domingo, 22 de julio de 2018

Un misterio misterioso: los caños de arambre


Como ya he comentado en varias ocasiones, hay veces en que averiguar qué leches es lo que vemos en los tratados medievales de tormentaria es un verdadero reto. La mayoría no traen textos que expliquen de qué va la cosa, y los que sí los traen están escritos a mano con unos tipos de letras cuasi indescifrables salvo para paleógrafos, grafólogos y demás ciudadanos versados en las mil y una formas de escribir de aquella época. Uséase, que muchas veces hay que acabar deduciendo el uso de cada máquina en función de su morfología e imaginando su aspecto real, ya que casi siempre las perspectivas y las proporciones brillan por su ausencia. Recordemos el luctuoso caso de la tostadora asesina, que al final resultó ser una máquina para cargar ballestas de gran tamaño y que el mismísimo conde de Clonard confundió con una especie de catapulta que denominaba como "garrote". Por toda esta serie de motivos, uno de los ingenios que me traía por la calle de la amargura es el que ven en la ilustración de la derecha. Aparece en una de las copias que se conservan del BELLIFORTIS de Konrad Kyeser, un sesudo tedesco del que ya hemos hablado muchas veces a la hora de estudiar la tormentaria medieval. Esa lámina en concreto aparece en el Ms. germ. qu. 15, y está datado hacia 1460. En otras dos obras que tengo entre mis fuentes aparece el mismo chisme básicamente igual. Pero, ¿qué era?

Porque, además, aparecen dos máquinas más provistas de esa especie de canalón y que podemos ver abajo:


La ilustración de la izquierda nos muestra una tortuga rodante en cuya parte superior vemos el mismo canalón. En la parte frontal, un mantelete con dos aspilleras que obviamente tenía como misión proteger a los que manejaban dicho canalón, mientras que los que empujaban la tortuga permanecían a cubierto dentro de la misma. La lámina de la derecha presenta un artefacto similar, pero además armado con un ariete. Esto aumentaba aún más la intriga, porque mientras que la máquina que vimos más arriba era estática estas dos estaban emplazadas en artefactos móviles. ¿Qué leches eran?

Bicheando y bicheando di con lo que parecía parte de la respuesta al misterio, y precisamente de manos de Clonard, del que me fiaba más bien poco desde el fiasco de la tostadora asesina. En este caso recrea la máquina de la derecha del párrafo anterior y, lo más importante, le da nombre, porque en los tratados con texto de que dispongo no dan la denominación de cada ingenio, sino una explicación somera acerca de su uso. Ariete con caño de arambre. Que es un ariete saltaba a la vista desde el primer momento pero, ¿qué utilidad tenía ponerle un canalón encima. En la descripción que hace de la máquina dice que "...servía para pegar fuego a las obras de ataque por medio de los mixtos incendiarios que derramaba sobre ellas". Añade que, en el caso de la máquina con el ariete, "... colocábanse vigilantes detrás del mantelete (...) y estos hacían uso del caño, ya para alejar del muro a los sitiados, ya para defender a la misma máquina de los ataques que contra ella se dirigieran".

Miniatura de "La Gran Conquista de Ultramar" en la que se representa
una bastida de los cruzados en pleno asalto
La verdad es que esa aplicación para el ingenio del ariete no me parecía muy sensata ya que los sitiados no tenían oportunidad de atacarlo como no fuera desde lo alto de la muralla y, por otro lado, tampoco servía para ofender a los defensores y desalojarlos de la misma ya que carecía de la suficiente altura para ello. Por último, estos caños solo podían verter el líquido delante de la máquina, por lo que su uso defensivo para alejar posibles agresores no podemos tenerlo en cuenta. En fin, que no me cuadraba nada la explicación de Clonard, pero al menos ya tenía el nombre del chisme, que era lo importante. Un caño de arambre es, simplemente, una tubería de cobre o bronce. Arambre es un palabro de donde proviene el actual alambre, y procede del latín ÆRAMEN, que significa precisamente objeto fabricado de bronce o cobre. Así que con esos datos proseguimos las pesquisas hasta que, finalmente, pudimos acertar de pleno. La respuesta estaba en "La Gran Conquista de Ultramar", una obra elaborada al parecer por encargo de Alfonso X y concluida por su hijo Sancho IV en la que se narraba de forma más o menos novelada la conquista de Tierra Santa durante la Primera Cruzada. En el capítulo XXXI del Libro III, donde se cuenta el tercer intento de asalto a Jerusalén por parte de los cruzados, podemos leer lo siguiente, que transcribo en su forma original que tiene más morbo:

