Mostrando entradas con la etiqueta Fotografía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fotografía. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de mayo de 2018

Resurrecciones resucitadas


Dilectos lectores, sigo más atocinado que un elefante después de zamparse 450 kilos de forraje y dormir la siesta a pleno sol en la sabana. Sí, llevo ya la torta de días con el cerebro más vacuo que el sentido de la decencia de un político, pero ya saben que no es la primera vez que me invaden estos ataques de molicie y me temo que tampoco será esta la última. En cualquier caso, y como testimonio de que sigo vivo y coleando, ahí dejo las resurrecciones que en su día se publicaron, desaparecieron inexplicablemente y, afortunadamente, han sido recuperadas en las entrañas procelosas de un disco externo. Ya sé que no es algo especialmente enjundioso, pero es que estoy hasta el gorro de ver a diario la jeta afeitada del ciudadano Adolf con traje de Armani, qué carajo. Bueno, ahí van y por orden cronológico...

El primer lugar se lo debemos otorgar a Gaio Mario, el amado enemigo de Lucio Cornelio Sila. La guerra civil que ambos desencadenaron fue el germen para la posterior creación del principado a pesar de la larga y vitalicia dictadura de Sila. Como ya sabemos, el ser tío político del gran Gaio Julio César hizo que el futuro amo del cotarro fuese señalado por el suspicaz e implacable dedo de Sila, por lo que acabó siendo un proscrito a pesar de pertenecer a la GENS de más alcurnia de Roma. En fin, ahí podemos ver el busto donde se hizo la resurrección por los métodos que ya se explicaron en la entrada dedicada a Marco Agripa. Por cierto, el Mario este era feo de cojones, ¿que no...?



Y a continuación, como no, el sobrino del tío, el inmortal César. Por cierto que, si mal no recuerdo, hace tres o cuatro años salió una noticia curiosa en la que se afirmaba que un busto hallado en no sé qué sitio de Italia se consideró como la verdadera jeta del insigne dictador y que, por cierto, no se asemejaba en nada al sujeto de elegantes rasgos que siempre hemos visto. Más bien parecía un cuñado a punto de dar un sablazo, y las conclusiones en las que se basaron para afirmar con tanta contundencia la autenticidad de la pieza se me antojaron puro sensacionalismo. Sea como fuere, me quedo con el que muestro a continuación, que al menos casa más con las descripciones que nos han llegado sobre este personaje. Por cierto que le he regalado un poco de pelo ya que llevaba fatal su temprana alopecia, que como sabemos le llevó incluso a lograr que el senado le concediera el privilegio de llevar siempre en la cabeza una corona de laurel para disimular su escasez capilar.


Por supuesto, se trasplantó la cabeza a un cuerpo de "persona humana" para darle más verosimilitud a la cosa y podernos hacer una idea más aproximada de cómo debió ser el aspecto en vida de nuestro hombre, cuando andaba a la gresca con su amigo-enemigo-yerno Gneo Pompeyo. Queda chula, ¿verdad?



Y al amigo-enemigo-suegro debe acompañarle el amigo-enemigo yerno, uséase, Gneo Pompeyo Magno, que a pesar de sus orígenes plebeyos no dudó en alinearse con los OPTIMATES, quizás por aquello de ennoblecerse y tapar así que ni siquiera había nacido en Roma. Obviamente, sería el culmen de su prometedora carrera militar y complemento de su fortuna personal heredada de su progenitor y aumentada por él mismo, que ya sabemos que en río revuelto siempre hay ganancia de pescadores. Helo ahí, con su cabezón un tanto desproporcionado y de rasgos vulgares, totalmente opuestos a los de su amigo-enemigo-suegro.


Y en la siguiente imagen lo podemos ver, al igual que los anteriores, en su salsa, es decir, en un campamento del ejército y vitoreado por sus fieles legiones. Es posible que un rato antes hubiese anunciado uno de los generosos donativos con que los militares romanos se ganaban la lealtad de las tropas, especialmente proclives a entregar o negar su afecto a cambio de unos sestercios.


Y concluimos con el inefable Marco Tulio Cicerón, pico de oro donde los hubiere pero cuyas eternas dudas a la hora de elegir bando le acabaron costando la vida de forma muy desagradable. El que fuera amigo y principal pelota de Gaio Julio César acabó haciendo arrumacos a los enemigos del dictador, y tras el asesinato de este acabó pagando caro su chaqueteo porque Marco Antonio jamás se lo perdonó. En su momento ya publicamos un artículo sobre su ominosa muerte en plena huida de la purga que desencadenó el desmedido Antonio contra los enemigos de su protector y patrón.


Lógicamente, a este ciudadano no podemos ubicarlo en una ambientación militar, así que lo hemos trasplantado al senado, donde desplegaba su inigualable verborrea. La verdad es que, a pesar de su falta de decisión o de coraje, un personaje tan notable no mereció el final que tuvo.


Bueno, mi sesera no da hoy para más, criaturas. Elevaré algunas preces al Olimpo de las musas a ver si la mía deja de golfear por ahí y retorna al seno patriarcal. 

Hale, he dicho

martes, 1 de mayo de 2018

Añejos memes modernizados


Bien, prosigamos con los trapicheos fotochoperos. En este caso se trataba de "remasterizar" a determinados personajes muy conocidos pero que, adecuadamente retocados, posiblemente nos cruzaríamos con ellos por la calle y no los reconoceríamos. Y es que, en realidad, no solemos observar los rasgos de las personas, sino el conjunto, y dentro del mismo determinados detalles que los diferencian claramente del resto: corte de pelo o peinado, forma del bigote y/o la barba, la indumentaria... pero si les privamos de estos elementos diferenciadores podríamos decir que pierden su personalidad y pasan a convertirse en ciudadanos corrientes y molientes. En los casos que veremos a continuación quedará patente lo dicho tanto en cuanto son archifamosos, pero puede que nos sorprendamos si los tratamos para reciclarlos en sujetos normales. Veamos pues...


