viernes, 18 de noviembre de 2016

Fabricantes de rostros. La cirugía plástica en la Gran Guerra


Aviso: contiene imágenes un tanto desagradables


Antes y después de una herida de metralla en la cara. Tras llevar a cabo una reconstrucción facial, el soldado C.A. volvió
a recuperar su aspecto normal, quedando solo una cicatriz como recuerdo de la escabechina que le hicieron en la jeta

No, no es un alienígena ni el cuñado de
"La Cosa". Se trata de un mutilado en
pleno proceso de reconstrucción facial
Como ya creo haber comentado alguna que otra vez, desgraciadamente los mayores avances de la humanidad han sido alcanzados gracias a las guerras incluyendo el GPS, Internet o incluso el Loctite, conocida marca que comercializa el cianocrilato, un pegamento instantáneo ideado para cerrar heridas de forma provisional en los frentes de batalla. Del mismo modo, muchos avances médicos se deben a las puñeteras guerras ya que la inmensidad de heridos en combate han servido para espolear los magines del personal y, de ese modo, evolucionar en cuatro o cinco años lo que en circunstancias normales se tardaría décadas. Un preclaro ejemplo lo tenemos en la cirugía reconstructiva que, a raíz de la Gran Guerra, progresó de tal forma que a más de uno sorprendería ver como jetas literalmente trituradas recuperaban un aspecto bastante similar al que tenían antes de verse terriblemente mutiladas por la metralla, el fuego o la iperita. En otros casos, ante la desaparición literal de partes del rostro, no quedó más remedio que fabricar prótesis que, al menos, permitían a los desdichados que quedaron convertidos en máscaras de película de terror ir por la calle sin que los críos salieran corriendo presas del pánico.

Sin comentarios
Miles de hombres quedaron desfigurados de por vida en mayor o menor grado. Los más afortunados volvieron del frente con la marca de un tajo propinado con un cuchillo de trinchera o un balazo que les había atravesado la cara de lado a lado, pero el aspecto de otros era simple y llanamente terrorífico. Hablamos de mutilaciones tan espeluznantes que, cuando se ven, no puede uno dejar de asombrarse de como los que las recibieron pudieron salir vivos de semejante escabechina: mandíbulas y narices desaparecidas, rostros triturados por la metralla, quemados por el petróleo de los lanzallamas o el gas mostaza, y, en definitiva, tal muestrario de horrores que incluso podemos preguntarnos como los que tuvieron que convivir a diario con semejantes escenas no acabaron locos perdidos por verse obligados a contemplar a todas horas el más extenso surtido imaginable de máscaras de la muerte.

Reconstrucción facial sobre una herida de metralla ya curada.
Como se puede ver, las secuelas de la misma son casi
inexistentes a pesar del destrozo sufrido
En las salas donde padecían esos desdichados se había tomado por norma retirar todos los espejos o cualquier cosa que permitiera un reflejo de sus atormentados rostros, y el retorno a casa fue para muchos peor que seguir en el frente. El miedo a que sus seres queridos los vieran convertidos en monstruos podía más que las ansias de alejarse de la carnicería, y muchos de ellos recurrieron al suicidio o a anegarse el cerebro con alcohol para olvidarse de lo que se habían convertido. De hecho, en Francia e Inglaterra se pintaron de azul los bancos de los parques destinados a estos mutilados. De ese modo, los viandantes iban sobre aviso cuando veían a lo lejos a alguien sentado en ellos para que no mostraran signos de asco, miedo o, simplemente, para que no se les quedasen mirando como si fueran gárgolas. Porque la mayoría no pudo superar jamás el impacto psicológico que les habían producido semejantes mutilaciones, y les costó ímprobos esfuerzos reincorporarse a sus vidas de civiles y a sus trabajos. Muchos no lo lograron y acabaron sus existencias sin atreverse a salir a la calle o a volverse a mirar en un espejo.

Sin embargo, el prodigioso avance que experimentó la cirugía plástica permitió que miles de hombres que se habrían visto relegados de por vida a ser una sombra pudieran volver a vivir con sus familias sin que estos tuvieran que volver la cara a causa de la repulsión que provocaban. De este tema irá esta entrada, en la que explicaremos de forma somera las técnicas empleadas para reconstruir a estos hombres privados de sus rostros y poder así devolverles su apariencia de seres humanos. Veamos pues...

