viernes, 7 de agosto de 2015

Ametralladores I


Servidores de una MG-08 alemana posando en plan victoriosos guerreros. El bidón que aparece ante ellos es el
depósito de agua del cilindro refrigerador.


La Maschinengewehr-08 fue la ametralladora pesada del
ejército imperial alemán durante todo el conflicto.
Los tedescos, esa raza de ciudadanos que cuando se les mete algo en la mollera es necesario que tenga lugar una guerra para que se olviden de ella, se percataron del gran potencial de la ametralladora como eficaz herramienta para masacrar bonitamente a miles de enemigos de una tacada. Pero ametrallar al prójimo con propiedad no era cosa baladí, y sacar el máximo provecho de esas máquinas conllevaba una serie de factores que no podían ser dejados de lado, empezando por disponer de un personal competente y diestro en su cometido. Veamos pues como se fue la evolución del uso táctico de estos chismes.

El tirador y el servidor acarreaban de ese modo los 56 kg.
del conjunto ametralladora-afuste, como si de una
camilla se tratase.
Al comienzo de la contienda, la ametralladora era un arma destinada a acompañar a la infantería durante sus avances. O sea, su misión era ser transportada por sus servidores para apoyarlos durante el ataque y desencadenar sobre los enemigos que les hicieran frente un infierno en forma de miles y miles de balas capaces de detener a una manada de elefantes cabreados. Para tal fin, cada regimiento disponía de una compañía de ametralladoras dotada de seis máquinas las cuales habían sido provistas de un afuste de trineo que, en teoría, les permitía avanzar transportando su ametralladora MG-08 de forma razonablemente cómoda. Pero hablar de comodidad a la hora de acarrear por la tierra de nadie un chisme que pesaba 34 kilos más los 22 de la máquina propiamente dicho no era cosa baladí si bien, en caso de que el terreno estuviera enfangado o fuese difícil moverse por el campo de batalla, la ametralladora era desmontada de su afuste y transportada por otros dos hombres.


Para facilitar el transporte del afuste y la ametralladora, sus servidores se valían de unas anchas y robustas correas de cuero que, enganchadas en el conjunto, les permitían disponer de sus brazos en caso de necesidad. En la foto de la izquierda podemos ver su aspecto. Pero la vida de los ametralladores no era fácil ya que, además de la máquina, había que transportar la munición de la misma, lo que tampoco era moco de pavo debido a su elevado peso: cada cinta de 250 cartuchos pesaba 7 kg., lo que requería al menos a dos soldados para transportar la munición, más otro que también debía cargar con el bidón para el agua de refrigeración. En total, la dotación de cada máquina era de seis hombres: un suboficial que iba al mando de la misma, el tirador, el servidor y tres hombres para la munición.


Cuando se saltaba la trinchera solo aguardaba al personal el implacable
fuego de las ametralladoras enemigas, capaces de segar una compañía
entera en cuestión de escasos minutos.
Por otro lado, los germanos tuvieron claro nada más comenzar la guerra que eso de ir acarreando estos voluminosos chismes por mitad del campo carecía de sentido en un conflicto en el que la movilidad se había reducido a las escasas decenas de metros que separaban las líneas de trincheras de ambos bandos las cuales, por cierto, solo eran atravesadas por la infantería ya que las ametralladoras pesadas no servían de gran cosa durante esos avances. Sin embargo, se dieron cuenta de que había que potenciar el número de ametralladoras para defender las posiciones propias en base a una deducción bastante básica: la artillería no era lo suficientemente efectiva contra tropas que avanzaban desperdigadas por tierra de nadie, pero el fuego cruzado de las ametralladoras eran capaces de detener las más empecinadas ofensivas. De ahí que ya en 1914, como se mencionó anteriormente, se fijara el número de máquinas en seis por compañía si bien no de una forma regulada, sino a requerimientos del coronel de cada regimiento.


Dotación de una MG-08 en acción. El de los prismáticos es el
suboficial al mando de la máquina.
Sin embargo, los miembros de las compañías de ametralladoras no eran personal especialmente seleccionado, sino que simplemente se elegían a criterio del jefe de su unidad. Con todo, la necesidad de aumentar el número de máquinas por regimiento hizo precisa la creación de secciones independientes al mando de un oficial y nutridas por 30 ó 40 hombres con tres o cuatro ametralladoras, las cuales eran enviadas a un sector u otro en función de las necesidades del momento. 


Distintivo de los ametralladores del ejército alemán
Pero el desarrollo del conflicto dejó bien claro que este tipo de armas tenía una importancia capital, y que de su buen uso táctico podía depender el éxito o el fracaso de una ofensiva enemiga. Por ese motivo, a finales de 1915 se ordenó la creación de un nuevo tipo de unidad denominada como Sección de Tiradores de Ametralladoras cuyos miembros seguían un curso de cuatro o cinco semanas en los que no solo se les enseñaba a sacarle el máximo partido a sus armas, sino que también se les adiestraba en el funcionamiento y manejo de las misma de forma que pudieran resolver in situ averías que requirieran la sustitución de determinadas piezas, para lo cual se obligaba a proveer a estas unidades de las necesarias para no verse con una máquina inutilizada por chorradas que podían resolverse en pocos minutos en manos de un hombre cualificado. 


