jueves, 8 de agosto de 2019

El cine y la guerra: la batalla de Stirling Bridge


El puente de piedra que sustituyo al original de madera, situado un poco más arriba

Un iracundo Wallace a punto de cargarse al alevoso Mornay en su propia
piltra. Lo que no explican es que Mornay llevaba ya tiempo criando malvas,
no lo había traicionado y tampoco cómo leches consigue llegar a su aposento
sin bajarse del penco
Hemos repetido cienes y cienes de veces que el mayor propalador de mentiras es el cine. Es algo tan palmario e inexorable como que los cuñados son unos miserables. Estamos ante una cuestión que jamás he entendido. ¿Por qué tergiversar un hecho histórico que, además de ser constatable, el hecho en sí es lo suficientemente épico? Ah, misterio. No sé qué pasará por los magines de guionistas y directores, pero lo cierto es que mienten como bellacos y se quedan tan panchos. Como algunos recordarán, a lo largo del tiempo se han publicado diversas entradas sobre películas históricas en las que los anacronismos, camelos y falsedades son abrumadores hasta el extremo de poder decir eso de que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Bien, entre ellas se habló de la celebrada "Braveheart", estrenada en 1995 (carajo, como pasa el tiempo, etc.) y dirigida por Mel Gibson. El resultado fue una cinta épica, con batallitas chulas con mucha sangre salpicando a la cámara y tal, pero nada más. A mi entender, es absurdo que un período histórico del que se podía sacar jugo para eso y más fuese deformado hasta lo ridículo, añadiendo falsedades y eliminando verdades cuando estas verdades eran válidas para mantener una trama de lo más emocionante. 

Cuando tiene lugar este supuesto parlamento con Isabel de Francia, nuera de
Eduardo I, tampoco explican que en esa época tendría unos 5 añitos
solamente y, como podrán suponer, vivía en Francia con papá y mamá
Bueno, redundar en eso carece de sentido. El mercantilismo es lo que cuenta y los productores lo que quieren es rentabilizar su inversión como sea,  y más en este caso ya que el presupuesto alcanzó los 70 millones de dólares de hace casi 30 años, que era un pastizal muy, pero que muy ganso. No obstante, se resarcieron con los más de 210 millones que recaudaron, así que tanto los productores como el Sr. Gibson se pusieron muy contentitos, y más cuando la cinta fue premiada con cinco Oscars entre otros muchos galardones. Bien, pues premios y beneficios obtenidos aparte, a nivel histórico ya sabemos que la película no vale un pimiento, y precisamente uno de sus principales atractivos, la batalla de Stirling Bridge, se parece a los hechos originales tanto como un huevo a una castaña. Y sobre esto hablaremos en este artículo estival en el que la joía caló me va a matá der tó, cagüenlaleshe. En fin, al grano...

Lochlan, Mornay y Craig. De los tres, solo Mornay participó en la batalla,
y encima palmó en la misma. Los otros dos no se sabe quiénes eran
Para los que lo hayan olvidado les recuerdo que, en la trama, un ejército escocés mandado por Mornay, Lochlan y Craig se encuentra delante de un vasto ejército inglés (Dios maldiga a Nelson) al mando del conde de Surrey. Son mogollón de ingleses, así que el personal decide que lo mejor es tomar camino de vuelta porque dan por sentado que, como son menos, les darán las del tigre. La acción se desarrolla en un extenso y despejado prado ideal para librar una batallita guay. Pero cuando los escoceses empiezan a largarse pasando de las exhortaciones de sus caudillos, aparece Wallace con su enorme mandoble y un grupo de colegas para echarles una arenga emocionante y animarlos a combatir. Como Wallace ya es famosete y tal, pues deciden hacerle caso. Y, como mandan los cánones, antes de iniciar la batalla los mandos de ambas partes se reúnen para parlamentar con el inglés. Por los escoceses acuden Mornay, Lochlan, Craig y Wallace en plan chulo, y por los enemigos un tal Cheltham, que aparece como segundo al mando. Como no se ponen de acuerdo, pues nada, a darse estopa.

Qué impudicia, carajo...
Surrey manda disparar un par de andanadas a sus arqueros, a lo que los escoceses replican enseñándoles las partes pudendas y los culos. A continuación ordena cargar a su caballería pesada. Pero justo antes del choque, el astuto Wallace ha preparado mogollón de estacas afiladas, deshaciendo la carga y aniquilando a los jinetes. A continuación, ambas infanterías se acometen como carneros en celo a todo correr y se masacran bonitamente. El tal Cheltham es decapitado por Wallace. Surrey, al ver a su ejército en vías de extinción, llega a la conclusión de que quedarse allí como un pasmarote no le trae cuenta, así que se larga del campo del honor, dando la victoria a los escoceses. Tras la batallita, Craig nombra a Wallace en presencia de los nobles escoceses Guardián de Escocia. 

