Cuando se menciona la palabra cortijo, rápidamente asociamos el término con el señorito latifundista andaluz, con enormes edificios solitarios en mitad de enormes extensiones de tierra y, por supuesto, con sufridos jornaleros bajo la disciplina férrea del manijero de turno. Y esa imagen es totalmente cierta, pero dentro de un contexto no demasiado antiguo que ha perdurado hasta nuestros días.
Sin embargo, si observamos el aspecto de muchos de ellos, cuyo origen radica en las alquerías árabes y estas, a su vez, de las villae romanas, se puede deducir que la morfología de estos cortijos iba encaminada a otros fines, además del meramente agrícola. Vayamos pues por partes...
Ante todo, conviene tener claro que el concepto de este tipo de edificio rural es el de una pequeña colonia o poblado que nace debido a la distancia que los separan de los núcleos urbanos. La imposibilidad de traspalarse a diario desde estos al lugar de trabajo obliga a los jornaleros a vivir allí mismo, junto a los dueños de la explotación. Así mismo, viven bajo una autarquía que les permite ser prácticamente autosuficientes en casi todo: disponen de víveres, agua, animales de granja, leche, y siempre hay algún manitas que se haga cargo del mantenimiento del recinto: carpinteros, herreros, albañiles... y el talabartero de turno para tener siempre en buen estado los arreos para las bestias de labor. Y por la misma razón que viven aislados y, además, con mujeres y críos dependiendo de ellos, es necesario establecer una morfología que se preste lo mejor posible a la defensa en caso de un ataque.
Si estudiamos la distribución de una villae, tenemos una serie de elementos característicos que nos permiten identificarlas sin problema: son edificaciones rurales con fines agrícolas de planta cuadrangular y altos muros, con las distintas dependencias que la conforman distribuidas alrededor de un patio central, generalmente porticado, en cuyo centro tenemos un impluvium para la recogida del agua de lluvia. En dichas dependencias tenemos las del propietario, los criados y esclavos, así como cocinas, almacenes, etc. Pocas o ninguna ventana dan al exterior tanto en cuanto las dependencias reciben la luz desde el patio y, además, así se impide la entrada a posibles ladrones.
Tras los romanos hacen su aparición los musulmanes, que toman en cierto modo las antiguas villae como patrón para sus alquerías, término que procede del árabe al-qarïa y que designa a un pequeño poblado o una casa de labor. Pero los musulmanes no disfrutaban en el Andalus de la Pax Romana instaurada en la Hispania, así que se ven en la necesidad de proveerlas de algún elemento defensivo ante la posibilidad de que hiciese acto de presencia una mesnada cristiana dispuesta a no dejarles ni la paja de los colchones. Así pues, edifican de forma anexa al conjunto de casas o la casa rural un torre con fines defensivos.
Y a medida que la expansión tanto de Castilla como Aragón hacia el sur va arrinconando a los andalusíes, sus antiguas alquerías son objeto de repartimientos en los botines con que los monarcas cristianos pagan los servicios prestados a la nobleza y la Iglesia, sin cuya aportación en hombres y dineros, poco podrían haber reconquistado. Pero estas alquerías no se ven tampoco libres de las razzias emprendidas de la morisma, especialmente las situadas cerca de la frontera. Así pues, y siendo edificios totalmente aislados bastante alejados de los núcleos urbanos amurallados, no les queda otra que dotarlos para la defensa si no querían verse esquilmados de la misma forma que ellos esquilmaban a los andalusíes antes de apoderarse de la tierra. Esa sea quizás la razón del por qué en Andalucía occidental es donde más proliferaran este tipo de edificios, debido a que por su proximidad con el último reducto andalusí, el reino de Granada, lo que en aquellos tiempos era el alfoz de Sevilla (las actuales provincias de Sevilla, Huelva, Cádiz y sur de Badajoz aproximadamente), se viera constantemente sometido a las algaras procedentes sobre todo de la koura de Ronda.
