Mostrando entradas con la etiqueta Velites. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Velites. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de mayo de 2024

HASTA VELITARIS

 

Grupos de VELITES infiltrándose entre los paquidermos enemigos, a los que hostigan arrojándole sus aguzadas jabalinas para cabrearlos y romper la formación

Hace ya varios cientos de lustros virtuales publicamos un articulillo sobre los VELITES, la infantería ligera del ejército romano durante la República. Como recordarán, y si no lo recuerdan echen un vistazo al mismo pinchando en el enlace, estos probos homicidas eran los ciudadanos-soldados con menos poder adquisitivo de la augusta Roma. Como ya se explicó en su día, en aquellos tiempos, la aspirante a capital del imperio carecía de ejército profesional, por lo que cada ciudadano acudía a la llamada de las armas pagándose su panoplia de su bolsillo y, por ende, era destinado a una unidad conforme a las características del mismo. El ejército se dividía en HASTATI, PRINCIPES y TRIARII, que conformaban la infantería pesada, más los EQVITES pertenecientes a las clases más pudientes ya que podían pagarse un penco para no tener que caminar mucho. Los menos pudientes eran los VELITES (hagan el favor de pronunciar "uelites", con U), que nutrían la infantería ligera y que, por la misma razón, eran los menos pudientes de todos. 

VELES dispuesto para el combate. Su mínimo armamento
defensivo, limitado a la PARMA, le permitía más agilidad
y velocidad que sus compañeros de la infantería pesada

Cada legión contaba entre sus efectivos con 1.200 VELITES cuya misión era mucho más importante de lo que se suele pensar, siendo generalmente más tenida en cuenta la infantería pesada que se movía por el campo de batalla conforme al despliegue táctico propio de los helenos, la falange, pero sin el apoyo de los VELITES podían tenerlo bastante crudo. Estos hombres, generalmente los más jóvenes del ejército- de ahí por lo general sus escasos medios económicos-, podían ofrecer dos ventajas innegables: una, su juventud y agilidad les permitían moverse rápidamente donde su presencia era requerida; y dos, su escaso armamento les facilitaba esa rapidez para desplegarse, si bien no por ello ofrecían una capacidad ofensiva despreciable. Como ya vimos en su momento, su panoplia defensiva se limitaba a un casco baratucho de bronce o, simplemente, nada, y a una PARMA, una rodela mucho más liviana y manejable que el SCVTVM de la infantería pesada. En cuando a las arma ofensivas, solo portaban un gladio o un puñal y tres o cuatro HASTÆ VELITARIS, unos dardos de pequeño tamaño que eran la base de su panoplia y con los que hacían mucho más daño de lo que imaginan. Sin embargo, poco se habla de esas armas que, a lo tonto, eran capaces de deshacer una carga de caballería, de elefantes o de diezmar un cuadro de infantería enemiga, tras lo cual salían echando leches a sus líneas en busca de la protección que les brindaban sus compañeros de armas. El gladio quedaba relegado a las escasas ocasiones en las que se veían obligados a llegar al cuerpo a cuerpo, por lo que su arma principal era el HASTA VELITARIS o VERUTVM, un chisme bastante ignorado y que, por ello, será el protagonista de este articulillo. Bueno, al grano...

Ojo, que eso de la infantería ligera tampoco lo inventaron los
romanos. Ahí ven a un peltasta tracio dando guerra en tiempos
del macedonio Alejandro, allá por el 300 a.C. Como se puede
comprobar, su panoplia es idéntica a la romana

Ante todo, debemos tener en cuenta algunos detalles que se suelen pasar por alto. Como ya saben, la infantería pesada procedía al lanzamiento de sus PILA tras el IMPETVS contra la formación enemiga. Al marchar en filas compactas, las probabilidades de herir o matar a un enemigo eran bastante grandes, por lo que el infante no tenía que ser un fenómeno a la hora de buscar precisión en sus lanzamientos. Con ser capaz de cubrir la distancia habitual ya había cumplido. Su PILVM, provisto de una enorme capacidad de penetración, atravesaría el escudo de cualquier cuñado con la energía suficiente para herirlo o, en el peor de los casos, obligarle a soltar el escudo porque el peso de la lanza lo hacía inmanejable, y pretender arrancarlo en plena fiesta era misión imposible. Sin embargo, el VELES se veía obligado a tener una precisión mucho mayor tanto en cuanto no solía arrojar sus HASTÆ VELITARIS contra una masa compacta, sino contra objetivos mucho más dispersos: infantería ligera enemiga durante una escaramuza, caballería que se cruzaba con ellos a toda velocidad o incluso diez o doce elefantes que, aunque lentos y torpones, iban tripulados por uno o dos arqueros que podían mantener a distancia a los VELITES antes de que estos pudieran ofenderlos. Por lo tanto, tenían que tener una destreza notable en el lanzamiento de sus dardos, y no le quedaba otra que aprovechar cada uno de ellos si no querían verse "sin munición" en plena movida. Luego hablaremos con detalle de la dotación de VERVTI de la que disponían. Como es obvio, lograr esa destreza en un ejército profesional en el que se podían pasar horas practicando no tenía ningún misterio, pero cuando se era el ciudadano panadero, el ciudadano curtidor o el ciudadano albañil que acudían a la llamadas de las armas de higos a brevas, la cosa ya no era tan fácil. Un currante tenía que calentar el puchero a diario, y no tenía mucho interés y aún menos tiempo para irse a un descampado a hacer prácticas.

VELITES cabreando seriamente a los cartagineses que tripulan un elefante un
poco pasado de tamaño para los que se usaban en realidad. En todo caso, un
grupo de estos infantes podía convertir al paquidermo en un acerico en un
periquete, matándolo por la abundante hemorragia producida por las HASTÆ
VELITARIS
que penetraban hasta sus entrañas

Y no solo tenían que adquirir la destreza necesaria para acertar en el blanco, sino también la potencia mínima para lograr el máximo alcance posible con la suficiente energía como para ofender a los enemigos. Como ya sabemos, la energía cinética se obtiene de la masa y la velocidad del proyectil, por lo que un dardo ligero, pero muy rápido o pesado pero muy ligero o lento no tenían la efectividad que lograba una combinación de ambos factores- velocidad y masa- capaz de perforar un escudo o una coraza enemigos y, además, hacer carne y penetrar en el cuerpo produciendo una herida grave o mortal. Y, por otro lado, cuanto más alcance se lograse, más fácil era mantener alejados a los enemigos ávidos de devorar sus vísceras bien regadas con GARVM. En resumen, ser destinado como VELES no era precisamente ningún chollo, y más si consideramos que eran los primeros en empezar a establecer escaramuzas con el enemigo, acudir con presteza como apoyo al lugar del campo de batalla donde hicieran falta refuerzos o adelantarse al ejército para realizar o prevenir emboscadas o divisar los movimientos enemigos. ¿Qué cómo sabemos si estos ciudadanos eran capaces de alcanzar la destreza necesaria para el desempeño de sus funciones? Pues esa es la cosa, que no lo sabemos. Nadie ha dejado constancia de las actividades del personal cuando no estaban sujetos a filas y se dedicaban a sus oficios, de modo que, lo más que podemos hacer es suponer que, en efecto, dedicarían parte de su tiempo a ir adquiriendo cada vez más destreza en el manejo de las armas, entre otras cosas porque les iba la vida en ello.

VELES con su panoplia al completo. Obsérvense los distintos yelmos que
solían emplear. Los tres superiores son del tipo Montefortino galo que fue
adoptado por todo el ejército romano
Bien, la cosa es que no han llegado a nosotros testimonios gráficos de los VELITES, ni en forma escultórica ni pictórica. Supongo que nadie mandaría decorar su TABLINVM (el despacho del PATER FAMILIAS) o el ATRIVM con las tropas más pobretonas del ejército, prefiriendo poner al peleida Aquiles dándole estopa al priamida Héctor ante los muros de Troya o, mejor aún, a Vercingétorix humillado ante Roma. Sin embargo, afortunadamente, sí disponemos de fuentes históricas solventes con las que reconstruir de forma bastante aproximada el aspecto de estos inopes homicidas. La más detallada procede de Polibio, el cual fue enviado como rehén a Roma en 167 a.C. tras la batalla de Pidna y tuvo ocasión de empaparse a fondo acerca del universo de los futuros amos del mundo. En su Libro VI de "Historias" nos dice que a los VELITES "...se les ordena llevar una espada, jabalinas y un escudo, el cual es fuerte y lo suficientemente grande como para brindar protección, es circular y mide tres pies de diámetro (1 metro). También usan un casco sencillo, y a veces lo cubren con una piel de lobo o algo similar para protegerse y actuar como un distintivo por el cual sus jefes pueden reconocerlos y juzgar si luchan con valentía o no". 

Y de la misma forma que nos describió a los VELITES, Polibio también se tomó la molestia de legarnos en aspecto de su arma principal, la HASTA VELITARIS. Con todo, debemos tener en cuenta un detalle, y es que no había una estandarización en lo referente a su longitud y tipo de moharra. Al cabo, los PILA de la infantería pesada tampoco observaban una uniformidad determinada, y en ambos casos podemos decir que, partiendo de un patrón básico, cada unidad o en cada provincia se fabricaban de una forma u otra, quizás considerando el enemigo a batir. No era lo mismo tener que vulnerar la gruesa piel de un elefante que el fino pellejo de un nubio, por poner un ejemplo. 

Bien, según el probo Polibio, la HASTA VELITARIS tenía un asta de dos codos de longitud (90 cm.), y estaba armada con una moharra de alrededor de un palmo, uséase, unos 20 cm. si bien en este detalle nos extenderemos un poco más adelante. Su morfología era más básica que la sesera de un alcalde de pueblo: un cubo de enmangue del que emergía una larga pica cuadrangular que se iba afilando hacia la punta hasta convertirla literalmente en una aguja o bien en una mínima pirámide, también cuadrangular, lo que aumentaba enormemente su poder de penetración. El grosor del asta, en base a los ejemplares que se han hallado, oscilaba entre los 17 y los 19 mm., y se solían usar maderas muy densas para aumentar el peso de estas armas y dar, en lo posible, más estabilidad a su vuelo. Generalmente se recurría al fresno o al cornejo, un arbusto que produce gran cantidad de ramas bastante derechitas y que, como su nombre genérico indica, era duro como un cuerno (CORNVS, de donde proviene el término cornejo). Esto no era óbice para que se emplearan otros tipos de madera en caso de no disponer de las mencionadas, como haya, castaño, etc. En la ilustración de la izquierda hemos recreado las moharras más generalizadas de estos chismes. En A podemos ver una cuyo proceso de forjado está casi concluido. Tras dar forma a la moharra, se bate el extremo inferior hasta convertirlo en una lámina, la cual será enrollada para formar el cubo de enmangue tal como vemos en B. El cubo no se soldaba, sino que ambos extremos de la chapa se solapaban sin más. Al ser unida la moharra al asta mediante un pasador remachado, el conjunto era lo bastante sólido. En C tenemos otra tipología, en este caso la descrita por Polibio: un hierro aguzado de sección cuadrangular sin más y el cubo de enmangue. 

Varias moharras procedentes del yacimiento de Šmihel, en Eslovenia.
Se pueden apreciar los diversos grados de deformación de las mismas
Estas moharras se deformaban fácilmente tanto al impactar contra un escudo enemigo como si se clavaban en el suelo. ¿Recuerdan la famosa polémica acerca de este efecto provocado en los PILA? Bueno, pues aquí no hay polémicas ni leches. Esos hierros tan finos se doblaban una cosa mala, y se tiene constancia de ello gracias a la cantidad de ejemplares hallados en contextos que no dejan lugar a dudas. Más aún, al clavarse en un escudo, lo habitual era que se deformasen aún más si se intentaba extraer, por lo que tenía lugar el archimanido efecto que obligaba al dueño del escudo a deshacerse de él por razones obvias, dejándolo descubierto ante sus enemigos. Siendo la dotación de HASTÆ VELITARIS más bien escasita- tres o, a lo sumo, cuatro unidades-, y considerando que en una simple escaramuza inicial podían agotarlos, parece ser que los reparaban en plena batalla. Marco Anneo Lucano lo explica claramente cuando dice que "...TVNC OMNIS LANCEA SAXO ERIGITVR" (... luego, las lanzas se enderezaban con una piedra), lo que nos induce a pensar que, tras un choque inicial y como era norma en los VELITES, estos se retiraban tras los HASTATI hasta que llegase el momento de actuar nuevamente, momento que aprovecharían para, tras recoger las HASTÆ tiradas por el suelo, enderezar en lo posible las moharras golpeándolas con una piedra. No debía ser muy complicado tanto en cuando no estaban templadas. Aún más, al final de la batalla se podrían recoger y ponerlas en manos de los herreros de la legión, que las repararían a base de forja o, llegado el caso, cortarían la parte deteriorada y las afilarían de nuevo, lo que explicaría la diferencia de longitudes entre moharras.

Pero este diseño no era precisamente óptimo, especialmente en lo tocante a la precisión. Su corta asta y su escaso peso le daban una trayectoria bastante errática, de forma que más allá de los 15 o 20 metros a lo sumo era francamente difícil acertar a un blanco con forma y tamaño de primate. A todo ello contribuía el mínimo diámetro del asta, que impedía un agarre capaz de impulsar el arma aprovechando al máximo la fuerza del tirador, como ocurría con el PILVM. Observen la foto de la izquierda, donde podemos apreciar el agarre de una jabalina. Un asta de 15 o 20 mm. de diámetro se pierde en la mano, que cuando más grande sea peor lo tiene para obtener un buen lanzamiento. Si alguna vez han jugado a las batallitas, quizás recuerden que el impulso lo da solo la base del dedo índice, desaprovechando el potencial que proporciona el conjunto de la mano y la muñeca. Para remediarlo, los VELITES equipaban sus HASTÆ con un mínimo accesorio más antiguo que la tos, que como está mandado tampoco inventaron ellos y que les permitía mejorar notablemente el rendimiento del arma: el AMENTVM.

El AMENTVM era algo tan simple como una lazada hecha con una tira de cuero de unos 8 o 10 mm. de ancho que ya usaban tanto los guerreros como los atletas griegos en sus juegos olímpicos. De hecho, hay mogollón de testimonios gráficos de la época en los que aparecen probos lanzadores arrojando sus jabalinas provistos de este accesorio. En lo tocante a nuestros imperialistas, Polibio no hizo mención al mismo cuando describió a los VELITES, pero sabemos que lo usaban gracias a Cicerón, que menciona las HASTÆ VELITIBVS AMENTATÆ, uséase, las jabalinas de VELITES provistas de AMENTVM. AMENTVM es un palabro que no tiene traducción a otros idiomas actuales, y en sus Etimologías, mi paisano Isidoro se limita a decir que "... es una correa que se adapta a la parte central del asta de las armas arrojadizas. Y se denomina AMENTVM porque, atada en medio de la lanza, facilita su lanzamiento." Esta lazada birriosa era la clave para convertir una jabalina poco eficiente en un arma absolutamente temible ya que, además de impulsarla con más fuerza y velocidad, lo que aumentaba su energía cinética, le proporcionaba una trayectoria mucho más estable, tensa y, por ende más precisa. Un VELES bien adiestrado en su manejo pasaba de ser una simple mosca cojonera a un tábano que, si te picaba con su VERVTVM, te podía pasar de lado a lado como sardinilla malagueña en espeto. Pero no crean que el AMENTVM era una simple tira de cuero que se ponía en cualquier sitio y santas pascuas. Antes al contrario, su manejo requería una depurada técnica, y en función de las circunstancias se podía recurrir a más de una forma de uso.

Ante todo, el VELES debía estar muy familiarizado con sus armas y conocer el punto exacto del centro de gravedad, donde debía empuñarla. Hacerlo más adelante o más atrás darían como resultado un lanzamiento pésimo y, peor aún, con un alcance mínimo. El método de lanzamiento más habitual lo vemos en las fotos de la izquierda, por el que el asta se apoyaba en la mano siendo sujetada por los dedos meñique, anular y pulgar. El AMENTVM, de unos 20-25 cm. de largo, debía situarse de forma que el bucle quedara justo en el centro de gravedad del arma para obtener las mejores prestaciones. Dicho centro de gravedad lo hemos marcado de rojo en ambas astas. En cuanto a la forma de fijar el AMENTVM, tenemos dos, cada cual a elegir por su usuario. En A vemos un AMENTVM unido al asta mediante un nudo que podía incluso reforzarse con un pequeño clavo. Como es obvio, era la unión más sólida ya que impedía que la tira de cuero se deslizase por el asta en el momento del lanzamiento pero, por contra, si el AMENTVM se alargaba por el uso o una humedad excesiva, podía variar por completo las prestaciones del lanzamiento. En B tenemos otra forma, basada simplemente en un bucle (Fig. B') que se desliza hasta que el AMENTVM quede a la distancia exacta, dando así a más opciones según las circunstancias. Sea como fuere, en ambos casos el lanzamiento se realiza impulsando el arma con los dedos más potentes de la mano, el índice y el corazón.

A la derecha tenemos otra forma de colocar el AMENTVM. En este caso, y con la correa fijada de las dos maneras que ya hemos visto, se le da una vuelta alrededor del asta con la finalidad de imprimir al arma una rotación similar a la de un proyectil moderno. La idea era, como ya podrán imaginar, mejorar la estabilidad del vuelo hacia el objetivo. No obstante, había que calcular bien la porción de correa que envolvía el asta ya que, caso de darle más de una vuelta, el giro resultante hacía que a, a partir de los 15 metros aproximadamente, el arma girase en sentido lateral, impactando de lado y no de punta ya que al dar más vueltas al AMENTVM, este se aleja del centro de gravedad del arma, empeorando en lanzamiento. Todas estas experiencias son resultado, como ya supondrán, de pruebas llevadas a cabo actualmente con réplicas basadas en la descripción de Polibio, que dan como resultado una HASTA VELITARIS de aproximadamente 500 gramos de peso incluyendo el de una moharra de 210 gramos y una longitud total de 115 cm. 

VELES en plena acción. Observen cómo empuña
su VERVTVM, y los dedos índice y corazón metidos
en el AMENTVM
En cuanto a las prestaciones obtenidas, la diferencia entre usar o no el AMENTVM es notable. Lanzándolo sin el mismo, la distancia obtenida oscila entre los 30-35 metros si el lanzamiento se realizaba en una posición estática. Si por el contrario se efectúa tras una carrera previa, se puede alargar hasta los 35-37 metros. Sin embargo, con el AMENTVM usado de la forma más habitual, que es la que vimos en primer lugar, el alcance se alarga hasta los 50-55 metros tanto si se lanza en posición estática como con carrera previa. Con el AMENTVM enrollado en el asta, la distancia se reducía un poco, alrededor de los 45-50 metros como máximo. No obstante, esto supone alrededor de un 40-50% más de alcance que sin el AMENTVM. En lo tocante a la capacidad de penetración sobre una coraza o peto de bronce, con el blanco a 15 metros o menos,  sin AMENTVM se obtienen unos 11 mm., suficientes para provocar al menos una herida superficial. Curiosamente, a distancias cortas el rendimiento del AMENTVM es inferior, alcanzando solo 90 mm. Pero a 25 metros los resultados se invierten, logrando 60 mm. sin AMENTVM y 70 con el mismo. Obviamente, si el enemigo era alcanzado en una zona de su anatomía sin protección ya podía encomendarse a los dioses y tal, porque quedaba listo de papeles en un periquete.

Y para concluir, la enésima duda que devana las seseras de los aficionados a estos temas. ¿Cuál  era la dotación de VERVTI de los VELITES? Livio menciona que el número de jabalinas era de siete por hombre, y ciertamente hay testimonio de ello. En la foto de la derecha podemos ver el monumento funerario datado en el siglo III d.C. de un tal Aurelio Muciano, que en su mano derecha empuña una especie de carcaj con al menos seis HASTÆ (puede que sean más). Sin embargo, salta a la vista que tantas astas, por finas que fuesen, no cabrían en una mano que, además, tenía que empuñar la manija del escudo. Por otro lado, no parece lógico que unas tropas a las que ante todo se les exigía movilidad y rapidez se vieran entorpecidos por ese chisme colgando de la espalda. Así pues, en lo que a mí respecta, solo caben dos opciones partiendo de la base que cada VELES no portaba en combate más de tres.

Opción 1: Cabe la posibilidad de que llevasen encima HASTÆ con distintos tipos de moharra, según el enemigo  batir. Antes de entrar en combate, se extraían del carcaj las más adecuadas, quedando el resto depositadas en el suelo a la espera del regreso de sus dueños.

Opción 2: Eran todas iguales, pero como solo podía llevar tres o, si acaso, cuatro si el VELES tenía una manaza importante, pues permanecían de reserva. De ese modo, tras volver de un primer choque con el enemigo podían reponer las HASTÆ perdidas o inutilizadas independientemente de que pudieran enderezar las que tenían tiempo de recoger durante su retirada.

Bien, con todo lo dicho colijo que ya saben algo sobre unas armas de las que sabían más bien poco o nada, de modo que ya tienen otra herramienta más para chinchar a sus miserables cuñados. Y tras varios meses de sequía, esperemos que con la llegada de la joía caló la musa de los cojones no vuelva a tomar la de Villadiego, que estas últimas vacaciones han sido más bien un año sabático, qué carajo.

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM

Hale, he dicho

Los VELITES se reagrupan tras los HASTATI tras una escaramuza inicial contra los elefantes púnicos, algunos de los cuales vemos en franca huida ya que sus conductores han palmado o se ven sin el combatiente que les acompañaba

viernes, 7 de diciembre de 2018

VELITES, las moscas cojoneras de la legión


Dos VELITES en un escaramuza en mitad de un bosque. Su escaso armamento y su nula protección corporal los hacía
ligeros y capaces de poner tierra de por medio y desaparecer como culebras llegado el caso

VELES con su equipo habitual,
lo mínimo que se despachaba
para ir a la guerra
Cierto. Debería empezar dando pelos y señales acerca del origen, desarrollo y desaparición de la legión manipular antes de hablar de una parte de las mismas en una época concreta, pero entonces malearía mi espíritu caótico, desordenado y carente de metodología. En todo caso, en algún momento las entradas relacionadas con este tema formarán un todo que cada cual leerá como le de la gana, así que todos contentos. Además, hacía tiempo que me apetecía largar una filípica sobre los VELITES que, colijo, son quizás las tropas menos conocidas por ser las que iban más pobremente armadas, mientras que sus demás colegas marchaban a la batalla perfectamente equipados. Eran, por así decirlo, los pringados de la legión, y por ello se perecen ser lo primeros en esta pequeña serie monográfica sobre las legiones manipulares, qué carajo. No obstante, para los que desconozcan este tipo de unidad haremos una breve síntesis de la misma para poder ponernos en situación porque, en sí, la legión manipular abarca un período histórico lo bastante amplio desde las primeras reformas llevadas a cabo por Marco Furio Camilo cuando sus probos conciudadanos fueron bonitamente derrotados por por galos del caudillo Breno en la batalla del río Alia (c. 390 a.C.), y donde quedó claro que la falange era una formación demasiado rígida para hacer frente a enemigos distribuidos por el campo de batalla en grupos pequeños que, sin prisa pero in pausa, iban diezmando al enorme bloque de infantería sin que estos tuvieran la posibilidad de maniobrar para librarse de la escabechina. En fin, de todo esto ya hablaremos largo y tendido en mejor ocasión así que, sin más demora, vamos al grano...

