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martes, 10 de agosto de 2021

CACHORROS DE HITLER. EL ORIGEN

 

Estos mozalbetes tan serios, con jetas de fieros nibelungos y que chorrean seguridad en sí mismos serían, en teoría, los herederos del Reich de los Mil Años preconizado por el ciudadano Adolf, un Nuevo Orden mundial donde la raza aria cortaría el bacalao mientras el resto del personal se limitaba a dejarse someter porque eso de ser esclavo de un ario es lo más guay del planeta. Sin embargo, los que vivieron para verlo lo único que heredaron fue un país arrasado, dividido durante décadas y tachados de criminales por el resto de las naciones del mundo. No obstante, el lavado de cerebro fue tan fastuoso que la mayoría de los supervivientes jamás reconocieron su error al adorar a un acuarelista fracasado

Cuando salen a relucir las Juventudes Hitlerianas, los cuñados más puestos en la materia afirman rotundamente que esta organización fue el semillero o, mejor dicho, el criadero, de los invencibles guerreros que sustituirían a los caídos en combate por la Gran Alemania, los depositarios de los elevados principios patrios propalados por el nazismo que, tras la victoria final, se encargarían de poner las peras a cuarto a los vencidos, limpiarían Europa de judíos, eslavos y demás razas inferiores y la convertirían en su cortijo. En esta ocasión, los cuñados no mienten como bellacos, como es habitual en ellos, pero es posible que no tengan ni puñetera idea de cómo surgieron las Juventudes Hitlerianas que, como concepto de organización juvenil para inculcarles un ideario, en realidad estaban ya más que inventadas desde mucho antes de que al ciudadano Adolf le diera por empezar a dar discursos en las cervecerías muniquesas. Más aún: el ciudadano Adolf aún jugaba al aro en su Braunau am Inn natal bajo la lánguida y azulada mirada de su madre cuando Alemania ya rebosaba de ligas, organizaciones y sociedades juveniles de todo tipo e ideologías y, para colmo, para llegar a las Juventudes Hitlerianas por todos conocidas tuvieron que transcurrir varios años de "rodaje" hasta poner un poco de orden en aquel maremagno de entusiastas y vehementes mocitos que tenían muy claro como arreglar el mundo, cada uno a su manera, naturalmente.

Es más que probable que el chaval de la foto no olvidase jamás el
día en que tuvo el inmenso honor de posar junto al ciudadano Adolf,
el Führer enviado por Dios para salvar a Alemania de los
malvados que solo buscaban su perdición, y por el que estaría
dispuesto a palmarla si era necesario. Igual palmó, vete a saber...

Por otro lado, es de todos sabido que no hay nada más esponjoso que la sesera de un crío. Lo absorben todo, lo asimilan todo pero, al mismo tiempo, son manipulables, carecen del sentido crítico que dan los años, y se tragan cualquier camelo si se les presenta con el envoltorio adecuado. Por naturaleza, cualquier niño tiene claras sus preferencias: debe ser el mejor, el más listo, el más rápido y el más fuerte. Esas cualidades las obtendrá si procede de una estirpe de gente lista, rápida y fuerte, y buena prueba de ello son los héroes Fulano, Mengano y Zutano, que los precedieron en el tiempo y dejaron claro que, en efecto, los nuestros son los mejores, los más listos, los más rápidos y los más fuertes, aparte de los más guapos, faltaría más. Esto no es más que adoctrinamiento, es más antiguo que el hilo negro y, por desgracia, se sigue practicando actualmente, quizás con más denuedo que nunca en nuestra pútrida y decadente sociedad que se empeña hasta en decirnos qué debemos comer, como debemos hablar, qué debemos aprender o, en otros casos, en formar críos totalmente fanatizados en el arcaico concepto de raza superior para que el régimen de turno pueda asegurarse su continuidad, como vemos que pasa en determinadas regiones españolas. Y todo ello, adobado inteligentemente con una poderosa simbología, uniformes chulos, bandas de música, himnos y demás fanfarria paramilitar, son los ingredientes adecuados para terminar de zombificar a cualquier chaval rebosante de hormonas y deseoso de presumir delante de las nenas con su incipiente apostura viril.

Grupo de jovencitas de la BdM, la rama femenina de las Juventudes
Hitlerianas. Las nenas no escaparon al influjo maléfico del nazismo
tanto en cuanto debían ser las generadoras de los futuros amos del
mundo. Para su desgracia, pagaron el pato por las burradas que sus padres
y hermanos perpetraron en Rusia, y miles de ellas fueron violadas hasta
la extenuación por los hijos del padrecito Iósif, que llegaron a Alemania
bastante cabreados y encima, con razón

Lo cierto es que no hay ser más fanático que el que ha sido adoctrinado durante su infancia. Las ideas que le han inculcado se le han quedado grabadas de forma indeleble, jamás las pondrá en tela de juicio, jamás renunciará a ellas, y palmará de viejo completamente convencido de que está en posesión de la verdad. El niño que ha crecido debidamente aleccionado con una serie de dogmas y mantras con los que lo han machacado a diario desde que tiene uso de razón se convierte en un autómata que obedecerá ciegamente sin cuestionar por un instante si lo que le ordenan es legal, moralmente aceptable o, simplemente, si le produce asco obedecer. Lo hará y punto. Obviamente, estos rapaces son una herramienta fundamental en los regímenes totalitarios. No solo les garantizan la continuidad en el poder, sino también anulan la disidencia. El que piense distinto será anulado por ellos mismos sin necesidad de recurrir a policías políticas. La oveja negra será segregada del rebaño, presionada hasta la extenuación, humillada, vejada y vilipendiada hasta que, una de dos: o se suma al redil o se larga bien lejos. Y si no se aviene a una de las dos soluciones, pues se le elimina físicamente y santas pascuas.

Bien, creo que con este introito ya podemos ponernos en situación si bien en otra entrada abundaremos con detalle en los entresijos de esta organización porque, en realidad, su existencia podríamos dividirla en cuatro períodos claramente diferenciados: los grupos juveniles creados desde antes de la República de Weimar que sirvieron de inspiración para dar forma a la Hitler Jugend, sus comienzos  hasta su fundación oficial en 1926, su evolución hasta el ascenso al poder del ciudadano Adolf en 1933 y, finalmente, desde el comienzo de la guerra en 1939 hasta la derrota de Alemania, del Reich milenario prometido y del desastre total. Lo que sí les adelanto es que, como todas las organizaciones auspiciadas por el NSDAP, la de los jóvenes seguidores del nazismo abarcaba una extensa y compleja red de ramas y asociaciones afines cuya finalidad era solo una: absolutamente todos los críos y adolescentes de ambos sexos pasarían a ser propiedad del estado, bajo cuya tutela crecerían, serían educados y desarrollarían sus vidas, limitando la misión de los padres de la familia tradicional a procrear retoños, pero nada más. En resumen, fotos como la que ven a la izquierda, en plan "el bondadoso tío Adolf visitando a sus amados seguidores", milimétricamente estudiadas y compuestas por la eficaz propaganda de Goebbels, escondían en realidad un plan mucho más siniestro: convertir al "tío Adolf" en el "amo Adolf". Bueno, al grano...

Baden-Powell (centro de la imagen) rodeado por sus Scouts
Desde finales del siglo XIX ya existían en casi toda Europa asociaciones de chavales que abarcaban los intereses más dispares, desde amantes de las lagartijas a tañedores de ocarina, pasando por clubes de lectura, de filosofía, de poetastros, cristianos, católicos, protestantes, ateos y un et cétera tan largo que podría rellenar 38 párrafos. La juventud, siempre inquieta y deseosa de cambiar el mundo con nuevas ideas, buscaba la forma de hacerse un hueco en una sociedad totalmente jerarquizada en la que los adultos- adultos varones, por supuesto- eran los que tenían la voz cantante. Sin embargo, sus ímpetus juveniles les daban las energías necesarias para no caer en el desánimo si bien muchas de estas asociaciones no eran dirigidas por ellos mismos, sino por adultos que, con buena o mala fe, pretendían introducir nuevas ideologías o conceptos. Sirva como ejemplo el escultismo y la organización creada en 1907 por sir Robert Baden-Powell, basado en la vida al aire libre, la cooperación, las buenas acciones y tal si bien los dirigentes eran hombres jóvenes o adultos. 

Karl Fischer (1881-1941) en el centro de la imagen rodeado por
varios de sus pájaros migratorios
Los tedescos, un pueblo indudablemente culto, tenía también sus Bündes o Ligas formadas y, en este caso, dirigidas por jóvenes cuya sana intención era sacudirse de encima los controles paternos y gozar de su ocio haciendo lo que les daba la gana, siempre dentro de un orden, naturalmente. La más representativa era la Wandervögel (literalmente aves migratorias), fundada en 1896 por Karl Fischer en Steglitz, cerca en Berlín, e inicialmente no era más que lo que hoy sería uno de esos grupos de senderismo que aprovechan el domingo para quemar 500 calorías y meterse en el cuerpo 3.500 a base de grasas saturadas cuando paran a almorzar en la venta de Fulanito, que sirve un secreto o unos churrascos fastuosos. Así pues, la idea de Fischer consistía en formar una asociación de jóvenes dirigida por jóvenes y que, en cierto modo, fue pionera en su empeño por lograr que la sociedad patriarcal que no les hacía puñetero caso contase con ellos. El plan de actividades de la Wandervögel tenía en su programa salir de las ciudades cada vez más industrializadas para disfrutar de la naturaleza, recuperar viejas tradiciones alemanas, el folclore y las canciones de sus mayores y, como está mandado, recuperar la memoria de sus añejos héroes más o menos legendarios.

