miércoles, 2 de diciembre de 2015

Garfios, cuervos y demás máquinas de demolición


Grabado decimonónico de un cuervo
Antes de empezar quiero hacer un comentario respecto a la denominación de las máquinas que estudiaremos en la entrada de hoy. Como ya se ha comentado varias veces, muchos de los términos que usamos actualmente para designar a determinadas armas o máquinas de la Edad Media son inventados. O sea, nadie sabe en realidad como se llamaban en su época porque al mismo trasto le daban cien nombres diferentes o, simplemente, no los llamaban de ninguna forma y se limitaban a designarlos por los efectos que causaban. Lo mismo ocurre con este tipo de maquinaria de demolición, a la que algunos autores como, por ejemplo, Almirante, llaman garfios, y otros cuervos. Sin embargo, con el nombre de cuervo o CORVVS ya designaban los romanos el pico de hierro situado en el extremo de las sambucas de las galeras para que, al clavarse en las cubiertas de las naves enemigas antes del abordaje, impedir así que estas se despegasen de la galera agresora. Así mismo, ya en la Edad Media se llamaban cuervos a una especie de pértiga provista de una soga rematada con un gancho o garfio con la que, a modo de caña de pescar, los defensores de una fortaleza atrapaban literalmente como a un barbo a los sitiadores. Luego lo escabecharían y lo devolverían debidamente fileteado a sus compadres como señal de aviso, ya saben. En fin, la cuestión es que no hay una toponimia cien por cien concreta para estas máquinas cuya misión era, como vemos en el grabado superior, desmantelar las murallas. Y dicho esto, vamos al grano.

En los tratados de casi todos los autores más prolíficos de la baja Edad Media como Kyeser, Fontana, von Eyb o Taccola, por mencionar a algunos, aparecen por sistema una serie de máquinas cuya finalidad era, tal como hemos dicho, desmantelar las murallas y abrir así una brecha a base de destruir los parapetos. Como es de todos sabido, una muralla sin parapeto es como un político sin aforamiento, o sea, totalmente vulnerable y un coladero de enemigos que podían escalarla sin problemas ya que todo aquel que se dispusiera a rechazarlos sin esa protección, sería inevitablemente apiolado por los ballesteros atacantes. A la izquierda tenemos uno de estos diseños sin nombre que nos muestra una máquina similar a un fundíbulo pero que, en vez de lanzar bolaños, dispone en su viga de una serie de garfios que serían lanzados mediante la acción del contrapeso. Una vez enganchados en el parapeto, bastaría tirar de ellos mediante juegos de poleas para abrir un generoso boquete en el mismo.

A la derecha tenemos dos ejemplos más. En primer lugar, aparece una máquina formada por una estructura rodante que consta de varios brazos articulados. Al final del conjunto tenemos una viga de la que emerge un garfio que, una vez enganchado en el parapeto, será imposible de eliminar por parte de los defensores. Obsérvese que la máquina tiene en su parte inferior una especie de reja de arado, seguramente destinada a clavarse en el suelo para impedir el desplazamiento de la estructura cuando los servidores de la máquina tirasen de los garfios. A la derecha vemos un ejemplar similar al anterior que, en este caso, está provisto de un mantelete para proteger a los dos hombres que manejan el artefacto de los ataques procedentes de la muralla.

Conviene puntualizar un detalle, y es que nadie debe dudar que, en efecto, estas máquinas podían arrancar sin problemas los parapetos. Recordemos que su unión a la muralla se realizaba solo con mortero, caso de ser de mampuesto, y si se trataba de sillares colocados a hueso, o sea, sin argamasa, pues más fácil aún. Quizás el que resultase más complejo de demoler sería, paradójicamente, el de tapial ya que formaba parte integrante de la estructura de la muralla. No obstante, estos tratados fueron concebidos por autores que, a mi entender, desconocían ese medio de construcción ya que solo se dio en la Península a manos de los alarifes musulmanes. Por lo demás, en la ilustración superior podemos ver otras dos máquinas, estas diseñadas para funcionar desde emplazamientos fijos y cuya tracción se llevaba a cabo mediante juegos de poleas y ruedas dentadas, de lo que podemos deducir que su potencia debía ser muy notable. Para colocar los garfios supongo que echarían mano de horcas similares a las usadas para lanzar escalas, y una vez trabados los ganchos en el parapeto, ya no podían soltarse por mucho que se empeñaran los defensores ya que no tenían posibilidad de cortar las sogas que los unían a las máquinas. Puede incluso que el tramo final de las mismas estuviera rematado con cadenas para impedirlo.

Bien, ya hemos visto las diferentes tipologías de estas máquinas. Sin embargo, habría que añadir otra más que, en este caso, estaría destinada a la demolición por impacto. O sea, no estaban ideadas para ser enganchadas en un parapeto y tirar del mismo, sino para aporrearlo con una masa férrea llena de aristas y enganchada con una cadena al brazo de palanca que la hacía golpear los muros. Su funcionamiento, basado también en el de los fundíbulos, sería similar al de esas bolas de demolición que penden de una enorme grúa y que, oscilando como un péndulo, van golpeando los tabiques de una construcción. En este caso, el movimiento pendular no sería válido ya que su cometido no era golpear la muralla (para eso ya estaban los arietes), sino su coronamiento, por lo que lo factible sería hacerlo de arriba abajo. Para entendernos: estas máquinas estaban diseñadas para golpear incansablemente los parapetos, arruinándolos en poco tiempo. Para ello, bastaría un simple mecanismo de retracción fácilmente manejable con un tornillo o engranaje ya que, como vemos en la ilustración superior, el contrapeso es bastante ligero, lo suficiente para imprimir energía al brazo de palanca y nada más. O sea, que aunque su funcionamiento era similar al de los fundíbulos, el hecho de no tener que arrojar pesados proyectiles no obligaba a dotar a estas máquinas de enormes contrapesos.

Otro detalle reseñable de estas máquinas consiste en los pequeños garfios que se pueden observar en el extremo de la viga de la máquina vista anteriormente como en dos de las mostradas abajo. A la vista del tipo de cadena sin trabar que usan, podría ser posible que, una vez demolido o seriamente dañado un parapeto, el peso fuese eliminado y se recurriese a esos garfios para eliminar cascotes a modo de una FALX MVRARIA similar a la que se usaba con trépanos y arietes, ayudando así a agrandar la brecha. Es como si estas máquinas tuvieran dos usos, complementándose el uno al otro. 




Como colofón, ahí dejo un último diseño, en este caso de Taccola. Se trata de un cuervo como los vistos en primer lugar si bien en este caso los servidores del mismo estarían protegidos por un mantelete. Una vez lanzado el garfio, en este caso contra la techumbre de una torre que protege la entrada a un hipotético recinto, uno o más bueyes tirarían de la máquina, demoliendo la torre. Obsérvese que, para proteger a los animales de los ballesteros enemigos, el ingenio dispone de otro mantelete que los mantendría a salvo de los virotazos. Por cierto que esta máquina es de las más viables que he visto a la hora de preparar esta entrada.



En fin, esto es todo. Ya tienen vuecedes unas maquinitas más para asombrar a propios y extraños y, ya puestos, para dedicarse a construir una a pequeña escala y chafarle el cochazo recién estrenado al cuñado más abominable de todos. Seguro que le resulta extremadamente enojoso y, con suerte, la palma para siempre del berrinche.

Hale, he dicho


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