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jueves, 29 de diciembre de 2016

Pro Patrimonium: el castillo de Las Aguzderas salvado in extremis




Bueno, dilectos lectores, esta ha sido la inocentada del presente año, jejeje... A los que se la hayan creído, les ruego se sirvan disculpar esta broma ya que, al cabo, qué menos que echar unas risas de vez en cuando en este perro mundo en el que sobrevivimos a duras penas a las asechanzas de los políticos y los cuñados. Y los que no se lo hayan creído, pues les felicito por su sagacidad, porque los arreglos de las fotos me tuvieron entretenidos dos o tres tardes, no crean. Afortunadamente, el castillo de Las Aguzaderas conserva toda su vetusta dignidad, y sus añejas piedras siguen luciendo tan altivas como siempre, como pueden vuecedes ver en las fotos originales sobre las que se han hecho los retoques:




Por cierto que espero que esto no haya iluminado a algún "experto", que bastantes tenemos ya tanto en el suelo patrio como allende de nuestras fronteras. El motivo que me inspiró esta inocentada fue un artículo aparecido en una web que denuncia algunas de estas fechorías. Su autora, Dª Milagros Soler Cervantes, da cumplida cuenta de ellas con el añadido de que lo hace sabiendo de lo que habla y con la ley en la mano. Por favor, echen un vistazo porque merece la pena:


Pero, en todo caso, la cosa es que estas burradas en verdad existen, y se llevan a cabo con mucha más frecuencia de lo que imaginan. La red está llena de fotos en las que podemos ver la cantidad de perpetraciones que se cometen sin que nadie de explicaciones del cómo, del por qué y de a quién carajo han preguntado para llevar a cabo semejantes infamias.  He ahí una ínfima muestra, y estas no son de coña por desgracia:



































Terroríficas hasta la náusea, ¿verdad? Menos cinco o seis que son mías, el resto proceden de la red, así que pueden vuecedes corroborar que son totalmente ciertas. Estas restauraciones, al menos en Andalucía, contravienen la Ley de Patrimonio Histórico de cabo a rabo y, sin embargo, son permitidas por los políticos que, en teoría, deben aplicar dicha ley, Y SE PAGAN con dinero de los contribuyentes sin que el contribuyente haya tenido ni idea de cómo y quiénes han cocido el potaje. Sin embargo, y a pesar de que en muchos casos se han presentado denuncias y se han llevado a cabo protestas, siempre caen en saco roto. Los dineros han volado, el patrimonio ha sido vulnerado y, para colmo, los que han planificado la perpetración se echan flores con unas memorias descriptivas que aúnan la cursilería supina con una supuesta "evanescencia metafísica sobre la intemporalidad del edificio mezclada con el etéreo entorno" y su gran puta madre.

En fin, sirva pues esta inocentada de denuncia contra los bellacos que, sin descanso, van destruyendo poco a poco todo nuestro patrimonio histórico. Desde aquí, sin acritud, los mando a todos al mismísimo carajo, amén.

Ah, por cierto, los comentarios que varios lectores han hecho acerca de la entrada de ayer he creído más acertado no publicarlos por razones obvias. Lo digo para que no crean que han desaparecido en el éter informático de la red.

Y una cosa más: la entrada de ayer ha sido compartida mogollón de veces en el Feisbú ese, así que ruego que también compartan la "contra-noticia", no sea que al personal le de por levantarse en armas y se presenten en El Coronil quemando en efigie al alcalde o qué se yo.

En fin, solo me resta desearles un feliz 2017 y esas cosas que se suelen decir en estas fechas.

Hale, he dicho

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Pro Patrimonium: el castillo de Las Aguzaderas reciclado


De verdad, esto es para mear y no echar gota. Quizás recuerden vuecedes la reciente y a la par monstruosa "restauración" sufrida por el cercano castillo de Matrera que, encima, ha sido premiada y todo por los corporativistas de turno para darle mérito a sus aberrantes "puestas en valor" o, más bien, para intentar acallar o quitar la razón a las protestas ciudadanas ante tamaños desafueros. Las viles perpetraciones que se toleran en España bajo la ambigua excusa de las manidas “fusiones de estilos y épocas en el espacio y en el tiempo” solo sirven para dar patente de corso a los “expertos” de turno que, en estos casos, son los artífices de la escuadra y el cartabón deseosos de dejar su impronta para la posteridad en forma de forúnculo con el incuestionable añadido del acero corten, esa gilipollez de material tan de moda que igual lo usan como muro de contención en una cuneta que para “decorar” una rotonda con una chapa troquelada con la forma de un dromedario artrítico o, como veremos a continuación, para perpetrar la enésima villanía con toda la impunidad del mundo y el aplauso de los políticos que, no solo lo permiten, sino que lo jalean y lo pagan. Eso sí, con el dinero de todos, que el suyo está mejor en tierras lejanas por lo que pueda pasar.

