miércoles, 9 de enero de 2013

Curiosidades: Frases y términos de origen militar



Hoy estoy más abúlico que un galápago mirando al infinito y preguntándose por el sentido de la vida. Así pues, paso de comerme el cerebro con entradas enjundiosas que me obligan a repasar mis fuentes durante largo rato. Hoy toca entrada apacible, si bien no por ello menos interesante, creo. Trata de algunas frases y términos de uso común que tienen su origen en la milicia o la nobleza y que solemos emplear con cierta frecuencia, si bien muchos desconocen de donde provienen. Veamos algunas...



PERDER LOS ESTRIBOS. Ya sabemos de que va. Decimos esto cuando nos ponen a punto para dar rienda suelta a nuestra justa cólera. Sin embargo, perder los estribos no tenía nada que ver con los berrinches que nos dan a diario por mil motivos, sino con algo bastante diferente: en los torneos y justas de antaño, perder los estribos implicaba una penalización. Si un día de estos me animo a elaborar una entrada sobre ese tema, que llevo anunciándola tiempo ha, verán vuecedes que, contrariamente a lo que todo el mundo piensa, los torneos no solo consistían en derribar al contrario, sino que era un "deporte" con sus reglas y que conllevaba sus penalizaciones en determinados casos. Y uno de ellos era precisamente ese: perder el estribo o los estribos durante el combate.



PONER UNA PICA EN FLANDES. Solemos usar esta frase para hacer referencia a una empresa de difícil consecución o algo que entraña bastantes inconvenientes. Y eso precisamente era lo que suponía enviar a nuestros ejércitos a Flandes, ya que los tercios partían desde Italia y cruzaban Suiza y algunas zonas entre Francia y Alemania controladas por nobles que eran aliados de España pero, eso sí, a cambio de jugosos estipendios por permitir el paso de las tropas. Era lo que se conocía como camino español, en el cual aún perdura nuestra huella en muchas poblaciones de esas zonas. La dificultad de los caminos y las penurias que pasaban por el mismo entre los quince y treinta días que duraba la marcha han pasado a nosotros como sinónimo de algo complicado, o sea, lo mismo que poner una pica en Flandes. 



CONTUBERNIO. Los que ya peinamos canas aún recordamos el famoso contubernio judeo-masónico que tanto proclamaba el extinto dictador. Ese término se identifica como asociación de malhechores, de gente alevosa y ruin. Sin embargo, no era más que la tienda de campaña reglamentaria en el ejército romano, el contubernium, un pabellón fabricado con cuero y con capacidad para ocho hombres. Eran transportados en carromatos junto con toda la impedimenta de la legión de turno.




A PALO SECO. Bebemos a palo seco cuando nos tomamos la cervecita sin su tapa, ¿no? Sin embargo, lo del palo seco es en realidad una maniobra para capear temporales llamada también a la bretona y que consiste en plegar velas y dejar al buque a merced de las olas antes que intentar capearlo a vela y resistir el embate de las mismas. 

CAPEAR EL TEMPORAL. Pues similar a lo dicho anteriormente. Aplicamos esta frase cuando nos referimos a soportar como podamos una adversidad, que es lo que se hace en un buque cuando se topa con un temporal. Es una maniobra que consiste básicamente en hacer frente a las olas por la proa.


LOS BIZCOCHOS Y LAS GALLETAS. Todos asociamos éstos términos con una jugosa y gratificante masa horneada y con una redonda y crujiente oblea que suponen un gran deleite en la merienda. Sin embargo, el origen del bizcocho y la galleta lo encontramos en las largas travesías de los buques de la armada. En aquella época, en que no había posibilidad de conservar los alimentos, el bizcocho y la galleta eran el alimento básico de las tripulaciones. El bizcocho, palabra que significa cocido dos veces, era una masa que se horneaba por partida doble. Eso la convertía en un auténtico adoquín que, para poder ser consumido, era preciso mojarlo en agua o vino. Sin embargo, podía durar meses y meses sin estropearse. Y la galleta era una especie de torta sin levadura que, al igual que el bizcocho, era necesario remojar para poder ser engullida. Pero como duraba hasta dos años si se la conservaba en barriles, venía de perlas en una época en que cualquier alimento se estropeaba al cabo de pocos días.



CAJAS DESTEMPLADAS. Usamos esa frase cuando recibimos o nos despedimos de alguien de mala manera o enfadados. Hay gente que, erróneamente, dicen caras destempladas. Pero lo que se destemplaban eran los parches de las cajas de guerra, o sea los tambores, cuando se llevaba a cabo una ejecución, produciendo con ello un sonido lúgubre y apagado, lo contrario del vibrante y sonoro batir de las cajas cuando están bien templadas. 






LAS CORRIDAS DE TOROS. Hoy día, en realidad, no se corren toros. Hoy día se le dan capas más bien. Las verdaderas corridas de toros datan de la baja Edad Media, cuando la nobleza hispana se entretenía, además de descalabrándose en los torneos, en mostrar su valor y su pericia como jinetes lanceando toros a caballo, o sea, corriéndolos. En cierto modo, el verdadero heredero de ésta tradición sería actualmente el acoso y derribo que vemos en la foto de la derecha.



LAS MEDIAS. Éste término, antes de la llegada de los abominables panties que tanto desmerecen del piernerío femenino, se aplica como todos sabemos a las finas y delicadas prendas con que las mujeres se cubren las piernas. Sin embargo, su origen radica en una prenda masculina, las calzas, que eran iguales que los malditos panties y no precisaban de calzado por lo general ya que iban provistas de suelas. A finales de la Edad Media se puso de moda llevar cada pernil de un color, por lo que se les llamó medias calzas. De ahí provienen las medias femeninas y, aunque no es un palabro de origen militar en sí, sus usuarios principales fueron los nobles que formaban la base de la milicia de la época.

Bueno, ya no tengo ganas de escribir más.

Hale, he dicho...

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