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miércoles, 4 de marzo de 2020

ESPARTANOS. La agogé, o como pasar una infancia asquerosa


Un día normal en la agogé, donde las palizas, los castigos y la disciplina más férrea que se pueda concebir era aplicada
sin reparo a los críos a partir de los siete años

Bueno, prosigamos con las andanzas de estos belicosos ciudadanos. 

Si alguien piensa que ser espartano era muy guay, que te ponías cachas en dos días sin consumir esteroides a mansalva y que el hembrerío local te miraría con ojos ávidos de lujuria, se equivoca. Nacer en Esparta era algo así como un castigo destinado a los que en su anterior reencarnación habían sido unos malvados CVM LAVDE, porque desde que venían al mundo no paraban de hacerle la pascua. Licurgo, el contumaz legislador que hasta se preocupaba del corte de pelo del personal, consideraba que un espartiata nacía con dos finalidades principales: una, servir al estado para hacer de Esparta una nación temida y respetada; y dos, engendrar espartianitos para mantener un nivel demográfico adecuado pero, al mismo tiempo, que fueran sanos y fuertes para dar mucha guerra a los enemigos del estado. Algo así se le ocurrió al ciudadano Adolf unos 28 siglos más tarde, y ya sabemos cuál fue el resultado, pero nadie escarmienta por cabeza ajena.

Reconstrucción virtual del leskhe de los Knidias, cerca del tempo de
Apolo en Delfos. Todas las ciudades griegas tenían varios leschai (λέσχαι)
Cuando un crío nacía, ya fuese varón o hembra, era presentado en el leskhe (λἐσχη), unos recintos destinados como lugar de reunión. Cada tribu o gremio solía tener el suyo, y es donde se juntaban para charlar de sus cosas o discutir cualquier asunto de interés. Así pues, los padres de la criatura se presentaban en el leskhe y lo mostraban ante una especie de jurado formado por miembros de la gerousía (γερουσία, el consejo de ancianos) que lo examinaban cuidadosamente para comprobar que era un bebé sano y fuertote y que, por supuesto, carecía de cualquier tipo de defecto físico, deformidad o, simplemente, era birriosillo y enclenque. 

Espartianito pasando la ITV neonatal. Si no le daban el visto bueno,
mejor no haber nacido
Pero además, los padres debían demostrar que, en efecto, eran los progenitores del nene porque solo un auténtico espartiata podría ser considerado como ciudadano de pleno derecho. O sea, que si, por ejemplo, existían sospechas de que el niño podía ser fruto de una relación extra-marital de cualquiera de los dos cónyuges con alguien que no fuera un espartiata- un perioikoi, un ilota o un griego cualquiera-, pero que el otro había aceptado el trágala para evitar el escándalo, entonces era igualmente aceptado si pasaba la inspección, pero como móthax (μόθαξ, hermanastro), por lo que sería aceptado y educado junto a los niños legítimos, pero sería siempre un espartano de segunda clase y no un espartiata. 

Cueva de las Kaiadas, en el Apothetae. En este paraje era donde eran
abandonados los críos defectuosos y donde solían despeñar a los criminales
En caso de que los ancianos no diesen por bueno al crío sería llevado al Apothetae (άποθέται, depósito o lugar de custodia), un profundo barranco al pie del monte Taigetos y allí era abandonado sin más historias. De hecho, si el niño había nacido con algún defecto más que evidente los progenitores ni se molestaban en presentarlo en la leskhe y lo llevaban por su cuenta al Apothetae. Emociona el instinto paternal de esta gente, ¿que no? Si por el contrario pasaba el examen, era devuelto a sus padres para que lo criaran hasta que llegase a la edad preceptiva para iniciar la agogé (άγωγή, palabro que en griego antiguo tenía muchas acepciones como secuestro, incautación, capacitación o introducción entre otras). La crianza tanto de niños como niñas era un mero anticipo de lo que les esperaba, porque no se dedicaban a hacerle las zalemas y darle los mimitos que en cualquier parte se dedican a los bebés. Según Plutarco, "... las mujeres no bañaban a los recién nacidos con agua, como es costumbre en todos los demás países, sino con vino, para comprobar el temperamento y la complexión de sus cuerpos conforme a la idea de que los niños epilépticos y débiles se desmayan y se consumen cuando son bañados [con vino] mientras que, por el contrario, los de condición fuerte y vigorosa adquieren firmeza y se templan como el acero. Había mucho cuidado y destreza también por parte de las ayas; no usaban pañales, y los niños crecían libres y sin restricciones en las extremidades y la fisonomía, y no eran delicados y fantasiosos acerca de su comida. No tienen miedo a la oscuridad o de quedarse solos, y crecen sin mal carácter, ni mal humor, ni llanto." De anuncio de colonia para bebés, vaya...