Estos inopes mentales, a los que los tropocientos escándalos producidos por su grotesca e interesada interpretación de la Carta de Cracovia les da una soberana higa, siguen destruyendo nuestro valioso patrimonio histórico sin desmayo e inasequibles al desaliento dando por sentado que están dando la campanada. Y vaya si la dan estos hijos de… en fin, me callo que se me calienta la boca. Bueno, al grano.

Ayer tarde tuve que desplazarme a Montellano por una cuestión de trabajo y, cual no fue mi sorpresa que, cuando me iba acercando al castillo de Las Aguzaderas, diviso una grúa dentro del recinto. Sabiendo como las gastan por estos lares, automáticamente se me encogió el ombligo, el ritmo cardíaco se me aceleró de forma ostensible e incluso me acometieron severos sofocos como preludio a uno de mis arrebatos de ira. A medida que me iba acercando, el panorama era cada vez más desolador. Me salí de la carretera por el carril embarrado y lleno de baches que conduce al castillo, el cual parece que no se molestan en reparar de momento para quitar las ganas al personal de ser testigos de lo que allí se cuece, y lo que vi me produjo un repentino sabor a sangre en la boca que igual era un conato de puñetero infarto. Helo ahí:


Acojona, ¿eh? ¡¡UN CENTRO DE INTERPRETACIÓN!! ¡¡Se han cargado el castillo para poner dentro un centro de interpretación de “La Campiña”, cuyas obras costarán casi NOVECIENTOS MIL EURACOS!! Y encima, tócate el níspero, con fondos europeos según reza el cartelito. Pero ¿qué carajo tiene que interpretar “La Campiña”, sangre de Cristo? ¿La apacible existencia del olivo autóctono? ¿La feroces luchas entre los lagartos endémicos de El Coronil durante la época de apareamiento para beneficiarse a la lagarta? ¿La influencia del mostachón de Utrera en la economía de subsistencia familiar durante las Guerras Carlistas? ¿Que el gallo de Morón debió presentar en su día una demanda por "mobbing" y por hacerle el personal un "scratch", como se dice ahora? En fin, esto no tiene nombre. Esta perpetración solo se le ocurriría a un cuñado psicópata o algo peor. 

Visto de cerca, el panorama era algo simplemente aterrador. Y sí, la cámara funcionaba perfectamente a pesar de que es de un móvil de tiempos de Noé. Lo que se ve es la trágica realidad: enfoscado al canto y parapeto a hacer gárgaras para plantar uno a base del acero corten de los cojones. En fin, como se ve en la foto, la parte que da a la carretera aún no ha sido profanada, pero la torre del homenaje y la posterior sí, de modo que, sintiendo que en cualquier momento me iba a estallar una vena del cerebro, me bajé del coche y rodeé el recinto hasta la parte que no se ve desde la carretera, y esto es lo que hay: 



Este es el aspecto de la fachada este, donde un letrero corrobora que, en efecto, el triste destino del castillo es verse relegado a la indigna condición de centro de interpretación provisto de su camarita de seguridad y todo que, por cierto, no han logrado "fundir en el espacio y el tiempo" emulando a un centinela medieval. Hasta la puerta es del acero corten ese, con unas ranuras acristaladas como si fueran las de una de esas bodegas de diseño donde se preocupan más de la etiqueta y de la botella que del contenido de la misma. Por desgracia estaba cerrado a cal y canto porque el personal ya se había largado, así que no pude averiguar lo que se perpetraba dentro si bien, a la vista de lo visto, fue lo mejor para no quedarme frito de una apoplejía fulminante. En fin, un castillo más a añadir a la ya inquietantemente larga y extensa lista de monumentos aniquilados para siempre jamás por obra y gracia de la estulticia de los de siempre.

Hale, he dicho

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domingo, 22 de diciembre de 2013

La Carta de Venecia


¿Castillo? de San Romualdo. San Fernando (Cádiz) Cuando se concluyen estas mamarrachadas toda la población suele
poner el grito en el cielo porque nadie sabía de qué iba la cosa hasta que la perpetración estaba consumada. Esa es la
tónica habitual.