Aunque no lo parezca, hace siglos que se empezaron a desarrollar técnicas de reconstrucción facial. La más antigua está recogida en un ayurveda, un tratado de medicina tradicional del siglo VIII a.C. compilado por Súsruta, un médico hindú que vivió allá por los siglos III y IV a.C. En este tratado ya se estudiaba la forma de llevar a cabo rinoplastias a base de injertos de piel del brazo, pero manteniendo el fragmento pegado al mismo para que no se interrumpiera el riego sanguíneo. De ese modo, en vez de plantar un cacho pellejo que lo más seguro es que se necrosara y luego produjera una infección a lo bestia, pues se le mantenía vivo gracias a no haber perdido su "conexión" con el cuerpo. Al parecer, esta técnica surgió debido a que las amputaciones de narices eran un castigo habitual, así que había una gran demanda para recuperar napias perdidas que, las cosas como son, dan un aspecto de lo más siniestro al personal.


Esta técnica debió llegar a Europa a través del comercio con Oriente ya que, hacia 1450, un médico siciliano por nombre Antonio Branca desarrolló el que luego sería conocido como "método indio". No se sabe cómo ni a través de quién pudo obtener Branca la información sobre dicho método, pero la cosa es que lo puso en práctica de forma bastante exitosa, siendo su hijo del mismo nombre el que lo dio a conocer en Europa. Posteriormente, un profesor de la Universidad de Bolonia llamado Gaspare Tagliacozzi publicó en su obra "DE CHIRVRGIA CVRTORVM PER INSITIONEM" (Venecia, 1597) el método en cuestión que, como vemos, consistía en unir el fragmento de piel del brazo con la nariz, manteniendo al paciente en esa postura tan incomodísima hasta que, pasados unos ocho o diez días, se comprobaba que el injerto había agarrado de forma exitosa, cortando entonces la piel del brazo y reconstruyendo a continuación la nariz del paciente.


Estas técnicas ya se encontraban bastante desarrolladas a mediados del siglo XIX. Durante la Guerra de Secesión, algunos afortunados pudieron ser reconstruidos de forma más que satisfactoria si tenemos en cuenta que lo referente a anestésicos aún no había evolucionado hasta los niveles de medio siglo más tarde. Un ejemplo lo tenemos en el sujeto de la foto, el cual sufrió la pérdida de parte de la nariz, el labio superior y la mitad derecha de la mandíbula superior. La intervención fue llevada a cabo por el doctor Otterson y para la reconstrucción recurrió a un colgajo de la mejilla sana que fue injertado en el lado opuesto, tras lo cual se procedió a "modelarle" con piel la zona dañada. No lo dejaron especialmente guapo, pero mejor eso que nada, ¿no? En fin, sirva este breve introito como muestra de que eso de reconstruir jetas averiadas no era nada nuevo, así que los cirujanos que intervinieron en la Gran Guerra tenían ya una base de conocimientos notable para acometer el gran desafío de devolver la apariencia humana a los desgraciados que traían de primera línea con sus caras reducidas a un amasijo de carne y huesos picados.

Harold Gillies
Uno de los cirujanos que llegó más lejos en el desarrollo de técnicas para la reconstrucción facial fue el doctor Harold Gillies, un neozelandés que sirvió en el ejército británico y cuyo equipo llevó a cabo decenas de miles de intervenciones sobre más de 5.000 heridos entre 1917 y 1925 (cada herido precisaba de varias operaciones). Este sesudo cirujano tenía claro que su principal enemigo a la hora de iniciar el largo proceso de reconstrucción en un paciente eran las infecciones. Recordemos que los antibióticos aún estaban por descubrir, así que ponerse a trapichear en una herida abierta llena de porquerías era casi tan peligroso para el paciente como una ametralladora enemiga. Así pues, basándose en las técnicas vistas anteriormente, desarrolló lo que se denominó como pedículo entubado, un método que permitía llevar a cabo injertos disminuyendo los riesgos de infección al mínimo. Dicho método era muy similar al de Branca ya que consistía en extraer un colgajo del brazo o el pecho que, para preservarlo de la contaminación circundante, era envuelto sobre sí mismo y cosido formando un tubo, el cual era unido a la parte afectada del rostro.


En la foto de la derecha podemos ver el proceso seguido con el marinero William Vicarage, al cual un fragmento de metralla le arrancó de cuajo la mitad de la mandíbula inferior en Jutlandia. Tras colocarle una prótesis que sustituyera la parte ósea perdida, Gillies le implantó dos de estos pedículos con piel y carne procedentes del hombro derecho que, al mantenerse perfectamente irrigados, se unieron a la cara del paciente al cabo de pocos días. A continuación solo había que separar los pedículos del hombro y proceder a reconstruir el mentón. Como vemos en la foto final, el resultado fue completamente exitoso, devolviendo al rostro del herido un aspecto prácticamente igual a la que tenía antes de ser alcanzado por la metralla. Y aunque la apariencia del sujeto durante el proceso intermedio de la cura, con esos dos tentáculos saliéndole de la boca y los dientes a la vista, pueda resultar poco menos que de película asquerosilla de ciencia-ficción, esta técnica permitió que miles de hombres pudieran volver a casa sin que la novia, la mujer o los hijos salieran corriendo.

