domingo, 17 de septiembre de 2017

Bombardeo estratégico, 1ª parte


Zeppelin alumbrado por los reflectores de la defensa antiaérea. En los comienzos del conflicto no era fácil derribarlos

Heinkel 111 de la Legión Cóndor en plena acción. La guerra
civil española fue un banco de pruebas de primera clase
para desarrollar las depuradas técnicas de bombardeo
estratégico que permitieron a la Luftwaffe arrasar ciudades
enteras en los primeros años de la 2ª Guerra Mundial
Puede que alguno que otro se sorprenda con el título de la entrada que, como la que dedicamos a los albores de la artillería autopropulsada, parece demasiado avanzado para la temática del blog. Sin embargo, y aunque el concepto de bombardeo estratégico no empieza a ganar sus siniestras connotaciones hasta la Segunda Guerra Mundial, la realidad es que empezaron a llevarse a cabo nada más comenzar la Gran Guerra, lo cual puede causar extrañeza en algunos ya que en aquella época nos suele dar la impresión de que aún se conservaban ciertos conceptos éticos acerca de las normas a seguir en los conflictos bélicos. Pero la verdad es que no era así. Los alemanes ya tenían muy claro que someter a la población civil a los horrores de la guerra repercutiría favorablemente en el desarrollo de la misma, y pusieron los medios para iniciar esa práctica nada más comenzar las hostilidades.

Generalmente, esta es la imagen que solemos asociar con el concepto de
bombardeo estratégico. Sin embargo, lo que vemos es el estadio más
avanzado del mismo, muy lejos de lo que significaron sus inicios
No deja de ser curioso que cuando se menciona el término bombardeo estratégico la gente suela poner jeta de asco, como si ese tipo de acción de guerra fuera la quintaesencia del holocausto definitivo, la materialización del apocalipsis en forma de ángel exterminador metálico que siega miles de vidas derramando bombas en vez de con una espada llameante y, por supuesto, la más aberrante forma de asesinato imaginable. Pero si nos remontamos a los orígenes de la guerra vemos que, en realidad, la violencia contra la población civil ha sido la tónica habitual desde que tenemos noticia. El hombre es un ser capaz de desarrollar una crueldad ilimitada que, cuando se enfrenta a un enemigo, no solo busca derrotarlo sino también humillarlo y producirle el dolor más extremo exterminando a su familia de forma que de su semilla en la Tierra no quede ni el recuerdo. Viola a las hembras del enemigo para, además de ultrajarlas, sembrar en ellas aunque sea de forma inconsciente mientras que mata a los hijos que ya tenían para impedir que estos lleguen a edad adulta y se tomen venganza. Es algo similar a lo que hacen los leones cuando derrotan a un macho alfa: matan las crías para que las hembras entren en celo y sean sus genes los que se extiendan en la manada. Algo similar hacemos los hombres pero, para más inri, guiados por una inteligencia muy superior. Cualquiera que haya leído algo de historia sabe que hay infinidad de testimonios acerca de comportamientos similares en forma de exterminio de poblaciones indefensas, matanzas indiscriminadas de niños y mujeres, sometimiento a la esclavitud de los mismos, etc. Así pues, el aparentemente diabólico bombardeo estratégico no es más que la enésima forma de intentar acabar con la moral y la capacidad defensiva del enemigo, pero en vez de hacerlo a cuchilladas pues con medios más actuales y, obviamente, más letales. 


Efectos de una bomba de 300 Kg. lanzada sobre
Londres por un dirigible alemán. La sensación de
seguridad que daba vivir en una isla desapareció
el 19 de enero de 1915 
Lógicamente, en tiempos modernos se buscaba además una serie de efectos psicológicos que iban más allá de la consumación de la masacre en sí misma. Hasta aquel momento, la población podía asimilar la que se le venía encima porque veía al ejército invasor como cercaba la ciudad, como sus cañones apuntaban a sus murallas y las iban demoliendo, y como finalmente lograban expugnarlas. Digamos que psicológicamente tenían tiempo para irse preparando ante un final probablemente muy desagradable. Pero el bombardeo estratégico privaba a la población de llevar a cabo cualquier tipo de mentalización ya que, en apariencia, nada ocurría en su entorno que le hiciera sospechar que el infierno se desencadenaría sobre ellos de forma sorpresiva e inusitada. Todo el mundo llevaba a cabo sus actividades cotidianas, los críos jugaban en la calle o iban a la escuela, las amas de casa iban al mercado y preparaban el almuerzo al marido que llegaría cansado del trabajo... en fin, una vida normal en la que solo las noticias del frente suscitaban algún comentario fuera de la monotonía cotidiana. Pero, de repente, sin previo aviso, cuando todos duermen apaciblemente en sus piltras, una serie de tremendas explosiones sobresaltan al personal y les sacan del sueño de una forma muy desagradable. Nadie sabe lo que pasa, y nadie lo comprende porque saben que el enemigo está demasiado lejos como para que sus cañones puedan alcanzar la ciudad. Los vecinos salen a la calle despavoridos en busca del motivo de las explosiones, pero no ve más que caos, gente corriendo, gritos y, en un momento dado, el fulgor del varios incendios más o menos cerca de casa. Y tal como ha ocurrido, todo cesa. Solo quedan algunas casas convertidas en escombros y los gritos de los heridos que, con los medios de la época, tardan demasiado en evacuar a un hospital.


Daños causados por una de las bombas lanzadas por el
Zeppelin L3 al mando del Kapitänleutnant Fritz en
Great Yarmouth el 19 de enero de 1915, produciendo
las dos primeras víctimas de los bombardeos
estratégicos en el Reino Unido
Este tipo de situación era lo que diferenciaba la masacre anunciada de la matanza por sorpresa y, lo que era peor, insuflaba la inquietante sensación de que ya daba lo mismo que el enemigo estuviese lejos o cerca porque podrían atacar de nuevo en cualquier momento sin previo aviso. A partir de ese momento la gente circulaba por las calles mirando al cielo atemorizados, las madres no perdían de vista a sus hijos por si de repente tenía lugar un nuevo bombardeo y había que buscar un refugio. El saber que en cualquier momento podían perder a sus seres queridos les causaba una trerrible sensación de inseguridad mezclada con furia e impotencia. Y cuando llegaba la noche era peor aún porque nadie se atrevía a dejarse llevar por el sueño por si había que saltar de la cama y salir a la calle con los críos bajo el brazo, o con el miedo a acabar como su cuñado Fulano, al que una bomba incendiaria que perforó el tejado de su casa lo dejó convertido en una momia calcinada sin darle ni tiempo a salir de la cama. Mientras se intenta descansar solo vienen a la mente las imágenes de las casas destruidas, de los cadáveres alineados ante ella tapados con una lona, o los heridos que son evacuados en ambulancias dando alaridos, convertidos en una especie de muñecos desmadejados cubiertos de polvo y sangre. Eso se traducía en un aumento del cansancio, de la angustia, del miedo. El agotamiento psicológico y físico iba mermando al personal, lo que se traducía en un peor rendimiento en el trabajo y, sobre todo, en unas ansias tremendas porque acabara aquel estado de terror que, quizás, les hiciese pedir a sus dirigentes la rendición o, al menos, un final pactado que pusiese término al conflicto. Ese, y no otro, era el objetivo del bombardeo estratégico, que no debemos confundir con el bombardeo táctico que solo busca la destrucción de objetivos militares que mermen la capacidad combativa del enemigo, destruyendo fábricas de armas, municiones, nudos ferroviarios, etc.


