sábado, 19 de agosto de 2017

Coraceros


Fotograma de la excelente película "Coronel Chabert" (Yves Angelo, 1993) en la que el regimiento de coraceros del susodicho se dispone a tomar parte en la que sería la mayor carga de caballería de la historia durante la batalla
de Eylau, librada entre los días 7 y 8 de febrero de 1807

Testimonio de un british (Dios maldiga a Nelson) que tomó parte en la batalla de Waterloo:


"Esperábamos un ataque de la infantería enemiga con nuestras líneas preparadas y apenas castigadas por el fuego de la artillería. De repente vi como el sargento que inspeccionaba nuestra alineación se detuvo. Yo no entendí el motivo hasta que sentí un hormigueo por las piernas. El suelo empezó a temblar y me invadió una gran angustia. (...) Mi vecino, el veterano Millan, abrió la boca como si fuese a quejarse, pero se quedó mudo de repente, dejando caer al suelo su pipa de arcilla. No la recogió. Se había quedado petrificado"


La inconfundible estampa de un
coracero francés
El motivo de tan repentina desazón fue debido a que la carga de bayonetas que esperaban era en realidad una carga de coraceros que dejó al personal con los testículos del tamaño de perdigones, más acojonados que por la visita repentina de seis cuñados con hambre atrasada. Y es que al pan, pan, y al vino, vino: cuando se menciona el término "coracero" nadie se acuerda de que los demás ejércitos europeos disponían de tropas similares, y lo que a todos se nos viene a la mente es la imagen de un coracero gabacho (Dios maldiga al enano corso). Justo es reconocerlo a pesar de que nuestros vecinos del norte me caen peor que si todos fuesen cuñados míos, pero la verdad no tiene más que un camino, ergo debo reconocer y reconozco que los regimientos de coraceros de la Grande Armée marcaron un hito en la historia militar del siglo XIX. De hecho, y como ya se ha comentado en alguna ocasión, incluso en los albores de la Gran Guerra partieron al frente unidades de coraceros con sus cascos adornados con crines, sus corazas pulidas y sus espadas. Naturalmente, no pasó mucho tiempo hasta que los apearon de sus briosos pencos para que pudieran palmarla como auténticos y verdaderos héroes frente a las Maxim tedescas, pero este hecho demuestra la longevidad de este tipo de tropas aunque por aquellos años tenían ya menos utilidad que un político y estaban más obsoletos que un reloj de arena.

Bien, hecho este breve y belicoso introito para ponernos en situación, iremos al grano. Obviamente, este tema es demasiado extenso para comprimirlo en una sola entrada, así que elaboraremos una pequeña monografía en la que iremos estudiando por separado la historia de este cuerpo, su forma de combatir, su armamento, etc. De ese modo, cuando pongan en algún canal de los tropocientos que hay en antena alguna película o serie ambientada en las guerras napoladrónicas podremos mirar desafiante al cuñado que está acabando con nuestras reservas de malta de 12 años y, de ese modo, tomarnos cumplida venganza humillándolo bonitamente con nuestros conocimientos coraceros.

Oficial del 8º Rgto, de Caballeria
en 1791. Obsérvese la coraza que
posteriormente sería de uso común
en el cuerpo de coraceros
Antes de que el enano se hiciera con el poder ya había en Francia unidades de caballería pesada. De hecho, en 1791 se llevó a cabo una profunda reforma en el ejército de la cual surgió, entre otras cosas, la formación de hasta 28 regimientos de caballería pesada que incluían dos de carabineros y que, posteriormente, se redujeron a 24 cuando el enano anti-cristo alcanzó el consulado en 1799. Originariamente, de todas estas unidades, solo el 8º Rgto. de Coraceros del Rey estaba equipado con corazas desde tiempos anteriores a la revolución, mientras que el resto eran simples regimientos de caballería de línea formados de tres escuadrones (cuatro en el caso de los carabineros) a su vez divididos en dos compañías. Posteriormente, en 1793, se aumentaron todos los regimientos en un escuadrón más a medida que se reducía el número de unidades. 

Al parecer, la idea de crear unidades de coraceros surgió a raíz de la batalla de Marengo (14 de junio de 1800) cuando, teniéndola prácticamente perdida a manos de los austriacos tras seis horas de lucha, el general François Kellerman aprovechó el desconcierto creado en las filas enemigas por la explosión de un tren de artillería y lanzó una carga de caballería pesada que puso en desbandada a los austriacos, que cedieron el campo a sus enemigos. El enano, que era listo como el hambre, se dio cuenta rápidamente de que el uso de formaciones de caballería pesada empleadas en el momento justo podían ser decisivas, y que mientras que los húsares, lanceros y dragones eran válidos para escaramucear, perseguir al enemigo u hostigar el avance de las formaciones del adversario, un ataque en masa de caballería fuertemente armada podía romper las líneas enemigas, partir en dos un ejército y, en definitiva, ganar la batalla rápidamente si se sabían manejar los tiempos con astucia.