Una sección de tiradores dando estopa al enemigo. La eficacia de estas
tropas especializadas quedó patente en batallas como la del Somme, en
la que los british perdieron casi 60.000 hombres solo en el primer día.
Se formaron unas 200 unidades de este tipo, las cuales empezaron a operar a principios de 1916. Cada una de ellas estaba compuesta por un oficial- capitán o teniente-, un sargento mayor, seis cabos que actuaban como jefes de pieza, veinte soldados de primera clase, cuarenta soldados rasos, un sanitario, un ciclista que actuaba como enlace y un armero. Del mismo modo, en agosto de ese mismo año se estandarizó el número de máquinas por compañía, estableciéndose en seis ametralladoras más una de reserva. En esa época, el número de ametralladoras en servicio había aumentado en total hasta las 16.000 unidades frente a las 5.000 con que contaban a comienzos de la guerra.


3ª Cía. de Ametralladoras del 6º Rgto. Bávaro de la Reserva. Esos eran los hombres destinados a hacer funcionar
como un reloj suizo las seis máquinas de dotación de la unidad.

Posición de ametralladoras. Los servidores
están protegidos por planchas de blindaje.
Pero que nadie piense que por pertenecer a una unidad considerada de élite y llevar un distintivo chulísimo en la manga izquierda de la guerrera la vida era fácil, y menos en un sitio tan asqueroso como el frente. De entrada, los componentes de las compañías de ametralladoras debían construir las posiciones para el emplazamiento de las mismas, bien cavando en el terreno o bien fabricando un parapeto con sacos terreros. Estas posiciones tenían forma de T invertida, recomendándose especialmente que no sobresalieran del terreno a fin de que el enemigo no fuera capaz de localizar su situación ya que, en ese caso, se convertían en el principal objetivo de la artillería. Pero no solo tenían que cavar como topos para colocar sus armas de la forma más discreta posible, sino que tenían que cargar literalmente como mulos con los miles de cartuchos de dotación de cada máquina. Se había establecido la cifra de 12.000 cartuchos para cada ametralladora, lo que equivalía a 48 cintas de munición de 250 disparos. Estas cantidades de cartuchería suponían nada menos que dos toneladas por compañía a lo que habría que añadir las piezas de repuesto, el agua para la refrigeración de las ametralladoras y las planchas de blindaje, que pesaban 27 kilos cada una.


Caja de munición para la MG-08
Por otro lado y contrariamente a la imagen que se suele tener, durante el día las ametralladoras permanecían a buen recaudo en los refugios pero a punto para entrar en acción. Obviamente, esta medida se tomaba mientras que su presencia no fuera necesaria en los parapetos ya que, de ese modo, estaban a salvo de los proyectiles de artillería enemigos. Recordemos que en caso de una preparación artillera, cuando miles y miles de obuses caían sobre las trincheras, serían destruidas si permanecían en sus emplazamientos. Junto a cada máquina debía haber una dotación de uso inmediato de 16 cajas de munición, o sea, 4.000 disparos. Caso de existir la posibilidad de agotarse los 12.000 de cada arma, los servidores de la ametralladora debían salir echando leches hacia los depósitos de munición para reponerla lo antes posible.


Cinta de lona para 250 disparos. Estas cintas eran
recargadas con una máquina en el mismo frente.
Así pues, solo de noche eran sacadas de los refugios y puestas en posición por si se desencadenaba un ataque repentino, permaneciendo vigiladas en todo momento por dos centinelas. Además de los 4.000 cartuchos de uso inmediato, se disponían tres cañones de repuesto, un balde de agua para reponer la que se evaporaba a causa de las elevadas temperaturas que se alcanzaban cuando se hacía fuego sostenido y seis granadas de mano para defender la posición si había peligro de verse superados por el enemigo. Y si a alguien le parecen excesivas las cantidades de cartuchos mencionadas, que sepa que una cinta de 250 disparos apenas daba para cuatro minutos disparando a ráfagas cortas, forma de hacer fuego que economizaba bastante munición. 


En caso de recibir orden de disparar a más de 2.000 metros se instalaba en el arma el visor Zielfernrohr 12, el cual podemos ver en la foto de la izquierda. Este visor se graduaba con la rueda que se aprecia en la imagen, calibrada de 50 en 50 metros. A continuación vemos la funda donde era guardado y, finalmente, la imagen que se veía a través del visor. El punto de impacto está en el vértice del ángulo. Otra opción era el visor Goerz de 2,5 aumentos. En ambos casos, el tirador disponía de un calculador de tiro para regularlos adecuadamente.


Dotación de una MG-08/15. En este caso y para facilitar
su manejo, la munición va en tambores de 100 cartuchos
Con estas máquinas, servidas por tropas bien adiestradas, los germanos llevaban a cabo verdaderas escabechinas entre las filas enemigas. Sin embargo y a pesar de haber desarrollado de forma óptima el nuevo concepto de ametralladora pesada, se quedaron atrás en el de las ametralladoras ligeras. Al contrario que los británicos, que ya habían entrado en guerra con armas como la Lewis, los alemanes no tenían al comienzo del conflicto un arma capaz de aportar potencia de fuego a las tropas que avanzaban a toda velocidad por tierra de nadie, lo que los puso en clara desventaja en este aspecto hasta la aparición de la MG-08/15, pero eso lo dejamos para otra entrada que es hora de cenar y, como siempre digo, SPIRITV SINE CORPORE FORTIS NIHIL ESSE, AMÉN.

Hale, he dicho



Dotación de dos ametralladoras Vickers británicas. En este caso, las tropas pertenecen a una unidad de voluntarios
irlandeses. Ni uno solo de ellos volvió a casa, lo que es una clara muestra de que, contrariamente a lo que se pueda
pensar ya que ellos no tomaban parte en los ataques suicidas por tierra de nadie, su oficio no era precisamente fácil.