lunes, 5 de diciembre de 2011

El espontón



Por lo general, se considera al espontón como una derivación de la partesana, opinión esta que, la verdad, no comparto. Hay bastantes testimonios gráficos que muestran claramente que su origen procede de los chuzos de caza usados en la Edad Media para lancear osos y jabalíes. Veamos algunos ejemplos:


En la ilustración de la izquierda podemos ver como un montero lancea a un oso con un espontón, el cual se ve marcado dentro del círculo blanco. El otro cazador situado a la izquierda de la escena portaría uno igual, si bien su cruceta queda oculta. Según vemos en la imagen, la morfología de la hoja es idéntica a la de los espontones usados siglos después, si lo comparamos con el que aparece en la foto de cabecera.



Ahí tenemos otro ejemplo, en este caso de una datación tan antigua como el siglo IV. Un cazador hunde la moharra de su arma en el cuerpo de un jabalí. Obsérvese la cruceta curvada hacia abajo, destinada, como en el caso anterior, a impedir que, con el empuje del animal, se hunda hasta el asta en su cuerpo. Además, esta cruceta permitía detener a la pieza que, siendo por lo general peligrosas, podían herir o matar al cazador si llegaba hasta ellos.



Y ahí dejo un tercer ejemplo, para que no se diga. En este caso un poco escondido, pero que se aprecia perfectamente dentro del círculo rojo. Como vemos, es prácticamente igual al mostrado en primer lugar: una moharra en forma lanceolada con su cruceta para hacer de tope. En este caso, la ilustración data del siglo XV. En los tres ejemplos mostrados se puede comprobar pues que el espontón era ya un arma usada mucho antes de lo que por lo general se suele pensar si bien, por estar quizás limitada al contexto de la caza mayor, no trascendió su uso como arma militar hasta el siglo XVII.

Con esto creo que queda aclarado el tema del origen del espontón que, a mi modo de ver y según se muestra en los testimonios gráficos anteriores, no es una derivación de la partesana. Lo que no se conoce es el nombre que recibía ese arma en aquella época. Quizás el Sr. Tormenta nos pueda dar un poco de luz al respecto, que sabe de etimologías más que nadie. En todo caso, el nombre por el que actualmente lo conocemos proviene del francés, escrito igual que en español: espontón. Los franceses, según el Diccionario Militar del coronel José Almirante (Madrid, 1869), lo tomaron a su vez del término italiano spontone (sic), si bien el término correcto es spuntone.


Por otro lado, aunque también se suele afirmar que fue el ejército francés el primero en adoptarlo como arma de dotación de los oficiales, al parecer en esto también les precedimos. Según Leguina, ya en 1690 la oficialidad hispana adoptó el espontón como símbolo de su rango, si bien Clonard afirma que fue en 1704. En cualquier caso, el hecho es que esta arma pasó, de forma genérica, a ser parte de la panoplia de la oficialidad europea en el siglo XVIII junto a la espada. Alguno se preguntará el motivo de por qué dotar a los oficiales con una pequeña lanza que, según los reglamentos de la época, media "poco más de dos varas" ( 1 vara = 83,6 cm.) de longitud. Pues la razón es obvia: un hombre armado con una espada tenía poco o, más bien, nada que hacer contra otro que lo enfilaba con un mosquete armado con una bayoneta. La oficialidad, al ir desprovista de armas largas, quedaba prácticamente indefensa cuando se llegaba al cuerpo a cuerpo. Así pues, provistos de una media pica que igualaba o incluso superaba en longitud a la del fusil de la época con su bayoneta, podía combatir en igualdad de condiciones. Recordemos que, debido a la lentitud de recarga de los fusiles de aquellos tiempos, una vez realizadas las descargas previas al contacto se luchaba solo con armas blancas: bayonetas, espadas y, naturalmente, espontones. O sea, que llegados al cuerpo a cuerpo el fusil tenía el mismo valor que una lanza tanto en cuanto no podía ser recargado por razones obvias.


