martes, 21 de junio de 2011

Tormentaria III: El onagro


Como en todo lo referente a este tipo de máquinas, hay cierta confusión en cuanto a su terminología. Por lo general, casi todo el mundo las identifica con el término catapulta, es cual es muy genérico tanto en cuanto una catapulta es toda aquella máquina capaz de lanzar algo. De hecho, los mismos autores latinos que las describieron por primera vez, tales como Vitruvio, Valerio Máximo, Vegecio, Ammiano Marcelino e incluso el mismo César, se contradicen unos a otros. Finalmente, fue el conde de Clonard el que clasificó cada tipo de arma en base a su funcionamiento, entrando el onagro en el grupo de las catapultas al ser una máquina capaz de lanzar proyectiles mediante un mecanismo de torsión.
El onagro (del latín onager, asno salvaje), parece ser que recibía ese nombre por su similitud con las coces que daban estos animales al defenderse, que a veces hacían salir despedidas piedras del suelo hacia atrás con inusitada fuerza. Como se ve una máquina bastante simple. Constaba de un armazón que soportaba un brazo fabricado con madera de fresno o roble, libre de nudos o de cualquier defecto que pueda debilitarlo. Dicho brazo era tensado mediante fibras, bien de origen vegetal, bien animal como las crines de los caballos, o tendones, estos últimos los preferidos por dar mayor potencia. Accionando el torno con barras de hierro se tensaba el brazo hacia atrás, quedando sujeto mediante un retén que, al liberarlo, salía despedido hasta dar con el tope acolchado, que consistía en un saco relleno de paja fina sólidamente unido al armazón, y lanzando el proyectil como una honda. Parece ser que también se les podía dotar al final del brazo de una cuchara metálica a fin de disparar proyectiles incendiarios.
Para regular su ángulo de tiro se actuaba de la siguiente forma:
Si se deseaba un tiro parabólico de 45º, que le daba el máximo alcance pero menor potencia, la longitud de la honda debía ser de 1/3 de la del brazo.
Si por el contrario era preciso un tiro más tenso, se alargaba dicha longitud. Eso restaba alcance, pero aumentaba su potencia.
Finalmente, para un tiro muy curvo capaz de superar murallas de gran altura, se acortaba la longitud de la honda.
En  todo caso, su verdadero alcance es difícil de calcular. Depende de muchos factores, a saber: longitud del brazo, grosor de la madeja de fibras o tendones, etc. En teoría, la forma más viable de averiguarlo es fabricar una de estas máquinas de la forma más fiel posible siguiendo las descripciones de la época, que no siempre se distinguían por su exactitud. Eso hizo un oficial del ejército imperial alemán llamado Erwin Schramm, que fabricó una serie de ellas en 1918, elaborando a continuación la obra titulada "Der Antiken Geschütze der Saalburg" con las conclusiones obtenidas. Para el onagro que dió unos resultados de 200 metros para uno pequeño, y 300 para uno grande, si bien no especifica los pesos de los proyectiles ni el tamaño concreto de cada uno de ellos. Lo que sí parece claro es que era una máquina con una potencia notable, ya que Ammiano Marcelino dice que, para cargarla, eran necesarios "...cuatro jóvenes fornidos a cada lado". O sea, que si para accionar el torno hacía falta la fuerza de ocho hombres robustos, debía ser en efecto un artefacto bastante poderoso.
Un problema añadido que iba en detrimento de las máquinas de torsión eran las condiciones meteorológicas. Un exceso de humedad, para no hablar de una lluvia, prácticamente las inutilizaba. Las fibras, al mojarse, perdían su tensión y aunque, como se ve en la ilustración, disponían de un mecanismo de trinquete para tensarlas a voluntad en casos así, su fiabilidad dejaba que desear. En caso de secarse y no aflojar dicha tensión, podían saltar. Quizás por eso, el onagro, que a pesar de su origen romano se usó en la baja Edad Media, fue relegado en favor de los trabucos, mucho más potentes, o las manganas, que actuaban por tensión en vez de por torsión.
Aunque la máquina que aparece en la imagen carece de ruedas, también se fabricaban con ellas a fin de poder desplazarlas con facilidad de un lugar a otro cuando se iniciaba el cerco. Una vez emplazada la máquina, bastaba bloquearlas mediante estacas para que no se moviera a cada disparo. Su forma de transporte podía ser sobre un carro, en caso de ser de pequeñas dimensiones, o bien desmontada, como ya se explicó en la primera entrada dedicada a la tormentaria.
El onagro no fue una máquina que tuviese gran profusión en la época que nos ocupa, y de hecho no he visto nunca una sola iluminación en la que aparezca reflejada. Pero fue usada, por lo que merece ser mencionada aunque no tuviese la difusión que tuvieron otras. Finalizo esta entrada con un vídeo que he encontrado en Youtube en el que un señor muy manitas ha fabricado uno a pequeña escala, pero que muestra a la perfección su funcionamiento. Así que si alguien quiere fabricarse uno para pasar un rato divertido, o bien fastidiar al vecino ruidoso de turno, que se anime...