domingo, 5 de febrero de 2012

Acciones de guerra: La espolonada





Por lo general, la imagen que se suele tener de los asedios es la de un campamento cercando un castillo, con los sitiadores lanzando bolaños con ingenios a los sitiados, y estos últimos resistiendo pacientemente a la espera, bien de ayuda, bien de que al enemigo se le acaben las provisiones o se les eche el invierno encima y tengan que levantar el cerco.


Sin embargo, en los asedios tenían lugar combates entre ambos bandos, y no ya en caso de un hipotético asalto, sino a lo largo del cerco. Como ya creo haber comentado en alguna ocasión, la posición de los sitiadores no era en modo alguno cómoda. Estaban en tierra hostil, ante un enemigo que, en muchas ocasiones disponía de más agua y provisiones que ellos mismos, y con el peligro latente de que, en cualquier momento, una hueste llegase por la zaga en auxilio de los sitiados, con lo que se veían cogidos entre dos frentes. Así pues, mientras los sitiadores intentaban abreviar el cerco, los sitiados hacían todo lo posible por alargarlo. El que antes se quedara sin medios de subsistencia era el perdedor.

Pero había ocasiones en que la iniciativa para abreviar el cerco partía de los mismo sitiados, llevando a cabo una salida con el fin de quitarle las ganas a los sitiadores de seguir allí incordiándolos. Ese tipo de acción recibía el nombre de espolonada.

El término espolonada procede de espolón, no de espuela como alguno podría suponer. En este caso, es un símil comparando la briosa e inesperada salida con el espolón de una galera. Así pues, la espolonada era una acción llevada a cabo de forma inusitada, rauda, que en la 2ª Partida define claramente como "...otra manera de lid, que es cuando los de la hueste tovieren cercado algund lugar de los enemigos, é pasan por cerca de él, é los de dentro les acometen de guisa que los de fuera por fuerza han de aderrancar con ellos. E porque esto debe ser fecho de recio muy aina, por eso llaman espolonada".

Los objetivos de este tipo de acción eran varios, a saber:

1. Ante todo, intentar causar el mayor número de bajas posibles, disminuyendo así los efectivos de los sitiadores, lo que les impediría, llegado el caso, intentar un asalto.

2. Destruir sus bastimentos e ingenios, de forma que cesase o disminuyese la lluvia de bolaños y demás proyectiles sobre ellos.

3. Destruir su campamento, provisiones y matar sus mulas, caballos, etc.



La ventaja, en  este caso, estaba del lado de los sitiados. De noche, sin nada que hiciese prever a la hueste enemiga que algo se avecinaba, abrían las puertas y salían como una tromba, sorprendiendo a un adversario dormido y con los guardias pensando en las musarañas y echando de menos sus piltras. Equipados con teas ardiendo, intentaban prender fuego a todo lo posible y matando a todo el que salía a su encuentro. Y antes de que el enemigo pudiera siquiera darse cuenta de lo que pasaba, retornaban a toda velocidad a la seguridad de sus murallas, con ballesteros cubriendo desde torres y adarves su retirada. Obviamente, este tipo de acción podía llevarse a cabo de día pero, como ya se puede suponer, era al amparo de la noche cuando podían resultar más efectivas. ¿Cuales podían ser sus resultados? Pues si la espolonada tenía éxito y la contundencia de la acción hacía efecto en el enemigo, estos, viéndose sin bastimentos ni provisiones, decidiesen levantar el cerco y largarse de allí a toda velocidad. Si por el contrario la acción no había podido ser definitiva, siempre cabía la satisfacción de haber hecho más o menos daño, dejando al enemigo en una situación comprometida. En cualquier caso, más de un cerco tuvo término a causa de una de estas espolonadas. 



Sin embargo, no siempre eran provechosas o tenían el éxito esperado. Si la hueste enemiga sabía responder con presteza, no solo podían desbaratarla, sino incluso poner en un serio aprieto a los componentes de la misma, mermando así los efectivos de la guarnición y, por ende, aumentando las posibilidades de verse derrotados si el enemigo decidía llevar a cabo un asalto. ¿Y cuándo o bajo qué circunstancias se llevaba a cabo una espolonada? Ah, en eso no había reglas fijas. Todo dependía del criterio del alcaide de la fortaleza, que igual la llevaba a cabo nada más comenzar el cerco como una demostración de fuerza, o bien tras un tiempo indeterminado, pensando que con una acción de este tipo podía acabar con la moral de los sitiadores, o bien como último recurso, viéndose con las provisiones o el agua casi agotados, decididos a hacer pagar cara la victoria al enemigo. En cualquier caso, era una decisión muy delicada, ya que del éxito o el fracaso de la acción podía depender el futuro del cerco para bien o para mal.

Bueno, esto era una espolonada. En esta nueva serie de etiquetas ya iré detallando otros tipos de acciones de guerra, como las algaras, los apellidos, aceifas, etc.

De momento, he dicho...