domingo, 5 de mayo de 2019

FLAKTÜRME. Armamento. 2 cm. Flak 30/38


Espectacular imagen de un Flakvierling 38 dando estopa con los cuatro cañones disparando al mismo tiempo.
Obsérvese la gran cantidad de cajas de munición colocadas alrededor de la posición. Por el molino que se atisba
al fondo de la imagen la acción debía transcurrir en Holanda

Flak 30 en un emplazamiento fabricado con madera sobre la azotea de un
edificio parisino. Imagino que el vecindario no estuvo muy conforme
con ese trasto en el tejado
Llevo dos o tres días devanándome un poco la masa encefálica para ver como continuaba la serie sobre las Flaktürme. Inicialmente pensaba dedicar un artículo por cada una de las tres ciudades donde se construyeron, Berlín, Hamburgo y Viena, pero en cada una de ellas tendría que hacer un recordatorio del armamento que empleaban en ellas que, aunque básicamente era similar, había variantes. Por otro lado, las piezas emplazadas también fueron cambiando con el paso del tiempo, así que podríamos acabar hechos un lío. En resumen, creo que lo más adecuado sería ir enumerando en primer lugar el armamento, y en las entradas referentes a las Flaktürme de cada población especificar qué modelos se usaron. Así, al menos, ya sabemos de qué va la cosa y el que no recuerde algún detalle siempre podrá echar un vistazo a este artículo. De otro modo, tendríamos que repetir una y otra vez lo mismo, y no estoy por iniciar un interminable bucle armamentístico. Así pues, y anticipando que cada una de estas fortificaciones disponía de artillería ligera y pesada, pues iremos enumerando los distintos modelos que entraron en servicio en las mismas, y posteriormente ya se darán pelos y señales de la vida operativa de las Flaktürme hasta el postrero destino que fueron sufriendo tras acabar la contienda. Bien, aclarado este punto procederemos con la artillería ligera, que pesa menos y, por ende, en como que más descansada...

En el grabado superior tenemos una vista general del arma. En el inferior
un primer plano del cargador de tambor T-100-/30 para 100 cartuchos.
La manivela que vemos en la parte central era la que ayudaba a
comprimir el muelle durante el proceso de recarga
El Flak (acrónimo de Flugabwehrkanone, cañón antiaéreo en cristiano) 30 y su inmediato sucesor mejorado, el modelo 38, fueron las piezas de artillería ligera más prolíficas de los tedescos. Y no solo fueron prolíficas, con mas de 140.000 unidades fabricadas, sino también versátiles ya que, además de su uso primigenio contra objetivos aéreos, fueron especialmente valiosas contra blancos terrestres, desde blindados ligeros a vehículos de todo tipo además de ser emplazados en los buques de la Kriegsmarine para disparar tanto contra aviones como naves enemigas. El origen de esta arma era la M.G.C/30L, un cañón ametrallador antiaéreo que entró en servicio en 1931. El M.G.C/30L, que ofrecía unas prestaciones bastante buenas, tenía sin embargo dos inconvenientes que le restaban puntos a la hora de sacar jugo a sus prestaciones, a saber: por un lado, su sistema de carga consistía en un enorme y aparatoso tambor con capacidad para 100 cartuchos que no se podía reponer por otro lleno una vez agotado. El proceso de recarga consistía en ir rellenando dicho tambor permaneciendo fijado al cañón, por lo que se eternizaba precisamente en un momento en que era vital mantener al máximo la potencia de fuego. El otro inconveniente radicaba en su nula capacidad de movimiento debido a que no se instalaba en una cureña móvil, sino en un pedestal S.L. 30L que lo obligaba a permanecer en su emplazamiento. Para facilitar la puntería en ángulos muy elevados se solía colocar sobre un enrejado de madera como el que vemos en el grabado de la derecha, el cual facilitaba al tirador el asentarse mejor en el suelo cuando tenía que abrir fuego con elevaciones de más de 60 o 70 grados. Como vemos en el grabado, el arma disponía de dos soportes en los que se ajustaban los hombros para facilitar el movimiento horizontal y vertical que se complementaban con unos asideros en uno de los cuales tenía el disparador. La puntería se llevaba a cabo con un sistema de miras abiertas convencional: una anilla con aros concéntricos delantera y un punto de mira trasero con el que se podía, con mucha práctica, intentar adelantar el disparo en función de la velocidad y la trayectoria del avión enemigo. Por lo demás, sus prestaciones eran bastante aceptables, con un alcance en horizontal de 4.800 metros y en vertical de 3.700. La velocidad inicial del proyectil era de 900 m/seg.


