viernes, 7 de febrero de 2014

El cementerio de gladiadores de York






Bueno, como ya anticipaba ayer, vamos a estudiar este peculiar hallazgo tras lo cual invito a mis dilectos contertulios a que expongan su parecer al respecto. Con las conclusiones obtenidas hacemos un memorandum y se lo mandamos a esos británicos a ver si espabilan.

Antecedentes

Mr. Hunter-Mann en plena faena acompañado de una
ayudante. Hunter-Mann es el señor calvo, naturalmente
El hallazgo tuvo lugar en 2004 en plena ciudad de York, concretamente en Driffield Terrace. Terrace es como llaman los británicos a esas calles larguísimas, tristísimas y más monótonas que un bocata de pan con pan. Se encontraron osamentas de unos 80 esqueletos, 60 de los cuales estaban razonablemente completos y fueron datados entre los siglos II y IV de la era de Cristo. El arqueólogo que lleva desde entonces los trabajos es un sujeto por nombre Kurt Hunter-Mann el cual estudió arqueología en la universidad de Lancaster entre 1978 y 1981. Fue supervisor de la unidad de arqueología de la universidad de Manchester y, al parecer, ahora se dedica a escribir artículos en periódicos y revistas y, según su curriculum, su especialidad es el análisis post-excavación y la presentación de las conclusiones al público. Además, es representante del York Archaeological Trust, una organización educativa creada en 1972. No sé por qué, igual es una de mis paranoias, pero huele a "experto". Ya sabemos que la arqueología tiene menos salidas profesionales que un licenciado en cría de caracoles en cautividad, así que dependen del mecenazgo de por vida, y eso siempre y cuando encuentren cosas molonas porque sino se los comen las moscas salvo que se dediquen a la docencia (ojo, soy un arqueólogo frustrado, así que no lo digo con desdén, sino con cierto regusto de amargura). De ahí que intuya que el hallazgo se "hinchó" para darle fuste, ya que en algunos periódicos se anunció la noticia como que se había encontrado en York "el cementerio de gladiadores mejor conservado del mundo (sic)".



Mr. Hunter-Mann con otra colaboradora. No sé si será un
eficiente arqueólogo, pero buen gusto si que tiene
 el hombre, las cosas como son
Bien, una vez examinados y clasificados los esqueletos, se lanzó a bombo y platillo el anuncio de que se trataba de un cementerio de gladiadores. Es de todos sabido que esas cosas dan morbo al personal, así como que la prensa que se hace eco de estas noticias se caracteriza en el mundo entero como total desconocedora de todo aquello que no huela a balompié o Fórmula 1, por no contrastar la noticia, por no filtrarla por verdaderos expertos, sino por sus "expertos" y, por encima de todo, como buscadora del titular que es lo que vende. Y, obviamente, a los vecinos de York y, sobre todo, de Driffielf Terrace, les sabría a gloria eso de andar sobre osamentas gladiatorias. Pueden vuecedes indagar en la red ya que hay tropocientos titulares de la prensa británica hablando del tema y, por cierto, repitiendo la noticia en plan "copy-paste" como dirían ellos, y "copia y pega" como diríamos nosotros. 

Hechos

De los 60 esqueletos completos, 45 de ellos aparecían decapitados, estando en muchos casos las cabezas un tanto alejadas de los pescuezos que las sustentaban, concretamente entre las piernas o junto a ellas. En sus conclusiones, el York Archaeological Trust publicó los análisis realizados en varios de los esqueletos y, las cosas como son, tienen un matiz bastante infantiloide, asaz básico o incluso diría que contradictorio en algunos casos. Veamos unos ejemplos...


Ese que vemos a la derecha fue catalogado como perteneciente a un varón de entre 25 y 40 años. Su estatura era de aprox. 1,73, lo que indica que, además de alto, su estatura estaba entre los baremos obligatorios del ejército romano. La muerte fue producida por un golpe propinado con un objeto contundente, y presentaba once cortes en las vértebras más una fractura en un pie curada antes del deceso. Los arqueólogos del York Archaeological Trust afirman textualmente que el desarrollo observado en el brazo y el hombro (se supone que el derecho) indican claramente que debía ser un tracio. Ya... ¿y por qué no un mirmilón, cuyo armamento variaba solo en que en vez de una sica usaba un gladio? ¿Y qué tal un secutor, armado como un mirmilón, pero con un casco distinto? ¿Y por qué no un legionario, que manejaba la espada que daba gloria verlo y durante muchos más años que un gladiador? Y, más curiosos aún: presenta nada menos que once cortes en las vértebras. Dos datos: en los esqueletos de Éfeso, ni uno solo presentaba heridas por la espalda. Y dos, ¿qué gladiador precisa dar nada menos que once golpes en el lomo de su enemigo? Esto del tracio huele a chamusquina. Veamos otro...