Coracero del 1er. Regimiento
Así pues, el 10 de octubre de 1801 se formó el 1er. regimiento de coraceros fusionando el 1º y el 8º regimientos de caballería pesada, y como los del 8º era el único que disponía de corazas, más por tradición que por otra cosa, toda la unidad fue equipada con las mismas. Justo un año más tarde, el 12 de octubre de 1802, se formaron los regimientos 2º, 3º y 4º, y el 23 de diciembre siguiente el 5º, el 6º y el 7º. El motivo de la tardanza en ir formando estas unidades era debido a lo costoso de su equipación, de la que hablaremos detalladamente más adelante. De momento, y para hacernos una idea, solo la coraza costaba el equivalente a cuatro meses y medio de la paga de un coracero raso. En 1804, todos los antiguos regimientos de caballería pesada habían sido reciclados en coraceros, viendo reducido su número a un total de 12 regimientos de cinco escuadrones cada uno y con dos compañías por escuadrón  nutridas por 102 hombres. Finalmente, en 1808, el 1er. Rgto. Provisional de Caballería Pesada pasó a convertirse en el 13º Rgto. de Coraceros, y en 1810 se formó el último, el nº 14, con los hombres del 2º Rgto. de Coraceros Holandeses. Que a nadie extrañe este batiburrillo de unidades que se disuelven para dar lugar a otras. En todas las épocas ha sido una norma habitual modificar tanto unidades como los efectivos de las mismas según el empleo táctico que se les quería dar y las necesidades del momento. También solía ocurrir que, cuando una determinada unidad era aniquilada, en vez de volver a formarla se prefería disolverla definitivamente y traspasar los escasos efectivos supervivientes a otra unidad.

El general Jean-Joseph d'Hautpoul, comandante de la 2ª división
de coraceros formada por 4 regimientos con un total de 1.785
efectivos. Palmó en Eylau durante la famosa carga. Fue
herido de metralla en una pierna y murió pocos días después
ya que se negó a que le amputaran el miembro herido.
Pillaría una gangrena de aúpa, supongo.
La composición de la oficialidad de cada regimiento era como sigue: al mando del mismo estaba un coronel al que le seguían por rango un mayor, dos jefes de escuadrón, dos adjuntos del mayor, un pagador, un cirujano, un ayudante mayor, dos sub-ayudantes mayores, dos adjuntos, un brigada trompeta, un veterinario y seis maîtres (maestros) que eran los sastres, herradores, zapateros, armeros y talabarteros que se dedicaban al mantenimiento en general. En cuanto a las compañías, estaban al mando de un capitán seguido de un teniente, un teniente segundo, un maréchal de-logis-chef, que era el jefe encargado del alojamiento de las tropas asistido por cuatro maréchaux-des-logis, un furriel, ocho brigadas, un corneta y 82 hombres. No obstante, estas cifras no eran en modo alguno absolutas ya que, como ha sido siempre habitual en todos los ejércitos, una cosa son los efectivos teóricos y otros los reales, habiendo diferencias de hasta 100 hombres de un regimiento a otro.

Lancero francés hacia 1812
Bien, la cosa es que el pequeño tirano corso supo sacarle jugo a su idea, y tan entusiasmado estaba con ellos que, haciendo un símil con el ajedrez, afirmaba que "el arma de coraceros es la reina de los movimientos, siendo útiles antes, durante y después de la batalla".  De hecho, tenía muy claro que no debía usarlos así como así, y los hacía permanecer en reserva para que actuasen sola y únicamente cuando era imperioso descargar un golpe decisivo al adversario que decantase la batalla a su favor. De ahí que, por norma, jamás fueran destinados a misiones de enlace, hostigamiento, escoltas o cualquier otro cometido que pudiera mermar sus efectivos o tenerlos ocupados en otra cosa si eran requeridos. Para esas cuestiones dedicaba a sus unidades de caballería ligera, especialmente húsares y lanceros. Estos últimos eran especialmente útiles a la hora de perseguir a un enemigo en desbandada, ensartándolos con sus lanzas como si fueran pinchos de tortilla.

Caballo tordo andaluz, una joya sobre cuatro patas
Como ya podemos suponer, ingresar en estos regimientos de élite no estaba al alcance de cualquiera ya que, por norma, solo se aceptaban hombres de una estatura aventajada, de al menos 1,70, lo que en aquella época implicaba ser un hombre alto. Y aparte de estatura se requería corpulencia, o sea, hombres fuertes capaces de manejar con soltura la pesada espada de 1,1 kg. reglamentaria en el arma de coraceros. Si a alguien le parece poco peso, recuerden que las aparentemente pesadas y anchas espadas medievales solían pesar 100 o 150 gramos menos. Y para hombres grandotes y fornidos se requerían caballos poderosos, naturalmente. Por norma, los regimientos de coraceros requerían animales de entre 4 y 4 años y medio de una alzada que, dependiendo de la época y la disponibilidad, oscilaba entre los 154 y 160 cm., o sea, los más grandes de toda la caballería francesa. Aparte de caballos de razas francesas, especialmente de la Normandía, el enano iba arramblando con todo lo que podía durante sus insaciables saqueos, siendo muy valorados los boulonnais flamencos, unos enormes pencos de hasta 650 kilos con sangre española en sus venas, hannoverianos, holsteiners y, faltaría más, caballos españoles, los mejores del planeta, qué carajo. De hecho, los gabachos los consideraban especialmente valerosos tanto en cuanto se enfrentaban con los fieros toros de lidia en las corridas que tanto sorprendían a aquellos saqueadores de tumbas.

