sábado, 12 de noviembre de 2016

SPOLIARIUM, el final del camino


"SPOLIARIUM", obra de Juan Luna Novicio datada en 1884 y que recrea el momento en que varios gladiadores
muertos son arrastrados hacia el SPOLIARIUM, escena esta que, según veremos a continuación, es errónea

Bueno, al hilo de la entrada anterior en la que dábamos cuenta de las normas y usos de los MVNERA GLADIATORIA, en esta comentaremos el destino que sufrían todos aquellos que morían en la arena, ya fuesen gladiadores o DAMNATI AD GLADIVM, los condenados a morir a manos de estos o, en el caso de las fieras, los DAMNATI AD BESTIAS. Porque, como está mandado, en la compleja infraestructura de los anfiteatros también se contemplaba todo el proceso a seguir desde que el candidato a phantasma entregaba la cuchara hasta que sus míseras envolturas carnales iban a abonar la tierra o a ser cremados ya que, como sabemos, dependiendo de la época se estilaba más enterrar que incinerar o viceversa.

PORTA LIBITINENSIS del anfiteatro de Itálica
Cuando un gladiador moría en la arena, bien por petición del público o bien por las heridas recibidas durante la lucha, hacían acto de presencia dos curiosos personajes que se hacían cargo del cadáver. Estos dos sujetos salían a la arena por la PORTA LIBITINENSIS, situada en el lado opuesto a la TRVMPHALIS por donde entraban los gladiadores para comenzar los juegos. El nombre de esta puerta estaba tomado de Libitina, que en el panteón romano era la diosa de los muertos y las pompas fúnebres, de modo que el nombre no podía ser más acertado ya que por dicha puerta era por donde salían todos los que habían palmado durante los MVNERA. Estos personajes eran dos empleados del anfiteatro; uno iba disfrazado de Mercurio Psicopompos, el cual actuaba como guía del alma del difunto para conducirla al inframundo. Este Mercurio recibía por ello ese apelativo de psicopompos, palabro derivado del término griego ycopompoz, de psyche, alma, y pompós, guía. Así pues, salía vestido con una túnica corta y el típico sombrero sombrero en forma de champiñón propio de ese dios, portando en la mano su correspondiente caduceo que previamente era calentado al rojo y aplicado al cadáver para corroborar que, en efecto, estaba más muerto que Carracuca.

DIS PATER constatando el deceso del caído con un
rematador homologado norma ISO 9000
Pero si el supuesto difunto hacía algún gesto que indicase que aún no había acabado de morirse, actuaba el segundo personaje, un tipo disfrazado de DIS PATER, una deidad del inframundo asimilada a Plutón, provisto de un mazo con el que aporreaba el cráneo del aspirante a espectro hasta que este decidía que lo mejor era fallecer de una vez para no acabar con una jaqueca terrible. Este personaje se cubría la jeta con una máscara horrible que representaba un demonio o similar con una nariz enorme y ganchuda como si fuese el pico de un buitre, y se pintaba la piel de azul para representar la podredumbre y la corrupción de un cuerpo muerto. Si, por el contrario, una vez aplicado el hierro se comprobaba que el cadáver era en efecto un cadáver de verdad, entonces el DIS PATER le golpeaba la cabeza tres veces con su mazo como símbolo de que el alma del muerto pasaba a ser de su propiedad una vez introducida en el Averno. Por cierto que esta costumbre subsiste con los papas. Cuando uno de ellos muere, el camarlengo le da tres golpes en la frente con un martillo de plata (flojito, no sea que desparrame sus sesos en la almohada) mientras que repite a cada golpe el nombre con que el pontífice fue bautizado, no con el que reinó. Si no responde, que obviamente no lo hará porque los papas son gente seria y cuando se mueren se mueren de verdad, entonces el camarlengo anuncia a los presentes que el PAPA MORTVVS EST, momento en el que se considera oficial el deceso del pontífice aunque haya estirado la pata el día antes en pleno desayuno. 