Si hay alguien fácilmente reconocible hasta para los lamas del Tibet es el ciudadano Adolf. Aunque hay muchas fotos en las que aparece de paisano, la imagen que tenemos de él es vestido de uniforme, y sus dos rasgos principales son su bigote y el peinado, con ese peculiar flequillo planchado hacia el lado izquierdo de la cabeza. Era algo tan característico que cualquiera que se ponga un bigote postizo igual y se peine de la misma forma automáticamente toma un parecido asombroso. De hecho, actores que lo han interpretado como Alec Guinness o Bruno Ganz no se parecen en realidad en nada, pero bastó una sesión de maquillaje para hacer sendos clones del extinto führer. Pero si cogemos al ciudadano Adolf y le quitamos su uniforme pardo, su bigote y lo mandamos a un estilista a que le cambie el "look" capilar, nos encontramos con un sujeto que podría ser el director de la sucursal bancaria que frecuentamos, el jefe de personal de nuestra empresa o incluso un concesionario de la Volkswagen. A la derecha lo podemos ver desprovisto de sus "atributos" más característicos y, como salta a la vista, resulta que el diabólico y vilipendiado führer parece un señor similar a los tropocientos que uno ve a diario, y que no llama la atención en nada. Es uno más. Un simple cuarentón bien trajeado de rasgos afables muy alejado del perverso genocida que cualquiera identificaría en la foto de la izquierda. Veamos otro...


Quién no ha visto tropocientas veces esa foto del siniestro jefe del RSHA, el SS-Obergruppenführer Reinhard Heydrich, alter ego de Himmler y serio aspirante a suceder al ciudadano Adolf si no lo hubiesen apiolado bonitamente en Praga. Hay pocas fotos suyas de paisano, y solo con su familia en plan papi bondadoso como si la paz reinase en el mundo en compañía de su mujer Lina, que lo idolatraba literalmente como ya narramos en su momento. Pero aparte de esas escasas imágenes de civil, siempre vemos al cruel Reinhard con su impecable uniforme de las SS concienzudamente cortado para disimular que era muy ancho de caderas y su característico corte de pelo según la moda militar alemana. En la foto de la izquierda tendría treinta y pocos años, pero su atuendo lo avejenta ciertamente. En el reciclado que hemos hecho a la derecha se usó la cabeza de esa misma foto, pero colocándole un corte de pelo acorde a nuestros días y, por supuesto, el cuerpo de un hombre de su edad pero vestido en plan informal. Y, como en el caso del ciudadano Adolf, en esa foto ya no reconoceríamos tan fácilmente al "Carnicero de Praga", y podría pasar por un joven profesional esperando a su novieta para irse de copas un sábado cualquiera. Podría ser cualquier cosa antes que un frío y calculador policía, desde el dueño de una tienda de artículos de surf a un médico que acaba de terminar la especialidad. Y todo por cambiarle el pelo y la indumentaria.


No podía faltar el inefable Heini para completar el trío. En este caso tenemos como distintivos principales, además del uniforme, el bigote, el corte de pelo y los quevedos redondos de oro, un tipo de gafas muy anticuadas incluso en esa época que carecían de patillas, y se sujetaban a la nariz por la presión que ejercía el puente. Himmler palmó con apenas 44 años y, como sus colegas, aparentaba más edad de la que tenía gracias a esa severa impronta militar. Así pues, le quitamos el bigotillo, mandamos a paseo los quevedos y le dejamos crecer un poco el pelo para tener un gafapastas de lo más moderno. La cabeza de ambas fotos también es la misma, pero el cambio experimentado es notable. En este caso, nuestro hombre pasaría por un profesor de instituto de esos guays que se enrollan con sus alumnos para sacarles provecho, o incluso un escritor de moda. Cualquier cosa menos el perverso articulador de la "solución final".

Sí, puede que alguno me diga que los personajes mostrados tenían rasgos tan característicos que bastaría con ocultarlos para dar forma a personas totalmente distintas, así que pondremos un último ejemplo de otro probo ciudadano, también bastante famoso, que pasaría aún más desapercibido si le damos el tratamiento adecuado y, per se, no tenía ni bigotes ni gafas peculiares. Helo ahí:


¿Quién diría que ese guaperas vestido en plan pijo-sport con peluco de los buenos es el heroico rittmeister Manfred Albrecht, freiherr Von Richthofen. El sujeto de la foto es a todas luces un ejecutivo de esos que con 25 tacos ganan pasta a mansalva, practican el esquí y la vela y, por supuesto, sale en todas las revistas del hígado rodeado de reales hembras. Ha bastado con quitarle el uniforme y dejarle crecer el pelo para rejuvenecerlo cien años y darle la apariencia de un hombre del siglo XXI. Siempre he dado por cierto, y en su día incluso publiqué una entrada al respecto, que los que nos precedieron no tenían "caras de antiguos" como solemos decir. En realidad, lo que les hacía parecer diferentes era la ropa y los peinados, que daban a sus rostros un aspecto distinto cuando la verdad es que eran exactamente iguales a nosotros.
En fin, con estos añejos memes modernizados vale por hoy. Como "photo finish" dejo un arreglillo de Richthofen consistente en colorear una de sus más conocidas imágenes para que podamos ver cómo sería su aspecto real en vida fuera de la habitual máscara monocromática de la época.

Ya seguiremos. Recuerdos de la musa. 

