jueves, 21 de enero de 2016

Dagas baselard


Günther, conde de Schwarzburg-
Blankenburg (+ 1349) en la
colegiata de S. Bartolomé, en
Franckurt am Main. En su costado
pende una daga con la empuñadura
tipo H
Aunque las dagas están asociadas de forma sistemática a la panoplia habitual de los caballeros medievales, no fue hasta aproximadamente el siglo XIII cuando estas empezaron a usarse hasta pasar a ser un complemento imprescindible del armamento de los belicosos milites de la época. Una de ellas fue la daga que actualmente se denomina como baselard debido a su origen, la ciudad suiza de Basilea (Basel en alemán). No se conoce con exactitud el momento en que surgió esta peculiar tipología pero, si bien hay constancia de ejemplares muy primitivos datados en la segunda mitad del siglo XIII, se puede decir que su difusión tuvo lugar a lo largo del siglo XIV. Estas dagas gozaron de una inmensa popularidad, aparte de en su país de origen, en Alemania e Italia, llegando incluso a Inglaterra aunque si alcanzar remotamente la gran expansión que tuvo en los dos primeros, donde perduró hasta finales del siglo XV. En la Península no llegó a propalarse o, al menos, no hay constancia de ello en las representaciones gráficas y/o artísticas de la época, siendo más frecuentes otras tipologías como las dagas de orejas, las testiculares o las de arandelas.

Heinrich Beyer von
Boppard (+ 1376)
Dentro de este tipo de daga tenemos dos morfologías bien diferenciadas en función de su empuñadura. Por un lado tenemos la que aparece en la imagen de la izquierda, que actualmente se las suele denominar como empuñadura en forma de I. Esta tipología fue de donde, posteriormente, surgieron las famosas dagas Holbein de las que ya se habló en su día. La que vemos en la foto corresponde a las versiones más tardías, surgidas hacia la mitad del siglo XIV y que, en este caso, va unida mediante una cadena desde la empuñadura al cuerpo de su dueño. Esta era una costumbre muy habitual en Alemania y la mitad norte de Italia en aquella época, lo que nos permitirá conocer el origen de cualquier representación artística aún sin saber quién era el personaje que aparece en la misma. No obstante, suele ser más frecuente en ejemplos procedentes de Alemania.

Estas dagas estaban provistas de una hojas de unos 25-30 cm. de largo con sección romboidal y vaciadas a dos mesas que, a veces, muestran un generoso vaceo en su primer tercio. Obviamente, esta morfología buscaba ante todo obtener con ello una rigidez adecuada para apuñalar antes que cortar, pudiendo así funcionar como un desmallador o penetrar por los resquicios de la armadura o las rendijas de los visores de los yelmos. De ese modo, sus robustas hojas podían finiquitar a los enemigos derrotados apuñalándolos con saña en la jeta, axilas o testículos para quitarles para siempre las ganas de ir a la guerra.




A la derecha podemos ver un ejemplar de la forma más primitiva, datado hacia la segunda mitad del siglo XIII y que refleja perfectamente las principales características de esta tipología. La hoja, muy aguzada, presenta en este caso un vaceo en su primer tercio, y la espiga, de sección rectangular, atravesará de lado a lado la empuñadura fabricada de una sola pieza. Dicha empuñadura se adapta a la anchura de la cruceta y la pletina levemente curvada que actúa como pomo, donde irá remachada la espiga. Es más que evidente su parecido con las dagas Holbein mencionadas anteriormente, así como su diseño especialmente concebido para facilitar un empuñe que permita empujar agarrándola como un pica-hielos. Al ser una empuñadura semi-envolvente, por muy fuerte que se apuñale no se escapará de la mano aún estando empapada en sudor y/o sangre salvo que se suelte el arma.