Boulonnais de Flandes. El ejército francés compró miles
de caballos de esta raza para los regimientos de coraceros.
Obsérvese su alzada y su poderoso aspecto
El precio de estos animalitos variaba de forma ostensible ya que no se entregaba un caballo de igual calidad a un guripa que a todo un coronel. Así, el precio de un caballo "raso", por decirlo de algún modo, podía oscilar entre los 500 y los 700 francos de la época, mientras que un coronel tenía asignados 500 francos mensuales solo para la adquisición de sus caballos, y decimos "sus" porque se le asignaban entre 4 y 6, que para eso era el mandamás. Como comparación, el precio de un caballo para un húsar era de solo 100 francos, o sea, la quinta parte que el de un simple coracero. Como podemos imaginar, el gasto en caballos era abrumador. Entre los que enfermaban, los que acababan lisiados y los que palmaban en combate hablamos de decenas de miles de pencos cuyas osamentas siembran la Europa toda, desde las estepas rusas hasta el estrecho de Gibraltar. Ya lo decía el enano: para ganar una guerra solo hacen falta tres cosas: dinero, dinero y dinero, y mientras que un caballo normal costaba 500 francos, una libra de pan salía por 1,35, una de mantequilla 2,5, y la paga mensual de un coracero raso era de 9 francos, de modo que comprar uno de aquellos bichos es equivalente a un soldado moderno que se quisiera comprar un Mercedes.

Por otro lado se tenía la costumbre de diferenciar los escuadrones de cada regimiento por el color de sus caballos, lo cual era especialmente útil a la hora de atisbar los movimiento de la unidad desde lo alto de un cerro catalejo en mano o, menos dicho, en ojo. Así, tanto para la caballería ligera como la pesada, el primer escuadrón montaba sobre caballos negros, el segundo bayos, el tercero castaños, y el cuarto caballos tordos. No obstante, a medida que las guerras del enano avanzaban era cada vez más complicado dar con animales cuyas capas casasen con los requerimientos cromáticos de cada unidad, así que hubo que dejar de lado esa norma si bien algunos coroneles se empeñaban en mantenerla a ultranza aunque por norma se aceptó la costumbre prusiana de que los regimientos de coraceros debían usar caballos de capa negra porque se consideraba que eran de más calidad, vete a saber por qué.

Carga en orden cerrado, formando literalmente una
muralla que avanza hacia el enemigo
En cuanto al empleo táctico de las unidades de coraceros, el enano maldito los sacaba a relucir solo cuando era preciso asestar el golpe final, como ya hemos dicho anteriormente, o para repeler cargas de caballería pesada enemiga. En el primer caso solían actuar con el apoyo de la artillería, que durante el avance iba abriendo huecos en la filas enemigas para, una vez llegados al contacto, tener más facilidad para infiltrarse entre las mismas. Los coraceros cargaban formando dos oleadas. La primera, que es evidente que era la de los pringados, era la que se llevaba las descargas de fusilería mientras que la segunda aprovechaba el lapso de tiempo que suponía la recarga de los mosquetes para caer como una tromba contra el cuadro de infantería enemiga y deshacerlos.

Contrariamente a lo que solemos ver en el cine, las cargas no eran una carrera alocada donde cada uno iba a la velocidad que quería o podía, dando lugar a que la formación se descompusiera. Eso sería un chollo para la infantería, que tendría muy fácil rechazarlos ya que carecerían del empuje necesario. Por ello, se insistía en que las formaciones de caballería debían cargar estribo contra estribo manteniendo el paso para, posteriormente, acelerar hasta el trote y llegar al galope solo en los últimos metros, lo que no solo permitía mantener el orden sino también no forzar a las monturas y mantenerlas lo más descansadas posible. Otro camelo es que durante todo el trayecto el jinete avanzaba manteniendo la espada con el brazo extendido, lo que lo agotaría rápidamente. La realidad es que cuando llegaban los momentos previos al contacto era cuando se extendía el brazo con cierto grado de inclinación hacia el cuerpo, pero manteniéndolo perpendicular al mismo, con la hoja de la espada un poco cruzada (véase grabado superior). Esa posición obedecía a dos razones: una, impedir que la rigidez del brazo produjese una lesión o le hiciese salir disparado de la silla al clavar la espada. Y la otra, impedir que una espada enemiga resbalase por la hoja, se deslizase sobre las guarniciones y saliese despedida entre la espada del jinete y su cuerpo, lo que podría cortarle el brazo limpiamente a la altura del codo. Además, inclinaban el cuerpo hacia adelante para que la cabeza y el cuello del caballo les protegiese de las balas enemigas. Esto ya se explicó en su día, pero merece la pena recordarlo. Por último, justo antes de llegar al contacto se alzaban sobre los estribos y se exclamaba fieramente el grito de guerra: "Vive l'empereur!", o sea, "¡Viva el enano!", y empezaba la fiesta. Así pues, esas cargas de tropocientos kilómetros a galope tendido enfilando al enemigo con la espada son el enésimo camelo cinematográfico que casi todo el mundo toma como artículo de fe porque queda como muy gallardo y heroico en la gran pantalla. Recordemos una vez más que el éxito de una carga radicaba en el empuje de una masa de animales que, por naturaleza, no querían chocar contra un obstáculo aunque fuese un recluta canijo, por lo que el triunfo o el fracaso de la misma dependía del buen orden y de la disciplina.