Hale, he dicho



viernes, 27 de abril de 2018

Añejos memes añejos


Sí, una vez más la musa ha vuelto a largarse sin dignarse siquiera pedirme unos días de asuntos propios. Los que llevan tiempo siguiéndome ya saben que, de higos a brevas, esa depravada criatura que ilumina mi sesera decide de forma unilateral, término este tan de moda y que abomino profundamente, abandonarme sine die. La verdad es que me tiene un poco hastiado de sus repentinas deserciones, pero no le pido el divorcio porque, de ser así, a ver quién leches me inspira. En todo caso, y como le comentaba a un amable lector que se preocupaba por el parón bloguero, aprovecho estos recesos para ordenar un poco la infinidad de cosas que tengo guardadas en los discos externos y que, como ha ocurrido con las entradas dedicadas al cine histórico, aparecen cuando creía que ya eran historia. Y mira por donde he encontrado unos apañillos fotochoperos que en su día creo que publiqué y que me deleitaron en grado sumo. Serían eso que se conoce como "meme", palabro que, aunque alguno no se lo crea, hasta el día de hoy no sabía exactamente qué significaba así que lo he buscado en la red y esto es lo que dice al respecto la Wikipedia esa. Cito:

"El término meme de Internet se usa para describir una idea, concepto, situación, expresión y/o pensamiento, manifestado en cualquier tipo de medio virtual, cómic, vídeo, audio, textos, imágenes y todo tipo de construcción multimedia que se replica mediante internet de persona a persona hasta alcanzar una amplia difusión" 

Fin de la cita. Bien,  pues los mentados apañillos fotográficos son memes de esos que hice acerca de temas de actualidad. Actualidad de hace tiempo, claro, porque alguno de los protagonistas de los mismos que verán a continuación ya ni siquiera está en el mundo de los vivos porque estiraró la pata. En todo caso, y a pesar de que algunos ya serían obsoletos, otros aún siguen en la brecha porque sus desmanes parecen no tener fin. Obviamente son todos políticos o gente relacionada con la política, ese oficio abyecto propio de malsines, aprovechados, descuideros, cortabolsas, robacapas y demás fauna de patio de Monipodio que, a lo que se ve, a pesar de que la justicia a dado más de un escarmiento, ellos siguen erre que erre dando por sentado que sus fechorías y su insaciable voracidad quedarán impunes. En fin, no me enrollo más. Ahí les dejo esos añejos memes añejos para que, al menos, cuando entren a ver si se ha publicado algo nuevo no se vayan de vacío. Espero que les resulten razonablemente divertidos.

- Tengo una oferta de preferentes que no podrá rechazar,
mi querido amigo...
Ahí tenemos al primero, el ciudadano Miguel Blesa que, tras trincar bonitamente todo lo que pudo y más, se largó de este mundo sin dar satisfacción a la justicia ni a los que perjudicó. Su partida del Más Acá al Más Allá fue a consecuencia de una autolisis llevada a cabo en julio del pasado año mediante un disparo de escopeta en la caja del pecho, y como no dejó ninguna carta de despedida no sabremos jamás si su auto-asesinato se debió al cargo de conciencia que le produjo su latrocinio- cosa que dudo porque sus actos fueron propios de alguien con un elevado déficit de ética-, o fue simplemente ante la inapelable perspectiva de ir a dar con su osamenta al trullo. En fin, uno de tantos pillastres que se enriqueció a costa de dejar a muchos pequeños ahorradores más tiesos que la mojama. ¿Por qué no robarán a los ricos en vez de a los pobres? Así podrían robar más, digo yo... Aparte de eso, no creo que haga falta detallar de donde procede el cuerpo sobre el que reposa la testa del extinto financiero trincón.

Otro que tal baila. El ciudadano Luis Bárcenas, apodado "el Fuerte" en algunos círculos políticos, un verdadero mago de los trapicheos que va ya para diez años la duración del proceso que se le incoó por estar hasta las cejas de porquería. Lo tuvieron una temporada a buen recaudo por si le daba por tomar las de Villadiego como mi musa, pero luego lo dejaron salir a cambio de una suntuosa fianza. Francamente, no comprendo como una causa judicial puede durar dos lustros y lo que te rondaré morena, dando así ocasión a que la Parca haga acto de presencia y se lleve a los procesados sin que los que nos quedamos en este valle de lágrimas tengamos al menos la satisfacción de verlos entrar en chirona. En este caso, tampoco creo que se les haya pasado por alto a vuecedes de donde saqué el cuerpo y el ambiente sobre el que coloqué la jeta de nuestro personaje. Por cierto que este meme me dio bastante trabajo aunque no lo parezca ya que hubo que darle al rostro el mismo sombreado que al personaje real, sumido en una siniestra penumbra con fuertes contrastes.

- ¡É que ere gilipoya der tó! ¿Tú pa qué tié que desí ná, so carahote?
- É que me dijeron que querían sabé la medía de su pehcueso pa regalarle una
corbata a juego, joé...
Ahí podemos ver a su conmilitón, el ciudadano Camps echando una bronca monumental a su sastre por boquiflojo. Este personaje se ha visto involucrado en tal cantidad de historias truculentas que, la verdad, ser procesado por haberse dejado untar con unos trajes me parece una chorrada. Además, no acabo de entender como un tipo que ganaba lo que ganaba necesitaba que le regalaran trajes, las cosas como son. Otra historia son sus otros trapicheos que aún siguen de actualidad, pero me temo que aún pasará mucho tiempo antes de ver la conclusión judicial de los mismos. La verdad es que no sigo el proceso porque me aburren sobremanera estos culebrones, pero tengo entendido que hasta sacó pasta de una visita de un papa, no recuerdo cual. ¿Cómo leches se podrá sacar dinero de eso? Ah, misterios divinos... Y como en el caso anterior, sombrear el careto de Camps también tuvo su morbo, pero quedó de lujo, ¿que no?


-¡Grasia, grasia, don José! ¡No sabe uhté er favó que ma'caba de jasé, que no sabía como poné en la calle a loh dosiento
sincuenta pringao que tengo en plantilla! ¡Y grasia por habé colocao a mi cuñao de farero en lah Chafarinah!
-No me tié que agradesé ná, miarma, con loh maletine que m'há mandao vale. Y para ya, que m'etá llenando de baba, coño

Este también sigue en la brecha ahora que, por fin, está siendo procesado. Naturalmente, el ciudadano José Antonio Griñán, ex-reyezuelo de la taifa andaluza, no sabe nada, no recuerda nada y no entiende nada. Se limita a repetir que su gestión fue impecable, que en todo momento actuó por el bien de los ciudadanos de su taifa, y que aunque los que robaron a calzón quitado dependían de él no podía controlar a tanto chorizo, así que la culpa será de otro. Ahí le tenemos, recibiendo la pleitesía del agraciado por el enésimo ERE que acaba de solucionarle la vida para siete generaciones cuñados incluidos. Al igual que las imágenes anteriores, la procedencia de esta tampoco requiere explicaciones, supongo...