La evolución de esta tipología solo afectó a la empuñadura ya que las hojas permanecieron invariablemente con la misma forma, dimensiones y características de los modelos más primitivos. La que vemos a la izquierda es un ejemplar datado hacia el siglo XIV que presenta la morfología habitual de aquel momento: la cruceta se curva de forma acentuada hacia la hoja y, por otro lado, es más gruesa que las de sus hermanas mayores. Para facilitar el bloqueo de la empuñadura podemos observar que lleva dos muescas, una a cada lado, que en teoría impedirían que el bloque de madera, como consecuencia del uso cotidiano, girase al ir tomando holgura el orificio por donde pasa la espiga. En cuanto al pomo, su tamaño aumentó, así como la curvatura del mismo en dirección a la hoja. Las espigas iban remachadas y alisadas sin más o bien, más frecuentemente, se introducían por un ovalillo sobre el que eran remachadas, quedando como vemos en la foto con forma cónica.


Sin embargo, parece ser que era frecuente que las empuñaduras, debido al desgaste interior del orificio de la espiga que ya mencioné antes, acabaran girando sobre sí mismas ya que, por otro lado, las contracciones y dilataciones producidas por los cambios de temperatura y humedad irían haciendo su labor de desgaste sobre un material tan sensible a los mismos como es la madera. De ahí que se conserven ejemplares que, como se ve en la transparencia de la derecha, estuvieran provistos de dos pequeñas púas tanto en la cruceta como el pomo - o solo en una de las dos piezas-, de forma que al clavarlos en la madera la fijaran de forma definitiva a ambas piezas e impidiesen el giro de la empuñadura por mucho que el orificio se desgastase. Por cierto que las púas del pomo solían cincelarse por la parte que quedaba a la vista, formando de ese modo un trío de pequeños conos o esferas sobre esa pieza. En la figura de la izquierda vemos la secuencia de montaje de una daga con las piezas una vez terminadas, pudiendo observar en ella la morfología ovalada de la chapa que hacía las veces de pomo con su abertura para permitir el paso de la espiga. 


En lo tocante a sus dimensiones, a pesar de que la imagen que solemos tener de las dagas es de un arma de no más de unos 35 o 40 centímetros de largo en total, en este caso se fabricaron ejemplares asimilables en su tamaño a los de una espada corta, con hojas de 4o, 50 o más centímetros. A la izquierda tenemos dos ejemplos bastante gráficos. En primer lugar podemos ver un grabado de Durero donde aparecen tres soldados armados con enormes dagas. El de la izquierda en concreto lleva una baselard con una hoja que tendrá sus dos buenos palmos de longitud. La ilustración de la derecha muestra a un personaje armado con una de estas dagas que, por sus dimensiones y, sobre todo, por su posicionamiento en el costado izquierdo, podemos considerar como una espada corta en toda regla. Como conclusión a lo referente a esta tipología, a continuación podemos ver algunos ejemplos de la misma:



A: Efigie sepulcral de Heinrich von Waldeck (+ 1348) ubicada en la capilla de San Nicolás del monasterio de Marienthal, lugar donde reposan varios miembros de esa familia. Nuestro hombre presenta un espada corta que pende al lado izquierdo, y su indumentaria civil indicaría que este tipo de armas debía ser habitual cuando no se iba armado de punta en blanco.

B: Efigie sepulcral de Johann von Holzhausen (+ 1393), en la catedral de Frankfurt. En este caso, el personaje está armado con una daga y, como en el caso anterior, su indumentaria es civil ya que no pertenecía a la nobleza. De hecho, este sujeto se dedicó a la política, llegando a ser alcalde de Frankfurt. Puede pues que a más de uno le sorprenda el hecho de que un simple hidalgo civil aparezca con un arma que todos consideran como propia de caballeros, y la razón de ello no es otra que la gran popularidad que alcanzó este tipo de dagas, hasta el extremo de que eran usadas por personas de toda condición.

C: Efigie sepulcral de Albrecht von Hohenlohe (+ 1338), en el castillo de Neuenstein, Alemania. Su daga baselard pende casi en el centro del cuerpo en vez de en el costado, costumbre esta que gozó de cierta popularidad. Como ya vimos en otro ejemplo anterior, va unida al cuerpo mediante una cadena conforme a la moda militar germana de la época.

D: Grabado que representa la efigie sepulcral de un sujeto desconocido en la iglesia de Tilbrook, en Bedfordshire, Inglaterra. Este personaje, también vestido de civil, porta sobre su vientre una espada corta cuyas empuñadura y vaina están lujosamente decoradas. Esto indicaría que la moda de colgarlas en la parte frontal del cuerpo traspasó las fronteras alemanas, si bien debía ser enormemente incómodo a la hora de andar por razones obvias. 


