viernes, 14 de febrero de 2014

Las damas del nazismo






Bueno, como hoy es San Valentín, ese santo al que se le declaró patrono de los enamorados pero cuya existencia es bastante cuestionada, vamos a hablar de un tema que se me antoja curioso: las señoras de los jerifaltes nacionalsocialistas. Curiosamente son por lo general las grandes olvidadas cuando se habla de ellos si bien, en realidad, ejercieron en muchos casos una influencia mucho más importante de lo que el personal imagina. Al cabo, mas tiran dos tetas que dos esvásticas por mucho que sus maromos se desgañitaran gritando aquello de ¡Sieg, heil! durante  los dramáticos discursos de herr Hitler. Veamos algunas de ellas...

Frau Heydrich 

Esta señorita con jeta de bollito de leche y ojos que rezuman inocencia y candor es Lina Mathilde von Osten (1911-1985). La aria y germánica Lina era una fanática nazi afiliada al partido en una fecha tan temprana como 1929 (su marido lo hizo dos años más tarde), llevando a cabo una intensa labor política en el mismo desde el Ostgruppe de Kiel al que pertenecía repartiendo propaganda e interviniendo en mítines y demás. Su adoración por su querido Reinhard, quintaesencia y arquetipo del ario perfecto, llegaba al extremo de referirse a él como "mi dios". Al parecer, cuando eran novios le pedía que le hablara de la biblia de Hitler, "Mein Kampf", en vez de darse de revolcones con el futuro alter ego de Himmler. Sin embargo, al progenitor de Lina no le caía nada bien el joven y prometedor Reinhard ya que éste, que antes de hacerse nazi era oficial de la Kriegsmarine, preñó a la hija de un industrial metalúrgico por nombre Otto Schlueter el cual, valiéndose de sus contactos, logró que expulsaran a Heydrich de la armada porque no quiso dar la cara, o sea, casarse con su niña y legitimar al espurio en ciernes. 

Tras el atentado que le costó la vida al siniestro jefe de la Gestado en Praga, Lina se mantuvo viuda hasta 1965, en que se casó con un empresario finlandés. Aparte de la jugosa pensión de viudedad que conservó aún después de la guerra, se metió a hostelera convirtiendo la mansión familiar, el castillo de Fehmarn en un hotel. Le dio a su marido cuatro hijos, tres de los cuales aún viven. 

Frau Himmler

Naturalmente, el archimalvado jefe de las SS también tenía su corazoncito, el cual se prendó de Margarete Siegroth (1893-1967), una señora ocho años mayor que el joven Heini y que, a pesar de que en la foto de la derecha muestra un semblante de walkirya, con la edad se puso más fea que el sobaco de una mona. Su apellido de soltera era Boden, ya que el de Siegroth era el de un marido anterior del que se divorció al poco de casarse. En todo caso, sus rasgos arios, su pelo rubio y sus ojos azules fueron suficientes para enamorar a Heini el cual, según se decía, llegó virgen al matrimonio y todo.

La boda tuvo lugar en julio de 1928, tras lo cual el joven Heinrich montó una granja avícola ya que su verdadera profesión era la de Técnico Agrónomo. Sin embargo, la felicidad conyugal no duró mucho ya que los encantos arios de Margarete se marchitaron a una velocidad muy enojosa y, como ya he dicho, su hermosura se evaporó de forma preocupante. Ello supuso un descalabro emocional para Himmler, que comparaba a su mujer con las de otros nazis que hacían gala de esposas verdaderamente guapetonas, así que se empezó a distanciar de ella y se lió con su secretaria, Hedwig Potthast, la cual le dio dos hijos. Tras la guerra, Margarete fue puesta bajo custodia junto a su hija Gudrun, que había mamado el nazismo desde que nació y era una ferviente nacionalsocialista, y tuvo que prestar declaración como testigo durante el juicio de Nuremberg. Una vez pudo verse libre de los aliados y de la sombra de su difunto marido vivió en un apacible anonimato con su hermana Lydia hasta su muerte.

Frau Goebbels

Nacida como Johanna María Magdalena Behrend (1901-1945), era hija natural de la relación amorosa entre el ingeniero Oskar Ristchel y su criada Auguste con la cual acabó casándose y, por lo tanto reconociendo a Magda, como la conocía todo el mundo, con su apellido. Tras un matrimonio de ocho años, entre 1921 y 1929, con el industrial Günther Quandt, con el que tuvo un hijo varón por nombre Harald, en 1930 se afilia al partido nazi y es asignada a la oficina de Goebbels, a la sazón Gauleiter de Berlín en aquella época. 

Un año después, Magda sucumbió ante los ¿encantos? del maquiavélico ministro de Propaganda nazi el cual, a pesar de su baja estatura, su cojera y su aspecto de enano cabezón y birrioso tenía un éxito bestial con el hembrerío, a las que seducía con su bien entonada voz de barítono y su pico de oro. Está de más decir que el ministro no tuvo inconveniente en aceptar a tan atractiva germana (se la consideraba como la mujer más hermosa de Alemania) que, además, era sumamente fértil ya que le dio seis hijos cuyos nombres empezaban todos por la letra H en honor a Hitler. Magda, que era una ferviente nazi, no estuvo por la labor de ver a su prole ni a ella misma en manos de los malvados bolcheviques, así que se los cargó a todos con cianuro tras lo cual se suicidó junto a su marido. 

