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viernes, 25 de diciembre de 2020

Misterios misteriosos: LINOTÓRAX

 

Fotograma de la cinta "Alejandro Magno", dirigida por Oliver Stone en 2004. En la imagen vemos al desmedido macedonio rodeado por sus diádocos armados con distintos tipos de linothoraces, sus augures y demás figurones de su todopoderosa falange

Estas son las imágenes más representativas del linotórax. Sin
embargo, como iremos viendo, no eran tan básicos como parecen

Sí, el linotorax es otro misterio, y en este caso aún más misterioso que el de la LORICA SEGMENTATA que vimos hace ahora justamente...un año (ca-ra-jo con el tiempo). Esta coraza, que es quizás la más representativa del mundo griego, es un verdadero arcano ya que solo disponemos de representaciones artísticas de la época y vagas descripciones procedentes de autores clásicos para tener una idea de su aspecto, pero nada más. Los materiales con que eran fabricadas, más perecederos que la moralidad y la decencia de un ciudadano en el momento en que se mete a político, no han permitido que llegue a nosotros el más mínimo rastro de ellas, por lo que solo podemos movernos en el proceloso mundo de la conjetura. Y en este caso me temo que por los siglos de los siglos ya que, mientras que siempre cabe la posibilidad de que aparezca una LORICA SEGMENTATA en mejor estado que los cachos medio podridos del cofre de Corbridge, un ejemplar de una coraza fabricada con tela o cuero se me antoja cuasi imposible. Por lo tanto, nos ceñiremos a los testimonios gráficos de que disponemos, así como a las pruebas que se han llevado a cabo que, aunque orientativas, en modo alguno pueden considerarse irrefutables por la sencilla razón de que no hay un solo autor de la época que se haya molestado en dar pelos y señales de con qué y cómo se fabricaban.

Así pues, vayamos reconstruyendo poco a poco cómo surgió el linotórax (en griego λινοθώρακας, linotórakas, literalmente cofre de lino), así como su evolución a lo largo del tiempo con los datos de que disponemos y las teorías que se han formado al respecto.

La antecesora directa del linotórax era un θώραξ (tórax) o coraza fabricada enteramente de bronce y que por su morfología denominamos actualmente "de campana". Se trataba de un coselete compuesto por peto y espaldar unidos por los costados con sendos pasadores y los hombros con unos pequeños petos o tetones para ajustar su elevado cuello, que ofrecía una protección similar a la de las gorgueras medievales para impedir que un xhiphos o un kopis enemigo aterrizase en el pescuezo con las consecuencias que podemos imaginar. Como vemos en la foto de la derecha, estas armaduras de campana mostraban una serie de repujados que imitaban de forma esquemática la musculatura del cuerpo, marcando los pectorales y abdominales. Pero lo más significativo, y al mismo tiempo lo que le ha dado el nombre "de campana", es la amplia ala que surgía de la parte inferior de la pieza, destinada a detener golpes descendentes o proyectiles que al impactar contra la coraza salieran desviados hacia abajo, produciendo heridas de gravedad, cuando no fatales, en ingles, testículos o zona superior de los muslos, todas ellas muy vascularizadas y por donde transcurren importantes vasos sanguíneos que, caso de ser interesados, escabechaban al sujeto en pocos segundos a causa de la intensa hemorragia.

Hay que tener en cuenta que los hoplitas no llevaban debajo de la coraza más que un quitón (χιτών) o un exomis (εξώμης), simples túnicas cortas que no ofrecían la más mínima protección salvo para impedir que los roces con el metal les produjesen irritantes erupciones en la piel. Por ese motivo, se añadió una pieza suplementaria en la parte inferior del peto, el mitre, una placa suspendida del mismo por unas argollas y que cubrían la zona púbica. Debemos tener en cuenta que estas corazas no llegaban más abajo del ombligo ya que, de lo contrario, impedirían movimientos tan básicos como agacharse o inclinar el cuerpo hacia adelante. De ahí que tanto la zona púbica como la parte inferior del abdomen quedaran desprotegidas. En la foto de la izquierda hemos realizado una reconstrucción de un tórax con su mitre, que podía estar formado por una sola pieza o, como en este caso, dos partes unidas mediante bisagras y un pasador de lado a lado. Algunos autores sugieren que, en lugar del mitre, algunos hoplitas optasen por un perizoma, una especie de falda o delantal fabricado con una tela gruesa, quizás de lino, cuya finalidad era exactamente la misma: proteger las zonas púbica y abdominal del combatiente.

La coraza de campana evolucionó estéticamente, abandonando sus formas básicas para adoptar un complejo repujado que imitaba fielmente la musculatura del tronco, lo que nos ha hecho llamarlas "corazas musculadas" en un alarde de ingenio. En la ilustración de la derecha podemos ver el aspecto de ambas tipologías que, aunque ofrecían un nivel de protección similar, las segundas eran obviamente mucho más complejas de elaborar, ergo mucho más caras. No se sabe con certeza el motivo de la adopción de este tipo de coraza, y por lo general se piensa que ante todo tenían una finalidad estética o una especie de recreación de la fortaleza física de su portador. Sea como fuere, lo cierto es que precisamente porque debían adaptarse a la fisonomía de su usuario habría que fabricarlas prácticamente a medida, encareciendo aún más el producto.  Por lo demás, el mitre usado en las corazas de campana desapareció, así como la característica ala destinada a proteger los bajos de la armadura. Esto dio paso a las pteryges que vemos en el hoplita de la derecha. Las pteryges eran unas tiras de textil o cuero colocadas en dos filas superpuestas de forma que en cualquier postura siempre había varias protegiendo las zonas expuestas. En algunos casos podrían estar reforzadas con escamas de bronce, aumentando así su resistencia.

Hoplitas armados tanto con linotórax como con corazas
musculadas. Cabe suponer que el nivel de protección debía
ser similar en ambas ya que, de lo contrario, habría sido
absurdo abandonar las corazas de bronce por las de lino
Bien, así era el armamento corporal del hoplita hasta que, aproximadamente en el siglo VI a.C., apareció una coraza totalmente novedosa que dejaba atrás las caras y pesadas corazas broncíneas si bien, como es habitual cada vez que se introduce alguna innovación, ambas coexistieron durante un tiempo hasta la extinción de las corazas musculadas. Era el linotórax, que es mencionado por primera vez por Homero en el Canto II de la "Ilíada" cuando cita a dos guerreros con 
λινοθώρηκες, "acorazados de lino". La primera referencia la tenemos en el versículo 527, donde dice que "...el ágil Ajax Oileida acaudillaba a los locrienos. Aunque tenía mucha menos estatura que Ajax de Telamon y su coraza era de sencillo lino, excedía en el manejo de la lanza a los helenos y acayos". La otra la tenemos en el versículo 828: "Y los que habitaban en Andrestia, y en Apeso, y en Pitia y en las alturas de Terea estaban acaudillados por Adresto y Anfio, el de la coraza de lino". Sin embargo, estas corazas no era patrimonio exclusivo de los melenudos acayos ya que, según las fuentes de la época, también eran utilizadas por algunos pueblos de Oriente Próximo. 

