jueves, 10 de octubre de 2013

La última carga



El 3er. Regimiento Saboya de Caballería en plena carga 

Las armas modernas acabaron con las guerras elegantes. La aparición y proliferación de la ametralladora hizo descender rápidamente a los gallardos jinetes de sus pencos para verse obligados a combatir como la infantería. Creo que cualquiera que me lea convendrá conmigo en que la caballería es absolutamente chulísima de la muerte, heroica, gentil y gallarda como ella sola, y que no es lo mismo palmarla a lomos de un brioso caballo de guerra que medio sepultado en el fango pútrido de las trincheras, mezclado con los restos a medio descomponer del cuñado que la diñó dos semanas antes.



Escudo fundacional del
regimiento en 1692
Pero los estrategas no estaban por la labor de mantener en vigor unos métodos de guerra razonablemente honorables, así que la antaño reina de los campos de batalla fue quedando obsoleta a una velocidad increíble. Con todo, y aunque muchos piensen que la caballería pasó a la historia en los albores de la Primera Guerra Mundial, en el siguiente conflicto aún dio que hablar y, de hecho, tuvieron lugar acciones memorables como la que detallo a continuación, realizada por el 3er. Regimiento Saboya de caballería en el frente ruso el día 24 de agosto de 1942. La épica batalla tuvo lugar cerca de un pueblo ucraniano llamado Isbucensky, del que nadie había oído hablar jamás de los jamases hasta ese glorioso día en que los jinetes italianos demostraron al mundo que las ametralladoras no eran enemigo para todo aquel que bajo su bragueta dispusiera de buenas dosis de testiculina.



El regimiento formado para revista
El Regimiento Saboya era una antigua unidad de caballería cuya fundación se remontaba al 23 de junio de 1692. Estaba formado por nueve compañías que, un siglo más tarde, se convirtieron en cuatro escuadrones para dar lugar a un tipo de unidad tácticamente más moderna y flexible. Desde su creación no se perdieron una sola guerra decente, participando incluso en la Guerra de Sucesión española. Así llegaron al año 1941, cuando el regimiento fue enviado a Croacia para, ese mismo año, ser encuadrados en la 3ª división al mando del general Messe y enviados al puñetero infierno, o sea, al frente ruso, con la misión de explorar y batir las grandes zonas vacías entre las líneas alemanas e italianas, para lo cual venían de perlas los caballos ya que el fango producido tras el deshielo no era un medio precisamente apto para los vehículos a motor. Así se tiraron cerca de un año hasta que llegó el día 23 de agosto, que es cuando se gesta la batalla. Veamos como ocurrió...



Guión del 2º escuadrón, que
fue el que llevó a cabo la
primera carga
En la noche de ese día, 2.500 hombres del 812 Rgto. de Infantería de Siberia se atrincheran a menos de un kilómetro del campamento italiano. Esta unidad pertenecía a la 304ª división, una de las unidades que tomaban parte en la ofensiva rusa del Don. Los rusos, provistos de artillería y armamento automático, se disponen a escabechar a los italianos ya que estos solo tienen dos opciones: una, avanzar contra ellos y morir en el intento ya que el regimiento consta solo de 700 efectivos y, la otra, apalancarse en el terreno y fenecer igualmente a manos de una fuerza que los triplica en número sobradamente. O sea, que los malvados bolcheviques se relamían de gusto pensando en que al día siguiente lo más tardar se podrían mear en las calaveras de los macaroni y ponerse mucha medallas por la segura victoria. Las aviesas intenciones de los rusos fueron descubiertas por una patrulla italiana durante la noche cuando, nada más avanzar, se vieron sorprendidos por un abundante fuego que los obligó a dar media vuelta un tanto vapuleados.



El coronel Bettoni en el centro de la imagen. A su
derecha, el teniente Genzardi
Pero no contaban con que al mando del regimiento estaba el coronel Alessandro Bettoni Cazzago, un aristócrata perteneciente a una linajuda familia de Brescia que estaba dispuesto a palmar y, de paso, conducir a una muerte heroica a toda su unidad antes de dar un solo paso atrás. Así pues, y sabiendo que pedir apoyo era completamente inútil porque estaban más solos que un rabino en el Vaticano, se caló su inseparable monóculo, hizo que su ordenanza le llevara unos guantes blancos nuevos y abroncó al abanderado del regimiento, el teniente Genzardi, porque aún no había sacado el estandarte del guardapolvo. Le dijo que cuando se presentaba batalla el estandarte debía estar bien a la vista para que el enemigo supiera quiénes eran los que en breve iban a acuchillarlos bonitamente. Con las primeras luces del día, el coronel Bettoni ordenó que la batería de a caballo al mando del teniente Giubilaro abriera fuego contra las líneas rusas para ablandarlos un poquito. Tras la preparación artillera, el 2º escuadrón al mando del capitán De Leone se dispuso para la acción. Se ordena toque de carga y se abalanzan sobre los enemigos al grito de "¡Savoia!". Mola una burrada, ¿que no?