Otro varón de entre 30 y 40 años. Presenta como dato curioso el húmero del brazo derecho 22 mm. más largo que el izquierdo (340 contra 322 mm.), lo que bastó para convencer a los arqueólogos  que se trataba de un retiario en base a que eso de voltear la red le alargó el brazo dos centímetros. Por lo demás, presentaba una costilla rota y curada, desgaste en la clavícula (supuestamente por voltear la red) y, lo más espectacular: fueron precisos nada menos que ocho tajos en el pescuezo para decapitarlo. Dudo mucho, por no decir muchísimo, que un gladiador precisase de ocho golpes para cortar una cabeza. Hombres tan diestros en el manejo de las armas y dotados de una notable fuerza física eran capaces de cercenar un cuello como quien corta un rábano. Por otro lado, Rafa Nadal lleva desde crío jugando al tenis, así que me gustaría saber si se le ha alargado el brazo porque, en función de lo que afirman los del York Archaeological Trust, debería tener su brazo izquierdo medio metro más largo que el derecho (recordemos que es zurdo). Esto sigue oliendo a chamusquina...



Otro más. En este caso, un sujeto de entre 30 y 40 años, o sea, bastante madurito para desempeñar un oficio que quemaba al personal siendo aún joven. Su estatura era de 1,67 y muestra una serie de lesiones antemortem que inducen a pesar que este hombre estaba hecho un verdadero cascajo. De entrada, en su pierna izquierda presenta restos de varios procesos infecciosos superados. Desarrollo de algunas anomalías óseas, principalmente una en el hombro derecho que, al parecer, debió ser bastante dolorosa y restarle movilidad. Así mismo, muestra una fractura perimortem sin sanar del peroné, es decir, se lo rompió instantes antes de palmarla. Traumas en los tejidos blancos de la clavícula y una mano y, para remate, dos dientes rotos. Y decapitado, naturalmente. Bien, pues sugieren que este sujeto medio tullido era nada menos que un secutor que, por si no lo recordamos, era el adversario habitual de los retiarios. A la vista de que estos eran sujetos ágiles como gatos, el lisiado de la tumba debía estar rifado como enemigo, supongo. Pero lo más curioso es lo que aparece en el detalle a la derecha de la imagen: dos pesadas argollas en los tobillos que, según el arqueólogo, fueron puestas ahí como una especie de handicap a la hora de enfrentarse a sus enemigos. O sea, que encima de que el hombre estaba hecho polvo le plantan dos argollas para que se mueva aún menos. Absurdo, ¿no? Y además, observen que dichas argollas atrapan las piernas hasta el hueso, no quedando el hueco de cuando la osamenta estaba rodeada de carne y, para remate, parece que no recuerdan que los secutores combatían con la pierna izquierda envuelta en una gruesa FASCIÆ sobre la que llevaban una greva. Diría que más que argollas entorpecedoras de uno que de por sí ya estaba torpe se trata de dos grilletes más bien...


Y añado uno más por lo peculiar del mismo. Se trata de un sujeto de entre 26 y 35 años y de 1,72 de estatura (volvemos a la talla reglamentaria del ejército). En su tumba yacía con otros dos cuerpos más, colocados uno encima del otro. Este sujeto presenta quince nódulos de Schmorl en nueve vértebras. Los nódulos de Schmorl son un proceso degenerativo que aparece en el borde de las vértebras y que es propio de personas que suelen cargar con pesos de forma habitual. ¿Tal vez los 30 kilos de equipo de un legionario? Por lo demás, aparte de alguna que otra lesión antemortem más, en la pelvis muestra una muesca producida al parecer por el colmillo de un gran carnívoro, tal como vemos en la foto. En cuanto a la mandíbula, el trozo que le falta fue producido por la espada que le cercenó la cabeza de un tajo y aún tuvo energía para dañarla. Bien, la cosa es que a este sujeto me lo catalogan como bestiario por la marca del colmillo que, supongo, también podría haberla producido una flecha o cualquier otra arma punzante. O incluso un oso, pero no actuando como bestiario sino, más bien, como criminal condenado a morir a manos de las fieras.

Hay otros ejemplos más que omito por no alargarme, pero son igual de absurdos y cogidos con alfileres como los que hemos visto. Esto me lleva pues a las siguientes 

Conclusiones

De los 80 esqueletos encontrados, solo 14 tenían en sus tumbas ajuares funerarios, si bien eran bastante modestos. Y la cuestión es: ¿desde cuándo se decapitaba a los gladiadores? Podría salir uno descabezado de un combate, pero no esa cantidad. Por otro lado, los argumentos que dan para clasificarlos como tales tienen menos consistencia de un kilo de Blandiblup. Las lesiones residuales que presentan los esqueletos pueden ser aplicables a montones de hombres, y no solo gladiadores. Cualquier currante o cualquier legionario se podría romper un brazo, una pierna o tener lesiones en hombros o articulaciones. Así pues, colijo que el cacareado cementerio de gladiadores de York, que según el profesor de antropología forense de la universidad de dicha ciudad, Dr. Wysocki, "es el cementerio potencial de gladiadores con mejor nivel de conservación en cualquier otro lugar del mundo", no es más que una necrópolis destinada a enterramiento de legionarios y criminales. 

Por otro lado, en la ciudad de York, fundada por los romanos con el nombre de EBORACVM en el año 71 d.C. no ha aparecido hasta la fecha ningún anfiteatro. Sin embargo, sí los hay en otras poblaciones de la brumosa Albión. 

En fin, eso es lo que hay.

Hale, he dicho...