Así pues, surge el cortijo tal como lo conocemos actualmente. Es un conjunto de edificios ubicados alrededor de un patio en el que generalmente se encuentra un pozo o un aljibe, y en una de cuyas esquinas se yergue una torre que puede ser usada tanto de silo como para la defensa. Alrededor del patio, al igual que en las villae romanas, tenemos todas las dependencias del cortijo: viviendas, almacenes, corrales, cuadras, cocina, etc. Y, al igual que en los castillos medievales, estos edificios son prácticamente autosuficientes. Disponen de agua en cantidad, de abundantes provisiones de todo tipo, está cerrado por un alto muro prácticamente sin ninguna ventana al exterior y, caso de haberla, protegida por una fuerte reja, tiene una única entrada por lo general en forma de portón que por las noches se cierra y se atranca, e incluso una pequeña guarnición formada por la servidumbre y los jornaleros, hombres estos habituados a verse en todo tipo de trances y que con una guadaña o una hoz en la mano podían ser temibles.
Lógicamente, a raíz de la expulsión de los musulmanes el peligro quedó conjurado en parte. A partir de aquel momento, sólo las bandas de salteadores podían hacer daño a los habitantes del cortijo, si bien esto no quería decir que no fuesen igual de peligrosos. Es a partir del siglo XVIII aproximadamente cuando el cortijo adopta la forma suntuaria que conocemos mejor, con vistosas portadas monumentales y zona residencial para los dueños claramente diferenciada por lo lujoso de la misma aunque, eso sí, conservando en todo momento su distribución convencional.
Por desgracia, hoy día han desaparecido muchísimos cortijos. Los dueños se trasladaron a vivir a los pueblos o las capitales, dejando a los administradores la dirección de la propiedad, cuando no los alquilaban a terceros. Los jornaleros hicieron lo mismo, ya que podían desplazarse a su lugar de trabajo en un vehículo propio. Eso supuso el abandono progresivo del cortijo que, a lo sumo, se vieron relegados a la condición de meras casas de aperos y como cocheras para los tractores y la maquinaria agrícola. Otros fueron rescatados de la ruina y reconvertidos en viviendas rurales y otros, en fin, aún conservan todo su esplendor y permanecen totalmente operativos, incluyendo sus torres las cuales, generalmente, están catalogadas como B.I.C. por ser muchas de ellas antiguas atalayas alrededor de las cuales se edificaron los cortijos que vemos actualmente.
En fin, esto de los cortijos es un tema que hace tiempo quería comentar porque, al fin y al cabo, tuvieron su connotación defensiva para poder subsistir en una época en que el concepto de las distancias no eran las de ahora, y vivir a apenas 5 ó 10 Km. del núcleo urbano más cercano era poco menos que vivir en la Luna, totalmente aislados y a merced de las constantes algaras con las que ambos bandos se hostigaban desde la primavera hasta el final del verano. En muchos oteros y elevaciones del terreno se pueden divisar aún las ruinas de estos edificios que, durante generaciones, fueron el hogar y el puesto de trabajo de mucha gente y que, debido a los cambios sociales a lo largo del tiempo, pasaron de ser sinónimo de seguridad y refugio para el pechero a símbolo de la opresión por parte de la aristocracia poseedora de los mismos.
Bueno, supongo que habrá quedado claro el tema, ¿no?
Hale, he dicho...
Bueno, supongo que habrá quedado claro el tema, ¿no?
Hale, he dicho...







20 comentarios:
Buena explicación. Ciertamente los cortijos siguieron la distribución romana de las villas, con impluvium y dependencias alrededor. Si bien es cierto que los cortijos se dieron más en el sur, en el norte según iba avanzando la reconquista se fundaban monasterios principalmente, con exenciones fiscales que luego la mayoría darían lugar a pueblos con fueros y demás privilegios para dotarlas de población en esas tierras de la extremadura (extremo u orilla del Duero) donde estuvo situada la frontera durante algún siglo.
