domingo, 5 de mayo de 2013

Líneas defensivas. Los castillos de la Banda Gallega 1ª parte



Al hilo de la entrada dedicada a esta línea defensiva, convendría quizás, a fin de completarla, dar cuenta de las diferentes fortificaciones que la componían con algunos detalles sobre su morfología, historia, etc. Siempre es una opción para invertir un fin de semana en plan campestre, bucólico y pastoril, aparte de tener ocasión de degustar las fastuosas chacinas que salen de nuestros augustos gorrinos ibéricos, animales dignos de emperadores y de los que se comen hasta los andares, juro a Cristo. Mírelos, mírenlos...¿verdad que son unos animalitos adorables? Tan gorditos, tan jugosos, tan beatíficos... ignorantes en su feliz inopia del destino que les espera, jejeje...

Otrosí, los parajes que se pueden contemplar en la Sierra Norte onubense son dignos de llenar varias tarjetas de memoria con la cámara y, naturalmente, lo suficientemente intrincados en algunos casos para aprovechar la ocasión y "perder" al cuñado paliza que siempre se nos cuelga y, además, siempre va de gorra y no paga ni el café. Bueno, vamos al grano...

Castillo de Santa Olalla




Esta altiva y desafiante fortaleza se mandó edificar por orden de Sancho IV en 1293. Según el privilegio de Toro, dictado el 4 de noviembre de ese año, se instaba a la edificación tanto del castillo de Cumbres Mayores como el que nos ocupa, en un lugar que llaman de Santolalla, que en aquella época era una simple dehesa. Su construcción obedeció no solo a reforzar la Banda Gallega con una fortificación "moderna" y con un tamaño adecuado para albergar una nutrida guarnición, sino para que ésta hiciera labores policiales en la Vía de la Plata ya que en aquella época era una zona literalmente infestada de bandidos, muy proclives por cierto a asaltar a los peregrinos y viajeros que se dirigían al norte por esa ruta.

Cerca de este castillo hubo otro de época califal en lo que se llama Cerro de Santa Marta, del cual apenas quedan los cimientos engullidos por la maleza y que ya en aquella época debía de estar prácticamente destruido. Si algún amable lector se anima a subir a patita el cerro y le hace unas fotillos, mi agradecimiento será eterno y tal. Para ver más fotos y para conocer la historia de este castillo, sírvanse picar en este enlace que los llevará a la entrada del mismo en castillosnet.org, unas fastuosa web castillera con la que colaboro hace la torta de años. Añadir que el castillo se puede visitar por dentro, pero hay que pedir las llaves en la jefatura de la policía local. Por cierto que fue usado como cementerio, así que nadie se extrañe si se encuentra alguna que otra osamenta. Aunque trasladaron los restos y tal cuando se restauró no hace mucho, aún quedan huesecillos por el suelo. 


Castillo de Cortegana





Este castillo, cuya titularidad fue cedida hace pocos años por el ayuntamiento de Sevilla, su legítimo propietario desde la Edad Media, al de Cortegana. Su restauración, bastante decente, todo hay que decirlo, la llevó a cabo la Asociación de Amigos del Castillo de Cortegana, que no lo perpetraron como suele ser habitual. Además del castillo, contaba con una falsabraga (de la que quedan restos) que dejaba una muy amplia liza en la que podía alojarse una numerosa guarnición con sus pertrechos, animales, etc. El castillo en sí, por sus dimensiones y distribución, estaba a todas luces destinado a ser la vivienda de su tenente. 

Es visitable pagando un mínimo estipendio y ciertamente merece la pena porque los neófitos en estos temas podrán ver como era la distribución de un castillo de este tipo. Además, es posible acceder al aljibe que se encuentra bajo el patio de armas. Muy recomendable es visitarlo en otoño o invierno salvo que hayan fumigado el castillo. En primavera y verano, cuando las larvas eclosionan, hay allí cuatrillones de mosquitos aullando "¡La sangre es la vida, la sangre es la vida!" y te brean a picotazos en un pispás. Bueno, para más detalles históricos y fotos, un picotazo aquí.