De hecho, Alceo de Mitilene, un poeta que sirvió como mercenario con los egipcios hacia el siglo VII a.C. mencionaba "corazas blancas de lino nuevo" colgadas de una pared junto a otras armas. A este testimonio podemos añadir el de
 Herodoto, que comentaba en el siglo VI a.C. que el faraón Amasis dedicó una elaborada coraza de lino al templo de Atenea en Lindos y envió otra a Esparta, así como que los sirios también usaban corazas de lino. Los persas también hicieron uso del linotórax, haciéndose referencia al ejemplar del rey  Abrádates de Susa, las que armaban a las tropas de Jerjes o incluso la que usaba el macedonio Alejandro, que según Plutarco era un trofeo de guerra ganado a los persas en la batalla de Gaugamela contra el rey Darío. En resumen, ya vemos que el linotórax gozó de bastante popularidad ya que su empleo se extendió hasta la península Itálica de la mano de los etruscos, que nos legaron algunos testimonios gráficos que no dejan lugar a dudas. Uno de ellos es la decoración del llamado Sarcófago del Sacerdote de Tarquinia, datado hacia el 350 a.C. y donde aparecen escenas en las que se sacrifica a prisioneros troyanos. Otro testimonio similar nos lo ofrece el Sarcófago de las Amazonas (foto superior derecha), datado en la misma época que el anterior y que muestra escenas de estas bravas hembras luchando con hoplitas griegos.

Básicamente, el linotórax era un coselete formado por tres piezas: una destinada a envolver el tronco desde la parte superior del pecho hasta la cintura; otra, las pteryges con la misma misión que en las corazas musculadas, proteger la parte baja del abdomen y la zona púbica; y otra, las hombreras o epomides, una pieza que, como vemos en la ilustración de la izquierda, era lo bastante flexible como para permitir adaptarla al contorno del hombro y unir ambos extremos al peto mediante botones o anillas. Además, para proteger la nuca tenía un saliente que quedaba rígido y por encima del borde inferior del yelmo, dejando así cubierta una zona muy vulnerable sin que por ello supusiera un impedimento en la movilidad del hoplita. La abundante presencia de estas corazas en la cerámica griega, donde aparece en todo tipo de situaciones, permitió hacer conjeturas quizás excesivamente básicas entre los estudiosos del tema.

El primero en sugerir la consistencia de estas armaduras fue Peter Connolly, que tuvo claro desde el primer momento que el linotórax estaba fabricado con varias capas de lino encoladas hasta alcanzar un grosor de unos 5 mm. La pieza resultante tenía un peso de solo 3,6 kilos, muy lejos de los 15 que alcanzaba un tórax de bronce, y suponía que no solo protegía contra las armas de filo, sino también de flechas e incluso podía amortiguar los golpes de armas contundentes. Pero lo que se le escapó al sesudo Connolly es que la coraza imaginada por él se convertiría en un pingajo al primer chaparrón, o incluso como consecuencia de una constante exposición a la humedad producida por el sudor del hoplita que la llevara puesta. Las capas de lino unidas con cola de conejo o pegamentos similares eran rígidas y consistentes cuando estaban secas, pero si se mojaban adiós muy buenas. Estudios más actualizados dan por sentado que, caso de ser ese el proceso de fabricación que, como sabemos, al día de hoy es un misterio, la pieza debía ser impermeabilizada de algún modo a base de algún tipo de resina, aceites o cera. Con todo, lo que sí estaba claro a la vista de las representaciones artísticas de la época es que el linotórax era mucho más práctico y fácil de vestir que una coraza de bronce. En la recreación de la derecha, obra del mismo Connolly, vemos a un hoplita abrochando su armadura que, salvo algunos ejemplos que creo son más bien un error del artista, se cerraba por norma en el costado izquierdo. El motivo es bastante obvio: era el lado del cuerpo protegido por el aspis

Otrosí, en algunas representaciones artísticas se aprecia que el costado derecho podía estar reforzado con escamas de bronce como el que vemos a la izquierda. En este caso podemos también apreciar claramente hasta donde llegaba la protección de las pteryges ya que se atisban perfectamente bajo el fino tejido del quitón las partes pudendas del hoplita, de modo que es fácil calcular hasta dónde llegaba el borde inferior del linotórax. Por otro lado, permitía desabrocharla para facilitar la entrada de aire durante las marchas. Una armadura formada por varias capas textiles serían igual de asfixiantes que un chaleco balístico de kevlar, y más caminando a pleno sol durante el estío de Oriente Próximo. Así, el hoplita podría desabrocharse la armadura y la hombrera derecha, quedando totalmente suelta y permitiendo la circulación de aire. En caso de necesidad solo tenía que abrochar la hombrera y la coraza, lo que le llevaría escasos segundos. En el ejemplo de la ilustración que mostramos, ambas epomides se abrochaban en una anilla o botón situado en el centro del pecho si bien parece que era más habitual que cada epomidio tuviera su propio cierre situado a cada lado del peto.

Bien, retomando la teoría de Connolly acerca de la construcción de este tipo de coraza, no pasó mucho tiempo hasta que diversos estudiosos vieron con claridad que la cosa no era tan simple e incluso, a la vista de los testimonios gráficos de la época, se cuestionaba si en efecto estaban fabricadas por norma con lino o bien eran armaduras compuestas con zonas reforzadas con escamas de metal o cuero. Basta ver esta famosa pieza en la que el peleida Aquiles cura el brazo de su compañero Patroclo para comprobar que, en efecto, sus corazas no son de lino o, al menos, este estaría enteramente recubierto de escamas de bronce o cuero en el caso de Aquiles y lo mismo en la de Patroclo, si bien en su caso serían solo las epomides y la mitad inferior de la pieza. Se conservan bastantes ejemplares de cerámica en los que veremos casos similares, así que es lógico pensar que no se trata de licencias artísticas.

Por otro lado surge también la duda de la blancura inmaculada atribuida al linotórax. El color natural del lino es un crudo más bien oscuro, y es una fibra muy difícil de teñir por lo que se sugieren dos métodos: uno, un decolorado que lo aclarase ya que dicho proceso es más fácil que el teñido y, de hecho, se obtiene un color blanco bastante luminoso; el otro, posiblemente más aproximado a la realidad, consistiría en recubrir la coraza con caolín, una arcilla blanca de dónde se obtiene la porcelana y que fue muy usada por los griegos. En el proceso de fabricación, el caolín se extendería muy diluido sobre la pieza, y podría incluso usarse para unir unas capas con otras. Al secarse, este material tiene la peculiaridad de que si se le empuja lentamente es flexible, pero si se le golpea con gran velocidad se muestra bastante rígido. Gracias a esas propiedades, el linotórax sería razonablemente flexible ante los movimientos del hoplita, mientras que resistiría sin ceder ante un golpe propinado por un arma o un proyectil. Por otro lado, también se sugiere que los bordes generalmente rojos de las epomides podrían ser en realidad ribetes de cuero de ese color, material este que podría seguramente usarse como soporte para las zonas reforzadas con escamas como la que vemos en la ilustración de la izquierda. Más aún, incluso el interior de las epomides podrían contener piezas de cuero o láminas de bronce para resistir los tajos que, dirigidos a la cabeza o el cuello, aterrizaban en los hombros del hoplita.