Falangita romano. Como se puede ver, su aspecto es
prácticamente idéntico al de un hoplita griego
Como es de todos sabido, Roma adoptó inicialmente la falange como formación táctica en su ejército. Herederos de la cultura helenística, no dudaron en decidirse por las unidades de falangitas que tantos éxitos dieron a los griegos en general, a los macedonios en particular e incluso a sus vecinos etruscos. No vamos a entrar en profundidad sobre el desarrollo del hoplita romano ya que eso lo dejaremos para una entrada monográfica sobre esa cuestión, así que nos limitaremos a viajar en el tiempo hasta mediados del siglo IV a.C., cuando a raíz de las guerras contra los samnitas los romanos llegaron a la conclusión de que el sistema de falanges estaba ya más obsoleto que un encendedor de yesca. Por otro lado, hasta aquel momento seguía vigente, y se mantendría hasta tiempos de Gaio Mario,  el concepto de ciudadano-soldado mediante el cual todos los romanos entre los 17 y los 46 años estaban sujetos a filas ante la carencia de un ejército profesional como el que se creó posteriormente. Cada romano estaba obligado a servir cuando era llamado a las armas y, en base sus medios económicos y su edad, entraba a formar parte de cualquiera de las categorías existentes. La cantidad de renta mínima fijada era de 11.000 ases anuales, por lo que los más tiesos, que eran la mayoría, ingresaban como MILES (infantería), mientras que los de las familias más pudientes formaban parte de los EQVITES (caballería) que, por cierto, con el tiempo pasaron a ser una clase social en sí mismos. 

Celebrando el DILECTVS en el Capitolio. Los cuatro tribunos militares de
la izquierda van seleccionando grupos de cuatro hombres para hacer un
reparto equitativo de los mismos entre las cuatro legiones consulares que
se formaban cada año
Anualmente, el senado convocaba el DILECTVS, una especie de sorteo mediante el cual cada ciudadano optaba a formar parte del ejército en base a sus ingresos y rentas, quedando sujeto a filas durante 16 años en el caso de los MILES y solo 10 los EQVITES. Este sistema, como todo en la legión, fue sufriendo variaciones a lo largo del tiempo ya que, por ejemplo, en el siglo II a.C., tras haber servido durante 6 años o campañas seguidas, el ciudadano quedaba liberado de ser llamado más veces a las armas, pasando a ser un EVOCATVS, una especie de reserva activa a la que solo se recurría en caso de verdadera necesidad. Como EVOCATVS podía ser llamado hasta completar los 16 años obligatorios de siempre, pero si pasaba el tiempo y palmaba de viejo sin que fuera llamado a filas, pues eso que se ahorraba. La selección la llevaban a cabo los tribunos militares de cuatro en cuatro hombres, de forma que se distribuyeran de manera uniforme entre todas las legiones en base a su forma física, edad, etc., y una vez llevada a cabo dicha selección tenía lugar el juramento de fidelidad, que era personal. Al parecer, para abreviar y no pasarse dos días esperando a que cientos de fulanos jurasen se adoptó un sistema por el que uno cualquiera pronunciaba la fórmula de juramento completa, mientras que el resto repetían IDEM IN ME, lo mismo para mí, por lo que el proceso se abreviaba bastante y podían terminar pronto y largarse a la taberna a celebrar que se iban de batallitas. Previamente se les notificaba el lugar y el día donde deberían concentrarse para iniciar el entrenamiento con todo su equipo en perfecto estado. No lo olvidemos: cada ciudadano era propietario de sus armas, las cuales debía presentar cuando era llamado a filas.

Los cuatro tipos de combatiente de la legión manipular. De izda. a dcha.
tenemos un HASTATVS, un VELES, un TRIARIVS y un PRINCEPS
Una vez que tenía lugar el DILECTVS, cada cual iba a parar a la unidad que le correspondía y, en función de la edad, era considerado como HASTATVS, PRINCEPS o TRIARIVS. Los HASTATI y PRINCIPES iban armados de forma similar: casco, espada, PILVM y un gran escudo oval, y combatían en la primera y la segunda fila respectivamente. La diferencia entre ellos solo radicaba en la edad: los HASTATI eran los más jóvenes, y se les ponía al frente para que se fueran curtiendo en la batalla y, por otro lado, siendo en su mayoría solteros pues si palmaban tampoco dejaban viudas inconsolables y proles huérfanas. Los PRINCIPES eran hombres jóvenes pero ya con cierto grado de veteranía, y formaban en segundo lugar para acudir en auxilio de sus camaradas si veían que el enemigo amenazaba con arrollarlos. Por último, en tercer lugar, estaban los TRIARII, lo más veteranos, de entre 30 y 40 años de edad más o menos y que raramente entraban en combate. Su armamento consistía en un escudo, gladio, lanza de mano, loriga y, por lo general, un casco etrusco-corintio en vez del tipo Montefortino de sus compañeros más jóvenes. De hecho, cuando se comentaba que si en tal o cual batalla la lucha había llegado hasta los TRIARII es que las cosas habían estado verdaderamente chungas. Y los ricachones que podían pagarse, además del equipo personal, un penco y sus arreos pues formaban parte de la unidad de caballería que nutría cada legión.

TESSERARIVS escribiendo la consigna del día en
su TESSERA y esperando a ver si alguno lo soborna
para que lo libre de hacer guardia y se pueda ir de
putas a la ciudad más cercana
Cada tipo de combatiente quedaba encuadrado en uno de los diez manípulos de 120 hombres de que constaba la legión. Así, una legión estaba formada por 1.200 HASTATI y 1.200 PRINCIPES, menos el caso de los TRIARII cuyos manípulos eran de solo 60 hombres. Cada manípulo estaba al mando de un centurión que era elegido por sus mismos compañeros, el cual nombraba a otro centurión, y ambos a su correspondiente OPTIO. Por lo tanto, cada manípulo estaba al mando de un CENTVRIO PRIOR, un CENTVRIO POSTERIOR, dos OPTIONIS y, además, un SIGNIFER, un CORNICEM y el TESSERARIVS, una especie de furriel encargado de distribuir los servicios y de entregar a los guardias la consigna  que escribía en una TESSERA, una tablilla en la que se anotaba la palabra clave y de donde tomaron el nombre. La misma distribución de mandos era válida para los manípulos de TRIARII, pero recordando que sus efectivos eran la mitad. En cuanto a la caballería, estaba formada por 300 hombre divididos en TVRMÆ de 30 jinetes cada una divididos en grupos de 10, cada uno de los cuales al mando de un DECVRIO más su correspondiente OPTIO. El DECVRIO más veterano ostentaba el mando de la TVRMA

VELES junto a un TRIARIVS. La diferencia
entre el armamento de ambos es palmaria
Finalmente quedaban los VELITES, que eran los más tiesos entre los tiesos ya que no se podían costear lorigas de malla ni yelmos chulos ni armaduras de las caras. Cada VELES se conformaba con un casco, un puñado de dardos, una PARMA y un gladio o un puñal (luego hablamos con detalle del armamento). Su defensa corporal, aparte del escudo, se limitaba a la simple túnica que vestía, bajo la cual solo se interponía su pellejo entre los proyectiles enemigos y sus tripas. Los VELITES, cuyo número también varió a lo largo del tiempo, eran inicialmentente 1.200 hombres agregados en grupos de 40 en cada manípulo. Es decir, a nivel administrativo formaban parte de tal o cual manípulo y estaban bajo las órdenes de su centurión, pero combatían en primerísima línea y, aunque sin mandos directos acompañándoles, parece ser que adoptaban ese cometido los que por su veteranía y/o capacidad de liderazgo eran seguidos por sus camaradas. Por otro lado, solían ser también los más jóvenes del ejército ya que, extraídos de las familias más humildes, por su corta edad aún no habían tenido siquiera tiempo de labrarse una posición económica más desahogada ejerciendo un oficio. 

Así pues, la distribución de la legión manipular básica la podemos ver en el gráfico inferior


Según vemos, la legión adoptaba una formación denominada como TRIPLEX ACIES, tres filas, formada por HASTATI, PRINCIPES y TRIARII. Los VELITES, aunque aparecen en una cuarta fila inicial, en realidad eran colocados ahí para iniciar el combate, pero luego se replegaban hacia la retaguardia quedando tres filas de diez manípulos de escasa profundidad, cada una a cargo de resolver la batalla. A ambos lados vemos las TVRMÆ de caballería que, por lo general, se colocaban en las alas para envolver o atacar por los lados al enemigo o explotar el éxito acuchillando a los que huían si lograban ponerlos en fuga.

Tito Livio Vs. Polibio. En sus relatos hay ciertas diferencias que siguen
siendo objeto de debate a estas alturas. Uno de los más empecinados
seguidores de Livio es Connolly a pesar de que su descripción de la legión
manipular primitiva es la menos aceptada
Bien, esta es, grosso modo, la legión que operó entre mediados del siglo IV y mediados del II a.C. Conviene aclarar que las fuentes empleadas en estos temas son las legadas por el historiador griego Polibio (200-118 a.C.) y su colega romano Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.), por lo que en muchos aspectos se suele considerar más fiable el testimonio de Polibio tanto en cuanto fue contemporáneo al menos al período más tardío de la legión manipular. En todo caso, como hemos visto, este tipo de formación y de tropas no tienen nada que ver con las legiones surgidas tras la reforma de Mario, en las que el estado ya pagaba en gran parte la equipación de cada hombre, se eliminaron las diferencias entre legionarios para ser todos iguales, se trocaron los manípulos por cohortes y, lo más importante, desapareció el ciudadano-soldado en favor del ejército profesional formado por ciudadanos, que parece que son la misma cosa pero no es así en modo alguno. Y dicho esto creo que ya podremos tener una idea bastante clara de en qué consistía la legión manipular, así que vamos a ver con más detalle el origen y desarrollo de sus componentes más pobretones, los VELITES protagonistas de la entrada de hoy.

Probo ciudadano recreacionista
ambientado de VELES. En este
caso ha optado por un escudo
ovalado con SPINA CENTRAL
La primera referencia acerca de la introducción de infantería ligera en la legión, término que por cierto tiene su origen en "elección", en referencia a la selección celebrada en el DILECTVS en base al principio de CIVES QVI ARMA FERRE POSSVNT (ciudadanos capaces de portar armas), surge hacia mediados del siglo IV a.C. de la mano de Livio si bien en sus escritos no cita las fuentes en que se basó para afirmar lo dicho. Según el historiador romano, las legiones de aquella época estaban formadas por 5.000 efectivos a razón de 15 manípulos entre los tres tipos de combatientes y entre los cuales cita la existencia de los LEVES, unas tropas formadas por 300 efectivos agregados a los manípulos de HASTATI y armados exclusivamente con una lanza, un puñado de dardos y, posiblemente, un escudo redondo con los que se dedicaban a escaramuzar, explorar y, acudir en batalla a hostigar a los enemigos que estuvieran poniendo en peligro a los suyos. Su agilidad y ligereza les permitía ir de un lado a otro, arrojar sus dardos y retirarse sin sufrir apenas bajas. Para el cuerpo a cuerpo disponían de una lanza pesada. En resumen, su aspecto era el de un ciudadano vestido con una túnica y armado solamente con una lanza y varios dardos, nada más. Pero, además de los LEVES y siguiendo el relato de Livio, tras los TRIARII había dos tipos más de tropas ligeras, los RORARII y los ACCENSI. De los primeros no se sabe prácticamente nada más que eran lo dicho, unas tropas ligeras que, por su posición en retaguardia, debían estar tal vez compuestas por las tropas menos eficientes y quedaban en reserva para caso de extrema necesidad mientras que los ACCENSI son generalmente aceptados no como combatientes, sino como los servidores que en número de diez o veinte estaban agregados a cada manípulo, luego centuria. Es posible que si las cosas se ponían verdaderamente chungas se recurriera a ellos para echar una mano, pero es evidente que si la victoria pendía de un hilo se recurría hasta a los cuñados del personal para salir del brete y acabar la jornada de forma satisfactoria.

Los romanos fueron aprendiendo a base de palos y derrotas de antología hasta dar con la formación táctica que mejor resultados les daría: la legión formada por diez manípulos de cada uno de los tres tipos de legionarios, HASTATI, PRINCIPES y TRAIARII, más 1.200 VELITES agregados a razón de 40 por manípulo como ya se comentó anteriormente. Así, la legión manipular quedaba formada por 1.200 HASTATI, 1.200 PRINCIPES, 600 TRIARII, 300 EQVITES y 1.200 VELITES. El número de efectivos, como ya se ha comentado, fue sufriendo cambios a lo largo del tiempo permaneciendo inalterables solo los TRIARII y los EQVITES, que siempre tuvieron los mismos efectivos mientras duró este tipo de formación táctica. Por lo general, se acepta que la reforma de este tipo de unidad surgió durante las Guerras Samnitas (hubo tres comprendidas entre los años 343 al 290 a.C.) ya que estos, negándose por norma a presentar batalla en zonas llanas y prefiriendo siempre luchar en zonas montañosas, obligó a los romanos a adoptar formaciones más pequeñas y maniobrables que se adaptasen mejor al terreno. 

La primera referencia que se tiene de los VELITES como tales data del 211 a.C. durante el asedio a Capua, donde se estableció la costumbre de combinar tropas ligeras con infantería pesada si bien es probable que ya existieran durante la Primera Guerra Púnica. Livio afirma que ya aparecieron en 255 a.C. durante la revuelta de Régulo. En todo caso, algunos autores sugieren que la introducción de este tipo de tropas tuvo lugar a raíz de una substanciosa rebaja en el baremo de rentas para formar parte del ejército, que pasó de los 11.000 ases anuales que mencionamos anteriormente a solo 4.000. Como es lógico, hombres con unos ingresos que darían risa hasta a un mileurista no se podían costear ni remotamente el equipo de un HASTATVS o un PRINCEPS, así que se tenían que conformar con emular a los antiguos LEVES. Sin embargo, su despliegue táctico en el campo de batalla se racionalizó bastante, dándoles cometidos muy concretos y una forma de actuar basada, como era ya habitual en los romanos, en una disciplina férrea y un entrenamiento muy eficaz. Veamos el despliegue de una legión antes de iniciar el combate.


Ahí tenemos una legión completa desplegada en TRIPLEX ACIES con los manípulos colocados al tresbolillo para cubrir huecos. En negro tenemos a los HASTATI, en rojo a los PRINCIPES, y en verde a los TRIARII. A ambos lados, en color púrpura, cinco TVRMÆ (su posición podía variar según el criterio del mandamás de turno) y, delante de todos, en color azul, los 1.20o VELITES formados en una línea de solo tres hombres de profundidad. En cuanto a los manípulos, los vemos divididos por centurias, con la primera delante y la segunda detrás para dejar más sitio libre antes de iniciar la batalla y, llegado el caso, ordenar un cambio en la formación si procedía. La batalla la iniciaban los VELITES en formación muy abierta para dificultar a los enemigos acertarle con sus jabalinas o, como ocurría en el caso de los cartagineses, los terroríficos glandes disparados por los honderos baleares o los SOLIFERREVM que los CAETRATI iberos manejaban con inigualable destreza. Los VELITES procuraban ante todo causar las primeras bajas en la línea enemiga y establecer escaramuzas breves pero dañinas antes de retirarse a toda velocidad cuando se les daba la orden con un toque de bocina.


En ese momento daban media vuelta y se colaban entre los huecos dejados por los manípulos, que generalmente era una distancia similar a la que ocupaba un frente, o sea, unos 15 metros aproximadamente, y se reagrupaban detrás de los TRAIARII. A partir de ese momento, solo volverían al ataque si se decidía que era necesario que acudieran a ayudar en algún punto vulnerable. Al parecer, se seleccionaban los hombres más ágiles y veloces para cabalgar a la grupa de los caballos de las TVRMÆ, que los transportaban rápidamente al lugar señalado y donde desmontaban, hacían su escabechina y se largaban a toda velocidad, o bien se enfrentaban a la caballería enemiga diezmando a sus pencos a golpe de dardo.


En esta siguiente fase, las centurias posteriores de los HASTATI avanzaban por la izquierda par tapar huecos y se colocaban junto a sus compañeros formando una línea de diez hombres de profundidad. Los PRINCIPES y TRIARII podían hacer lo mismo si se le ordenaba.


