lunes, 21 de marzo de 2016

Curiosidades: los soldados búfalo


Cabo del 10º Rgto. de Caballería posando con tres
pisteros apaches alistados en el ejército regular
Bueno, como llevamos ya mogollón de entradas dedicadas al mundo antiguo, vamos a dar un salto en el tiempo hasta el siglo XIX para dar cuenta de algunas curiosidades curiosas sobre las primeras unidades del ejército de los Estados Juntitos nutridas por ciudadanos afro-americanos melaninos, antes negros a secas. Indudablemente, si en algo son extremadamente hábiles los yankees es en hacer posible que los miembros de las minorías raciales que no han cesado de putear vilmente hayan sido luego los primeros en apuntarse a todas sus guerras, incluso a las que no les dejaban ir por considerarlos seres inferiores. Francamente, es increíble que a uno lo esclavicen o lo manden a una reserva en pleno desierto y que luego se parta el pecho para entrar a servir en un ejército cuyos componentes lo desprecian y lo ven como un despojillo y, para colmo, en guerras que no tenían nada que ver con ellos. ¿Qué carajo pintaba un indio en el Frente Occidental durante la Gran Guerra, o un negro apiolando indios en el lejano oeste? Nada, ¿verdad? Bueno, pues los yankees se la montaron para que estos probos indígenas no solo formaran parte de su ejército, sino incluso que los indios colaborasen con ellos para exterminar a otros indios o que tomaran parte en ambos bandos durante la Guerra de Secesión, evento bélico este que dudo mucho que a los naturales del continente les diera algo más que una soberana higa. Bueno, al grano...

Curiosidad 1.


¡Hombres de color, a las armas,
a las armas! ¡Ahora o nunca! Si llegan
a saber que un siglo después aún tenían
que mear en servicios diferentes a los
blancos fijo que no se alista ni uno
Aunque combatieron durante la Guerra de Secesión, no hubo unidades formalmente creadas para negros a pesar de que se alistaron nada menos que 178.892 de ellos, de los cuales entregaron la cuchara 32.369 sin contar los heridos y mutilados. Ello supone aproximadamente un 18% de bajas mortales, lo cual no está nada mal si consideramos que, en muchos casos, los mandos del ejército de la Unión se negaron en redondo a facilitarles armas y enviarlos a primera línea, quedando relegados a meras labores de retaguardia o a enterrar muertos. Los pobres negros daban por sentado que luchar por la Unión supondría alcanzar la igualdad con sus antiguos amos, cosa que no sucedió hasta hace prácticamente pocos años y, aún así, los de Klan siguen ahí, vigilantes... A la derecha vemos un cartel animando al personal negro a apuntarse a la fiesta, declarando que una nueva era está abierta para ellos, y que si fallan su raza estará condenada. Para corroborarlo, al final del cartel se ve una lista de 54 negros de Filadelfia que gozaban de cierta relevancia social para darle verosimilitud al llamamiento.

Curiosidad 2.


Coronel Edward Hatch
Como "premio" a la abnegada labor de los soldados negros, en un arranque de generosidad, el 28 de julio de 1866 el Congreso autorizó la creación de seis unidades integradas exclusivamente por negros si bien, faltaría más, comandadas por oficiales blancos. De hecho, hasta el capellán de cada uno de los regimientos era blanco si bien, al menos, les dieron orden de enseñar a leer y a escribir a los analfabetos de cada unidad, que serían con toda seguridad la inmensa mayoría. Se crearon pues dos regimientos de caballería designados como 9º y 10º, y cuatro de infantería, los 38º, 39º, 40º y 41º. El primero en ponerse en funcionamiento fue el 9º de caballería, para lo cual se creó una oficina de reclutamiento en Orleans. Su comandante fue el coronel Edward Hatch, el mismo que apareció en la entrada anterior por su parecido con Jake Glylenhall.

Curiosidad 3.


Otro cartel animando a los negros a alistarse. "Ven y únete
a nuestros hermanos" reza el cartel en el que se ven varios
soldados negros perfectamente uniformados junto a su
oficial blanco.
Muchos de los que se alistaron en estas nuevas unidades eran veteranos de la guerra civil, y otro elevado porcentaje de ellos estaba formado por esclavos liberados de sus extintos amos sureños. El período de servicio era de cinco años en los regimientos de caballería y tres en la infantería. A cambio, recibían una paga de 30 dólares mensuales más alojamiento, rancho y uniforme. A los negros que mostraban un nivel cultural superior se les promocionaba para suboficiales. En cuanto a la oficialidad, solo eran permitidos inicialmente blancos que acreditasen al menos dos años de servicio activo en campaña durante el conflicto civil.