Otra técnica basada en el ayurveda hindú que Gillies aplicó con notables éxitos fue la rinoplastia que vemos en las imágenes inferiores



Las fotos pertenecen al teniente británico William Spreckley que, como vemos en la imagen de la izquierda, perdió la totalidad de su nariz. La siguiente foto muestra la herida ya curada, así como un fragmento de cartílago extraído de una costilla e implantado en la frente con la finalidad de que se desarrolle durante seis meses para, posteriormente y según se ve en la siguiente foto, sea cortado, girado hacia abajo e injertado en el lugar donde estaba la nariz. A continuación vemos el aspecto del injerto tras ser eliminado "el sobrante". Por último tenemos una foto del teniente Spreckley cuando ya tenía 60 años y una nariz de la que nadie diría que, como Eva, salió de una costilla. Todo el proceso de reconstrucción duró tres años y medio, desde enero de 1917 hasta octubre de 1920. Como queda patente, de no ser por las técnicas desarrolladas por Gillies este hombre habría quedado de por vida convertido en un siniestro remedo de calavera con carne.

Bien, estas eran grosso modo las técnicas de reconstrucción facial desarrolladas durante el conflicto que, por lo general, resultaron bastante satisfactorias salvo casos en los que las complicaciones superaban desgraciadamente a los medios disponibles en la época. Uno de ellos fue el de la serie de fotos que vemos abajo y que muestran el estado en que quedó el rostro del segundo teniente Henry Lumley tras estrellarse su aeroplano y achicharrarse completamente la cara. Tras intentarse una reconstrucción mediante un injerto de piel extraída del pecho, Lumley rechazó su propia piel en la segunda intervención sufrida, falleciendo de un paro cardíaco en marzo de 1918. Con todo, este fracaso no fue baldío ya que dejó claro que este tipo de injertos no era viable si se intentaba llevarlos a cabo de una sola vez, siendo preferible y con muchas más probabilidades de éxito hacerlos de forma fraccionada.





Y que nadie piense que los tedescos no se molestaron en llevar a cabo sus correspondientes avances en lo tocante a reconstrucciones faciales. Un ejemplo lo tenemos en el doctor Jacques Joseph, el cual estableció en el Hospital de la Caridad de Berlín la Sección de Cirugía Plástica Facial, donde se efectuaron intervenciones tan complejas como las de Gillies y su equipo. A la derecha vemos el proceso seguido para devolver un rostro al teniente turco Mustafá Ipar, al que la metralla arrancó toda la cara incluyendo el ojo derecho, los párpados inferiores y la lengua. Cuesta trabajo imaginar como ese pobre hombre pudo sobrevivir, pero la cosa es que lo hizo. Fue operado varias veces en Turquía antes de ser enviado a Berlín en 1918, donde le pudieron reconstruir algo parecido a un rostro, lo que no deja de ser cuasi milagroso a la vista de que, más que reconstruir, lo que se hizo fue "crear partiendo de la nada". La sección de cirugía plástica del doctor Joseph estuvo operativa hasta enero de 1922

Anna Coleman Ladd retocando una prótesis de nariz sobre
una mascarilla del sujeto
Pero no todos los heridos podían ver sus caretos reconstruidos. En muchos casos, bien por falta de medios, bien por sufrir destrozos imposibles de recomponer, la cosa es que se tuvieron que resignar a verse deformados de por vida. Sin embargo, también se llevaron a cabo determinadas técnicas que, si no les permitían recuperar sus caras, al menos podían ocultar sus mutilaciones tanto al personal como a sí mismos. Hablamos de la anaplastología, o sea, la forma de suplir mediante prótesis las partes del cuerpo perdidas por el motivo que fuere, en este caso las heridas de guerra. Los dos pioneros de esta técnica fueron la norteamericana Anna Coleman Ladd y el británico Francis Derwent Wood, ambos escultores y totalmente volcados en la elaboración de prótesis y máscaras para remediar de alguna forma la carencia de partes del rostro de cientos de heridos.