Y, por último, este es el despliegue antes de entrar en combate. Los HASTATI han formado una sola fila y los PRINCIPES han avanzado para cubrir el hueco. A partir de ahí, el empuje de las tropas, el acierto a la hora de relevarlas y la prevención de ataques por los flancos serían claves para no ver la legión enteramente rodeada y aniquilada. Con todo, no siempre se desplegaban los VELITES en primera línea desde el primer momento. Quizás para despistar al enemigo, había ocasiones en que se situaban en los huecos entre los manípulos de HASTATI. Cuando se daba la orden, salían en tromba para hostigar al enemigo y largarse en cuanto terminaban su misión. En Ilipa (206 a.C.), Escipión ordenó que, una vez que sus VELITES llegaran a la retaguardia, se reagruparan en las alas para atacar al enemigo por los flancos. En resumidas cuentas, como vemos, eran unas tropas extremadamente versátiles y no precisamente faltas de coraje para atreverse a hacer frente a unidades mucho mejor armadas que ellos. 

VELITES hostigando sin piedad a los elefantes cartagineses. Lograron
asustarlos haciendo sonar bocinas y haciendo ruido golpeando sus escudos
con sus armas hasta el extremo de volverlos ingobernables, momento que
aprovecharon para acabar con ellos y sus tripulantes
Los VELITES tal como los hemos ido describiendo desaparecieron tras la batalla de Mutul (108 a.C.), en el contexto de la Guerra de Yugurta, y con tropas bajo el mando de Quinto Cecilio Metelo y Gaio Mario. Por otro lado, estos VELITES ya no eran ciudadanos romanos, sino aliados de otras naciones itálicas. A partir de aquel entonces las tropas ligeras pasaron a ser responsabilidad de los auxiliares, pero durante el tiempo que estuvieron operativos, estos pobretones tan belicosos fueron unas auténticas moscas cojoneras que sembraron el desconcierto entre los enemigos con sus  VERVTI capaces de atravesar tanto los escudos como las envolturas carnales de sus enemigos. De hecho, en Zama (202 a.C.) fueron capaces incluso de deshacer la carga de elefantes de guerra de Aníbal Barca había desplegado para intentar romper la primera línea del ejército de Publio Cornelio Escipión, llegando a matar a muchos de ellos clavando sus espadas tras las orejas de estos poderosos animales sin que sus guías pudieran hacer nada para reconducir a sus fieras. Los elefantes pasaron entre los manípulos de HASTATI y cuando llegaron a la retaguardia del ejército romano fueron aniquilados. Veamos ahora algunos detalles sobre los VELITES.

VELITES en plena escaramuza contra tropas ligeras enemigas. Una vez diezmados darían media vuelta hacia su retaguardia

Panoplia básica de los VELITES
Aunque generalmente se les apoda como "portadores de capas", la etimología de su nombre nos la da el visigodo Isidoro. VELITES proviene de "volar de acá para allá", en obvia referencia a su ligereza y capacidad de movimiento en el campo de batalla. Recordemos que, además de ser los más pobretones del ejército, también eran los más jóvenes, ergo estarían sobrados de vitalidad y agilidad. Su panoplia estaba formada por varios dardos- siete según Livio y cinco según Gaio Lucilio- y un gladio. Su defensa corporal estaba confiada a una PARMA, un escudo redondo de unos 90 cm. de diámetro. Los dardos o VERVTI, también denominados como HASTA VELITARIS, eran unas jabalinas ligeras de entre 90 y 120 cm de largo rematadas con una mojarra de unos 2o cm. con punta generalmente troncopiramidal para aumentar su capacidad de perforación. Como vemos en la ilustración, estaban provistas de un AMENTVM, una fina correa o cordel donde se ajustaban los dedos índices y corazón para aumentar notablemente la potencia del lanzamiento así como la precisión del mismo. 

De la PARMA, que según Marco Terencio Varrón recibía el nombre por ser todo redondo por igual (o sea, PAR), era una simple rodela de madera con una manija en su parte trasera. En el anverso podía colocarse un umbo de bronce o una SPINA de madera, reforzada o no con un umbo de metal, para proteger la mano que empuñaba el escudo. El borde podía estar reforzado con una tira de cuero o de bronce, mientras que la superficie del mismo estaba forrada de cuero y pintada. La protección de la cabeza estaba confiada a un casco de bronce tipo ático heredado probablemente de los etruscos o los samnitas. Estos cacos carecían de adornos ni florituras que los encareciesen por razones obvias. Por otro lado, aunque la imagen habitual de los VELITES es la que aparecen con una piel de lobo sobre el casco, no siempre era de estos bichos e incluso no todos la llevaban. Parece ser que su finalidad no era otra que ser identificados en la distancia por sus mandos, y no sería raro que solo las usasen esos "líderes naturales" que mencionábamos al principio y, de ese modo, ser también objeto de admiración y estímulo entre sus compañeros. En la ilustración de la izquierda vemos un VELES en orden de combate. 

Cascos áticos de bronce similares a los usados por los VELITES.
Originariamente, estos cascos disponían de una barra nasal
que fue desapareciendo con el tiempo. Al llegar a los romanos
se había transformado en una simple curvatura en forma de V
que apenas cubría el entrecejo
Obsérvese como todos sus VERVTI están provistos de su correspondiente AMENTVM, que como hemos dicho aumentaba de forma notable la potencia de lanzamiento. En la cintura lleva un gladio pendiente de un cíngulo, y no del típico tahalí usado por los legionarios. Sobre el casco de bronce lleva su piel de lobo que cae sobre su espalda y le da su apariencia tan característica. 

Bueno, esta es básicamente la historia de estos peculiares combatientes. Durante un par de siglos formaron parte de la legión manipular hasta la desaparición de esta formación táctica, pero a pesar de sus limitados medios supieron dar guerra y, como titulo la entrada, ser unas verdaderas moscas cojoneras que no paraban de aguijonear al enemigo desde el mismo comienzo de la batalla.

Por lo demás, ya seguiremos con los distintos tipos de combatientes de las legiones manipulares, que no suelen ser mencionadas en los pésimos documentales de Canal Historia y les servirán por lo tanto para darles el día a sus abominables cuñados.

Hale, he dicho