domingo, 1 de enero de 2017

Curiosidades: O.P. trees, los árboles camuflados de árboles


No, no se trata de un árbol ahuecado. Es un árbol totalmente falso al que solo lo delata la base abierta y el encofrado
que lo mantiene erguido. Este árbol fue empleado por los anzacs australianos durante la batalla de Mesines, en 1917

Claro que se puede camuflar un árbol. ¿Que cómo? Pues haciendo que parezca un árbol, naturalmente. O sea, cogiendo un árbol de mentirijillas y plantándolo para que parezca que es de verdad, no como esos tiestos de plantas de plástico que te ponen en las oficinas y que son más falsos que un cuñado ofreciéndote un Montecristo de buena fe. Pero antes de entrar en materia quizás convenga ponerles en antecedentes acerca del origen del camuflaje.

Locomotora británica con una cubierta de camuflaje durante la Guerra
Anglo-Boer. La ilustración data de enero de 1900
El término camuflaje proviene del gabacho camouflage, que a su vez lo tomó allá por el siglo XIX del italiano camuffare, que viene a significar disfrazarse u ocultar. Eso de disfrazarse u ocultarse en los campos de batalla es un invento que no tiene más de 120 años aproximadamente ya que, anteriormente, los milites procuraban hacer precisamente todo lo contrario: lucir uniformes de vivos colores para aparentar que eran más numerosos y más chulos. Sin embargo, tras la Guerra de Secesión fue quedando cada vez más claro que las nuevas armas de repetición y la artillería de retrocarga hacían más aconsejable pasar lo más desapercibido posible y, de hecho, se realizaron estudios en los que se pudo constatar que las unidades provistas de uniformes vistosos sufrían más bajas que las que usaban colores más apagados, como el verde o el gris. Ciertamente, se tomaron en serio este tema porque, cuando estalló la Gran Guerra, todos los ejércitos implicados usaban uniformes de colores que se confundían con el terreno excepto los memos de los gabachos, que aún seguían con sus pantalones rojos a pesar de las serias advertencias de algunos que eran menos memos que los mandamases que se veían acometidos por severos ataques de ansiedad ante la sola idea de usar pantalones de un color menos llamativo. Lógicamente, las circunstancias acabaron imponiendo el empleo de un uniforme color "azul horizonte" que, bien embadurnados de barro, sangre y restos de vísceras de los camaradas, daban menos cante.

Aparato de observación provisto de cámara. Las fotos
resultantes delataban hasta la presencia de un lagarto canijo
Pero la Gran Guerra trajo además la observación aérea. Los aeroplanos de aquella época fueron equipados con unas cámaras cojonudas que fotografiaban el terreno con gran precisión y que, una vez revelados los negativos, las imágenes eran escrupulosamente analizadas por equipos de gente adiestrada en la materia y capacitados para distinguir en el puñetero suelo si había algo raro solo por la textura de la imagen o las sombras que proyectaba. Y, para colmo, en una guerra estática en la que solo cambiar de sitio el cráneo de un cuñado caído en tierra de nadie ya implicaba un bombardeo preventivo de 7 horas por si acaso, pues lo mejor era aparentar que no se movía de su sitio ni la pelota de un escarabajo. Así pues, se hizo imperiosamente necesario urdir sinuosos y taimados métodos para impedir que los observadores enemigos, provistos de binoculares con una óptica de calidad, fueran capaces de detectar cualquier movimiento extraño en las líneas contrarias, y más aún para zafarse de la amenaza latente pero constante de los francotiradores. 

Francotirador con uniforme de camuflaje
junto a un O.P. tree
Estos detestados ciudadanos, que parecía que jamás dormían, ni comían o que ni siquiera iban a echar una meada, no paraban de atisbar con sus visores telescópicos, siempre dispuestos a meterle una bala en el cráneo al pardillo de turno que estaba en Babia y asomaba la cabeza más de la cuenta por encima del parapeto. ¿Recuerdan esta escena?