Destáquese que la distribución de los monasterios es muy similar a la de los cortijos, con el claustro como eje principal de toda la edificación alrededor del cual se situaban las demás dependencias, refectorio, cellas, capítulo, iglesia, etc.,
En los pueblos de nueva planta, lo primero que se construía era precisamente la iglesia, por varios motivos: 1º Porque era la edificación más sólida de toda la población al hacerse con sillares de buena piedra (en el románico claro) hecho que motivaba que en caso de peligro se constituyera esta como la principal fortaleza. Explicación también de que algunas aparezcan fortificadas incluso con almenas. Las torres campanario así toman su verdadero cometido como atalaya y como lugar donde tañir campanas para avisar a los pobladores de los peligros que se acercan.
Y por otro lado, a falta de foro buenas son iglesias... Hacían estas de punto de reunión para sus pobladores, de ahí que muchas de estas iglesias románicas tengan un labrado y precioso zaguán del que ponerse a resguardo de la climatología en estas tierras de la meseta con climas duros.
Hoy día es fácil adivinar territorialmente donde se encontraban las fronteras entre el mundo cristiano y musulman entre los siglos XI y XIII principalmente, por la gran cantidad de edificaciones de estilo románico que se encuentran en ellos.
En el gótico el concepto ya sería otro, al ser algunas poblaciones desarrolladas, el centro pasaría a formarlo el burgo. Nacen las ciudades amuralladas, nacen las grandes catedrales góticas que ya no tendrán como misión la defensa (con excepciones como la de Ávila, aunque esta conserva muchos elementos del románico) sino la gloria de Dios.
Un saludo.
Muy interesante su aportación, Sr. Jose. Sin embargo, no debemos olvidar que, en muchos casos, eran los castillos el origen de poblaciones que nacían y crecían a su abrigo, especialmente los situados en zonas cercanas a vías de importancia o nudos de comunicaciones.
En lo tocante a las iglesias, coligo que su construcción era debida, aparte de a las causas que vuecé acertadamente comenta y a la religiosidad de la época, a una forma de, por decirlo de alguna forma, reafirmación de la tierra conquistada. Si tenemos en cuenta que la reconquista aunaba tanto cuestiones puramente territoriales como religiosas, la iglesia era el símbolo inequívoco de una ocupación definitiva, y más aún cuando se reutilizaban mezquitas para tal fin como ocurrió en tantas y tantas poblaciones hispanas, especialmente de la mitad de la península hacia el sur.
Un saludo y gracias por el comentario.
Si. En cuanto a los castillos fueron origen también pero por otros motivos. Se establecían estos en puntos importantes para el control de las vías comerciales principalmente. Y hay que tener en cuenta que los castillos no eran comunales por norma general. O pertenecían a un señor feudal o a un Rey, etc. No existían castillos asociados a fueros municipales, al menos que yo sepa (que tampoco es mucho jeje) y tampoco los monásticos eran muy dados a las fortalezas castrenses (exceptuando los templarios de los que tenemos en la península algunas buenas representaciones como el Castillo de Ponferrada por poner un ejemplo), en tanto el montante de sus finanzas se destinaba en mayor parte a la gloria de Dios, pero sin abstraerse de la realidad (reza a Alá, pero no te olvides de atar tu camello, que dice el proverbio árabe), por lo tanto hicieron del monasterio e iglesia su fortaleza dentro de sus posibilidades, y en algunos casos no fueron muchas puesto que existen en el territorio multitud de iglesias no concluidas, a las que le faltan cuerpos y naves delatando el precario presupuesto con que contaron algunas de esas comunidades.
Hablo de los monasterios como una de las principales políticas de conquista y población. Románico y territorio que dicen aquí. Aunque tambien hay que hablar de fueros también como forma de asentar nuevos pobladores en las fronteras.