Frau Göring

El controvertido mariscal Göring, jefe de la Luftwaffe y lugarteniente de Hitler, tuvo dos cónyuges: la primera fue una sueca llamada Karin Fock, casada con un aristócrata del cual se acabó divorciando porque se encoñó bastante con el antiguo as de la aviación alemana. Pero la pobre palmó en 1931 debido a un problema de corazón, dejando al orondo y morfinómano Hermann muy solo y triste. La tristeza le duró hasta que en 1935 conoció a la señora de aspecto lánguido de la foto de la derecha, una famosa actriz de teatro de aquella época nacida en 1893 y llamada Emma Johanna Henny Sonnemann pero más conocida por su nombre artístico: Emmy Sonnemann a secas. Casada en primeras nupcias en 1916 con un actor dramático, tuvo claro que arrimarse al todopoderoso ministro del Reich le traía más cuenta que la vida de la farándula, así que no lo dudó y se supo ganar al enlutado Hermann y ponerlo contentito. 

En 1938 le dio la única hija del matrimonio, Edda, por cuyo nacimiento volaron sobre Berlín nada menos que 500 aviones para celebrarlo (si hubiese sido varón habrían volado el doble). A Emmy le encantaba la vida de lujo asiático a la que tan aficionado era su marido, que vivía en un palacio llamado Karinhall en honor a su primera mujer y que recibía a las visitas vistiendo un batín de seda hasta el suelo y una gumía cuajada de piedras preciosas en la cintura.El chollo se le acabó con el final de la guerra, ya que sus bienes le fueron confiscados, se le negó la vuelta a su oficio de actriz y se vio viviendo junto a su hija en un apartamento de dos habitaciones sin agua corriente en Munich. Allí permaneció hasta su muerte en 1973.

Frau Hess

Ahí tenemos a la cónyuge del que, hasta su controvertido y extraño vuelo a Escocia, fue el heredero de Hitler, Rudolf Hess. Se trata de Ilse Pröhl (1900-1995), hija de un adinerado médico de Hanover. También fue una nazi de primera hora, afiliándose al partido en 1921 donde conoció al también as de la aviación imperial que, como su camarada Göring, hasta había ganado la Orden pour le Mérite en la contienda. El noviazgo no fue al parecer una relación muy estable que digamos debido a las dudas por parte de Rudolf, que no estaba muy por la labor del casorio. Durante el periodo carcelario de su futuro marido en Landsberg tras el fallido putsch de Munich, la joven Ilse se dedicaba a ir al trullo a recoger los borradores de "Mein Kampf" para mecanografiarlos como Dios manda, lo que la hizo caer estupendamente al führer en ciernes. Tuvieron que ser precisamente los buenos oficios de Hitler los que hicieron terminar felizmente la cosa, siendo incluso el padrino de la boda celebrada en 1927 y, diez años más tarde, también padrino del único retoño de la familia Hess, Rüdiger Wolf. Al acabar la guerra fue detenida como otras tantas cónyuges de los jerifaltes del partido. Liberada en marzo de 1948, le hizo dos higas a los aliados y se largó con su unigénito y sus 1.500 marcos de pensión concedidos por Hitler y que le fueron respetados a Allgau, donde montó un hotel en 1955. Fue la más longeva de todas las damas nazis, al igual que su marido el cual entregó la cuchara en Spandau con 93 años.

Frau Bormann

Martin Bormann, aquel sujeto gris con pinta de funcionario acomodaticio que se hizo con el título de nº 2 del régimen tras la "deserción" de Hess, también se casó como Dios manda. La afortunada mozuela era la hija de un ex-mayor del ejército imperial, Walter Buchs, por nombre Gerda y que apenas contaba con 19 años el día de la boda, celebrada en 1929. El joven Martin supo elegir bien a su cónyuge ya que era tan gris y pasaba tan desapercibida como él. Le dio nada menos que diez hijos, fiel a la doctrina demográfica del partido, cosa en la que ponían bastante empeño los jerarcas nazis por aquello de dar ejemplo y tal. Cuando Bormann desapareció sin dejar ni rastro en las postrimerías del III Reich, la pobre Gerda se vio con una prole que más bien parecía una compañía de zapadores y más desprotegida que una tortuga con ataque de ciática en mitad de una autovía en hora punta. No se portó nada bien el destino con la pobre mujer ya que al acabar la guerra se trasladó con ocho de sus retoños a Wolkenstein, un pueblo fronterizo con Checoslovaquia donde fue detenida e interrogada durante días y días. Al ver sus captores que no andaba bien de salud, en otoño de 1945 la trasladaron al hospital militar de Merano, en Italia, donde se le diagnosticó un cáncer que acabó con su vida el 23 de abril del siguiente año. Al parecer, el verdadero motivo fue un envenenamiento producido por el mercurio administrado durante el tratamiento. Tenía apenas 37 años, y sus hijos de corta edad acabaron en hogares de acogida, un destino que nadie habría imaginado para el todopoderoso hombre en la sombra de Hitler.

En fin, ya conocen vuecedes a las principales damas del nazismo. Como verán, he omitido a frau Hitler, más conocida como Eva Braun, la cual es ya sobradamente conocida por todos. 

Hale, he dicho...