Curiosidad 4.


De izqda. a dcha., Henry Flipper, John Alexander y Charles Young
Lo de convertirse en oficial siendo negro era cuasi una quimera. De hecho, hasta 1895 no hubo un solo caso de suboficial negro que lograra ascender a oficial, y en el lapso de tiempo entre la formación de estas unidades hasta 1889 solo fueron admitidos a las pruebas de acceso de West Point 22 negros, de los cuales apenas doce lograron pasarlas y, de estos, solo tres tuvieron la santa paciencia y el talento para graduarse como oficiales. El resto fue abandonando debido a las constantes humillaciones, desprecios y muestras del racismo más palmario por parte de sus compañeros. Los tres héroes, porque indudablemente había que serlo para, siendo negro, pretender medrar en una academia militar de blancos, fueron: Henry Ossian Flipper, que obtuvo su despacho de 2º teniente en 1877 y fue destinado al 10º de caballería, siendo así el primero oficial negro en obtener el mando de una unidad. John Hanks Alexander, graduado en 1877 y enviado al 9º de caballería, siendo así el segundo negro en alcanzar el grado de oficial. Y, por último, Charles H. Young, graduado en 1889 y destinado también al 9º de caballería, fue el primer negro en alcanzar el grado de coronel. Pero cuando en los albores de la Gran Guerra estaba a punto de ascender a general de brigada, la oficialidad blanca presionó de tal forma que acabaron retirándolo del servicio activo con tal de que no mandara sobre oficiales que no fueran negros. Tras el coronel Young no hubo un solo negro más en West Point hasta 1936, cuando Benjamin Oliver David logró su despacho de oficial. Francamente, que los yankees vayan por el planeta dándoselas de cuna de las libertades es surrealista.

Curiosidad 5.


Como no podía ser menos, los soldados búfalo fueron enviados a las zonas donde estaban las cosas chungas, o sea, a batirse en cobre con las tribus de indios que no aceptaban eso de verse privados de sus tierras y su modo de vida por la cara. Durante más de dos décadas desempeñaron diversas misiones de pacificación contra las tribus más revoltosas, incluyendo seis campañas contra el temible Victorio en Nuevo Méjico entre 1879 y 1881, y varias contra el no menos fiero Gerónimo entre 1885 y 1886 en Arizona y Méjico. Arriba tenemos a los dos famosos caudillos indios. A la izquierda aparece Victorio, un apache cuyo verdadero nombre era Bidu-Ya. Junto a él tenemos al famoso Gerónimo, de la tribu de los chiricahuas, que en realidad se llamaba Goyaalé. Dieron tela de guerra estos dos, ciertamente.

Curiosidad 6.


Una vista de Fort Leavenworth en 1867
A pesar de que, en teoría, la guerra civil había supuesto el fin de la discriminación racial, los soldados búfalo tuvieron que seguir soportando constantes desprecios por parte de la oficialidad que los habría librado de la esclavitud. De hecho, nada más comenzar a formarse las unidades de negros ya empezaron a tener problemas incluso sus mismos oficiales blancos con sus colegas. El primer caso se dio con el 10º de caballería al mando del coronel Benjamin Grierson, que fue destinado en 1867 a Fort Leavenworth para llevar a cabo el adiestramiento de su regimiento. Nada más llegar, el comandante del fuerte, el coronel Hoffman, se negó en redondo a permitir que los negros pernoctaran en los barracones del fuerte, enviándolos a una zona pantanosa situada a kilómetro y medio al sur del mismo. Luego se negó también a que hicieran la instrucción junto a los soldados blancos, por lo que Grierson acabó mandando a hacer puñetas al tal Hoffman y se largó a Fort Riley a completar el adiestramiento de su unidad.

Curiosidad 7.


