jueves, 15 de septiembre de 2011

Partes del fuerte: Obras de conveniencia en el baluarte. Orejones, espaldas y cortaduras



A lo largo de las diferentes entradas en las que se ha hablado sobre los fuertes, creo que ha quedado claro que el baluarte era, por así decirlo, el corazón de este tipo de fortificaciones. Eran las obras mejor fortificadas, mejor artilladas y mejor protegidas. Y, al mismo tiempo, eran el objetivo principal de la artillería y las minas enemigas, que buscaban abrir una brecha en sus murallas para llevar a cabo el asalto final. Las obras exteriores, por potentes que fueran, no eran sino una serie de obstáculos para defender el recinto principal, cuya defensa estaba encomendada precisamente a los baluartes.

Aparte de las plazas altas y caballeros con que podían ser dotados y que ya hemos estudiado anteriormente, había otra serie de elementos que podremos ver en algunas de estas fortificaciones, que en su época eran conocidas como "obras de conveniencia", o sea, obras que era conveniente llevar a cabo tanto en cuanto mejoraban sustancialmente su capacidad defensiva ante los embates enemigos. De ese tipo de obras hablaremos en la entrada de hoy. Bien, al tema...


Como ya sabemos, las murallas del baluarte reciben dos denominaciones en función de su disposición en el polígono: las caras y los flancos. Por si alguien no lo sabe, un rápido vistazo a su izquierda y proseguimos. ¿Ya? Vale... Prosigo. El objetivo principal de la artillería enemiga, como decía antes, era intentar abrir brecha en las caras, que era la zona más expuesta a la campaña y, por ende, más fácil de batir. Por esa razón, eran también las zonas del baluarte con más bocas de fuego emplazadas en sus parapetos. Igual que el enemigo las tenía a su alcance, desde las caras del baluarte se tenía mucho más ángulo de tiro para batir las posiciones artilleras, trincheras de aproximación y demás obras del adversario. Los flancos estaban destinados a cubrir con su fuego las obras exteriores próximas al fuerte: fosos, golas de revellines, tenazas, etc. Sin embargo, los flancos no estaban completamente a salvo de los disparos del enemigo a pesar de formar un ángulo entrante, por lo que hubo que idear dos tipos de obras que quedaran completamente fuera del ángulo de tiro de la artillería enemiga, permitiendo así preservar algunas piezas para, llegado el momento, poder batir de flanco las cortinas. Hablamos de los orejones y las espaldas, que ya fueron mencionados en la entrada referente a los tipos de plazas.


En el plano de planta de la izquierda tenemos un baluarte con orejones. Como vemos, se trata de dos entrantes en el ángulo donde los flancos se unen a la cortina. La zona sombreada de rojo muestra el ángulo de tiro del que disponen las piezas emplazadas en los orejones que, como queda claro, cubre de flanco toda la cortina, permitiendo además cruzar fuegos con los de los baluartes a los que está enfrentado tanto para batir la muralla como el foso. Pero si observamos su disposición en el baluarte, vemos que quedan completamente fuera del ángulo de tiro de los disparos provenientes de la campaña. Mientras que las piezas emplazadas en las caras del baluarte podían ser alcanzadas y desmontadas mediante tiros directos de la artillería enemiga, las ubicadas en los orejones solo podían ser destruidas por bombas o granadas disparadas por piezas de tiro parabólico, tales como morteros u obuses (sí, ya sé que me falta hablar del obús. Todo se andará...).


A la derecha tenemos un baluarte con espaldas. Como se ve, tiene una morfología similar a la de los orejones, si bien en este caso son cuadrangulares en vez de curvadas. En sí ofrece las mismas ventajas que los orejones, aunque al parecer estos últimos eran preferibles por resistir mejor ante el hipotético caso de ser alcanzados por un disparo directo, cosa bastante improbable por lo que ya se ha comentado respecto a los ángulos de tiro de la artillería enemiga. Tanto orejones como espaldas eran, por así decirlo, el recurso final en caso de que la tenaza edificada ante la cortina cayera en manos enemigas (caso de disponer de tenaza, naturalmente). Su inconveniente común era que, al estrechar en exceso la gola del baluarte  esto podía restar capacidad de movimientos a la guarnición del mismo. Por lo demás, las piezas emplazadas en estas obras siempre podían ser vueltas hacia el interior en caso de un asalto como consecuencia de la apertura de una brecha en una de las caras.


Y si dicho asalto tenía lugar, nada mejor para contener al enemigo que las cortaduras. Estas eran unas barreras que cruzaban el baluarte por la gola, cerrando el paso en caso de ver el recinto invadido. Podían ser de obra, como vemos en la foto de cabecera, o de circunstancias, fabricadas con empalizadas, salchichones o cualquier otro artificio. Lo más habitual era recurrir a las de circunstancias, si bien, como se puede suponer, eran más débiles y podían ser incluso destruidas previamente al asalto mediante un bombardeo. Sin embargo, había ocasiones en que sí se tenía en cuenta la posibilidad de tener que detener una avalancha de enemigos, y se recurría a fabricarlas de obra al construir el fuerte. A la izquierda podemos ver una cortadura convencional  que podía ser recta, como la del plano (si se pincha en la imagen se verá mejor), o en ángulo, como la de la foto de cabecera, lo que permitiría realizar fuego cruzado contra los atacantes.

La del plano está formada por un parapeto con cañoneras y banquetas para fusilería. Ante la puerta se ha instalado un caballo de frisia para cerrar totalmente el paso al enemigo. También podía valer cualquier otro tipo de barrera, como empalizadas, gaviones, erizos o incluso el mobiliario del gobernador de la plaza si era preciso. Por lo general, cuando se optaba por cortaduras de obra, mucho más resistentes y eficaces como es lógico, se solían construir alrededor de medio metro por encima del nivel de la explanada del baluarte  a fin de dar a sus defensores una posición ventajosa.
En cualquier caso, cuando el enemigo lograba abrir una brecha las cosas se ponían verdaderamente complicadas para los defensores. Si no se preocupaban antes de retirarse de clavar los cañones propios, los atacantes podían usarlos contra ellos. Y cuando se abría una brecha, bien por acción de la artillería, bien por una mina, podían tener claro que todas las fuerzas enemigas acudirían en masa a la misma. Al ser por lo general los ejércitos sitiadores mucho más numerosos en efectivos que las guarniciones sitiadas, había que echarle todo el coraje del mundo, e incluso más, para rechazarlos. Pero bueno, eso ya no es tema de esta entrada, así que, dicho lo dicho, he dicho.



No hay comentarios: