas cajas con provisiones para seis u ocho oficiales con las que podían ponerse como el quico durante una semana y que vemos en la página derecha de la foto anterior. No deja de ser curioso que en el catálogo las menciona así, como específicamente concebidas para oficiales, lo que no deja de ser un claro testimonio de lo que es una sociedad clasista hasta la médula. Obviamente, su precio no estaba al alcance de todos los bolsillos, pero siempre podían juntarse el sargento Williamson y sus muchachos para pagarla a escote, digo yo... En todo caso, la presentación del producto era, como no, digno del contenido ya que los envíos se realizaban en una caja provista de candado y su correspondiente llave, que en el frente había mogollón de chorizos. Cada caja pesaba nada menos que 25 kilos, y en este caso no cobraban gastos de envío. Es evidente que por 3 libras, 7 chelines y 6 peniques que cobraban no iban a ser tan cicateros, porque hablamos de la paga de tres días de todo un coronel. Ojo, esas eran las más baratas. La caja más cara costaba 5 libras, 17 chelines y 6 peniques, e incluía incluso polvos insecticidas para despiojarse adecuadamente antes se sentarse a la mesa, jabón y loción repelente de insectos para no llenarse de piojos mientras estaban en la mesa y papel higiénico para largarse contentito a la letrina tras dejar la mesa.  Ah, también incluían velas especiales y cerillas de seguridad para darle ambiente a la mesa. Las cosas como son: son una raza de piratas y bellacos, pero cuidan el detalle al máximo. De hecho, hasta ofrecían una caja con servicio de mesa para siete oficiales que podemos ver en la foto superior. Además de la vajilla y la cubertería incluía una sartén, sacacorchos, abrebotellas, un par de linternas plegables por si había que salir echando leches de repente, siete jarras de una pinta de capacidad para ponerse ciegos de zumo de cebada, dos paquetes de velas con sus cerillas, dos paños para abrillantar la cristalería e incluso una bolsa cilíndrica de cuero para guardar la vajilla. El material se enviaba en una sólida caja de madera reforzada con refuerzos de hierro en las esquinas. 


Y como el negocio bélico iba viento en popa, pues incluso idearon lotes fuera de catálogo para que la familia obsequiara a sus seres queridos que se morían de asco en el frente incubando pie de trinchera, neumonías y neurosis de combate. A la derecha vemos la oferta navideña que se editó en The Times en noviembre de 1917 ofreciendo "lotes navideños de 30 chelines", o sea, una libra y media, más un chelín por los gastos de envío y un seguro por si un U-Boot tedesco mandaba a pique el barco donde viajaba el paquete. El surtido navideño no contenía mantecados y alfajores, naturalmente. Según la lista vemos que constaba de sopa de tortuga, filetes de salmón, urogallo asado (!¡), pavo asado, paté de jamón (de york, por supuesto), guisantes, judías verdes, pudin de Navidad, salsa de brandy y guindas maceradas en brandy. He señalado con signo de admiración lo del urogallo porque la temporada de caza de esos plumíferos se había abierto unos días antes, y estos fulanos ya disponían de ellos para los pedidos que, por cierto, se cerraban el 14 de diciembre. 


Lady Angela Forbes (1876-1950)
En fin, como hemos visto las cajas de Fortnum & Mason aportaron su granito de arena para elevar la moral del personal. Entre tanta miseria, muerte y apocalípsis artillero diario, tener en el refugio a buen recaudo una lata de alguna delicadeza gastronómica siempre era un acicate aunque, por desgracia, la metralla no sabía de eso. En todo caso, no deja de ser admirable el espíritu emprendedor que mostró esta centenaria firma para, aparte de forrarse con sus catálogos de guerra, dejar claro tanto a amigos como enemigos que en ese sentido estaban varios grados por encima de ellos. Sí, debo reconocerlo a pesar de mi proverbial abominación contra los british porque ni a los gabachos ni a los tedescos se les ocurrió nada por el estilo. Como colofón y a modo de curiosidad curiosa por si lo narrado no les basta para apabullar a sus cuñados, añadir que la Fortnum & Mason fueron los primeros en suministrar víveres para la primera "Cantina para Soldados Británicos" creada el 14 de noviembre de 1914 por lady Angela Forbes en Boulogne y, posteriormente, en Étaples. Esta dama, noble tanto de linaje como de espíritu, se desplazó a Francia como muchas mujeres de todas las clases sociales para ayudar a las tropas como enfermeras. 