Flack 30 en acción. Aunque se parezca como un huevo a una castaña al
M.G.C/30L, el cañón era el mismo. Su dotación era de solo cuatro hombres:
jefe de pieza/observador, tirador, cargador y proveedor
En resumen, el M.G.C/30L era un buen cañón, pero lo que fallaba era su sistema de emplazamiento, que le impedía ser trasladado con facilidad o acompañar a las tropas durante sus movimientos en el campo de batalla. Por lo tanto, los cerebros pensantes del Reichswehr se pusieron en marcha apenas dos años después de su entrada en servicio para pulir su diseño y poderle sacar todo su potencial. En 1933 se efectuaron varias modificaciones que cambiaron por completo el aspecto del arma empezando por lo más importante, eliminar el pedestal que lo condenaba a un estatismo absoluto por una base triangular en cuyos extremos disponía de unas plataformas circulares regulables que permitían asentar firmemente el cañón adaptándose a los desniveles del terreno. Esta base se podía acoplar a la cureña de un eje Sonderanhänger 51, por lo que ya era perfectamente viable trasladar el cañón rápidamente a donde fuera preciso, bastando pocos segundos tanto para emplazarlo y ponerlo en orden de combate como para retirarlo y salir pitando. De ese modo, el cañón podía tanto ser remolcado por un vehículo como instalado en la plataforma de un camión, un vagón ferroviario o incluso un carro de combate. Este cañón empezó a ser distribuido como 2 cm. Flak 30 a partir de 1934.


Obviamente, las mejoras no se limitaron a la cureña y la base. Se cambió el sistema de alimentación, sustituyendo los enormes cargadores de tambor por otros convencionales con una leve curvatura con capacidad para 20 cartuchos al tresbolillo. El cargador se introducía en una tolva de alimentación situada en el costado izquierdo del arma. Los mecanismos de disparo se encontraban en unos pedales situados a ambos lados del soporte del cañón: presionando el derecho se efectuaba tiro semi-automático, más útil cuando se trataba de disparar contra un blanco terrestre, mientras que el izquierdo era para el tiro automático. El tirador se situaba en el asiento que vemos en la foto, detrás del cañón. Entre las piernas tenía un volante para mover la pieza en sentido horizontal, y el que se ve a la derecha corregía la elevación. 


La puntería la llevaba con distintos tipos de visores según el blanco a batir. Para objetivos aéreos empleaba un Flakvisier 35, un visor de espejos conectado a una pequeña computadora de tiro que, en base a la velocidad, la trayectoria y la inclinación del objetivo anticipaba su posición en el visor de forma que aparecía en el centro del retículo sin tener que "adelantarlo", como era habitual con las miras abiertas como el Linealvisier 21, también usado por estos cañones y que consistía en el anillo convencional con marcas que permitían apuntar adelantando el tiro en base a la velocidad y la trayectoria del objetivo. Hacia el final de la guerra se empezó también a usar un modelo aún más básico, el Schwebekreisvisier 30/38, un visor de anillo más simple y de funcionamiento más fácil que el Flakvisier 35 para las cada vez peor adiestradas tropas que servían en las unidades antiaéreas, muchas de ellas provenientes de la Hitlerjugend ansiosos de palmarla como héroes por el ciudadano Adolf, el Reich de los mil años y lo que hiciera falta. Para los blancos terrestres se usaba un visor telescópico convencional de 3×8 que vemos precisamente montado en un carril junto al Schwebekreisvisier 30/38 que mostramos en la foto de la izquierda. 


Contenedor metálico para dos cargadores
En cuanto al funcionamiento del arma, la recarga se basaba en la acción del gas producido por el disparo. La cadencia de tiro teórica era de 280 dpm. que, debido a los constantes cambios de cargador, se veía reducida a una cadencia real de 120 dpm. Hay que tener en cuenta que estos chismes se ventilaban un cargador de 20 cartuchos en apenas seis segundos, y por mucha prisa que tuviera el cargador no podía ir más rápido. Además, tampoco convenía mantener un fuego sostenido durante mucho tiempo para evitar sobrecalentamientos si bien el arma disponía de cañones de respeto que podían ser rápidamente sustituidos en caso de necesidad. Los cargadores iban en contenedores para dos unidades, y disponían de distintos tipos de munición dependiendo del objetivo a batir: trazador, incendiario, incendiario con alto explosivo o solo de alto explosivo con espoletas de tiempo. El explosivo usado era por lo general pentrita. Por último, mencionar que el rango de giro horizontal de la pieza era de 360º, y la elevación estaba entre -12 y 90 grados. Ciertamente, los tiradores debían tener un entrenamiento de primera clase para ser capaces de mantener el curso de un avión enemigo manejando dos volantes a la vez, apretando un pedal y sin apartar un momento la mirada del visor. 