Naturalmente, no podía faltar su predecesor, el ciudadano Manuel Cháves, Sátrapa Mayor de la Andalucía con el que empezó una laaaarga y tortuosa historia de mangoneos caciquiles que, en sujetos que alardean de preocuparse por el bienestar de sus vasallos, no dejan de resultar contradictorios. Por supuesto, el eximio Cháves también está aquejado de un ataque de amnesia, no recuerda nada, no sabe nada, no entiende nada, y no se explica como mogollón de funcionarios puestos por él en sus cargos han podido robar tanto, pero es que además tampoco se acuerda de haberlos colocado él mismo. En cualquier caso, en el meme lo vemos paseando por Sierpes un sábado a mediodía camino del Alfonso XIII para el aperitivo mientras recibe los parabienes de los agraciados por sus favores, también en forma de ERE's. Por cierto, ¿no les recuerda a Don Fanucci mientras deambulaba por las calles de la Pequeña Italia en Nueva York?

-Qué delisia, cohone... Sangre con sabó a billete de quinientoh pavo... Qué
buqué, que aroma... Sssllluuurrrpppppssssss... 
No me digan que el probo Cristóbal no tiene un inquietante parecido con Max Schreck, el enigmático actor que interpretó magistralmente al siniestro conde Orlok y que dejaba al personal sin un puñetero hematí en el cuerpo del mismo modo que el incombustible ministro nos deja con las faltriqueras llenas de aire, y a veces ni eso. Por cierto, y aunque no tenga nada que ver: ¿saben que schreck en alemán significa susto? Curioso, ¿no? Bien, la cosa es que es justo reconocer que, desde los tiempos más remotos, los funcionarios designados para recaudar los impuestos han caído fatal, desde los publicanos de Roma a los actuales superministros de Economía pasando por el sheriff de Nottingham, y aún más por su inagotable capacidad para idear nuevos e ingeniosos métodos con que exprimir al personal en forma de alcábalas, sisas, diezmos, quintos reales, almojarifazgos, portazgos, pontazgos, fielatos, etc., etc., etc..............

-¡Hohtia, m'han pillao! ¡Como me vea mi cuñao me fohtia vivo!
-¿Te queda mucho, Iñaki, amor mío?
-¡No, ya acabo, miarma. He convensío a ehte señó tan amable pa que me dé sinco pavo máh por'er reló.

Y para terminar, que no es plan de gastar todos los memes disponibles de golpe por si la musa se retrasa más de la cuenta, ahí tenemos al yernísimo, el inefable ciudadano Urdangarín cuando una cámara de seguridad de una casa de empeños lo pilló in fraganti mientras persuadía al dueño de que le diera más pasta por el peluco del abuelo para pagarse más abogados que le permitieran alargar hasta el infinito y más allá el cumplimiento de la sentencia que pende sobre su persona. Este personaje sigue en la brecha, y más en estos días en que, según se dice, el Tribunal Supremo dictará por fin el resultado de la apelación que puede alargarle la condena hasta los 10 años nada menos. Y la verdad es que se lo merece. Y no ya por haber trincado, que es un buen motivo, sino por cretino. Porque hay que ser muy, pero que muy cretino para dar un braguetazo de antología matrimoniando nada menos que con una infanta de España y, por ende, ser yerno y cuñado de monarcas, para meterse en negocios turbios. Ere mú tonto, Innasio. Pero que mú tonto, miarma...

Bueno, vale de momento. Espero que estas chorraditas fotochoperas les haya deleitado o, al menos, arrancado una leve sonrisa por la comisura derecha del labio. Por cierto, supongo que esto no infringe la famosa "ley mordaza" esa, ¿no? A ver si me van a chapar el blog, que meterse con los políticos suele estar bastante perseguido, creo...

Hale, he dicho

POST SCRIPTVM: Como mis lectores habituales ya saben, nunca hablo de política. Así pues, ruego que si alguien hace comentarios acerca de esta entrada sean en plan jocoso, divertido y/o ingenioso, porque los que contengan insultos, tonos desabridos o denoten tendenciosidad política de cualquier signo no será publicados. Una cosa es el cachondeo y el chiste sanos y otra que salgan a relucir las paranoias ideológicas del personal, que para eso hay infinidad de sitios donde desfogarse. DIXIT EST


miércoles, 10 de agosto de 2016

Fotografía de guerra


La aparición de la foto permitió en pocos años difundir como era de verdad la guerra y, además, con todo lujo de detalles.
Obsérvese la increíble calidad de esta foto tomada en 1866 y que muestra una batería en Annapolis durante la Guerra de
Secesión. Muchas cámaras modernas no llegarían a tanto.

Fotografía realizada por Roger Fenton durante la Guerra de Crimea
(1853-1856) que muestra un campamento británico. Este conflicto fue
el primero que trascendió al público mediante fotografías
La aparición de la fotografía supuso, entre otras muchas cosas, la creación de la figura de lo que hoy conocemos como reporteros de guerra, probos y sufridos ciudadanos que se arrastran entre las explosiones y los campos de batalla para que los que nos quedamos tranquilamente en casa tengamos constancia de lo desagradables que son las guerras. Hasta mediados del siglo XIX la gente no tenía mucha idea de lo que ocurría en una batalla salvo los que tenían la desdicha de que esta tuviera lugar en las cercanías de su pueblo. Así, al término de la misma, tenían ocasión de ver los trenes de heridos, las ambulancias y los carromatos atestados de carne doliente y aullante y luego, cuando ambos ejércitos se largaban con viento fresco y algunos se acercaban al campo de batalla a rapiñar algo, se encontraban con cachos de personas que las escuadras de enterramiento se habían dejado atrás a la hora de dar tierra a los caídos.