Veamos a continuación las características de la otra tipología, cuyos principales rasgos podemos observar en la ilustración de la derecha. En primer lugar podemos ver que se trata de un arma enteriza, o sea, que la empuñadura y la hoja están forjadas en una sola pieza, lo que le da una robustez superior por razones obvias. La hoja, vaciada a dos mesas y de sección romboidal, es similar a la de sus hermanas vistas anteriormente pero más estrechas y aguzadas. En cuanto a los vaceos, este tipo suele carecer de ellos o bien llevar dentro una o dos nervaduras. Sin embargo, lo más característico de estas dagas es su empuñadura en forma de H, con una cruceta y un pomo de generosas dimensiones para favorecer el agarre a la hora de apuñalar. Al igual que la tipología estudiada antes, estaba concebida para buscar las rendijas donde poder clavarse en el cuerpo de los enemigos si bien no tenían la capacidad de penetración de las hojas de sección triangular de las dagas de arandelas, que sí podían atravesar una armadura de placas llegado el caso.


Al golpear con el puntero, el remache se abre,
quedando bloqueado y con un pequeño
orificio en el centro
A la izquierda tenemos una empuñadura típica con un pomo cuasi desproporcionado. Como se puede ver, las guarniciones están formadas por tres piezas: cruceta, cachas y pomo, todos fabricados en dos mitades y fijadas en la empuñadura mediante un elevado número de remaches pasantes de hierro o bronce que podían ser acabados de diferentes formas: limados y pulidos, ahuecados con un puntero como vemos en la figura de la izquierda o bien con algún tipo de decoración grabada mediante un cuño, generalmente en forma de estrellas. En este caso, las piezas con conforman la empuñadura han sido representadas de madera si bien también se solían fabricar de asta o hueso, materiales estos que por su incorruptibilidad han podido llegar en algunos casos a nuestros días.




Otra característica de esta versión la tenemos a la derecha. Como se puede observar, la empuñadura ha sido ahuecada aprovechando el vaceo de la hoja, por lo que se aligera el peso del arma. Con la misma finalidad se ha vaciado el pomo ya que, debido a su tamaño, si fuese macizo desplazaría demasiado hacia atrás el centro de gravedad. Pero para fabricarlo de ese modo no hizo falta recurrir a otra pieza soldada, sino simplemente bastó con perforarlo con un cortafríos cuando estaba al rojo vivo y rebajarlo de grosor hasta que quedó esa delgada lámina. En este caso, los remaches pasaban a través del hueco de la misma.


En lo referente a las longitudes de sus hojas, la tendencia era la misma que en el caso de sus hermanas: las había de todos los tamaños, desde piezas pequeñas de unos 25 centímetros a espadas cortas como la que vemos a la izquierda al costado de un sayón, provista de una hoja de gran tamaño. Otra peculiaridad de esta tipología también la podemos ver en la figura de la izquierda, y se trata en este caso de que, además de fabricarse con la habitual sección romboidal y doble filo, también se elaboraban ejemplares de un solo filo como el que presentamos. La hoja, vaciada a una sola mesa, tiene una fina acanaladura en el primer tercio, en la parte superior, casi pegada al lomo de la misma. Esta terminación, aunque bastante menos frecuente, podría tener su clientela en hombres que querían un cuchillo para cualquier uso ya que ese tipo de hoja se presta más a ello, si bien eso es una mera conjetura mía basada en que, como ya comentamos anteriormente, estas dagas eran usadas por hombres de todos los estamentos sociales que se pudieran pagar una.



La elaboración de las vainas, tanto de este tipo como del anterior, era similar al de otras dagas de la época. Por regla general se recurría a dos valvas de madera que, una vez ahuecadas, se pegaban con cola o cualquier otro tipo de pegamento a base de resina. Una vez igualadas ambas piezas se forraban de cuero- podía estar teñido de cualquier color- cosiéndolo por el reverso según podemos ver en el detalle superior izquierdo. A continuación se le añadía una abrazadera también de cuero provista de una presilla, pieza esta que era anudada por la parte anterior con un cordel o una fina tira de cuero según se aprecia en las dos figuras siguientes. Por último, si el dueño se lo podía costear, se colocaban guarniciones de bronce o acero más o menos decoradas en función de su poder adquisitivo. En este caso hemos ilustrado la vaina con una contera de hierro rematada con una bola.