El origen de su mote, Buffalo Soldiers, se debe a los indios con los que tuvieron que combatir ya que ellos no se denominaban a sí mismos de esa forma, al menos inicialmente. Los primeros en recibir el mote en cuestión fueron los hombres del 10º de caballería al parecer por su pelo rizado, cosa que llamaba la atención de los cheyennes, kiowas y comanches con los que lucharon. Por ello les llamaban Búfalos Salvajes, y en principio los miraban con cierto desprecio hasta que se dieron cuenta de su combatividad y su espíritu de sacrificio. Entonces empezaron a llamarlos Buffaloes o Buffalo Soldiers como señal de respeto al compararlos con estos animales, a los que, como todos sabemos, los indios veneraban. Otra versión indica que la comparación con estos resistentes bichos surgió a raíz de una refriega entre unos cheyyenes y dos civiles que iban escoltados por un tal soldado Randall, el cual se refugió en un hoyo bajo una vía del ferrocarril para hacerles frente. Fue herido de bala y recibió once heridas de lanza, pero el tipo aquel resistió como una fiera y acabó con 13 indios con apenas 17 cartuchos de munición que llevaba encima. Los indios, acojonados, optaron por largarse de allí y contarle a sus cuñados que habían topado con un nuevo tipo de enemigo de color chocolate que tenía una puntería fastuosa y dos pelotas bien puestas. En todo caso, al final los mismos componentes de estas unidades acabaron denominándose a sí mismos como Buffaloes y, en 1911, el 10º de caballería adoptó a dicho animalito como su distintivo. Arriba podemos ver en primer lugar el escudo de armas de la unidad en el que, curiosamente, aparece el escudo de la corona española por su participación en las guerras de Cuba y Filipinas. Al lado se puede ver el distintivo del uniforme. El lema reza: Listos y adelante.

Curiosidad 8.


Contrato de enganche del "soldado" William Cathey.
Lo firmó el funcionario que lo rellenó ya que esta
mujer era analfabeta
Una unidad de soldados búfalo tuvo la primicia de contar entre sus filas a la primera mujer que sirvió en el ejército americano, si bien nunca se supo su verdadero sexo mientras permaneció en activo. Aunque alistada como William Cathey, su verdadero nombre era Cathay Williams, natural según ella de Independence, Missouri, y cuando se alistó el 15 de noviembre de 1866 en el 38º Rgto. de Infantería dijo tener 22 años. El matasanos que le pasó el reconocimiento médico no debió ir más allá de mirarle la dentadura y comprobar que su aspecto físico era normal ya que no se percató de que el soldado Cathey era en realidad la soldado Williams. En todo caso debía ser una negra fortachona y dio el pego, porque en el parte figura su talla: 5 pies y 9 pulgadas, o sea, algo más de 175 cm. lo que para una mujer, y más en aquella época, era una elevada estatura. Es más, de hecho era el "soldado" más alto de su unidad. Entró a servir como cocinero, y durante su estancia en el ejército tuvo que acudir cinco veces al médico por diversos males sin que en ningún momento nadie descubriera el subterfugio sobre su verdadero sexo, lo que nos da una clara idea de la birria de reconocimientos que efectuaban a los enfermos. Finalmente, fue dada de baja el 14 de octubre de 1868. Años más tarde anduvo de pleitos con el ejército para solicitar una pensión por, entre otras cosas, haber sufrido la amputación de los dedos de los pies por congelación, pero ya pueden vuecedes imaginar el caso que le hicieron.

Curiosidad 9.


Dos soldados negros castigados con el potro
El índice de deserciones en los regimientos de soldados búfalo era el más bajo del ejército por razones obvias. Para estos hombres, verse vestidos, alimentados y cobrando una paga por sus servicios era poco menos que una experiencia cuasi mística, y más en el caso de los que habían sido liberados tras la guerra civil de sus despóticos amos sureños. No obstante, hubo oficiales en sus filas que parecían sacados del más profundo Sur, y ordenaban castigos brutales por la más mínima falta. El peor de todos era al parecer un tal capitán Humfreville, destinado en la compañía K del 9º de caballería. El castigo más sonado lo efectuó con siete soldados a los que obligó a marchar engrilletados a un carro de transporte desde Fort Richardson a Fort Clark, distantes unos 650 km. el uno del otro. Y por si fuera poco, al finalizar cada etapa se les obligaba a desfilar cargado cada uno con un tronco de unos 12 kilos mientras eran vigilados por un centinela. Se pasó siete pueblos en varias ocasiones más, por lo que en diciembre de 1873 le formaron un consejo de guerra y lo echaron a patadas del ejército por cabronazo. 

Curiosidad 1o.


Henry Flipper en su vejez
Otro caso de racismo supino lo tuvo que padecer el antes citado Henry Flipper el cual fue falsamente acusado por sus "compañeros" blancos de haber trincado pasta mientras servía en Fort Davis, en 1881. Aunque fue absuelto por falta de pruebas, sí fue acusado de conducta impropia de un oficial y expulsado de ejército. El pobre hombre se pasó hasta su muerte en 1940 intentando limpiar su nombre, lo que no sucedió hasta 1976, cuando el ejército reconoció que la acusación había sido a causa de su raza. Tuvieron que pasar varios años más hasta que, finalmente, en 1999 Clinton le concediera el perdón total y, con ello, la rehabilitación. Ciento dieciocho años para reconocer una injusticia. Manda... cojones... con los "líderes del mundo libre". Ni el santo Job tuvo tanta paciencia ni tanta moral como este hombre.

