martes, 3 de abril de 2012

La armadura de fajas espesas





El siglo XVI vio la culminación en lo tocante al perfeccionismo tecnológico de las armaduras de placas. Los avances en la metalurgia permitieron hacerlas más ligeras y, a la par, mucho más resistentes. Mientras que la calidad suprema en las fabricadas en tiempos anteriores implicaba el marchamo de estar hechas "a toda prueba" por resistir el impacto de un virote disparado por una ballesta de torno, las que nos ocupan podían ser impenetrables hasta para un disparo de arcabuz. Las marcas dejadas por los balazos de prueba eran a veces usadas como motivo decorativo, rodeándolas con grabados o, como una que perteneció a Felipe III, colocando una perla en cada hendidura. La verdad es que no sé para qué quería Felipe III una armadura porque, al contrario que su abuelo, no pisó un campo de batalla en su vida.



Su diseño bien pudo ser puesto de moda por el emperador Carlos I que, como es de todos sabido, era sumamente aficionado a todo lo referente a las armas, siendo poseedor de gran número de arneses tanto para justa como para guerra. La cuestión es que, ya en tiempos de su abuelo Maximiliano, era habitual imitar el aspecto de los ropajes y calzados de moda en las armaduras. Si observamos la imagen, vemos a la derecha el detalle de un arnés de fajas espesas fabricado por Helmschmid en 1558 para el emperador y, a la izquierda, un fragmento de un retrato del mismo. Como vemos, las launas que protegen los muslos tienen una apariencia similar a la del calzón que viste, incluyendo incluso la bragueta que, en el caso de la armadura, es obviamente metálica.

En cualquier caso, quizás lo más importante era el aumento de las zonas protegidas y un reparto del peso de la armadura más equilibrado sobre el cuerpo, lo que se traducía en permitir una mayor movilidad a sus portadores. Veamos de qué iba la cosa...



Hasta la aparición de este tipo de armaduras, los quijotes eran sujetados mediante unas correas o cintas al jubón que se vestía bajo la armadura, como vemos en la foto de la derecha. Las rodilleras iban unidas a los quijotes, por lo que el peso del conjunto era sustentado por la prenda. La zona entre el quijote y el peto quedaba protegida, en el caso de las armaduras góticas, por una faldilla de malla. En las restantes, por las escarcelas, unas placas rígidas por lo general y sujetas al peto mediante correas. Al enemigo le bastaba introducir bajo la faldilla o la escarcela la punta de la bisarma o la alabarda para herir de muerte al caballero. Si éste era derribado, pues más fácil aún porque la escarcela era fácilmente movible. Como ya se comentó en las entradas referentes a la vulnerabilidad del caballero armado, esta parte del cuerpo lo era especialmente, sobre todo en caso de ser desmontado ya que la zona púbica y las ingles perdían la protección que brindaba la silla de montar.

En la foto inferior lo veremos más claro. En A tenemos una armadura de fajas espesas. Dentro de los círculos se vislumbran las correas que sujetan la pieza: la inferior rodea la corva de la rodilla, y las dos superiores la zona alta del muslo. Todo el conjunto va unido al peto mediante varias correas, lo que hace que el peso se añada al conjunto que formarían peto, espaldar, fajas y rodilleras, y repartido por el tronco. Obsérvese además la especie de espolón que tiene el peto en su zona inferior, proyectándose hacia el pubis, lo que mejora ostensiblemente la protección de esa parte del cuerpo. Si se añade una bragueta, pues mejor aún. En B tenemos las típicas escarcelas rígidas (son las piezas que llevan la flor de lys), unidas en este caso mediante unas presillas (en rojo) a las launas del peto. Esa pieza, como me refería antes, era fácilmente movible, dejando vulnerable la zona alta de los muslos y el bajo vientre. En C tenemos la típica armadura gótica. La zona sombreada en rojo muestra la parte del quijote cubierta por la malla. Aparte de ser aún más fácil de descubrir, toda esa zona del cuerpo está expuesta, no solo a heridas producidas por armas de corte o punta, sino también contundentes: mazas, martillos, manguales, mayales...






Como vemos, la armadura de fajas espesas proporcionaba una mejor protección tanto a los muslos como al bajo vientre y la zona púbica, blanco de multitud de golpes, tajos y puntazos propinados por la infantería a un combatiente a caballo. Además, las launas articuladas permitían mayor movilidad tanto para montar como para combatir a pie, sin piezas movibles que podían suponer un engorro ya que todo el conjunto iba sólidamente unido al cuerpo. Como vimos en la entrada referente a la caracola, estas armaduras, desprovistas de grebas y escarpes, fueron las usadas por la caballería del siglo XVII que, además, iban provistas de unos guanteletes que permitían gran movilidad en los dedos, destinados precisamente a facilitar el empuñe de las pistolas de rueda que usaban, y dispararlas con comodidad y precisión.


Bueno, no se me olvida nada, creo...
Hale, he dicho...