Bueno, básicamente así se desarrolla toda esta escena en la que solo hay una verdad: ganaron los escoceses, porque al caudillo del ejército inglés ni lo mencionan, y el blasón que luce en su cota de armas no es el de Surrey. Nada más. Ni el lugar, ni los personajes (salvo Wallace y Mornay), ni el desarrollo de la batalla tienen absolutamente nada que ver con los hechos acontecidos el 11 de septiembre de 1297 y que, por cierto, fueron mucho más emocionantes y dramáticos que la cagada con que el Sr. Gibson y su mandoble pretende simular la batalla de Stirling Bridge. Ante todo, veamos una comparativa del paraje donde tuvo lugar el suceso:


Vista del meandro del Forth desde el oeste. En el círculo se ve la abadía
de Craig dominando la llanura
Ahí tenemos el lugar. Como vemos, es una extensa llanura por donde corre el río Forth en dirección norte-sur formando cerrados meandros que dificultan el movimiento. Al noroeste, dominándolo todo, tenemos el castillo de Stirling, en poder de Eduardo I. Al sur, la abadía de Cambuskenneth, y al este la de Craig- ambas de la orden dominica-, asentada sobre las colinas de Ochil, a unos 110 metros de altura sobre el llano, y rodeada por una densa arboleda. Delante de la abadía vemos el camino que conducía desde Glasgow hasta Perth. En cuanto al famoso puente que dio nombre a la batalla, era una estructura de madera sustentada por ocho pilares de piedra. 

Y en el lado opuesto, el castillo de Stirling
No era excesivamente ancho, ya que apenas daba para que circulase un carro o dos caballos. Por cierto que el puente de piedra que se conserva actualmente, datado hacia el siglo XV, no es el original. El de la batalla estaba unos metros río arriba. Se ha sabido a raíz de la aparición de los pilares que lo sustentaban, que estaban bajo el agua. En todo caso, hemos colocado su posición conforme al que se conserva por tener una referencia ya que la posición exacta es irrelevante en este caso. Por lo demás, el camino que unía Stirling con el de Glasgow a Perth estaba al parecer sobre-elevado en el terreno por ser una zona que se anegaba con cierta regularidad, sobre todo en invierno como es lógico. Solo resta añadir que a poco más de 1,5 km. del puente río arriba, en la confluencia del río Teith con el Forth, había al parecer un vado cuya utilidad veremos más adelante.


El 10 de septiembre, víspera del comienzo de la fiesta, los dos ejércitos ocupan posiciones. Los escoceses se sitúan ante la abadía de Craig para tener un amplio campo de visión de los movimientos del enemigo y, de paso, la posibilidad de poder escabullirse en el bosque si las cosas no prometen desarrollarse como esperan. Los ingleses hacen lo propio: Surrey, que está alojado en el castillo, distribuye a sus tropas delante del puente con la idea de cruzarlo y presentar batalla en la llanura. Como vemos, ni siquiera hemos empezado a derramar sangre y lo que sale en la peli no tiene nada que ver con esto. Veamos los efectivos que tanto preocupaban a los escoceses como para hacer que desertaran por la cara:

EJÉRCITO INGLÉS:

Blasones de los mandamases de ambos ejércitos. No se sabe
con certeza si el de Wallace era el que mostramos, pero algunas
fuentes de la época lo describían así
Comandante: John de Warenne, VI conde de Surrey y nombrado por Eduardo I  Guardián del Reino y la Tierra de Escocia, un hombre de 66 años bastante ajado debido al clima del país. De hecho, había pedido al rey Eduardo ser relevado y estaba esperando la llegada de su sustituto, Brian Fizalan de Bedale. Por cierto que el actor que lo representa es mucho más joven.

Jefe de la vanguardia: Sir Hugh Cressingham, Tesorero de Escocia. Este es el Cheltham de la peli al que no sé por qué le cambiaron el nombre. No era un militar profesional, sino un funcionario. Era odiado profundamente por el pueblo escocés por sus rapiñas y su carácter altanero y despótico. En el momento de la acción era un hombre de 33 años bastante metido en carnes porque, obviamente, su oficio de raspamonedas no le permitía quemar sus lorzas. Y en este caso, al revés, el actor que hace de Cheltham o como quieran llamarlo parece su padre.

Jefe de la caballería: Sir Marmaduke de Thweng. Militar profesional de reconocido prestigio, fue el verdadero héroe de la jornada como luego veremos. Tendría alrededor de 47 años.

Jefe del cuerpo central: Sir William Latimer. También militar profesional, tenía unos 54 años.

Jefe de la retaguardia: Sir Walter Huntercombe. Mismo historial que el anterior y con 5o años en aquel momento. Como vemos, salvo Cressingham eran ya hombres talluditos para la época, cuando no viejos declarados.

Y aquí tenemos los de los jefes secundarios del ejército inglés
Efectivos:

La vanguardia al mando de Cressingham estaba formada por:

150 caballos coraza al mando de sir Marmaduke de Thweng
1.000 peones
800 arqueros 
50 ballesteros procedentes de la guarnición del castillo de Stirling al mando de sir Richard Waldegrave

El cuerpo central y la retaguardia contaban con:

200 caballos coraza
4.500 hombres entre peones y arqueros

En total, el ejército inglés disponía de 350 caballos coraza y 6.350 infantes entre peones, arqueros y ballesteros.