Francis D. Wood
Anna Coleman, que se había especializado durante su época de estudiante en el retrato, estableció en París en el año 1917 el "Studio for Portrait-Masks" (Estudio para Máscaras-Retrato) bajo los auspicios de la Cruz Roja estadounidense. Por su taller protésico pasaron cientos de soldados franceses que pudieron volver a mirarse al espejo sin que les entrasen ganas de volarse la tapa de los sesos gracias a las máscaras elaboradas conforme los rasgos del herido, los cuales eran esculpidos tomando como modelo fotos de los mismos. Al término de la contienda y como agradecimiento a los servicios prestados le fue concedida la Legión de Honor. En cuando a Wood, organizó el "Masks for Facial Disfigurement Departament (Departamento de Máscaras para Desfiguraciones Faciales) situado en el Tercer Hospital General de Londres, en el distrito de Wandsworth, donde él y su equipo estuvieron operativos entre los años 1917 y 1919. Tanto la una como el otro emplearon técnicas similares para la elaboración de sus prótesis, las cuales requerían un minucioso trabajo que podía durar varias semanas en función del nivel de desperfectos faciales a cubrir.


Básicamente, lo primero que hacían era confeccionar una mascarilla del paciente una vez que sus heridas hubiesen sanado completamente. Dicho molde se elaboraba con arcilla, escayola o plastilina. De ese modo no era necesaria la presencia del herido durante la elaboración de la máscara o la prótesis, y solo cuando estaba casi a punto era cuando debía estar presente para llevar a cabo los ajustes finales. Las máscaras se fabricaban con finas láminas de cobre que, una vez terminadas, eran galvanizadas para que la pintura quedara fijada a las mismas. En la foto de la derecha vemos a uno de los operarios del taller de Anna Coleman repasando una mascarilla de escayola. Obsérvense las que aparecen al fondo de la imagen, pendientes de su correspondiente máscara.


Una vez terminada la máscara o la prótesis se requería la presencia del herido para llevar a cabo los toques finales y, sobre todo, darle el color exacto a la misma a fin de que se notase lo menos posible. La foto de la izquierda nos muestra el proceso, en este caso para cubrir la parte inferior del rostro y la nariz. La operaria repasa con un pincel la unión de la máscara a la piel del sujeto, quedando fijada a la cabeza mediante unas gomillas pasadas por las orejas. El bigote es postizo, y solían usarse para ocultar o disimular las deformaciones en la boca. También se recurría a gafas falsas, o sea, gafas con cristales sin graduar (o graduados si era preciso, naturalmente), sistema este que permitía una fijación más natural. 



En la foto superior vemos en primer lugar una prótesis a punto de ser introducida en el baño electrolítico que galvanizará la pieza, en este caso una oreja. A la derecha tenemos a un soldado francés con la cara totalmente deformada, y a continuación con una máscara que se sustenta mediante unas gafas. En esta ocasión también lleva un bigote postizo que oculta la boca de forma que el sujeto pueda comer o beber sin que se le vea demasiado. Aunque podamos pensar que este subterfugio no servía de nada a nivel psicológico, ciertamente a muchos hombres les ayudó a sobrellevar sus mutilaciones sin llegar a entregarse a la desesperación.

Varias prótesis faciales y ojos de cristal
En fin, criaturas, con esto creo que ya podemos hacernos una idea de lo que supuso la evolución de la cirugía plástica y la anaplastología durante la Gran Guerra. Alrededor de un 10% de las heridos durante el conflicto fueron alcanzados en la cara o la cabeza, así que ya podemos imaginar la de miles de hombres que se vieron abocados a verse convertidos en seres de otro planeta o algo parecido. Con todo, colijo que más de uno se sorprenderá al ver el nivel que alcanzaron los cirujanos que, desde hacía siglos, ya tenían claro como reparar jetas averiadas, lo que permitió que muchos hombres pudieran volver a sus casas sin tener que vivir un segundo infierno en forma de repulsión, desprecio o rechazo por parte de los que se quedaron en retaguardia.

Bueno, ya está.

Hale, he dicho


Soldado francés tras pasar por el taller de Anna Coleman

36 comentarios:

kenia leonardo dijo...

Dios madre, deberías haber avisado antes de nada que el artículo contenía imágenes muy duras, al que le falta la mandíbula inferior me ha pillado completamente desprevenido

Amo del castillo dijo...

Pues la verdad es que estuve a punto, pero pensé que igual me tachaban de sensacionalista. En todo caso, tiene vuecé razón y quizás sea mejor advertirlo.

Un saludo

kenia leonardo dijo...

Esto me recuerda a las declaraciones de Tom Savini, el encargado del maquillaje y los efectos especiales de las películas de zombies de George A. Romero, dijo que se inspiró de sus experiencias en Vietnam a la hora de diseñar los Zombies. No exageraba, no.

Es que, joder, viendo algunos, lo que sorprende no es solo la herida sino que hayan conseguido sobrevivir a semejante boquete.

Amo del castillo dijo...