Dos hoplitas armándose. La ilustración nos permite apreciar
las diferencias entre un linotórax fabricado enteramente de
lino y otro con refuerzos metálicos
Por otro lado están los partidarios de que el linotórax estaría fabricado con cuero, pero esta teoría se me antoja absurda ya que entonces no hablaríamos de una coraza de lino. En todo caso, sí podría tener una capa final de este material que, dependiendo del animal de procedencia, sería más o menos fácil de blanquear. Al parecer, el método de curtido más favorable sería a base de alumbre o una combinación de este método con un curtido vegetal previo para darle flexibilidad ya que el alumbre produce un acabado muy blanco, pero excesivamente rígido y quebradizo.  Y por añadir una teoría más, en este caso tratándose de uso exclusivo de lino, Plinio el Viejo mencionaba que los galos y los partos usaban una mezcla de vinagre y sal para endurecer la lana, método que se seguía empleando en la Edad Media y que bien podría haber servido a los griegos para darle a sus corazas la rigidez necesaria. En resumen, ya vemos que hay teorías para dar y tomar pero, en todo caso, son eso, teorías.

En cuanto a la elaboración a base exclusivamente de lino también se aventura que podría usarse un tejido más denso para evitar superponer demasiadas capas, de forma que entrasen dos hilos en vez vez de uno en cada urdimbre, y que en vez de pegar las capas estas fuesen unidas mediante un cosido formando cuadrados, si bien también es posible que se tratara de piezas superpuestas de metal o cuero. En fin, volvemos a lo de siempre: conjeturas más o menos acertadas basadas en lo que vemos en la cerámica griega, pero nada que sea irrefutable. Lo único que sí está claro es que el linotórax era una coraza dotada de cierta rigidez, y eso lo atestiguan la gran cantidad de representaciones artísticas que muestran hoplitas en el momento de armarse como el que vemos a la izquierda. Mientras se ajusta el coselete al cuerpo se ven claramente las epomides bien tiesas, ergo era un material duro pero flexible. Ante él, su paidiskos se limita a sujetar la dory y el aspis, lo que indica que el hoplita no necesitaba ayuda de nadie para, como se comentó anteriormente, colocarse su propia coraza. Por lo demás, los adornos geométricos tanto en las epomides como las franjas geométricas que circunvalaban la coraza sí parece que se pueda afirmar que eran pintadas.

Bueno, grosso modo esto es lo que se puede decir sobre el linotórax. Sabemos que existió, conocemos a la perfección su morfología, su forma de colocarlo en el cuerpo e incluso los distintos sistemas para abrochar las epomides. Pero lo más importante no tenemos ni idea: cómo y con qué estaban fabricados. Para tener una idea, se han realizado pruebas elaborando corazas con distintos materiales y métodos para, al menos, intentar dilucidar hasta cierto punto su resistencia ante las armas enemigas. Las más enjundiosas son quizás las llevadas a cabo durante la primera década de este siglo por el profesor Gregory Aldrete, de la Universidad de Wisconsin-Green Bay. Este probo ciudadano dedicó varios años a realizar todo tipo de pruebas con la ayuda de Scott Bartell y Alicia Aldrete, presentando las conclusiones de las mismas a partir de 2009, estando parte de ellas reflejadas en lo que hemos detallado hasta ahora. 

El heroico Bartell, que no tuvo inconveniente en hacer de
blanco humano para probar la eficacia del linotórax
Pero la madre del cordero no estaba en la teoría, sino en la práctica, así que se dedicaron a confeccionar piezas en las que el único componente era el lino para calibrar su resistencia. Así pues, se fabricaron rectángulos de 4, 8, 12, 16 y 20 capas de lino pegadas unas a otras, y se colocaron sobre dianas de foam para tiro con arco. Las aporrearon con todo lo que tenían a mano: mazas, hachas bipene, espadas y, por supuesto, les dispararon mogollón de flechas con un arco recurvado de 30 libras a una distancia de apenas 2 metros y en ángulo recto, lo que supone una mayor posibilidad de penetración que un proyectil que impacta tras una trayectoria parabólica. Las pruebas fueron bastante significativas aunque no cien por cien reales porque no usaron puntas de bronce similares a las de la época, sino puntas de caza modernas provistas de unos filos con los que literalmente puedes afeitarte (doy fe). Así pues, los parches de 2 y 8 capas fueron atravesados sin problemas, y al decir atravesados significa que la totalidad de la punta atravesó la pieza, por lo que habría producido una herida grave o la muerte. En el parche de 12 capas solo asomó la punta a través de la capa interior, y en este caso solo habría producido una pequeña herida superficial. En los parches de 16 y 20 capas no pudo penetrar, y es el ejemplo que vemos en la foto superior izquierda. Esto podemos traducirlo en que con puntas de bronce y a distancias de combate de 30 o 40 metros, el linotórax más delgado podría incluso resistir sin problemas el impacto, y los más gruesos hasta un tajo o una estocada no excesivamente potente. En cuanto a los parches tratados con caolín, solo en el de dos capas se produjo una penetración completa. En el de 8, que por cierto tenía un grosor de 5 mm. similar al propuesto por Connolly, la punta de la flecha ya no pudo llegar a la última capa, lo que ayudaría a admitir la posibilidad del uso de esta arcilla como refuerzo, aparte de como mero blanqueante.

En fin, poco más podemos añadir porque, como vemos, incluso las pruebas que se han ido realizando tampoco pueden ofrecer una fiabilidad absoluta. Si desconocemos la composición exacta del linotórax no podemos conocer su resistencia ante las armas con que se tenía que enfrentar y, a mi entender, el hecho de disparar con un arco de 30 libras- una potencia más bien escasa ya que los arcos modernos de competición oscilan entre las 20 y las 60 libras- no es en modo alguno una prueba rotunda. Y de las puntas usadas, mejor no hablar. A la derecha vemos una palmela de bronce y una punta de caza moderna con dos filos. Pretender establecer comparaciones usando la segunda en vez de la primera se me antoja una chorrada y, francamente, no sé por qué motivo no mandaron fabricar flechas con palmelas que se pueden obtener fácilmente. En resumen, bajo mi opinión estas pruebas solo arañan la superficie, pero en modo alguno demuestran nada remotamente concluyente. En todo caso, se han seguido efectuando pruebas con arcos de diversas potencias, hasta un máximo de 65 libras, pero por muchos experimentos que se hagan no creo que se pueda llegar más que a una conclusión: la réplica que he fabricado conforme a mis teorías resiste tal potencia a tal distancia, pero como no sabemos cómo era en realidad un linotórax todas las pruebas que hagamos no sirven para averiguar la verdadera naturaleza de estas corazas, sino solo la de sus réplicas que se basan únicamente en dibujos realizados en cerámica. De momento no hay más de donde sacar.

Bueno, criaturas, ya tienen un misterio misterioso más para devanarse la sesera, que es un sano ejercicio para prevenir reblandecimientos cerebrales precoces.