Vista frontal de un Flak 30 que nos permite ver la posición de los pedales de disparo y al cargador disponiéndose a
alimentar el arma. Obsérvese que los servidores de la misma son todos miembros de la Hitlerjugend (los brazaletes los
delatan), que fueron asignados al servicio dentro de Alemania en 1942, cuando la necesidad de tropas en los distintos
frentes era cada vez más perentoria. Al cabo, para manejar uno de estos cañones no había más que tener la estatura
necesaria para llegar a los pedales o la fuerza para manejar los cargadores con soltura.

La evolución de este cañón no se limitó al Flak 30. En 1939 se empezó a distribuir entre las unidades del ejército y la Luftwaffe una versión bastante mejorada que recibió el nombre de Flak 38 y que también experimentó cambios radicales tanto en el aspecto del arma como en sus prestaciones. Como vemos en las fotos de la izquierda, el armazón del cañón fue totalmente renovado. En este caso el arma formaba un conjunto con el cajón de mecanismos que, a su vez, estaba instalado sobre unas guías o raíles por las que se deslizaba cuando retrocedía tras cada disparo. La recarga se efectuaba mediante un sistema de muelle que se complementaba por la acción del nuevo freno de boca, una pieza cónica con un diámetro interno de 41 mm. en lugar de los 35 mm. del Flak 30, lo que reducía el retroceso a solo 5 cm. Todo este conjunto era sustentado por una corona de giro con rodamientos instalada en los anillos que se ven a cada lado, dando como resultado un movimiento más ágil y sensible. Disponían además de dos posiciones de bloqueo regulables para limitar el movimiento de elevación y depresión del arma a gusto del tirador. La posición del tirador también fue cambiada, pasando de colocar el asiento en el costado derecho. Los volantes de maniobra permanecieron en el mismo sitio, pero se mejoraron con un multiplicador que permitía un mayor desplazamiento con el mismo giro. Me explico. En el Flak 30, una vuelta en el volante de elevación equivalía a 4º mientras que con el nuevo sistema se alcanzaban tres veces más, o sea, hasta los 12º. Con el de giro horizontal ocurría lo mismo: de 10º por vuelta se aumentó hasta los 30º. Esto se traducía en una mayor rapidez a la hora de seguir la trayectoria del objetivo, y más si se trataba de un avión volando a toda velocidad a baja cota.


Aspecto de un Flak 38 con su base instalado sobre la Sonderanhänger 51. En este caso, el arma lleva instalado el escudo.

Los pedales de disparo se limitaron a uno solo que se accionaba con el pie derecho, como podemos ver en la foto. Para efectuar disparo automático o semi-automático el tirador disponía de un selector de tiro en el costado derecho del arma, por lo que bastaba accionarlo para cambiar de un ciclo a otro sin liarse dando patadas a los pedales. En la foto vemos que esta pieza tenía montado un Schwebekreisvisier 30/38 como el mostrado anteriormente si bien los más habituales eran el Flakvisier 38, una versión eléctrica mejorada del modelo 35 que eliminaba el retardo mecánico y avanzaba el cañón a la posición futura del objetivo de forma automática calculando el azimut y el grado de elevación a través de un tacómetro acoplado en los engranajes de desplazamiento y elevación del arma.  Sofisticado de cojones, vaya. Aparte de esta virguería germánica empleaban el Linealvisier 21 de anilla y para los blancos terrestres se siguió usando el visor de 3×8.


Cureña Sonderanhänger 51 usada en los Flak 30 y 38. Una dotación
entrenada podía emplazar o cargar el cañón en segundos mediante un
simple movimiento de palanca 
En cuanto a sus prestaciones balísticas, seguían siendo las mismas ya que el cañón no varió en nada, y tanto los alcances en horizontal y vertical permanecieron invariables. Lo que si se logró fue aumentar de forma notable la cadencia de tiro, pasando de los 280 dpm teóricos del Flak 30 a 480, y de los 120 reales a 220 dpm. El ángulo de tiro vertical se redujo a 20-90º, imagino que porque los 12º negativos no serían posibles por las anillas del nuevo armazón. En todo caso, tampoco serían excesivamente útiles salvo que el cañón estuviera emplazado en una plataforma móvil y abriese fuego contra un blanco muy muy cercano. Por cierto que a ambos modelos se les podía acoplar un escudo cuyo peso oscilaba por los 120 kilos, un chisme muy útil cuando se usaban contra blancos terrestres en los que el fuego de armas ligeras se concentraría en anular su potencia de fuego, que era ciertamente temible cuando la emprendían a tiros contra una columna de camiones o semi-orugas.