Bien, esta serie de conceptos ya los tenían muy claros en el Estado Mayor del ejército imperial, y nada más estallar la guerra el 28 de julio de 1914 ya se estaban poniendo manos a la obra para iniciar una serie de operaciones con las que pretendían dejar claro a sus enemigos que, aparte de ser más chulos que nadie, disponían de los medios necesarios para llevar la guerra mucho más allá del frente, y que nada ni nadie estaría a salvo del poder destructivo de sus armas. La herramienta para llevar a cabo de forma exitosa esta campaña de terror eran los dirigibles fabricados por el probo ciudadano mostachudo que vemos en la foto de la izquierda, Ferdinand Adolf August Heinrich, conde Von Zeppelin, cuya inventiva permitiría a los súbditos del káiser darle estopa bonitamente tanto a gabachos como a british (Dios maldiga al enano corso y a Nelson respectivamente), belgas, polacos y, en definitiva, a todo aquel que osase declararles la guerra. Conste que los dirigibles del conde no eran precisamente unos artefactos manejables y baratos, sino más bien todo lo contrario. De hecho, hasta los hangares debían estar construidos orientados conforme al viento dominante en la zona porque, de no ser así, era casi imposible sacar uno de aquellos gigantescos trastos con forma de puro habano de 120, 130 o más metros de largo de sus alojamientos, y su precio una vez iniciada la guerra oscilaba según el modelo entre 600.000 y 850.000 marcos, o sea, una pasta gansísima.


Cráter producido por una bomba arrojada por un dirigible en una calle
de París. Un nutrido grupo de ciudadanos contemplan el enorme boquete
y, seguramente, comentando entre ellos lo malos malosos que eran los
tedescos, a los que ya odiaban profundamente.
Sin embargo, los dirigibles eran en aquel momento el único aparato volante capaz de llevar una carga bélica capaz de hacer verdadero daño ya que los aeroplanos aún no tenían potencia para transportar mucho más que al piloto y al observador. Los aviones solo daban para efectuar modestas incursiones cuyos efectos eran más psicológicos que reales, como el bombardeo llevado a cabo sobre París por el teniente Ernst von Hiddesen que, a bordo de un Taube, lanzó cuatro pequeñas bombas de 2,5 Kg. junto con amenazadoras notas en las que informaba a la población que el ejército alemán estaba a las puertas de París, y que la única opción que tenían era la rendición. Al final de la nota incluso echó su firma para que quedase claro que era todo un teniente del ejército imperial el que los ponía sobre aviso, no un cuñado con ganas de gastar una bromita pesada. Obviamente, la acción de von Hiddesen tuvo menos éxito que un disco de cantos gregorianos en los 40 Principales, y a los parisinos les dio una soberana higa el aviso si bien una de las bombas acabó con la vida de una mujer que tuvo la mala suerte de estar en el sitio equivocado en el momento más inoportuno, y eso que la bomba era una birria.


Por otro lado, a pesar de la altísima combustibilidad del hidrógeno que contenían en su interior no era fácil derribarlos ya que aún no se habían inventado las balas incendiarias. De hecho, los primeros intentos para echar a tierra estos chismes desde un avión se tuvieron que llevar a cabo con antiguos fusiles monotiro Martini-Henry empleados por los british durante las guerras con los zulúes 35 años antes. Estos fusiles, de calibre .577/450 Martini-Henry, disparaban una munición cuyo proyectil contenía una substancia que se inflamaba al ser disparado si bien, como podemos imaginar, no era fácil apuntar mientras el aparato quedaba sin gobierno ya que para abrir fuego el piloto tenía que soltar la palanca de control. De ahí que, a pesar del enorme tamaño del blanco, no fuese fácil acertarle porque, además, los dirigibles estaban muy bien armados con ametralladoras en las góndolas y en unas plataformas situadas en la parte superior de la estructura. O sea, que no volaban indefensos sino más bien todo lo contrario, y mientras el british hacía malabarismos con su Martini-Henry los artilleros del dirigible lo abrasaban a balazos con sus máquinas. Un buen ejemplo lo tenemos en la foto superior, que muestra la posición de tiro delantera de un Zeppelin provista de tres pedestales y sus respectivas ametralladoras más los dos artilleros que las manejaban. El orificio cuadrado que se ve junto a la plataforma es la escotilla de acceso que daba paso a esa parte del aparato desde un pasarela interior a la que se llegaba desde las góndolas situadas en la parte inferior de la estructura.