Me remito a la época de la reconquista sobre todo en la meseta, donde los principales criterios para no perder lo conquistado era la repoblación, siendo principalmente como digo la fundación de monasterios con 12 monjes (cosas de la regla monástica, en alusión a los 12 apóstoles quizá) donde se construía el recinto como describo, y luego irían acercándose otras gentes a raíz de las posibilidades que los monasterios ofrecían, en tanto a sus exenciones fiscales y sus privilégios tributarios que luego requerírian de otros servicios como el de albañiles, alfareros, labradores, herreros, talabarteros, etc., y que irían configurando de esta manera la fijación de una población en busca de oportunidades en lugares peligrosos por las constantes razzias moras.
En cuanto poblaciones, son los fueros los que originan el asentamiento de las gentes. Fueros que dotan a estas comunidades de un derecho propio municipal, capaz de administrarse mediante leyes propias al no estar sometidas en algunos casos al poder real (fuero real) y poder lograr mediante estas prerrogativas, que incluían tambien en algunos casos exencion de impuestos a los moradores la fijación de población a estos territorios de la extremadura castellana.
Algún privilegio, algúna ventaja tenían que conceder los soberanos para que la gente quisiera ir a vivir a los territorios recientemente conquistados y por ende muy peligrosos.
Y en lo tocante a las iglesias como bién dices, se construyeron encima directamente de las mezquitas. No hay cosa que mas fastidie al oponente que denigres sus símbolos religiosos. Así se dan casos de mezquitas construidas encima de antiguas iglésias prerrománicas como al revés, yo creo que no queda una mezquita en territorio peninsular sobre el que no se haya construido encima un edificio cristiano. (Conozco la mezquita de la Luz en Toledo y poco más. Muchas no deben de quedar).
Pero también hubo iglesias de nueva planta, y en lo tocante a la conquista, la repoblación de las zonas supongo que podían comenzar con la construcción de iglesias también en antiguas poblaciones moras, aunque al otro lado del Duero no eran tantas como en la Andalucia.
Un saludo.
Solo añadir unos detalles a su valiosa aportación, Sr. Jose:
En España, solo la corona podía autorizar su construcción cuando así lo solicitaba un concejo, un noble o la iglesia, pero era la corona la que tenía la potestad de otorgar su tenencia, arrebatarla o hacer lo que le diera la gana. Recordemos que el feudalismo, tal como se difundió en Europa, aquí fue inexistente.
La iglesia, tanto en cuanto ejercía un poder secular, también podía ostentar tenencias en tierras de su dominio, además de las órdenes militares que, como es evidente, disponían de las tropas más selectas y por ello eran los más adecuados para encomendarles el control del territorio.
Finalmente tenemos los concejos, bajo cuyo control se podían poner una o varias fortalezas por orden del rey. Por poner un ejemplo, los castillos del alfoz de Sevilla aún son de titularidad del ayuntamiento de la ciudad, si bien muchos de ellos se han ido cediendo a los de los pueblos en cuyos términos municipales se encuentran. Sin ir más lejos, no fue hasta hará cosa de dos o tres años si mal no recuerdo cuando el castillo de Cortegana fue cedido al pueblo. Así pues, estuvo siglos bajo el dominio de su primer "dueño": el concejo hispalense.
En lo tocante a los fueros, estos eran obviamente concedidos por el rey como aliciente para la repoblación. Pero no nos confundamos: siempre se estaba sometido al poder regio. Cuando un rey otorgaba un fuero, su sucesor debía confirmarlo por sistema. O sea, que incluso tenían como fecha de caducidad la vida del monarca. Pero si por cualquier circunstancias un rey consideraba que tal fuero debía abolirse, lo abolían y santas pascuas. ¿Acaso no vemos a diario la matraca que dan los nacionalistas con el tema de sus añorados y perdidos fueros cuando el primer Borbón los finiquitó?