En cuanto al ejército escocés, solo tenía dos mandos: William Wallace y sir Andrew Mornay (o Murray, o Moray). No había más jefes ni gaitas, y nunca mejor dicho. Sus fuerzas no eran ni remotamente inferiores a las inglesas, que solo los superaban en caballería.

Caballería: 180 jinetes entre caballeros, hombres de armas y caballería ligera, o sea, justo la mitad de sus enemigos,

Infantería: 6.000 peones y 400 arqueros

Zarrapastrosos ficticios
Y una aclaración importante: el ejército escocés no estaba formado por una caterva desorganizada de desarrapados harapientos, sino por tropas equipadas y armadas como las inglesas, y Wallace y Mornay no iban con su kilt y sin armamento defensivo ni chorradas, sino armados de punta en blanco, como correspondía a un jefe militar de la época: loriga, perpunte, almofar, yelmo, cota de armas, etc.

Bien, a medida que avanzamos podemos corroborar que lo de la peli es un camelo de antología, así que vayan tomado buena nota porque sé de buena tinta que hay cuñados que han visionado la puñetera batalla unas 47 veces y creen que se la saben de memoria. Prosigamos...

El parlamento entre pseudo-Cressingham y los régulos escoceses que
nunca tuvo lugar
El mismo día 10 se presentan ante Surrey dos escoceses traidorzuelos: James Stewart, V Gran Senescal de Escocia, y Malcon, V conde de Lennox. Habían jurado fidelidad a Eduardo I, pero eran de los que no dudaban en cambiar de bando si les interesaba. Surrey, que se fiaba de ellos lo mismo que de un cuñado sediento, se limitó a enviarlos a parlamentar con Wallace para ver si se podía evitar la batalla. El caudillo escocés los mandó al carajo porque se fiaba de ellos menos aún, así que tuvieron que volver muy mohínos ante Surrey y asegurarle que acudirían al campo de batalla con 40 caballos coraza. Y llega el día 11. Veamos qué pasó...


Con las primeras luces del alba, la vanguardia al mando de Cressingham empieza a cruzar el puente. Teniendo en cuenta lo estrecho que es se tardarán horas en pasar el ejército entero, así que conviene darse prisa. Sin embargo, Surrey sigue planchando la oreja, y mientras el jefe no salga de la piltra no se mueve ni el tato. Total, que ordenan dar media vuelta y volver al punto de partida. Mientras tanto, Wallace y Mornay lo ven todo desde su posición elevada en la abadía de Craig, a apenas 2,5 kilómetros del puente, y se extrañan de ese absurdo movimiento. Su plan es esperar de momento a ver qué leches piensan hacer los ingleses y, en base a ello, decidir como actuar. Cuando por fin se levanta Surrey, siguiendo la tradición arma caballeros a varios escuderos que se estrenarán en esa jornada. 

Los arqueros que inician la batalla en la peli y de los que no hay constancia
de que disparasen una sola flecha
Una vez terminada la ceremonia, la vanguardia vuelve a cruzar el puñetero puente. Pero, mientras tanto, llegan Stewart y Lennox con sus 40 caballos coraza, lo que hace pensar a Surrey que han podido llegar a un acuerdo con Wallace y, antes de escuchar lo que tienen que decir, ordena de nuevo que las tropas vuelvan a cruzar el río. Este hombre chocheba, creo... La cuestión es que los dos alevosos escoceses no traían noticias de nada, ni se habían vuelto a reunir con Wallace así que, por tercera vez, Cressingham cruza el río al frente de sus tropas y las distribuye tal como vemos en el gráfico superior: infantería y arqueros en el centro apoyados en las alas por la caballería. Todo muy convencional. Pero no se da cuenta de un detalle: el meandro que forma el Forth, que convierte esa zona en una trampa mortal cuya única salida es un puente birrioso donde apenas se puede circular. Las cosas pueden torcerse, ¿verdad? A la vista del panorama, Wallace decide bajar al llano y desplegar a sus tropas a la espera de que los ingleses se aclaren de una vez. Forma su infantería en schiltrons, una especie de falange en miniatura originaria de los pueblos vikingos. Como dispone de 6.000 infantes forma diez cuadros de 100 hombres en fondo y 6 en profundidad para prevenir una repentina carga.