Dos paidós en un acalorado debate
A medida que iban creciendo se empezaban a fortalecer, caminando siempre descalzos y casi siempre en cueros vivos. En cuanto tenían la suficiente capacidad se les iniciaba en los rudimentos de la lectura y la escritura y se les inculcaba que un buen espartiata debía soportar lo insoportable, y si no era capaz sería merecedor del desprecio de toda la galaxia. Colijo que, a pesar de lo brutal de este sistema, los hombres que resultaban del mismo eran auténticos leones y no como los críos de ahora, que porque les roban el lápiz los padres montan un pollo de aquí te espero, denunciando al ladrón, al profesor, al director del centro y, si hace falta, llevan el caso al Tribunal de la Haya para que al acosador lo estigmaticen de por vida y obtener una orden de alejamiento de 5.000 km. durante 150 años. Un nene espartano no podía llegar a casa llorando porque Fulanito le había pegado, sino lleno de moretones y sin inmutarse, y asegurando que Fulanito había quedado en un estado similar o peor si no quería que su amado padre le diera una soba de campeonato por cobarde y blandengue.

Los adolescentes de ambos sexos se machacaban a diario para fortalecer
sus cuerpos. Los gordos no tenían cabida en Esparta
En cualquier caso, la primera infancia de los nenes no era nada comparado con lo que venía a continuación. Cuando el paîs (παῖς, niño) cumplía siete años los padres lo entregaban al estado, que de ahí en adelante se haría cargo de su formación. Empezaba la agogé, que no tenía nada que envidiar a ser enviado a un pelotón de castigo de la Legión. Pero no por un mes o dos, sino hasta los 20 años. Las niñas permanecían en casa pero de no dar ni golpe, nada de nada. Eran igualmente obligadas a practicar deportes, gimnasia, danza y, en fin, cualquier actividad que las fortaleciera para cumplir en el futuro su misión principal en la vida: engendrar y parir espartanos. Además, sus madres las instigaban a burlarse y darle caña a los mozuelos que no hacían bien los deberes para que la humillación los obligara a superarse con tal de no ser el blanco de las puyas femeninas. Conviene tener en cuenta que, contrariamente a lo habitual en Grecia, las mujeres tenían mucha más libertad de acción y no eran meras amas de casa, sino que incluso eran educadas en las artes de la guerra y, de hecho, preferían mil veces que un hijo o un marido palmase en combate antes de que volviera de la guerra con la mancha de la cobardía.

Un día cualquiera de la agogé. En el centro vemos al paidonomos
controlando las evoluciones de sus pupilos
Pero volvamos al comienzo del agogé, donde los paidós (παιδὀς, niños) eran puestos en manos del paidonomos (παιδονόμος, pastor de niños), un espartiata que, según había legislado Licurgo, debía ser seleccionado entre los miembros de más elevado rango del estado. En este sentido, los espartanos hacían justo lo contrario que el resto de los griegos, que confiaban la educación de sus hijos a un paidagogos (παιδάγωγός, guía o tutor de niños), un empleo servil confiado generalmente a esclavos. Por el contrario, el paidonomos era un personaje con toda la autoridad del mundo para imponer las normas a los paidós, y ejercer sobre ellos la más férrea y despiadada disciplina. Como obviamente él solo no podía controlar la caterva de mozalbetes de la agogé, delegaba su autoridad en los eirenes. El eiren (εἱρήν) era un joven adulto de 20 años que tenía a su cargo uno de los agelai (άγέλαι, literalmente, rebaño, manada) en que el paidonomos distribuía a los chavales en función de su edad. Aunque el eiren tenía potestad para castigar severamente, era controlado por los miembros de la gerousía para comprobar que actuaba con rectitud, sin excederse ni quedarse corto ya que se le confiaba el puesto para aprender a "gobernar y ser gobernado". En todo caso, si consideraban que había fallado en el desempeño de sus funciones era debidamente abroncado, pero jamás en presencia de sus pupilos.

Pugilato, gimnasia, ejercicios de fuerza... todo un compendio que, al cabo
de 13 años lograba convertir críos en tipos cachas y correosos
Cada agelai tenía además un líder elegido entre sus miembros, que obviamente era el más fuerte, decidido, peleón, valeroso y con más espíritu de liderazgo del grupo. Las jornadas debían ser simplemente agotadoras porque el entrenamiento era brutal: gimnasia, pugilato, manejo de armas, carreras y la práctica del pyrrhiche, una especie de danza guerrera que, como si de un aerobic bélico se tratase, habituaba a los chavales a ganar flexibilidad y a esquivar los golpes enemigos, y todo ello con una raciones de comida que no saciarían ni a un gorrión canijo. Según Jenofonte, esta costumbre tenía por objeto habituarlos a soportar todo tipo de trabajos con el estómago vacío pero también, y aún más importante, a buscar comida aunque fuera robándola, alentándolos con ello a ser astutos y sibilinos ya que un ladrón debía pasar las noches sin dormir vigilando su presa, aprender a engañar y mentir, a tender emboscadas e incluso disponer de espías eficaces que le tuvieran al corriente de los movimientos de la víctima. Obviamente, este adiestramiento sería de suma eficacia a un futuro militar, por lo que robar comida no era considerado como una falta, sino dejarse atrapar ya que eso significaba que no había sido lo suficientemente hábil o astuto. Como escarmiento le daban una somanta de palos y eso que llevaba aprendido.