Dos LIBITINARII se disponen a retirar de la arena
el cadáver de un gladiador
Así pues, una vez corroborada la muerte del gladiador, este era retirado de la arena en unas parihuelas por dos LIBITINARII hacia el SPOLIARIVM mientras que los HARENARII se encargaban de eliminar los restos de sangre echando arena limpia sobre la misma, y aquí volvemos a incidir en la curiosa similitud con los espectáculos taurinos de nuestros días. Por otro lado, es de común creencia que los cadáveres de los gladiadores eran arrastrados mediante unos garfios, pero la realidad es que ese método solo se seguía con los condenados a muerte por ser algo deshonroso. A los luchadores se le rendía esa postrera muestra de respeto trasladando sus cuerpos de una forma digna. El SPOLIARIVM era una siniestra dependencia situada en algún lateral del amplio pasillo que se abría tras la PORTA LIBITINENSIS y que era donde se procedía a la SPOLIA, o sea, a quitarle al muerto sus armas y la ropa. Según Isidoro de Sevilla, el término SPOLIA proviene de la costumbre de arrebatar a los enemigos vencidos los mantos o PALLÆ, por lo que en pureza sería correcto decir EXPALLÆ si bien, por corrupción fonética, acabó con el tiempo pronunciándose SPOLIA

Este, por el contrario, era un
criminal, por lo que es conducido
al SPOLIARIVM arrastrado como
una fiera muerta. Al fondo vemos
al DIS PATER con su máscara
y el mazo
El armamento ofensivo que, como comentamos en la entrada anterior, era proporcionado por el EDITOR de los juegos, iría a parar al ARMAMENTARIVM del anfiteatro donde posiblemente lo alquiló, o bien al lanista con el que contrató toda la movida. Pero el armamento defensivo- casco, escudo, grebas, etc.- aún permanecían sobre el cuerpo del muerto, así que había que andarse con ojo para que no desapareciera misteriosamente ya que, como veremos más abajo, eran objetos codiciados por el personal. De ahí que los lanistas soliesen marcar el equipo que empleaban sus gladiadores en los juegos a fin de que los LIBITINARII no les echasen el guante. 

Este lugar tan agradable y relajante estaba dirigido por el CVRATOR SPOLIARII, un funcionario cuya misión consistía en que el despojo cadavérico fuese efectuado, como está mandado, conforme a las normas. Así, los muertos eran colocados en una mesa y, tras despojarlos de armas y ropa, se les degollaba nuevamente. Hay cierta controversia acerca de esta práctica ya que, obviamente, si un caído no había muerto tras la degollación llevada a cabo por su enemigo, los mazazos del DIS PATER bastarían para culminar el deceso. De ahí que surgiera la hipótesis de que quizás ese segundo degüello se practicase solo con los condenados a muerte a fin de comprobar que la sentencia era cumplida de forma inexorable, sin posibilidad de que los familiares y amigos del condenado hubiesen sobornado a cualquiera, incluido el fulano del mazo, para que no acabaran con su él, pudiendo así rescatarlo aunque estuviese muy averiado y salvarle la vida. 


Máscara de un DIS PATER
Sin embargo, parece ser que en, el caso de los gladiadores, la finalidad de esta postrera degollación obedecía a intereses de tipo mucho menos formales y sí más venales porque, según afirmaban personajes tan afamados por su sabiduría como Celso o Plinio, la sangre de los gladiadores era especialmente eficaz contra determinados males e incluso contra la epilepsia. Se daba por sentado que, siendo los gladiadores unos sujetos fuertes, valerosos, agresivos y, en definitiva, la quintaesencia de la virilidad, su sangre era portadora de la energía necesaria para curar la impotencia, la esterilidad o la debilidad. Y a tales extremos llegaba la fe del personal en la eficacia de la hemoglobina gladiatoria que muchos se tiraban de cabeza a la arena en cuanto veían caer a un gladiador herido para beberse su sangre derramada allí mismo, como si de un perro sediento se tratara. Otros preferían comerse un trozo de hígado dividido en nueve pequeñas porciones, lo cual es aún más asqueroso.