El LZ 21. Francamente, contemplar de cerca uno de estos artefactos
debía ser un espectáculo grandioso
Así pues, nada más empezar la fiesta se dio orden para que el 5 de agosto, o sea, apenas una semana después del comienzo de la misma, el Z-VI (LZ 21 según su orden de fabricación), debía estar preparado para llevar a cabo el que sería el primer bombardeo estratégico de la historia, llevando muerte y destrucción + IVA a Lieja, cuyos vecinos no podían ni imaginar que tendrían el dudoso honor de ser los que estrenarían tan terrorífica táctica. El Z-VI era un Zeppelin tipo K cuyo vuelo inicial tuvo lugar el 10 de noviembre de 1913 y que estaba basado en Bickendorf, un distrito de Colonia. De hecho, el dirigible había sido bautizado con ese nombre: "Köln". Este modelo tenía una longitud de 149 metros y un diámetro de 14,9, lo que le daba una capacidad interna de 20.900 m³ distribuidos en 17 celdas. Esto significa que el hidrógeno estaba almacenado, en este caso, en 17 depósitos independientes para que, caso de que hubiese una fuga por una rotura o perforación de la cubierta, no se desinflara como un globo de feria y se fuese al garete en dos minutos. La tripulación estaba distribuida en dos góndolas, una delantera y otra trasera, más un compartimento interno situado en el centro de la estructura, y admitía una carga total de 7,8 Tm. Su techo operativo estaba en los 1.900 metros y su planta motriz consistía en tres motores Maybach de 170 Hp cada uno, lo que le permitía alcanzar una velocidad máxima de 75 Km/h siempre y cuando las condiciones climatológicas lo permitiesen, lo que no era lo habitual precisamente. Y en un alarde de modernidad absoluta, estos chismes estaban equipados con aparatos de radiotelegrafía, lo que les permitía mantener contacto directo con su base de operaciones para no ir por ahí dando tumbos y soltando bombas así como así. 


La tripulación estaba compuesta por un total de 12 hombres distribuidos de la siguiente forma: en la góndola delantera y al mando del dirigible estaba el capitán Kleinschmidt acompañado por Gröger, el timonel- estos chismes se manejaban como un barco. De hecho, los british los llamaban airships, barcos aéreos-, Schmidt, el navegante, Bürvenich, el maquinista, y su ayudante Mertens. En el compartimento central viajaba el comandante von Dücker, que era el que estaba al mando de la operación, junto con el teniente telegrafista Brickenstein y el suboficial telegrafista Fisher. Por último, en la góndola trasera, el ingeniero de vuelo Noack junto a los maquinistas Schuster y Scholler más el auxiliar de máquinas Kuck. Los tripulantes podían no obstante moverse de un sitio a otro o cambiar de posición si era necesario. Si nos fijamos en la foto superior, a la derecha vemos una pequeña escalera situada en el interior de una góndola, la cual deba acceso a una pasarela situada en el interior de la estructura que permitía circular por dentro de la misma o, como comentamos anteriormente, subir a la parte superior para acceder a las plataformas de tiro que, en este caso, fueron desmontadas para esta misión por razones que más adelante se concretarán. 


En cuanto a la presencia de nada menos que cinco mecánicos no debe causar extrañeza ya que los motores estaban situados en el interior de la estructura, quedando fuera solo las hélices movidas por una barra de transmisión. Eso permitía que, en caso de avería, se pudieran llevar a cabo las reparaciones oportunas ya que, además, llevaban a bordo piezas de repuesto para caso de necesidad. Si los motores se detenían lo único que pasaba era que el dirigible quedaría a merced del viento, teniendo el timonel que intentar mantenerlo en ruta mientras que se efectuaban las reparaciones. O sea, que no se caían como un pedrusco, lo que al menos era una tranquilidad para los que iban a bordo. En la foto superior podemos ver una de las hélices sujeta a la estructura mediante unos perfiles. Dentro de dicha estructura es donde se encuentran los motores, ocultos por la cubierta de tela. También podemos apreciar el aspecto de una góndola que, como vemos, estaba descubierta por lo que las travesías en determinadas épocas del año debían ser bastante chungas, con temperaturas de 30º bajo cero o menos aún. Incluso en verano había que ir bien abrigado a la hora de cruzar el Canal de la Mancha a 2 km. de altitud.