Bueno, con esto vale por hoy. Como se suele decir en estos casos, "continuará..."

Segunda parte pinchando aquí

Hale, he dicho

El coronel del regimiento se dispone a ocupar su posición antes de iniciar la carga. 

25 comentarios:

David Álvarez dijo...

Muy interesante su artículo como de costumbre, Amo. Pero me surge una duda:¿Las cargas de caballería no habían quedado obsoletas a partir del momento en que la infantería comenzó a usar lanzas o armas de fuego y a ganar en disciplina? ¿Los caballos no se frenaban ante una muralla erizada de bayonetas en manos de los infantes? ¿ Y para qué una coraza, si las armas de fuego las habían hecho inútiles? ¿O es que los coraceros sólo cargaban contra formaciones de infantería que ya estuviesen en fuga o bastante debilitadas por la artillería ?

Amo del castillo dijo...

Veamos, Sr. David, tenga en cuenta que las armas de fuego de la época solo podían efectuar dos o tres disparos por minuto, por lo que una vez llegados al contacto eran las bayonetas y la disciplina las que decidían. Los caballos intentaban detenerse, como es lógico, pero los jinetes los espoleaban por un lado mientras que, por otro, la infantería debía mantener la sangre fría necesaria para no salir echando leches ante la perspectiva de ser arrollados. Verse venir encima 400 o 500 caballos montados por otros tantos ciudadanos deseosos de meterles sus espadas entre las costillas y no mover ni una pestaña no era cosa baladí, y las ganas de salir corriendo solían ser bastante intensas, así como las de hacer caquita y pipí. Por otro lado, la coraza no podía detener un disparo de mosquete, pero sí un bayonetazo, un sablazo o una estocada. Contra la infantería en fuga, como ya se ha comentado en la entrada, actuaban unidades de caballería ligera, concretamente húsares y lanceros. Lo que verdaderamente acabó con las cargas de caballería fue el empleo masivo de ametralladoras, y recuerde que aún en nuestra guerra civil y en la Segunda Guerra Mundial tuvieron lugar alguna que otra como la que se comentó en su día, llevada a cabo por el Rgto. Saboya en el frente ruso. Aquí puede deleitarse con el relato. Lea, lea, fue de lo más heroico a pesar de ser italianos

http://amodelcastillo.blogspot.com.es/2013/10/la-ultima-carga.html

Un saludo y gracias por su comentario

dani dijo...

Me va permitir señor amo ampliar la respuesta dada a don David. Con la venia.
Si, una infantería disciplinada podía aguantar una carga de caballería y eso es así desde los tiempos de los hoplitas griegos o incluso antes. Cuando tras la Edad Media se recuperó la disciplina en la infantería la caballería, sobretodo la pesada, declinó en el S.XVI. Pero con la mejora de la artillería presentar formaciones de muchos hombres en fondo, como eran los cuadros de piqueros de los tercios, era un suicidio. Así que las líneas de la infantería se redujeron a tres. Entonces conseguir arrollar a una línea de infantería no era tan disparatado. La contramedida de la infantería era formar el cuadro. Pero eso volvía otra vez a la infantería muy vulnerable a la artillería. Por eso se inventó la artillería montada, que acompañaba a la caballería en la carga. Porque un par de andanadas sobre un cuadro habría tales brechas que podían ser aprovechadas por los jinetes para entrar en el cuadro. O simplemente los infantes salían corriendo, momento en el que la caballería los masacraba.

Amo del castillo dijo...

Espléndida ampliación, Sr. Dani. Agradecido vos quedo por el aporte.

Un saludo

Manymac B dijo...

Disculpe mi ignorancia Sr. Amo pero me surge una duda. En varias ocasiones se menciona a la caballería pesada existente antes de los coraceros ¿qué tipo de unidades la formaba? Y ́por otro lado y sabiendo que le va a satisfacer sepa que las líneas dedicadas a la carga de caballería (formación, disposición del arma, velocidad de dicha carga) me ha servido para callar a un cuñado asaz cargante (aunque por definición todos lo sean el mío destaca sobremanera). Aunque solo fuera por este ratito ya hubiera merecido lapena seguir su blog, le estoy eternamente agradecido ya que pocas experiencias hay tan placenteras como cerrar la boca a un cuñado.

David Álvarez dijo...