O sea, que el fuero era una merced real, pero obtener exenciones fiscales o incluso condonación de penas de cárcel no implicaba quedar por encima de la autoridad regia. Lógicamente, una población podía rebelarse ante la supresión de sus fueros, pero ello conllevaba la inmediata respuesta a la asonada con los medios más expeditivos y ejecución de cabecillas para escarmiento del personal.
Finalmente, en su referencia a las mezquitas, tenemos que muchas iglesias góticas construidas en Sevilla tras su reconquista aún usan como campanario el antiguo minarete, adecuadamente reciclado: Santa Marina, San Román o Santa Catalina serían buenos ejemplos de ello, aparte de la archifamosa Giralda. Y de parte de las mezquitas, tenemos el patio de los Narajos, antiguo patio de abluciones de la mezquita mayor, sobre cuyo solar se edificó la catedral, y el de la actual basílica de El Salvador, construida sobre el solar de la mezquita de Ibn Abbadas. Había que dejar claro a la morisma que se acabó lo que se daba, como solía ser habitual.
Un saludo y gracias por su aportación.
Fueros siguen existiendo. No tiene vuesa merced más que darse cuenta del nombre oficial que ostenta la Comunidad Foral de Navarra, como así también los contienen las diferentes diputaciones forales de Álava, Guipuzcoa y Vizcaya, y no sólo de nombre, pues tiene algunas particularidades en Derecho y en la Adminstración que son respetadas, como puede discernir, para quebradero de cabeza de juristas que tienen que lidiar con unas cuantas legislaciones existentes dentro de la península.
Con los fueros no se quedaba por encima de autoridad regia cuando era su merced la que la concedía. Pero sí podían estos municipios administrar justicia, incluso sobre penas de muerte, como los justifican las picotas de las que algunas, a día de hoy se conservan. Como también se conservan los rollos de justicia, columna que indicaba la prerrogativa de un fuero en la villa y su "libre" constitución como municipio.
De todas formas, el Rey, si hablamos de siglos XI al XIII no tenía más poder que cualesquiera de los nobles que tenían sus dominios alrededor del reino, y los fueros constituyeron delegaciones del poder real y privilegios al fin y al cabo sobre sus dominios. Para ver a la autoridad regia por encima de la nobleza tenemos que irnos a los albores del renacimiento, cuando Maquiavelo empezaba a maquinar la idea de un Estado.
También tuvieron algunos monasterios no sólo exenciones fiscales, sino la potestad para cobrar tributos y para ejercer prohibiciones. Era bastante común que dentro de sus dominios, nadíe pudiera moler grano, teníendolo que hacer obligatoriamente en el molino del monasterio, pagando, evidentemente ya fuera con moneda o en especie.
Contaban com muchas propiedades, legadas por donaciones o por herencias de sus monásticos, que al ingresar en la congrecación se establecia que todos los bienes de que fuera titular, a su muerte pasarían a titularidad monástica. Si no de que el celibato jaja.
Hubo a lo largo de los siglos revueltas en los dominios de estos, a causa de la presión fiscal que ejercían sobre la población sometida al poder monástico, y en algunos várias veces. Fué mucho el poder que tuvieron y mucha la riqueza que amasaron, tanta que en Francia se urdió un plan para desmantelar el Temple y que todo su patrimonio y dineros pasaran a titularidad real, como así fue.
Bonito tema de conversación. Un saludo.
Ciertamente, un tema apasionante, Sr. Jose.
Solo un par de puntualizaciones: los rollos y picotas no representaban la ostentación de un fuero, sino del poder real que había concedido dicho fuero. Por norma, se asimila la picota al lugar donde se mostraban los cuerpos, cabezas o cuartos de los reos ejecutados pero, en realidad, la picota era el símbolo del poder regio. En ella, no solo se clavaban las cabezas de los reos, sino que era donde se proclamaban los bandos, se castigaba a los delincuentes, etc. La diferencia entre rollo y picota era la siguiente: picotas había en todas partes, mientras que los rollos solo se emplazaban en las poblaciones con capacidad jurisdiccional plena.