Castillo de Almonaster la Real





Del castillo de Almonaster la Real queda más bien poco: parte de la cerca y una poterna. En su interior se construyó una plaza de toros, como si no hubiera otro sitio más adecuado, carajo, lo que deterioró bastante el recinto. Por otro lado, en algún momento de su historia fue cementerio ya que, aparte de una tumba antropoforma junto a la iglesia, se hicieron varias catas donde aparecieron restos humanos. Así pues, lo verdaderamente digno de verse es la iglesia, anterior mezquita y aún más anterior basílica visigoda. 

Su diminuto patio de abluciones con su fuente es una absoluta delicia, y el interior de edificio aún más, con elementos cristianos y árabes perfectamente fundidos. Al parecer, pudo ser una rábida musulmana ya que ese lugar, desde tiempos inmemoriales, ha sido señalado como uno de esos sitios donde se almacena energía telúrica y esas cosas. Por lo demás, el acceso es libre. Ojo donde se aparca porque si se hace junto a la muralla los vecinos tardan dos segundos en avisar a la policía local. Son así de hospitalarios los muy... Bueno, para saber y ver más, picotazo aquí


Castillo de Zufre





Lo único que perdura es una torre denominada "de la Harina", y que se desconoce si pertenecía al castillo o a la cerca urbana. Sin embargo, solo por contemplar las fastuosas vistas que se divisan desde el mirador ya merece la pena la visita. Aparte de eso, en un restaurante que hay allí mismo sirven unas carnes de esas que pone uno los ojos en blanco y babea poseído de un orgasmo papilar. Eso sí, sin prisas, que el personal se lo toma todo con tranquilidad. No la palmarán de un infarto, fijo.

Por lo demás, Zufre era un castillo de poca entidad, posiblemente destinado a servir de lugar de paso para relevo de guarniciones o de parada entre el castillo de Santa Olalla y el de Aracena. En cualquier caso, merecen también la pena su iglesia y su ayuntamiento, que data del siglo XVI. Por otro lado, sus angostas y empinadas callejuelas son una delicia para echar los bofes apaciblemente y reponer luego fuerzas con una ración de carrillada y zumo de cebada helado en cantidad. Se puede ver algo más picando aquí.


Castillo de Cala




Se trata de un pequeño castillo de planta cuadrangular. Por desgracia está en estado de avanzada ruina y, para colmo, una leyenda sobre un tesoro oculto ha contribuido a perjudicarlo aún más ya que sus añejos paramentos parecen un queso de Gruyere a causa de los pamplinas que lo buscan hace la torta de años. Sin éxito, naturalmente.

Al parecer, su origen es árabe aunque reformado por las tropas castellanas tras su conquista. Una prueba de ello sería la poterna que aparece en la foto, con arco ojival. Su acceso es libre. Basta dejar el coche en la carretera que cruza el pueblo y subir a la loma en la que se asienta. Ojo con el forraje que cubre el patio de armas, que suele ser la biosfera de multitud de animalitos de esos que reptan y suelen dar susto a las damas, así como alguna viborilla, alacranes y tal. Y también es peligroso el boquete cegado del aljibe, donde uno puede troncharse bonitamente un tobillo. Bueno, aquí hay más fotos del recinto. 

Aprovechando que está uno en Cala puede darse un salto a ver el conventual santiaguista de Calera de León o el monasterio de Tudía, donde reposan los restos del valeroso, gentil y fiero Pelayo Pérez Correa, maestre de la orden de Santiago, vencedor en innumerables batallas y que participó con sus freires en el victorioso cerco a Sevilla.

Bueno, me piro a mi yacija que es tarde y mañana es lunes (arcada biliar muy violenta). Mañana, más.

Hale, he dicho...