Grabados de un periódico de la Unión en el
que se explican varios enfrentamientos en
plan heroico
Así pues, la foto permitió acercar a la opinión pública el verdadero rostro de la guerra, muy alejado del heroísmo y la gallardía con que era reflejada en los grabados de la época. Dichos grabados, que por lo general aparecían en la prensa, mostraban al lector explosiones, cargas de bayonetas, de caballería, etc., pero en ellos no aparecían por ninguna parte los cuerpos despedazados por la metralla ni los cadáveres llenos de mugre tirados en el suelo adoptando posturas extrañas. A lo más, algún que otro caído presentado de forma bastante aséptica, lo que contribuía a quitar hierro a las imágenes terribles que dibujaban los que habían tenido la desgracia de estar presentes en la batalla. Por otro lado, una cosa es un dibujo o una pintura y otra la realidad. Un ejemplo: desde críos vemos cuadros de la Pasión, de la decapitación de Juan Bautista o del martirio de beatíficos cristianos sin que se nos mueva un músculo de la jeta cuando, en realidad, muestran suplicios bastante inquietantes. Sin embargo, si esas mismas escenas nos las muestran en una foto la cosa cambia porque lo asimilamos como la realidad pura y dura y no como el producto de la imaginación del artista. 

A la derecha, foto de unas sepulturas tras la batalla de Antietam. A la
izquierda, un grabado basado en dicha foto. Como queda patente, el
impacto visual de ambas imágenes es bien distinto
Y eso fue lo que ocurrió en la sociedad cuando empezaron a aparecer estas fotos en los periódicos: la fotografía había permitido llevar la guerra muy lejos de los campos de batalla en toda su horrible crudeza, y además de imágenes de grupos de soldados muy sonrientes ante su cañón o de oficiales adoptando poses un tanto forzadas en busca de lo heroico, a los hogares de la gente llegó la prueba inapelable en forma de fotos de que la guerra era bastante chunga, lo que a más de uno se le atragantaría. Recordemos que nuestros tatarabuelos no tenían un televisor delante de la jeta a todas horas mostrando guerras como si fueran juegos de una vídeo-consola, así que la visión de cadáveres que mostraban heridas espeluznantes o los claros síntomas de la putrefacción tras varios días tirados en el campo debió ser un revulsivo notable.

Pila de cadáveres ante el cementerio de Melegnano
tras la batalla de Solferino. La visión de este tipo de
imágenes, tan lejanas del concepto gallardo de la guerra,
fueron algo nuevo para la sociedad de la época
Las primeras fotos bélicas se tomaron durante la guerra de Crimea y el conflicto entre gabachos y austriacos que culminó con la batalla de Solferino y la pérdida de la Lombardía para estos últimos, en la que ambos bandos se masacraron bonitamente con el resultado de más de cinco mil muertos y 23.ooo heridos entre ambas partes. Sin embargo, los fotógrafos aún no se habían sumergido de lleno en la guerra, entre otras cosas por las limitaciones que imponían los pesados equipos fotográficos y de revelado. Hasta aquel momento, el único método para hacer fotos eran los daguerrotipos que empezaron a popularizarse a partir de 1839. Sin embargo, este sistema era aún muy complejo de manejar y precisaba de velocidades de obturación que le daban a uno tiempo de irse a merendar dejando al modelo más tieso que una estaca mientras que, muy lentamente, se imprimía su imagen en una placa de plata o de cobre plateado. Pero el mayor inconveniente es que cada daguerrotipo era una pieza única, no existiendo la posibilidad de sacar copias. Además, la manipulación de estas placas conllevaba el uso de productos más venenosos que una cobra con moquillo a causa del vapor de mercurio necesario para el revelado.

Las fotos de placa húmeda permitieron rebajar notablemente el tiempo de
exposición, lo que supuso poder trasladar al público como era de verdad la
vida cotidiana de las tropas en el frente de batalla
Este inconveniente se solucionó en 1851 gracias a un invento del inglés Frederick S. Archer. La idea consistía en crear el negativo partiendo de una placa de vidrio, la cual era cubierta con una capa de una porquería pegajosa llamada colodión que se obtenía disolviendo algodón pólvora en éter sulfúrico. Gracias a esa substancia se adherían a dicha placa las sales de plata necesarias para obtener una imagen. Esto abarataba el proceso una burrada y, lo más importante, de dicha placa se podían luego obtener miles de copias en papel, lo que revolucionó el mundo de la fotografía ya que, además, hacerse una foto pasó de ser un lujo al alcance de muy pocos a algo asequible a todos los bolsillos. De hecho, el más conocido fotógrafo que intervino en la Guerra de Secesión, Mathew Brady, se interesó por la corresponsalía de guerra cuando su negocio empezó a florecer a base de hacer fotos a los que partían al frente. Se anunciaba en el New York Daily Tribune con un eslogan que decía algo así como "No puedes decir cuándo será demasiado tarde", en referencia a que como nadie sabría cuando le volarían los sesos, mejor dejar un recuerdo antes de irse al frente para, quizás, no volver jamás. El sistema creado por Archer se popularizó hacia 1857.

Brady con dos de sus ayudantes y su laboratorio portátil
No obstante, que nadie piense que los fotógrafos de la época lo tenían fácil. De hecho, Brady fue el primero en lograr que se le permitiera permanecer en las zonas de combate, lo que anteriormente estaba prohibido a civiles y, además, los gastos de material, personal, etc. corrían de su cuenta, por lo que la empresa era inicialmente un tanto incierta ya que actuaría como, según se dice ahora, un free lance. O sea, que si los periódicos no le compraban sus fotos, ruina total porque meterse a fotógrafo de guerra costaba un pastizal en aquella época. Por otro lado, no podía actuar solo. De entrada, los fotógrafos que cubrieron el conflicto tenían que ir tras los ejércitos acompañados de un carro con el material y una cámara oscura para el revelado. Aparte de eso tenían que hacer acopio de placas de vidrio- muy frágiles como es evidente-, los productos químicos para el revelado y uno o más ayudantes para acarrear todo el equipo. 