Muchas gracias a ambos por sus aclaraciones, tenía una laguna en la cabeza en cuanto a la efectividad de las cargas de caballería en el intervalo de tiempo entre la aparición de las armas de fuego y la primera guerra mundial.
¿Y en las guerras napoleónicas no había unidades armadas con lanzas para contener las cargas de caballería? ¿Sería mucho peso para un infante llevar su arma de fuego y además una lanza?
En cuanto al artículo sobre la carga del Saboya, me sorprende que haya tenido éxito teniendo en cuenta que el otro bando contaba con ametralladoras y supongo que también rifles de cerrojo y algunas "subametralladoras" o subfusiles (no sé si el nombre es acertado, me refiero a la PPSH 41 o a alguna predecesora con su misma función)
También es verdad que si ganaron a costa de tantas bajas no iban a poder repetir muchas más veces la misma táctica.

Amo del castillo dijo...

Nada que disculpar, Sr. Manymac, ya sabe que de mil amores respondo dentro de mis mínimos conocimientos cualquier dura que me planteen. Respecto a la suya, la caballería pesada era lo que se conocía como caballería de línea, precisamente por su norma de cargar en una formación cerrada haciendo uso de espadas. En una carga estribo contra estribo el sable era más complicado de usar ya que requería de mayor espacio para manejarlo con soltura, de ahí que fuese el arma de dragones y húsares. Aparte de eso, como ya sabrá, las estocadas eran mucho más letales que los sablazos.

En cuanto a lo que me comenta sobre su cuñado, para mí supone una inmensa satisfacción saber que gracias al blog ha podido hundirlo en la miseria, y mucho más obligarlo a callar como un cadáver. En todo caso, si se le rebela no se agobie. Lo invita a unas gambas blancas previamente rociadas con arsénico y cuando empiece a hacerle efecto el tósigo lo remata a estacazos. Luego alega que lo hizo porque no soportaba verlo sufrir y, de ese modo, poder aliviarle el tránsito. Fijo que las autoridades lo tendrán en consideración y puede que hasta le den una medalla o algo similar.

Un saludo y gracias por su comentario.

Amo del castillo dijo...

Nada que agradecer, Sr. David, para eso estamos. Respecto a su duda, comentarle que a en el momento en que se generalizó el uso de mosquetes con sus bayonetas, las lanzas, picas, alabardas y demás armas enastadas propias de las tropas de a pie ya carecían de sentido como arma de infantería tanto en cuanto dichos mosquetes con la bayoneta calada se convertían en una lanza de casi dos metros de largo. Solo los sargentos iban armados con espontones, armas a las que en su día se les dedicó una entrada.

Respecto a la carga del Saboya, ciertamente se les apareció la Virgen porque los rusos disponían de armas automáticas de todo tipo (sí, el Ppsh-41 es un subfusil), morteros e incluso piezas de artillería, así que ya le echaron cojones lo italianos aquellos. La verdad, debió ser un espectáculo fastuoso.

Mr. Gatsby dijo...

Es curioso el tema de la caballería, cómo a través de un ojo moderno, en comparación a la inmensa infraestructura y costes astronómicos que requiere la fabricación y mantenimiento de carros de combate, los caballos pueden parecer una tontería. En el sentido de que comparado a un regimiento de Leopard 2E, uno piensa algo en plan de "Bah, caballitos, eso lo podía tener cualquiera, pones un macho y una yegua a fornicar y ya te salen ellos solos". Y la verdad es que tener una buena fuerza de caballería en aquellos tiempos requería un esfuerzo y recursos muy considerables. Los tiempos de crianza, la obtención de razas apropiadas para cada cometido, el elevado coste de las mismas, los recursos destinados a alimentarlos y mantenerlos, el entrenamiento necesario para convertirlos en pencos de batalla, la dificultad de reponer las bajas justamente por esos años de crianza y adiestramiento, etc etc...Bien complejo todo.

Una pregunta Sr. Amo, ¿cómo era la calidad de esas corazas en comparación a, por ejemplo, un peto gótico del 1450 más o menos? Me refiero a si el proceso industrial reducía mucho la calidad de las piezas o si por el contrario los avances en metalurgia y demás lograron mantener ciertos niveles.

Y por último una pregunta para Dani. ¿Sabe vuecé cuánto tiempo tardaba una pieza montada en colocarse, desde que se deteníaa el caballo hasta que empezaba a disparar?

Un saludo.

Amo del castillo dijo...

Bueno, eso de coger un caballo y una yegua y dejarlos en una bonita pradera para que echen un casquete sin más era más complejo de lo que imagina. Yo he visto como preparaban una yegua para que la cubriese un semental y no imagina la que hay que liar, mamporrero incluido, para impedir que se líe a coces con el macho, los cuales por cierto son muy difíciles de manejar porque con los efluvios de la hembra se ponen intratables. Eso, en un animal de más de media tonelada o incluso la tonelada enterita o más cuando se trata de caballos de tiro le da bastante emoción a la cosa. Los bretones que usan los tiros de artillería de campaña en los desfiles del Día de las FFAA superan holgadamente los 900 kilos de nada. De hecho, en las yeguadas militares se gastan un verdadero pastizal para mantener los pencos necesarios para cuestiones que son ya meramente protocolarias, así que hace 200 años era todo un logro mantener los efectivos de animales de cualquier ejército, desde los destinados a caballería como a los de artillería, mulas para transporte, etc.