En los parapetos hay algunos tiradores. Tienen fusiles equipados con catalejos y examinan el sector enemigo. De vez en cuando, suena un disparo.

Ahora oímos sus exclamaciones:
-¡Tocado!
-¿Has visto el brinco que ha pegado?
El sargento Oellrich se da la vuelta y se apunta, orgullosamente, un impacto. Hoy está en cabeza del campamento de tiro con tres disparos que, de forma indudable, han hecho blanco.


Daba igual que el sol brillase en el firmamento, que el furriel no se hubiese retrasado en la entrega del rancho o que hubiese llegado carta de la novia. La cosa es que los francotiradores podían poner término a la existencia de cualquier desgraciado en un periquete, así que lo más sensato era poner todos los medios posibles para impedirlo. Pero, obviamente, la acción daba lugar a la reacción, que en este caso consistió en crear artificios que, debidamente aprovechados, lograban literalmente fundir a estos siniestros tiradores con el entorno, permitiéndoles actuar casi con total impunidad sin que nadie fuese capaz de detectar su presencia.

Cabezas de cartón piedra colocadas en un parapeto. Eran
especialmente útiles para que los francotiradores delatasen
su posición
En fin, así estaba el patio y, a la vista de semejante panorama, los mandamases no tardaron mucho en ponerse las pilas y estudiar a fondo cómo y de qué forma podían pasar lo más inadvertidos posible ya que, desde el primer momento, serios y enjundiosos estudios sobre la materia afirmaban categóricamente que la única forma de evitar ser localizado por el enemigo era volverse invisible, con lo que las probabilidades de que una bala enemiga les acertase en plena jeta eran las mismas que las de encontrarse con un cuñado un sábado a la hora del aperitivo y que lo convidase a langostinos de Sanlúcar regados con una botella de "La Guita" helaíta der tó, o sea, una entre seis trillones. Pero como de momento la tecnología disponible no hacía posible la invisibilidad salvo que uno se encontrase la capa de Sigfrido, pues había que recurrir a algo menos sofisticado.

Gabacho encaramado en una plataforma de
observación. Aunque en aparincia la fronda le
proteja, la realidad es que está más vendido que un
náufrago rodeado de tiburones con hambre atrasada
Bien, esas fueron las causas de la creación de una auténtica escuela del camuflaje liderada inicialmente por los gabachos (Dios maldiga al enano corso), si bien de esto ya hablaremos en otra ocasión. Hoy toca hacerlo de los árboles falsos ideados por Lucien-Victor Guirand de Scévola, un pintor francés que podríamos decir fue el padre del camuflaje moderno. La cosa es que los observadores caían como moscas debido precisamente a que, obligados por su necesidad de observar todo lo observable en las líneas enemigas, tenían que situarse en posiciones elevadas que los ponían a la vista de todo el mundo. Inicialmente, si era posible, se subían en plataformas construidas en los árboles e intentaban disimular su presencia a base de ramas y cosas así. Pero los prismáticos y los visores de los francotiradores eran implacables, y los baleaban bonitamente para que no observasen más, que eso de ser un mirón estaba muy mal visto. Ojo, que la cosa no era para tomarla a broma porque, llegado el caso, si se detectaba la presencia de un observador no se dudaba en dispararle una andanada de bombas de mortero para convertirlo en carne picada.