En resumen, estas eran grosso modo las principales características del LZ 21. Y como ya he tecleado más de lo aconsejable, dejamos lo más emocionante para la próxima entrada. Así pues,

¿Lograrán el capitán Kleinschmidt y sus muchachos cumplir la misión?
¿Se librarán los pobres belgas de ver como les tiran bombas en la azotea sin permiso?
¿Podrá el comandante von Dücker llevar a buen término la operación y poder así enviar un informe chulo al Estado Mayor para ver si cae alguna medalla?
¿Logrará el cuñado de von Hiddesen trincarle la botella de Hennessy mientras que este se dedica a mandar mensajes en plan borde a los parisinos?

De todo nos enteraremos en su momento, criaturas. Ahora toca merendar, que eso no lo perdono.

Hale, he dicho

Continuación de la entrada pinchando aquí.


Postal de la propaganda alemana en la que se ve un Zeppelin bombardeando Amberes. En la esquina superior
izquierda vemos al conde con su aspecto de germano bonachón ahíto de salchichas bávaras y sauer-kraut regados
con 8 litros de cerveza muniquesa de la buena. Este tipo de acciones suscitaron gran controversia al principio de la
guerra, cuando se pensaba que estos violentos cambios de impresiones debían mantener cierto grado de civismo
y honorabilidad. No pasó mucho tiempo para que se dieran cuenta ambos bandos que eso había pasado a la historia
para siempre cuando el conflicto se convirtió en una matanza de proporciones apocalípticas

17 comentarios:

nathan hale smith patton dijo...

Que comera mañana el capitan kliem? Lograre dejar de sr virgo? Estas preguntas se resolveran en el capitulo siguiente "la venganza del kaiser"

Como curiosidad los gabachos le ponian nombres curiosos a estos dirigibles: banana de hidrogeno o salchicha XD

Pero a saber porque cuando bombardeaban ciudades no nada mas usabam dirigibles, tambien usaban gigantescos cañones bertha ya en la segunda se usaban los V-1 y V-2
¿enserio nos gusta violar a la hembra por trofeo o porque es un instinto animal que se tiene y sale durante la guerra?

Amo del castillo dijo...

Muchísimos comportamientos del ser humano están guiados por atavismos almacenados en nuestra memoria genética. A pesar de nuestra supuesta racionalidad, en determinadas circunstancias dejamos aflorar nuestra parte más animal ya que, al cabo, somos eso, animales con un ápice de inteligencia. El acto de violación en una guerra no creo que obedezca a la simple apetencia de sexo, sino más bien a un deseo de tomarse venganza contra el enemigo dándole donde más les duele, que es arrebatándoles a sus hembras ya sean sus mujeres, sus hijas o incluso sus madres, e imponiendo su genética. Miles y miles de mujeres alemanas fueron violadas por los rusos como represalia a los desmanes llevados a cabo por las tropas germanas, y al cabo de 9 meses salieron de no se sabe donde mogollón de nenes con jetas siberianas. Incluso el hecho de conservar un trofeo de guerra en forma de arma enemiga, condecoración, etc. tiene las mismas connotaciones que el hueso o el cráneo del enemigo derrotado por un cromañón hace miles de años, o sea, es una forma de absorber su energía vital, una forma de vampirismo anímico.

En fin, es un tema demasiado largo para hablarlo aquí, pero basta comparar muchos de nuestros comportamientos con el de otros mamíferos para darnos cuenta de que, en realidad, seguimos siendo extremadamente primarios. Un solo detalle y termino: cuando somos adolescentes nos llaman poderosamente la atención las madres de nuestros coleguillas. ¿Por qué? Porque son mujeres en su plenitud sexual, con edades alrededor de los 35 años más o menos, desarrolladas y aptas para la procreación que es lo que, de forma inconsciente, buscamos aunque no nos demos ni cuenta. Por eso nos atraen más que las mocitas de nuestra edad, en pleno desarrollo pero aún no válidas para un apareamiento efectivo. Y a medida que nos vamos haciendo mayores buscaremos mujeres más jóvenes ya que el hombre, al ser fértil toda su vida, busca de forma instintiva mujeres en edad de concebir. Por eso, a un hombre de 50 o 60 años le atrae una mujer de 25 o 30 antes de una de su edad aunque lo tachen de "viejo verde". ¿Por qué? Porque una mujer de 50 años en adelante no puede engendrar hijos aunque físicamente se conserve atractiva. En resumen, aunque no deseemos tener más hijos nuestra memoria genética nos empuja a procrear porque es algo con lo que nacemos. Está grabado en nuestra mente de la misma forma que un pájaro sabe hacer un nido aunque nadie le enseñe como hacerlo.