Ciertamente, Sr. Kenia, causa pasmo ver hasta donde es capaz de aguantar el ser humano con tal de mantenerse vivo. Pero aún es más sorprendente el hecho de que, sabiendo lo que son las guerras y lo que dejan tras de sí, aún existan. No sé si habrá visto una película titulada "Johnny cogió su fusil", una película dirigida por el controvertido Dalton Trumbo en 1971, pero si no lo ha hecho y quiere conocer la verdadera esencia del terror que supuso para los combatientes la Gran Guerra no deje de verla. Eso sí, le anticipo que lo deja a uno bastante mohíno. Es demoladora.

Un saludo

Antonio dijo...

Señor del Castillo, simplemente magnífico artículo. Un recordatorio de que la guerra no es un videojuego, desfiles y todo eso. Debería ser de lectura obligatoria en las enseñanzas medias para mostrar la realidad y las consecuencias de liarse a cañonazos y tiros. La película de Trumbo, coincido en que es deprimente pero a la vez muestra el horror de la guerra.

Por demás, me declaro no traumatizado por las imágenes. Añadiría que precisamente en las guerras como esa, es donde se han producido unos enormes avances en Medicina y en muchas ramas del conocimiento, aunque a un horrible precio, desgraciadamente.

Por otro lado, felicitaciones por haberse atrevido con este tema. Es rarísimo que sitios web militares lo hagan limitándose a relatos de batallas y descripciones de armamento, bastante edulcorados.

Amo del castillo dijo...

Celebro que haya sido de su interés, Sr. Antonio. Respecto a su comentario, me quedo sobre todo con lo de los vídeo juegos ya que muestran nuestra verdadera naturaleza. Un crío que disfruta viendo con total realismo como le vuela la tapa de los sesos a un enemigo imaginario ya puede suponer que le darán cien higas bisiestas hacerlo con el amiguito que le ha robado media chocolatina. No tenemos solución, me temo...

Un saludo y gracias por su comentario

Rudolf Viera dijo...

Por cierto la canción One de metálica y su consiguiente video está basado en la película que usted recomienda ambos son testamentos a la locura de nuestra irracional especie ya lo creo. En cuanto a los video juegos no sé yo pues si uno vino al mundo varón pues desde que es un enano que no levanta una cuarta del piso ya le están poniendo una pistola o una espada en las manos aunque sea de juguete y la verdad es que hasta cuando no lo hacen a uno le hacen tilín estas cosas belicosas debe ser cosa de la testosterona. Una cosa si le digo yo he jugado videojuegos hasta el hartazgo y lo que es la guerra solo me gusta como anécdota en estos sitios no puedo negar que en el servicio militar salir de operaciones y tirar con el ak me gustaba pero sé que ese es el idiota suicida que todo hombre lleva a dentro tratando de glorificar su ansia de violencia , mi yo consiente guerra no quiere ver ni a 10 kilómetros. Recuerdo que en el servicio militar una vez que salimos de maniobras el sargento sin previo aviso ni explicarnos nada grito: ¡ALERTA DE ATAQUE AÉREO!! solo para ver nuestra reacción y como era de esperar todos nos tiramos al suelo donde nos hallábamos que a la sazón era una calle y cuando el sargento acabo de reírse nos dijo que así mismo nos freían desde un avión que desde arriba pareceríamos una manada de lagartija verdes despatarradas contra el asfalto negro. Yo recuerdo que lo primero que me pasó por la cabeza fue que si fuera una guerra de verdad ya estaría muerto en un segundo aquello me dejo frio y como ese mil otros ejercicios en que fui sorprendido por un colega en el papel de guardia enemigo o en que yo sorprendí a otros y de todo eso lo que saque en limpio fue que en la guerra en un segundo estas vivo y al otro eres masa de hamburguesas así que conmigo no cuenten pa voluntario.

Amo del castillo dijo...

La cuestión, Sr. Rudolf, es que los debates sobre lo justo o injusto de la guerra o lo necesario de las mismas en determinados casos llevan celebrándose desde antes de los tiempos de Cristo, pero sin llegar nunca a nada concreto. Y, ciertamente, es un tema asaz complejo porque, ¿habría habido otro modo de detener a Hitler, por ejemplo? ¿O cómo expulsar a un invasor que se presenta por la cara sin llamar a la puerta? Evidentemente, ha habido guerras que, si no justas, al menos han sido necesarias. Lo malo es que miles o millones mueren porque a un sujeto le da un mal día por creerse el rey del mambo, y el personal se ve obligado a participar en una matanza para hacerle ver que ni es rey ni pollas en vinagre. En fin, en realidad la guerra es una paradoja en sí misma y, por otro lado, al carecer de predadores naturales somos nosotros mismos los que nos tenemos que "auto-regular"

Un saludo

Fantasma de la Opera dijo...