Lady Angela en una de las cantinas en 1916
Al desembarcar en Boulogne vio como ingentes cantidades de tommies heridos esperaban durante horas sin que nadie les facilitara comida ni bebida, así que salió echando leches de vuelta a Londres, donde se gastó 8 libras en víveres para aliviar a sus dolientes paisanos. Llegaba a servir 4.000 bocadillos y 1.500 huevos fritos al día, muchas veces contando solo con la ayuda de un asistente y una cría francesa que iba metiendo los huevos en pan a medida que lady Angela los freía. Por cierto que en septiembre de 1917 y a raíz de un altercado en un campo de entrenamiento que se estaba construyendo en Étaples, el imbécil del general Haig, que alguna vez lo hemos mencionado por estos lares, la acusó de ser la causante y ordenó que fuera expulsada de Francia. La excusa solo podía ser digna de un memo integral como Haig ya que afirmó que su conducta era indecorosa porque alguien la escuchó decir "maldita sea" y, el colmo de la falta de decoro, se había lavado el pelo en la cantina. En fin, para mear y no echar gota. La cosa es que el cantamañanas incompetente de Haig tenía atravesada a esta buena mujer porque, simplemente, pasaba de sus paranoias ordenancistas y se la tenía jurada.


En fin, así fue la historia de las suculentas raciones de combate de Fortnum & Mason. Como ya comentamos al principio, esta empresa sigue ofreciendo en su tienda de Picadilly sus delicadezas gatronómicas incluyendo sus famosas cestas de picnic que, por cierto, son chulísimas de la muerte, las cuales siguen enviando también a cualquier escenario bélico como Afganistán o Irak. 

Bueno, ya seguiremos...

Hale, he dicho



Los que no tenían pasta para las selectas cajas de Fortnum & Mason se tenían que conformar con lo que pillaban, como
estos dos british intentado asar dos gansos canijos para la cena navideña de 1914

16 comentarios:

Gonzalo Rodríguez Jover dijo...

Estimado Amo del Castillo:
Me ha encatado esta entrada, así como la otra de las drogas, y me he ido y todo a la página de Fortnum & Mason.
Como hay que reciclarse estoy haciendo un curso para salir con un certificado de profesionalidad de Cocinero II, ya ves que me quedan tres años para cumplir el medio siglo, me he deleitado mucho.
Te adjunto un artículo sobre las raciones de combate del ejecito español que analiza un youtuber americano que se dedica a esto...¡Hay gente pa`tó!
https://www.elconfidencialdigital.com/defensa/youtuber-estadounidense-raciones-espanolas-mejores_0_2997900189.html
Un abrazo y muchas gracias Amo.
Lalo

Amo del castillo dijo...

Celebro que haya sido de su interés, Sr. Gonzalo, y ya que anda metido entre fogones igual le trae cuenta montar un Rodríguez & Jover para mandar a nuestras gloriosas tropas cestas similares a las de los british, pero más asequibles y con virguerías gastronómicas hispanas. ¿Quién no daría una semana de paga por un litro de gazpacho helaíto der'tó en tierras afganas, o una buena ración de cola de toro en el Líbano? ;-)

En cuanto a su aportación, ya había leído algo al respecto, y ciertamente nuestras raciones superan con creces a las de otros países. Sin embargo, aún hay quién las considera inferiores a las de los yankees o los british. Indudablemente, se tratará de sujetos carentes de paladar e incluso de aparato digestivo, porque nada que sea preparado por un anglosajón puede considerarse como apropiado para el consumo humano.

Un saludo, suerte con su reciclado y gracias por su comentario

Anónimo dijo...

Amo aqui uno disfrutando de la lectura entre sombras.
El tema de los envios de raciones por parte de los british es impresionante, son capaces de sacarle la pasta a calquiera.
Otro tema es el de los MRE españoles y los videos que hay por Youtube. Hay que tener en cuenta que lo que nosostros entendemos por un menu normal, en muchos paises es digna de los restaurantes mas selectos, tanto por los ingredientes como por la preparacion.
Varios amigos de correrias juveniles que han pasado por el ET me confirman lo mismo, cuando hacian maniobras con los yanquis estos ultimos llegababan a cambiar 3 MRE yanquis por uno español o partes de equipamiento por los mismos ( tengo un Ka-Bar que asi lo confirma ).
Tenemos un gran pais, pero lo de fuera siempre es mejor. No sabemos apreciar lo que tenemos. Se lo dice alguien que emigro hace 17 años.
Un Saludo y esperando la siguiente entrada al Blog.

alfonsodf dijo...