Restos del 2º escuadrón reagrupándose. Los caballos vacíos
dan una idea clara de la crudeza del combate
El caballo del capitán De Leone, un animalito muy apreciado por su dueño y por nombre Ziguni, cayó fulminado por el fuego de las ametralladoras rusas. Obviamente, un escuadrón sin jefe se queda como un poco huérfano y tarda menos de un santiamén en dar media vuelta, así que el comandante Manusardi, que se percata del hecho, se aúpa en su penco y sale echando leches a hacerse con el mando del escuadrón antes de que opten por largarse. A pesar de que las bajas son abrumadoras - alrededor de un 50% - el 2º escuadrón logra llegar al contacto con los enemigos y los acuchillan a mansalva para vengarse de los compañeros caídos por el camino. Tras rebasar las líneas rusas, inician otra carga en sentido inverso, lo que deja perplejo al personal soviético que no esperaban otra escabechina tan pronto y, para colmo, por la retaguardia. 



Sable modelo 1871/29, arma reglamentaria de la
caballería italiana durante el conflicto
A la vista del desconcierto que reina en las líneas rusas, el 4º escuadrón al mando del capitán Silvano Abba avanza pie a tierra para explotar el éxito de las dos cargas y rematar la faena. Sin embargo, Abba cae muerto por una ráfaga de ametralladora y abandona este mundo en medio de una aureola de gloria y tal mientras su envoltura carnal queda en el suelo asqueroso acribillada a balazos. A la vista de que el 4º escuadrón no acaba de lograr aplastar a los rusos, Bettoni ordena al capitán Marchio que acuda con su unidad, el 3er. escuadrón, en apoyo del 4º. Se lleva a cabo una nueva carga, esta vez mucho más sangrienta que la primera porque los rusos flaquean y la circunstancia es aprovechada por los italianos para masacrarlos a su sabor. Con todo, varios oficiales caen durante esa acción ya que algunos, no queriendo perderse la escabechina, se unen a la unidad del capitán Marchio para probar el filo de sus sables y, de paso, mojarlos un poco en sangre, que al volver a casa hay que tener batallitas que contar. Ya sabemos que las féminas se ponen muy tiernas cuando los bravos soldados les narran lo cerca que estuvieron de la muerte y que en pleno infierno solo pensaban en ellas y no en salvar sus atribuladas vidas.



Uno de los escuadrones del regimiento carga
contra las líneas enemigas
La derrota rusa es definitiva. Los tres batallones en liza son literalmente barridos del campo de batalla, poniendo los que pudieron pies en polvorosa y salvando a duras penas sus miserables vidas de comunistas tiranizados por el padrecito Stalin. Y no solo han sufrido numerosas bajas- 150 muertos, 300 heridos y 600 prisioneros- sino que dejan en el campo un abundante botín de guerra consistente en numeroso armamento: cuatro cañones, mogollón de fusiles y armas ligeras, cincuenta ametralladoras y armas automáticas y diez morteros de varios calibres. El Regimiento Saboya sufre unas pérdidas mucho menores: tres oficiales muertos, treinta y seis entre suboficiales, clases y tropa, cuatro oficiales heridos, setenta entre suboficiales, clases y tropa y ciento setenta caballos al garete. 

Esta fue la última carga llevada a cabo por la caballería italiana y, que yo sepa, de la historia ya que la caballería a la antigua usanza solo fue usada precisamente por los italianos durante el conflicto. Al menos se saldó con una gloriosa victoria que fue el colofón tras siglos de batallar. 


