martes, 1 de abril de 2014

Curiosidades: los testículos acorazados




Con la llegada del Renacimiento, una de las modas que proliferaron en cuestiones armamentísticas fue asemejar ciertas piezas de las armaduras de la indumentaria normal. Debido a este nuevo hábito, los escarpes se empezaron a fabricar con una morfología similar a la de los zapatos (el llamado escarpe de pie de oso o el del pico de pato), los toneletes de las armaduras tomaban la apariencia de los sayos masculinos, y en algunos casos incluso se llegaron a fabricar las piezas de los brazos como si de mangas de camisa se tratase. Pero la pieza más peculiar fue sin duda la bragueta, un aditamento que, como vemos en la foto superior, pretendía proteger la zona genital del combatiente pero como si padeciera orquitis aguda. Curioso, ¿no? Veamos como se propaló esta moda...

El Renacimiento trajo una serie de cambios en la moda masculina de las clases más pudientes. Del sayo que cubría hasta las rodillas se pasó al jubón, una prenda ajustada al cuerpo y que no llegaba más abajo de la cintura. Debido a que las calzas solo cubrían las piernas y que las partes pudendas quedaban a la vista salvo que se usara una prenda interior similar al SVBLICACVLVM usado por los romanos, se hizo necesario algo que tapara los genitales masculinos porque eso de ir con la colita al aire no estaba bien visto. El resultado fue la bragueta, un triángulo de paño o cuero que se anudaba a las calzas y que, además de ocultar las partes pudendas, permitía desabrocharla para echar una meada sin necesidad de tenerse que poner medio en pelotas en mitad de la calle. Como vemos en la imagen superior, se moldeaba dicha pieza para, en teoría, dar más y mejor acomodo al miembro viril.

Esta moda empezó a gozar de enorme popularidad, alcanzando proporciones y formas un tanto grotescas tanto en cuanto se convertían en una especie de alarde viril, como si lo oculto tuviera unas dimensiones similares a su cobertura. Un ejemplo lo tenemos en la imagen de la izquierda, que es una preclara muestra de una exageración palmaria...supongo.


Así pues, igual que la bragueta se puso de moda en la ropa civil se impuso en la militar, adoptando una morfología similar pero sustituyendo el tejido por la chapa. Obviamente, las braguetas solo se instalaban para combatir a pie ya que era imposible usarlas montado a caballo. Ahora bien, ¿tenía éste aditamento una utilidad verdadera o era, como pasaba con la ropa, una simple moda falocrática? Yo diría que más bien lo segundo. Si recordamos la entrada dedicada a como se vestían las armaduras, la zona púbica se protegía con unos calzones cortos forrados de malla, los cuales impedían o dificultaban que a uno lo apuñalaran en las ingles o los testículos, uno de los sitios preferidos para acabar con los enemigos cubiertos de hierro de pies a cabeza. Por lo tanto, estas braguetas no tendrían otro sentido que cumplir con una simple moda ya que, además, las ingles quedaban desprotegidas de todas formas. 


En la foto superior podemos ver tres ejemplos bastante ilustrativos. Es más que evidente que con los calzones que se vestían bajo la armadura, esos aditamentos eran simplemente imposibles de rellenar, incluyendo el mostachudo remedo de miembro viril de la derecha que igual representa un retrato de su propietario.

Pero, aparte de ser una mera cuestión de modas, hay estudiosos que se cuestionan si en realidad estas braguetas, tanto las de ropa civil como las metálicas, no cumplían con otro cometido más allá de la moda de turno, y no es otro que disimular u ocultar una enfermedad de tipo venéreo, concretamente la sífilis. Aunque la sífilis era conocida desde mucho antes, no fue hasta finales del siglo XV cuando se expandió por toda Europa alcanzando unos niveles de virulencia como nunca antes se había visto. El detonante principal de semejante epidemia fue el asedio llevado a cabo por las tropas gabachas de Carlos VIII a Nápoles en 1495, tras lo cual su ejército tuvo tal cantidad de bajas por la enfermedad que quedó bastante menguado. De hecho, la sífilis fue llamada desde aquel momento "mal de Nápoles" por los gabachos y "mal francés" por los napolitanos. 

¿Y qué tenía que ver la sífilis con las braguetas? Pues parece ser que bastante. Unos de los síntomas de esa enfermedad es la aparición de chancros que supuran de una mezcla fétida de pus y sangre que no había forma de contener ni de tratar en aquella época. Así pues, para empapar esa porquería se colocaban en los genitales unas gruesas compresas de paño que, obviamente, no había otra forma de disimular bajo la ropa que con las dichosas braguetas, las cuales eran necesarias tanto para pasear por la ciudad como para ir a la guerra ya que la supuración era constante. ¿Quiere esto decir que todo aquel que usara bragueta era un sifilítico? No, naturalmente. Pero lo que sí es muy posible es que padeciendo determinados hombres de elevado rango, como reyes o nobles poderosos, esta enfermedad, pues el resto de los mortales les emularan por considerarlo una simple moda. Unos adictos a las braguetas eran, curiosamente, los lansquenetes alemanes los cuales, por su condición de mercenarios en multitud de conflictos, eran ciertamente bastante propensos a contraer enfermedades venéreas. O igual, quien sabe, las usaban para poder violar ciudadanas sin necesidad de bajarse las calzas, que en pleno saqueo había que darse prisa en todo. En cualquier caso, las braguetas desaparecieron o pasaron de moda a finales del siglo XVI, casualmente cuando la forma epidémica de esta enfermedad había desaparecido.

Bueno, esta es la curiosidad curiosa de hoy.

Hale, he dicho...