Como se puede ver en esta placa, el vidrio tenía un grave inconveniente:
se rompía que daba gusto. No obstante, aún estando la placa rota en varios
trozos estos podían unirse y obtener copias de ella
El proceso era bastante engorroso si lo comparamos con el necesario para realizar una foto digital hoy día. En primer lugar había que cubrir la placa con colodión, tras lo cual se impregnaba con sales de plata, operación esta que había que realizar en el cuarto oscuro. Luego se introducía en un contenedor hermético donde no entraba la más mínima luz y se colocaba en la cámara. Lo de taparse la cabeza con un trapo negro era precisamente para impedir la entrada de luz cuando se abría el contenedor y la placa quedaba lista para recibir la exposición. Se abría la tapa del objetivo- nada de regular el ISO o la apertura del diafragma porque eso era ciencia ficción en aquella época- y se hacía la foto, que por lo general requería una exposición de entre dos y tres segundos si la luz era adecuada, lo que convertía al trípode en un accesorio imprescindible. Por eso, si se fijan vuecedes, en las fotos de paisajes o tomadas en el exterior suelen salir movidas las hojas de los árboles si en ese momento soplaba una leve brisa. Luego se volvía a cerrar el contenedor, se extraía la placa y se procedía al revelado en el cuarto oscuro sumergiéndola en ácido pirogálico, tras lo cual se lavaba con agua, se secaba y se barnizaba. A partir de ahí se podían obtener todas las copias que se deseara con la ventaja añadida de que, mientras el daguerrotipo tenía un tamaño invariable, el sistema de placa húmeda permitía hacer las copias en el tamaño que se deseara.

Foto estereoscópica de un soldado confederado abatido por un casco de
metralla en Petersburg, Virginia.
Y en un alarde tecnológico, durante la década de los 60 se pusieron de moda las fotos tridimensionales que, con la ayuda de un estereoscopio, hacían flipar al personal. Como vemos, lo del 3D es en realidad más antiguo que la tos, y puedo dar fe de que son chulísimas de la muerte porque he visto al natural fotos de esas y el efecto es alucinante. Se hacían con una cámara provista de dos lentes como si de dos ojos humanos se tratase, logrando así una sensación de profundidad de la que carecían las fotos normales. Por otro lado, las placas húmedas también tuvieron su versión económica de las mismas con la aparición del ferrotipo, que consistía en una simple chapa de hierro ennegrecido, mucho más barato y resistente que el vidrio. 

Tropas tedescas durante la guerra franco-prusiana de 1870. La fotografía
permitió ver al primo Fritz o incluso al cuñado Otto paseándose por el frente
En definitiva, a partir de la Guerra de Secesión podemos decir que la presencia de fotógrafos en los conflictos bélicos del mundo mundial fue un hecho constante hasta nuestros días. Y no crean vuecedes que no corrían sus riesgos ya que, por citar un ejemplo, el antes mencionado Brady se escapó por los pelos de caer en manos de las tropas confederadas en la batalla de Bull Run. Y fue este mismo personaje el que expuso por primera vez una colección de fotos de guerra en una galería de arte de Nueva York, concretamente en octubre de 1862 y bajo el título de "The death of Antietam"- en referencia a la batalla de Antietam librada el 17 de septiembre de aquel año-, en las que los neoyorquinos pudieron ver que la guerra era cualquier cosa menos el evento envuelto en gloria, heroísmo y honor. Las imágenes que Brady mostró al público dejaron claro que aquello no era más que una cloaca donde unos 23.000 hombres perdieron la vida, y que no murieron de una bala en el corazón y expirando poniéndose de perfil mientras miraban al infinito. Antes al contrario, las fotos pusieron de manifiesto ante las pasmadas jetas del personal las tremendas heridas producidas por las balas Minié, la metralla, la putrefacción de los cuerpos insepultos y el desolador aspecto de unos campos de batalla donde no había lugar para los laureles, sino para la muerte y el sufrimiento.

En fin, así fue como la fotografía de guerra se convirtió en algo cotidiano. No obstante, me temo que la visión del apocalipsis no ha servido para nada porque, a pesar de los millones de imágenes a cual más terrorífica que han llegado a nuestros días, no han servido para quitarnos las ganas de masacrarnos a destajo. O sea, que no tenemos arreglo.

Hale he dicho

Imágenes como esta, que apenas unos años antes eran simplemente inconcebibles, se convirtieron en algo cotidiano hasta
nuestros días. Y lo peor es que no espantan a nadie.

miércoles, 20 de julio de 2016

Resurrecciones: Marco Agripa


Un día de estos me encuentran licuado bajo mi poltrona en forma de charquito. ¡Pero qué malísima é la caló, cohone! El atocinamiento galopante que padezco me impide activar el cerebro para confeccionar las enjundiosas entradas habituales así que, sintiéndolo mucho, tengo que espaciarlas un poco más so pena de sufrir en calentón en las meninges y quedarme gripado ad secula seculorum. Bueno, la cosa es que, como ya sabrán los que me siguen habitualmente, cuando padezco esta atrofia neuronal suelo recurrir a artículos menos complicadillos, como por ejemplo la serie de entradas que en su día comencé acerca de recreaciones de personajes históricos basándome en bustos de sus personas. Pero, no sé por qué, resulta que dichas entradas han desaparecido del blog. O igual las borré y ni me acuerdo, o qué sé yo... Bueno, la cosa es que no vendría mal recuperarlas ya que solían tener buena acogida entre mis dilectos lectores, de modo que re-inauguro este tema con un personaje nuevo (las antiguas ya las iré reponiendo cuando la angustia calorífica no me permita ir poco más allá de encender el ordenador) y, además, explicando el proceso por si alguno de los que me leen desean probar suerte. No es complicado, y la verdad es que estos juegos fotochoperos permiten pasar dos o tres horas bastante entretenido.