Esta entrada tiene como objeto ilustrar a mis lectores acerca de las normas por las que los "expertos" se rigen a la hora de perpetrar sus monstruosas "puestas en valor" y, de paso, dejar claro que cuando despotrico en los artículos dedicados a estos temas contra esa horda nociva, lo hago sabiendo lo que digo. O sea, que no es teatral visceralidad ni empecinamiento propio de ignorantes, sino fruto de la comparación entre lo que se debería o podría hacer y lo que en realidad se hace, que ciertamente hay un abismo entre lo uno y lo otro. Es posible que a muchos de los que me leen les de una soberana higa esta temática, lo cual me parece estupendo porque cada uno se interesa en lo que tiene a bien, pero me consta que hay otros que, al igual que yo, sienten como les arde la sangre ante las grotestas y onerosísimas "restauraciones" que se llevan a cabo en nuestro país. Así pues, al que no le interesen estas cuestiones que se ahorre leer la filípica que voy a largar a continuación y se ponga a ver una peli o, mejor aún, uno de esos documentales de Canal Historia donde el calvito y sus alegres compañeros muestran lo eficaces que eran las armas medievales en los cráneos de sus cuñados.

Dicho esto, vamos al tema. Esto de la Carta de Venecia no va de cartas de amor, ni tampoco de misivas dirigidas al dux por los astutos y sagaces embajadores venecianos, sino que se trata de un documento que firmaron en 1964 en dicha ciudad una serie de individuos que asistieron a un evento, concretamente el II Congreso Internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos. O sea, expertos. En dicho documento, que no es en sí más que una mera declaración de intenciones, se fijaban una serie de principios comunes para la restauración y conservación del patrimonio histórico pero que, en modo alguno, eran ni son de obligado cumplimiento ya que el patrimonio histórico de cada nación es de su propiedad y puede restaurarlo o conservarlo como le de la real gana. Para que nos entendamos: ningún país tiene obligación de seguir estas normas. 

Con todo, y ya que aquí sí seguimos esas normas porque somos más papistas que el papa y firmamos todo lo habido por haber aunque nos perjudique, como por cierto quedó claro a raíz de la tristemente célebre sentencia del Tribunal de Estrasburgo que ha puesto en la calle a decenas de alimañas que deberían pudrirse en el trullo algunos lustros más, he entresacado del articulado de dicho documento una serie de datos sumamente reveladores que dejan bien claro que las "puestas en valor" que se realizan con nuestro patrimonio son una IMPOSTURA como una catedral y no una pataleta mía en plan talibán. Veamos...

Preámbulo (fragmento)

Es esencial que los principios encaminados a la conservación y restauración de los monumentos sean preestablecidos y formulados a nivel internacional, dejando, sin embargo, que cada país los aplique teniendo en cuenta su propia cultura y sus propias tradiciones.

O sea, que España tiene total potestad para llevar a cabo las intervenciones que considere oportunas en función de nuestros intereses. Es de todos sabido que en España, por norma, se considera más adecuado, más interesante, mejor, más guay, más democrático y más chulo todo lo que venga de fuera, producto de nuestros inacabables complejos por haber sido el mayor imperio del mundo mundial al parecer.

Art. 4 

La conservación de los monumentos impone ante todo un mantenimiento sistemático.

Y un carajo. Aquí se gastan una fortuna en "poner en valor" para, al cabo de pocos meses, ver el monumento lleno de basura, con destrozos, pintadas, etc. ¿Tanto cuesta poner un guarda, con la de paro que hay? Hecho el "reparto de beneficios" del pastón invertido, ¿qué más da si el monumento se cae a cachos? Ya nos entendemos, ¿no? En todo caso, a la derecha tienen un ejemplo. Es la Torre de Tabladilla antes de que echaran al inquilino y se limitaran a poner una valla alrededor para que este no pudiera retomar la torre por asalto con nocturnidad y alevosía armado de su colchón mohoso. Por cierto, la torre sigue igual de maltrecha y cayéndose a cachos.


Art. 5 

La conservación de los monumentos se ve siempre favorecida por su utilización en funciones útiles a la sociedad: tal finalidad es deseable, pero no debe alterar la distribución y el aspecto del edificio. Las adaptaciones realizadas en función de la evolución de los usos y costumbres deben, pues, contenerse dentro de estos límites.