Debería haber atrapado un conejo en vez
de un zorro, digo yo...
Además, estos pequeños latrocinios fomentaban el espíritu de cooperación entre ellos y de ser incapaces de delatar a sus compañeros. Plutarco cuenta como un grupo de críos robó un zorro y uno de ellos lo ocultó bajo su manto. Cuando los pescaron, el que ocultaba el animal ni se inmutó a pesar de que el zorro, bastante cabreado, había empezado a morderle y desgarrarle el cuerpo hasta el extremo de que alcanzó sus órganos vitales ante la absoluta impasibilidad del muchacho. Cuando le dijeron que debió haber dejado ir al zorro replicó que "...es mejor morir sin ceder al dolor que siendo descubierto debido a la debilidad del espíritu y ganar así una vida para vivirla en desgracia". Ahí, con dos cojones, ¿que no? Y aparte de las ínfimas raciones no se les permitía usar calzado en todo el año y solo se les proveía de un manto rojo, el phoinikis, con el que se habituaban al frío y al calor y que debían reparar ellos mismos si se deterioraba. Para dormir disponían de barracones donde se alineaban los catres donde caerían desplomados al llegar la noche. 

Paidiskos sirviendo la comida a los eirenes
Para dormir usaban unos jergones (stibades) fabricados por ellos mismos con paja y neas, para lo que posiblemente usaban una pequeña hoz llamada xyele. Esto, como todo en la agogé, estaba destinado a incentivar el ingenio y la capacidad de sufrimiento del personal, que de ese modo se acostumbraban a buscarse cualquier cosa que les sirviera de lecho y descansar aunque fuera sobre una cama de ortigas. En cuanto a su relación con el eiren que mandaba su "manada", además de sufrir sus castigos y su constante vigilancia debían actuar como servidores durante las comidas. Tras la cena, era habitual que el eiren ordenase a uno cantarle una canción o hacer preguntas que requerían una respuesta rápida y concisa para que aprendieran a ganar agilidad mental. Eso les educaba el entendimiento a la hora de aprender a juzgar a la gente y sus actos y, además, debían responder sin florituras verbales, sino de forma breve y concisa, pero clara. De ahí la fama que ganaron con lo que hoy conocemos como "hablar de forma lacónica", o sea, empleando el mínimo de palabras para expresarse con precisión.

La cosa intelectual no se dejaba de lado. De hecho,
los críos también recibían educación musical
Y por si todo esto fuera poco, los críos no solo debían soportar la tutela del paidonomos y el eiren a cargo de su grupo, sino de cualquier adulto. Según Jenofonte, “para que los niños nunca carecieran de un gobernante incluso cuando el paidonomos estaba ausente, [Licurgo] dio autoridad a cualquier ciudadano que pudiera estar presente para exigirles que hicieran cualquier cosa que él pensara bien y castigarlos por cualquier mala conducta. Esto tuvo el efecto de hacer que los niños fueran más respetuosos; de hecho, los niños y los hombres respetan a sus gobernantes por encima de todo (...). Por lo tanto, le dio a cada padre autoridad sobre los hijos de otros hombres, así como sobre los suyos. Cuando un hombre sabe que los padres tienen este poder, está obligado a gobernar a los niños sobre los que ejerce la autoridad, ya que desearía que los suyos fueran gobernados. Si un niño le dice a su propio padre que otro padre lo ha azotado, es una vergüenza si el padre no le da otra paliza a su hijo. Así que confían completamente el uno en el otro para no dar órdenes inapropiadas a los niños”. En resumen, te llovían las hostias a diestro y siniestro, y ninguno de ellos acabó neurótico ni con complejos raritos ni escuchando voces. Hoy día le das un guantazo al nene que se ha pasado tres pueblos y te meten un año de cárcel y varios meses de alejamiento, y encima el mamón del niño se ríe en tus narices. O TEMPORA, O MORES¡¡

El amante y el amado. ¿Simple homosexualidad o
una forma de establecer un profundo vínculo entre
discípulo y tutor? Quien sabe...
Cuando el paîs cumplía los 12 años se convertía en un paidiskos, estatus previo para convertirse en un eiren a los 20 años. A esa edad, el rapaz era tomado bajo la protección de un erastes (έραστής, amante) para convertirlo en su eromenos (έρώμενος, amado), lo que ha dado lugar al interminable debate sobre la pederastia y la homosexualidad en Esparta. La verdad, es un tema asaz complejo porque sus connotaciones son complicadas de asumir bajo nuestros valores morales ya que, de entrada, los griegos en general no concebían el concepto de homosexualidad y heterosexualidad como nosotros. De hecho, la pederastia estaba relacionada con lo masculino, la virilidad y la fuerza, por lo que formaba parte de la instrucción militar. En todo caso, ni siquiera los autores clásicos se ponen de acuerdo en este tema, y mientras unos afirman que la sodomía era contemplada como una especie de rito iniciático por el que el semen depositado en el recto del eromenos era una forma de recibir la fuerza del erastes, otros lo ven como una forma de establecer un fuerte vínculo espiritual, pero sin llegar al contacto carnal. Otras fuentes sugieren que la pederastia no se consumaba sin el beneplácito del adolescente, y que incluso el erastes podía ser castigado si obligaba a su amado a someterse sexualmente. Y otros opinan lo que creo es más lógico: la falta de contacto entre hombres y mujeres en una edad en que las hormonas andan un poco revueltas daba pie a este tipo de relación, y más si tenemos en cuenta que los espartanos no se casaban hasta alcanzar la edad adulta, o sea, los 30 años. 