No obstante, como es lógico, los acabados podían ser de diversos tipos. A la izquierda podemos ver los tres más característicos, recreados en base a ilustraciones de la época. En primer lugar tenemos el tipo más básico, que consta de unas tiras de cuero que abrazan la vaina quedando anudadas por el reverso. Lleva dos prendedores en forma de lazadas fabricadas con cuerda o tiras de cuero para colgarla del cinturón, si bien también se pueden ver vainas de este tipo con un solo prendedor. En el centro vemos un ejemplar básicamente igual al del párrafo anterior y rematado con una contera, en este caso de bronce. Por último, tenemos la tipología más lujosa, formada por un brocal, una abrazadera central y la contera que, en muchos casos, estaban unidas mediante finas barretas tal como aparece en la figura de la derecha. Como añadido, las soldaduras entre las barretas y las guarniciones podían quedar ocultas con pequeños apliques en forma de piña, concha, etc.


A la derecha podemos ver otra forma de portar estas armas que, por cierto, es bastante habitual de ver en las representaciones artísticas de la época y que es válida para las dos tipologías. Aunque es más propio de la indumentaria civil, hay algunos casos en los que se ven en hombres armados. En primer lugar aparece una daga que pende sujeta tras la faltriquera, mientras que en el otro lado vemos un ejemplar que reposa introducida en uno de los ojales de la misma faltriquera de antes. Este último método permitiría un rápido desenfunde en caso de necesidad adoptando un empuñe de pica-hielos muy útil de cara a una reyerta: desenvainar y, tras alzar la mano, descargar la puñalada en plena jeta, el pescuezo o el espacio comprendido entre éste y el hombro, aliñando al enemigo en un periquete.

Para acabar con esta enjundiosa entrada de hoy, veamos algunos ejemplos de dagas con empuñadura de H:



A: Efigie sepulcral de Gherarduccio de Gherardini (+ 1331), ubicada en la iglesia de Sant'Appiano, en Barberino Val d'Elsa, Toscana. Este noble presenta una daga de enormes dimensiones, con una hoja de al menos 50 cm. de largo. Se aprecia en su indumentaria cierta influencia procedente del imperio alemán ya que la espada está unida a la armadura mediante una cadena. Sin embargo, la daga pende de un cinturón.

B: Representación de un conde palatino correspondiente al Kurfürstenzyklus de Maguncia y que se encuentra en el Mainz Landermuseum. Este personaje va armado con una daga convencional según la moda germana. La vaina está desprovista de adornos.

C: Efigie sepulcral de un miembro de la familia Obizi muerto hacia 1360, en la iglesia de San Francisco de Pescia, en la Toscana. Este sujeto muestra una daga con empuñadura de H con un enorme pomo. La vaina está provista de una contera rematada con una pequeña bola.


D: Efigie sepulcral de Theoderich von Lichtenhayn (+ 1366) Predigerkirche (Iglesia de los Pastores) de Erfurt, Turingia. Este personaje, aparte de aparecer en una curiosa pose postrado de rodillas, lleva su daga junto a la faltriquera tal como vimos en el párrafo anterior a pesar de ir armado.

En fin, ya me he enrollado bastante por hoy. En todo caso, imagino que con todo lo explicado quedarán vuecedes bien enterados de todo lo referente a esta tipología de dagas. Supongo que no olvido nada, así que es hora de reponer fuerzas. Como cierre, ahí dejo tres imágenes más por si a alguno le han sabido a poco las mostradas a lo largo de la entrada.

Hale he dicho

De izquierda a derecha
Personificación de la Prudencia, fol. 21v. del Carmina Regina (c.1335) Royal Ms. 6 E. IX
Fragmento de los frescos de la iglesia de Sant'Abbondio en Como, Italia, que representa la matanza de inocentes.
Fragmento del Triunfo de la Muerte, de Andrea Orcagna. Fresco de la iglesia de la Sta. Cruz, en Florencia