La terrible carga de caballos coraza que nunca fue
Es ya media mañana. La vanguardia se empieza a distribuir en el campo mientras que Surrey celebra consejo de guerra, que digo yo que podría haberlo celebrado el día antes. Sin embargo, parece ser que daba por sentado que los escoceses o no presentarían batalla, o se largarían al poco de comenzar en base a experiencias anteriores, en las que los enemigos no se habían mostrado especialmente muy combativos. De hecho, un caballero escocés al servicio de los ingleses, Richard Lundie, le pidió un grupo de hombres para cruzar por el vado mencionado anteriormente y atacar a los escoceses por la zaga, pero Surrey estaba tan convencido de la victoria que se negó aduciendo que el enemigo no se movería hasta que todo su ejército cruzara el puente. Más aún, Cressingham fue el que puso más interés en rechazar la oferta de Lundie ya que estaba deseoso de arrogarse la victoria aquel día para ganar puntos ante el monarca. Así pues, la situación en aquel momento es la que vemos en el mapa superior: la vanguardia inglesa ya está desplegada. La forman aproximadamente un tercio del total del ejército de Surrey, y aún podrían pasar horas antes de que cruzase el resto de las tropas. 

Posteriormente al parlamento celebrado con Stewart y Lennox, Surrey también lo había intentado con los abades de Cambuskenneth y Craig, que se presentaron en el campamento de Wallace junto a esta última abadía, pero la negativa también fue firme. 

- Retirad esa propuesta, que no estamos aquí para hacer las paces sino para luchar para defendernos y liberar nuestro reino. Que vengan y se lo demostraremos en sus propias barbas- replicó Wallace a los dos dominicos.

Y el ingenioso ardid de las estacas que no pudo ser porque no hubo carga
O sea, que el caudillo escocés no estaba por la labor de hacer lo habitual en sus paisanos, que era chaquetear y sacar a cambio algún beneficio. En todo caso, cuando Wallace y Mornay vieron que parte del ejército inglés estaba literalmente a su merced porque el resto aún tenía que cruzar el puente, tuvieron claro qué era lo que debían hacer: atacar aprovechando su superioridad, que en aquel momento era de tres a uno. Por lo tanto, dieron a los schiltrons orden de avanzar contra la vanguardia de Cressingham, que en aquel momento debía estar formada por unos 2.000 peones y cien o ciento cincuenta caballos. Los escoceses atacaron en masa, dejando una pequeña tropa de arqueros y su mínima caballería de reserva para proteger su flanco izquierdo. La cosa se pone emocionante.


Wallace le cura la crisis de ansiedad a pesudo-Cressingham de forma
expeditiva y eficaz
Las perspectivas se ponen de repente muy desagradables para los ingleses. Los escoceses, a cosa de 800 metros de distancia, avanzan rápidamente pero sin romper la formación, que es básica para mantener la fuerza de choque. O sea, nada de esas carreras desaforadas en las que cada cual va a su bola y que cuando llegan al contacto van con la lengua fuera, sino un paso ligero que le permite avanzar en orden y sin cansarse demasiado. Los  schiltrons, que van armados con lanzas, tienen la sana intención de convertir a sus enemigos en aceitunas de martini, y la cosa se pone tela de chunga. Cressingham se pone de los nervios porque se da cuenta de que está en una ratonera de la que no puede salir. El puente está ocupado por las tropas que aún deben cruzarlo, y los escoceses han llegado al contacto con un empuje arrollador encabezados por Wallace y Mornay, que no van dando carreras mandoble en mano, sino a caballo. Pide un Orfidal a su escudero, pero le dice que faltan siglos para que se inventen esas porquerías, así que lo lleva crudo. Comienza la desbandada.

Los escoceses logran alcanzar el puente, cerrando el paso a los que quieren cruzar desde la otra orilla, aunque de todas formas se les han quitado las ganas de repente, e impiden que las tropas de Cressingham puedan volver, así que solo les queda replegarse hacia el meandro que tienen a sus espaldas. Surrey, junto con Huntercombe y Latimer solo pueden contemplar espantados como comienza la masacre. 


La infantería queda completamente acorralada. Solo les resta tirarse al agua e intentar cruzar el río, pero pocos lo consiguen. Los hombres de armas se hunden como piedras por el peso de sus lorigas, yelmos, etc., y palman ahogados en un periquete. Solo unos 300 galeses provistos de armamento ligero logran pasar a la otra orilla mientras que los escoceses se dedican a hacer pinchitos morunos con sus colegas. Uno de los primeros en caer es precisamente Cressingham que, debido a su sobrepeso, la silla le queda pequeña y no puede mantenerse estable sobre ella. En la vorágine de la batalla cae o es derribado, y ya no puede levantarse más. Identificado por su cota de armas donde luce los tres cisnes negros, varios enemigos se le echan encima y lo masacran a lo bestia. Posteriormente su cadáver fue desollado y, según las crónicas de la época, el mismo Wallace ordenó que se sacase una tira de piel desde el hombro hasta el talón para fabricarse un cinturón. 