Grupo del Wandervögel en un alto para hacerse la foto junto a algún
pedrusco sagrado donde Wotan echó una siesta
Sin embargo, a pesar de su ideario aparentemente pacífico y un tanto simplón, no pasó mucho tiempo hasta que los apacibles senderistas empezaran a plantearse ir más allá, e incluir entre sus actividades temas relacionados con la política, la religión y un nacionalismo que, como vimos en su día, empezó a propagarse tras la reunificación de Alemania en 1871. Ya sabemos que la política es algo asqueroso que contamina todo lo que toca, y el primer efecto secundario del nacionalismo es el racismo, por lo que los excursionistas del Wandervögel llegaron a la conclusión de que los judíos no merecían compartir sus ratos de esparcimiento, y a partir de 1913 no solo no admitieron a ninguno más, sino que echaron de la organización a los que ya había desde sus comienzos. Los judíos se lo tomaron con filosofía, les hicieron dos higas y formaron su propio chiringuito por nombre Blau Weiss (Azul Blanco), imagino que en referencia a los colores del talit, una especie de chal blanco con rayas azules con que se cubren los hombres durante sus oraciones.

Y de la misma forma que empezaron a devanarse los sesos con temas contaminantes, tampoco tardaron mucho en empezar a adoptar otros aspectos de índole paramilitar a los que tan aficionados son los tedescos: una suerte de uniformidad, una jerarquía que marcaba claramente las diferencias de estatus entre sus miembros y, por ende, una forma de clasificarlos en base a dicha jerarquía. Los aspirantes a formar parte del 
Wandervögel debían pasar una serie de pruebas de admisión y, tras ser aceptados, lo hacían con el rango de Bursche (Joven), para posteriormente "ascender" a Bachant (compañero). El mandamás era el Oberbachant y, fíjense qué curioso, se saludaban entre ellos exclamando Heil! Por lo demás, se formaron distintos Gruppe nutridos por ocho o diez miembros que se reunían en un Heim (hogar, casa) donde charlaban, ensayaban con sus instrumentos y solucionaban los problemas de la sociedad en la que vivían. Varios de estos Gruppe se juntaban en base a la proximidad entre ellos formando un Orstgruppe, sucursales locales que a su vez se agrupaban a nivel provincial en una Gau que los abarcaba a todos. Les suena lo de Gauleiter, ¿verdad? En resumen, los beatíficos pájaros migratorios acabaron convirtiéndose sin darse cuenta en una organización jerarquizada porque un tedesco no sabe vivir sin que haya alguien que le de órdenes y, a su vez, él no pueda impartirlas a otros. Ahí vemos en la foto un grupo del Wandervögel durante una de sus caminatas marchando tras la bandera con el emblema de la organización, una cigüeña o similar en pleno vuelo migratorio porque, ¿dónde va un tedesco sin una bandera que le señale el camino?

Miembros de un Freikorps en el corazón de Berlín. Como se puede
ver, no se andaban con tonterías cuando llegaba el momento de
meter en cintura a los miembros de partidos marxistas deseosos
de propagar en Alemania una revolución bolchevique en toda regla
La Gran Guerra desmembró al Wandervögel, cuyos afiliados en edad militar fueron reclutados para ir a palmarla como auténticos y verdaderos héroes en las pútridas trincheras del Frente Occidental, y los otrora pacíficos caminantes se volvieron un poco más radicales, y se olvidaron de las excursiones, los conciertos y las charlas sobre poesía o héroes míticos. Los que volvieron vivos y razonablemente enteros habían experimentado una metamorfosis bastante acusada tras pasar por las penurias de la guerra, y la tremenda humillación de la derrota no solo hizo que empezaran a surgir como hongos asociaciones juveniles de todo tipo, sino que los que ya habían formado parte de alguna de ellas se transmutasen por completo, olvidando el buen rollito juvenil y alistándose en algún Freikorps o, por el contrario, en alguna organización comunista o socialista radicales. Los que no habían llegado a tener que marchar al frente se afiliaron a las Bündes de marcado perfil nacionalista surgidas tras la guerra porque, al cabo, la mayoría de ellos habían perdido a padres y/o hermanos en la suntuaria masacre que había mandado al traste los elevados principios morales anteriores al conflicto.

Rossbach junto al ciudadano Adolf en los primeros tiempos del
nazismo. Su amistad con Röhm y Heines estuvo a punto de costarle
el pellejo cuando la Noche de los Cuchillos Largos, e incluso se
le descubrieron en un registro fotos pornográficas para homosexuales
a pesar de estar casado. Se libró de la quema a cambio de "vaporizarse",
lo que aceptó sin problemas para reciclarse en agente de seguros

Por citar algunas de ellas, tenemos la Knappenschaft (Jóvenes Escuderos), la Freischaft (Jóvenes Libres) o la Schilljugend, creada en 1924 en Salzburgo por el teniente Gerhard Rossbach, un ex-jefe de un Freikorps que acabó formando parte de las SA. Todos ellos se dedicaban a darse estopa con los marxistas en constantes reyertas callejeras que siempre acababan con varios mozalbetes con la jeta partida, una brecha en la cabeza e incluso algún puntazo propinado por un arma blanca. Así mismo, otros pasaron a formar parte de la Jungstahlhelm, las rama juvenil de la famosa Stahlhelm (Cascos de Acero) fundada al mes siguiente de acabar la guerra por miembros del ejército imperial que, aparte de cabreados, habían visto nacer en ellos un nacionalismo exacerbado, un racismo feroz así como una ideología de extrema derecha tanto en cuanto consideraban a los marxistas culpables del desastre. Otro ex-Wandervögel llamado Friedrich Weber fundó su liga particular, la Oberland Bund, cuya ideología era muy próxima al nazismo y hasta se apuntaron al fallido Putsch de 1923. Todas estas organizaciones acabaron antes o después fagocitadas por la Hitler Jugend que, al cabo, eran las juventudes del partido en el poder a partir de 1933, y de buen o mal grado tuvieron que avenirse a aceptar que eran los que cortaban el bacalao porque, de lo contrario, pasabas de ser un ciudadano afín al ideario nazi a un enemigo del estado, con las nefastas consecuencias que todos conocemos.

Walther Darré (1895-1953) estrechando la mano al ciudadano Adolf.
Darré, además de alcanzar el rango de SS-Obergruppenführer, fue
ministro de Alimentación y Agricultura y director de la oficina de Raza
y Asentamiento de las SS
Pero de todos estos grupúsculos, el que destacó por su afinidad con los emergentes seguidores del ciudadano Adolf fue la Band der Artamenen creada en 1920 por August Kenstler y cuya influencia fue quizás la más significativa a la hora de fundar la Hitler Jugend. Artman, de donde tomaron el nombre, era al parecer un palabro de origen indo-europeo que venía a significar algo así como "resurgimiento a través de la fuerza original". La ideología de Kenstler era muy similar a la del nazismo: absolutamente xenófobos, partidarios de la expansión de Alemania hacia el este, con un profundo sentimiento nacionalista, de la patria y la raza, así como una vuelta a la agricultura como base de su economía. Para los que no lo sepan, los nazis daban especial protección a los ciudadanos que tenían por oficio la agricultura, a la que consideran la fuente de vida del pueblo germano y, de hecho, para ser agricultor había que certificar una ascendencia tan aria como la de un miembro de las SS. Según los nazis, nadie que no fuera ario era digno de confianza para proveer de alimentos a la población alemana. Kenstler era, al igual que los nazis, fiel seguidor de la doctrina de Walther Darré de la Blunt und Boden (Sangre y Tierra), y tenía la intención de que las masas de jóvenes se desplazaran a las zonas rurales para tomar parte en las labores del campo de forma altruista, cosa que por cierto no tuvo apenas éxito porque eso de darle al azadón o patear terrones no era nada atractivo. Aparte de esto, eran muy aficionados a la medicina natural, la herboristería, el ocultismo y los rituales místicos. No era ninguna casualidad que, antes de pasarse al naciente partido nazi, hombres como Heinrich Himmler o Rudolf Höss (no confundirlo con Hess) pertenecieran a la Band der Artamenen.

Publicación de 1919 que muestra a una judía bastante fea propinando
la "puñalada por la espalda" que derrotó a la Gran Alemania
Bien, todo lo que hemos visto hasta ahora fueron, por decirlo de algún modo, los ingredientes y el ambiente que se respiraba en Alemania para crear una organización juvenil del entonces mínimo partido nazi, que a principios de los años 20 era, como sabemos, uno más de los tropocientos grupúsculos ultranacionalistas y ultracabreados con la "puñalada por la espalda" que les obligó a sufrir la humillación más grande que habían conocido jamás. Alemania era un caos, la hiperinflación había hundido la economía, y el nefasto Tratado de Versalles no solo sirvió para arruinar a un pueblo ya arruinado por la guerra, sino como excusa para que el más feroz sentimiento de revancha surgiera de muchos millones de tedescos que se levantaban a diario de sus piltras odiando a la humanidad entera.