Hale, he dicho

Otro fotograma de "Alejandro Magno" en el que aparece el macedonio con su linotórax inspirado en el del mosaico de Issos. Tras él, uno de sus diádocos aún viste una armadura musculada que no eran precisamente las más cómodas para montar a caballo. El linotórax vio su final con la aparición de las lorigas de malla en la Península Itálica


sábado, 14 de diciembre de 2019

LORICA SEGMENTATA. Partes y morfología


Probos ciudadanos recreacionistas luciendo sus mejores galas, en este caso el tipo Cordbridge

Reconstrucción de una loriga tipo Corbridge
B que, según los restos originales en que se
basa, no deja de ser un alarde de imaginación
Bueno, ya vimos en el artículo anterior que esta peculiar coraza tan representativa del ejército romano es el componente más misterioso de la panoplia de los legionarios, y que lo que sabemos de ellas se basa en fragmentos devorados por el óxido que conforman un inextricable puzzle. Al día de hoy, y conforme a los hallazgos disponibles, las reconstrucciones que se consideran como válidas son las que realizó en su día el eximio historiador, dibujante y divulgador Peter Connolly, con cuyas obras muchos nos iniciamos en el apasionante mundo del armamento y la forma de vida de los ejércitos del mundo antiguo. No obstante, nada está cerrado. Aún pueden aparecer piezas que echen por tierra las teorías de Connolly y Russell Robinson o, por el contrario, que las reafirmen. Sea como fuere, lo que tenemos es lo que hay, y mientras no salga a relucir una LORICA SEGMENTATA flamante con el manual de instrucciones me temo que no habrá muchas variaciones. Bien, este artículo lo dedicaremos a estudiar el concepto de la LORICA como parte del armamento defensivo del legionario. De sus diversas tipologías y tal lo haremos en otra ocasión porque, como ya saben, no me gusta elaborar entradas interminables que hacen que el personal caiga en brazos de Morfeo (o Morfea, naturalmente) en dos minutos de modo que, sin más dilación, vamos al grano que para luego es tarde.


Recreación de un guerrero micénico armado con la
armadura de Dendra
En primer lugar debemos tener claro que, como prácticamente toda la panoplia romana salvo el PILVM, la LORICA SEGMENTATA fue una adaptación de una armadura foránea. De hecho, las corazas formadas por placas, segmentos o láminas ya estaban más que inventadas hacía la torta de años. Todos conocemos, al menos de oídas, la famosa armadura de Dendra, un enorme armatoste de bronce que, como vemos en la imagen de la derecha, se componía de una serie de piezas de bronce que cubrían el cuerpo, el cuello, los hombros y las piernas del combatiente hasta la altura de las rodillas. Esta armadura está datada hacia el siglo XV a.C., y las teorías acerca de la capacidad de movimiento que este chisme permitía a su portador no son unánimes, como no podía ser menos, y ni siquiera se sabe si era un tipo de armadura que gozase de cierta difusión o si, por el contrario, se trataba de una tipología reservada a personaje de cierto rango o régulos tribales ya que, hasta ahora, no ha aparecido ningún otro ejemplar completo. La osamenta del probo ciudadano que la usó en su día denota que era un sujeto alto, de alrededor de 1,75 metros y enjuto, por lo que se presupone que no le debía resultar fácil moverse con esa cosa de 18 kilos de peso más el enorme escudo de ocho o de torre por un campo de batalla, así que la teoría más aceptada es que se trataba de una armadura ideada para combatir desde un carro de guerra. Además, si observan la disposición de las placas es justamente la opuesta a las de una LORICA SEGMENTATA ya que las inferiores se superponen a las superiores. ¿Qué significa esto? Pues más o menos que la armadura de Dendra estaba concebida para defenderse de armas de empuje- lanzas, espadas de hoja recta, puñales- y no de armas destinadas a herir golpeando de arriba abajo, que quedarían trabadas entre las placas. En cualquier caso, hablamos de un tipo de armadura creada unos 1.400 años antes de que las lorigas segmentadas romanas hicieran su aparición, por lo que podemos asegurar que ese concepto de protección corporal estaba ya más que inventado.

Pero hay más referencias acerca de armaduras segmentadas. Tácito cita las empleadas por los jinetes sármatas que atacaron Roma cruzando el Danubio en el 68 d.C. como TEGINEM LAMINIS AVT PRÆDVRO CORIO CONSERTVM (completamente cubiertos con láminas de hierro o piel endurecida) y que, como vimos en la entrada anterior, aparecen en la Columna de Trajano. En resumen, la cuestión es que, como tantas otras piezas del armamento romano, fue copiada o inspirada en las usadas por otros pueblos mientras que ellos se limitaron a lo sumo a adaptarlas a su forma de combatir. Veamos en este caso cómo estaban concebidas, si bien las descripciones que haremos de cada pieza son genéricas ya que hay diferencias entre cada tipología en cuanto a forma, tamaño, sistemas de cierre, etc.


Vista de la mitad izquierda de las cinchas del abdomen y
el detalle de su morfología individual
Veamos el gráfico de la derecha. Básicamente, la LORICA SEGMENTATA estaba formada por cuatro partes: dos mitades que cubrían el abdomen- costados izquierdo y derecho- y dos que cubrían tórax, parte superior de la espalda y los hombros. Las piezas abdominales estaban compuestas por siete u ocho segmentos o láminas superpuestos de arriba abajo de alrededor de 50-60 mm. de ancho (las medidas podían ser incluso un poco mayores dependiendo del modelo) y unos 0,7 mm. de espesor. La de abajo tenía el borde inferior rebordeado o rematado por una pieza en forma de U de oricalco, una aleación formada por entre un 80/85% de cobre y un 20/15% de cinc con que se fabricaban todas las guarniciones- hebillas, bisagras, pasadores, presillas, etc.-. de estas armaduras. Esta pieza era colocada a presión y, tanto en este caso como en el rebordeado, su cometido era evitar roces y cortes en la zona baja del abdomen. Del mismo modo, la lámina superior tenía un estrechamiento por la zona que coincidía con las axilas para evitar roces e, igualmente, estaba rebordeada. Como vemos, los segmentos se unían por delante y detrás, variando el sistema de cierre de una a otra tipología si bien, de forma invariable, las dos últimas láminas carecían de piezas para abrocharlas, considerándose que eran prescindibles ya que quedarían cerradas mediante el cinturón. Estas láminas estaban unidas y, a su vez, articuladas, por la parte interna mediante seis tiras de cuero (tres en cada mitad) remachadas directamente en cada segmento, lo que daba al conjunto un elevado grado de flexibilidad. 


Vista interior de un conjunto de hombreras con peto y
espaldar. Este último es el conjunto de tres piezas que
se ve en la parte superior izquierda
La parte superior del tronco estaba protegida por dos placas pectorales levemente combadas, mientras que la espalda, dependiendo de la tipología, quedaba cubierta por dos parejas de tres placas horizontales (en los tipos Kalkriese y Corbridge), o dos placas como las pectorales en el caso del tipo Newstead. En todos los casos, las placas delanteras eran unidas a las traseras mediante una lámina curvada, siendo cada conjunto unido por bisagras de oricalco. Cada pareja de peto-espaldar era a su vez unida a su correspondiente hombrera, formada por cinco láminas curvadas: la superior constaba de tres partes unidas mediante bisagras, mientras que las cuatro restantes eran de una sola pieza y reduciéndose progresivamente su tamaño conforme se posicionaban de arriba abajo. Estaban unidas por tres tiras de cuero de la siguiente forma (véase foto de la derecha): las de los extremos unían las hombreras al peto y el espaldar mientras que la central solo unía las láminas de cada hombrera. Estas correas estaban remachadas usando tachones decorativos de oricalco ya que, según parece, a estos probos latinos les molaba una burrada eso de la decoración abigarrada bicolor, o sea, la combinación del tono gris del hierro con el dorado del oricalco. Veamos cada pieza con más detalle...