Árbol procedente del taller de Amiens. Si no fuera por el
cabezón del gabacho que asoma, nadie imaginaría que es
más falso que un billete de 3 euros
Así pues, este Guirand, que estaba al mando de la Section de Camouflage del ejército francés ubicada en Amiens, tuvo una idea genial, un subterfugio que sería casi imposible de detectar por el enemigo: construir un árbol falso con el interior hueco, de forma que el observador pudiera permanecer a salvo de las asechanzas del enemigo. Básicamente, el árbol falso estaba formado por un tubo de hierro que a continuación se recubría con una corteza que podría estar fabricada de metal, de lona pintada o incluso ser natural, y debidamente fijadas a la estructura principal. Ahora, alguno pensará que eso era una chorrada, y que todos sospecharían de un árbol que ayer no estaba allí. Precisamente por eso, el equipo de Guirand se desplazaba al sector del frente donde era preciso colocar un puesto de observación y, entre todos los troncos machacados por la metralla, elegían uno que se prestase tanto por su posición como por sus dimensiones para esa finalidad. Una vez elegido el que consideraban más adecuado tomaban medidas del mismo, hacían fotos y bocetos y se largaban a toda prisa a su taller de Amiens a fabricar una réplica exacta del mismo.

O.P. tree terminado en el taller británico
de Wimereux
Una vez terminado, volvían al lugar y, aprovechando la noche, preparaban el intercambio arrancando las raíces del árbol verdadero y dejándolo todo a punto para, a la noche siguiente, volver y terminar de eliminarlo y, a continuación, sustituirlo por el falso. Finalmente se tendía una línea telefónica desde el pseudo-árbol a la posición más cercana ya que de poco sirve saber lo que hace el enemigo si uno no puede contarlo. Así pues, de ese modo, cuando amanecía nada había cambiado en el panorama visual de la zona. El primer árbol fue "plantado" en mayo de 1915, a unos 40 km. al este de Amiens, en el sector de Lihors. El tubo que daba forma al supuesto árbol era más bien angosto y apenas dejaba sitio a su ocupante pero, al menos, salvo que le acertara de lleno un proyectil de artillería, estaría seguro ya que el blindaje resistía los disparos de armas ligeras. La corteza estaba fabricada con chapa tomando la forma y las rugosidades propias de la misma, siendo solo posible distinguir el engaño si se lograban visualizar los tornillos que sujetaban los fragmentos de chapa, los cuales se solapaban unos con otros. Está de más decir que los british (Dios maldiga a Nelson) tardaron en copiarles la idea el mismo tiempo que dura el apareamiento de una mosca con un moscón. 

Maqueta del árbol de Solomon que se expone
en el War Museum londinense
El encargado de llevar a cabo la réplica del árbol de Guirand de Scévola fue Solomon Joseph Solomon, un prestigioso pintor y renombrado retratista miembro de la Royal Academy que por aquellos tiempos contaba ya con 54 años. Solomon había sido convocado por el Cuartel General británico en Francia y fue nombrado teniente coronel para dirigir el equipo de artistas encargados de emular la unidad del pintor gabacho que tanto éxito estaba teniendo. El encargo le llegó del mariscal Haig en persona, el cual le ordenó expresamente diseñar un O.P. (observation post), que era el nombre que recibieron estos árboles falsos por parte de los british. Solomon se puso en marcha rápidamente acompañado de Leon Underwood, un joven escultor modernista que colaboró activamente en la tarea, y se personó en el Cuartel General del II Ejército, cerca del canal del Yser, para desarrollar el proyecto y dar forma al que sería el primer observatorio camuflado del ejército británico. Solomon tomó como referencias los abundantes álamos, sauces y abedules de la zona, tomando abundantes notas y dibujando bocetos de los mismos, eligiendo finalmente un sauce por considerar que era en más factible para confeccionar una réplica aprovechando que, por el nivel de destrozo del tronco, cualquiera daría por imposible la opción de ocultarse encima o detrás el mismo, por lo que nadie repararía en él.