Excelente y cruda entrada, Señor Amo del Castillo. Con imágenes que van directas a remover el estómago de los más sensibles, como aquí un servidor, pero que soporto gustoso con tal de informarme bien y comprender hasta donde me dé la razón, sin ningún ánimo de morbo. Y a ser posible, en reafirmarme en la conclusión de rechazar todo tipo de violencia social, cuando los tiempos que corren invitan una y otra vez a pasar por alto sus efectos para perseguir unos determinados fines.

No obstante, disiento de la conclusión que Vd. ha emitido en los comentarios con respecto a la violencia virtual. Son videojuegos, con mucho colorido, efecto especial, sonido envolvente, etc., pero videojuegos. Entretenimiento. Una mente sana, infantil o adulta, no debería tener problema en distinguir una cosa de otra. Como aficionado, puedo afirmar que al final, después de acostumbrarse a dichos efectos aparentemente dantescos, sólo queda la matemática pura: reflejos muy afilados, cálculos igual de rápidos, algo de previsión y estrategia, y poco más.

Por cierto, esto me recuerda a que cuando era niño y vivía en el pueblo con mis abuelos, había un mendigo con la cara completamente desfigurada por verrugas, al que se respetaba y no se le señalaba en público... No sé, yo lo veía muy natural. Supongo que es cuestión de acostumbrarse, al verlo todos los días... También sería preciso distinguir el morbo insano de la curiosidad, pero no me considero capacitado como para incidir en algo tan delicado.

Un saludo.

Amo del castillo dijo...

No diría lo mismo acerca de los efectos de los dichosos vídeo juegos, Sr. Fantasma, ya que son un engranaje más de la maquinaria que convierte a muchos jóvenes en verdaderos demonios. ¿Acaso se veía antaño que un grupito de energúmenos quemara vivo a un indigente en un cajero, o que formasen esas hordas urbanas dispuestas a hacer el daño por el mero placer de hacerlo? No digo que esos juegos sean en sí motivo para dañar el cerebro del personal, pero sí afirmo que pueden ser causa junto con otros factores del aumento de las ansias de violencia que se ve en muchos jóvenes, así como de su falta de respeto por todo y por todos.

Un saludo y quedovos agradecido por el comentario

Jorge Carreras dijo...

llevo unos meses siguiendo su blog y le felicito por el gran trabajo que realiza, pero me veo en la necesidad de decirle que esta ultima entrada me ha dejado muy mal cuerpo.

kenia leonardo dijo...

Ante todo, se me olvidaba, excelente artículo.

baskerbill dijo...

Casi me he mareado cuando he visto al pobre hombre sin mandíbula. Por dios.
Segundo, agradecerle sinceramente todas y cada una de las entradas que publica; aunque soy internauta pasivo, sigo este su blog como si fuera el "Dr. House", siempre expectante de a ver qué pasa hoy.

Un saludo!

p.d.- Ahora que leo el último comentario: En mis tiempos hacíamos guerras con tirahuevos, cañas y escopetas de perdigón. Violencia sin control parental, vamos; y no nos hacían falta los videojuegos para nada, con los tebeos y las películas de guerra de sobremesa del domingo, bastaba.
Eso sí, había un respeto. Un respeto que se ha perdido en gran medida por la laxitud de los padres y la pérdida de iniciativa de los educadores. Pero bueno, la opinión sobre este tema es como los culos: todo el mundo tiene el suyo.
Mil disculpas si me he dejado llevar!

David Álvarez dijo...

Yo también quedé alucinado al ver los resultados de los cirujanos de la gran guerra, nunca pensé que en ésa época pudieran reconstruirse de tal manera rostros como el primero o las mandíbulas destrozadas.

¿ Y lo del brazo pegado a la nariz.... cómo ? ¿ se mantiene al paciente durante 8 días seguidos con un trozo de piel del bíceps unido a su nariz ? ¿ y cómo se une ?

Unknown dijo...

algo fuerte las imagenes, he leido libros, testimonios, visto videos y algun que otra carta de soldados que estuvieron en la guerra y todos concuerdan que es una asquerosidad pero he notado el caso del "sindrome de rambo" aquel veterano que en plena orgia salvaje se quería ir a casa y cuando lo logra SORPRESA! quiere volver a la guerra porque en su mente ya solo sirve para hundirle plomo al projimo.
no creo que los videojuegos sean la causa de algun tiroteo o matanza (yo pienso que es la defensa de los abogados cuando defienden esos locos) digamos que el primer juego salio en 1972 HACE 44 años! y desde cuando nos llevamos matando? desde que el primer hombre piso la tierra lo hacemos!! creo que adentro de nosotros hay algo malo, algo oscuro que solo sale cuando no hay reglas morales, temor a seres divinos o leyes que nos lo impidan (como en la guerra)
hay un videojuego que cada ves que yo lo juego (y otros amigos) nos sentimos sucios se llama: "call of duty worlt at war", retrata la brutalidad de la guerra del pacifico, y otro donde el protagonista rompe la 4 pared con el jugador "spec ops the line" de la guerra en oriente (cada tiempo de carga el protagonista te habla diciendote que eres un asesino, que lo que haces no esta bien)
no apoyo la guerra pero es a veces increible que el hombre pone mas empeño en desarrollar algo cuando se trata de derrotar al enemigo que en tiempos de paz como esto de la cirugía estetica, no se si el internet nacio en la guerra fria como la computadora en la segunda guerra mundial.
saludos desde mexico

