viernes, 11 de octubre de 2013

Asesinatos 10. Blanca de Borbón






Justo es reconocer que, en la Edad Media, pertenecer a la nobleza o incluso a la realeza no libraba a las féminas de ser meros objetos de trueque para afianzar las alianzas matrimoniales entre las poderosas casas nobiliarias o los diferentes reinos de la Europa. Ya sabemos que las retoñas de sangre azul eran comprometidas en muchas ocasiones con apenas 3 ó 4 años de edad a fin de establecer alianzas político-militares, y eso de "casarse por amor", como dicen ahora, era una simple quimera. Su papel casi siempre se reducía al de simples engendradoras y paridoras de progenie, siendo repudiadas sin demora en caso de no dar el fruto adecuado porque, como sabemos, si no había preñez no se achacaba a defectos en el hombre, sino a la mujer. La lista de reinas y nobles muertas de sobreparto es kilométrica, y otras muchas fueron simplemente eliminadas cuando dejaban de ser políticamente útiles a sus maridos siendo el convento, la prisión o, en el peor de los casos, la muerte, las formas de quitar de en medio a cónyuges caídas en desgracia.



Blanca de Borbón

Uno de estos casos fue el de Blanca de Borbón, una gabacha que según las crónicas era un pimpollo y que tuvo la desgracia de verse emparentada con el vesánico monarca castellano don Pedro I. Fue uno de los muchos casos de mujer de linajuda familia criada en los palacios regios como primorosas terneras destinadas a ser colocadas en tal o cual trono para favorecer los intereses de sus padres o hermanos y, naturalmente, por el bien de la dinastía y de la corona. Veamos como se coció su fatal destino...





Pedro I de Castilla
Blanca era vástago de la numerosa progenie del duque de Borbón, cuya mujer, Isabel de Valois, le dio nada menos que ocho hijos y encima salió viva de todos los partos. Nació en 1339, por lo que era cinco años más joven que su futuro marido. Su destinó quedó sellado cuando, en junio de 1350, el papa Clemente VI envió una carta a la corte de Castilla animando al monarca a retomar la alianza entre la corona castellana y la francesa, un tanto debilitada a consecuencia de la repentina muerte por peste bubónica de Alfonso XI, padre de don Pedro, durante el cerco a Gibraltar (¡...español, carajo!). El mismo rey de Francia le ofreció a Blanca de Navarra, viuda de Felipe de Valois, pero ésta se negó en redondo a volverse a casar por lo que el nefasto turno recayó en Blanca de Borbón, que a la sazón contaba con  solo 11 años. La corona, que no el padre de la novia, ofreció una suculenta dote: nada menos que 300.000 florines pagaderos en diversos plazos. A cambio, el rey de Castilla le concedía las villas de Arévalo, Sepúlveda, Coca y Mayorga. 



Así acabó la hermosura
de la concubina regia

No fue hasta comienzos de 1353 cuando doña Blanca puso pie en la península, entrando por el reino de Aragón para luego dirigirse hacia Valladolid, donde tendría lugar el enlace. Pero don Pedro no estaba por la labor de casarse ya que de quien de verdad estaba perdidamente enamorado era de María de Padilla, una hermosa y menuda hembra que el antaño privado del monarca, Juan Alonso de Alburquerque, le puso en bandeja  en 1352 para que el joven y fogoso rey se entretuviera en refocilarse y le dejase a él mandar a sus anchas en todo el reino. Pero no imaginó que la Padilla iba a convertirse en el único y verdadero amor del castellano a pesar de lo golfo y lo mujeriego que era, que hasta se casó en secreto con ella y le dio cuatro hijos. No sabía la pobre doña Blanca donde se metía...







Castillo de Montalbán
Tras varios meses mareando la perdiz, ya que la gabacha estaba en Valladolid desde el mes de febrero, finalmente don Pedro hizo acto de presencia y se pudo celebrar el bodorrio, el cual tuvo lugar el 3 de junio de 1353. Se festejó con un ágape por todo lo alto, con justas y torneos y la asistencia de lo más granado de la nobleza castellana y aragonesa. Dos días más tarde, la reina madre, doña María, y su tía doña Leonor se presentaron ante el rey llorando a moco tendido porque habían oído que pensaba abandonar a la reina, lo cual supondría un escándalo mayúsculo y una ofensa a Francia de consecuencias imprevisibles. Don Pedro las tranquilizó y les aseguró que eso eran habladurías de criados, por lo que ambas mujeres se fueron más tranquilas. Pero la cosa es que don Pedro, una hora más tarde, salió a toda pastilla hacia Olmedo para, al día siguiente, plantarse en el castillo de Montalbán, en Toledo, donde lo esperaba la Padilla para hacerle arrumacos en cantidad. Se hizo nada menos que 270 km. en dos etapas. Para que luego digan que el amor no mueve montañas, qué carajo...



Inocencio VI, quinto papa de Avignon y, por lo
tanto, hechura de la corona francesa
Así de breve fue el matrimonio de doña Blanca, que se quedó con un palmo de narices con apenas 14 años. Pero si mal le fue a la gabacha, peor le fue a don Pedro porque su insensata acción le costó la enemistad con el rey de Francia, con gran parte de la nobleza castellana, que veía con malos ojos la influencia de los Padilla en detrimento de una princesa de sangre real y, con el tiempo, favoreció los intereses del bastardo Trastámara para derrocarlo. A partir de ese momento, doña Blanca comenzó un peregrinar de fortaleza en fortaleza, alejada de la corte, sin poder contactar con nadie que la pudiese ayudar. La tuvieron a buen recaudo en Tordesillas, en Arévalo, en el siniestro alcázar de Toledo, donde recurrió inútilmente a refugiarse en sagrado en la catedral, en Sigüenza... Muchos nobles se apiadaron de ella y de su triste situación, pero nadie se atrevía de momento a contravenir la voluntad del cada vez más enloquecido don Pedro. Hasta fue excomulgado en 1355 por Inocencio VI por su pertinaz empeño en pasar olímpicamente de las admoniciones papales para que abandonara a la concubina y se portara con un buen marido, pero hasta el entredicho le daba una soberana higa a don Pedro, el cual no dudaba en ensañarse con todo aquel que hablase bien o defendiera a la desgraciada reina consorte.