Gustav Adolf Lenk (1903-1987) en la época en
que comenzó su travesía política con solo 17 años
El artífice de las Juventudes Hitlerianas fue Gustav Lenk, un joven de apenas 17 años (había nacido en Múnich en octubre de 1903) que en 1921, al no tener la edad mínima para ingresar en el recientemente formado NSDAP, optó por reclutar chavales de su edad para formar, como tantos otros partidos y ligas, una rama juvenil para el partido. Lenk, que era un nazi fanático hasta la médula, logró que en el mes de marzo del año siguiente el Völkischer Beobachter, el periódico del partido, le publicara un incendiario artículo en el que exhortaba a todos los jóvenes entre 14 y 18 años a unirse a la liga sin tener en cuenta su clase social para luchar contra los enemigos de Alemania, los judíos y los marxistas, y que deseasen librarla de las humillantes condiciones en las que la Patria se veía como consecuencia de la derrota. A decir verdad, la oferta de Lenk no es que arrasase ya que provenía de un pequeño partido casi desconocido en aquel momento. El ciudadano Adolf aún era un don nadie que se desgañitaba en las cervecerías largando sus hipnóticos discursos y, la mayoría de las veces, tenía que salir de naja mientras sus guardaespaldas se liaban a palos con los comunistas o socialistas que iban a reventarle el mitin
.

Johann Klintzsch (1898-1959)
Pero Lenk no era de los que se desanimaban, y el 13 de mayo de 1922, apenas un par de meses después de publicar su llamamiento, se creó oficialmente la Jugendbund der NSDAP (Liga de la Juventud del NSDAP) en la Bürgerbräukeller de Múnich, que debía ser la segunda casa de los nazis porque todas sus movidas se organizaban en dicho local. Inicialmente, se decidió dividir a los miembros según su edad en dos secciones distintas: los chavales entre 14 y 16 años formarían parte de la Jungmannschaffen (literalmente, jóvenes trabajadores), y los de 16 a 18 en la Jungsturm Adolf Hitler (no creo que haga falta traducirlo). Como por sí solos no podían tener su propia organización- eran mozalbetes al fin y al cabo- fueron agregados a las SA, en aquel momento bajo el mando de Johann Ulrich Klintzsch, un fogueado miembro del Freikorps bautizado como Brigada Ehrhardt y uno de los fundadores de las Sturmabteilung. A los apenas 300 miembros de la organización juvenil se le asignó el uniforme de los SA (ojo, cada cual se pagaba el suyo, de regalar, nada). La presentación en sociedad de los jóvenes hitlerianos tuvo lugar aquel mismo año, concretamente en los actos celebrados entre los días 14 y 15 de octubre en Coburgo, donde se hizo entrega a 800 miembros de las SA de la Coburger Abzeichen (Insignia de Coburgo), la primera condecoración del partido nazi.

Lenk en 1933, cuando había pasado a formar
parte de las SA. La foto se tomó en la celebración
del 10º aniversario de Putsch de Múnich
En 1923, el Putsch dio al traste, de momento, con las aspiraciones del ciudadano Adolf. El partido nazi fue ilegalizado y, con él, todas las organizaciones que dependían del mismo incluyendo la Jugendbund. Pero Lenk era más incombustible que una plancha de amianto, y es justo reconocer que su lealtad al ciudadano Adolf estaba por encima de la de muchos de sus conmilitones más encumbrados. En noviembre de 1923 creó la "Asociación de la Juventud Patriótica de la Gran Alemania", pero la policía de Baviera no eran tan tonta como para no darse cuenta de que, en realidad, aquel chiringuito no era más que la Jungedbund camuflada a la espera de tiempos mejores, así que también la ilegalizaron y metieron a Lenk una breve temporada en la trena para que se le bajaran los humos. Pero a Lenk no le bajaban los humos ni una tormenta tropical, y en abril del año siguiente fundó el "Gran Movimiento Juvenil Alemán", que duró el tiempo que tardó la policía en echarle el guante y mandarlo a hacer compañía a su venerado ciudadano Adolf en la prisión de Landsberg en noviembre de aquel año. Con todo, el día 20 del mes siguiente fueron todos puestos en libertad.

Tras su breve periplo carcelario, el ciudadano Adolf tuvo que
esforzarse para refundar un partido que había sido desmembrado.
En la foto lo vemos soltando uno de sus discursos en 1925, cuando
aun estaba lejos el ascenso al poder absoluto
Pero la salida de la trena del ciudadano Adolf no hacía suponer que las cosas seguirían funcionando como siempre nada más pisar la calle. El partido había sido ilegalizado, muchos de sus miembros habían tomado las de Villadiego o juraban que no conocían de nada a aquel sujeto con flequillo repeinado y bigotito, y más de uno tramó la posibilidad de ser él mismo el que refundara el partido. Y el hasta ese momento fiel seguidor del ciudadano Adolf, el joven y emprendedor Lenk, dudaba también de las opciones del futuro Führer para recuperar las riendas del partido, así que ya tuvo que ver negro el panorama. Ante la duda, decidió fundar la enésima liga, en este caso bautizada como "Asociación Juvenil de Defensa Alemana", pero en esta ocasión sin ningún vinculo con el NSDAP. Está de más decir que tardaron medio nanosegundo en expulsar a Lenk del partido acusado de traidorzuelo e incluso de malversador. Intentó que se le permitiera una salida digna presentándola como una dimisión por su propia voluntad, para lo que envió un artículo al Völkischer Beobachter dando una serie de razones y tal, pero el artículo solo sirvió de papel higiénico a los tipógrafos. Lenk no había acabado de comprender un pequeño detalle: el que manifestaba la más mínima oposición al ciudadano Adolf se convertía en un apestado, y este aún conservaba la suficiente influencia y la lealtad de los mandamases como para estar convencido de que nadie le quitaría la silla de sus posaderas austriacas. Así pues, el fundador del germen de la más famosa organización del Reich tras las SS y las SA se veía obligado a salir por la puerta trasera, y dando gracias de que los nazis aún no habían alcanzado el poder, porque de lo contrario su destino habría sido posiblemente acabar colgado de un gancho de Plotzensee.

Julius Streicher (1885-1946). A pesar de haber sido
defenestrado por el mismo Hitler, su lealtad hacia su
persona fue monolítica hasta que la soga de la que lo
colgaron lo estranguló. Fue el único de los reos de
Nuremberg al que la caída no le partió el cuello,
dando lugar a una escena bastante desagradable
Con Lenk fuera de juego, en mayo de 1925 Hitler decidió darle el mando de la Jugendbund a Kurt Gruber, un joven apenas un año más joven que Lenk y, además, más capacitado para la organización. Su antecesor era un emprendedor nato, pero su vehemencia no lo convertían en un buen gestor mientras que Gruber poseía una mentalidad más, digamos, germánica en ese aspecto, y tuvo claro que lo más importante era, ante todo, reagrupar las tropociencias Bündes con ideologías afines o que eran seguidoras de la trayectoria del ciudadano Adolf, lo que logró sin problemas. Apenas un año más tarde, en abril de 1925, pudo anunciar a la galaxia entera la creación de una nueva organización juvenil del partido, y esta vez no dejaba ninguna duda sobre su pertenencia y a quién servían: las Hitler Jugend, nombre con el que pasarían a la historia y que, al parecer, se le ocurrió al furibundo Julius Streicher, el redactor de "Der Stürmer", un panfleto anti-semita que vomitaba las mayores infamias sobre cualquier enemigo del nazismo, especialmente si eran judíos. Streicher, que además de ser un pornógrafo vicioso, desde 1933 había sido Gauleiter de Frankonia y fue el único de los nazis ejecutados en Nuremberg que subió al cadalso berrando "Heil, Hitler!" como un poseso, y hasta se puso chulo con el sargento Woods, el controvertido verdugo del que hablamos en su día. Con todo, desde 1940 se había visto relegado al olvido por trincón y por poner a caldo a Göring, que era uno de los intocables del partido.

Foto tomada el 4 de julio de 1926 durante la celebración del
Reichsparteitag en Weimar. Las SA desfilan ante el Führer que,
como era habitual, prefería presidir estas movidas desde un
automóvil antes que desde una tribuna
En las celebraciones del Reichsparteitag (Día del Partido) que tuvieron lugar los días 3 y 4 de julio de 1926 se fundaron oficialmente las Hitler Jugend con Gruber como Reichsführer de las mismas. El ciudadano Adolf no acababa de verle la punta al tema de las ligas juveniles y, de hecho, en el primer mitin nacional de la organización celebrado en agosto del año siguiente apenas asistieron 600 mocitos de los 8.000 afiliados que tenían en toda Alemania, pero hay que comprender que, por aquella época, el partido estaba tieso, y no todos los padres podían costear el viaje a sus retoños. De hecho, incluso el tema de los uniformes era para muchas familias un serio inconveniente en un país en el que aún seguían sumidos en la ruina, con cifras de parados escandalosas y la inflación disparada. Pero la capacidad organizativa y la propaganda organizada por Gruber no tardó en dar frutos: al año siguiente acudieron al mitin celebrado en Nuremberg 2.500 nenes, ascendiendo el número de afiliados a 10.000.

Banda de trompetas de la Jungvolk en 1933. Al fondo asoma el
jefe de la misma, un joven veterano de las Hitler Jugend
Organizó la renacida liga hitleriana bajo el mismo patrón de las SA, nutridas por mandos jóvenes para alejar la imagen de jerarca germánico con mostacho al que todos estaban acostumbrados, y diseñó un uniforme chulo con dos finalidades: una, igualar a sus miembros, eliminando la posibilidad de establecer diferencias por clases sociales. Y dos, porque no existía en Alemania un chaval que no entrara en éxtasis a la vista de un uniforme con el aspecto más marcial posible. Dicho uniforme constaba de una camisa parda y pañoleta negra al cuello, pantalón de pana negro y un brazalete con la esvástica dentro de un rombo. Y, naturalmente, los proveyó de insignias y banderas con una gran carga simbólica, sobre todo la de la misma organización, una S rúnica blanca sobre fondo negro. La S, obviamente, era la inicial de Sieg, Victoria. Inicialmente, los miembros de la Hitler Hugend eran adolescentes varones de entre 14 y 18 años. Poco después se creó la Jungvolk (Juventud del Pueblo) para dar cabida a los críos de 10 a 14 años, y en diciembre de 1928 se crearon las dos formaciones juveniles para chicas: la Jungmädelbund (Liga de Muchachas Jóvenes) para las nenas de entre 10 y 14 años, y la famosa Bund deustcher Mädel, más conocida quizás por sus siglas BdM que acogía a las adolescentes entre 14 y 18. Pero, a pesar de los esfuerzos de Gruber, el ciudadano Adolf no acababa de ver clara la cosecha efectuada en aquellos años, y los enemigos del eficiente gestor no tardaron en hacerle crecer enanos por todas partes a pesar de haber sido capaz de relanzar la organización. Pero el hecho de que en 1929 los miembros ascendían ya a 13.000 efectivos, el partido lo consideraba un número insignificante. 