En España, las picotas fueron suprimidas y eliminadas a principios del siglo XIX. Sin embargo, curiosamente, en Portugal se conservan casi todas, y raro es visitar un pueblo que aún no conserve su picota cerca del castillo de turno.
En lo tocante a la autoridad regia frente a la nobleza y el clero durante la Baja Edad Media, obviamente era una cuestión que siempre trajo de cabeza a las testas coronadas. El poder de la nobleza fue la consecuencia del pago por parte de la realeza para obtener su apoyo militar durante la reconquista. Unos reyes siempre escasos de dineros no tenían otra forma de pagar los servicios prestados mas que otorgando privilegios a mansalva en los repartimientos sobre la tierra recuperada.
Finalmente, en su referencia al Temple, el plan urdido por Felipe IV y el guardasellos real Guillaume de Nogaret para aniquilar la orden no fue por otra cosa mas que por las enormes deudas contraídas por la corona con el Temple. Muerto el acreedor se acabó la deuda. En otros reinos, como Castilla, sus bienes no fueron revertidos a la corona, sino a los hospitalarios. En Aragón no se les persiguió, y fueron reciclados en la Orden de Montesa. En Inglaterra tampoco. Y en Portugal, el rey don Dinis se pasó por el forro la interdicción papal y creó la Orden de Cristo, que conservaron todos los bienes de la orden pero cambiando solo de nombre.
Un saludo
Y todo esto por un cortijo... La que se ha liado!! 0_o
Gracias por las puntualizaciones. En algunos pueblos de Castilla y León se conservan más rollos de justicia que picotas.
El tema de del Temple me interesó en su día. Fueron bastante cruentas las torturas por las que tuvieron que pasar los templarios y en especial su gran maestre. Aparte de eso les hicieron abjurar de la Fé y dar por hecho que cometían actos heréticos. Eso para un fraile que compartía caballo y escudilla por amor a Dios debío de ser muy duro. Y todo para que una testa coronada pudiera hacer rapiña al estilo de la que hoy día hacen los bancos con los deshauciados.
No se confunda con la simbología del Temple, Sr. Jose, que eso de los dos caballeros sobre el mismo caballo que aparece en el sigillum de la orden es más una figura retórica que otra cosa. Debe saber que cada caballero recibía cuatro caballos, dos palafrenes y dos bridones. Considerando el precio de estos últimos, al que muchos caballeros normales no podían siguiera llegar y tenían que combatir en mulas, ya imaginará el poder económico de la orden. Eso sí, nada les pertenecía. Ni los caballos, ni las armas, ni la ropa. Cuando morían, enterraban al difunto con su hábito y nada más. Su equipo pasaba a otro miembro de la orden.
Lo del "amor a Dios", la verdad, lo cuestiono en muchos casos. Las órdenes militares eran el paradero de muchos segundones de la nobleza que, condenados al clero, por su carácter fogoso no se resignaban a pasar la vida en un beaterio. Era pues una forma de cumplir con su destino y, de paso, dar rienda suelta a su naturaleza ardiente.
Y una pequeña corrección con permiso de vuecé que entiendo ha sido un lapsus: no los obligaron a abjurar de la Fe, como es lógico, sino de sus supuestas herejías.
En lo que sí coincido plenamente con vuecé es que no estaría mal acusar de herejes a los banqueros, pasarlos por la hoguera y repartirnos la pasta.
Un saludo y gracias por el comentario
Quería hacer una pequeña aportación con respecto a la entrada que quizá pueda traer algo de luz a los orígenes del cortijo. La palabra "cortijo" ya era conocida, a decir de Corominas, en 1224, masculino sacado del latín "cohorticula", diminutivo de "cohors" en su sentido etimológico de "recinto, corral", es derivado de "hortus" (recinto, huerto).