Secuencia del emplazamiento de un Flak 38. Dura exactamente tres segundos. O sea, que desde que el cañón llegaba a
destino, la cureña era desenganchada del vehículo y abría fuego transcurría menos de un minuto

Dotación de un Flakvierling 38 poniendo en posición la pieza. En este caso
la cureña es una Sonredanhänger 52, un modelo más grande capaz de dar
cabida a su mayor anchura y peso, en este caso de 1.680 kilos en orden de
combate contra los apenas 406 del Flak 38
Y, finalmente, llegamos a la "joya de la corona", el Flakvierling 38 que fue el cañón ligero con que se dotó de forma mayoritaria las Flaktürme objeto de esta monografía. Flakvierling signfica simplemente cañón antiaéreo cuádruple, en obvia referencia a que estaba formado por cuatro cañones. Ojo, esta versión no fue creada para ser empleada exclusivamente en las Flaktürme, sino que su uso sería el mismo que el de sus hermanas menores, o sea, en todas partes y tanto para batir blancos terrestres como aéreos. Con todo, es evidente que la devastadora potencia de fuego que lograba con sus cuatro cañones del modelo 38 lo convertían en el candidato óptimo para lograr verdaderas cortinas de proyectiles contra los aparatos que volaban a baja cota y cuyos pilotos sentían como los testículos les trepaban hasta la garganta cuando por las noches veían la lluvia de fuego de las trazadoras ante ellos.


Este modelo fue puesto en servicio en 1940 procedente de un diseño de la Kriegsmarine para la defensa antiaérea de sus buques. Sus prestaciones y posibilidades de servicio eran exactamente las mismas que las de los modelos anteriores, e incluso en este caso se instaló en un chasis de PzKpfw IV para dar apoyo antiaéreo a las unidades acorazadas que dio lugar al famoso Wirbelwind (Torbellino). El Flakvierling era una auténtica mala bestia capaz de poner en el aire 800 proyectiles de alto explosivo por minuto, o sea, una cadencia superior a la de una MG-08 de la Gran Guerra. Su cadencia teórica era de nada menos que 1.800 dpm, pero los cambios de cargador lo seguían limitando ese aspecto. En este modelo también se modificó nuevamente la capacidad de elevación, llevándola desde los -10 a los 110 grados, es decir, superando la vertical. La alimentación, como hemos dicho, se seguía efectuando mediante los cargadores de 20 cartuchos si bien como podemos observar en la foto, los dos cañones del lado derecho tenían la tolva de alimentación cambiada de sitio por razones obvias. En todo caso, las vainas servidas salían despedidas hacia el espacio situado entre las dos parejas de armas, cayendo en un depósito. Por lo demás, aparte de la cureña móvil estaba instalado en una plataforma triangular basada en el mismo diseño que el de sus hermanas menores, con topes giratorios para adaptarla al terreno.


Fotograma que muestra la secuencia de disparo. Como podemos ver, se
producían de forma alterna en diagonal.
La estructura general del arma también sufrió importantes cambios. De entrada, el asiento del tirador volvió a reubicarse en la parte trasera de la misma, y los mecanismos de disparo se distribuyeron nuevamente en dos pedales pero con una diferencia: el derecho disparaba el cañón superior derecho y el inferior izquierdo, y viceversa. Esto tenía dos finalidades, a saber. Una, que el tirador pudiera optar por abrir fuego con solo dos cañones o con los cuatro presionando solo un pedal o ambos. La otra, que si abría fuego con los cuatro no pisaba los pedales a la vez, sino que presionaba uno y dejaba pasar un instante antes de presionar el otro. ¿Para qué? Pues para que cuando se efectuaba fuego sostenido la munición de la primera pareja se agotase antes y sus entrenados y eficientes cargadores tuvieran tiempo de recargarlos mientras que la otra pareja seguía disparando. De ese modo, siempre había al menos dos cañones en funcionamiento en los escasos instantes en que tardaban en extraer los cargadores vacíos y sustituirlos por otros llenos. Aparte de eso había otra razón de tipo puramente mecánico, y es que al disparar dos cañones diagonalmente el retroceso se compensaba, evitando así que se produjeran variaciones en la puntería del arma por verse desplazada hacia un lado u otro si disparaban dos parejas de un lado o dos de arriba o abajo al mismo tiempo. 


Otra modificación notable fue el añadido de dos asientos para los cargadores situados a ambos costados del arma, lo que les facilitaba la recarga de la misma. En la foto de la izquierda la flecha señala la plataforma de almacenaje para munición de uso inmediato que llevaba a cada lado con capacidad para 8 cargadores, que a medida que se iban agotando eran repuestos por el asistente de cada cargador. Esto elevó la dotación de estos cañones a ocho hombres: jefe de pieza/observador, tirador, dos cargadores y sus respectivos asistentes. Lo único que permaneció invariable fueron los elementos de puntería, que seguían siendo los mismos que en el Flak 38. A estos habría que añadir el telémetro que manejaba el jefe de pieza para ayudar a calcular con más precisión la distancia a la que se encontraban los aparatos enemigos, especialmente cuando se trataba, no de aviones dispersos, sino de oleadas que se dirigían al interior del Reich para cremar probos ciudadanos tedescos con sus bombas de fósforo.


En la foto de la derecha podemos ver un Flakvierling 38 en acción en una Flaktürme. El sujeto que sostiene el telémetro atisba el cielo buscando al enemigo. Ese chisme, cuya denominación oficial era algo tan impronunciable como Entfernungmesses 1M Raumbild 36 (telémetro de 1 metro modelo 36), fabricado por la Zeiss nada menos, fue el tipo ligero más usado en el ejército alemán tanto para blancos terrestres como aéreos. El aparato iba en una caja metálica con todos sus accesorios, incluyendo el armazón de tubos para apoyarlo en los hombros, la batería eléctrica y la pequeña mochila triangular de chapa que vemos en la espalda, destinada a contener todo el armazón previamente desmontado. Aparte de todo eso, la caja contenía varios accesorios y respuestos como una regla de calibración, una batería de repuesto, protectores contra la lluvia, cables y bombillas y algunas herramientas de mantenimiento.

Bueno, con esto terminamos así que ya saben, a empollar a base de bien porque cualquier cuñado no alcanza ni a la mitad de lo que hemos contado aquí.

En fin, ya seguiremos.

Hale, he dicho


Flakvierling 38 en uno de los "nidos de golondrina" de una Flakturm. La imagen nos muestra la posición de cada servidor
alrededor de la pieza, con los cargadores y los reponedores de munición junto al arma. Como vemos, en estos emplazamientos fijos la base triangular era sustituida por un pedestal que, a su vez, se cubría con un entarimado para facilitar el movimiento de los hombres. Posteriormente estas tarimas de madera fueron sustituidas por bases de hormigón para eliminar riesgos de incendios. Los dos cubos de hormigón que se ven en las esquinas inferiores eran los pañoles de munición. Las placas ranuradas del suelo no son más que husillos para desaguar el agua de lluvia e impedir que se acumulase en la plataforma


28 comentarios:

PeDurán dijo...

Impresionante tecnología , hasta el remolque tiene un diseño ,que sería valido hoy en día , con sus suspensiones por ballestas cantilever , la forma de cargar y descargar la pieza , como un gato de formula 1 actual .....

Viendo como funcionan estos terribles chismes , me doy cuenta que en la guerras de las galaxias, no solo se inspiró en los cascos alemanes para crear Darth Vader , ademas en estos antiaéreos, para reproducirlos en el Halcón Milenario . Sin problemas de cargadores claro esta........mmmmm

Un Saludo De Cáceres

Rolando el furioso dijo...

Excelente como siempre.

dani dijo...

Magnífico artículo, como no podía ser de otra manera viniendo de su teclado. Entiendo que en el modelo definitivo, cada soldados encargado de cargar las armas tenía a su disposición dos asistentes. ¿Eran realmente necesarios?

Amo del castillo dijo...

Fíjese que la pistola de Han Solo es una Mauser C-96, y una de las armas que llevan los guardias esos que van de blanco son MG-34, así que ya mamaron los del atrezzo del armamento tedesco, Sr. Durán

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Muy agradecido vos quedo, Sr. Rolando

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Si los tenían es porque los necesitaban, Sr. Dani. Una gente como los tedescos no suelen hacer las cosas porque sí. Tenga en cuenta que uno de ellos, el que estaba junto al cargador, debía ir reponiendo la bandeja situada junto al cañón mientras que el segundo asistente los llevaba desde los pañoles hasta el primer asistente. Recordemos que cuando ese chisme empezaba a disparar, cada arma gastaba un cargador cada seis segundos, y si la plataforma de almacenaje tenía capacidad para ocho cargadores de 20 cartuchos suponen 160 disparos que consumía cada cañón en minuto y medio en fuego sostenido, y los cargadores debía atender una pareja en cada lado. En resumen, debería recargar constantemente, por lo que el flujo de munición tenía que ser muy rápido. Tras cada incursión aérea, un Flakvierling consumía miles de cartuchos, y para mantener la potencia de fuego necesaria era imperioso disponer constantemente de munición.

Un saludo

David dijo...

¿ Y derribar un avión con cañones antiaéreos no era difícil hasta el punto de que, si cada dotación conseguía derribar un aparato al día, podían considerarse afortunados ?