Por cierto que le noto preocupado por su virginidad. Pero descuide, ya caerá como hemos caído todos, y llorará amargamente por haberse dejado llevar por las malditas hormonas, y se arañará la jeta con saña bíblica por ser tan pardillo, y clamará al cielo implorando piedad. Pero ya será tarde. Yo que vuecé me buscaba lo que se llama hoy día una follamiga y sanseacabó. Le regala alguna chuchería de vez en cuando para tenerla contentita y no se complique la vida. Por otro lado, las mujeres son hoy día más complacientes que antaño, cuando solo para hacer manitas había que estar una semana intentándolo, así que no se queje, los de mi generación lo pasamos peor.

Mr. Gatsby dijo...

Sr Nathan, hágale caso al Amo, pues yo suscribo completamente su sugerencia. El problema es que a su edad el cerebro todavía funciona de una manera un tanto peculiar, y entre otras cosas, interpreta ciertos problemas como mucho más graves de lo que realmente son. Trabájese alguna conocida con la que tenga suficiente complicidad y cosas en común como para que el acto no sea un anodino e insatisfactorio intercambio de fluidos que le espante de futuros encuentros, o si no haga uso de cualquiera de la multitud de redes sociales orientadas al ligoteo que tenemos hoy en día, que con un mínimo de paciencia ofrecen resultados interesantes.

Lo que no haga, por dios santo, es lo que hacen la mayoría de pringaos a su edad, es decir, dejarse abrumar estúpidamente por el estigma ridículo de la virginidad o por un más rídiculo aún miedo a la soledad, lanzarse al regazo de la primera cateta que les dora la píldora, y sin darse cuenta estar sumidos en una relación tóxica y convertidos en un títere despojado de voluntad y sometido a los caprichos de su infame pareja. Yo todavía soy joven y nunca me he dejado llevar de ese modo, pero estoy harto de ver a verdaderos panolis, adolescentes y no tan adolescentes, entregarse a la esclavitud y el autoengaño con tal de estar acompañados de una mujer que les proporcione sucedáneos de amor. Así que no sea usted mulo y evite ese camino, hágase el favor.

Volviendo a lo que nos ocupa, madre mía, me he quedado flipado con eso de emplear un Martini-Henry para derribar dirigibles. Si ya no es sólo soltar la palanca de mandos para disparar, es que un Martini-Henry es un monotiro que exige introducir la bala y expulsar después del disparo la vaina con un palancazo, y meter a mano la siguiente. Llevar a cabo ese proceso en la cabina de un avión debía ser infernal.

Un saludo.

dani dijo...

Muy interesante este post. Los alemanes crearon toda una flotilla para atacar Londres, pero .......... Supongo que ya lo contará. jajajaaj

Amo del castillo dijo...

¿Ve, Sr. Nathan? El Sr. Gatsby también coincide en el hecho de que dejarse llevar por las descargas hormonales y por la aspiración masiva de feromonas puede tener consecuencias devastadoras y, lo que es peor, irreparables. Le contaría lo que le aconteció a un compañero de armas cuando estuve en el ejército, pero es una historia tan triste que incluso hoy, después de tantos años, me atribula recordarla. El pobre se encoñó hasta el tuétano, pobrecito... y encima lo coronaron de tal forma que parecía el padre de Bambi. En fin, lamentable, lamentable...

En cuanto a lo de manejar un Martini-Henry en un avión de aquella época, pues ya puede imaginar lo emocionante que sería la cosa, dilecto ilustrador. Y encima con varias ametralladoras rociándolo de plomo desde el dirigible, que le daba más morbo a la cosa. En fin, se lo pasaban estupendamente.