El ciudadano Adolf pasando revista a sus cachorros.
Tras él, el culminador de la obra de Lenk y Gruber,
Baldur von Schirach
El más empecinado murmurador contra los logros de Gruber era Baldur von Schirach, que logró convencer al Führer de que las Hitler Jugend estaban mal organizadas, peor dirigidas y que sabía de muchos casos de indisciplina e incluso homosexualidad. Schirach, fiel a la máxima de "difama que algo queda" y con pertinaz cabezonería, logró desbancar a Gruber en octubre 1931 y hacerse con el control absoluto de la juventud del partido. Pero, como veremos en una próxima entrada, la realidad es que el verdadero crecimiento de las Hitler Jugend no llegaron hasta que el NSDAP se hizo con el poder en 1933 porque ya no se trataba de atraer chavales, sino de una masa de chavales que se apuntaban porque, entre otras cosas, el partido favoreció la fagocitación de la miríada de ligas y asociaciones existentes que, sí o sí, no les quedó otra que sumarse a la adoración hitleriana. En cuanto a Gruber, lo relegaron a cargos irrelevantes sin apenas responsabilidad hasta que palmó en diciembre de 1943 de una hemorragia cerebral con solo 39 años, igual del berrinche con efecto retroactivo que se llevó al ver cómo su criatura acababa en manos de alguien como Schirach, al que consideraba un advenedizo sin escrúpulos. De hecho, a pesar de la popularidad que alcanzó en poco tiempo y de ser incluido en el círculo íntimo de Hitler, en los mentideros del partido se murmuraban todo tipo de chismes por su afición a la poseía, su sensiblero romanticismo, alejado del granítico germano que debía primar entre los gerifaltes nazis, así como por su cara regordeta y aniñada. Más aún, algunos no dudaban en asegurar que era homosexual y que su mujer, la hermosa y contestona Henriette, estaba liada con el mismísimo Führer, al que el tema mujeril parecía que no le tiraba mucho, pero no por cuestiones de desvíos sexuales, sino porque se consideraba en un estado superior al de los demás mortales, y su única esposa era Alemania.  

Anverso y reverso de la Blutorden
Bien, creo que hasta aquí podemos llegar de momento. Como han podido ver, la gestación de la criatura fue larga como un purgatorio, no exenta de mil y una trabas y, como suele pasar, los que más lucharon por ella acabaron relegados a la condición de sombras. De hecho, el mismo Lenk, que en justicia fue el verdadero fundador de la organización, tras su expulsión deshonrosa fue nuevamente readmitido en 1932, permitiéndosele militar en las SA en cargos irrelevantes en Berlín. En 1941 se le acusó de lucir la Blutorden, la Orden de la Sangre, una de las más preciadas condecoraciones del nazismo que solo podían ostentar los que tomaron parte en el Putsch de 1923. Lenk, en puridad, no había participado personalmente en el golpe y no estaba entre los que salieron a la calle a pegar tiros, pero sí es cierto que sufrió persecución y cárcel por su lealtad al partido pero, en todo caso, no se le había concedido, y como la usó por la cara, pues lo echaron del partido para siempre jamás. Del resto de su vida no se sabe nada salvo el año de su muerte. Así de cruel es la vida, y más cuando te metes en política.

Bueno, ahí queda eso.

Hale, he dicho

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Al cumplir los 18 años, los Hitlerjunge pasaban a engrosar las SA o las SS. Los adolescentes que se sumaron a la organización en sus primeros tiempos fueron los más fanatizados miembros de los Einsatzgruppen que sembraron el terror en las zonas ocupadas al inicio de la guerra, o los más despiadados guardianes de los campos de exterminio. Críos a los que se les había lavado la sesera de forma tan metódica que hasta sus mismos padres llegaban a tenerles miedo, porque un mocoso de 10 o 12 años no tenía el más mínimo reparo en denunciarlos si no saludaban con la debida energía, los oían murmurar sobre el ciudadano Adolf o, simplemente, no les hacía ni pizca de gracia ver cómo convertían a sus hijos en autómatas. Sea como fuere, lo cierto es que el nazismo se había apoderado de sus mentes

jueves, 7 de diciembre de 2017

Origen del saludo nazi


Aspecto del Krolloper en 1939 (recordemos que el Reichstag fue incendiado por Göring en 1933). Rodeados por la
poderosa simbología nazi, todos los presentes saludan y veneran al amado líder (dentro del óvalo blanco)

Uno de los principales ejemplos de culto a la personalidad durante las
dictaduras del siglo XX lo representó Stalin. Sin embargo, el padrecito Iosif
era un líder frío y distante que no se mezclaba con el pueblo, al que en
realidad inspiraba verdadero terror. Hitler, por el contrario, sí supo ganarse
el afecto popular porque era un verdadero manipulador cum laude
Desde tiempos de Caín, que ya ha llovido, las autocracias se han regido por una serie de cánones que, curiosamente, han permanecido prácticamente inalterables a lo largo de los siglos. El principal es, sin duda, el culto al líder. Al líder hay que adorarlo y, al mismo tiempo, temerle como a un cuñado hambriento. Es dueño y señor de las vidas de sus vasallos, y reparte su generosidad o su ira conforme a su arbitrio que, generalmente, no suele coincidir con el del resto del personal. Y, quizás lo más importante, hay que identificarlo con las esencias patrias de forma que el pueblo acabe convencido de que si el líder palma, lo que viene a continuación es el apocalipsis. Eso se consigue fomentando un nacionalismo exacerbado hasta límites rayanos en la histeria colectiva, logrando incluso que el pueblo abducido por su líder llegue a la auto-inmolación sin importarle un rábano ser destruidos porque, al cabo, la existencia sin él ya no tiene sentido. Para fomentar ese sentimiento hay que buscar un enemigo al que combatir, y si no existe pues se le inventa y santas pascuas. Al mismo tiempo hay que rebuscar en las añejas glorias y la mitología para darle al pueblo un sentido a su existencia, que no sería otro que resurgir de sus cenizas para recuperar un pasado glorioso que, si tampoco existe, pues también se inventa y no pasa nada. De hecho, estas cosas aún ocurren hoy día en Europa aunque parezca increíble a estas alturas. Por último, y como complemento a lo anterior, hay que crear una simbología que refuerce el sentimiento de unidad alrededor del líder en forma de emblemas, banderas, gritos de guerra y lemas que conviertan la sociedad en una colmena en la que todos a una protegen y, al mismo tiempo, reverencian a su abeja reina en forma de dictador/autócrata/padre de la patria.

El amado líder dejándose amar por su amado pueblo. Estos baños de masas
llevaban al personal al paroxismo, y puede que más de uno se hubiese dejado
cortar la mano para conservarla en alcohol tras hacer sido tocada por
la del Führer enviado por Dios para salvar a la Gran Alemania
Hitler fue sin duda un maestro consumado en el desarrollo de estas prácticas, y lo más curioso es que si a cualquier persona se le pregunta por los principios económicos o los proyectos sanitarios o urbanísticos del nacionalsocialismo, la mayoría se quedarán con la jeta bloqueada porque no tendrán ni puñetera idea de los mismos salvo que alguno, por no quedar como un ignorante, mencione la eutanasia de las personas improductivas como  deficientes mentales y físicos, y los faraónicos proyectos con que el talentoso Albert Speer embobaba al ciudadano Adolf. Pero lo cierto es que lo único que ha trascendido de verdad es la esencia de la autocracia en sí: el culto al líder, el ciudadano Adolf en este caso, y la búsqueda de la supremacía germana en la figura del hombre ario que debía derrotar al enemigo mortal, los judíos, que no tenían culpa de nada pero estaban allí en el momento menos adecuado. Esa es, dilectos lectores, la realidad aunque nos pueda chinchar reconocerlo. Prácticamente no sabemos una papa del nazismo salvo lo dicho, y ni siquiera hemos leído el "Mein Kampf" porque es infumable (yo no pude pasar en su día de las 4 o 5 primeras páginas), así que imaginemos lo que debieron pasar los probos ciudadanos tedescos cuando su lectura era prácticamente una obligación tácita.

El inefable Benito en pleno discurso vociferante apoyado
por uno de sus gestos amenazadores y poniendo jeta de
furia pretoriana. Al igual que el ciudadano Adolf, adoptó
la imagen de autócrata paternalista al que el país entero
debía sumisión por salvar a la Patria del caos
Así pues y dicho esto, dedicaremos esta entrada a conocer los orígenes de algunos de los ritos y símbolos del nazismo. Ya en su día publicamos una donde se recogían algunos de los más conocidos símbolos que, en realidad, no fueron inventados por ellos, sino tomados en préstamo o simplemente siguiendo una costumbre ya existente pero que, al cabo del tiempo, la gente ha acabado identificando como hitlerianas. Ya saben, "el casco nazi" al referirse al modelo 1935 derivado del empleado en la Gran Guerra, el uso de la calavera por parte de las SS o la misma cruz gamada y cosas así. En fin, el que la quiera consultar puede hacerlo pinchando aquíPor cierto, una curiosidad bastante curiosa que muchos ignoran. ¿Cómo denominaban los tedescos a la cruz gamada? ¿Lo saben? ¿No? Bueno, pues era Hakenkreuz, que podemos traducir como "cruz con ganchos". Es más que probable que no haya muchos cuñados que conozcan este detallito, así que aprovéchenlo para humillarlos un poco. Bien, vale de preámbulos y procedamos pues...