A la derecha tenemos un peto, concretamente el derecho, de una loriga tipo Corbridge. Recordemos que según la tipología las dimensiones de estas piezas variaban de forma ostensible. La placa, levemente combada para adaptarse a la forma del cuerpo, está unida a la hombrera superior mediante una bisagra lobulada fabricada con oricalco, y unidas mediante su correspondiente pasador. La flecha marca el acabado tanto de la placa pectoral como la del cuello, con la chapa doblada sobre sí misma para formar un reborde redondeado. El sistema de cierre en este caso se compone de dos bisagras remachadas a las placas que fijan sendas correas: la inferior se abrochará a las cinchas que rodean el abdomen, mientras que la superior cerrará el peto al unirse con la hebilla de la placa izquierda. El tachón que vemos bajo ellas era una pieza muy habitual en las armaduras de este tipo tanto con fines decorativos como para reforzar la cabeza del remache. Por último, añadir que la hombrera superior tiene en su parte trasera otra bisagra para unirse al espaldar. 


Veamos la misma en el gráfico de la derecha. Arriba tenemos la parte trasera de la hombrera superior que une peto y espaldar con su media bisagra lobulada. Dicho espaldar se compone en este caso de tres placas colocadas en sentido horizontal unidas unas a otras mediante correas fijadas directamente a las mismas. La hebilla que vemos en la placa superior es para abrochar las dos mitades del espaldar de la misma forma que vimos antes con el peto. Por último, añadir que la sujeción a las cinchas abdominales también variaban según la tipología, pudiendo ser mediante presillas, correas, ganchos, etc. De esta forma, las cinchas quedaban suspendidas del tercio superior de la armadura formado por peto y espaldar, y pudiendo desmontarse en un periquete para su almacenaje, transporte o para facilitar la reparación o sustitución de cualquier pieza dañada en combate, lo que obviamente sería una tarea cuasi cotidiana para lo armeros que acompañaban a cada legión.


Y, por último, veamos las hombreras, que en este caso también han sido recreadas partiendo del tipo Corbridge. Esta tipología constaba de cinco launas colocadas de mayor a menor y unidas mediante correas interiores. Como ya avanzamos anteriormente, la superior estaba formada a su vez por tres piezas unidas mediante bisagras. Estas hombreras permitían realizar cualquier tipo de movimiento sin ningún problema, tanto hacia los lados como de arriba abajo. En el detalle vemos cómo eran los tachones de los remaches y su fijación a la pieza. El remache entraba por el orificio central, atravesaba por la placa y la correa de cuero interna que, para impedir su deterioro, era reforzada por una arandela, generalmente cuadrangular. Por lo demás, las hombreras eran las piezas de más grosor de toda la armadura ya que estaban concebidas para detener o desviar golpes de arriba abajo, llegando a tener entre 1 y 3 mm. de grueso. Algunas fuentes apuntan que fueron las temibles hoces dacias las que hicieron necesaria esta configuración ya que a terrible energía que podían acumular estas armas en el momento del golpe podía hendir sin problemas más de 15 o 20 cm. del escudo, más de 1,5 mm. de acero dulce o incluso cercenar una cota de malla convencional.


Vista interior de una LORICA SEGMENTATA que nos
permite apreciar la distribución de las correas que
sustentaban las cinchas
Bien, así eran grosso modo las piezas de que se componía una de estas armaduras que, dependiendo de la tipología, podían oscilar entre las 40 de una Kalriese a las 32 de una Newstead sin incluir guarniciones, remaches, tachones y demás quincalla. Con todo, la LORICA SEGMENTATA era un tipo de armadura concebida para ser producida en masa debido a que los lotes de piezas eran siempre los mismos, por lo que bastaba un armero para darles forma y una serie de auxiliares para montarlas con la colaboración de los talabarteros que elaboraban las correas. Parece ser que los acabados eran más bien mediocres, conformándose con que la solidez del conjunto cumpliese los baremos establecidos. Por otro lado, como ya se comentó en la entrada anterior, el tema de las reparaciones lo solventaban por la vía rápida: canibalizaban piezas de armaduras de desecho, por lo que una loriga podía contener bisagras y/o tachones diferentes debido a las composturas llevadas a cabo a lo largo de su vida operativa. 


Aspecto de dos posibles configuraciones de un SVBARMALIS. Obsérvese el
ejemplar de la derecha, provisto de un relleno que mantiene los hombros
totalmente rectos para asentar adecuadamente la armadura
Por otro lado, se desconoce si existía algún sistema de tallaje. No hay de momento constancia de que se fabricasen de distintos tamaños, por lo que las conjeturas al respecto pueden ser de lo más diversas e igualmente válidas. En lo que a mí respecta y considerando que el ejército romano de la época exigía una talla mínima y una constitución fibrosa casi podríamos asegurar que eran todas iguales, siendo solo necesario eliminar una cincha para adaptar la armadura a la altura concreta del legionario y ceñir más o menos el cierre de las cinchas ya que permitían un solapamiento de unos 4 cm. entre ellas. Las posibles holguras se podrían solventar con un SVBARMALIS que, por otro lado, era obligado vestir sobre la túnica. La necesidad de usar este tipo de prenda era ante todo debida a que las hombreras debían quedar rectas, sin la inclinación propia de los hombros de un hombre ya que, de lo contrario, abriría el espacio del cuello y los petos y espaldares se cruzarían por la parte inferior, dejando espacios libres por donde herir. Para impedirlo, el SVBARMALIS dispondría de un acolchado en los hombros que hicieran de relleno y, además, servirían para absorber la conmoción producida por los golpes de las armas enemigas. 


En cuanto a la forma de vestir estas corazas, la opinión más generalizada es que se colocaban como si fuera un chaleco, sin precisar de la ayuda de ningún compañero ya que, por otro lado, su peso, de alrededor de los 9-11 kilos, no la hacían especialmente engorrosa. Como vemos en la secuencia de la derecha, los cierres y correas traseros permanecían abrochados en todo momento por lo que podía abrirse por delante todo lo necesario para introducir el cuerpo. Una vez colocada bastaba abrochar las cinchas y las dos mitades del peto.


Para su almacenaje, embalaje, etc., bastaba desabrochar las dos mitades de la parte abdominal y desengancharlas del tercio superior, quedando reducida a cuatro piezas que se colocaban una dentro de otra como vemos en la foto de la derecha. Del mismo modo, esta facilidad para desmontarla facilitaba enormemente la sustitución de piezas rotas o incluso su mantenimiento ya que, en base al desgaste observado en las réplicas usadas por los probos ciudadanos recreacionistas, una LORICA SEGMENTATA requería de una atención constante. Por un lado, las correas de cuero que mantenían la estructura de todo el conjunto debían tener en todo momento un punto óptimo de lubricación a base de grasa animal. Si se pasaban el cuero cedería, dejando "caer" las cinchas por ser demasiado flexible. Si el engrasado era escaso, el cuero se resecaba, se agrietaba y, finalmente, se rompía. En cuanto a las piezas ferrosas, no hay constancia de que se las sometiera a algún tipo de tratamiento protector como el pavonado en caliente sumergiendo las piezas en aceite o la aplicación de algún tipo de pintura. La humedad, tanto ambiental como la producida por el sudor del usuario, debían obligar a una constante atención para secar y aceitar el hierro para impedir la aparición del óxido y, caso de ocurrir, verse obligados a eliminarlo frotando con arena fina. En todo caso, el VITIS del centurión sería un acicate lo suficientemente persuasivo para que todo el personal se preocupara de mantener su armadura en perfecto estado de revista.