No se contienen dentro de nada. Aquí se altera el aspecto de una fortificación de forma que adopte un aspecto grotesco que nada tiene que ver con el original y no pasa nada. Ejemplos, por desgracia, conocemos por decenas o incluso centenas. A la derecha podemos ver uno de ellos: es una de las torres del castillo de Morón (Sevilla), usada como poste para varias antenas. Lleva así la torta de años pero, hasta ahora, nadie se ha preocupado de quitarlas o cambiarlas de sitio, empezando por el mismo ayuntamiento que ostenta la titularidad del edificio.



Art. 7

El monumento no puede ser separado de la historia de la que es testimonio, ni del ambiente en el que se encuentra. Por lo tanto, el cambio de una parte o de todo el monumento no puede ser tolerado más que cuando la salvaguardia de un monumento lo exija, o cuando esté justificado por causas de relevante interés nacional o internacional.

¿Qué exigía o qué justificaba el ejemplo que vemos a la derecha? Se trata del castillo de Alconchel (Badajoz), tras ser reciclado en una especie de pseudo-albergue juvenil para que los nenes pernocten allí. La última vez que lo visité, hace ya unos años, el guarda me dijo que hasta aquel momento absolutamente nadie había solicitado hacer uso del mentado albergue. Ignoro si hoy por hoy ya habrá tenido huéspedes además de los murciélagos. Murciélagos locales, naturalmente. No acuden murciélagos foráneos interesados en habitar en Alconchel.

Art. 9

...cualquier trabajo encaminado a completar, considerado como indispensable por razones estéticas y teóricas, debe distinguirse del conjunto arquitectónico y deberá llevar el sello de nuestra época.

¿Por narices el sello de nuestra época tiene que ser el adefesio modernista? ¿Es que una simple puerta de madera no es de nuestra época? ¿Solo son modernas esas cristaleras horrorosamente feas y fuera de contexto? Ese "sello" pueden "admirarlo" en el castillo de Medellín (Badajoz).

Art. 12 

Los elementos destinados a reemplazar las partes que falten deben integrarse armoniosamente en el conjunto, pero distinguiéndose a su vez de las partes originales, a fin de que la restauración no falsifique el monumento, tanto en su aspecto artístico como histórico.

¿Saben estos cantamañanas lo que quiere decir "integrar armoniosamente"? Diría que en realidad no saben un carajo de nada. Eso más bien parece un cuadro cubista que una torre. Ciudadanos estreñidos o con problemas digestivos pueden hacer uso del castillo, bastando apenas 30 segundos de contemplación para que actúe como un potente enema o emético, según se requiera. Está en Montemolín, provincia de Badajoz.

Bien, como vamos viendo, los "sacrosantos" principios de la cartita de marras se los pasan por el ombligo. Estos "expertos" se toman como les da la gana el articulado y aplican las normas como les apetece y, supongo, como más caro resulte por razones obvias. Pero aún hay más...

En el año 2000 se firmó un nuevo documento a fin de actualizar los principios vertidos en la Carta de Venecia. Al igual que ésta, era una declaración de intenciones como la anterior sin obligación de acatarla. Se firmó en Cracovia, redactada por una serie de representantes de varios países entre los que se encontraba, por parte de España, el profesor Javier Rivera Blanco. Veamos algunos párrafos tanto o más sugerentes que los vistos hasta ahora.

4. Debe evitarse la reconstrucción en “el estilo del edificio” de partes enteras del mismo. La reconstrucción de partes muy limitadas con un significado arquitectónico puede ser excepcionalmente aceptada a condición de que esta se base en una documentación precisa e indiscutible. Si se necesita, para el adecuado uso del edificio, la incorporación de partes espaciales y funcionales más extensas, debe reflejarse en ellas el lenguaje de la arquitectura actual.

En la imagen inferior, correspondiente al castillo de Utrera (Sevilla) vemos un ejemplo de que esto no se cumple, como está mandado. La foto de la izquierda es de principios del siglo pasado y en ella se aprecian perfectamente la morfología de las dos torres de la derecha. Obviamente, este documento gráfico puede considerarse "una documentación precisa e indiscutible". Así pues, ¿por qué como vemos en la foto de la derecha una de las torres ni se ha reconstruido y la del extremo derecho ha sido rehecha de forma que no se parezca ni de lejos a su aspecto anterior, sino más bien a la caseta de un transformador de la compañía eléctrica? Ah, misterio...