Respecto a las corazas, de las que hablaremos en la siguiente entrada, como es lógico las técnicas metalúrgicas de la época eran muy superiores a la del siglo XV, lo que consistía en un nivel de acerado de más calidad. No obstante, una armadura medieval era una pieza selecta fabricada ex-profeso mientras que las que nos ocupan estaban fabricadas en serie, lo que lógicamente mermaría su calidad. No obstante, podemos compararlas en eficacia a las que usaban los reitres del siglo XVII.

Un saludo

Manymac B dijo...

Muchas gracias por la información y le agradezco cordialmente el consejo pero presenta un fallo insalvable de cara a las autoridades: nadie creería que no soportaba verlo sufrir.
Un saludo.

Ismael dijo...

Una carga de coraceros franceses haciendo retumbar la tierra es lo que me imagino cada vez que escucho la Obertura 1812 de Tchaikovsky.

Algo que me he preguntado siempre es el porque estas unidades iban armadas solo con espada. ¿No habría supuesto una mejora el dotarles de una lanza?, manteniendo la espada como segunda arma, claro. En cuanto a darles más alcance, un impacto a mayor distancia con el enemigo, y hasta meter más miedo, habrían sido algo así como los húsares polacos del S.XVI pero con esteroides.

En un asunto totalmente diferente pero relacionado con una entrada no muy vieja, me encontré un vídeo donde alguien se construye un cuchillo de trinchera con la espiga embutida en una fundición de aluminio, como los que usted reseñó:

https://www.youtube.com/watch?v=CrDDiOkSUSE

Nos da una idea de lo que permitió en aquellos años tener un nuevo metal tan noble y barato, a comparación con el bronce. Dan ganas de hacer algo similar, aunque técnicamente sea un delito en mi país, jeje.

Un saludo.

Amo del castillo dijo...

Bueno, en ese caso alegue que sintió un avenate en forma de arrebato homicida contra su cuñado al ver como masticaba pobres gambas inocentes. Igual cuela...

Un saludo

Amo del castillo dijo...

La lanza no era el arma adecuada para cargar contra cuadros de infantería, Sr. Ismael, y supondría una pérdida de tiempo soltarla tras el contacto para meter mano a la espada en un momento en que estarían rodeados de enemigos. La lanza servía cuando el infante tenía una alabarda o cualquier otra arma enastada y había que ofenderlo antes de que su arma le alcanzase, pero luego acababan la faena espada/maza/hacha o mangual en mano. La lanza en el siglo XIX valía para atacar unidades de infantería disgregadas o fugitivos, y prueba de ello es que las unidades de lanceros eran mínimas en aquella época en comparación con las armadas con espada o sable.

No obstante, debe saber que la espada o el sable no eran las únicas armas, y tanto las unidades de húsares como de dragones y coraceros iban provistos de pistolas y tercerolas, así que no iban precisamente ligeros de armamento.

En cuanto al vídeo, es una pasada. Jamás se me habría ocurrido usar foam para obtener una pieza de fundición a la cera perdida. Debería intentarlo aunque esos chismes no estén permitidos. Total, para tenerlo en casa no creo que haya problema. Siempre puede decir que lo heredó de su tatarabuelo y que le tiene mucho cariño. Por cierto, que yo sepa y corríjame si me equivoco, la legislación sobre armas de fuego en Méjico es mucho más permisiva que en España, donde tener un arma corta es poco menos que una utopía. ¿Es así?

Un saludo

Ismael dijo...

Gracias por la aclaración. Sr. Amo, así de pronto uno diría que el binomio jinete-lanza era insuperable siempre.

El foam es un material excelente puesto que al contacto con el metal se evapora dejando la cavidad vacía, yo mismo he hecho algunas piezas de bronce así, pero con poliestireno, he no usado foam pero creo que debe ser mejor por permitir mejor detalle.

Respecto a la legislación de armas de mi país, es muy restrctiva. Suele haber otra imagen desde el exterior pero para el ciudadano que respeta las normas es muy complejo y costoso acceder a un arma. Aquí no existe la figura de la armería como negocio privado, todo esta controlado por el ejercito. Existe una sola armería del ejercito en la capital del país donde pueden comprar los civiles, y llegar al punto de entrar en ella supone haber obtenido un permiso sujeto al criterio de los funcionarios que toquen, así como el pago del permiso de adquisición. En armas cortas lo mas grande que se puede obtener el calibre .380 y en largas solo .22LR. Es posible obtener mayores calibres para caza o tiro deportivo pero hay que pertenecer a un club (los que existen son muy cerrados, y es normal pues tienen que blindarse ante los problemas de seguridad que tiene el país) y supone mas regulaciones, tambien hay mayor permisividad en cuanto a escopetas para quienes posean tierras de labranza o críen ganado, pero solo escopetas, en fusiles el muro sigue siendo el .22. Y finalmente hay gente que tiene registradas armas de mayor calibre anteriores a los 70`s cuando entró en vigor esta legislación, pueden tenerlas y comprar munición para ellas, son como joyas raras que se heredan o venden por cifras infladas.