Torre de Doña Blanca
En 1361, doña Blanca languidecía en Medina Sidonia, alejada de Aragón y de Francia para evitar un posible intento de rescate. Su custodia estaba encomendada a un caballero por nombre Íñigo Ortiz de Stúñiga el cual se negó rotundamente a poner a la reina, que consideraba su señora, en manos de Alfonso Martínez de Orueña, criado de un italiano llamado Pablo de Perosa y que, al parecer, llevaba el encargo regio de "dar hierbas a la reina con que moriera". O sea, envenenarla. Muy cabreado, don Pedro le ordenó que la entregara a Juan Pérez de Rebolledo, uno de sus ballesteros y a la sazón vecino de la cercana Jerez, el cual puso término a la breve y desdichada existencia de la reina posiblemente en la torre que actualmente se conoce como "Torre de doña Blanca". Fue enterrada en el monasterio de San Francisco, en Jerez de la Frontera, tras pasar seis años de prisión en prisión. Jamás pudo imaginar la desventurada gabacha el sino que le deparaba su viaje sin retorno a Castilla, pensando seguramente en verse mimada y bien servida por toda la corte. Sin embargo, fue a parar a manos de uno de los más perversos monarcas de su tiempo, un hombre enfermo de rencor y desconfianza que no dudaba en eliminar a cualquiera independientemente de su sexo, alcurnia o edad si el desgraciado levantaba la más mínima sospecha en el rey. Sirva pues de aviso a las que aspiran a emparentar con un príncipe azul. Nunca se sabe...


Curiosidades


Iglesia del monasterio de San Francisco
1. Las malas lenguas aseguraban que el motivo del abandono regio de doña Blanca se debió a que fue seducida por el medio hermano del monarca, don Fadrique ( el maestre de Santiago que fue también asesinado por orden de don Pedro), y que incluso le dio un hijo que fue don Alfonso Enríquez, almirante de Castilla y bisabuelo de Fernando el Católico. Nada de eso se probó jamás, y al parecer fueron los del clan Padilla los que propalaron las difamaciones para desacreditar la honra de la Borbón.

2. Se acordó que la dote se pagaría de la siguiente forma: 25.000 florines antes de que la princesa saliera de Francia y otra cifra igual en las siguientes Navidades. El resto se pagaría a razón de 50.000 florines anuales. Al parecer, los gabachos salieron morosos porque solo pagaron el primer plazo.

3. El florín era una moneda creada en Florencia a mediados del siglo XIII y que fue el referente monetario hasta el siglo XIV por su buena ley. Pesaba 3,5 gramos de oro de 24 quilates.

4. En pureza, doña Blanca fue la única reina legítima de Castilla en esa época ya que su matrimonio jamás fue anulado por Roma. Por lo tanto, ni los posteriores matrimonios del rey con María de Padilla y Juana de Castro, con la que batió el record de brevedad ya que a esta la abandonó al día siguiente de la boda, tenían validez.


Florín de oro
5. La primera justicia que llevó a cabo Enrique de Trastámara en Sevilla una vez coronado rey fue precisamente contra el asesino de doña Blanca, Juan Pérez de Rebolledo, el cual fue ahorcado junto a los Caños de Carmona en junio de 1366, donde estuvo cinco días expuesto tras los cuales fue descolgado y trasladado a Jerez, de donde era natural, para ser enterrado.


6. Las desgracias que acarrearon a don Pedro el asesinato de doña Blanca no se limitaron a padecer guerras y traiciones, sino el perder a quien más había amado: María de Padilla partió de este mundo en julio de 1361 poco tiempo después de haber sucumbido su rival , casualmente el mismo mes y año en que el matador de la reina fue sepultado en Jerez. Solo tenía 28 años.

7. El sepulcro de doña Blanca consta de una simple lápida en la que podemos leer:


CHR. OPT. MAX. SACRVM. DIVA BLANCA, HISPANIARVM REGINA, PATRE BORBONICO, EX INCLITA FRANCORVM REGVM PROSAPIA, MORIBVS ET CORPORE VENVSTISSIMA FVIT: SED PRÆVALENTE PELLICE, OCCUBVIT JVSSV PETRI MARITI CRVDELI, ANNO SALVTIS 1361, AETATIS VERO SVÆ 25


Que traducido quiere decir:


CONSAGRADO AL CRISTO ÓPTIMO Y MÁXIMO. LA DIVINA BLANCA, REINA DE LAS ESPAÑAS, DE PADRE BORBÓN Y DEL ÍNCLITO LINAJE DE LOS REYES FRANCOS, FUE HERMOSÍSIMA DE COSTUMBRES Y CUERPO. PERO PREVALECIENDO LA CONCUBINA, YACE POR MANDATO DE PEDRO, MARIDO CRUEL, EN EL AÑO DE 1361 DE LA SALVACIÓN. SU VERDADERA EDAD ERA DE 25 AÑOS


En realidad apenas tenía 22 años. Triste destino, ¿no?

Hale, he dicho...


Lápida sepulcral de doña Blanca de Borbón, reina de Castilla