Gran verdad eso de que las raciones militares en tiempo de paz te ceban cual gorrino...

http://www.elperiodico.com/es/politica/20180105/legion-sobrepeso-adelgazar-dieta-6531759

Mr. Gatsby dijo...

Jo, el tema de la comida es algo que pasa desapercibido, pero es una de esas aparentes chorradas que muestran cuánto ha progresado la humanidad en relativamente poco tiempo. Esta última Nochevieja mientras cenaba con toda la familia, no podía dejar de pensar, al ver semejante despliegue gastronómico sobre la mesa, en cómo hace "sólo" 150 años, un banquete así solamente hubiera estado al alcance de reyes, aristócratas e industriales. De una forma similar, aquellos oficiales británicos, sin demasiadas historias, podían recibir en primera línea una cantidad y variedad de alimentos con la que ni el monarca más rico de Europa en el siglo XV habría soñado estando en campaña. En fin, bendito progreso.

Un saludo.

Amo del castillo dijo...

Diga a sus colegas que no sean tan generosos y no acepten menos de un Abrams a cambio de una lata de fabada, Sr. Julio. Esos desdichados ahítos de judías con jamón (jamón falso, naturalmente) y hamburguesas fabricadas con no se sabe qué, serían capaces de degollar a sus abuelas en el altar de una iglesia por una simple lata de caballa del sur, así que no se prodiguen tanto. En lo demás, tiene toda la razón. Somos un país glorioso que ha dado su cultura a medio planeta, pero por desgracia nos hemos creído nosotros mismos la leyenda negra que tan hábilmente propalaron los british y los traidores flamencos, y que actualmente se encarga de empeorar aún más esa progresía casposa y acomplejada que odia hasta el mismo nombre de España.

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

Puedo dar fe, Sr. Alfonso. Cuando hice el servicio militar salimos todos más gordos de lo que entramos, y eso que a diario movíamos el esqueleto adecuadamente. En cuanto a su aporte, lo leí el otro día y no dejó de sorprenderme. Es de todos sabido que en la Legión dan bastante caña al personal, así que no se comerá malamente

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

Algo bueno tenía que tener el progreso, Sr. Gatsby, aparte de los malditos móviles y esas aplicaciones que le permiten a la parienta saber en todo momento dónde se mueve uno. Hasta un ínfimo desliz o tonteo nos está vedado, sangre de Cristo, con lo contentito que se nos pone el ego por sabernos atrayentes al hembrerío... Y no hace falta remontarse mucho en el tiempo. Cuando yo era crío, algo que ahora está al alcance de cualquiera como los langostinos eran algo reservado a días muy señalados, y en muchas familias simplemente desconocido. Hace 40 años un kilo de esos deleitosos bichos con pinta de espanto de película de ciencia-ficción costaban mil duros el kilo o incluso más, o sea, 30 euros al cambio actual si bien en aquellos tiempos era un pastizal. Hoy cuestan menos de 10 euros, por lo afortunadamente en cualquier mesa no faltan para celebrar lo que proceda. Ojalá el progreso solo fuera para lo bueno, carajo...

Un saludo y gracias por su comentario

PH1982 dijo...

Como siempre un placer leerle, gracias por el artículo. Por cierto que he visto un par de cocinas de campaña y me ha recordado a las cocinas ARPA, ¿las conoce? Empresa en la que trabajé y que aún funciona haciendo trastos de logística militar, por cierto que no es la única empresa maña que hace cosas curiosas. No solo inventan cosas chulas los guiris. Como creo que le gustan las curiosidades militares le pongo las dos páginas para que cacharree y fisgonee:
http://www.arpaemc.com
http://www.hispanovema.com
Un saludo y como siempre a la espera de su próximo artículo

Pedro Duran dijo...

Estimado Amo del castillo , voy a hacer una revelación muy gooorda , uno de mis cuñados es Brigada de Caballeria y lleva haciendo la mili , nada más que 29 años . Ha estado de maniobras en Alemania con un camión Pegaso 3042 , y los orugas 113 . Maniobras conjuntas con tropas Yankis , con su personal Puerto Riqueño , como enlace con la aviación que " prestaban " ellos . Y me confirma que los Yankis es el mejor ejercito del mundo por medios a su alcance , pero que no le extraña nada que le dieran par-pelo en el Vietnan , como tropa son flojos , y de ingenio están escasos . Se le salió una cadena al 113 Hispano , y sin problemas con una motosierra talaron unos pinos , lo levantaron haciendo palanca , y se colocó nuevamente en su sitio , no les entraba en la cabeza que eso se pudiera hacer sin el concurso de una grúa de gran tonelaje . Sobra decir que la hora del bocadillo se respeto escrupulosamente y que las maniobras fueron ganadas por nuestro ejercito .
También quedaron para la posteridad , las fotos que se hicieron los hijos de los luchadores del Vietnan al lado de los 113 , y su curiosidad por verlos aún funcionando . Sus camiones también eran el doble de grandes y altos ....................