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Ha acertado, Sr. Dani, los tedescos crearon una flotilla flotante, jeje... Y sí, ya lo contaré, pierda cuidado :-)

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

Por cierto, Sr. Nathan, consuélese pensando que también hay muchos que incluso en plena madurez no han aprendido un carajo de nada, y se les sigue nublando la mente ante la visión de un canalillo prometedor o una sonrisa con hoyuelos, que son las más peligrosas. Cuando pase de los 45 ó 50, recuerde este refrán y se evitará grandes males: Viejo que caza con moza, o toca a cuerno, o a fosa, o a las dos cosas. Amén y tal.

nathan hale smith patton dijo...

Humm buenos consejos pero ustedes se refieren con lo de "ser pardillo" con lo de "salir con regalo" (que sale preñada la moza) o lo de "andar en relaciones toxicas solo para follar"?, porque si es lo ultimo no se preocupen hace rato que deje de creer en esos cuentos de hadas que tener pareja acaba con tus problemas cuando solo creo que es puro gasto de dinero y compromiso (el cual no estoy dispuesto aceptar) y lo se porque tambien he visto conocidos caer por eso, si quisiera hacer revolcon pues hacer el viejo metodo de la escuela antigua: pagando
Y cuanto a lo de salir con regalo pues ya se la formula quimica: nitratodemeterlo
Y si sr del castillo ya cai hace años (creo que se lo habia contado en otro post hace un año) y la verdad que hice todo lo que usted dice, por suerte no llegamos al noviazgo solo "palabras cariñosas" por mi que en la actualidad ande la dalila co algun cuñado que la haga cuadritos para que ella sienta lo que yo senti.

Pero ¿porque apenas a mis 21 años me atraen la maduritas y no cuando tenia 14 que me daban asco y solo me traian las de grandes gomas de mi edad?
¿los alemanes tambien violaban rusas? Porque tengo entendido que los alemanes no podian andar de traviesos ya que los enviaban a batallones de castigo, incluso les hacian muñecas inflables para que desquitaran con ellas sus mas bajos instintos...

Julio M dijo...

Amo permitame que le discuta eso, el refranero es el que es y no se pueden cambiar.
Mi padre tiene cerca de 87 años, servidor 37 y mis dos hermanas 21 y 31 respectivamente. Todos hijos de mi anciano padre.
Puedo decirle que la diferencia de edad entre mis progenitores es de casi 30 años y no hay pareja mas unida.
En todos lados cuecen habas, pero siempre hay excepciones.
Encantado con las ultimas entradas, un gusto leerle como siempre.

Mr. Gatsby dijo...

La verdad que esta entrada está llena de cosas la mar de curiosas, eso del Taube sobrevolando París me ha matado. Había que tenerlos cuadrados para ponerse a volar sobre la capital enemiga en un artefacto más propio de los dibujos de la Hanna-Barbera, siendo suficiente que el abuelo Favreau de turno agarrara su rifle de caza para echarlo abajo. Supongo que en aquellos tiempos los aviones eran algo tan novísimo que no concebían que pudieran suponer algo más que una curiosidad para exhibir en los periódicos y revistas ilustradas. Aparte, ardo en deseos de saber qué fue de la flota de dirigibles alemanes, porque de este tema conozco más bien poco, la verdad.

Ah, Sr. Nathan, una cosa que se me olvidó decirle antes. Si alguna vez algún mindundi se le pone listo por eso de no tener novia, piense que, a su edad, habrá una más que elevada posibilidad de que dicho mindundi esté atrapado en alguna penosa relación sin más objetivo que presentarla socialmente y como reemplazo de la masturbación, siendo lo más estimulante algún que otro coito poco satisfactorio y severamente regulado por su fémina, y poco más. En ese caso simplemente se valdrá de usted para tratar de engañarse a sí mismo y disfrazar sus miserias, pero no se preocupe, no será más que otra clase de pardillo infeliz creyendo inutilmente que está por encima de alguien.