Hitler en su "celda" de Landsberg. Como se ve, su estancia en prisión no fue
especialmente penosa. Tras el líder en ciernes, tocando la mandolina, vemos
a su fiel Emil Maurice que, además, le ayudó a elaborar el "Mein Kampf"
Como tantas otras cosas, el saludo nazi no surgió a raíz de un deseo expreso o un reglamento. De hecho, en los albores del nazismo nadie saludaba de esa forma ni existía ningún tipo de salutación ritual salvo el "cómostáusté" o los "güenoh díah" de siempre. Es más, ni siquiera se sabe con exactitud como o cuándo surgió si bien la opinión más extendida es que fue como sus conmilitones recibieron al ciudadano Adolf cuando salió de la prisión de Landsberg en diciembre de 1924 tras cumplir menos de nueve meses de los siete años que le cayeron encima por su intento de golpe de estado. O sea, que podríamos decir que su periplo carcelario, aparte de servirle para escribir el peñazo de "Mein Kampf", fue como la gestación del líder que salió por el portón de la trena como si fuera el útero materno para convertirse en el mandamás supremo. Pero vayamos por partes, que una cosa era el saludo verbal y otra el gesto.

Como ya explicamos en una entrada anterior, el saludo en forma de brazo extendido con la mano abierta es, desde los tiempos más remotos, una indicación de que se llega en son de paz sin armas en la mano. Es un gesto tan universal que hasta los apaches, que nunca conocieron a Adolf, saludaban así a sus cuñados cuando llegaban a su tipi para darles un sablazo. Los nazis lo copiaron sin más de los fascistas italianos cuyo líder, el gran Benito, ya sabía camelarse al personal con su peculiar expresión corporal y sus discursos echando de menos las apolilladas glorias de Roma. Sin embargo, los nazis lo convirtieron en un saludo más marcial y agresivo, muy propio del carácter tedesco. Así, al gesto de levantar el brazo derecho añadieron colocar la mano izquierda sobre la hebilla del cinturón, una actitud muy propia de la milicia, acompañado de un sonoro taconazo por si a alguien le quedaba alguna duda acerca del belicoso ademán. Además, el brazo no se levantaba sin más, sino haciendo un gesto enérgico, estirando el brazo previamente doblado a la altura del hombro. Obviamente, no era un gesto amigable, sino una mezcla de agresividad contenida y acatamiento hacia el líder. Observemos sin embargo que cuando Hitler saludaba al pueblo o a sus huestes lo hacía levantando la mano con el codo doblado, en una actitud más paternal y condescendiente, mientras que solo cuando presidía alguna parada militar o eventos del partido era cuando saludaba conforme a los cánones establecidos. En las dos fotos de arriba podemos ver sendos ejemplos. En la de la izquierda, Hitler pasa revista a un nutrido contingente de miembros de las SA en una de sus movidas, mientras que en la derecha lo vemos en una tribuna acompañado de varios gerifaltes del ejército durante un desfile de la Wehrmacht, por lo que adopta una posición más rígida.

Pequeños tedescos saludando a la maestra al entrar en el cole
Este gesto, denominado desde entonces como Hitlergruß, el saludo a Hitler, no se hizo obligatorio en el partido hasta 1925, mientras que tras su llegada al poder en 1933 se extendió a todo tipo de manifestaciones y reuniones públicas, eventos civiles, deportivos, e incluso en las escuelas, fábricas, juzgados o entre la misma gente cuando se saludaban por la calle si alguno de ellos llevaba en la solapa el pin del partido o se cruzaban con un miembro de las SS o las SA de uniforme. Finalmente, tras el atentado del 20 julio de 1944 se hizo obligatorio también para el ejército, siendo suprimido el saludo militar de siempre. Hasta aquel momento, solo las unidades de las SS hacían uso del Hitlergruß. Con esto se lograba que la presencia del líder fuese constante, y convertía a cada ciudadano en un celoso vigilante de su prójimo para que nadie osase omitir el saludo, se manifestara de forma poco respetuosa o sin la decisión y la convicción propias de un buen y leal seguidor del Führer.

Nenas de la BDM saludando al líder en 1933. Estas criaturas, futuras
propaladoras de la simiente aria, sufrieron un lavado cerebral intenso
desde su más tierna infancia
Bien, ya tenemos el gesto. Ahora veamos el saludo propiamente dicho. En alemán, Heil tiene varias acepciones como intacto, entero o ileso, pero también es una forma de saludar que tendría su equivalente español en salve, heredado directamente del latín SALVE que significa salud, hola o, en resumen, cualquier forma de saludo tal como los que usamos actualmente. Si nos fijamos, los términos saludo o saludar no significa más que desear salud. Recordemos como la oración virginal "Salve" empieza precisamente así, SALVE REGINA, MATER MISERICORDIÆ... etc. o sea, "Salud reina, madre misericordiosa...". Podríamos identificar también el Heil con nuestro "¡Larga vida!" como forma de saludo respetuoso y buenos deseos hacia alguien notoriamente superior, como un rey. 


Deportistas alemanes durante las Olimpiadas de Berlín de 1936. Las chicas
de las medallas también levantan el brazo, faltaría más
Así pues, solo tuvieron que añadir el apellido de Adolf para completar el saludo: Heil Hitler!, que podemos traducir como "¡Salve, Hitler!". Este saludo tenía una variante para ser empleado por personas de su círculo más íntimo, que sería Heil, mein Führer!, que significaría "¡Salve, mi líder/caudillo/guía!". Por cierto que, al parecer, el único que podía tutear al ciudadano Adolf y llamarlo por su nombre de pila era Röhm, privilegio que, como sabemos, quedó cercenado de una forma un tanto repentina y desagradable. El resto, incluso sus más allegados como Hess, Göring, Goebbels o Bormann, de usted y mein Führer sí o sí. Ah, y un detalle más: lógicamente, el saludo no solo se realizaba de viva voz sino también por escrito. La correspondencia oficial y, con el tiempo, incluso la no tan oficial, incluía por norma el saludo de marras, la frase  "mit deutschen Grußen, Heil Hitler!", "con saludos alemanes, ¡Salve, Hitler!", o deseos de que el líder dure más que un martillo en manteca con frases como "Es lebe der Führer", "larga vida al Führer". Obviamente, en una época en que la censura postal era un hecho no era nada conveniente omitir cualquier dedicatoria de recuerdo al amado líder en vez del "suyo afectísimo" o, como hacíamos en España, poner aquellas interminables retahílas de abreviaturas para ahorrarnos un renglón entero de cortesías como "s.s.s.q.e.s.m." o con el típico "Dios guarde a Vd./VS./VE. (usted, usía, vuecencia) muchos años" que se usaba en el ejército hasta hace poco tiempo.

Pero al Hitlergruß había que añadir exclamaciones o frases que exaltasen los ánimos al personal, gritos de guerra con los que dejar claro al resto de los mortales que los tedescos con pedigree sabían muy bien cuáles eran sus objetivos. Y para indicar que la raza germana bajo el caudillaje del ciudadano Adolf se comería el mundo nada mejor que invocar a la victoria, o sea, Sieg. Al término de todos los discursos, los brindis y puede que incluso cuando uno lograba dar de vientre tras una semana estreñido se gritaba Sieg!, a lo que los asistentes respondían Heil!. En la foto superior vemos al ciudadano Hess que, tras un apasionado discurso del jefe, se desgañita gritando Sieg!, no sin antes añadir a modo de peloteo indisimulado de cosecha propia que "¡Hitler es el partido! ¡Hitler es Alemania como Alemania es Hitler! ¡Hitler, Sieg Heil!" a lo que los presentes responden Heil! una vez tras otra, berreando totalmente enloquecidos hasta que a alguno le reventase una arteria del pescuezo o le sangrase la tráquea. 

En cualquier caso, el mensaje era claro: Hitler era primo hermano de Dios, y dueño y señor de Alemania y los alemanes, y a partir de su llegada al poder hasta se juraba lealtad a Hitler en vez de a la Patria, incluyendo los juramentos militares. A la derecha vemos a cuatro guripas jurando lealtad al líder sobre la bandera del NSDAP, que se convirtió en la enseña nacional a partir de 1935, con la siguiente fórmula:

"Por Dios hago este sagrado juramento: que prestaré obediencia incondicional a Adolf Hitler, Führer del Reich y del pueblo alemán y comandante supremo de las Fuerzas Armadas, y que en todo momento estaré preparado, como un bravo soldado, a dar mi vida por este juramento". Como vemos, ni siquiera la mismísima Patria estaba ya por encima del ciudadano Adolf. En cuanto a los miembros del partido, la fórmula difería ya que incluía una "cláusula" destinada a proteger al "heredero", diciendo así: "Juro lealtad a mi líder Adolf Hitler. Le prometo a él y a los líderes que él me dará, servir siempre con respeto y obediencia". Afortunadamente, no dejó a nadie tras de sí. 