Prosigamos...


6. La intención de la conservación de edificios históricos y monumentos, estén estos en contextos rurales o urbanos, es mantener su autenticidad e integridad, incluyendo los 3 espacios internos, mobiliario y decoración de acuerdo con su conformación original. Semejante conservación requiere un apropiado “proyecto de restauración” que defina los métodos y los objetivos. En muchos casos, esto además requiere un uso apropiado, compatible con el espacio y significado existente. Las obras en edificios históricos deben prestar una atención total a todos los periodos históricos presentes.

Como se ve en la foto, aparte de la basura acumulada por la falta de mantenimiento, el "mobiliario" y, sobre todo, la "decoración" no parece que tengan mucho que ver con el original. Se trata del acceso a la torre del homenaje del castillo de Morón donde, además, se puede admirar el chispeante ingenio con que los orcos locales han decorado los muros, aparte de la interesante muestra etnográfica en forma de cristales de litronas, profilácticos llenos con muestras de semen de orco y jeringuillas que, intuyo, no las usaron para vacunarse contra el cerrilismo congénito.

Y, finalmente, la perla entre las perlas. Por favor, léanla muy muy despacio, analizando detenidamente cada palabra:


12. La pluralidad de valores del patrimonio y la diversidad de intereses requiere una estructura de comunicación que permita, además de a los especialistas y administradores, una participación efectiva de los habitantes en el proceso. Es responsabilidad de las comunidades establecer los métodos y estructuras apropiados para asegurar la participación verdadera de individuos e instituciones en el proceso de decisión.

¿Sabe alguien de que haya habido una sola vez en que se haya consultado al pueblo acerca de estos temas? Yo diría que no. Los "expertos", en su infinita y desmedida soberbia, así como los políticos que tanto hablan en pro del pueblo pero pasando del pueblo en plan déspota ilustrado pero en versión ignorante, van a su bola, ellos se lo guisan y ellos, nunca mejor dicho, se lo comen. Es más, tampoco tengo constancia de que se convoquen concursos con diversos proyectos, los cuales sean a su vez presentados a la población para que elijan. No, nada de eso. El político llama a su cuñado que conoce a un amigo que tiene un compadre, tras lo cual el compadre del amigo de su cuñado presenta un proyecto que, invariablemente, cuesta un riñón. Finalmente, y sin que nadie más que el político y el experto hayan estado al tanto de lo que se cuece, presentan la perpetración a hechos consumados. Si al personal no le gusta, ajo y agua, y si la restauración es una aberración pues se aplica invariablemente la Ley de Herodes: o te chinchas o te jodes. Y eso es lo que hay, dilectos lectores.

Pero antes de concluir, vemos una ínfima muestra del empeño de algunos arquitectos en dejar como sea "su impronta", como cuando los chuchos echan su meadita en la rueda del coche aparcado. Son algunos ejemplos más que plasman de forma implacable la incuria y la felonía practicadas en algunas aberrantes "puestas en valor", tanto en España como en Portugal, que allí hay tantos tontos de baba como aquí aunque no lo parezca. Y, agárrense, algunas de esas infamias incluso están premiadas. Naturalmente, premiadas por su gremio, que ya sabemos que la endogamia y el nepotismo son las reglas de oro de estos perpetradores. Ojo, estas imágenes pueden herir la sensibilidad del personal. Vean, vean...



Castillo de Aracena (Huelva)
Muralla de Jayrén (Almería)

Mausoleo romano de Abla (Almería)
Torre del homenaje del castillo de Trancoso (Portugal)
Patio de armas del castillo de Trancoso (Portugal)
Torre de Huércal Olvera (Almería)
Torre del homenaje y pósito de Huéscar (Granada)
Puente de Trencat, en la provincia de Barcelona
Castillo de Cala (Huelva)
Castillo de Cumbres Mayores (Huelva)
Castillo de Pombal (Portugal)
Castillo de Bácares (Almería)
Fuerte de San Felipe. Encinasola (Huelva)
Fuerte de San Juan. Encinasola (Huelva)
Castillo de Burguillos del Cerro (Badajoz)
Fuerte de San Cristóbal (Badajoz)
Real Fuerte de la Concepción. Aldea del Obispo (Badajoz)
Castillo de Matrera. Prado del Rey (Cádiz) Este remiendo que insulta hasta la inteligencia de un macaco ha recibido
varios premios ante la rechifla de todo el mundo. Al parecer, hasta la prensa internacional se hizo eco del chiste