Antonio dijo...

Magnífico artículo. Un material realmente intemporal, porque unas piezas como esas hoy en día siguen siendo útiles, piense en el follón en Siria, donde piezas parecidas sobre vehículos han mostrado su valor táctico. O los montajes cuádruples rusos sobre blindados, ZSU-23 que siguen trabajando por ahí.

Sobre los telémetros, son una maravilla por lo fiables. Siglos ha, usé uno parecido a esos, alemán pero no recuerdo el modelo y era de uso sencillo. Años más tarde un amigo me contó que los modernos de láser, apenas (o nada) mejoraba las lecturas. Para quitarse el sombrero.

Por darle color a la cosa y descansar del blanco y negro, le ofrezco este enlace en que aparecen retratados estos chismes:

https://www.flickr.com/photos/nilsmosberg/albums/72157627378960338

Amo del castillo dijo...

La cuestión, Sr. David, es que en realidad daba lo mismo que derribasen uno o diez cuando las oleadas de bombarderos eran de cientos de aparatos. Dejar en el camino 20 o 30 no quebraría y, de hecho, no quebró la descomunal maquinaria aérea de los aliados.

Un saludo

Amo del castillo dijo...

En realidad esos antiaéreos procedentes de la antigua URSS montados en muchos casos sobre camiones civiles o incluso pick-ups creo que los dedican más bien a batir blancos terrestres, Sr. Antonio. Los aviones actuales son inalcanzables para esos chismes como no sea que los pesquen volando a baja cota y muy despacio, pero si los detectan los funden de un misilazo y santas pascuas. Por lo demás, le agradezco su colorida aportación.

Un saludo

Maki dijo...

Se calcula que para derribar un b-17 hacia falta unos 1000 disparos del 88.
El consumo de munición en una incursión aérea sobre una ciudad alemana era monstruoso, y la munición no es gratis.
Una de las desventajas de Alemania fue el no desarrollar espoletas de proximidad, en cambio los brithis sip(Dios maldiga a Nelson).
Con este tipo de munición la eficacia de la la Flak aumentaba exponencialmente.
Hay un libro muy interesante en castellano sobre la Flak, y además ba ratito, no está mal

CSF dijo...

La artillería antiaérea de tubo sigue siendo útil, para batir a los helicópteros enemigos y hoy en día a los drones, cada vez mas presentes.
Aunque efectivamente el calibre es mayor que el 20 mm, actualmente se emplean 30 o 35 mm para estas misiones.
Los Toyota pick-up armados suelen emplear montajes de ametralladoras pesadas de 14 mm KPV Ex soviéticas en montajes individuales o bitubos ZPU-2. Aunque efectivamente también hay ejemplos, normalmente en pequeños camiones con montajes ZPU-23/2.
Durante la 2 GM la artillería AA ligera, considerando armas ligeras entre entre los .50 BMG de las Browing M-2 yankis y el 40/60 de las piezas Bofors, no se empleaba para batir a los grandes cuatrimotores, ya que su altura de vuelo era muy superior al alcance de esas pequeñas piezas.
Su misión era enfrentar a los cazas tácticos que atacaban en vuelo rasante.
En las Flacktürme su misión era proteger a los artilleros "pesados" de los ametrallamientos a baja altura de los cazas y cazabombarderos enemigos.

Respecto a las bajas. Si bine es cierto que los aliados llegaron a utilizar incursiones con mas de 1000 aparatos entre bombarderos y escoltas, lo cierto es que las bajas aliadas fueron muy considerables y fue necesario usar la mas estricta censura para evitar la reacción del publico. Por ejemplo el Bomber Comand británico tuvo un 44,4% de bajas mortales a las que sumar prisioneros de guerra y heridos de diversa consideración . En total las bajas fueron de un enorme 58'6% de los efectivos. Solo la fuerza de submarinos alemanes, con casi un 80% de bajas les superaba en el ranking mortal.

En resumen para cada 100 tripulantes que participaban en un tour de operaciones (30 salidas aproximadamente)
55 Muertos en acción
3 heridos de diferente consideración
12 tomados prisioneros de guerra
2 derribados pero que pudieron evadir y regresar a las lineas aliadas.
27 sobrevivieron.
https://en.wikipedia.org/wiki/RAF_Bomber_Command_aircrew_of_World_War_II#Attitude_to_losses

David dijo...

En un documental vi que los tripulantes que se ofrecían voluntarios para bombardear ciudades alemanas "disfrutaban de un 5x1": Por cada misión que hacían, les contaba como 5 a efectos de licenciarse. Creo que se implantó ése método cuando los aliados empezaron a bombardear por el día en lugar de por la noche, para tener mucha más precisión.
Lo de cientos de aparatos por cada oleada me sorprendió, pensé que serían unas pocas decenas.