Bueno, así surgió el archifamoso saludo, de forma totalmente espontánea y como una mera muestra de adhesión a Hitler tras su estancia en la trena. A pesar de la difusión que alcanzó y que, aún hoy día, se mantiene en determinados grupos de ideología fascista o neo-nazi, nunca sabremos probablemente quién fue el primero que tuvo la ocurrencia de levantar el brazo gritando Heil, Hitler!. Si alguien lo averigua, que nos informe rápidamente. Un secreto así no debe ser jamás desvelado antes de que pueda ser usado para restregárselo por sus abominables jetas a los cuñados más perniciosos.

¡Heil, he dicho! Estooo... un momento, que me he liado...

Hale, he dicho. Ahora sí

Hitler en sus comienzos como futuro líder de la Gran Alemania. Como vemos, en esa imagen aún no hay masas fervorosas,
sino unos cuantos SA en primer término y algo de público al fondo. Nadie levanta el brazo ni grita el Hitlergruß hasta
quedarse afónico. En aquellos tiempos ni siquiera aparecía de uniforme, sino discretamente vestido de paisano

domingo, 3 de diciembre de 2017

STURMABTEILUNG


Miembros de las SA en los comienzos de esta organización paramilitar. Como se puede ver, varios de ellos ni siquiera
llevan el uniforme del cuerpo salvo la gorra, limitándose a usar las típicas vendas militares para sujetar el pantalón. Los
bastones no los llevaban porque fuesen cojos, naturalmente, sino para dar estopa a los comunistas y socialistas que
se les ponían por delante. Una hábil treta para llevar un arma sin que la policía pueda impedirlo porque un bastón no
era una porra o un vergajo y, además, en aquellos tiempos era un objeto de uso común entre los hombres de cualquier edad

Lo que son las cosas... Acabo de darme cuenta de que hemos dedicado varias entradas a dar cuenta tanto del origen como de la simbología de las SS mientras que, no sé por qué, aún no hemos hecho lo propio con las SA, las Secciones de Asalto que, hasta la Noche de los Cuchillos Largos y el apiolamiento de Röhm y demás gerifaltes de las temibles Sturmabteilung, fueron la fuerza de choque del NSDAP que, además, acapararon el poder que otorga el verse respaldado por un ejército privado de dos millones de hombres dispuestos a todo. 

Miembros de un Freikorps junto a una autoametralladora. Hay que
reconocer a si algo motiva a un tudesco es una puñetera calavera
Puede que más de uno se pregunte como pudieron proliferar en la Alemania de la posguerra tantas organizaciones de tipo paramilitar, primero tras de la creación de los Freikorps destinados a acabar con la revolución marxista surgida a raíz del Armisticio como, posteriormente, en algunos partidos políticos. La razón es bien sencilla: la sociedad alemana, que tras la unificación de 1871 había absorbido el espíritu militarista y jerarquizado de los prusianos, valoraba por encima de todo la impresión de disciplina y orden que representaba el ejército o cualquier otra organización gubernamental, desde la policía a los simples carteros. La milicia implicaba fuerza, elevados principios éticos y morales, patriotismo y, sobre todo, autoridad. Por lo tanto, cualquier probo ciudadano revestido con un uniforme era automáticamente respetado y considerado como un buen alemán. Pero, al mismo tiempo, su presencia implicaba una amenaza latente, una sensación de indefensión ante un grupo de hombres que no dudarían en hacer uso de la fuerza de forma expeditiva y brutal, lo que de entrada servía para reducir en mayor o menor grado las ganas de mostrar su disconformidad entre los que asistían a los desaforados discursos de herr Hitler, el ex-cabo del ejército imperial que seducía a las masas con su verborrea y su estudiada gesticulación para enervarlos hasta el paroxismo.

Hitler en un mitin hacia 1925. Dotado de una capacidad
oratoria inigualable y un notable talento en lo referente a
la expresión corporal, con su voz cascada hipnotizaba
literalmente a los asistentes a sus discursos 
Pero, como ya podemos imaginar, no solo los nazis contaban entre sus miembros sujetos bragados, ex-combatientes de la Gran Guerra a los que liarse a palos o a tiros con aquellos que pensaban diferente no suponía ningún problema. Hombres que durante varios años habían saboreado largo y tendido el espanto de la guerra de trincheras, que había visto morir a decenas o cientos de compañeros y que, a su vez, habían matado a sus enemigos mirándolos directamente a los ojos no se iban a acoquinar así como así. Por esa razón, los principales adversarios de los nazis, los comunistas y los socialistas, no tenían el más mínimo reparo en presentarse en los mítines del ciudadano Adolf a formar gresca para reventarle el discurso. Unos discursos que, por cierto, contenían una virulencia verbal bastante elevada, lo que no contribuía precisamente a aplacar los exaltados ánimos del personal, sino todo lo contrario. Su enconado odio contra los "traidores de noviembre" que firmaron el Armisticio, su desmedida demagogia y su capacidad para saber decir lo que la gente quería oír lo convertían en un adversario político temible a pesar de que su pequeño partido estaba aún en pañales y era prácticamente irrelevante en la escena política de la inmediata posguerra.

Salón principal de la Hofbräuhaus. En estas enormes cervecerías era donde
los líderes de los partidos bávaros organizaban sus mítines igual que hoy día
se usa un teatro o un salón de actos municipal. Los propietarios de estos
negocios ganaban un pastizal regando con birra de la buena los ávidos
gaznates de los asistentes, pero igual veía como el local acababa destrozado
a causa de alguna reyerta entre miembros de partidos políticos enfrentados
No hay una fecha fundacional concreta para las SA porque, en realidad, surgieron de forma espontánea precisamente para contrarrestar a los grupos de adversarios políticos que acudían a los mítines del ex-cabo Adolf para liarla parda. Un poco hartos de estas incursiones, optaron por reunir a un pequeño grupo de diez hombres con vistas a mantener el orden en un mitín que tendría lugar el 24 de febrero de 1920 en una de las enormes cervecerías muniquesas donde estos ciudadanos intentaban atraer adeptos a su causa. En este caso era la Hofbräuhaus, un local con aforo para 2.000 personas. Como era de esperar, en cuanto Hitler tomó la palabra los comunistas y socialistas presentes en la enorme sala empezaron a abuchearlo y a armar jaleo, por lo que el reducido pero combativo grupo, ayudado por varios asistentes que debían simpatizar con las ideas del NSDAP, se liaron a palos con los revoltosos, expulsándolos en menos que canta un gallo. Esta breve pero impetuosa bronca hizo que muchos de los presentes, que como buenos tudescos apreciaban las acciones expeditivas, se empezaran a tomar cada vez más interés por las ideas nacionalistas y pangermanistas del ciudadano Adolf. Al cabo, a muchísima gente le suele atraer la violencia, y sumarse a los que la practican ha sido y es el motivo por el que, a estas alturas, aún sigan existiendo grupos radicalizados especialmente agresivos con todo aquel que no comulgue con su ideario o sus valores.

Johann Klintzsch (1898-1959)
A partir de aquel día, cada vez que Hitler tenía que dar una de sus farragosas charlas pedían varios voluntarios para mantener el orden hasta que llegó un momento es que estaba claro que lo suyo era crear una serie de unidades de seguridad con su correspondiente escala de mandos y un mínimo de organización. Estos grupos se nutrían de ex-combatientes y antiguos miembros de los Freikorps que, como comentábamos más arriba, poseían las suficientes dosis de testiculina como para convertirse en verdaderos energúmenos si llegaba el caso. La organización recayó en Johann Ulrich Klintzsch, un ex-teniente de la Armada Imperial que había formado parte del Freikorps Ehrhardt. De hecho, inicialmente le ofrecieron el puesto al creador del mismo, el ex-capitán de corbeta Hermann Ehrhardt, pero declinó la oferta por considerar al partido nazi, en aquellos tiempos aún insignificante, como poca cosa para un personaje célebre como él, así que recomendó a Klintzsch, que aceptó sin problemas.

Desfile de las SA en Nuremberg en septiembre de 1923. En esa época
aún usaban el uniforme gris del ejército imperial
Para ingresar en estos grupos se requería lo habitual en estos casos: lealtad por encima de toda duda, ser ideológicamente incuestionable y, por supuesto, estar dotado físicamente para defender a los líderes del partido cuando fuese preciso. Inicialmente fueron bautizados con el nombre de Ordnertruppen (Tropas de Orden), si bien de cara a la galería se recurría a otra denominación menos agresiva con el fin de no ser ilegalizados por la policía o la Comisión de Control de los Aliados que aún vigilaba que los belicosos tudescos no se organizaran de cara a tomarse venganza por la derrota. Dicha denominación, Turnvereine (Asociación de Gimnasia), no era lógicamente más que un eufemismo para ocultar su verdadera finalidad, que iba más allá de la protección de los miembros del partido. Según una proclamación del NSDAP del 3 de agosto de 1921, la Turnvereine "... era un medio para reunir a nuestros miembros jóvenes en una organización poderosa con el propósito de utilizar la violencia como una fuerza ofensiva a disposición del movimiento". 