Curiosidad 11.


Recreación del tiroteo de San Angelo obra de Frederic
Remington, que ilustró una colección de versos de
Owen Wister titulada "Done in de open" publicada en 1903
y en la que se narraron estos hechos.
Obviamente, tanta chulería acababa por tocarle las gónadas al personal, lo que alguna que otra vez dio lugar a disturbios. Uno de los más sonados tuvo lugar en San Angelo, una población de Texas cercana a Fort Concho, donde estaba acantonado el 10º de caballería. Al parecer, el vecindario tenía la fea costumbre de poner a caldo a los soldados negros que iban al pueblo hasta que, un mal día, un ganadero le pegó un tiro a un tal soldado Watkins, matándolo. En cuanto se supo la noticia en el fuerte, un grupo de soldados, tanto negros como blancos salieron hacia el pueblo en busca de venganza, organizando un tiroteo en las cercanías del hotel de la población que, afortunadamente, se saldó con solo un herido leve. Se acusó a tres sargentos y dos soldados rasos de ser los instigadores de la refriega, por lo que fueron arrestados y los suboficiales degradados. Por otro lado, mientras que incialmente se dijo que habían estado en el ajo unos 70 hombres, al final se averiguó que no fueron más de 30 ó 40 a lo sumo. Por cierto que, como se ha visto, las tropas blancas no tenían los mismos prejuicios raciales que sus superiores y, de hecho, tenían en gran estima por lo general el valor y la entrega de sus colegas negros.

Curiosidad 12.


Hombres de la compañía G del 114º Rgto, de Pennsylvania
vistiendo uniformes de zuavos
La uniformidad entre las unidades de soldados búfalo adolecía de carencias derivadas del racismo aún vigente en el ejército estadounidense. Los uniformes que vestían eran de modelos obsoletos, sobrantes de los utilizados durante la guerra civil y que, en muchos casos, ni siquiera tenían la misma tonalidad de color. De hecho, se llegaron a utilizar uniformes de zuavos, unas tropas mercenarias coloniales de origen argelino que sirvieron en el ejército francés y que fueron copiadas por diversos países. Sus uniformes se caracterizaban por sus vistosos pantalones abombados de un vivo color rojo, y sus prendas de cabeza, un fez también rojo o un turbante.

En fin, con estas doce curiosidades curiosas vamos servidos por hoy. 

Hale, he dicho


Hombres del 9º Rgto. de Caballería durante la Gran Guerra. En esta ocasión solo actuaron en labores de servicio de
retaguardia, cosa absurda si tenemos en cuenta el buen rendimiento que dieron durante las guerras indias, un conflicto
largo y penoso que obligó a demostrar a los que en él participaron de lo que eran capaces de soportar en todos los sentidos








4 comentarios:

Pedro Calvo dijo...

El sargento negro, de John Ford. ..

Amo del castillo dijo...

Si mal no recuerdo, ese personaje servía en una unidad de blancos, lo que en realidad era impensable en aquella época. Un blanco jamás aceptaría órdenes de un superior negro, así que colijo que Ford solo pretendió poner de manifiesto los prejuicios raciales de un ejército que, en teoría, acababa de salir de una guerra por liberar a los negros de la esclavitud.

Un saludo

Rudolf Viera dijo...

El tema del racismo en el ejército y en todos los demás ámbitos es peliagudo por cierto que los americanos no fueron los únicos en esto, en cuba hubo un episodio en 1912 llamado el alzamiento de los independientes de color que se saldo con 2000 negros y mulatos muertos (cifras oficiales) hay quien dice que 5000 feo asunto sí señor y de hacho en la guerra de los diez años (1868-1878) hubo muchos problemas entre los blancos para seguir ordenes de los Maceo que eran mulatos no fue hasta que se demostró que esa familia en particular tenía sangre de león que empezaron a ganarse el respeto de la compaña y aun así siguieron teniendo más negros que blancos a sus órdenes.

Amo del castillo dijo...

El racismo siempre estará presente, no solo en el ejército, sino en todos los ámbitos de nuestra vida. Todos los seres humanos, en mayor o menos grado, tenemos un punto racista que, a mi entender, es algo innato, una especie de defensa genética contra el mestizaje. Esto, me temo, es como es por mucho que los amantes de lo políticamente correcto se empeñen en lo contrario. Otra cosa es permitirnos a nosotros mismos que ese ramalazo racista nos domine, cosa que desgraciadamente ocurre en muchas sociedades a pesar de los tiempos que corren.

Un saludo