E ENTONCES LLEGO EL ENGEÑO CON EL CARNERO, E VENIA DELANTE PARA FERIR EN EL MURO. E  LOS TURCOS TOMARON CAÑOS DE ARAMBRE LUENGOS, E METIERON DENTRO UN ACEITE QUE LLAMAN EN AQUEL LENGUAJE OLIO PETROLIO, DE QUE SE FACE EL OLIO QUE LLAMAN GRECISCO, E ECHARONLO SOBRE EL ENGEÑO E SOBRE EL CARNERO, E ROCIARON TODO E DEJARONLO ASI, E NON PUDIERON ECHAR EL FUEGO DE AQUELLA VEZ

Por si alguien no se ha enterado del todo, el carnero era el ariete, y el petróleo es lo que usaban para fabricar el fuego grecisco, o sea, griego, con el cual rociaron la máquina obligando a sus servidores a salir echando leches ya que les fue imposible apagarlo. En definitiva, lo que vemos en la ilustración inferior:


  
El caño de arambre no era más que eso, un canalón o tubería de sección cuadrangular fabricado con bronce o cobre ya que por el mismo se vertería una substancia inflamada. El caño estaba unido a un bastidor que, instalado en el adarve, le permitía bascular y, lo más importante, verter el líquido a una distancia adecuada de la muralla ya que, de lo contrario, chorrearía por el muro sin alcanzar su objetivo, que en este caso era un ariete. El petróleo o la brea incendiaría el ingenio como una tea y sanseacabó. Era pues un ingenio destinado a eliminar el peligro que suponían las máquinas de batir y, en un momento dado, para rociar la base de la muralla con fuego y alejar de ella a los atacantes.

Pero nos quedamos con la utilidad del caño sobre una tortuga o un ariete, y aquí ya no hay narraciones de batallitas que nos detallen para qué servían ya que la explicación de Clonard no es, al menos para mí, nada convincente. Y después de darle vueltas al tema solo se me ocurre un uso práctico: rociar con líquido inflamado una puerta. De esa forma, protegidos por la tortuga, los atacantes se valdrían del caño para verter una gran cantidad de cualquier mixtura incendiaria que los defensores tenían complicado apagar ya que, como se explicó en su día, el agua solo servía para hacer el fuego más virulento. La máquina con el ariete tendría como fin acelerar el derribo de la puerta. Una vez que el fuego la hubiese debilitado lo suficiente, el embate del ariete arrancaría de cuajo los gorrones de bronce, echando abajo el portón y permitiendo a los atacantes colarse dentro del recinto. 

Bueno, vale por hoy. En la próxima entrada proseguiremos con el tema de los tripulantes de los carros micénicos esos porque hoy no estaba para cuestiones enjundiosas, así que he aprovechado para ilustrar a vuecedes con este curioso ingenio que, con toda seguridad, sus cuñados no han oído mentar en sus miserables vidas de sableadores de caldos selectos y chacinas de calidad.

Hale, he dicho

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9 comentarios:

daniel hastudia dijo...

saludos y agradeciendo su regreso. cuando sera el dia que los productores de cine nos regalen una pelicula con todos esos aparatos en accion.
no comian cuento esos militares del pasado

Amo del castillo dijo...

Me temo que eso es una quimera, Sr. Daniel. Otrosí, nunca entenderé el empeño por los cineastas por hacerlo mal cuando es perfectamente viable hacerlo bien.

Un saludo

Jarenito dijo...

La verdad es que según lo vi me imaginé que era para echar aceite u otro líquido ardiendo sobre los pringaos que intentan atacar la muralla.

Puesto en el ariete, quizás también podría servir para protegerse de lo anterior, canalizando el líquido hacia atrás. Pero es algo rocambolesco, sólo expongo lo que primero me ha venido a la cabeza.

Antes no escribía porque, la verdad, no tengo mucho que aportar y tú sueles ir resolviendo todas las dudas que van surgiendo mientras leo el artículo en el mismo.
Pero tras tu ausencia momentánea pensé que igual te venía bien saber que hay muchos más que te leemos de lo que a veces parece por la cantidad de comentarios, para animar a tu musa un poco.

Un saludo y, de nuevo, es un placer seguir leyéndote.

Fantasma de la Opera dijo...

No sé yo si el uso que Vd. plantea en su penúltimo párrafo acerca del uso del caño sobre tortuga sea el real, Sr. Amo.