Un saludo De Cáceres

Amo del castillo dijo...

Lo que nos cuenta no debe sorprender a nadie que tenga un mínimo de conocimiento sobre estos temas, Sr. Pedro. Si nos fijamos en la trayectoria bélica de los yankees, estos han ganado cuando poseían una superioridad numérica y/o en medios bestial, y a veces ni por esas. Ejemplos: sus guerras con los indios, tecnológicamente a siglos de ellos, duraron décadas y décadas, y nunca lograron una victoria militar rotunda, sino un mero aplastamiento en cámara lenta ayudados entre otras cosas por plagas como la viruela, introducidas en forma de guerra bacteriológica. ¿Sabe que les regalaban mantas infectada con el virus para liquidar tribus enteras? Cuba: a pesar de haber destruido nuestra maltrecha flota, más vetusta que las galeras, estuvieron a punto de reembarcar las tropas de tierra ante la resistencia que oponían los españoles, muy inferiores en número y muy mal armados. Sólo con la ayuda de varias Gatling lograron desalojarlos de sus posiciones. En Corea McArthur llegó a pedir permiso para usar la bomba, porque les estaban dando para el pelo. Acabó en tablas por la cosa política, pero los chinos se las hicieron pasar putas. Vietnam: en esa, ni con su abrumador poder militar. Los charlies les mearon las cachas de forma humillante. Afganistán, Iraq, Somalia, etc. donde ganaron a los ejércitos pero no a los insurgentes, y donde un par de moros atrincherados con un Kalashnikov requiere de un ataque aéreo en toda regla para neutralizarlos. Si no fuera por su inmenso poder militar y su nivel tecnológico, esos no ganaban ni una partida de canicas.

Ese falso mito de invencibilidad lo han fraguado ellos mismos gracias a una propaganda muy eficaz (para eso son anglosajones), desplegada sobre todo en películas bélicas donde, por norma, unos marines megaduros dan estopa a unos moros malísimos de la muerte. Se han trabajado muy bien la milonga esa de "aunque camine por el valle de sombra de la muerte no temeré mal alguno porque soy el mayor hijoputa del valle". Fíjese la peli esa que han hecho aquí en España sobre el rescate de un helicóptero para no dar a los insurgentes material para su propaganda. Ni nosotros teníamos ni puñetera idea de que eso había pasado porque nuestros gobiernos buenistas y acomplejados no informan de nada al respecto. Si eso le pasa a los yankees habrían hecho 14 pelis y habría salido en todos los telediarios. Fíjese con esa del Blackhawk derribado la que dieron, y el zafarrancho bestial que tuvieron que montar para rescatar al piloto que había sobrevivido al derribo. En fin, a estos pamplinas son para dedicarles diez entradas sobre "Mitos y leyendas".

Un saludo y gracias por su aportación

Amo del castillo dijo...

Quiero recordar de haberlas visto hace muchos años en una Expojuventud Sr. PH, uno de esos eventos para nenes que solemos disfrutar más los adultos, en una tienda-stand del arma de Intendencia. Tomo nota de los enlaces que aporta y ya les echaré un vistazo. Indudablemente, un país como España, donde se inventó la fregona y el bolígrafo es capaz de fabricar cosas chulas no, sino más bien chulísimas.

Un saludo y gracias por su comentario

Gonzalo Rodríguez Jover dijo...

Estimado Amo del Castillo:
Gracias por sus letras hacia mi. Es usted inspiración y lo que desearía ser. Muchas gracias
Lalo desde Cartagena.

Amo del castillo dijo...

Muy agradecido le quedo por la deferencia, Sr. Gonzalo. Acaba de elevarme el ego más de un metro por lo menos :-). Pero no desee ser como yo ni como nadie, sea Vd. mismo, que seguramente tiene mucho que aportar al género humano (los cuñados no cuentan, naturalmente).

Un saludo y gracias por su comentario

Leonardo silvestre Reales dijo...

Sin dudas mi página favorita. Me metí de cabeza a husmear la página de F&M.
Saludos desde Argentina, Amo.

Amo del castillo dijo...

Muy agradecido vos quedo, Sr. Leonardo. Esperemos que siga siendo su favorita durante mucho tiempo.

Un saludo y gracias por su comentario