A la derecha tenemos una ilustración de un manual francés del siglo XVIII en el que vemos la posición de ataque con el espontón, idéntica a la que se usaba anteriormente con la pica: la mano derecha sujeta el asta por el regatón, mientras que la izquierda la dirige y maneja contra el enemigo. Caso de perderlo en combate, siempre podía echar mano a la espada o, aunque no eran armas de dotación reglamentarias, una pistola que, una vez disparada, se cogía por el cañón y podía utilizarse como una eficaz maza. Así, con la pistola en la mano izquierda y la espada en la derecha, la oficialidad de la época intentaba salir más o menos vivos de los cruentos combates cuerpo a cuerpo en los que, en pocos minutos, caían muertos o heridos cientos de hombres. Añadir que, a la hora de rendir honores y demás ceremonias, mientras la tropa presentaba armas de forma similar a como se hace actualmente, los oficiales hacían lo propio con su espontón, sujetándolo por el regatón con la mano derecha y apoyándolo contra el hombro con la izquierda. A ese movimiento se le llamaba espontonada.



A la izquierda tenemos algunos ejemplos de moharras de espontones. Como era habitual en la época (siglo XVIII), no había aún uniformidad en el armamento, adoptando cada cuerpo o incluso regimiento el que mejor le parecía. Pero conviene reparar en el que aparece en el centro. Se trata de la cuchilla de un espontón de hacia 1750 la cual no lleva el típico cubo de enmangue, sino una espiga con paso de rosca para ser atornillada en el asta. Le faltaría la cruceta, que posiblemente sería una pieza aparte que sí iría provista del cubo de enmangue y, posiblemente, de barretas como el ejemplar de la izquierda. En todo caso, vemos que son prácticamente idénticos a los chuzos de caza medievales que mostré al inicio de la entrada. Es además evidente que una cuchillada con una de estas armas, cuyas hojas oscilaban entre los 15 y 20 cm. de longitud, bastaban para escabechar al que se pusiera por delante.

Concluiré comentando que, pese a ser un arma eficaz en el campo de batalla, ya en 1716, se promulgó una ordenanza para oficiales de granaderos en la que se decía que "... traerán espontones, y solo llevarán fusil a función señalada". Esta norma se generalizó para toda la oficialidad en 1768, suprimiendo el espontón en favor del fusil con bayoneta. Supongo que siempre era mejor despachar al enemigo a tiros. Ahí dejo como imagen de cierre unos espontones de ceremonia llenos de grabados y florituras que, como queda patente, no tienen nada que ver con los austeros espontones de munición.

Hale, he dicho...



2 comentarios:

EMILIO MARTINEZ dijo...

Hola de nuevo, quería hacerle una pregunta. Siempre hemos visto a los soldados del siglo XVIII con pelucas blancas y rizos...¿cree usted que era así como tenían que entrar en combate?
Y esas casacas largas ¿para el veranito?
Un saludo.

Amo del castillo dijo...

Ciertamente, Sr. Emilio, el tema de la peluca aparece en los reglamentos de la época. Otra cosa sería ver el estado de la misma tras un mes de campaña, naturalmente. Colijo, y esto es una mera conjetura por mi parte, que reglamentos aparte el personal debería optar por recogerse el pelo en una coleta encintada si lo tenía largo, o pasar del tema peluquero y tenerlo corto por higiene, dejando la peluca para actos de servicio, paradas y similares.

En cuanto a los uniformes, era lo que había. De hecho, una de las causas de la derrota gabacha en Bailén fue precisamente el calor, que los agobiaba vistiendo sus casacas de grueso paño. En todo caso, no se si habrá muchos datos referente a los grosores y acabados de los tejidos usados por la milicia de aquellos tiempos, y los ejemplares que se conservan de la época son ciertamente bastante cálidos. No obstante, creo que hace 200 años las temperaturas no alcanzaban los niveles actuales, así que igual eran soportables. Con todo, creo que en la "Historia Orgánica de las Armas de Infantería y Caballería" de Clonard seguro que encuentra datos al respecto. Se la puede bajar de forma legal y gratuita desde Google Books, y son 15 volúmenes en total con bastante información.

Un saludo