Bueno, criaturas, con todo lo dicho imagino que ya no tendrán ninguna duda acerca de la composición de estas peculiares armaduras. De las características de cada tipología ya hablaremos en otra entrada, pero no olvidemos que la estructura y la morfología eran siempre las mismas salvo por el número de piezas y su distribución.

Hora de merendar. Me piro.

Hale, he dicho

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miércoles, 4 de diciembre de 2019

Misterios misteriosos: LORICA SEGMENTATA




No, no se me ha ido la pinza. La LORICA SEGMENTATA es un misterio de lo más misterioso. Cierto es que, con diferencia, se trata del tipo de armadura más representativa del ejército romano hasta el extremo de que cualquier cuñado afirmaría que no usaron otras, dejando de lado la LORICA HAMATA y la LORICA SQVAMATA. Más aún: es la que usan de forma mayoritaria los probos ciudadanos recreacionistas e incluso la que aparece en las maravillosas historias de Astérix y Obélix pero, aunque parezca mentira, son un misterio rotundo. Así pues, dejen que les baje el ritmo cardíaco, pónganse cómodos en su butaca predilecta y lean cómo estas peculiares armaduras salieron a la luz tras siglos de meras suposiciones. Ojo, por ser un tema bastante extenso, este artículo estará dedicado a narrar el origen de las primeras pruebas fehacientes de su existencia, dejando para otro las diversas tipologías, etc.

Escena de la Columna de Trajano en la que aparece un grupo de legionarios
haciendo trabajos de construcción y protegidos por sus armaduras
segmentadas. No debía ser cómodo trabajar con ese chisme encima
Desde hace casi dos mil años se tiene constancia de la existencia de un tipo de armadura segmentada. Obviamente, muchos dirán que vaya misterio misterioso cuando, de entrada, ya reconocemos que todo quisque tiene noticia de ellas desde casi los tiempos de Cristo. Pero lo que se conocía de ellas no estaba avalado por ni una sola prueba física. El testimonio principal se limitaba a la Columna de Trajano, erigida hacia el 106-131 d.C. en el foro creado por el mismo emperador para conmemorar sus victorias sobre los dacios. Del mogollón de legionarios representados en cada escena, un total de 608 de ellos, el 42,5% del total, aparecen armados con la LORICA SEGMENTATA. El elevado nivel de detalle de los relieves hizo pensar a todos que, de forma indudable, eran fieles reflejos de la realidad, pero no era así. Más aún, contienen errores notables porque, más que representar el armamento real, pretendían establecer una diferencia notable entre las tropas romanas y sus enemigos, armados con cotas de malla o de escamas, o que el espectador pudiera reconocer a las tropas romanas de las auxiliares, armadas con camisas de malla. De hecho, en la columna aparecen cinco tipos de armadura segmentada más una que, por su aspecto, podemos considerarla como propia de un rango superior. Una teoría plantea que, por su similitud con escenas de la Columna en las que aparecen armaduras sueltas de los enemigos incluso se ha pensado que la LORICA SEGMENTATA podría tratarse de corazas capturadas a los sármatas.

Grabado que presenta a IVTVS LIPSIVS como
ilustre historiador, consejero, profesor regio, etc.
Con todo, la Columna de Trajano no es el único testimonio, al menos hoy día. También se pueden ver en el Arco de Severo, la Columna de Arco de Marco , el Friso de Trajano o el pedestal de la Columna de Antonino Pío entre otros. Sin embargo, en ningún caso las LORICÆ SEGMENTATI que muestran, una vez analizadas con detenimiento, no parecen especialmente prácticas, y menos aún permitir los movimientos habituales de un combatiente al manejar sus armas. Pero era lo que había y a nadie se le pasó por la cabeza cuestionar la fidelidad de estas representaciones, dando por hecho que eran un fiel reflejo de la realidad. 

Por otro lado, nadie sabía cómo se llamaban. Los términos HAMATA y la SQVAMATA eran conocidos por fuentes clásicas, pero nadie mencionaba para nada aquellas corazas formadas por tiras de metal. Lo más aproximado es una referencia que aparece en un inventario de una FABRICA que suministraba a la LEGIO II TRAIANA FORTIS donde se menciona una cantidad de LAMINÆ LEVISATARES (láminas ligeras), pero relacionarlas con estas armaduras no pasa de ser una mera conjetura. Así pues, y como algún nombre había que darles, fue en el Renacimiento, cuando el interés por el mundo romano empezó a tomar pujanza surgió el término LORICA SEGMENTATA de la mano de Justus (en puridad, IVSTVS) Lipsius, un filólogo y humanista natural de Brabante, en Flandes, cuyo verdadero nombre era Joost Lips. Su pseudónimo no era más que la latinización del suyo ya que,  como era costumbre en aquella época, los escritores cultos usaban el latín en vez de su lengua materna. El término apareció por primera vez en su obra DE MILITIA ROMANA, publicada en Amberes en 1596 si bien tampoco se sabe con certeza si se le ocurrió a él o ya era usado en los ambientes académicos de la época. En todo caso, al menos se le puede atribuir el hecho de haberlo popularizado. Así pues, quede claro que el término LORICA SEGMENTATA no es original y que nadie sabe cuál era el nombre verdadero de esta armadura a pesar de la impenitente costumbre de los romanos de apuntarlo to-do. En lo referente a la elección del palabro, es más que evidente: proviene de SEGMENTVM, que significa franja o segmento, que era como estaba construida esta armadura, a cachos.

El coronel Von Groller en actividad. Ese chisme
que empuña era una especie de puntero de hierro
con el que iba haciendo agujeros en la tierra hasta
que daba contra algo duro que igual era un
pedrusco enterrado que el paramento de una casa
Tuvieron que pasar unos siglos de nada hasta que, por fin, aparecieron restos auténticos de las mismas. El hallazgo de los primeros testimonios físicos que corroboraban la existencia de la LORICA SEGMENTATA corrió de la mano del coronel retirado Maximilian von Groller-Mildensee, un probo militar que había servido en el ejército austro-húngaro y que en 1890 se había convertido en el jefe del Departamento de Topografía del Instituto Geográfico Militar, lo que siempre era útil a la hora de  saber moverse por los campos donde no había nada a la vista más que sembrados de cereal o patatas pero se suponía que podía haber algo debajo de la vista y, sobre todo, tener una idea clara de donde había que empezar a excavar llegado el caso. Una vez jubilado en 1896 (había nacido en Praga en 1838) y junto a su mujer, Emma, que era una apasionada arqueóloga, al año siguiente fue designado como jefe de la Limeskommision, en la sección de historia de la Academia de Ciencias de Viena. Sus conocimientos de topografía e ingeniería le valieron para dirigir las excavaciones de los extensos CASTRA de CARNVNTVM y LAVRIACVM