Aunque si decoraban la vajilla con estas escenas es que
algo habría, supongo...
Jenofonte manifestaba al respecto que “las costumbres instituidas por Licurgo se oponían a todas estas. Si alguien, siendo él mismo un hombre honesto, admiraba el alma de un niño e intentaba hacer de él un amigo ideal sin reproches y asociarse con él, lo aprobaba y creía en la excelencia de este tipo de entrenamiento. Pero si estaba claro que la atracción radicaba en la belleza exterior del niño, prohibía la conexión como una abominación, y así hizo que los amantes se abstuvieran de los niños, al igual que los padres se abstuvieran de tener relaciones sexuales con sus hijos y hermanos y hermanas entre ellos”, por lo que queda claro que, al menos en los tiempos antiguos, la pederastia era considerada como un acto abominable. Claudio Aeliano se muestra aún más contundente al respecto cuando afirma que los lacedemonios guapos no son afeminados ni arrogantes hacia los amantes, ya que es posible aprender de ellos algo completamente diferente que entre otros adolescentes maduros. Para ellos necesitan amantes que los "inspiren": este es el término entre los lacedemonios, que significa amor", con lo que nos viene a querer decir que, como al menos yo he pensado más de una vez, el término amor tenía unas connotaciones que no se corresponden con las actuales, que tiene un significado más carnal que simplemente afectivo. Y a lo anterior añade que “… ya sea que un joven se atreva a sufrir un escándalo o un amante que se lo ofrezca, no sería beneficioso deshonrar a Esparta al hacerlo porque tendrían que abandonar su patria o mejor aún la vida misma (...) y si alguna pareja sucumbiera a la tentación y se entregara a relaciones carnales, tendrían que redimir la afrenta al honor de Esparta al exiliarse o quitarse la vida”. En fin, sobre este tema llevan debatiendo hace más de 20 siglos, así que no creo que merezca la pena redundar más en ello porque, ya fuese de forma institucionalizada o consentida, hay sobrados testimonios de que la homosexualidad existir, existía, y no solo entre hombres, sino también entre mujeres aunque en menor grado.

En fin, este agradable "campamento de vacaciones" duraba hasta que los jovenzuelos alcanzaban los 18 o 19 años de edad, cuando se convertían en melleirenes, o sea, casi jóvenes. En esta etapa se concluía la agogé propiamente dicha aunque los hebones, o sea, los jóvenes entre los 20 y los 29 años aún tenían que currárselo a base de bien hasta lograr alcanzar los 30 años y, con ello, la ciudadanía. Por cierto, los hijos de los monarcas estaban exentos de pasar por este duro proceso educativo porque, caso de no ser capaces de arrostrarlo de forma exitosa, moralmente lo tendrían bastante crudo a la hora de mandar hombres que sí  lo había pasado y se habían visto obligados a estar trece años de su vida pasándolas canutas.

Bueno, ya seguiremos, que por hoy ya vale.

Hale, he dicho


Paidós pertenecientes a una agelai. Durante su infancia y su adolescencia era obligado llevar el pelo muy corto. Solo cuando
se convertían en eirenes a los 20 años se les permitía dejarse crecer la melena, símbolo de madurez y virilidad

lunes, 2 de marzo de 2020

ESPARTANOS. Usos y costumbres


Probo ciudadano recreacionista emulando la
famosa figura de bronce del "Guerrero
Cubierto"
Si le preguntamos a cualquier ciudadano medianamente culto por una nación cuyos habitantes sean cuadriculados, apostaría un kilo de churros de papa bien despachados y chocholate a que de forma unánime responderán lo mismo: los tedescos, tenidos como la quintaesencia de la geometría cerebral. Bueno, pues no. Si ha habido un pueblo occidental cuadriculado hasta la médula han sido los espartanos. Sí, los de abdominales de anuncio de calzoncillos de la peli esa de "300" que tan buena taquilla hizo para admiración del hembrerío ante semejante colección de ciudadanos cachas y mayor humillación de sus acompañantes, hundidos en la miseria a causa de sus tripas cerveceras y tostadas con carne mechada. Porque los espartiatas, o sea, los lacedemonios con pedigree, vivían bajo una reglamentación tan estricta que prácticamente cada acto de su vida menos hacer pipí y caquita estaba regido por una serie de normas. 