Surrey acaba de acordarse que tiene cita con el dentista
Sir Marmaduke logra reagrupar a los jinetes que quedan sobre sus pencos e intenta alcanzar el puente, que estaba ya defendido por los escoceses. Sin embargo, pudo iniciar una carga para abrirse paso entre los enemigos. Al cabo, aunque derrotados, un grupo de caballos coraza era una fuerza temible así que fueron avanzando haciendo un esfuerzo supremo. El momento heroico de sir Marmaduke fue cuando vio como un sobrino suyo caía junto a su caballo, que había sido atravesado por una lanza enemiga. Sir Marmaduke no se lo pensó dos veces: echó pie a tierra, sacó al joven de debajo de su penco muerto y lo aupó en la grupa del de su escudero. Luego volvió a montar en su bridón y, finalmente, lograron cruzar el puente, poniendo a salvo los restos de la caballería bajo sus órdenes. Y mientras tanto, los escoceses ponían todo el cariño del mundo para no dejar un solo inglés vivo hasta que Surrey, plenamente convencido de que le habían dado para el pelo, abandonó el campo del honor.

Castillo de Dumbarton, donde pusieron a buen recaudo a sir Marmaduke.
Su aspecto es muy distinto al que tendría en el siglo XIII
Por todo ello podemos decir que, en cierto modo, más que ganar la batalla los escoceses la perdieron los ingleses. Dos tercios de su ejército estaban intactos ya que ni siquiera habían podido tomar parte en la pelea, y Surrey ni se molestó en plantarse ante el maldito puente y esperar por si el enemigo decidía proseguir la lucha de alguna forma. Pero optó por lo más cómodo: mandó destruirlo y se largó a Berwick a tal velocidad que reventó su montura por el camino. Dejó el castillo de Stirling al mando de sir Marmaduke y de William Fitzarin prometiéndoles volver con refuerzos, pero al final no envió a nadie. Una vez que quedó claro que Surrey se había marchado sin billete de vuelta, Wallace puso cerco al castillo, que tuvo que rendirse en poco tiempo por carecer de víveres y pertrechos para un largo asedio. Sir Marmaduke fue hecho prisionero, pero en 1299 fue intercambiado por John de Moubray, un caballero escocés cautivo de los ingleses. Por lo demás, las bajas inglesas debieron ser casi la totalidad de los efectivos de la vanguardia salvo los galeses que pudieron huir a nado y los pocos jinetes que logró reunir sir Marmaduke. En cuando a los escoceses, se desconoce el número de bajas del ejército de Wallace, si bien debieron ser mínimas. No obstante, Mornay murió, no se sabe con certeza si en la batalla o poco después a causa de sus heridas. Sea como fuere, lo cierto es que no pudo traicionar al héroe escocés posteriormente, como sale en la peli.

En fin, criaturas, ya vemos como, en efecto, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. La batalla del puente de Stirling peliculera es un simple subterfugio desde principio a fin, y su desarrollo no se asemeja en nada a la de verdad salvo en que al final ganan los escoceses. Ni Wallace iba hecho un harapiento pintarrajeado de azul con la pelambre al aire, ni sus tropas eran unos asquerosillos armados y vestidos de cualquier forma. En resumen, la batalla de la película es una mierda históricamente hablando.

En cuanto al aspecto real de Wallace, no hay retratos originales de este personaje, sino reproducciones idealizadas propias del romanticismo. Pero, aparte de sus rasgos físicos, la estatua que vemos a la derecha, obra de D. Stevenson y que se encuentra en el "Scottish National Portrait Gallery" de Edimburgo casa mucho más con la realidad. Wallace no era el energúmeno andrajoso que representó Gibson, no sé por qué, sino un miembro de la baja nobleza que, al alcanzar cierto estatus, lógicamente vestiría e iría armado conforme a los usos de la época.

Bueno, con esto vale por hoy. Ya saben, lo de Stirling Bridge puede ser letal para cualquier cuñado aficionado a los "documentales" del Canal Historia.

Hale, he dicho

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POST SCRIPTVM: Con la que dedicamos a los gazapos de la peli ya pueden darle la puntilla.


¡¡CAMPEOOONES, CAMPEOOOONES, OEOEOEEEEEEEEEE!!

30 comentarios:

daniel dijo...

Muy buena explicación amo del castillo, que decepción ahora con mel gibson, debería haber alguna ley en contra de esas deformaciones de la historia.
me mato con ese: "Pide un Orfidal a su escudero, pero le dice que faltan siglos para que se inventen esas porquerías, así que lo lleva crudo"
JA JA JA.

Veo dijo...

Desde luego la batalla real es digna de una película... pero de los Monty Python!

dani dijo...

Gran artículo, como de costumbre. Le felicito.

Marcos dijo...

Excelente articulo sr. amo, quería preguntarle sobre las protecciones de cuero que usan los montañeses, existieron de verdad esas armaduras? o es otra licencia de la película? a primera vista me resultan similares a las brigantinas (aunque sea un anacronismo).

Amo del castillo dijo...

Me temo que las "licencias artísticas" siempre serán legales, Sr. Daniel. Si las prohibieran se acababa parte de la industria cinematográfica. Respecto al Orfidal, piense lo mal que lo pasarían para sobrellevar los ataques de ansiedad en aquella época. Sería casi tan terrible como no haber inventado aún las latas de calamares en salsa americana, ¿no?

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

No imagina la de batallas dignas de los Monty Phyton que hay en la historia, Sr. Veo. Hay hasta libros dedicadas a ellas, con eso se lo digo todo.