Un saludo.

daniel hastudia dijo...

tenian bastantes bolas los pilotos esos para intentar derribar un enorme bicho de esos con solo una escopeta, solo haciendo de kamizake tal vez, habran tenido aunque sea un exito de derribo?

Amo del castillo dijo...

Ser un pardillo es ser un iluso, un sujeto que cree que el mundo es un sitio feliz donde rigen normas que hacen que la vida sea extremadamente deleitosa. Así pues, ya sabrá como interpretarlo en el contexto del comentario anterior. Respecto a sus apetencias pues bueno, qué quiere que le diga... cada cual tiene las suyas si bien lo habitual es la escala que le mencioné. En todo caso, ya ve que prefiere las señoras más mayores en vez de las de su edad, menos cuajadas e inexpertas. En cuanto a las violaciones de rusas, obviamente las habría si bien en mucha menos escala y no tanto por el temor a ser castigado como al hecho de que las consideraban un sub-producto humano indigno de ser penetrado por sus colitas arias, y menos aún de mezclar sus genes germánicos con ellas. Por lo visto, los españoles de la División Azul y los italianos, carentes de ese tipo de prejuicios chorras, se mostraban asaz cariñosos con las rusas las cuales, como es lógico, no les hacían ascos ya que les venía bien mercadear con sus fastuosos cuerpos eslavos.

Amo del castillo dijo...

Bueno, Sr. Julio, aparte de congratularme por la exitosa y prolongada coyunda de sus venerables progenitores, convendrá conmigo en que eso, por desgracia, es la excepción y no la norma. El autor de mis días era 20 años mayor que mi madre, pero también fue una excepción. Podría incluso citarle a un tatarabuelo materno que aún padreaba casi con 70 años con su segunda mujer, treinta y tantos años más joven que él, si bien a ese no hubo mucho tiempo para coronarlo porque el pobre palmó cuando su hijo apenas tenía 3 años. A mi no se me ocurriría emparentar con una señorita con semejante diferencia de edad ni loco. A lo más, solo si fuese hija única de riquísimo terrateniente y con carácter absolutamente sumiso educada en el más arraigado y rancio patriarcado, que no está el horno para bollos.

Un saludo

Amo del castillo dijo...

En sucesivas entradas iremos dando cuenta de ese interesante tema, Sr. Gatsby que, ciertamente, es poco conocido ya que el personal suele inclinarse más por indagar las hazañas de los ases de la aviación. No obstante y de forma paradójica, solo se centran en los pilotos como Richthofen, Fonck, Bishop, etc., sin saber que, en realidad, los primeros derribos los lograron los observadores, que eran los que manejaban el armamento del aparato en los primeros tiempos de la guerra.

Respecto a lo de von Hiddesen, pues imagine la escena. Sería el típico prusiano que se creería cabalgando en su bridón volante ante las murallas enemigas para acojonarlos un poco. Sin embargo, a pesar de su indudable mezcla de arrogancia y coraje creo que no alcanzó la categoría de as.

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Me temo que la auto-inmolación no figuraba en los esquemas de los pilotos occidentales, Sr. Daniel. Bastante tenían con verse obligados a pilotar sin paracaídas y saber que si eran alcanzados iban a una muerte casi segura. Solo en casos de vernos ante una muerte segura es cuando, acometidos por una furia postrera, atacamos al enemigo para morir matando, o sea, nada que ver con los preceptos fatalistas del bushido que empujaron a los japoneses a arrojarse contra sus adversarios por tierra, mar y aire para tener el honor de morir por el emperador y tal.

Un saludo y gracias por su comentario

historiasmalditas dijo...

Como es habitual, estupenda y esclarecedora entrada.
Sólo un pequeño comentario: en lugar de «Kg.» se debe escribir «kg»
Voy corriendo a ver la segunda, que no está bien tener a la gente esperando con 30ºC bajo cero.

Amo del castillo dijo...

Celebro que haya sido de su interés, Sr. Maldito. Respecto a la abreviatura, pues siempre la he puesto con mayúsculas, ya ve.

Un saludo y gracias por su comentario