Generalmente se les conoce por su arrojo en batalla, su elevado sentido del honor y por su vida austera, ajena a cualquier tipo de lujo o caprichito, pero la realidad es que no solo eran más espartanos que los espartanos sino que, encima, se vanagloriaban de ello y se consideraban a sí mismos como un pueblo cuyo único sentido en la vida era cumplir las leyes y vivir conforme a sus estrictas normas que dictaban hasta el largo de la barba. En fin, una gente muy rarita, para qué negarlo. Así pues, y ya que hasta ahora solo hemos dedicado un artículo sobre curiosidades curiosas hace la friolera de seis (snif...😪) largos años (tempus fugit, carajo😭😭), pues dedicaremos algunas entradas a dar cuenta de esta peculiar ciudad-estado que tanto dieron y dan que hablar a pesar de su declive a partir de la derrota que les infligieron los tebanos en Leuctra en el 371 a.C. Comenzaremos pues con sus hábitos y usos más peculiares en lo tocante a su apariencia personal, que por lo general es de lo que menos se suele hablar. Procedamos pues.

Mapa de Lacedemonia, al sur del Peloponeso
Ante todo conviene saber que Esparta era en realidad un grupo de cinco aldeas que en su época de mayor esplendor apenas sumaban unos 10.000 habitantes. Estas aldeas, llamadas en su lengua obai u obes, eran: Pitana, Limnai, Mesoa, Kynosoura y Amyklai, cuya población eran los espartiatas, es decir, los espartanos de pura sangre engendrados por espartanos y espartanas procedentes de esas poblaciones. Eran los homoioi, "los iguales". El resto de los pobladores de Lacedemonia eran los perioikoi, "los que viven alrededor" y que eran considerados gente de segunda categoría. Pero, de momento, bástenos estos datos para hacernos una idea de la primera peculiaridad de los espartanos. Tiempo habrá de dar pelos y señales acerca de su pintoresca estructura social. Por lo demás, el "inventor" de las normas que regirían las vidas de todos los lacedemonios fue Licurgo, que en 776 a.C. dictó una especie de constitución, la Gran Retra, que sería el referente legal para todo.

Tropas espartanas vistiendo el exomis. En el árbol han
colocado un trofeo para conmemorar una victoria
En lo tocante a la indumentaria, Licurgo había dispuesto que los espartanos debían vestir ropa de color carmesí por marcar una clara diferencia con la que vestían las mujeres y, además, el rojo era identificado como un color agresivo, propio de fieros guerreros. Otrosí, en combate causarían el pánico entre los enemigos y, al mismo tiempo, disimularía la sangre si eran heridos. Sin embargo, la austeridad que debía regir en sus existencias consideraba que un buen espartano no necesitaba poseer más de una túnica, costumbre que perduró al menos hasta el siglo V a.C., y era habitual pedir una prestada a un vecino cuando tenían que lavar la propia si bien esta gente no tenía el más mínimo problema por pasar un día entero paseándose en cueros vivos por su pueblo. Por otro lado, daban a la ropa un uso totalmente opuesto al del resto del mundo: las prendas de mejor calidad las reservaban para la guerra, mientras que las mediocres eran las que usaban a diario. Según Jenofonte, basaban esta costumbre en que si vencían en la batalla lo suyo era que a una jornada tan gloriosa se fuera lo mejor vestido posible y, caso de palmarla, pues lo adecuado era aceptar el destino procurando igualmente vestir con sus mejores galas. Por lo demás, la idea de usar un solo color pretendía lograr una uniformidad para que nadie pudiera diferenciarse de sus homoioi, y por otro dar una imagen de austeridad que hiciera saber a todo el mundo que los espartanos pasaban de engalanarse o de gastar en ropajes porque donde marcaban la diferencia con los demás griegos era con sus cuerpos sanos y robustos, capaces de resistir todas las penalidades habidas y por haber.

Otra imagen de un espartano vistiendo el exomis. Se aprecia
además el pilos de bronce que sustituyó al yelmo corintio, pero
de eso ya hablaremos cuando toque el tema castrense
La prenda básica o, mejor dicho, la única, era la túnica. En el mundo griego se usaban dos tipos, el chiton, una túnica inicialmente de lana relativamente gruesa y que con el tiempo también se elaboró con lino, y el exomis, que era en la que los romanos se inspiraron para sus túnicas militares de las que hablamos en su día. Entre los espartanos se impuso el exomis porque, aunque tenía dos mangas, se podía aflojar la costura del hombro derecho para dejarla caer sobre el costado y dejar el brazo libre para tener más movilidad para realizar cualquier trabajo, desde darle dos hostias a un cuñado a rebanar el cuello a media docena de persas. Antes del siglo V a.C. el ejército espartano usaba armaduras de campana fabricadas de bronce, que por lo general vestían sin nada debajo. Es decir, que iban con sus vergüenzas al aire como si tal cosa. Pero a partir de esa fecha fueron desechando las armaduras y adoptando el exomis porque, en su orgullo combativo, consideraban que un verdadero guerrero no necesitaba más que su escudo, así que iban a la guerra cubiertos por una simple túnica carmesí y santas pascuas. Por cierto que esta prenda les acompañaba a la tumba de forma inapelable, siendo su mortaja si tenían una gloriosa muerte y tal.