Para empezar, el cuenco con el líquido a vertir deberían traerlo tras ese artefacto con otro artefacto parecido para que no quemara a los que lo manejan, lo cual es bastante poco práctico bajo la lluvia de proyectiles que lanzarían desde las alamedas los defensores. Además, dicho cuenco debería estar muy sobre el nivel del suelo para poder verterlo sobre el extremo trasero del caño y que discurriera por la gravedad sin que cayera ni una gota sobre los que empujan, lo cual acarrearía aún más inestabilidad...

Yo pienso que debía ser una contramedida para evitar precisamente los efectos del lanzamiento de brea ardiendo de los defensores contra los que manejaban el ariete: ponían el extremo superior del caño a la salida de la alameda donde apostaban los toneles de brea, que, al verterse, "abocachaban" dicho caño para hacer que el líquido o las ascuas que lanzaban corrieran por encima y se depositaran en tierra a espaldas del ariete. Lógicamente tendría que tener cierto juego lateral de giro para que fuera más preciso...

No sé, es una idea, nada más.

Marqués de las Doce y Media dijo...

Buenos días,

Por las secciones en las que está dividido en las miniaturas queda claro que es otro material totalmente diferente a la madera, si no, lo habrían representado de otra forma. Por lo que obviamente, si no era madera, dudo que fuera cuero y ciertamente en aquella época o era madera o cuero o piedra o metal. Así que perfectamente concibo que podría ser de cobre o bronce tal como además expone perfectamente en el párrafo de La Gran Conquista de Ultramar.
Los que tienen ruedas son como bien señala, de aproximación, más teniendo en cuenta el ariete que porta uno de ellos y lo acorazado que está. Por lo que yo me inclino más bien a que podría funcionar como protección contra los caños similares con que pudieran contar los asediados. Me explico: podría servir para verter agua sobra los posibles incendios que ocasionaran en el aparato o quizás para "continuar" el caño del de la fortificación y así desviar la brea de tal forma que no pudiera quemar el ingenio, cayendo la mixtura incendiaria detrás del aparato.
Pero ciertamente se me escapa cómo pretendía usar el inventor ese engendro, ya que sabemos que muchos eran dibujados de oídas con pocos detalles y otros eran directamente inventados a la imaginación del dibujante, sin que se llegaran jamás a construir o probar su viabilidad.

Un saludo.

Gerardo FQ dijo...

Es una buena explicación la del caño para incendiar una puerta... Ahora, como la manejaban para verter el líquido inflamado? Mirando las ilustraciones parecería que los encargados del mismo deberían trepar con una escalera de bombero hasta la parte superior del canalón, y llevando además el líquido en cuestión... Abajo mismo de las murallas?? Regalados "perejil de feria" diríamos acá!! Es decir el mantelete no parece lo suficientemente alto. Quizá las perspectivas y/o dimensiones relativas no son las adecuadas...vaya misterio

Amo del castillo dijo...

Bueno, como los cuatro comentan más o menos lo mismo respondo en conjunto: tengan en cuenta que esas ilustraciones son muy esquemáticas. No son un plano detallado, sino un mero boceto que permite hacerse una idea de cómo era el chisme ese, pero la longitud del caño o la altura del bastidor sobre el que estaba instalado no eran necesariamente similares. Como es lógico, serían bastante más largos para verter porquerías sin peligro para la máquina, y estarían colocados a una altura que los hiciese manejables. A mi entender, los encargados de manejar el caño se limitaban a verter por el mismo la brea permaneciendo bajo la protección del mantelete para, a continuación, arrojar sobre el charco que formaría una tea ardiendo. Reitero que su altura sea mucho más accesible de lo que aparece en las ilustraciones.

Una puntualización para el Sr. Marqués: en la entrada ya se especifica que estaban fabricados con bronce o cobre (de ahí lo de arambre), e incluso en la recreación dibujada por mí aparece fabricado con ese material.

Otra puntualización, esta para el Sr. Fantasma: el líquido inflamable no tenía por qué ser previamente calentado y, en todo caso, en el interior de la tortuga podrían hacerlo mientras el ariete batía la puerta. Por lo demás, un caño no serviría para desviar hacia atrás la brea derramada sobre el ingenio, que caía ardiendo y dispersa. Para lograr lo que vuecé plantea haría falta un mantelete metálico que cubriera toda la superficie de la tortuga.

Un saludo a los tres y gracias por sus aportaciones

dani dijo...

Pues nos quedamos con las dudas. Y es que en aquellos tiempos los escibanos (normalmente clérigos) no solían tener mucha idea de lo militar. Y eso vale tanto para los dibujos como para el relato de las batallas.

Amo del castillo dijo...

Bueno, igual un día de estos aparece un viejo códice enterrado en alguna biblioteca y nos da pelos y señales acerca de estos chismes

Un saludo