Un Saludo.

Amo del castillo dijo...

Vaya, pues al final va a resultar que aquí la cosa es más permisiva, sobre todo en lo referente a armas largas ya que se pueden poseer hasta seis rifles de cualquier calibre por grande que sea, seis escopetas y seis carabinas de calibre .22. Para las armas cortas no hay problema si son para tiro deportivo (yo he tenido tropocientas incluyendo de calibre .45 ACP y cualquiera se puede federar sin problemas) pero, eso sí, de llevarlas encima en plan defensa nada porque te meten un paquete que te brean. Está visto que las cosas que salen en la tele o en las pelis son un camelo puro y duro, porque en España se tiene la imagen del mejicano con el .45 o la parabellum en los riñones hasta para ir a mear. Lo malo de todo esto es que los delincuentes siempre están armados, y las personas decentes a su merced.

Un saludo

nathan hale smith patton dijo...

sr del castillo excelente entrada que trae recuerdos (cuando debatiamos sobre el uso de lanzas en el ejercito gabacho durante la primera guerra mundial XD), esto me recuerda a algo que quería preguntarle desde hacia tiempo y se me olvida y tiene que ver con caballería ¿como se llamo esa batalla donde los tommies cargaron contra artilleros rusos que fue un desastre y la siguen disfrazando hasta ahora como una victoria pirrica?

Amo del castillo dijo...

Balaklava, durante la guerra de Crimea (1853-1856). Ya se habló de ella en una entrada que dedicamos al capitán Nolan, que sirvió en la Brigada Ligera y palmó en el lance, como no podía ser menos. Puede leerla pinchando aquí:

http://amodelcastillo.blogspot.com.es/2013/06/heroes-iii-louis-nolan-el-mensajero-de.html

Un saludo

Mr. Gatsby dijo...

Sep, yo ya sabía que la legislación de armas en México es demencial. Lo cuál no deja de ser la descojonación, debe ser uno de los países democráticos con la legislación más enfermiza sobre armas de fuego, y al mismo tiempo no deja de batir récords de homicidios anuales. Como siempre, los legisladores de turno demostrando cómo se ganan el sueldo.

Si Sr. Amo, me refería justamente a lo complicado que era el asunto de la caballería. Hace muchos años, más acostumbrado a leer sobre cosas modernas tenía esa visión simplista sobre el asunto, hasta que compré un libro sobre la caballería francesa en las guerras napoleónicas, cuyo primero capítulo estaba dedicado al completo a cómo los ejércitos de la época se proveían de caballaros, y la verdad me cambió los esquemas completamente.

Un saludo.

Amo del castillo dijo...

Todo es consecuencia de lo mismo, Sr. Gatsby: los estereotipos más falsos que las promesas de transparencia de un político y la escasa información sobre estos temas en lengua española. Ya me habrá leído en más de una ocasión mis vehementes protestas por la mínima bibliografía acerca de historia militar mientras que en inglés hay decenas de miles de libros de todo tipo. Precisamente de ahí fue de donde surgió la idea de introducir estos temas en el blog que, originariamente, trataba solo de castellología portuguesa. El nombre del blog ya lo dice todo en ese sentido. A estas alturas supongo que mis entradas, como vuecé dice, habrán cambiado muchos esquemas a más de uno, por lo que doy por bien empleadas las horas y horas que le dedico a esto.

Un saludo

Mr. Gatsby dijo...

Tiene vuecé más razón que un santo. A primeros de este año, de una manera un tanto casual, empecé a descubrir la historia del Imperio Romano oriental -en este docto espacio me niego a emplear esa invención ilustrada de "bizantino"- y enseguida desarrollé una devoción absoluta, hasta el punto de que me dije a mí mismo que como artista, algún día me encargaré de hacer algo para ayudar a combatir el olvido al que de manera injusta, injustísima, se ha sometido a dicho Imperio más allá del ámbito académico. El caso es que me pone enfermo la total falta de libros en español sobre ellos, no hay más que cuatro cosillas vagas y generales. Obras centradas en periodos concretos como la época de la Dinastía Macedónica, con las conquistas de Nicéforo II, Juan I y Basilio II que llevaron el Imperio a su máximo apogeo, son inexistentes en nuestro idioma, mientras que en inglés hay cientos de libros sobre cada periodo y aspecto del Imperio, desde Constantino I al XI.

En fin, por suerte leo en inglés con bastante fluidez, pero no deja de ser un coñazo que el segundo idioma más hablado del mundo sufra esta carencia brutal de literatura histórica.

Un saludo.

Amo del castillo dijo...

La cosa es que lo que de verdad falta es literatura de tipo divulgativo pero que al mismo tiempo sea rigurosa y seria, y no como esos libros llenos de estampitas maquetados en plan revista "Muy Interesante" y similares. Lo poco que hay son tochos inasumibles para el lector medio como no sea que tenga una base cultural amplia o artículos por el estilo de los que publica "Gladius", que igual te dedican 50 páginas a analizar la composición molecular de una falcata y que, lógicamente, no interesan al gran público.