Dos espartanos cubiertos con el tribon. El
de la derecha empuña la bakteria (bastón),
un símbolo de mando
Y como complemento de la túnica tenían el manto o tribon, una prenda rectangular que los griegos llamaban himation y que envolvía todo el cuerpo. Por lo general, cuando usaban el tribon no se ponían la túnica, así que ya vemos que estos probos rácanos gastaban menos que Tarzán en zapatos. El tribon era un fino manto talar elaborado con lana y teñido, como no, de carmesí. Era el mismo todo el año, y se usaba tanto en invierno como en verano. Esta prenda jamás se usaba en combate por razones obvias, sino solo fuera de servicio o cuando estaban en su pueblo. Los paidiscoi, adolescentes con edades comprendidas entre los 12 y los 19 años, no podían usar túnica, sino solo el tribon para habituarse a pasarlas putas. Si no hacía fresco, pues pasaban el día en pelota picada, pero si en pleno invierno tiritaban como un senegalés en Alaska y se les ocurría abrigarse con otra cosa que no fuera el tribon les daban más palos que a una estera y entraba en calor rápidamente. El sistema educativo de estos sujetos era un tanto estricto. Pero la cosa es que incluso sus mismos reyes procuraban hacer poco uso del manto para demostrar que eran más correosos que nadie. Por lo demás, los que querían dárselas de más austeros que nadie tomaron la costumbre, bastante asquerosilla por cierto, de no lavar el tribon para demostrar que solo poseían uno. Ojo, no confundir el tribon con el chlamys, un manto corto usado por los griegos que se llevaba sobre el hombro izquierdo y se abrochaba con una fíbula en el derecho y que suele aparecer en las pelis de espartanos para, como siempre, liar al personal. Los espartanos siempre usaron el tribon, vistiéndolo de forma que envolviera el cuerpo ya que debajo no llevaban nada puesto.

Un mandamás espartano con su
bakteria en la mano y calzando
las haplai. En la cabeza lleva un
pilos, un gorro cónico de fieltro
típico de este pueblo
En cuanto al calzado, brillaba por su ausencia. Los críos lo tenían prohibido para habituar sus pies a circular hasta por cristales rotos, y en realidad en toda Grecia era habitual ir descalzo a todas partes. Los espartanos solo tenían dos tipos de calzado para usos concretos. Por un lado usaban una especie de bota formada por una suela con un entramado de correas que sujetaba los piloi, unos calcetines de fieltro que cubrían las pantorrillas y que se empleaban sobre todo cuando iban de caza sobre terrenos cubiertos por arbustos espinosos o en invierno, en este caso para no congelarse los pies. El otro calzado, descrito por las fuentes literarias como haplai, era una simple sandalia, o sea, una suela con una lengüeta y una correa para sujetar el talón. Estas sandalias iban teñidas de rojo. No se especifica cuándo se usaban, aunque en lo que a mí respecta colijo que las reservarían para terrenos especialmente pedregosos o para épocas en que hacía frío, pero no tanto como para recurrir a los piloi.

Bien, este era el extenso guardarropa de los lacedemonios, por lo que no necesitaban armarios de cuatro puertas ni nada semejante. Por cierto que la práctica totalidad de los filósofos griegos de la época, admirados por la férrea auto-disciplina y la austeridad de los lacedemonios no dudaron en imitar su indumentaria para dárselas de sufridos y abnegados, e incluso los ejércitos de las demás polis griegas también acabaron adoptando el rojo para su indumentaria militar.

Pero si lo de la ropa les ha sorprendido, lo del pelo y la barba no se quedan cortos. El pelo largo y la barba eran símbolos de estatus social y de madurez viril. Por ese motivo, los paidiscoi debían llevar el pelo corto hasta los 20 años, cuando pasaban a ser considerados como eiren, la primera etapa de los hebones, jóvenes comprendidos entre los 20 y los 29 años. Y por otro, los ilotas, los famosos esclavos de los lacedemonios de los crucigramas, también lo debían llevar corto para, entre otras cosas, no tener impedimentos en sus labores cotidianas. Según Aristóteles, "usar el pelo largo es honorable en Lacedemonia porque es la marca de la libertad, ya que es difícil hacer trabajos de baja categoría con el pelo largo". Así pues, los señores eran los que llevaban una vistosa melena y una barba que, en función a la época, se estilaban más o menos largos. Al parecer, algunos autores como Herodoto comentan que esta costumbre surgió a partir de la batalla de los 300 Campeones, librada en Tirea hacia el 545 a.C., mientras que Plutarco la considera una tradición ancestral. Lo cierto es que no se sabe con certeza desde cuando le dio a esta gente por ahorrar en peluquero.