Unknown dijo...

esto me recuerda al videojuego dead space, si ha jugado el videojuego dead space como curiosidad los diseños de los enemigos fueron basados en victimas de accidentes de transito, no dudo que algunas de estas fotos hayan sido usadas para crear villanos de peliculas, la cara final de Henry Lumley (sin faltar el respeto al fallecido) recuerda a leather face el asesino de masacre en texas.
al menos sus experiencias ayudaron a mejorar el campo de la cirugia plastica ya que en la actualidad se usa para gente que se le quemo el rostro en algun incendio, quedaron desfiguradas por ataques de ácido o en algún accidente de trabajo o nños que nacieron con el paladar hendido,conozco un niño que nacio asi y gracias a la cirujia plastica tiene un labio "normal" (todavia tiene secuela del habla)

Amo del castillo dijo...

Le quedo muy agradecido, Sr. Jorge, y es un placer tenerle entre mis lectores. En cuanto al contenido de la entrada en cuestión, no es más que la enésima muestra de lo desagradables que son las guerras.

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

Muy agradecido vos quedo, Sr. Kenia

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Me alegra resultar tan adictivo, Sr. Baskerbill. En cuanto a su comentario, diría que la culpa de como está la juventud la tiene en realidad la sociedad, una sociedad que se ha dejado llevar por un buenismo absurdo, propalado por cuatro insensatos cantamañanas. Los profesores solo han visto su autoridad mermada por unos padres que han doblado la cerviz ante los dictados de unas tendencias ridículas.

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

Pues sí, Sr. David, como ha podido ver la cirugía ya había avanzado una burrada. En cuanto a lo del injerto, no es complicado: se extrae un colgado de piel del brazo, el cual queda pegado al mismo por un extremo para mantener la irrigación. El otro extremo se cose a la zona de la cara a reconstruir y se espera a que quede unido. Y sí, el paciente debe estar en esa postura horripilante, pero al cabo sería igual de incómodo que como cuando a uno le ponen el brazo en uno de esos armazones metálicos como si fuera el ala de un avión, o mantener dos meses la pierna suspendida y llena de hierros.

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

El problema de la inadaptación y el sentimiento de culpa por parte de los que vuelven a casa ha sido y es también tema de estudio, Sr. desconocido de Méjico. Básicamente es como un síndrome de Estocolmo en el que el combatiente no entiende como sus compañeros han caído mientras él ha salido vivo, y la perspectiva de tener que mirar a la cara a los seres queridos de sus compañeros se le hace insufrible. O sea, que en realidad no es que se conviertan en adictos a la guerra, sino que el miedo a volver es mayor que el que les produce quedarse en el frente. Debe ser bastante chungo, ciertamente.

En cuanto a los vídeo juegos, no he dicho que sean el motivo por el que nos matamos, sino que es un instrumento más para fomentar la violencia como algo cotidiano, con la misma trascendencia que comerse un bocata de mortadela. La banalización del mal es algo peligroso, me temo.

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

Me temo que no he jugado al Dead Space, Sr. desconocido. Bueno, ni al Dead Space ni a ningún otro porque nunca me han llamado la atención esos divertimentos, la verdad. Por lo demás, ciertamente es posible que los diseñadores de villanos de cine o juegos se inspiren en este tipo de fotos tan inquietantes.

Un saludo y gracias por su comentario

Viviana Lizana dijo...

Gracias por mostrar la realidad, así sea fuerte en escenas, mucho más fuerte es vivirlo, por tanto, como madre sé que la violencia no se debe emplear, ni en una mínima expresión.
Mis respetos y agradecimiento.
Excelente informe.

Unknown dijo...

bueno sr del castillo nunc ale han llamado la atencion, tengo uno que tal vez si, es uno de la primera guerra mundial basado en cartas desde el frente, tiene mucho drama y datos historicos se que le gustara
https://www.youtube.com/watch?v=MP8q5F6dFqQ

Amo del castillo dijo...

Ciertamente, Sra. Viviana, vivir las experiencias que se vivieron durante la Gran Guerra debió ser extremadamente desagradable. Sin embargo, no sirvió de escarmiento para nadie, me temo.