Cráneo de uno de los gladiadores hallados en Éfeso.
Las fracturas que presenta fueron sin duda producidas
por el mazo del DIS PATER ya que mientras combatía
tenía la cabeza protegida por el casco
Por lo visto, también acabó siendo parte del rito matrimonial el preparar el peinado de las novias con un alfiler o punzón previamente mojado en sangre de gladiador ya que eso aseguraba un matrimonio próspero, fértil y feliz. Conviene aclarar que los romanos eran una sociedad que llevaba la superstición a extremos de verdadera paranoia pero, en todo caso, lo cierto es que se montó un lucrativo negocio con el tema de la sangre de los gladiadores, la cual era envasada en los SPOLIARII de los anfiteatros para luego venderla y sacarle pingües beneficios. Pero no solo se compraban a buen precio los hematíes de estos desgraciados, sino que también se ofrecían a los funcionarios del anfiteatro jugosas sumas por las armas que habían producido la muerte de los gladiadores difuntos, a las cuales se les atribuía poderes excepcionales ya que, del mismo modo que habían arrebatado una vida, tenían poder para insuflar bienestar y vitalidad en aquel que las poseía. Un ejemplo nos lo da Suetonio cuando narra que Clau-Clau-Claudio, que además de ser tonto del culo era un supersticioso contumaz, llegó a mandar forjar pequeños cuchillos con las hojas de dos espadas procedentes de sendos gladiadores que se habían acuchillado al unísono durante un combate, feneciendo el uno con el otro. En definitiva, el personal pagaba lo que fuera a los empleados del anfiteatro por cualquier despojo gladiatorio, por lo que, en este caso, el espolio llevado a cabo era completamente literal porque hasta se compraban trozos de la tela de su SUBLIGACVLVM. Cabe suponer que de todo este tráfico mortuorio el CVRATOR SPOLIARII se llevaría su comisión, faltaría más.

Lápida de un tracio por nombre Satornilos que nos
muestra la palma de la victoria, o sea, que no le fue mal
la cosa hasta que se le acabó la suerte. La lápida fue costeada
por la FAMILIA GLADIATORIA, o sea, el personal de la
escuela de gladiadores a la que pertenecía
Una vez finalizado el espolio solo restaba entregar los cuerpos a quienes lo reclamasen, si bien en el caso de los condenados a muerte se limitaban a tirar sus cadáveres al río más cercano para que se los llevara la corriente a hacer puñetas ya que no merecían unas exequias como Júpiter manda. Pero los despojos de los gladiadores podían ser retirados por algún familiar o amigo para, a continuación, llevar a cabo su funeral y posterior entierro o cremación en un cementerio para gladiadores o en una zona apartada dentro de un cementerio normal,  ya que no se permitía depositar sus restos cerca de los de la gente por estar considerados como personas infames. Caso de que el difunto no tuviera familia, lo habitual era que sus compañeros reclamaran su cuerpo y costeasen sus exequias, pudiendo darse el caso incluso de gladiadores cuyo entierro era pagado por algún admirador. Otra posibilidad era que el EDITOR pagase una fosa común y su correspondiente lápida como muestra de gratitud en caso de que los juegos se hubiesen desarrollado a su entera satisfacción. 

En fin, así era el paso de los gladiadores por el SPOLIARIVM, donde los perdedores que no eran apreciados por el público ponían término a su andadura terrenal. Como vemos, aparte de bulos como el del arrastre mediante garfios y tal, el proceso seguido desde la muerte de estos combatientes en la arena hasta que eran finalmente sepultados o incinerados no es precisamente muy conocido por el público en general, así que ya tenemos una nueva forma de humillar al cuñado experto en el mundo romano porque estuvo una vez frente al Coliseo donde, por un módico estipendio, estuvo hora y media haciéndose fotos con un probo ciudadano disfrazado de centurión.

Bueno, ya seguiremos con el tema gladiatorio, que da para mucho y es asaz interesante.

Hale, he dicho

Uno de los esqueletos hallados en Éfeso en el año 93. En dicho cementerio aparecieron los restos de 68 gladiadores
que fueron datados entre los siglos II y III d.C. El equipo de arqueólogos sugirió que podría tratarse de un cementerio
costeado por el lanista de un LVDI GLADIATORII local

2 comentarios:

Jerezano dijo...

Tampoco fue tan tonto Clau-Clau-Claudio.

Amo del castillo dijo...

Rematadamente tonto, Sr. Jerezano. Lea a Suetonio y verá que semejante memo diplomado tenía menos luces que las galerías de un hormiguero. Lo que pasa es que la celebérrima novela de Robert Graves, en la que lo dibuja como un tipo listísimo que se hizo el tonto para sobrevivir en el siniestro ambiente de la familia imperial, ha hecho pensar a muchos que era poco menos que un portento tartamudo. Pero de eso nada. Clau-Clau-Claudio era un inope mental con las manías más absurdas, que hasta tenía la costumbre de condenar a los retiarios vencidos porque le complacía ver el rictus de dolor y agonía reflejado en sus jetas cuando sus enemigos los degollaban, ya que eran los únicos gladiadores que luchaban y morían sin tener la cabeza cubierta por un casco.

Un saludo