Planos detallados de un O.P. tree, por si alguno quiere fabricarse un ejemplar y ponerlo en el jardín para prevenir
ataques por sorpresa de cuñados y familia política los domingos, festivos y fiestas de guardar

Base y asiento de un árbol de observación alemán. Las cosas
como son: se nota la impronta tedesca en la manufactura
del dichoso árbol
Con los datos necesarios volvió a Inglaterra, donde supervisó la construcción del O.P., el cual estaba formado por secciones de tubo de hierro ovaladas de 46x56 cm. que, tras ser unidas mediante tornillos, formarían una columna hueca provista de peldaños para alcanzar el mínimo asiento que se encontraba en lo más alto. A continuación, el tubo sería recubiert0 de corteza natural procedente de un sauce seco que fue localizado en el Gran Parque del castillo de Windsor, residencia vacacional de los monarcas, por lo que hubo que pedir permiso al rey Jorge V para talarlo. Obviamente, el rey accedió, faltaría más. Así, de paso, le quitaban de en medio aquella momia lignaria de forma gratuita. Una vez terminado el árbol solo había que montar las secciones, forrarlas con la corteza y fijar el conjunto a una base previamente asegurada en el suelo y recubierta de sacos terreros. El invento pesó unos 355 kilos, y para su traslado y colocación fue necesario un equipo de doce hombres. La sustitución del viejo sauce muerto por su réplica tuvo lugar la noche del 11 de marzo de 1916.

Boceto realizado de memoria por el mismo Solomon
en el que representa la instalación del primer O.P. tree
la noche del 11 de marzo de 1916
La operación fue todo un éxito y los british llevaron a cabo gran cantidad de "trasplantes", especialmente en la zona situada al norte de la carretera de Béthune a La Bassée ya que era un terreno llano en el que cualquier elevación disponible, por escasa que fuese, proporcionaba un excelente campo visual. De hecho, ya en el invierno de 1915 los british habían decidido crear un Servicio de Camuflaje Británico tras la visita de un grupo de oficiales al taller de Guirand en Amiens. Así pues, convocaron voluntarios con experiencia en oficios que se prestasen a construir decorados, como tramoyistas, carpinteros y escultores diestros en el trabajo con cartón piedra. Una vez formado el equipo de artesanos y expertos en la materia los enviaron a un pequeño taller en Amiens, cerca del de sus aliados, para posteriormente ser ubicados de forma definitiva en uno de mayor tamaño en Wimereux, cerca del puerto de Boulogne. De ese modo, el 22 de marzo de 1916 los british establecieron el Special Works Park (Parque de Talleres Especiales) , ambigua denominación para "camuflar la unidad de camuflaje" organizada bajo el mando del teniente coronel ingeniero Francis Wyatt y con el también teniente coronel Solomon como asesor técnico.

Bocetos extraído del cuaderno de campo de Leon Underwood en el que se detalla la posición de diversos árboles, el entorno, medidas, su aspecto general y, en definitiva, cualquier dato que ayudase a realizar una copia lo más fiel posible

Reseña del número de diciembre de 1917
de la revista Popular Mechanics en la que
se muestra el montaje de un O.P. tree
Un ejemplo de la extrema habilidad que desarrollaron los british en el tema de los árboles falsos es que llegaron a plantar 45 observatorios de los que solo 6 fueron alcanzados por la artillería enemiga, e incluso llegaron a plantar y mantener un árbol falso a 45 metros(¡!) de las líneas alemanas sin que se dieran cuenta de ello. Solomon diseñó un árbol más antes de dedicarse a otras cuestiones, en este caso un supuesto roble de más de 13,5 metros de altura instalado al sur de Yores. 