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

Muy agradecido vos quedo, Sr. Dani

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

Es la enésima licencia, Sr. Marcos, como las muñequeras esas que siempre salen en las pelis de romanos y de la Edad Media pero que jamás han sido representadas en ninguna pintura o escultura. Los combatientes pobretones recurrían a la protección más barata, el perpunte, prenda a la que ya se dedicó una entrada en su día. Esas cosas a base de cachos de cuero llenos de remaches no tengo ni idea de dónde se los han inventado, la verdad. Colijo que deben proceder de esos grabados decimonónicos con más errores que la declaración de la renta de un concejal nada más hacerse con el cargo.

Un saludo y gracias por su comentario

CSF dijo...

Muy excelente apunte. Pero el cine es eso, cine, no historia, es estética y diversión.
Wallace armado de punta en blanco no daría la misma imagen que medio desnudo con una claymore. Como contar que Custer, que era iun asesino de masas y un incompetente oficial, fue responsable de la másacre de sus hombres no permitiria filmar a un heroico Errol Flynn cantando Garry Owen en Murieron con las Botas Puestas

Ismael dijo...

Gran entrada como siempre.
De niño renté ésta película en VHS (eran dos cassettes) al azar, venía sin subtítulos y no entendía nada, hasta que la dichosa batalla me voló la cabeza, me creí todo como dogma y acepté a Gibson en mi corazón, por eso mismo me costó mucho irme haciendo a la idea de como eran las cosas en las batallas reales porque la experiencia inicial era de decepción. Por cierto tengo la sensación de que despues de esa batalla, todas las batallas del cine bélico comercial han tratado de superarla o emularla.

He visto gente que creí sesuda negar la historia real como algo aburrido y amenazante ante sus amados tópicos cuando es todo lo contrario, o perderle interés porque "no era como creía", y eso da pauta a mas ideas erroneas que se extienden por otros medios de comunicación y la gente les concede autoridad.

Como producto de entretenimiento la disfruté mucho en su momento, igual ahora es divertida de otro modo, nos tocó ser amargados.

CURA UT UALEAS

Veo dijo...

La verdad que en realidad lo entiendo, soy aficionado a los vídeojuegos de batallitas y ya en la comodidad de mi casa y arriesgando únicamente el orgullo la presión me ha llevado a cometer errores estúpidos que luego uno mismo ve cómo evidentes.
No quiero imaginar cómo sería arriesgando la propia vida y con las incomodidades propias de una campaña.

Gran trabajo por cierto señor Amo, el apoyo visual es excelente para comprender la batalla.

Amo del castillo dijo...

A ver, Sr. CSF, a mí me parece muy bien que un guionista ponga a Custer como el mejor estratega de la historia o a Stalin como un benéfico protector de su amado pueblo, pero que antes de empezar la peli pongan un aviso bien grande que diga: LO QUE VAN A VER ES FICCIÓN SIN BASE HISTÓRICA. SOLO SE HA HECHO USO DE PERSONAJES REALES PARA AMBIENTAR LA PELÍCULA.

Con ese aviso ya sabe uno que lo que va a ver es un camelo independientemente de que flipe en colores por lo bien que se maten en la pantalla o el gesto hierático aunque un tanto resignado de Errol Flynn mientras que Caballo Loco le da las del tigre.

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

El cine es un medio perfecto para practicar la ingeniería social en todos los aspectos, Sr. Ismael. Como Vd. mismo dice, se permiten tergiversar la historia y, encima, hacer que la gente "prefiera" creer la mentira antes que a verdad aún sabiendo que es mentira. En todo caso, Gibson no fue ni remotamente el primero en filmar batallas en plan sangriento. A mi entender, la primera vez que se filmaron escenas verdaderamente realistas fue en la fastuosa "El señor de la guerra", dirigida por Schaffner en 1965. De hecho, y esto ya lo he comentado alguna vez, se terminó por el empeño que puso Charlton Heston, su protagonista, porque la productora consideró que era demasiado violenta y que iba a ser un fracaso. Si no la ha visto, búsquela como sea porque alucinará con ella.

Gibson lo que sí puso en juego fueron unos efectos visuales muy buenos y, temas de falsedades aparte, le quedó un producto bastante decente donde se gastaron litros y litros de salsa de tomate. Pero, al mismo tiempo, a medida que la edición digital avanza el mérito disminuye a mi entender. Por eso, escenas como la carrera de cuadrigas de Ben Hur son absolutamente insuperables ya que ahí no hubo trampa ni cartón. Se pasaron semanas filmándola y sudando tinta tanto los dobles como los actores, que a diario acababan en la enfermería con cortes y desollones.

PAX TECVM

POST SCRIPTVM: Si no ha visto la del señor de la guerra y no puede localizarla, avíseme

Amo del castillo dijo...

El problema de las batallas cuando se pierden es que se ven los errores a toro pasado, Sr. Veo. Pero claro, entonces es tarde para rectificar. Ojo, ha habido muchas en las que la derrota estaba cantada de antemano por la más que evidente incompetencia del mandamás, pero eso es otra historia.