SA con el uniforme
primitivo
La primera unidad creada para proteger al futuro führer estaba compuesta por un reducido grupo de hombres de toda confianza al mando de Emil Maurice, y que contaba entre otros con Ulrich Graf, Hermann Esser, Christian Weber, Josef Bertoldch, que sería luego el primer Reichsführer de las SS, Julius Schaub y un ex-teniente de aviación llamado Rudolf Hess, miembro además, como otros nazis en ciernes, de la Thule-Gesellschaft (Sociedad Thule), un grupo dedicado al estudio de los orígenes de la raza aria, así como diversas disciplinas relacionadas con el más exacerbado racismo. Así pues, estas Ordnertruppen comenzaron su andadura con un nombre y una indumentaria que no tenían nada que ver con los que todos solemos identificar a las SA. Inicialmente usaban prendas de origen militar que procedían de los excedentes del Ejército Imperial, por lo que vestían una guerrera gris y calzones de montar del mismo color. La prenda de cabeza era la típica gorra de esquí usada en Baviera, básicamente la misma que empleaban las unidades de montaña, y como calzado botas altas o bien de media caña con las vendas reglamentarias, todo ello en función del poder adquisitivo de cada cual ya que, al principio, cada uno se pagaba su uniforme, lo que explica la disparidad o incluso la inexistencia de los mismos en las fotos de los primeros tiempos de las SA. Como distintivo usaban un brazalete rojo con una cruz gamada dentro de un círculo blanco diseñado personalmente por el ciudadano Adolf. Sí, no se me extrañen. Estos aguerridos sujetos fueron los primeros en emplear el archiconocido brazalete que luego fue prenda común en todas las organizaciones del partido.

Emil Maurice (1897-1972)
El nombre de Sturmabteilung no surgió hasta 1921, concretamente el 5 de octubre de aquel año cuando, tras una monumental bronca en la Hofbräuhaus en la que 80 miembros de las Ordnertruppen les dieron para el pelo a unos 800 comunistas, el mismo ciudadano Adolf, que para esas cosas era un verdadero lince, los comparó con las famosas y temibles Sturmtruppen de la Gran Guerra. Así, de forma un tanto informal, nació el nombre cuyas siglas se convertirían en sinónimo de violencia llevada al límite. Pero, como digo, Hitler era en estas cuestiones un profundo conocedor de la mentalidad de sus paisanos, y eso de pertenecer a una formación cuyo nombre tenía unas connotaciones tan relacionadas con las más selectas tropas del antiguo Ejército Imperial hizo que a muchos ex-combatientes y ex-miembros de los Freikorps les resultase atrayente unirse a la misma. Al cabo, muchos de los miembros de las SA eran en realidad inadaptados, hombres que tras varios años en el frente no habían sido capaces de retornar a la vida civil y retomar sus oficios y su vida tal como eran antes de la guerra, se morían de asco en las colas de las beneficencias para trincar un plato de sopa de nabos y, en definitiva, se veían con menos futuro que un gran reserva en manos de un cuñado sediento. Este tipo de problemas psicológicos lo seguimos viendo hoy día bajo la enjundiosa denominación de schok por estrés postraumático, pero en aquellos tiempos se consideraba simplemente como que uno volvía del frente totalmente grillado.

Kurt Lüdecke (1890-1960)
Pero cuando empezó la verdadera catarata de afiliaciones fue en 1922, cuando Kurt Lüdecke, un adinerado y muy bien relacionado berlinés afiliado al partido en agosto de aquel mismo año, se ofreció para costear la equipación e incluso la distribución de comidas gratuitas y alojamiento a los miembros de las SA. En un país que en aquel momento tenía una tasa de paro y una hiperinflación bestiales (en 1923 un simple sello de correos podía costar hasta diez mil millones de marcos), la perspectiva de sumarse a una unidad en la que te daban un uniforme chulo y te llenaban el buche se hizo irresistible para muchos, por lo que en poco tiempo pasaron de unos 100 efectivos a unos 6.000 a comienzos del 1923. Pero Lüdecke no se limitó a soltar pasta para poner guapos a los SA, sino que empezó a llevar a cabo una verdadera organización en la unidad. De entrada, y para darles un aspecto aún más marcial, formó una pequeña banda formada por cuatro tambores y cuatro pífanos que encabezaban los desplazamientos callejeros de las SA como si de una fuerza militar se tratase. Por otro lado, alquiló el salón del primer piso de un café de Múnich en el que todos los miércoles por la noche se daban conferencias sobre la ideología del partido para aleccionar bien al personal. 

Miembros de las SA haciendo instrucción en orden cerrado con armas
facilitadas por el ejército
A eso, añadir que los sábados y los domingos por las mañanas se llevaba a cabo en las afueras de Múnich instrucción militar que incluía, no ya marchar en orden cerrado a paso de oca, sino tácticas de combate y demás entrenamiento propio del ejército. Las buenas relaciones de Lüdecke permitieron que, cuando el tiempo no acompañaba, se les permitiera usar el gimnasio cubierto del 2º Regimiento de Baviera, cuya oficialidad era en gran parte de una ideología de extrema derecha y estaba deseosa de vengar la derrota. De hecho, el ejército proporcionó bajo cuerda grandes cantidades de dinero al NSDAP para promocionar las SA ya que las veían como una fuerza cada vez más pujante que podía actuar sin levantar sospechas de cara a las restrictivas condiciones del Tratado de Versalles. Los fondos para ello procedían de las reservas secretas destinadas a financiar los Freikorps y actividades de inteligencia, pero que fueron desviadas al partido nazi por la influencia de un capitán del antiguo Ejército Imperial que en aquel momento era jefe de personal de la Comandancia de Múnich llamado Ernst Röhm. 

Göring durante la Gran Guerra. Luego engordó unos
cuantos gramos, estooo... perdón, quiero decir arrobas.
A una unidad paramilitar que de la noche a la mañana se había convertido en todo un referente solo le faltaban los símbolos y el ritual adecuados para formar un espíritu de cuerpo que les diera la cohesión necesaria. Sin embargo, a pesar de los avances alcanzados en tan poco tiempo, aún había un par de cosas que fallaban y que Klintzsch no había sido capaz de solventar. Una era el poco interés, cuando no el manifiesto desprecio, que las altas jerarquías del ejército mostraban tanto por el partido como por las SA. Y la otra, el mismo efecto, pero en las élites de la sociedad alemana, a las que incluso el mismo Lüdecke, a pesar de sus influencias y buenas relaciones, no había podido captar para la causa salvo a Siegfried Wagner, hijo del famoso compositor, y alguno que otro más. Hacía falta alguien con el suficiente carisma y con un currículum que despejase el desinterés y la desconfianza de unos sectores del ejército y la sociedad a los que la inclusión del término "socialista" en la denominación del partido producía severas urticarias. Ese hombre sería Hermann Göring, al que podemos ver en la foto de la derecha hacia finales de la Gran Guerra con sus más destacadas condecoraciones. En el cuello luce la codiciada Orden Pour le Mérite, que provocaba sueños húmedos entre los más  aguerridos tedescos. En el segundo ojal de la guerrera vemos la cinta de la Cruz de Hierro de 2ª clase. En el pecho, la de 1ª clase y junto a ella, en un tono oscuro, la Insignia de Herido obtenida como consecuencia de una grave herida recibida cuando servía en la Jagdstaffel 5 en 1916 y que le tuvo casi un año fastidiado. La de abajo, en tono brillante, es la Insignia Conmemorativa de Piloto bávara. En fin, un surtido de quincallería militar que apabullaría a cualquier prusiano.

Göring con su primera mujer, Carin. La pobre palmó de un infarto en 1931
cuando apenas contaba con 42 años. Era cinco años mayor que su marido
Así pues, Göring, que se había afiliado al partido en sus comienzos, tenía todo lo necesario para darle fuste a las SA. Piloto de caza con el grado de teniente, fue el último comandante de la Jagdgeschwader 1, el famoso Circo Volante de Von Richthofen, alcanzando 22 victorias confirmadas al término de la contienda. Por sus actos de valor obtuvo numerosas condecoraciones, así que con todo ese bagaje diluiría los recelos de cualquier gerifalte del ejército. Y tras la guerra, debido a que el tema laboral estaba fatal, se dedicó a ejercer de piloto privado en Dinamarca y Suecia, donde conoció y se casó con la baronesa Carin Fock, una sueca de origen alemán que, por su condición de aristócrata, gozaba de un estatus que le facilitaría introducirse en los selectos y cerrados círculos de la alta sociedad tedesca. Y a todo eso, sumar el innato carisma del ciudadano Hermann que, a pesar de su carácter indolente, arrogante y vanidoso a más no poder, cuando quería era un tipo encantador, capaz de seducir a cualquiera con su pico de oro y su simpática fanfarronería. Así pues, a principios de 1923 fue designado por Hitler para que se hiciera cargo de las SA en lugar de Klintzsch que, al cabo, era un don nadie sin medallas chulas, que no había pasado de teniente mondo y lirondo y que no se había casado con hermosas y lánguidas baronesas.

Miembros de las SA hacia 1923
Göring era además un organizador nato. Nada más hacerse con el cargo diseñó un programa para darle a las SA la respetabilidad que le faltaba, ya que hasta entonces estaban considerados por la gente como una banda de matones nutrida por los desechos de la sociedad. Para ello, en primer lugar hizo las reformas oportunas para reciclarlas en lo que más respetaba y admiraba un alemán: una organización paramilitar en toda regla, bien uniformada, entrenada, y con una jerarquía de tipo militar. Esta serie de reformas las llevó a cabo con la ayuda de tres ex-militares de su confianza, los comandantes Hühnlein y Streck y el teniente Hoffmann, con los que creó la Oberste Sturmabteilung Fürung, el Comando Supremo de las SA, que estableció su sede en el 39 de la Schellingstraße en Múnich. Las unidades existentes de SA se unificaron en un regimiento bajo el mando de Wilhelm Brückner, formado por 13 compañías más un destacamento técnico y una unidad ciclista. Las unidades de la Alta Baviera se pusieron bajo el mando de Gregor Strasser, y las de Frankonia a las órdenes del comandante Buch. A raíz de las reformas de Göring, el ejército empezó a mirar de otra forma a las SA, y no ya por el hecho de que su jefe había sido un as de la aviación alemana condecorado con las más altas distinciones, sino porque veían que, bajo su nueva estructura, podían convertirse en una extensión del exiguo ejército de cien mil hombres dictado por el Tratado de Versalles. De ese modo, una organización que cada vez contaba con más efectivos podían ser empleados para, llegado el caso, sumarse al ejército de la República de Weimar que todos deseaban derribar y acometer el renacimiento de la Gran Alemania. De hecho, el ejército contemplaba a las SA como una fuerza de reserva en los planes de movilización secretos diseñados para llevar a cabo la liberación del país de la tutela aliada, ya que su preparación era similar a la de cualquier otra unidad militar debido a que recibían la instrucción del Batallón de Ingenieros nº 7 y del Regimiento de Infantería nº 9 del ejército bávaro. 