Pero, ojo, que nadie piense que los tedescos se quedaron atrás en esta materia porque ellos también desarrollaron sus propios arbolitos de tramoya. Baumbeobachter los llamaban ellos, o sea, árboles observatorios, y tanto les valían para meter dentro un observador de artillería como un francotirador que era capaz de pasar el día entero metido en aquellos puñeteros tubos con tal de obtener buenas presas. En este caso, por los ejemplares fotografiados por tropas australianas, estaban construidos del mismo modo que los de Solomon, así como a base de una estructura cubierta de lienzo pintado y con forraje añadido para darle más autenticidad a la cosa. Por el ejemplar que se conserva en el War Memorial (véase foto inferior) se ha podido saber que los alemanes iban más allá en el refinamiento a la hora de crear sus árboles falsos. Por ejemplo, el asiento estaba forrado de madera para hacer menos incómodas las horas que los observadores debían pasar en su interior, y para impedir que una bala perdida o un fragmento de metralla los dejase en el sitio, en vez de efectuar una visión directa sobre el terreno lo hacían a través de un periscopio, estando las mirillas situadas por encima de la cabeza del observador. Así mismo, dichas mirillas podían cerrarse para impedir la entrada de metralla si, de forma repentina, el enemigo iniciaba un bombardeo que pudiera afectarle. En cuanto a la corteza, era metálica, pero a las arrugas propias de la misma le habían añadido una especie de mortero que, entre otras cosas, contenía restos de conchas de moluscos, lo que le daba una textura sorprendentemente similar a la de una corteza real.

Dos baumbeobachter alemanes tomados por los australianos. A la derecha vemos un ejemplar que se conserva en el
Australian War Memorial de Camberra. Pasarse varias horas o todo el día metido en ese tubo no debía ser apto
para claustrofóbicos

En fin, estos eran los árboles camuflados que, ciertamente, dieron bastante juego a lo largo del conflicto y demostraron que sus creadores eran unos auténticos artistas del engaño, capaces de hacer ver lo que no era real a los sagaces observadores enemigos que solo con notar la ausencia de una hormiga en la tierra de nadie hacían saltar las alarmas. Así pues, como colijo que este tema es asaz interesante, en sucesivas entradas iremos dando cuenta de los increíbles subterfugios que ambos bandos urdieron para volverse más invisibles que un político acusado de malversación, prevaricación y cohecho a la salida del juzgado.

Bueno, comienza el 2017. TEMPVS FVGIT, carajo.

Hale, he dicho

"Erigiendo un árbol de camuflaje" (1919) obra de Leon Underwood, uno de los coautores de los O.P. trees británicos


23 comentarios:

Jesus dijo...

En el Imperial War Museum de Londres hay uno de esos y hay que reconocer que dan el pego incluso muy cerca.

Amo del castillo dijo...

Así es, Sr. Jesús, y por lo visto solo hay otro ejemplar más en el mundo. Hay alguna foto de ese árbol en la red, y si no me equivoco tiene la corteza hecha de chapa.

Un saludo

Antonio dijo...

Por si interesaran imágenes de viejas películas en las que aparecen muchas de las cosas de las que se habla sobre la Gran Guerra, coloco este enlace:

http://www.criticalpast.com/

Se puede buscar por años o bien por palabras clave, en inglés claro.

Sr. del Castillo, sólo como sugerencia, quizá podría colocar en sus espléndidos artículos palabras clave (etiquetas) en inglés. Lo digo para que los buscadores de internet hagan honor a este bélico lugar y sea más conocido, como se merece. No pienso pedirle que haga traducción de sus artículos al inglés, sería excesivo, pero estoy seguro que de haberla este sitio arrasaría por su gran calidad.

Otro consejo, que oso permitirme con su venia, es que los aficionados a usar la santa Wiki, no se fíen de la versión en español, a veces con errores gordos, que usen l versión inglesa que suele ser más completa. De los traductores automático, no digo nada porque todos los conocen pero se nota que no están muy pulidos y sacan textos que parecen dictados por los indios arapahoe.

Amo del castillo dijo...

Muy interesante el enlace, Sr. Antonio, es para pasarse horas bicheando películas de esa época.