El personaje elegido es el gran Marco Vipsanio Agripa, factótum de Octavio Augusto y, sin lugar a dudas, un hombre dotado de un natural genio militar, así como una notable inteligencia. Durante el desempeño de los diversos cargos que ostentó a lo largo de su vida política supo ganarse el afecto del pueblo a base de obras públicas que embellecieron Roma como nunca antes lo había estado, y su temprana muerte con apenas 51 ó 52 años supuso un mazazo para su amigo Augusto ya que, con toda seguridad, no habría llegado a donde llegó sin el apoyo del ínclito Agripa. Para nuestra recreación hemos elegido el famoso busto que se conserva en el Museo del Louvre, tallado en mármol blanco con una finura de detalle que lo convierte en una fotografía pétrea. Pero antes de proseguir, una recomendación para los que se animen a resucitar ciudadanos famosos, y es que procuren trabajar sobre imágenes lo más grande posibles ya que un buen resultado final dependerá de ello. Bien, al grano...

Tras eliminar el fondo de la foto, lo primero es igualar el color, y más en este caso ya que el busto presenta una mancha anaranjada. Para ello, desaturamos la foto y, creando una máscara de capa sobre la zona a tratar, con la herramienta TONO/SATURACIÓN, procederemos a igualar el color. Es posible que, como ocurrió en este caso, la diferencia de color sea tan notable que sea preferible hacerlo en dos o tres veces mediante capas sucesivas para obtener un resultado decente. Como vemos en la foto, el color quedó igual al del resto del busto, notándose tan solo una textura diferente que trataremos posteriormente. Tras solucionar lo de la mancha maldita hubo que hacerle al buen Agripa un implante de oreja ya que la izquierda está rota, según señala la flecha. Para ello, solo necesitamos recortar la oreja sana, copiarla y colocarla en lugar de la otra, adaptando su forma al ángulo en que está el rostro. Por otro lado, recordemos que una mitad de nuestro cuerpo es diferente a la otra, así que para darle más realismo no conviene que las dos orejas sean idénticas. Finalmente, con la herramienta PINCEL CORRECTOR eliminaremos todas las imperfecciones que presenten la cara, cuello, etc. en forma de picotazos, golpes y demás daños que resten naturalidad al rostro. El resultado de este paso lo vemos en la foto superior.

A continuación debemos suavizar la textura del busto ya que, aunque en apariencia sea muy pulida, cuando le demos el color lucirá bastante basta, por lo que usaremos la herramienta DESENFOQUE GAUSSIANO tras duplicar la capa para poder ajustar la transparencia a nuestro gusto hasta que veamos que el resultado queda convincente. Yo utilicé un filtro de Topaz, concretamente el Topaz Clarity, y dentro del mismo el Skin Smooth and Brighten I, lo que no solo suavizará la textura, sino que prácticamente eliminará los restos de la puñetera mancha naranja y, además, aumentará de forma bastante natural el brillo de la imagen. Ojo, estas cosas son siempre a gusto de cada cual, de modo que el proceso que marco es meramente orientativo. A partir de ahí es cuando comenzaremos a colorear. Para ello, crearemos una máscara de capa de TONO/SATURACIÓN y le daremos el tono que se ajuste a la idea que tenemos de una piel humana. Para poder seleccionar qué partes coloreamos y cuales no, trabajaremos sobre la máscara invertida, o sea, que si "pintamos" de blanco sobre las superficies deseadas, solo estas tomarán el color. Como vemos en la foto superior, el pelo ha quedado tal cual ya que prefiero usar pelo real. El de las estatuas no queda nada creíble tras intentarlo cienes de miles de veces, así que les pongo una peluca y santas pascuas. Una vez coloreada la imagen creamos otra máscara de capa, en este caso de EQUILIBRIO DEL COLOR para afinar al máximo hasta que logremos una tonalidad que consideremos la más acertada. El resultado lo vemos en la imagen superior derecha.

A partir de aquí comienzan los "trasplantes". Hay aficionados a estos retoques que prefieren simplemente colorear los ojos, labios, etc., pero a mi entender el resultado es bastante pobre por mucho que uno se empeñe salvo que dedique tropocientas horas a ello, cosa que no merece la pena ya que en la red tenemos millones de ojos, bocas, pelos, etc. para ajustarlos a nuestros personajes. Basta recurrir a personas cuyos rasgos se ajusten más o menos al que vamos a retocar. ¡Ojo, muy importante! La foto de donde vayamos a obtener prestados los "órganos" deberá ser del mismo tamaño o mayor que la del personaje ya que si tenemos que aumentar el tamaño quedará un churro. Así mismo, deberá estar en una posición similar ya que el ángulo variará. O sea, no nos vale una foto de un fulano en tres cuartos si la de nuestro personaje está de frente.

Así pues, he empezado por un trasplante de ojos del conocido actor Brendan Glesson. ¿Que por qué? Pues porque si se fijan, tiene un rasgo similar al de nuestro Agripa, y es que el párpado superior cae sobre el ojo. Elegí el señalado con la flecha porque es el que más se aproxima a la pose de Agripa, lo recorté tal como vemos en el detalle y lo planté en su sitio. Deberemos igualar el color, luminosidad y saturación con las herramientas adecuadas y, una vez obtenido el resultado que queremos, pues usamos el mismo ojo, pero invertido ya que la conjuntiva siempre la vemos hacia el interior del rostro. Para lograr una buena unión del trasplante, por lo general paso la goma de borrar con una dureza del 0%. De ese modo, el corte brusco que hicimos para recortar el ojo queda difuminado. Ah, conviene conservar una parte de los párpados para que se vean las pestañas ya que, obviamente, tallarlas en mármol era pelín complejo por no decir imposible. Bueno, el resultado del trasplante lo vemos en la foto superior y, solo añadiendo los ojos, el busto de piedra ya parece que ha ganado vida propia. Y para darles aún más realismo, bastará con crear una capa y pintar sobre cada iris un punto blanco al que aplicaremos un DESENFOQUE GAUSSIANO a nuestro gusto. En las fotos del proceso que se muestran no se aprecian por ser demasiado pequeñas, pero en la foto final, que será de una resolución mayor, podrán verlo perfectamente. Y otra cosa: los ojos de Glesson son celestes, así que solo tenemos que aplicar la herramienta TONO/SATURACIÓN para darles el tono marrón que mostramos. No sabemos el color de ojos real de Agripa, por lo que me permito suponer que serían como los de cualquier latino.