La raíz etimológica indoeuropea es gher-1 "cercar, agarrar, coger". Palabras que comparten la misma etimología son "cohorte" "corte" "cortejar" "cortesía" "cortés" "cortesano". Cabe decir que durante la Edad Media la palabra "corte" tomó el mismo significado que el actual "casa", así tenemos documentos de la ciudad de León en el s.X (facilitados por Sánchez Albornoz) en los que se llama así a las viviendas o recintos de muchos de sus ciudadanos.
PD: Sr. Amo, resulta verdaderamente insufrible lograr escribir los caracteres de rigor para publicar un comentario, parecen una mezcla extraña de hindú y japonés.
Saludos
Como siempre, sus aportaciones son extremadamente interesantes, Sr. Tormenta. En cuanto a la moderación de comentarios, los captcha esos o como leches se llamen son absolutamente odiosos. En fin, teniendo en cuenta que hace ya tiempo que ningún cantamañanas intenta hacer acto de presencia, he eliminado la moderación para, de ese modo, facilitar la publicación de comentarios.
Un saludo y gracias por la aportación
Por cierto que el término árabe "maschar" era también usado para denominar lo que conocemos como cortijo y que, por su etimología, supongo que es de donde provienen los términos masía y majada, sinónimos también del cortijo de marras.
En el DRAE 1729 tenemos la definición de "cortijo":
Alquería, casería o casa destinada en el campo para recoger los frutos de la tierra. Es voz muy usada en los reinos de Andalucía, Granada, Córdoba y otros vecinos.
Es casi seguro que "maschar" fuera el nombre árabe para cortijo (masía y majada). La voz llegó al castellano procede del catalán "masia", que eran las fincas rurales típicas del antiguo Reino de Aragón.
Los comentarios se publican al instante, sin embargo sigue siendo necesario escribir los malditos caracteres de antemano.
Estamos a la que salta jeje. Ya se que era una figura alegórica, que aparecía en monedas, símbolos y poco más.
Si hubieran combatido de a dos en un caballo y comido en la misma escudilla no estariamos hablando de la mítica destreza de sus monjes guerreros y de la defensa de Tierra Santa durante algunos siglos.
Por otro lado no hay que confundirse, y aqui si hago un inciso, en la Fé que tenían, no ya los templarios, sino la sociedad en general en el medievo. No se puede medir la religiosidad de hace 8 siglos con los ojos de hoy en día, porque ni la sociedad, ni la teología, ni los poderes fácticos se parecen mucho a lo que tenemos hoy día.
La sociedad medieval era profundamente creyente, y en su mayoría profundamente religiosa. Distingo entre ambos conceptos porque no son lo mismo.
No es óbice para que monasterios y conventos estuvieran llenos de gentes que no contemplaban la regla, debido en mayor parte a que no se hacía por motivos religiosos, sino más bien económicos, de prestigio, honorables, etc.,
La sociedad medieval no tuvo posibilidad de vivir otras realidades que no fueran las católicas (hasta el protestantismo) salvo excepción hecha de quien viajaba a oriente, a las cruzadas o a la aventura, y por lo tanto todo estaba impregnado de religión. Desde el mandato real, (los reyes reinaban por la gracia de dios, como Franco, y por eso la monarquía no se cuestionó hasta la derrota del antiguo régimen, a mediados del XVIII) hasta el último rincón de la sociedad. Todo era religión. Donde se reunian los pobladores eran en los zaguanes de las iglesias. Donde se elevaba Dios por encima de todo en los burgos era en las catedrales. (habria que ver la impresión que causaba una torre de 90 metros sobre una maraña de casuchas de madera de planta sencilla). Quien instituía cualquier celebración era el poder intemporal.... Hubiera sido muy dificil sustraerse de creer en Dios. Incluso los filosofos más destacados de la época tuvieron que ser monásticos, como Santo Tomás de Aquino, San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús...
