martes, 10 de mayo de 2016

Las granadas de cepillo y otros inventos


Montaje fotográfico realizado con una figura de modelismo que representa
a un poilu lanzando un petardo.
La lectura de esta memez en el ABC de hoy me ha hecho recordar que, hace ya más de un año, se habló de la jam tin, las latas de conservas hábilmente recicladas en bombas de mano. ¿Han leído ya la chorrada del periódico? Es como decir que las balas de fusil no matan, sino que solo te hieren si no te aciertan en órganos vitales. Nos ha jodido el "experto" de turno. Tampoco los proyectiles de artillería matan salvo que la onda expansiva te aplaste como si uno fuera un pollito en manos de un crío, o si la metralla no te arranca medio cuerpo. Bueno, la cuestión es que en la entrada aquella sobre las latas asesinas ya se detalló que el motivo de la aparición de granadas de mano artesanales entre gabachos y british durante la Gran Guerra fue debido a la inicial escasez de este tipo de armas, de la que se fabricaban unos miles a la semana cuando los requerimientos del frente eran de decenas de miles en el mismo lapso de tiempo. 

Bien, pues la cosa es que no solo se intentó subsanar la desesperante carencia de granadas de mano con las latas en cuestión, sino también con unos curiosos artilugios denominados como "hairbrush grenade" o también "racket grenade", que traducido al cristiano significaría granadas de cepillo o de raqueta. El motivo de tan peculiares denominaciones no era otro que la morfología de estas armas, muy similares al mango de un cepillo para el pelo o una pequeña raqueta o, más bien, una paleta de frontón. Los gabachos optaron por una denominación más pomposa, propia de la grandeur que ellos siempre se han auto-adjudicado: la Bomba del 3er. Ejército. En realidad no era más que un palo con un tubo de hierro relleno de explosivo unido al mismo mediante un alambre, pero bueno, les concederemos el beneficio de la duda y daremos por sentado que semejante nombre se creó en plan jocoso o un tanto irónico. De hecho, entre las tropas era en realidad denominado como petard, o sea, petardo. La ilustración de la izquierda nos muestra un fragmento de un fascículo de la Larousse de septiembre de 1915 en donde aparece un poilu lanzando uno de estos petardos, el cual se ve en el detalle. Obsérvese la mecha que sostiene con la mano izquierda.

La granada superior es un petardo francés armado con varillas
de acero al que solo le falta añadir la carga explosiva. Estas
varillas actuaban como metralla. La inferior es otro petardo,
pero a lo bestia. La carga era de 1 kg. de chedita
La fabricación de estas granadas solía llevarse a cabo por las unidades de ingenieros de cada ejército, en pleno frente de batalla y con los medios de que disponían. En realidad, los elementos necesarios eran bien pocos: explosivos, mechas, detonadores y la madera para fabricar los mangos, la cual podían obtenerla de las cajas de municiones que llegaban por miles y miles al frente. Pero, claro está, la calidad de estas armas estaba muy lejos de alcanzar los estándares de seguridad mínimos para el que las utilizaba, de forma que se producían gran cantidad de accidentes debido a las causas más variopintas: la mecha se soltaba al lanzarla, era demasiado corta y explotaba demasiado cerca del que la había arrojado, era demasiado larga y le daba tiempo al germano de turno a devolverla a su dueño o, simplemente, no explotaban. En definitiva, la cosa llegó a tales extremos que en diciembre de 1915 se prohibió terminantemente el empleo de granadas de mano artesanales en el ejército británico (Dios maldiga a Nelson), y la llegada de las granadas Mills y F1 lograron igualar la balanza. 

No obstante, tanto la granada de cepillo británica como la Bomba del 3er. Ejército francesa habían pasado a ser fabricadas de forma industrial bajo las denominaciones de Nº 12 en el caso inglés y F2 Mod. 1915 respectivamente, y la vida operativa de ambas fue ciertamente larga considerando sus artesanales orígenes ya que la granada Nº 12 fue declarada obsoleta nada menos que en julio de 1920, mientras que la F2 siguió dando guerra hasta 1917. Bueno, dicho esto vamos al grano.

Gráfico que muestra una granada de cepillo que, al carecer
de envuelta prefragmentada, lleva esquirlas
metálicas rodeando la carga explosiva
Las primeras granadas de cepillo británicas eran, como ya se ha dicho, fabricadas por las unidades de ingenieros del frente recurriendo a lo que tenían a mano. Básicamente, el invento se limitaba a introducir una determinada cantidad de explosivo en una lata plana, como las usadas para tabaco o para conservas de pescado, y se unían al mango mediante alambres. Para iniciarlas practicaban un orificio en la caja para introducir por el mismo una simple mecha, por lo general de entre 5 y 8 segundos. Por seguridad, las mechas no se colocaban hasta que llegaba el momento de usar las granadas, y al ser mechas de demolición corrientes y molientes había que encenderlas con el cigarro, la pipa u otra mecha, lo que suponía dos graves inconvenientes a los sufridos infantes: uno, que si se usaban de noche delataban su posición y eran rápidamente escabechados por los francotiradores enemigos, que parecían que jamás dormían. Y dos, que si llovía, lo que era frecuente en el Frente Occidental, ya podemos imaginar las consecuencias. 