En lo referente a lo de las etiquetas en inglés, una vez lo pensé pero, finalmente, decidí que no y por una razón bien simple: cuando los que escriben en inglés pongan etiquetas en español (cosa que no hacen), yo haré lo propio. Al cabo, nuestro idioma es el segundo más hablado del planeta, así que el que quiera ilustrarse que aprenda spanish de la misma forma que nosotros tenemos que aprender english porque, desgraciadamente, en España la bibliografía sobre temas militares o de armamento de cualquier época es inferior incluso a la de manuales acerca de la cría en cautividad de la OTALA PUNCTATA, vulgo cabrillas, que están de muerte con tomate, mucho pan para migar y birras gélidas.

Por otro lado, curiosamente, el país de donde recibo más visitas tras España son los Estados Unidos, mientras que Alemania, Reino Unido (Dios maldiga a Nelson) y Francia (Dios maldiga al enano corso) están en 7ª, 8ª y 9ª posición respectivamente, por delante de otros países de habla hispana como Perú, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay y todos los del Centroamérica. También, como dato curioso, recibo muchísimas visitas de Rusia a través de Yandex, y he comprobado que me enlazan desde foros en ruso. Colijo que las traducciones de Google deberán ser apocalípticas, y que el tema de los cuñados deberá despertar cierta curiosidad porque vete a saber como lo toman allí. Obviamente, la inmensa mayoría de esos países serán españoles o hispano parlantes que viven allí, pero bueno, algún nativo caerá, digo yo.

En cuanto a las traducciones, pues lo mismo le digo independientemente de que, por desgracia, carezco del nivel de inglés necesario para ello y, por otro lado, no podría darle el tono coloquial a los textos que, según tengo comprobado, es uno de los principales atractivos para los que me leen, cuñados incluidos.

Respecto a lo que comenta de la Wikipedia, su afirmación es totalmente cierta. Muchos, la inmensa mayoría de sus artículos sobre estos temas, son meros copia-pega de traducciones de San Google que no se ajustan a la terminología correcta porque son palabras muy específicas por lo general. Uno de los gazapos más habituales es traducir "round" por "ronda" en vez de "disparo" (en el sentido de capacidad o almacenamiento de munición), "barrel" por "barril" en vez de "cañón", "shell" por "cáscara" en vez de "proyectil" o "gun", que es un término tan amplio en inglés que vale para cualquier cosa que dispare. Además, incluso en inglés cometen a veces errores de bulto porque, al cabo, es una enciclopedia libre donde cualquiera puede escribir y el resto de los humanos corregir si lo estima oportuno. Eso ha hecho que esa controvertida página web acabe planteando un mar de dudas acerca de su fiabilidad ya que igual un probo ciudadano que sabe mucho te planta un artículo estupendo como un botarate te suelta una filípica sin saber de la misa la media.

En cualquier caso, sus sugerencias son siempre bien recibidas, y le agradezco las molestias que se toma al hacerlas.

Un saludo

dani dijo...

Hay un tema de la IGM que nunca he conseguido información más que de forma tangencial y que me gustaría que tratara algún día. Y es el de los globos de observación. Se usaron de forma masiva (tengo entendido) y derribarlos equivalía a derribar un avión enemigo.

Amo del castillo dijo...

Ciertamente no es un tema que suela tocarse con la frecuencia debida. Los globos cautivos tuvieron una importancia enorme a la hora de dirigir el tiro de la artillería y, si mal no recuerdo, fue donde primero se emplearon los paracaídas. En todo caso, me temo que no dispongo prácticamente de ninguna información al respecto entre mis fuentes virtuales, así que tendría que rebuscar en la biblioteca de papel fetén, lo que no es moco de pavo juro a Dios. En fin, ya veremos si se puede hacer algo al respecto.

Un saludo

Antonio dijo...

Sr. Dani, me permito traerle este enlace a un artículo bastante bueno sobre los globos de observación en la Gran Guerra:

http://www.westernfrontassociation.com/the-great-war/great-war-on-land/weapons-equipment-uniform/313-ob-bal-west.html#sthash.t0RC2RaY.dpbs

Si en San Google busca por Observation balloons, encontrará más.