Por lo demás, celebro que haya sido de su interés. Ya se irán publicando más artículos sobre este tema, hayan salido o no en una película, porque la verdad es que es una cuestión que se ha tratado muy por encima en el blog.

Un saludo y gracias por su comentario

CSF dijo...

Cierto es, pero creo que la falsedad del cine o la TV es algo sobreentendido.

EL señor de la Guerra, aún recuerdo cuando la vi la primera vez con Charlton Heston con aquella peluca.

Respecto a las batallas perdidas dos solicitudes para usted, Cannae, donde Amilcar y sus mercenarios iberos les dieron para el pelo a las legiones. Otra San Quintin cuando los imperiales, con los tercios viejos a la cabeza, se pasaron por la piedra a los antecesores del enano corso.

Amo del castillo dijo...

Es sobreentendido para vuecé, para mí o para cualquiera que tenga un poco de conocimientos históricos. Pero muchos, la mayoría me temo, dan por cierto todo lo que ven salvo lo de que al bueno nunca se le acaban las balas.

Por lo demás, tomo nota de sus sugerencias si bien la idea es tratar batallas menos conocidas pero no por ello menos importantes.

Un saludo y gracias por su comentario

CSF dijo...

Pues podemos jugarnos unas cervezas virtuales a que pregunte usted a 100 licenciados españoles por cualquiera de ellas y dudo que sepan de que habla. Alguno puede que le suene el dicho "Se armo la de San Quintin" pero dudo que sepan de que trata.

PeDurán dijo...

Buenas , el otro dia escuche de un tertuliano de la radio , que tengo en aprecio , ya que es un padre de nuestra constitución , la siguiente frase. " Las series y peliculas son el triste sustituto de quien no le gusta leer ". Y me quedé impactado . Es cierto y es asi . Vi nuestra bochornosa pelicula dedicada a los Ultimos de Filipinas y me quedé cabreado porque habia leido que no sucedió asi . Luego me compre un par de Libros y ya es indignante la torcedura de la historia . No cuento más que las playas del pueblo original ---- Baler----- , son las utilizadas para rodar " Apocalisis Now " nada de acantilados , ni rios que dificulten el desembarco. Quizas el Melb Ginson este , no quiso rodar la batalla , como sucedió originalmente para no ofender más aún a sus parientes lejanos ingleses , al fin al cabo , los australianos son lo mejorcito que pudieron exportar , los Hijos de la Gran Bretaña

Un saludo. De Cáceres.

Germán dijo...

Hola a todos
Para ver una batalla medieval bien rodada con muchos menos medios y tecnologia les recomiendo que vean "Alejandro Nevski" del ruso Serguéi Eisenstein, a mi parecer no tiene nada que envidiar a Gibson y hace muchos más años.
Un saludo

Agnar dijo...

Excelente artículo para variar, a los años después en una entrevista que dio Mel Gibson reconoció que la idea original era construir un puente, pero que por tema de presupuesto no se lo permitieron, así que el prefirió mostrar un triunfo de la infantería sobre la caballería utilizando esas estacas de madera, pero lo de las caras pintadas, las armaduras de cuero y el famoso mandoble fueron ideas suyas

Saludos

Amo del castillo dijo...

Bueno, lo de los licenciados y la titulitis endémica de España mejor dejarlo, Sr. CSF. Estamos en un país dónde ni los curas saben ya latín o el origen de ciertas prendas religiosas (doy fe), de modo que los zumos de cebada virtuales nos los bebemos porque está fresquito y rico y santas pascuas.

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Así son las cosas, Sr. PeDurán. De los de Filipinas no puedo decir nada porque solo soporté unos tres minutos antes de que me sobrevinieran arcadas, así que no la he visto ni la pienso ver. Como "Oro", de la que ya hablamos aquí en su día, es el enésimo producto con aires de superproducción tendencioso, sectario y deformado tan de moda hoy día. Y respecto a Gibson, pues podría haber rodado la batallita al lado del puente que aún se conserva, donde hay espacio de sobra. Por cierto que, si mal no recuerdo, aunque está muy extendida la creencia de que este sujeto es australiano en realidad creo que es neoyorquino. En fin, que les den...

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

Ciertamente, Sr. Germán, la película que menciona resuelve el tema bélico de forma bastante digna, y más tratándose de una producción que tiene ya más de 80 años. Por cierto que la primera vez que la vi me llamó la atención que la infantería teutona la formaban enanos o poco más, tipos de estatura muy reducida imagino que para darle a los caballeros un aspecto más imponente. Usarían críos o tipos birriosos, no sé...

Donde metieron la gamba a base de bien fue en la aparición del siniestro landmeister Hermann von Balk, que llevaba ya tres años criando malvas cuando se libró la batalla, pero bueno, igual resucitó un rato para ponerse al frente de sus fieros conmilitones.