Curiosidades



El coronel Bettoni
1. El coronel Bettoni era un aventajado jinete que había participado antes de la guerra en numerosas competiciones tanto a nivel nacional como internacional. Tras la guerra acudió a las Olimpiadas de Londres de 1948, ganó la Copa de Inglaterra, la prueba de obstáculos más prestigiosa del mundo, y antes del conflicto ya tenía un palmarés de 384 torneos y 253 copas, siendo hasta el día de hoy el jinete italiano más laureado. Murió en Roma de forma repentina el 28 de abril de 1951, cuando se disponía a disputar el concurso hípico de Piazza de Siena con un caballo de la cuadra de Piero Pirelli. De repente empezó a sentirse mal y le dijo a Pirelli que le dolían el estómago y la cabeza, por lo que se fue a su hotel a descansar. Sin embargo, al poco de llegar falleció. Tenía 59 años. Supongo que sería un maldito infarto, mala muerte para un héroe como Dios manda, ¿no?





Uniforme del Saboya

2. Bettoni era, además de coronel, conde. Debido a ello, era sumamente puntilloso con todo lo concerniente a las tradiciones y el buen gusto. Por ello, en su equipaje siempre llevaba una buena provisión de monóculos y guantes blancos de repuesto, por si acaso. Igualmente, el comedor de oficiales, aún en plena campaña, era todo un alarde de estilo: manteles absolutamente blancos, cubertería de plata, vajilla con la insignia del regimiento pintada y, faltaría más, soldados sirviendo la mesa con chaquetilla blanca sin una sola mácula aunque estuvieran bajo una preparación artillera en toda regla.







3. El capitán Abba murió en el preciso instante en que vio cargar al 3er. escuadrón. Por querer inmortalizar la escena sacó su cámara fotográfica y se detuvo un instante para sacar unas fotos, momento ese en que cayó fulminado por una ráfaga de ametralladora que le alcanzó en la cabeza. Al igual que su comandante, Abba era un consumado deportista que ganó una medalla de bronce en la prueba de pentatlón  durante las Olimpiadas de Berlín de 1936. Por su acción en Isbucensky recibió a título póstumo la Medalla de Oro al valor.




Un soldado del Saboya contempla a uno de los
caballos muertos en la acción de 
Isbucensky
4. Otro oficial recibió la Medalla de Oro, el mayor Alberto Litta, caído en el preciso instante en que se abalanzaba contra una ametralladora rusa. Su muerte acaeció cuando sableaba a los servidores de la máquina. Vamos, para hacer un cuadro...

5. El capitán Marchio, jefe del 3er. escuadrón, fue herido en ambos brazos durante la postrera carga que dio la victoria al Regimiento Saboya. Posteriormente sufrió la amputación del brazo derecho.

6. Tras la victoria, el coronel Bettoni, que era un furibundo monárquico, envió un telegrama al rey Víctor Manuel. El conde, fiel al laconismo militar, le escribió lo siguiente: "EL SABOYA HA CARGADO, EL SABOYA HA GANADO". 





El portaestandarte del regimiento en una parada
7. Tras el armisticio firmado entre Alemania y el mariscal Badoglio en 1943, Bettoni se negó en redondo a entregar las armas a los alemanes por lo que, al frente de su regimiento y con toda la impedimenta, se largó a Suiza, donde permanecieron asilados hasta el final de la guerra. 

8. En 1947, el gobierno italiano "jubiló" al coronel Bettoni ya que éste, fiel hasta el tuétano a la monarquía, se negó a prestar juramento de fidelidad a la república. Así pues, el buen conde les hizo dos higas y se dedicó a sus competiciones ecuestres, que sus cojones ya habían demostrado todo lo que tenían que demostrar.

9. Bettoni recibió por la acción de Isbucensky la Medalla de Plata al valor. Otros cincuenta y un miembros más del Regimiento Saboya fueron premiados con esa misma condecoración.

10. Actualmente, el Regimiento Saboya se encuentra integrado en la Brigada Paracaidista "Folgore". Como podrán suponer, sus caballos ya fueron jubilados y cuentan con armamento más moderno.

Bueno, ya está.

Hale, he dicho...



El Regimiento Saboya de caballería en una parada militar en 1770

2 comentarios:

Agnar dijo...

Se agradece el artículo, no me puedo imaginar el valor de esos hombres al cargar en una guerra en que las ametralladoras y cañones eran prácticamente los amos de campo de batalla

Amo del castillo dijo...

Ciertamente, Sr. Agnar, es difícil asimilar las elevadas dosis de testiculina necesarias para afrontar semejante brete sin dar la espalda al enemigo y salir echando leches del campo de batalla.

Un saludo y gracias por su comentario