Figura de bronce de un guerrero espartano
luciendo una frondosa barba, bigote y la melena
formando guedejas sobre los hombros
Incluso se decía que fue una de las muchas normas implantadas por Licurgo, que afirmaba que "hace que los hombres guapos se vean mejor y los feos sean más aterradores". Otros, que era a causa de su inveterada austeridad cuando Kharillos, uno de los primeros reyes espartanos, respondió a uno que le preguntó el motivo de llevar el pelo largo que "de todos los adornos, este es natural y no me cuesta nada". En resumen, que no se pelaban porque no les daba la gana. Si nos basamos en las representaciones artísticas de la época, hacia el siglo V a.C. se ve la melena peinada asomando por detrás del yelmo. A finales de ese siglo se formaban dos guedejas por delante, una a cada lado, y la melena asomando por detrás. A principios del siglo IV a.C. varió considerablemente, formando largas guedejas repartidas de la siguiente forma: cuatro delante (dos en cada hombro) y otras cuatro detrás, si bien posteriormente se acortó la longitud de las mismas. En cuanto a la barba o geneias, el largo también variaba conforme a la costumbre si bien era habitual recortarla de forma puntiaguda.

Pero lo más peculiar era el bigote o hipene. Al parecer, y según Aristóteles, tras la elección de los éforos (una asamblea de cinco hombres electos que ostentaban el cargo durante un año) "... ordenan a los ciudadanos que se corten el bigote  y obedezcan las leyes para que no sean severos". O sea, que la imagen del barbudo sin bigote que hemos visto más de una vez en pinturas de vasos y cráteras obedecía a una norma legal y no a una moda. Además, el bigote era objeto de herramienta de castigo: los cobardes eran obligados a afeitarse la mitad, dejando crecer la otra para que a nadie se le escapase que había cometido el peor pecado que podía perpetrar un espartano: mostrar cobardía ante el enemigo y no palmar como un auténtico y verdadero héroe.

En fin, como vemos la existencia de estos sujetos era un tanto surrealista, pero como sarna con gusto no pica, pues mejor para ellos. Con todo, lo que hemos ido comentando servirá de aperitivo para cuando prosigamos dando cuenta de la peculiar forma de vida de los espartanos que, cuando iban a la guerra, sus mujeres, madres, hermanas, hijas e incluso cuñadas no preguntaban a los mensajeros que volvían del frente si sus hombres estaban en buen estado, sino si habían cumplido como los buenos y habían dado muestras de valor y honorabilidad. Si habían entregado la cuchara era secundario. Lo importante era que un espartiata no podía fallar a su país bajo ningún concepto.

Bueno, ya seguiremos otro día, que para ser lunes ya he tecleado en demasía.

Hale, he dicho


miércoles, 4 de septiembre de 2013

7 curiosidades curiosas sobre los espartanos



300 espartanos con abdominales de tableta de chocolate. No hay constancia histórica de que estuvieran tan cachas.


Justo es reconocer que los espartanos siempre han despertado bastante interés. Basta ver la de gente que se tragó la peli esa de "300", que hasta creo que hay video-juegos sobre ella y se venden réplicas del falso yelmo del musculoso Leónidas. Su peculiar modo de vida, su rígido sentido de la disciplina, su control demográfico, aberrante bajo nuestra perspectiva moderna, así como su belicosa sociedad basada en la milicia siempre han atraído al personal de una forma morbosa. Incluso denominamos como "vida espartana" a un modus vivendi austero al máximo, y decimos que alguien es lacónico cuando habla lo justo y necesario y nada más porque, entre esta gente, hablar más de la cuenta estaba mal visto por lo que esos cuñados o compadres que no paran de parlotear lo tenían claro. Para los que lo desconozcan, los espartanos eran también conocidos como laconios, de ahí el adjetivo, así como lacedemonios.

Así pues, y para mayor conocimiento de esta peculiar gente, ahí dejo una serie de curiosidades curiosas que, posiblemente, sorprendan a más de uno. Helas ahí...



Monte Taygetos
1. El tema demográfico se lo tomaban muy en serio. En una sociedad en la que todos los hombres eran destinados invariablemente a la milicia, no se podían permitir criar niños defectuosos. Así pues, cada vez que nacía un crío el consejo de ancianos decidía si merecía la pena dejarlo vivir, por lo que los recién nacidos deformes, canijos, birriosos o con pinta de tener algún tipo de deficiencia mental eran simplemente abandonados para que murieran. El lugar para ello era un desfiladero situado junto al monte Taygetos y denominado Ceadas. Así mismo, el control sobre la demografía femenina era aún más estricto, ya que solo se permitían tantas niñas como mujeres habían pasado al otro mundo o quedaban inútiles para procrear debido a la edad. Obviamente, en aquellos tiempos aún no había feministas. Ah, por cierto... el monte de marras también era aprovechado para liquidar a los delincuentes, despeñándolos por el desfiladero de Ceadas.