Miembros de la Stabswache. Obsérvense sus quepis negros con la calavera.
Estos hombres fueron el embrión de las todopoderosas SS. En el centro
aparece Julius Schreck, chófer y guardaespaldas personal de Hitler
Sin embargo, la naturaleza violenta y pendenciera de muchos de sus miembros hizo bastante compleja la asimilación de las SA al concepto de organización paramilitar deseado por Hitler y, lo que era peor, estos componentes poco dados a la disciplina habían heredado la tendencia habitual de los miembros de los Freikorps de jurar lealtad a sus comandantes directos, y en el caso de las SA el jefe directo no era el ciudadano Adolf, sino Göring el cual por cierto, una vez completada su misión principal, se aburría y deseaba quitarse de encima el cargo. De ahí que, tal como comentamos en su momento, en marzo de 1923 Hitler ordenase la formación de la Stabswache destinada a proteger exclusivamente a su persona, un selecto grupúsculo formado por los hombres de su más absoluta confianza que fueron el germen de las SS. En resumen, que el inefable Adolf ya no confiaba al cien por cien en las SA porque empezaba a sospechar que su lealtad podía ser cuestionable en caso de tener que elegir entre sus mandos y el jefe del partido.

Desfile de las SA durante el Día del Partido en enero de 1923. Como
vemos, a pesar de los esfuerzos llevados a cabo la uniformidad aún
dejaba mucho que desear
Así las cosas, en aquel año de 1923 las SA formaban una poderosa unidad que en el mes de enero hicieron su primera demostración de fuerza durante la celebración del Día del Partido, desfilando ante Hitler con la misma marcialidad que una unidad militar. Esto dejaba claro el buen nivel alcanzado por lo que, hasta no hacía mucho tiempo, no era más que una banda de guardaespaldas y que, en realidad, debía mucho, por no decir casi todo, a las gestiones llevadas a cabo en la sombra por el capitán Röhm que, aunque oficialmente no ostentaba ningún cargo en las SA en aquel momento, era el que valiéndose de sus relaciones había logrado incluso obtener armas bajo cuerda para entrenar a los hombres. Porque la cuestión es que, en realidad, Röhm albergaba la esperanza secreta de convertir las SA en el auténtico ejército, un ejército bajo su mando en el que los oficiales del Reichswehr no tendrían cabida porque no se habían privado nunca de mostrarle de forma más o menos abierta su desprecio por su condición de homosexual que, por otro lado, él mismo tampoco se había tomado muchas molestias en ocultar, siendo vox populi que era especialmente aficionado a los jovencitos. En cualquier caso, la cuestión es que en septiembre de 1923 Röhm dimitió de su cargo en el ejército para volcarse por entero en el NSDAP, con el que desde 1919 había estado actuando secretamente como enlace entre el partido y los militares y al que, como hemos dicho, había favorecido tanto a nivel económico como suministrando material, armas, entrenamiento y relaciones. La realidad era que, aunque las reformas que convirtieron a las SA en una unidad de primera clase fueron obra de Göring, el verdadero artífice de todo ello había sido Röhm, que a partir de aquel momento ostentaba el mando oficioso de la unidad.

Röhm en 1918
Su influencia fue mucho mayor de lo que la mayoría de la gente suele conocer ya que casi todo el mundo lo identifica por su gestión desde que se hizo cargo de las SA en 1931 hasta su asesinato en 1934. Sin embargo, aparte de su labor de enlace hasta su dimisión del ejército, a partir de 1923 impulsó a la unidad de forma imparable. En septiembre de aquel mismo año y con vistas al golpe previsto en noviembre, junto con Göring creó una alianza llamada Kampfbund (Liga de Combate) que sumaron un total de 70.000 efectivos procedentes de las SA y diversos grupos de extrema derecha como el Bund Oberland, la Kampfverband Niederbayern, la Vaterländische Vereine München y la Reichs-Kriegsflagge. Sin tenemos en cuenta que el Reichswehr estaba en aquel momento limitado a 100.000 efectivos, ya podemos suponer el peso que tendría la recién creada formación. Con el apoyo del prestigioso general Ludendorff, la Kampfbund se marcó dos objetivos irrenunciables: derrocar a la República de Weimar, a la que consideraban poco menos que coadyuvadores de los Aliados, y hacerse pipí y popó en el abominable Tratado de Versalles, al cual debían la mayor humillación sufrida por Alemania y el verse en la más absoluta ruina a causa de sus draconianas condiciones.

Miembros del NSDAP durante el fallido Putsch de Múnich tras una
barricada. En el cuarto lugar por la izquierda, sujetando una bandera,
vemos a un joven Heinrich Himmler
Y llegados al mes de noviembre de 1923, el celebérrimo Putsch que debía acabar con la odiada república y marcar el renacimiento de Alemania fracasó estrepitosamente. Hitler fue arrestado y enviado a la prisión de Landsberg con un tirón de orejas y una condena de 7 años; Göring, herido en una pierna, pudo poner tierra de por medio y largarse a Suecia con su baronesa, y Röhm, aunque juzgado y condenado igual que Hitler, al final solo le echaron una bronca monumental y lo tuvieron preso cinco meses en la cárcel de Stadelheim para cubrir el expediente, tras lo cual lo dejaron en paz porque si tiraba de la manta y sacaba a relucir todos los trapicheos de los militares con los nazis se liaba la de Dios es Cristo porque, entre otras cosas, aparte del apoyo que venían prestando al NSDAP desde hacía años, el inefable Röhm había proporcionado a los nazis armas y municiones en cantidades masivas para llevar a cabo el golpe de estado. Este material procedía de los depósitos secretos que se mantenían fuera del control de los Aliados por lo que lo más prudente era mirar para otro lado mientras que el furibundo y desmedido ex-capitán rumiaba la forma de impedir la disolución de la que consideraba como su creación personal, la cual había sido declarada ilegal por el gobierno y, por lo tanto, debía ser desmantelada, al igual que el NSDAP, que tuvo que rebautizarse de momento bajo el nombre de Partido de la Libertad Nacional Socialista.

Foto tomada durante un mitin en Nuremberg en 1928. Ante
Hitler vemos a un sonriente y orondo Göring hasta las cejas de
morfina, cargado de medallas y vistiendo el uniforme de las SA
aunque ya no estaba al frente de las mismas
El 1 de abril de 1924, Röhm fue liberado con el encargo personal de Hitler de mantener vivas a toda costa a las SA que, al cabo, era donde radicaba la verdadera fuerza del partido. Röhm, que era un verdadero experto en el arte del engaño y el disimulo, no tuvo problema en camuflarlas bajo el ambiguo nombre de Frontbann, una asociación en apariencia inofensiva destinada a las prácticas deportivas, a la formación de coros y actividades musicales, sociedades de caza, de tiro deportivo, etc. que, en realidad, seguían manteniendo bajo cuerda las mismas actividades y la misma organización de siempre. Lógicamente, toda la simbología del cuerpo fue momentáneamente suprimida, eliminándose los parches de cuello, las insignias y distintivos y la cruz gamada del brazalete fue sustituida por un casco de color negro o bien un brazalete totalmente blanco para despistar. Paradójicamente, la derrota del NSDAP en el golpe, su ilegalización y el ingreso en prisión o el exilio de sus dirigentes solo sirvió para aumentar la fama tanto del partido como de las SA. De ese modo, una formación política que hasta aquel momento estaba circunscrita a Baviera traspasó las fronteras del antiguo reino para ganar adeptos en toda Alemania. En noviembre de 1924, Hitler y sus conmilitones fueron liberados, y en febrero del año siguiente el NSDAP pudo ser nuevamente legalizado y, con ello, el retorno de las SA con su verdadero nombre, siendo disuelto el Frontbann que había servido de fachada durante aquellos meses.

Dos SA haciendo guardia ante la entrada de uno de los
primeros campos de concentración. Sus huéspedes
eran principalmente enemigos políticos del régimen:
comunistas, socialistas y disidentes en general. Obviamente,
los comités de bienvenida de las SA eran tan poco afectuosos
como los de sus colegas de las SS
Bien, estos fueron los comienzos y los primeros años de existencia de las tristemente célebres Sturmabteilung. Como hemos visto, su peor faceta no ha salido a relucir porque esta no se mostró hasta el ascenso al poder de Hitler, cuando pasaron a ser una auténtica fuerza represiva dirigida por el estado, pero de eso ya hablaremos otro día. En una próxima entrada estudiaremos con más detalle de la indumentaria, insignias y esas cosas que siempre vienen bien para callarle la boca al cuñado que se ha comprado la "Enciclopedia del III Reich" en 285 fascículos y que, por razones obvias, ha tenido tiempo de sobra para empollarse el tema durante los cuatro años y siete meses largos que ha tardado en juntar la colección.

Hale, he dicho