Dios era un ser hierático, impertérrito, que juzgaba implacablemente, como así lo atestiguan las representaciones románicas de las deidades cristianas. Tan separadas del calor humano que daban miedo. Y con miedo la iglesia, custodia del saber ante una población ignorante (de ahí la misión didáctica de todas las representaciones escultóricas y pictóricas, que "regulaban" todos los ámbitos de la vida, hasta el sexo) gobernaba a sus fieles, y nunca mejor dicho, por medio de los vicarios de Dios.
Si bien es cierto que las ordenes militares religiosas tenían una disciplina mucho más relajada, fruto de la guerra, de la diferente idiosincrásia en Oriente, y de que la regla del Temple simplemente no se podía observar con rigurosidad porque estaba hecha con observancia a Dios, y esto en la guerra es poco práctico en todo. Lo de los hermanos templarios compartiendo caballo y escudilla realmente aparece en su regla monástica, pero como puede adivinar nunca se llevó a efecto por lo que comento.
Por lo tanto, si que eran profundamente creyentes, y en consecuencia abjurar de su Fé por medio de torturas debió consistir en sí mismo una tortura más grande que las físicas.
A ver, creo que ya he eliminado también lo del maldito captcha ese, Sr. Tormenta. Ya me dirá si siguen saliendo o no.
Obviamente, Sr. Jose, la Edad Media se caracterizaba entre otras cosas por la profunda religiosidad del personal, si bien hablamos de una religiosidad basada en el miedo como bien dice. Desde miedo al infierno a miedo a la Inquisición, aparte de miedo al poder secular que ejercían las jerarquías eclesiásticas.
Con todo, en lo tocante a las órdenes militares, coligo que bastantes de sus miembros entraron en ellas por muchos motivos más poderosos que la defensa de la fe católica. Solo el hecho de medrar en la orden y lograr una encomienda o, mejor aún, un maestrazgo, suponía obtener un poder inimaginable, muy por encima incluso del que tendría de hacer sido el primogénito de una casa noble de renombre. Y recordemos que a muchos hombres, más que el dinero o los placeres, los mueve solo el ansia de poder.
Unos medio monjes que, en teoría, debían practicar el amor al prójimo y tal, no dudaban en embarcarse en constantes disputas, no ya contra el infiel, sino entre ellos mismos. Fueron innumerables los conflictos entre órdenes militares por cuestiones territoriales, etc. en la misma península, entre santiaguistas y calatravos, entre templarios y hospitalarios, y entre todos en general.
Un saludo
Saludos Amo, sigo de cerca vuestras entradas y celebro grandemente que retomeís tan de lleno estos temas. Interesante entrada, mucho diría yo.
A lo menos la concepción de "casa" que yo tengo de este lado del Atlantico y en la que me crié es exactamente esta distribución de pato central y el llamado "zaguan", que soy de un pueblo chico, y me veo obligado a estar en una cuidad ahora, pero sepa que aún sin la terminolgía, por acá se comprende perfectamete este concepto.
Un saludo.
Celebro verle por aquí, Sr. Ismael.
En lo tocante a la casa donde se crió vuecé, es lógico que sea conforme a una morfología hispana. Al cabo, exportamos hacia las provincias de ultramar los usos y costumbres de aquí, incluyendo la arquitectura.
Un saludo
PS. ¿No tiene vuecé ningún proyecto férrico entre manos?
Vrios de hecho, pero muy a mi pesar estos estudios universitarios no dejan tiempo para nada. mis herramientas están mohosas (me imagino porque no las he visto un tiempo)pero deseosas, apenas encuentre un espacio voveré a ello.
Mientras seguiré inspirandome por acá.
Un saludo.
Pues no permita vuecé que el moho las corroa, que siempre debe haber lugar para solazar el espíritu.
Un saludo
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