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

Gracias por su aportación, Sr. desconocido.

Un saludo

Juan Perez dijo...

esta entrada está de madres. un nivel cultural buenisimo. tan real todo como la vida que no queremos ni ver en la actualidad.

Amo del castillo dijo...

Muy agradecido vos quedo, Sr. Juan

Un saludo

Ismael dijo...

Hasta ganas me dieron de ponerme a esculpir narices.....

Otro ejemplo se que la gente siempre ha dado con las soluciones precisas, y en un campo tan delicado. Como en los casos que ya nos ha mostrado de la fundición, barrenado etc. Que tengamos los medios para optimizar todo eso hoy es otra cosa.

Un saludo.

Amo del castillo dijo...

Pues una napia de hierro no sé yo, la verdad...

Ismael dijo...

jeje, pues me refería a hacerlo con los mismos materiales que aquellas personas, me gusta moldear cosas con materiales más suavicos.

Aunque hablando de narices de metal me acordé de esto:

http://www.labrujulaverde.com/2016/10/justiniano-ii-el-emperador-de-la-nariz-de-oro

Amo del castillo dijo...

Desconocía esa desagradable faceta facial de la faz del emperador. Ciertamente se habría prestado gustoso a que le hicieran uno de esos injertos en forma de tentáculo porque, las cosas como son, donde se ponga una napia de carne que se quiten las áureas, qué carajo...

Un saludo

Antonio dijo...

Estimado Señor, otro beneficio "colateral" de sus artículos, es contribuir a comprender el contexto histórico de la época del acontecimiento y no menos importante: a contemplar el nivel de desarrollo técnico y científico. Es muy común pensar que mucha tecnología, técnicas médicas, estrategias o costumbres son recientes y la verdad es que no. Basta ver las láminas de la Encyclopedie de Diderot y D´Alembert para pasmarse de lo que eran capaces de hacer a finales del siglo XVIII, por ejemplo cronómetros de navegación. También, como queda reflejado en muchos artículos, que un material tenga sus décadas de existencia no implica obsolescencia y olvido en el trastero y de ejemplos militares tenemos la insuperable MG-42 o armas cortas y largas por citar algo. Cierto que las ciencias avanzan que es una barbaridad, pero los principios básicos siguen siendo los mismos a la par que aparecen cosas novedosas.

Escribo este rollazo porque muchas veces hablando con jóvenes, piensan por no haber sido bien formados, que hace unas décadas vivíamos fatal y que cualquier chisme de hace veinte años es una antigualla. Su gran trabajo contribuye mucho a poner las cosas en su sitio.

Amo del castillo dijo...

Agradecido vos quedo por el cumplido, Sr. Antonio. Ciertamente, uno de los cometidos del blog no es otro que derribar mitos que, por leídos u oídos, muchos toman por artículo de fe siendo como son totalmente falsos y inexactos en gran parte.

Un saludo y gracias por su comentario

Nepomuceno dijo...

Aparte de lo duro de las imágenes, de lo sorprendente de las técnicas de cirugía que cualquiera diría que no se desarrollaron hasta 40/50 años más tarde, un pequeño detalle me llama la atención: la existencia de "plazas de minusválidos" (o de personas con diversidad funcional, en neolengua) ya en el primer tercio del siglo XX. Bancos pintados de azul en los parques...curioso paralelismo. Lo peor es qu, si bien estas imágenes son hoy grimosillas para los que destripamos enemigos virtuales, me imagino perfectamente a críos gabachos de 12 años acudiendo al parque a tirarles cacahuetes a los cojos, desmandibulados y desfigurados en general, precisamente porque no tenían videojuegos ni gallinas en su distrito de Ille de France en los que depositar el sadismo.

Amo del castillo dijo...

Si le digo la verdad, dudo mucho que un crío gabacho o inglés o alemán se atreviese a mofarse de los mutilados del frente, que estaban considerados como mártires en vida y cruento testimonio de los horrores de la guerra cuando la sociedad, tras el término de la contienda, asumió que los conflictos había que dirimirlos de otra forma. No obstante, por desgracia, pronto se olvidó el espíritu con que se fundó la Sociedad de Naciones y tardaron apenas 20 años en volver a masacrarse entre ellos.

Pero, como le digo, imagino que cualquiera que viese a un crío poniéndose borde con un mutilado seguramente le endilgaría dos hostias en plena jeta- costumbre esta caída en desgracia actualmente para regocijo de golfos, malsines y progres casposos-, y de hecho hubo muchos que incluso se negaron a ocultar sus deformaciones precisamente porque las consideraban como la más valiosa condecoración y como símbolo de entrega a la patria.

Un saludo