La página que lo contiene es: http://www.westernfrontassociation.com/ repleta de información de buena calidad.

Dicho sea de paso, siento envidia por estos países en que sus archivos son fácilmente accesibles. Por aquí tenemos las cosas más complicadas incluso en el supuesto de que lo sea, ya que hay una enorme cantidad material que sigue oculto pese a los decenios transcurridos. A ver si mejora la situación.

nathan hale smith patton dijo...

buena entrada, es curioso como los gabachos recurrieron al arte manual para engañar a sus enemigos alboches, pero habia que ser alguien con nervios de acero para estar todo el santo dia ahi ¿como comian?¿donde orinaban?¿los relevaban?

PD:como dice en una de sus imágenes si alguno pone esos arboles en su patio en realidad sera para espiar a los vecino o aquella vecina que siempre te deja empalmado...

Amo del castillo dijo...

Bueno, no tengo referencias acerca de la vida cotidiana dentro de esos puñeteros tubos, pero colijo que no debía ser nada gratificante ya que, caso de estar demasiado cerca de las líneas alemanas, los ocupantes de los mismos deberían entrar y salir amparados por la oscuridad. Es decir, que se tirarían todo el puñetero día dentro, comiendo dentro y meando y/o cagando dentro, lo cual tampoco debe extrañarle ya que era una situación cotidiana en, por ejemplo, las tripulaciones de carros durante la 2ª Guerra Mundial. Al cabo, nadie ha dicho nunca que las guerras sean algo agradable.

Un saludo

Antonio dijo...

D. Nathan, seguro que estar horas dentro de un tubo de esos debía ser molesto y además enervante. Creo conveniente reseñar que en un frente no siempre había batalla, había largos periodos de tranquilidad relativa e incluso de silencio. Esto se olvida a menudo en los relatos bélicos en que prima lo espectacular. En esos lugares, en ambos bandos continuaba la alerta y la tensa espera, combinados con golpes de mano bien para destrozar algo o hacer prisioneros. Aparte de los vigías de los arbolitos huecos había otros soldados, de los que también se habla poco, llamados escuchas cuya misión era oir ruidos sospechosos de actividad enemiga y dar la alarma. Estaban solos en un sector de trinchera. Estos al igual que los vigías debían guardar absoluto silencio para no delatarse. Su trabajo era pasar desapercibidos porque como los localizaran estaban fritos.

Evidentemente estas misiones estaban reservadas a soldados muy veteranos y muy curtidos. Demasiada tensión para un novato durante horas y sabiendo que un despiste o un error podía costar caro. Digo soldados porque ni me imagino a oficiales dedicados a eso.

Amo del castillo dijo...

Pues sí que los había, Sr. Antonio. Se ven a veces fotos de oficiales de ingenieros dedicados a la escucha dentro de contraminas provistos de amplificadores de sonido, fonendoscopios y cosas así. Tampoco debía ser agradable pasarse las horas encogido al final de un angosto túnel donde no se cabe más que de rodillas o en cuclillas, y sé de lo que hablo porque he estado en las contraminas de algún que otro fuerte y es asaz agobiante, entre otras cosas por el aire viciado.

Carlos fdez barba dijo...

Una forma más de imaginación comun y del sentido e instinto de supervivencia . Al decir verdad he leído varias historias de la Gran Guerra pero esta la desconocía por completo. La verdad es que en muchísimas ocasiones me sorprendes y por ello te doy la enhorabuena. Feliz y próspero año 2017! !

Amo del castillo dijo...

Muy agradecido vos quedo por la deferencia, Sr. Carlos, e igualmente le deseo salud y prosperidad para este año que comienza.

Un saludo

Antonio dijo...

No me expresé bien Sr. del Castillo, me refería sólo a los escuchas de trincheras que allí estaban día y noche, lloviera o tronara. Usted menciona el uso de los geófonos en la lucha subterránea a base de minas y volar trincheras enemigas. Ahí sí que he localizado fotos de oficiales, supongo que porque los aparatos no se dejaban a cualquiera.
Dicho sea de paso, estos aparatos fueron inventados en esta guerra y para este fin de detectar la construcción de túneles por un científico francés en 1915.
Coincido con usted que eso de estar metido en un agujero con riesgo de envenenarse con monóxido de carbono no debía ser agradable.
Pero, en fin, esta fue otra faceta de la guerra: la lucha subterránea en la que jugaron un gran papel los mineros de Ingenieros.

nathan hale smith patton dijo...

Esa "guerra de minas" no fue frecuente en vaquois?

Amo del castillo dijo...

En Vaquois y en muchas partes durante toda la guerra. Por poner un ejemplo, valgan las minas bestiales que se detonaron al comienzo de la ofensiva del Somme y de cuyos efectos se hablaron en una entrada sobre esa batalla. Las minas fueron una forma de guerra bastante recurrente durante el conflicto.

Mabri Briones dijo...

una forma sucia de hacer guerra, meter debajo de donde estaban los cuñados un monton de explosivos para hacerlos volar por los aires...

saliendo un poco de tema ayer jugaba battlefield 1 señor del castillo y llego una parte de la historia de los "militari arditi" y todo lo que usted menciona en su blog aparecen: las armaduras, las de de asalto y la pistola beretta... toamre unas capturas para que usted las vea :3

Amo del castillo dijo...

No menos sucio que someterlos a una preparación artillera de 5 días de duración o abrasarlos con un lanzallamas. Ese concepto de "guerra limpia" o "guerra sucia" no acabo de verlo claro, la verdad

Mabri Briones dijo...

humm bueno digamos que con una preparación artillera al menos al oir el estruendo de los cañonazos hacia que uno se ocultase en algun bunker porque ya sabias que iba a caerte alguna porqueria explosiva del cielo como en sodoma y gomorra
si veias un cuñado un una manguera y un deposito por detras al menos ya sabias que tenia un lanzallamas

¿pero como saber si mientras comes, duermes con las ratas o te la estas jalando a gusto con la foto de tu madrina de guerra no hay algun cuñado queriéndote mandar como cohete a la luna con toneladas de TNT? no creo que se la pasasen todo el dia con los "estetoscopios" escuchando sonidos de picos y palas...

Amo del castillo dijo...

Pues la verdad, yo preferiría volar por los aires de repente que verme bajo el fuego artillero durante horas que, según los testimonios de los que lo vivieron, era el peor de los infiernos. Aparte de eso, ante la más mínima sospecha de la existencia de una mina ya se ponían a controlar por donde venía, y de eso se daban cuenta en el silencio de la noche, cuando cualquier ruidillo ínfimo disparaba las alarmas

Antonio dijo...

Ciertamente, Sr. del Castillo, una preparación artillera de días y masiva, que no sabes cuando va a acabar, que no puedes ni dormir ni hacer nada tranquilo, que mantiene en tensión constante y el suelo temblando día y noche, es sencillamente terrible y capaz de enloquecer a cualquiera. Y a eso le podemos añadir el temor constante que unos pepinos acertasen el lugar en que estabas, que la comida no llegase o que se pudiese atender adecuadamente a los heridos o retirar los muertos. Eso es infernal y quienes lo sufrieron padecieron seguramente de stress postraumático el resto de sus vidas o locura permanente.

La guerra real no es la que se ve en las películas o videojuegos.

Amo del castillo dijo...

Y si no, que se lo pregunten a los miles de hombres que acabaron con fatiga de combate y con el sistema nervioso convertido en migajas de por vida. La guerra jamás es limpia, sangre de Cristo. Es la peor inmundicia en que puede caer el ser humano.

nathan hale smith patton dijo...

Como dice la carta final de emile de valiant hearts: la guerra enloquece a los hombres