Plano del edificio VI levantado por el mismo
Von Groller y donde podemos ver las habitaciones
donde aparecieron las armas. La sala N, abajo a
la derecha, parece que fue usada como almacén
para grano
En 1899 se procedió a comenzar a excavar la zona oeste de la RENTETVRA, la zona posterior de los campamentos romanos, en este caso, el de CARNVNTVM. El yacimiento constaba de una serie de edificios que fueron numerados como IV, V y VI, y en este último es donde se descubrió algo que nunca antes había aparecido en una excavación, y menos en semejante cantidad: unas dependencias llena de armas y material militar de todo tipo. El Edificio VI constaba de siete habitaciones, y de ellas, las nombradas como I, K, L y M tenían el suelo cubierto por una gruesa capa de óxido de hierro de entre 20 y 30 cm. de grosor, lo que indicaba que en su época había contenido grandes cantidades de objetos ferrosos. Pero no todo se había reducido a polvo, y aparte de restos de estanterías para mantener ordenado el material, aparecieron nada menos que 1.052 piezas de todo tipo: 121 fragmentos de LORICA SQVAMATA, 302 de LORICA SEGMENTATA , 14 de un tipo de armadura que denominó como Drahtpanzer (armadura de alambres) que se trataría de una cota de malla irreconocible, dos fragmentos de malla en un estado razonablemente bueno, 62 restos de escudos, casi todos umbos, 58 piezas de cascos, 13 espadas, 5 puñales, 38 armas arrojadizas (quizás VERVTI), 11 fragmentos de PILA, 40 conteras, 209 puntas de flecha 6 167 chismes diversos. Por todo ello denominó el edificio como Waffenmagazine (armería), lo que denota el preclaro sentido común del germano este. Y aparte del hallazgo y a la vista del estado en que se encontraba el interior del edifico, llegó a la conclusión de que había sido destruido por un incendio en algún momento de su vida operativa.

Reconstrucción de Von Groller basada en la Columna
de Trajano
Sin embargo, Von Groller carecía de los conocimientos sobre armamento que le habrían permitido interpretar lo que tenía ante sí, en este caso los restos de las LORICÆ SEGMENTATI que, en a simple vista, no eran más que una masa de láminas pegadas unas a otras a causa del óxido. A lo más que llegó fue a deducir que los restos de piel que se conservaban mineralizados por la parte trasera de algunas piezas eran fragmentos de una prenda a modo de SVBARMALIS sobre la que se sustentaban las láminas. Para entendernos: el concepto de Von Groller era una armadura formada por una prenda-soporte donde se remachaban las piezas, o sea, como una brigantina pero al revés, el metal por fuera en vez de por dentro. Los trabajos de Von Groller, publicados en 1901, dieron a conocer entre otras cosas la reconstrucción de esta coraza según su concepto que, como vemos, consta de una prenda, hipotéticamente de cuero, con las piezas adosadas a la misma. En este sentido, nuestro hombre se dejó influenciar claramente por lo que conocía de la Columna de Trajano. Del mismo modo, adaptó las piezas halladas para que casasen con las tipologías que aparecen en la dichosa columna pero, las cosas como son, tampoco disponía de una mínima base para saber por donde empezar y, de hecho, sus conclusiones se consideraron como válidas durante muchos años hasta que la aparición de nuevos hallazgos permitieron ver que Von Groller se había equivocado. 

Restos de la armadura de Newstead, que consistían en
fragmentos de la hombrera derecha y parte del peto del
mismo lado. Con todo, más adelante fueron reveladoras
No pasaron muchos años hasta que aparecieron más piezas de LORICA SEGMENTATA. Concretamente, en 1905, el profesor James Curle halló una porción importante de una de estas armaduras en un antiguo CASTRVM romano en Newstead, en Escocia, pero este hombre tuvo un problema similar al de Von Groller: las piezas que encontró no se parecían en nada a las que se veían en las representaciones artísticas conocidas, así que no tenía ni puñetera idea de su uso ni su posición en la coraza. En resumen, tanto los hallazgos que se produjeron a lo largo del primer tercio del siglo XX como los intentos por reconstruirlas siguieron básicamente la misma línea establecida por Von Groller, dando preferencia a los testimonios gráficos antes que a las piezas encontradas, intentando adaptarlas a lo que veían en la Columna de Trajano en vez de pensar que, posiblemente, los que tallaron la columna eran los que estaban equivocados. No obstante, era un razonamiento lógico: ¿quién mejor que un romano contemporáneo para describir el aspecto de un determinado objeto? Pero fue así. Los romanos contemporáneos eran todos unos cuñados.


Los cinco tipos de armadura segmentada que aparecen en la Columna de
Trajano. Fueron catalogados por Paul Couissin en su obra Les Armes
Romaines
, publicada en 1926, dando por sentado que el hallazgo
del Waffenmagazine de Von Groller no era sino la confirmación de que
estas tipologías eran totalmente ciertas. Resultó que no era así
El hombre que fue capaz de empezar a arrojar luz sobre el misterio misterioso fue Henry Russell Robinson, que en los años 40 era un joven especializado en armamento medieval tras haber pasado la guerra fabricando maquetas para interpretar fotos aéreas de reconocimiento. Nada más acabar la contienda fue contratado por sir James Mann como asistente para el mantenimiento de la Armería de la Torre de Londres, donde fue ascendiendo con el paso de los años hasta convertirse en conservador de la misma. Russell no tenía ni puñetera idea de arqueología, pero en lo tocante a armas y armaduras era una lumbrera, y su mismo conocimiento de las diversas tipologías medievales le permitió deducir, muy acertadamente por cierto, la verdadera distribución del puzzle de piezas de LORICA SEGMENTATA descubiertas hasta la fecha y que, hasta aquel momento, nadie había logrado colocar en su sitio, y mucho menos los sistemas empleados por los armeros romanos para unir las piezas.


Piezas procedentes de un monumento de Marco Aurelio
trasplantadas al Arco de Constantino
Su primera intervención con estas peculiares corazas fueron de la mano con Graham Webster, que escribió un artículo sobre los restos de un ejemplar depositado en el Museo Guildhall de Londres que había aparecido bajo el Banco de Inglaterra en 1936 y que, aunque siguió la estela de Groller, al menos reconoció que quizás fuese adecuado ir dejando de lado el dogma de la Columna de Trajano y centrarse en la realidad, que eran las piezas encontradas aunque, de momento, nadie supiera con certeza cuál era su cometido y distribución en aquel intrincado conjunto de láminas de distintos tamaños. Pero Russell era capaz de ver lo que a los arqueólogos se les había pasado por alto porque sabía cómo funcionaba una armadura de placas medieval, que al cabo no difería gran cosa de una romana y, aunque su reconstrucción seguía manteniendo algunos de los cánones establecidos por la Columna, el resultado era muy distinto. 


Como vemos en la foto del maniquí que representa a un legionario de la época, quedaba totalmente descartada la teoría de que la LORICA SEGMENTATA era un conjunto de láminas pegadas a una prenda-soporte y, aunque las hombreras seguían teniendo una notable semejanza con las de la Columna, vemos que esta coraza era una pieza independiente que, de forma generalizada, tenía ya el aspecto real de una LORICA SEGMENTATA tal como la conocemos hoy día. Quedaban aún por dilucidar muchos detalles, como el número exacto de las piezas que componían las hombreras, cómo estaban unidas entre ellas y los sistemas de cierre de las cinchas que protegían el tórax y el abdomen, pero fue un paso de gigante comparado con lo visto hasta aquel momento. Esta recreación fue presentada en la Galería Newstead del Museo Grosvenor, en Chester, donde su colega Webster fue nombrado conservador en 1949 y no dudó en llevarse con él al sesudo Russell por razones obvias ya que, en aquel momento, era la recreación más fiable del mundo en lo referente a esta misteriosa armadura a pesar de sus evidentes errores, relacionados, como se ha dicho, en lo tocante a las hombreras. Pero de momento era lo que había porque los restos disponibles para su estudio no solo eran relativamente escasos, sino que su estado de conservación solo invitaban a tirarlos a la basura de lo mohosos y hechos polvo que estaban.