David dijo...

Supongo que un caza le supondría una amenaza mucho mayor a un bombardero, pero para entonces la luftwaffe debía estar ya bastante escasa de aparatos.

Hace años jugué a un simulador de aviones de la segunda guerra mundial que en teoría era sumamente realista, y siendo artillero de cola me sorprendió lo dificilísimo que era acertarle a los cazas que me seguían, de hecho no derribé ni uno.

Amo del castillo dijo...

La relación costo-eficacia en estos casos es a mi entender relativa, Sr. Maki. Debemos tener en cuenta que un B-17 era muchísimo más caro que los 1.000 proyectiles necesarios para derribarlo. El problema iba más allá, y es que para cerrar el paso a una masa atacante de tal envergadura lo primero que hacía falta era una superioridad aérea que la Luftwaffe no tenía. Solo un enjambre de cazas tenía capacidad real para diezmar una oleada de 200 o 300 bombarderos, como ocurrió cuando apareció en escena el Me-262 solo que para entonces Alemania estaba agotada y su industria triturada, por lo que su verdadero potencial no pudo ser aprovechado. Por otro lado, las espoletas de proximidad aparecieron cuando estaba en guerra los de verdad la ganaron, los yankees. A esos les daba una higa que les derribaran de una tacada 50 bombarderos porque tenía capacidad para reponerlos en dos días.

Un saludo y gracias por su comentario

David dijo...

¿ Amo, no falta por publicar un comentario mío ? En él, hablaba de que en algunas misiones de bombardeo aliado, los tripulantes voluntarios gozaban de una especie de "oferta 5x1": Cada misión les valía como 5 a efectos de licenciarse, por lo arriesgadas que eran.
Creo que implantaron ésa medida cuando decidieron empezar a bombardear de día en lugar de por la noche, para aumentar su precisión.

David dijo...

Ahora veo que mi comentario ha aparecido, pero desordenado. El blog se está volviendo loco Amo, jajaja.
Muchas gracias a CSF por los datos.

Amo del castillo dijo...

No, Sr. David, lo que pasa es que hay veces en que no puedo publicar los comentarios hasta pasado un día, a veces dos, porque no tengo tiempo de mirarlos. Respecto de los bombardeos nocturnos y diurnos, los british siempre los efectuaban de noche para no complicarse la vida. Los yankees lo hacían durante el día porque tirar bombas con nocturnidad y alevosía les parecía feo.

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Por cierto, para que se haga una idea, en la noche del 27 de julio de 1943, en el contexto de la Operación Gomorra contra Hamburgo, la RAF envió nada menos que 739 bombarderos. Dos días después tomaron parte 726. En el último ataque en la madrugada del 2 de agosto fueron 740. Es evidente que por muchas G-Türme que tuvieran los tedescos- dos en el caso de Hamburgo- poco podrían ante semejante avalancha.

Otro saludo

Amo del castillo dijo...

Gracias por su aporte, Sr. CSF

Un saludo

David dijo...

Gracias por el ejemplo Amo. Pues entonces la operación gomorra debió ser de las menos peligrosas de toda la guerra para ser tripulante de bombardero, porque si no, no se explica el 44 % de bajas del que habla CSF.

Amo del castillo dijo...

La verdad es que desconozco las bajas aliadas en esa operación, pero con la tormenta de fuego que desencadenaron en la ciudad no creo que los tedescos tuvieran muchas opciones. No obstante, cierto es que caían bastantes. Tenga en cuenta que desde que alcanzaban la costa gabacha debían pasar sobre infinidad de posiciones antiaéreas más el hostigamiento de los cazas de la Luftwaffe. Llegar a las 25 misiones para volver a casa no era moco de pavo.

Un saludo

Antonio dijo...

El Sr. CSF se me ha adelantado, iba a escribir casi lo mismo pero, debo reconocer que lo ha hecho mejor que yo.

Por ilustrar el asunto de la efectividad defensa antiaérea, este enlace: http://bombing.centroeu.com/intro.htm

El artículo ilustra muy bien un par de cosas, una que la defensa alemana era bastante buena y efectiva sin perder de vista que se trataba de una acción terrestre combinada con la aviación de caza y, dos, ilustra perfectamente que la impresionante capacidad industrial aliada superaba con creces a la alemana. Solo contemplar el número de aviones construidos ( y destruidos) anonada mucho. También que pertenecer a la fuerza aérea en aquellos momentos, no era como muchos piensan un destino privilegiado lejos del barro y la miseria terrestres, era una forma relativamente rápida de entregar la cuchara.