Nenes espartanos en clase de escritura
2. A los cinco años, los críos se convertían en un paidion o chico, eran separados de mamá y enviados a hacer puñetas a un barracón donde comenzaban su adiestramiento militar, aprendían a leer y escribir, canciones guerreras e incluso una especie de baile llamado pyrriche, el cual tenía como objeto acompasar sus movimientos mientras portaban las armas de los meirakion durante sus entrenamientos. Los meirakion eran los jóvenes a partir de los doce años de edad. El entrenamiento era pelín brutal en todos los sentidos, e incluso se les tenía cortitos de alimento para que se habituasen a las penurias de la guerra. De hecho, a fin de fomentarles la astucia y la habilidad, se les instigaba a que robasen comida si tenían hambre. Pero si eran sorprendidos se les castigaba con gran severidad, pero no por robar, sino por dejarse atrapar. 




Ilotas echando el bofe currando mientras
los jefes se lo pasan pipa matando gente
3. Cada niño tenía un tutor que era responsable de su comportamiento y de sacarle el máximo rendimiento a su educación. Esto daba lugar a un nivel de homosexualidad (más bien bisexualidad diría yo) muy elevado por razones obvias ya que los espartanos, aunque se casaban, no podían vivir con sus mujeres, sino en sus cuarteles. Solo podían visitarlas con meros fines procreatorios para fabricar más espartanitos. De hecho, ni un solo espartano desempeñaba las labores habituales en los hombres de la época. O sea, no había panaderos, ni labradores ni artesanos de ningún tipo. Todos los hombres eran invariablemente enviados al ejército, así que su economía se basaba en que dichos trabajos los llevaran a cabo prisioneros de guerra, los famosos ilotas que aparecen en todos los crucigramas como "esclavos de los lacedemonios". 



Espartanitas admirando las carnes prietas de las espartanitos
4. Contrariamente al resto de las tribus griegas en las que las mujeres tenían menos influencia que un sujeto honrado en el Congreso, en Esparta tenían una consideración social más igualada al hombre. Aunque no podían intervenir en cuestiones de gobierno, tenían sobre sí la responsabilidad de llevar los temas domésticos, o sea, que el funcionamiento de su peculiar economía recaía sobre ellas. A fin de fortalecerse para engendrar, parir y criar hijos fuertes y sanos, desde niñas practicaban todo tipo de deportes, tiraban con arco y no se cortaban un pelo a la hora de plantarse en cueros vivos delante de los mozalbetes que practicaban sus ejercicios de rigor y bailoteaban ante ellos sin ánimo lascivo ya que ellos también estaban en pelota picada todo el santo día para fortalecerse y habituarse al frío y al calor.



5. A los 18 años, los espartanos pasaban a convertirse en eiren, o sea, ciudadanos de pleno derecho. A partir de ese momento pasaban a ser educadores de los críos de menos edad, y eran nombrados tutores de uno de ellos. Curiosamente, a pesar de que la esperanza de vida en aquellos tiempos no eran ninguna maravilla, y en este caso menos aún porque se pasaban media vida batallando, hasta los 30 años no solían casarse si bien la soltería estaba terminantemente prohibida. Así mismo, las mujeres no tomaban estado hasta los 25, que para mujer y para esa época eran ya bastante, digamos, talluditas. Con todo, los hombres estaban sujetos a filas hasta los 70 años nada menos aunque pocos llegaban a esa edad si bien hay constancia de un tal Hippodamas, que palmó heroicamente a la provecta edad de 80 años. Era un fiera el tal Hippodamas, qué carajo... 




6. Al llegar a la edad adulta, al hombre espartano se le permitía llevar el pelo largo. Según Jenofonte, esta moda daba un aspecto más digno y, al mismo tiempo, más terrorífico a estos belicosos sujetos. Por otro lado, parece ser que, en realidad, el pelo largo era propio de hombres libres ya que los siervos y esclavos no podían llevar a cabo trabajos manuales con abundantes melenas por ser más un incordio que otra cosa, por lo que lo llevaban corto. El pelo se lo dejaban crecer hasta los hombros mientras que la barba, dependiendo de la época, la llevaban más o menos larga pero sin bigote, que por norma se lo afeitaban. En la foto de la derecha tenemos una figura de bronce que representa a un guerrero espartano y en la que se aprecian largas guedejas de pelo asomando bajo el yelmo. 





Muerte de Aquiles. A lo lejos, Paris
aún empuña el arco homicida

7. Los espartanos despreciaban profundamente a los arqueros ya que consideraban el arco como un arma propia de cobardes tanto en cuanto mataba a distancia. Entre hombres que solo concebían como algo honorable el combate cuerpo a cuerpo, eso de disparar flechas al personal lo veían algo indigno de guerreros de pro. Según cuenta Plutarco, un espartano herido de muerte por un flechazo se quejaba amargamente no de su muerte inminente, sino de haber sido apiolado por un afeminado que mataba desde lejos sin haber tenido oportunidad de enfrentarse a él. De hecho, hay una teoría que dice que, en la Ilíada, Paris mata al peleida Aquiles con una flecha como símbolo de cobardía y afeminamiento, ya que el príncipe troyano nunca se hubiese atrevido a enfrentarse cara a cara con él.


Bueno, pues con esto vale por hoy.

Hale, he dicho...