jueves, 4 de junio de 2015

Partes del fuerte: los traveses o cortaduras




Hace ya una bestialidad de tiempo que no se dedica ninguna entrada a las fortificaciones pirobalísticas, así que tiempo es de retomarlas porque en modo alguno se ha hablado sobre ellas todo lo que había que hablar. La entrada de hoy la dedicaremos a los traveses o cortaduras, unas obras defensivas de vital importancia que, por lo general, suelen pasar desapercibidas cuando se visita alguna de estas fortificaciones porque, en muchos casos, el personal desconoce su utilidad. En alguna que otra ocasión han salido a relucir en el contexto de entradas sobre obras exteriores, pero hasta ahora no se les ha dedicado un artículo en exclusiva, así que ahí va eso:

Según Almirante, el término través proviene del latín TRANSVERSVM, o sea, atravesado u oblicuo, lo que ya nos da una pista bastante clara sobre el cometido de estos elementos defensivos. Los define como "...todo abrigo, resguardo, defensa contra el tiro de través, es decir, de enfilada, de flanco, de revés, de rebote...". Para aclararnos, eran parapetos de diversos tamaños según la zona que debían proteger y que podían estar construidos con los materiales más diversos, desde obra a simples taludes de tierra o incluso con salchichones, fajinas y/o cestones. Tenían tres misiones claramente señaladas, a saber:


1. Servir como segunda línea de defensa para las guarniciones de baluartes, caballeros, revellines, hornabeques, bonetes, plazas de armas, etc. que se viesen desbordados en caso de que el enemigo lograra acceder a los mismos, bien por haber logrado abrir una brecha o bien mediante una escalada.

2. Actuar como muro de contención en los caminos cubiertos que, al igual que en el caso anterior, hubieran caído en manos del enemigo, pudiendo de ese modo desalojarlos del mismo o, al menos, detener su avance.

3. Proteger las piezas de artillería y a sus servidores en caso de que los proyectiles enemigos alcanzaran el emplazamiento de la batería.

Y como una imagen vale más que mogollón de discursos, veamos algunas de ellas que nos permitirán comprender mejor este tema. Esto es especialmente valioso a la hora de explicarlo a un cuñado durante una visita a un fuerte ya que ellos, al carecer de estas fotos tan ilustrativas, se quedarán in albis y sufrirán lo indecible al no poder contradecirnos. Bueno, al grano...


En las imágenes superiores tenemos un ejemplo de traveses que defienden un baluarte, en este caso el de Santa Isabel, en el fuerte de Santa Luzia (Elvas, Portugal).

Foto A: Muestra una imagen cenital del baluarte en cuya gola se yerguen dos traveses. En cada uno de ellos hay una cañonera para emplazar dos bocas de fuego cuya misión, obviamente, era defender el recinto en caso de que el baluarte cayera en manos enemigas. Sombreado en rojo y en blanco vemos el cono de fuego de ambas piezas que, al cruzarse, harían prácticamente imposible el avance por el terraplén del baluarte so pena de quedar convertidos en comida para gatos a base de metralla. En marrón vemos la parte que queda abierta entre ambos traveses, la cual podía ser bloqueada mediante caballos de frisia o cualquier otro dispositivo móvil de circunstancias y ser usado como parapeto para los fusileros.

Foto B: La imagen ofrece una panorámica de ambos traveses vistos desde el interior del fuerte. Como se puede apreciar, tanto la altura como el grosor de los mismos es notable: unos cuatro metros de espesor y más de tres de altura. En ambos se ven igualmente las troneras para emplazar las bocas de fuego.

Foto C: Los mismos traveses pero vistos desde el baluarte, apreciándose en este caso el acusado abocinamiento de ambas cañoneras que les permitiría efectuar un devastador fuego cruzado sobre posibles asaltantes. En definitiva, solo en caso de que el fuego enemigo aniquilase a los servidores de esos cañones o los desmontasen con tiros de rebote bien afinados los asaltantes podrían  rebasar el baluarte, si bien desde el reducto central los estarían esperando para hacerles un recibimiento triunfal a base de botes de metralla pero, en fin, al menos ya habrían ganado algo de terreno.


El ejemplo anterior lo podemos encuadrar en lo que se denominaba como través activo, o sea, concebido para efectuar desde ellos una defensa contra los enemigos, y no como unos simples parapetos destinados a detener la metralla de las bombas que cayeran en el interior del baluarte como es el caso de las fotos de arriba, que serían en este caso traveses defensivos. La de la izquierda pertenece a la plaza fuerte de Valença do Minho, mientras que el de la derecha es de Almeida, ambas en Portugal. Como vemos, en este caso los traveses consistían en taludes de tierra que partían en dos el terraplén del baluarte con la finalidad de que, en caso de estallar una bomba en el mismo, su metralla no barriera la totalidad su superficie aniquilando a su guarnición, protegiendo al menos a la mitad de la misma ya cayera a un lado o a otro. Así mismo, este tipo de través era especialmente útil para detener las balas de tiro de rebote, el cual era bastante eficaz para "limpiar" de defensores las obras defensivas de este tipo de fortificaciones y, sobre todo, para desmontarles las bocas de fuego.