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

Se le agradece la aportación, Sr. Agnar. Curiosamente, estos artífices de la ficción siempre comentan sus ideas y apaños tiempo después de estrenar las pelis para aplacar sus conciencias los puñeteros...

Por cierto que el mandoble existe. Se conserva en Edimburgo si mal no recuerdo, y lo exponen como si fuera el usado por Wallace aunque se sabe sobradamente que no es así. Al parecer se trata de un arma forjada mucho después de la existencia de este sujeto usando el acero de tres espadas, de las que se cree que una de ellas sí fue del héroe escocés aunque vaya a saber...

Un saludo y gracias por su comentario

Edujoser dijo...

Una nota sobre las estacas (en la realidad fueron picas).
Está documentado que efectivamente fueron utilizadas por Wallace, pero no en Stirling (como tb. has apuntado) sino en la Batalla de Falkirk. Habiendo sido Wallace un hombre culto y viajado para su época, sin duda aprendió sobre su utilidad contra caballería de la Grecia Antigua.

Sobre la película, que decir... que es toda una oda a la libre interpretación. Ni Wallace se casó, ni mataron a su mujer, ni kilts, ni pinturas en la cara, picas si pero en otra batalla, etc...etc...

Para mas inri fue casi completamente rodada en Irlanda por un Mel que solía veranear en Escocia (Stonehaven, concretamente) donde sin duda escuchó por primera vez el nombre de Wallace.

Amo del castillo dijo...

Bueno, más que oda a la libre interpretación es un canto a la invención.

Un saludo y gracias por su aporte

Antonio dijo...

Lo de siempre, cine y realidad no se llevan nada bien. De hecho el cine desde que se inventó se ha usado intensamente para distorsionar y manipular la realidad. Por todos. Es un espectáculo para entretener y comer tarros alegremente y de paso conseguir un montón de dinero. Me viene a la cabeza la de Rambo arreglando lo de Afganistán y comomo esa miles, entretenidas, para pasar el rato y no creerse nada.

Lo que sí es triste, como se ha comentado en este blog muchas veces, es que eso se haya trasladado al mundo de los antiguos documentales, hoy la mayoría ficción o reality show que más que informar sirven para idiotizar. Una pena.

Amo del castillo dijo...

Lo de los documentales es vergonzoso, Sr. Antonio. Y lo peor es que, precisamente por ser tomados por "documentales" el personal ya da por sentado que todo lo que digan eso cierto. Los del Canal Historia y del Discovery son, aparte de pésimos, propios de mentes infantiles, como si estuvieran ideados para parvularios medio tontos. En fin, lo mejor es mandar la caja tonta al punto limpio más cercado y santas pascuas.

Un saludo y gracias por su comentario

Draugkarak dijo...

Sobre esta batalla había oído que el puente había cedido ante el peso de los refuerzos ingleses que intentaban cruzar al otro lado....¿es eso cierto o solo bulo surgido de no se sabe dónde?

Amo del castillo dijo...

Ciertamente, hasta hay un grabado decimonónico que refleja el momento en que el puente se va a hacer gárgaras pero la cuestión es que no se hundió, sino que el conde de Surrey lo mandó destruir para impedir que los escoceses los persiguieran.

Lo de la rotura del puente es un camelo inventado casi dos siglos más tarde por un tal Blind Harry o Hary (Harry el Ciego), un poeta y juglar que escribió entre otras obras una titulada "Los actos y hechos del Ilustre y Valiente Campeon sir William Wallace". Este sujeto era el típico cuentista de la época, donde se tendía a mezclar la verdad con mogollón de mentiras y exageraciones para darle más emoción a la cosa. Además, los componía para deleite del rey Jacobo IV de Escocia, así que es obvio que tenía que poner a sus paisanos de genios de la guerra y al enemigo de tonto del culo. En resumen, algo así como lo que hacen actualmente los directores de cine cuando ruedan películas históricas, así que ya vemos que no hay nada nuevo bajo el sol.

A modo de ejemplo, según este probo cuentista el ejército inglés contaba con unos 50.000 hombres cuando no llegaban a los 7.000, y que solo las tropas que cayeron ante Wallace fueron 10.000, más otros 7.000 que murieron ahogados al caer al agua. Pero ojo, no porque el puente se colapsase por el peso sino porque, según el fulano este, Wallace lo había manipulado previamente para que se partiera cuando un currante que habían dejado oculto bajo el tablero accionó un mecanismo. O sea, que sí, que es un bulo. Y bien gordo.

Pero el problema es que mucha gente cree que esta patraña es tan cierta como que los cuñados son unos miserables, y luego se ponen a discutir como energúmenos porque lo han mirado en la wikipedia de los cojones y, en efecto, pone que el puente se hundió por el peso de los hombres en retirada. De hecho, hasta afirma que Cressingham palmó también ahogado al cruzar el puente cuando, en realidad y tal como hemos narrado, fue descabalgado y convertido en potitos con sabor a británico por la infantería escocesa para luego repartirse su piel como trofeo de guerra.

En fin, espero que su duda haya quedado aclarada.

un saludo