Tras los ojos, buscaremos una boca adecuada. En este caso necesitábamos una boca carnosa como la de Agripa, la cual obtuvimos de Cillian Murphy. Lógicamente, encontrar unos labios que no solo sean similares sino que, además, tengan exactamente la misma forma y expresión es complicadillo, así que, tras el recorte que vemos en la foto, tendremos que adaptar su forma a la del personaje con la herramienta adecuada. Para ellos, basta irnos a EDICIÓN - TRANSFORMAR - DEFORMAR y, poco a poco, ir adaptando la boca a nuestro gusto. Una vez obtenido un resultado de nuestro agrado, el proceso es el mismo que el seguido con los ojos.

Bien, ya tenemos ojos y boca. Ahora tenemos que darle un aspecto realista al retrato añadiéndole sus correspondientes arrugas. Aunque el Agripa del busto es evidentemente un hombre de unos treinta y pocos años, las penurias de la vida militar es seguro que le produjeron arrugas desde muy joven. Estas arrugas no suelen ser representadas en los bustos salvo las más tangibles, como las de la frente. Pero, por otro lado, no merece la pena andar retocándolas para obtener una apariencia más realista, así que las trasplantaremos también. O sea, es una operación anti-botox, jeje... Así pues, las arrugas nos las ha prestado Josh Brolin. Las patas de gallo las vemos marcadas en el óvalo, y son las mismas para ambos ojos si bien deformándolas para que no sean iguales. Las de la frente, idem. Para ajustarlas a Agripa solo hay que seguir el mismo proceso que con los ojos y la boca, y ajustar la opacidad para que sean más suaves, no tan marcadas. ¿Que por qué solo uso jetas de actores? Muy sencillo. Porque son sobradamente conocidos, uno está harto de verlos en las pelis y es más fácil ir a tiro hecho que no pasar horas buscando un "donante anónimo" que se ajuste a nuestras necesidades.

Las cejas también se las hemos robado a Brolin ya que este hombre también tiene los párpados caídos sobre los ojos, que aparecen bastante hundidos. Y como en la foto lo tenemos en tres cuartos, pues tendremos que usar una sola ceja, la izquierda en este caso, que duplicaremos y usaremos también para el ojo derecho. El proceso de igualación de color, etc. es el mismo que ya hemos explicado, y además hemos cambiado el tono del pelo por uno un poco más oscuro y, de paso, darle un aspecto más tupido. Con esto ya tenemos prácticamente finiquitados los trasplantes, así que solo nos queda el pelo.

Y no imaginan vuecedes lo endiabladamente difícil que es encontrar un fulano que se peine como los romanos. La moda entre estos ciudadanos salvo que tuvieran el cuero cabelludo como una bola de billar era peinarse hacia adelante, de modo que solo nos queda el recurso de las pelis de romanos en las que aparezcan personajes con ese peinado y que tengan una mata de pelo adecuada. Por lo general suelo recurrir a Kevin McKidd que, en su impronta como Lucio Voreno, me permite al menos fabricar pelucas como Dios manda. La cabellera de Agripa está fabricada con el pelo del recuadro rojo, el cual fue duplicado para sacar el lado opuesto y recortado varias veces para obtener los cachos necesarios para cubrir la parte central de la cabeza. Es un trabajo pelín tedioso, pero no queda otra si queremos obtener un resultado decente. Tras 84 maldiciones y dos amagos de llanto, la peluca quedó como la vemos en el recuadro del centro, tras lo cual se la plantamos a Agripa sobre su gentil testa.

Bueno, con esto ya solo nos queda afinar detallitos: ajustes de tono y color, resaltar luces y fabricarle el sombreado propio de una barba viril, para lo cual se crea un pincel de la forma que explica este probo lusitano de San Youtube de la Información Verdadera y que fue donde aprendí a hacerlo:

https://www.youtube.com/watch?v=wxxh3Ps-hHg

Aunque habla en portugués se le entiende bastante bien y, en todo caso, basta seguir los pasos que se ven en pantalla. Esto de la barba es un detalle que merece la pena ya que, como me sucedía antes de empezar a usarlo, la verdad es que da bastante realismo al retoque. Cuando uno repara en ello se da cuenta de que es impropio ver una jeta varonil como el culito de un bebé. Se aprecia muy levemente, pero la verdad es que de usarlo a no usarlo se nota. Bueno, este es el resultado final:


Chulo, ¿que no? Ojo, hay que tener en cuenta un detalle, y es que la imagen real, de más de tres mil píxeles de alto, pierde bastante calidad al reducirla, pero es lo que hay. No obstante, creo que todos podemos ver que el resultado final es bastante decente, ¿no? Y si alguien lo duda, pues ahí dejo un fragmento a tamaño natural, donde se aprecia bastante bien, creo yo... ¿Qué por qué no pongo la imagen entera? Leches, porque pesa una burrada y no me la carga el blog. ¡Pero que nadie me niegue que lo que se ve en ese fragmento es a Agripa resucitado, vive Dios! Gente de poca fe...



Bien, como conclusión y para que los que andan cortitos de imaginación puedan ver como sería nuestro hombre cuando aún se paseaba por este palpitante mundo, ahí lo ven, en plena inspección en uno de los muchos campamentos en los que transcurrió su gloriosa vida militar. 

En fin, ahí queda eso.

Hale, he dicho

POST SCRIPTVM: En esta ocasión he habilitado los comentarios por si alguien tiene alguna duda y tal.