De ahí que se optara por instalar algo más fiable, como la espoleta Nobel que vemos en la ilustración de la derecha. Esta espoleta se introducía en un multiplicador que iniciaría la carga explosiva. El funcionamiento de este chisme era bastante simple y, de hecho, era utilizado en otros tipos de granadas, así como en cargas de demolición. Constaba de un tubo de latón que contenía un percutor rodeado de un muelle helicoidal comprimido y asegurado por el pasador que vemos en la figura superior. El extremo del percutor permanecía fuera del tubo y, como medida de seguridad añadida, estaba doblado para impedir que una extracción accidental del pasador iniciara la mecha. Esta mecha, que estaba en otro tubo pero de inferior diámetro, se encendía cuando el percutor golpeaba un fulminante tras ser extraído en primer lugar el pasador y, a continuación, enderezado el vástago exterior del percutor, lo que liberaba el muelle, haciéndolo salir disparado hacia adelante. Cuando el fulminante detonaba era el momento de lanzar ya que, transcurridos 7 segundos, la mecha alcanzaba el multiplicador y la granada explotaba.

Antes de su producción industrial también se ensayaron algunas combinaciones con granadas existentes, como la que vemos a la izquierda. En este caso se trata de una granada Battye, la cual podemos ver a la derecha de la ilustración. La Battey, al parecer ideada por un capitán de Ingenieros del mismo nombre, era de una simplicidad espartana: un tubo de hierro prefragmentado en 24 partes que contenía una carga de 40 gramos de amonal. El conjunto era cerrado mediante un tapón de madera y, posteriormente, sellado con parafina. En el centro asoma la mecha que iniciaba la carga, una Brickford inventada a principios del siglo XIX para la industria minera. No obstante, también se usaban las espoletas Nobel si bien en este caso, como ya se comentó anteriormente, no se unían a la granada hasta el momento de usarlas.

Finalmente se comenzó la fabricación a nivel industrial de este tipo de granadas bajo la denominación de "Square box grenade" , o sea, granada de caja cuadrada, y también como "Box pattern grenade", granada modelo de caja. A nivel oficial era simplemente la granada de mano Nº 12. La empresa que las fabricó fue la Roburite & Ammonal Ltd., ubicada en la pequeña población de Shevington y que, desde 1913, estaba dedicada a la producción de amonal, trinitrotolueno y nitrato de amonio. Debieron hacerse de oro, porque la guerra les hizo fabricar toneladas de porquerías de esas. Bueno, la granada en cuestión podemos verla en la imagen superior. Estaba formada por una chapa de hierro prefragmentado de 6,3 mm. de espesor envuelta en una caja de estaño. Todo el conjunto se fijaba al mango con dos abrazaderas de hierro atornilladas por su parte inferior. A continuación, atornillada a un pequeño taco de madera, se encontraba la espoleta Nobel, cuyo extremo era introducido y sellado con parafina en el interior de la caja donde ya estaba el multiplicador, un Nº 8 Mk. VII a base de fulminato de mercurio, más la carga de amonal, un alto explosivo compuesto de trinitrotolueno, ácido pícrico, nitrato de amonio, carbón y polvo de aluminio como potenciador de la mezcla. 

En cuanto a los petardos franceses, estaban básicamente elaborados de forma similar si bien en este caso el mango tenía menos semejanza con un cepillo de pelo y más con un puñetero palo. Como se puede ver a la izquierda, la granada constaba de un cilindro hueco de unos 3 cm. de diámetro interior y 12,5 de largo que podía ser liso o bien prefragmentado. La carga era potente, 100 gramos de chedita o melinita, ambos altos explosivos de creación francesa. La carga era iniciada mediante una simple mecha conectada a un multiplicador que, para asegurarla, iba introducida en el taco de madera que se ve en el extremo del mango. En la parte inferior de la imagen tenemos un gráfico del interior del mismo para ver su funcionamiento, simple como las entendederas de un senator hispaniensis. En el orificio se introducía la mecha, de 5 segundos de duración, la cual era prendida por dos fulminantes de cartucho de caza que eran a su vez detonados por el clavo cuya cabeza asoma por el extremo. Por lo tanto, era necesario dar un golpe seco a dicho clavo para iniciar la mecha. Las granadas de producción industrial eran enteramente selladas con parafina para aislarlas de la humedad, y solían tener un gancho de fijación de alambre para el cinturón, tal como vemos en el ejemplar inferior. No obstante, también se fabricaban con una muesca en el extremo del mango para poder llevarlas colgadas de una cuerda.

Bien, está de más decir que estas granadas podían matar si te alcanzaban algún órgano vital (tócate el níspero, como decía el eximio Jaime Campmany), y más si tenemos en cuenta que eran granadas defensivas, o sea, granadas con una elevada carga explosiva y una envoltura capaz de producir metralla que solo debían utilizarse cuando el lanzador podía permanecer a cubierto durante la explosión ya que, de lo contrario, podría ser víctima de la misma. Eso sí, siempre y cuando le alcanzara órganos vitales. De hecho, este tipo de artefactos, a pesar de su apariencia bastante cutre, tenían un radio eficaz de unos 100 metros. Y como conclusión, no quiero dejar de comentar que los alemanes, a pesar de estar en gran ventaja en lo tocante a este tipo de armas respecto a sus enemigos, también llegaron a copiar los ejemplares británicos que cayeron en sus manos. En la foto de la derecha podemos ver a un probo ciudadano germánico prendiendo la mecha del paquete explosivo con una simple colilla. Su camarada, por el contrario, se dispone a lanzar una granada de mango reglamentaria. Y aunque la foto es evidentemente una pose, la granada de cepillo es más real que la estulticia de los políticos, así que queda pues constancia de que las usaron, si bien en menor grado que los british y los gabachos.

En fin, esto es lo que hay. Hora de merendar.

Hale, he dicho