Poco después, en 1956, Russell Robinson hiló más fino y presentó una nueva propuesta con algunas modificaciones sobre la recreación del legionario de Chester para un Seminario Imperial Romano convocado por Webster y para el que realizó el dibujo que vemos a la izquierda. En este caso, la propuesta consistía en una armadura formada por cuatro partes claramente diferenciadas: dos mitades que cubrían torax, espalda y tronco, y dos hombreras que, como vemos, no acababan de definirse y seguían aún una morfología cercana a las representadas en la Columna de Trajano, sobre todo en lo referente a su fijación a las mitades inferiores. Pero estas estaban ya bastante acertadas, sobre todo en el número de cinchas que protegían el abdomen, siete en este caso, que aparecen abrochadas por delante mediante unos cordones de cuero con un sistema similar al que usamos para los de los zapatos y una parte trasera unidas mediante bisagras o algo similar. Pecho y espalda lo conforman dos juegos de placas que, al menos en la parte delantera, aparecen bastante bien representados, en este caso con unas piezas donde cuelgan las cinchas mediante unos ganchos y abrochadas entre ellas con correas de cuero, mientras que sale del paso en las traseras con unas simples bisagras, aunque la unión con las cinchas las limita a un simple remachado con la superior.


Representación del cofre con su contenido, obra de
Peter Conolly
La "Piedra de Rosetta" de este tipo de armadura fue el yacimiento de CORIA (ojo, no tiene nada que ver con las actuales Corias españolas), un campamento situado a unos 4 km. al sur del Muro de Adriano, cerca de la actual población de Corbridge, en Escocia. El hallazgo, realizado en 1964, consistió en un cofre de madera forrado de cuero que contenía seis partes superiores y seis inferiores de LORICÆ SEGMENTATI, aparte de piezas sueltas, puntas de lanzas y flechas, tachones, bisagras y cachivaches varios. Cuando Robinson y su colega Charles Daniels pudieron estudiar con detenimiento el contenido del cofre vieron que con las partes completas que había en el interior no se podía, como en teoría podría pensarse inicialmente, tres armaduras, ya que sus piezas no eran coincidentes así que quedaba claro que había existido más de una tipología. Pero lo verdaderamente importante era que, por fin, podían saber cuál era la posición correcta de cada pieza dentro del conjunto. Del estudio de estas partes se pudo llegar a la conclusión de que, al menos dentro de ese modelo en concreto, había habido tres variantes que denominaron como Corbridge A, B y C que, al compararlas con los restos encontrados por James Curle en Newstead, también permitió establecer que esta última también era distinta, por lo que ya no se podía hablar de un único tipo, sino de cuatro claramente diferenciados por la distribución, forma de sus piezas y sistemas de amarre o enganche.


Primera reconstrucción de la LORICA SEGMENTATA tipo A de  Corbridge realizada por Russell Robinson y fotografiada
por Daniels, que colaboró confeccionando plantillas de cartón y cuero para su elaboración

Reproducción de una LORICA SEGMENTATA tipo Kalkriese
Pero la diversidad de armaduras segmentadas aún no se podía dar por terminada. En 1994 apareció una nueva tipología en el yacimiento de Kalkriese, cerca de Osnabrük, en Alemania, precisamente donde tuvo lugar la catastrófica derrota de las legiones al mando de Publio Quintilio Varo el 9 d.C. a manos del caudillo querusco Arminio (Hermann en su lengua nativa). Y este hallazgo no solo implicaba la aparición de un nuevo tipo, denominado como Kalkriese, sino que el uso de la LORICA SEGMENTATA era alrededor de medio siglo anterior a la fecha que se consideraba como más próxima a su puesta en servicio, o sea, mediados del siglo I d.C. Auque el sagaz Robinson había fallecido en 1978 y no podía analizar con su buen ojo clínico las piezas extraídas, al menos su metodología sí podía ser aplicada, dando como resultado un tipo de armadura muy similar a la de Corbridge en lo referente a los sistemas de sujeción, pero no así las guarniciones y piezas de unión del conjunto de placas. En todo caso, en su momento ya hablaremos detalladamente de la morfología y demás cuestiones de cada tipo incluyendo un híbrido denominado tipo ALBA IVLIA por ser el nombre del campamento donde apareció, ubicado en Transilvania, Rumanía


Del tipo ALBA IVLIA, datado entre los siglos II y III d.C., solo tenemos un único testimonio en forma de alto-relieve que, francamente, no muestra gran cosa, por no decir casi nada ya que su supuesto portador aparece casi enteramente oculto tras su escudo, dejando ver únicamente el brazo derecho que, como vemos en la imagen, está también protegido por una MANICA segmentada. La coraza está formada por cuatro cinchas más anchas de lo normal para proteger el abdomen y dos placas de una pieza para el pecho. Pero lo más peculiar es que carece de hombreras, que en este caso han sido sustituidas por unos protectores de escamas. No habiendo más testimonio que lo que vemos no podemos saber si verdaderamente se trata de una tipología híbrida, una licencia artística o un simple apaño realizado en la armadura del fulano que aparece en la escultura porque, aunque de eso ya hablaremos en su momento, que nadie piense que el ejército romano reparaba las corazas deterioradas con cuidado y esmero, sino más bien lo contrario. De hecho, y a pesar de lo aficionados que eran a los motivos decorativos, si había que cambiar una bisagra y no había una igual disponible pues se usaba otra, y quién sabe si en este caso cambiaron las hombreras convencionales por otras de escamas a falta de algo mejor. Más aún, era bastante habitual canibalizar piezas de las corazas destinadas a chatarra, como se pudo comprobar en el cofre de Corbridge, donde había bastantes piezas sueltas con toda la pinta de proceder de unidades de desecho que podían ser usadas para sustituir piezas dañadas en las que aún estaban operativas.


Probo ciudadano recreacionista con jeta de no haber matado a un galo en su
vida mostrándonos el anverso y el reverso de una LORICA tipo Newstead
Bueno, así fue, grosso modo, como fueron saliendo a la luz estas peculiares corazas que todo el mundo conocía pero que nadie podía asegurar si verdaderamente habían existido. Sin lugar a dudas, el mérito principal corresponde a Russell Robinson que, con la ayuda de Daniels, fueron los que mandaron a paseo el dogma de los testimonios gráficos de época para buscar la verdadera morfología de estas LORICÆ, y de descubrir que hubo varios tipos en uso de forma simultánea. O sea, no se fueron sucediendo en el tiempo, sino que estuvieron operativas prácticamente de forma contemporánea. No obstante, el estudio de estas armaduras no está cerrado ni remotamente. Aún hay muchas lagunas que rellenar aunque, en apariencia, por las reconstrucciones que se han realizado pueda parecer que ya está desvelado el misterio de la LORICA SEGMENTATA. Pero no es así. En cualquier momento pueden aparecer nuevos hallazgos que den más luz al respecto o incluso que echen por tierra todo lo que hasta ahora se ha considerado como definitivo.

En fin, ya seguiremos, que es hora de merendar.

Hale, he dicho

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Escenas 70 y 71 de la Columna de Trajano. En la misma, una TESTVDA formada por legionarios intenta apoderarse
de una fortificación enemiga mientras varios AVXILIARIES muestran al emperador las cabezas de unos dacios dados de
baja de forma radical. Obsérvese que la LORICA SEGMENTATA era, en este caso, una buena manera de diferenciar
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