De muestra de cuando las cosas se tuercen:
https://en.wikipedia.org/wiki/Second_Raid_on_Schweinfurt

Para acabar, el famoso actor James Stewart ( https://en.wikipedia.org/wiki/James_Stewart ) fue oficial de la USAF, según dicen, raramente hablaba de la guerra y su actuación como jefe de escuadrón de bombarderos con alto número de bajas, como que lo traumatizó. No todos los actores se disfrazaron de militares o se dedicaron a películas de propaganda. De hecho es el actor con mayor graduación, general, de la historia del cine.

David dijo...

Así a botepronto, si con 2 antiaéreos derribaron 13 aparatos, entonces con 70 deberían haber derribado todos. Salvo que ésas 13 bajas se deban también a otras defensas que hayan tenido que atravesar tras llegar a la costa.
Saludos y gracias

Amo del castillo dijo...

Otro aspecto que es digno de tener en cuenta, Sr. Antonio, es que la Luftwaffe no se volcara en la consecución de proyectos de bombarderos pesados. Toda la guerra se aviaron con los Heinkel y los Dornier, aparte de los vetustos Stukas que quedaron obsoletos al poco de empezar el conflicto, viendo como los Avro y los B-17 los machacaban a diario. En todo caso, estas cosas dan para interminables debates acerca de lo que pudo ser y no fue que tampoco sirven ya de gran cosa.

Un saludo y gracias por su aportación

Amo del castillo dijo...

Todo es relativo, Sr. Dani. En esto no se pueden establecer medias porque mientras un cañón derribaba 10 otro no le daba ni a un elefante volando a medio metro de altura. Se ven fotos de cañones de 88 mm. llenos de anillos y otras en las que no tienen ninguno. Hubo pilotos de caza con más de 300 derribos y otros que no derribaron otra cosa que a sí mismos cuando se dejaban caer en la piltra al volver de una misión.

Un saludo

Antonio dijo...

Lo que está claro es que entre la defensa antiaérea y los cazas, los aviones aliados lo pasaron mal. No se suele comentar mucho eso de las pérdidas de aviones y tripulaciones, pero el artículo que traje antes lo muestra nítidamente. Las cifras sobrecogen y solo las superan los de submarinos y tripulaciones. Ser miembro de la fuerza aérea o la submarina nos suena muy glamour y épico, pero los que pudieron sobrevivir tuvieron mucha suerte. y destreza profesional, todo hay que decirlo.

Por ilustrar, se lee por ahí que para una tripulación de bombardero aliado completar venticinco misiones era una hazaña y la cifra era el tope para regresar a casa. Las probabilidades en contra ascendían con el tiempo y eran de un 50%-80%. Raro era el que volvía sin algún daño o muertos o heridos, pero regresaba. Eso implica una pérdida de aparatos y tripulaciones notable y en el caso alemán difícil o imposible de reponer. Por eso es asombroso que hubiera pilotos alemanes que sobrevivieran toda la guerra y tampoco extraña que su número de victorias sean records en la IIGM.

Dicho sea de paso, muchísimos pilotos USA no eran militares profesionales, eran de complemento y cuando acaba su periodo de combate o la guerra, volvieron a la vida civil o se quedaron ya como profesionales en activo o en la reserva.

Para acabar, lo que comenta en otro artículo de disparidades en datos de todo tipo sea de armas, números y de mil detalles, uno se lo encuentra habitualmente. En mi opinión, parte del problema es que muchos autores se copian unos a otros, con errores y erratas incluidas, otros ni se molestan en acudir a fuentes seguras o investigar en archivos y también que algunos caminan al lado de la propaganda, tratando de colar trolas por aquello de hacer quedar bien a los suyos (o a quienes le pagan). De esto último son muestra los que montan esos documentales de TV o prensa, que dan vergüenza ajena. El último disparate que vi (abochornado) fueron unas imágenes que pretendían colar como del bombardeo Guernica pero que evidentemente eran de la IIGM en Alemania, las ruinas de edificios no eran del pueblo, arquitectura centroeuropea, pero lo que contaba era que había víctimas por los suelos y eso impacta. A la realidad, que le den. Más propaganda para incautos.

Disculpe por el rollazo

CSF dijo...

Sin contar que una explosión en el cielo se puede interpretar como derribo un impacto no letal.
Los B-17 por ejemplo, como después sus tataranietos los B-52, fueron famosos por regresar a la base con daños enormes, con dos motores destrozados, sin trozos de ala o agujeros en medio fuselaje.
Hay una muy famosa de un B-17 al que un impacto de Flack le rebano el morro, toda la estructura a proa de ka cabina y regreso.