Pero la cosa es que, como quizás recuerde, hace años Ediciones Del Prado editó los libros de Osprey, que por cierto estaban pésimamente traducidos porque el que lo hizo no tenía ni idea de terminología técnica si bien eso era un problema menor ya que el lector español no podía comparar con el original en inglés. Sin embargo, ni arrasaron ni leches, y aún los puede uno encontrar en tenderetes de ferias del libro a euro el ejemplar.

Así pues, creo que el verdadero trasfondo de todo esto es que en España nos hemos habituado al todo gratis, y prueba de ello es la correspondencia que suelen tener los que llevan blogs o webs similares a este en los que la gente te toma poco menos que por un consultorio gratuito. Oiga, que una cosa es que le aclare tal o cual punto y otra que me pidan, como han hecho muchos, poco menos que un estudio detallado de tales o cuales armas y que se lo mande a su dirección de correo. Y digo yo que si una hora de taller vale 50 pavos más IVA, ¿por qué debo yo hacérselo gratis, y encima para quedar bien presentando un trabajo chulo en el instituto o donde sea? El último por ese estilo que recibí no hace muchos días me pedía con gran urgencia que le enviara sin falta una relación de los diferentes tipos de dagas de la Edad Media con sus nombres y fotos de cada una, cuando él mismo podía hacerlo pinchando en la etiqueta de "dagas" pero, claro, mejor que lo haga el del blog y yo mientras me rasco el níspero. Había otro que cada dos por tres me enviaba un correo con las preguntas más abstrusas y extrañas, como por ejemplo si en tiempos de los egipcios se cortaban las uñas para poder empuñar bien las armas. Sí, como se lo digo. Manicura militar egipcia. Para mear y no echar gota. Acabé mandándolo a paseo y, como ve, ya no facilito la dirección de correo a nadie por si las moscas. Solo vuecé y dos o tres lectores más la tienen porque paso de que me tomen por el pito de un sereno que, encima, pita gratis. En fin, para qué contarle...

(prosigue)

Amo del castillo dijo...

(prosigo)

¿Recuerda que tenía anunciado un libro sobre poliorcética y castellología? Decidí acometer la empresa cuando los de Amazon hicieron posible la edición en papel ya que maquetar un libro así, lleno de ilustraciones y gráficos en e-Book es una quimera. Modestia aparte, me estaba quedando chulísimo de la muerte porque ya sabe que soy extremadamente perfeccionista para esas cosas. Bien, pues con casi todo organizado, los textos pendientes solo de corrregir y al menos la mitad de la obra maquetada me eché para atrás. ¿Por qué? Porque al precio que saldría por el número de páginas a color se iban a vender media docena, y para eso dedico esas horas a otros menesteres, que Dios dijo que fuésemos hermanos pero no primos. Vuecé sabe el tiempo que lleva dibujar solo un puñetero ariete con Photoshop para que luego encima te venga el listo de turno diciendo que la viga te ha salido 10 cm. más gruesa de lo normal porque lo vio en el Canal Historia o por qué no le has dedicado un capítulo a las murallas de Camelot, que sin duda existió de verdad.

En definitiva, este es el panorama. ¿Sabe que en polaco hay muchísima más literatura sobre temas militares e historia militar que en español? ¿Sabe que el segundo país de donde recibo más visitas, y con diferencia, es Estados Unidos, y que de Alemania, Gran Bretaña y Francia recibo miles de visitas más que de muchos países hispano hablantes como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Perú, Cuba, Uruguay, Paraguay y todos los de América Central? ¿Sabe que a diario recibo muchas visitas de Rusia a través de Yandex, que es el buscador que usan allí como nosotros el Google? Pues con eso ya está todo dicho, mi dilecto ilustrador. En fin, que cada palo aguante su vela, porque aquí tendrán que cambiar mucho ciertas costumbres para que la divulgación de la historia militar sea rentable, amén de los amenes.

Un saludo

dani dijo...

https://youtu.be/TsM3-AS2VSI?t=409

Este video de youtube le puede ilustrar Mr Gatsby. Desde que paran hasta que disparan dos minutos y eso que hace un tanto el paripé. Tenga en cuenta que la artillería montada era la que usaba piezas de menor calibre, pero aún así con bastante más alcance que los mosquetes.

La lanza "napoleónica" era una lanza ligera, de bambú y no como las lanzas medievales que eran de madera de la buena y por lo tanto muy pesadas.

Amo del castillo dijo...

Se agradece su aporte, Sr. Dani. No obstante, yo alargaría la puesta a tiro en al menos tres minutos más ya que las piezas del documental son de retrocarga. En la época que nos ocupa había que distribuir alrededor de la pieza los juegos de armas, los baldes con agua, etc., y llevar a cabo la carga por el procedimiento que ya conocemos. Con todo, lo cierto es que emplazaban las bocas de fuego con bastante presteza.

Un saludo