miércoles, 1 de junio de 2011

Partes del castillo: Los aljibes


Ya hemos visto en entradas anteriores varias de las partes del castillo o el fuerte, todas ellas destinadas a mejorar su capacidad defensiva. Pero quizás más importante que contar son buenas torres o con baluartes bien artillados era la disponibilidad de agua. Se puede resistir con una brecha abierta en la muralla, o sin comer durante varios días. Pero sin agua, bastan apenas 48 horas para acabar con la guarnición más valerosa y decidida.
No veréis castillo y/o fuerte que no cuente en su interior con uno o más aljibes. Y si no lo veis es porque el tiempo los ha cegado y solo resta de ellos poco más que un leve hundimiento en el suelo del patio de armas. Pero afortunadamente, en la mayoría de ellos sí estarán, en mejor o peor estado, visibles. Mucho ojo pues a la hora de poner el pié en castillos o fuertes con zonas cubiertas de maleza, porque puede que lo plantemos justo encima de una cisterna medio cegada y llevarnos un susto colosal, aparte del posible daño que podamos hacernos.
Dicho esto, concretar que incluso si la fortificación disponía de un pozo natural o de la proximidad de un caudal de agua, por norma se llevaba a cabo la construcción de un aljibe. Los pozos pueden secarse, y los ríos cercanos pueden ser ocupados por el enemigo, por lo que no podían arriesgarse a verse sin agua en la época estival o con la fuente de suministro en manos de los invasores.
La construcción del aljibe conllevaba disponer en todo el recinto de canalizaciones que vertían el agua de lluvia en el interior del mismo. Así, el agua que recogían las azoteas de las torres y los adarves se aprovechaba hasta la última gota. En función del tipo de suelo y del espacio disponible se hacía subterráneo o a nivel del suelo. La foto de cabecera corresponde al aljibe del castillo de Pena de Aguiar. Como se ve, se asienta sobre un monolito granítico que, si bien no era imposible excavar, sí suponía un esfuerzo extra costoso de arrostrar tanto en tiempo como en dinero, así que lo hicieron a nivel del suelo. Así pues, sobre la roca fabricaron una cisterna con sillares de granito que, en su día estaría enlucido con mortero de cal y arena y pintado con varias capas de almagra para minimizar en lo posible las filtraciones y, con ello, la pérdida de agua. La almagra, para los que no lo sepan, es un pigmento a base de óxido de hierro que, mezclado con la cal, sellaba de forma bastante aceptable los poros del mortero. La abertura superior era para poder extraerla con un cubo, como si de un pozo se tratase.

En la foto de la izquierda vemos el aljibe del castillo de Noudar. En este caso, se trata de un aljibe subterráneo labrado con ladrillo y formado por dos naves, separadas entre sí por arcos apuntados. Aún se puede ver el enlucido de mortero que recubre sus paredes. Algunos aljibes contaban con una escalera para poder descender al interior, generalmente para limpiarlo cuando era necesario. En este había que entrar por la misma boca de recogida con una escalera de mano.



Como se puede suponer, la capacidad de la cisterna iba en función del número de hombres que iba a guarnecer la fortificación, por lo que en castillos pequeños veremos aljibes acordes a su tamaño, y en alcazabas como la de Silves, cisternas de enormes proporciones, como se puede ver en la foto de la derecha. Sí, la han cagado poniéndole esos suelos de cristal y esas barandillas de acero que le dan el aspecto de un salón de convenciones, pero qué se le va a hacer. Siempre hay un arquitecto empeñado en poner elementos fuera de contexto y convertir lo que "restauran" en un adefesio. Pero lo importante en este caso no es la cagada del arquitecto, sino el monumental aljibe formado por cuatro naves y nada menos que 1.300 m3 de capacidad. O sea, 1.300.000 litros de agua que podían abastecer durante un año a más de mil personas. La abertura que se ve en el ángulo superior derecho de la imagen es uno de los cuatro brocales con que cuenta el aljibe.

Esa otra foto corresponde al aljibe del castillo de Montalegre, en la que podemos ver la escalera que bajaba hasta el fondo del mismo, a varios metros de profundidad. En este caso, la boca está protegida por una reja, pero hay otras que no y es donde nos podemos dar el batacazo del siglo, así que mucho ojo donde pisamos. Lo llamativo de este aljibe es que, como se puede ver, está excavado en la roca viva, y los peldaños son sillares empotrados en la roca sin más sujeción. Un trabajo de chinos, vaya...




Finalizo esta entrada mencionando los aljibes ubicados en las torres del homenaje. Como se recordará cuando hablé de estas, es habitual ver torres con su propio suministro de agua, entre otras cosas porque eran el último reducto defensivo en caso de ver el castillo invadido por los asaltantes. Por lo general suelen estar cerradas, y no es frecuente poder ver el interior de uno de ellos, pero en la foto de la derecha, de la torre del castillo de Palmela, nos podemos hacer una idea de su ubicación en el interior de la misma. La chapa pesaba lo suyo, y no hubo forma de moverla de su sitio por mucho interés y esfuerzo que puse. En todo caso, cabe pensar que su morfología es como la de una cámara más de la torre: una bóveda de cañón y paredes enlucidas de la forma que se explicó al comienzo. En este caso, al estar la entrada de la torre varios metros sobre el nivel del suelo, la cisterna no sería en sí misma un subterráneo, y su fondo correspondería al nivel del resto del recinto.
Concretar por último que los fuertes de grandes dimensiones contaban con varios aljibes, debido a que era habitual que la guarnición incluyera unidades a caballo. Por poner un ejemplo, el fuerte de San Fernando, en Figueras (Gerona), disponía de 13 cisternas con una capacidad total de 9.000 m3. Estamos hablando del mayor fuerte de Europa, naturalmente, pero lo menciono para que sirva de referencia para este tipo de fortificación.
Bien, creo que ya está todo más o menos explicado. El que quiera saber algo más, que pregunte. He dicho.