Este tipo de traveses defensivos no solo se construían en los baluartes, sino también en revellines, plazas de armas o en fortines y reductos como el de la imagen superior. En este caso se trata del fortín de Santo Domingo, en Elvas, el cual disponía de tres traveses destinados a proteger las bocas de fuego emplazadas en el flanco sur del mismo. Por otro lado, en vez de simples taludes de tierra en esta ocasión se trata traveses construidos de obra a base de paramentos de mampuesto rellenos de tierra colmatada, lo que los hace especialmente resistentes a los tiros directos ya que, al estar este tipo de fortificaciones a una cota mucho más baja que los baluartes, eran más susceptibles de recibirlos. Y, naturalmente, venían de perlas para que si estallaba una bomba o una carcasa en el interior del recinto no aliñase de una tacada a todos sus ocupantes.


En algunos casos, como el que se muestra en la imagen superior, los traveses se podían convertir en verdaderas ratoneras que dejaban a los asaltantes literalmente vendidos ya que, desconocedores de los entresijos del fuerte, podían encontrarse con la desagradable sorpresa de que, tras asaltar de forma exitosa un baluarte o cualquier obra exterior, esta contase con un través desde el que no solo les dispararían a mansalva, sino que les cerraba totalmente el paso, resultando prácticamente imposible avanzar ni un metro más allá. El ejemplo que hemos puesto para este caso lo tenemos en el hornabeque del fuerte de Gracia, en Elvas. Como vemos, marcados en rojo se encuentran los dos traveses que cortan de forma oblicua los medios baluartes del mismo. En azul están los pañoles de munición, en verde los fosos que rodean esta obra defensiva y, dentro de sendos círculos rojos, los accesos a unas galerías inferiores desde las que se puede hostigar a los enemigos que circulen por los fosos a través de las troneras fusileras que se pueden apreciar en la foto de la derecha. Marcados con unas flechas en las dos fotos se ven los únicos accesos que permitían el paso: un estrecho corredor de menos de un metro de ancho (de hecho, solo se puede circular por ahí caminando de medio lado y no es precisamente apto para personas con vértigo). Obviamente, bastaba bloquear el paso con un par de cestones para que nadie pudiera ir más allá del través o, como era este caso, con una reja actualmente desaparecida. Así pues, nos encontramos de nuevo con un través activo cuya finalidad no era defender a los servidores de las bocas de fuego sino cortar el paso de forma contundente a los asaltantes ya que, además, cada uno de ellos disponía de tres cañoneras.


Por último solo nos resta mencionar los traveses destinados a cortar el paso en los caminos cubiertos, o sea, en lo que sería como el adarve de un castillo medieval, pero en una fortificación pirobalística. Estos traveses eran quizás los más útiles de cara a detener posibles asaltantes tanto en cuanto la muralla principal era, como podemos suponer, el primer punto a batir por un ejército enemigo. En caso de que los asaltantes lograran acceder al camino cubierto, la única forma que tenían de salir del mismo para poder seguir avanzando era recorrerlo hasta encontrar alguna escalera que bajase hasta el foso. Saltar era suicida ya que hablamos de alturas de ocho o diez metros, por lo que no quedaba otra que avanzar a lo largo de la muralla a la espera de dar con alguna escalera que les permitiera bajar.  Pero, ¡oh, sorpresa!, se topaban con un través que les podía cerrar el paso de diversas formas. Los más básicos eran traveses de circunstancias fabricados con cestones y dejando un paso de alrededor de un metro de ancho entre los mismos y el parapeto, o incluso de obra con su banqueta para los fusileros. 

Pero no eran precisamente infrecuentes los de obra que vemos en las fotos superiores, ambas pertenecientes al fuerte de Gracia. El de la izquierda corta el paso desde el camino cubierto al revellín de entrada al recinto desde el cual se puede acceder tanto a la puerta principal como al foso. Como vemos, se trata de un muro de obra con varias troneras fusileras desde las que se podía hostigar al enemigo que avanzase hacia el revellín. Para impedir el paso contaba con una puerta o una reja hoy desparecidos y, en este caso, no había corredor entre el través y el borde de la contraescarpa del foso como vimos más arriba. O sea, o se pasaba por la puerta o allí mismo se entregaba la cuchara. En cuanto al través que vemos en la foto de la derecha, es aún más mortífero que el anterior: se trata de un túnel que disponía de una puerta de hierro corredera con dos hojas las cuales, una vez cerradas, bloqueaban totalmente el paso. Según pude observar en su día en las acanaladuras que servían de guía a dichas puertas, estas no quedaban totalmente cerradas sino que dejaban una abertura a través de la cual se podía abrir fuego tanto con mosquetes como con un cañón de pequeño calibre, lo que ayudaría obviamente a expulsar a los enemigos del camino cubierto y convencerlos de que intentar proseguir el avance era la forma más segura de dejar el pellejo en el envite.

En fin, con estos ejemplos supongo que habrá quedado bastante claro en qué consistían estas obras defensivas. A medida que la artillería fue evolucionando, el uso de traveses defensivos se extendió cada vez más debido a la precisión y la efectividad que iban alcanzando los cañones de la época, por lo que se llegaron incluso a fabricar traveses de campaña para defender las baterías emplazadas en campo abierto, de forma que cada pieza quedase separada de las demás a base de cestones o taludes de tierra. 

Bueno, ya está.

Hale, he dicho

Traveses del fuerte de Zambujal, uno de los muchos que conformaban el sistema defensivo denominado Linhas de
Torres Vedras creado a partir de 1809 por Wellington para detener el avance gabacho hacia Lisboa. Al tratarse de
fortificaciones de circunstancias construidas con tierra, a fin de mejorar en lo posible la defensa de su guarnición
se compartimentó todo el interior del recinto con traveses que separaban incluso las dependencias del mismo.