Nauseabundo, ¿que no? El que haya llegado hasta aquí sin tener arcadas o salirle la bilis por las orejas es que tiene un estómago a prueba de bomba. En fin, criaturas, así son las cosas. Ya saben de donde proviene tanta chapa mohosa, tanto hormigón, tanta farola que ni el mismo arquitecto o político jamás pondrían en su calle o tanto cristal que le pega a un castillo lo mismo que a un santo dos pistolas. Y encima me salen sujetos como el que en su día me exhortó a que me retractara de mis afirmaciones acerca de la perpetración llevada a cabo en Aracena, alegando no se qué razones "socializantes" que eran la excusa para convertir el castillo en una pústula sangrante. Y una leche voy a retractarme cuando veo como se cometen las mayores felonías escudándose en declaraciones de intenciones en las que solo han tomado parte cuatro "expertos" que se creen los dioses del Olimpo castellológico y, para colmo, tienen la inmensa osadía de arrogarse la posesión de la verdad absoluta. UN CARAJO PARA TODOS ELLOS.

Ah, lo olvidaba... Todas las "restauraciones" de este tipo efectuadas en castillos ubicados en Andalucía y de las que he presentado algunos testimonios contravienen la Ley del Patrimonio Histórico de esta región sin que ningún político las haya cuestionado. Sin embargo, si te ven con un detector de metales por un sembrado en mitad de la nada donde nadie nunca jamás tendrá la ocurrencia hurgar por si hay algún resto interesante, serás inmediatamente denunciado por el Seprona y acusado de expoliador por hacer una excavación arqueológica ilegal, y te requisarán el detector alegando que su tenencia y uso es también ilegal a pesar de que lo has comprado en España y has pagado el correspondiente IVA por él. Para mear y no echar gota, vaya...

Hale, he dicho

martes, 16 de abril de 2013

Pro Patrimonium. El castillo de Matrera ha muerto.



¡¡Infamia!! ¡¡Infamia, sangre de Cristo!! Hoy, día nefasto, ha llegado a mi conocimiento esta noticia:


¿Ya la han leído? ¿Sí? Pues eso. El castillo de Matrera se ha ido al carajo por obra y gracia de los perros malsines de la Junta de Andalucía, de su incuria, de su desdén por nuestro patrimonio histórico. Eso sí, para pagar ERE's falsos, mariscadas, subvenciones a la ONG "Defensores del galápago polinesio" o "Acción Ciudadana por la Protección del Lagarto Transilvano", así como para untar a chupópteros, trincones, compadres, cuñados, amiguetes, correveydiles, pelotas, "expertos" y asesores que no son capaces de asesorar ni como cortar un rábano, sí hay dineros.

Para regalar ordenadores a los nenes para que "estudien" y encima se lo quedan para ellos al acabar el curso de forma que se puedan bajar todas las pelis porno y juegos de ordenador, sí hay dineros. Para una flota de tropocientos coches oficiales también hay dineros, y eso que hay más coches oficiales que políticos. Hasta hubo dineros para rehabilitar el palacio de San Telmo y convertir el interior en un bodrio modernista, para las setas de la Encarnación o para reformar el cuartel de Intendencia de la Puerta de la Carne, un edificio soso y feo de cojones, en sede de la Diputación. Y encima, de noche no pueden vigilarlo porque hay fantasmas y los seguratas dicen que allí se va a quedar de noche Rita la Cantaora. No, no es coña. Hay más fantasmas que en un tanatorio. Y no me refiero a políticos (esos están de día solamente), sino a fantasmas de verdad. Los ascensores andan solos, se cierran y abren puertas y cosas así. 

Bueno, pues no ha habido dineros para siquiera  consolidar el añejo castillo de Matrera. Ni un duro para apuntalar su otrora altiva torre del homenaje. Su final, indigno y vil como pocos, ha sido de redil de ovejas. Los hospitalarios que lo tuvieron como sede de un importante bailiato no podrían ni imaginar que la plaza de armas del castillo se vería relegada a comedero de ganado ovino y su fortaleza derrumbada por la incuria de nuestra infame clase política, gente vil y rastrera donde las hubiere, despóticos con el débil y sumisos con el poderoso. Arrogantes, pagados de sí mismos, poseedores de una ignorancia supina, trepas, vividores, currantes de su ambición desmedida, leales solo a sus bolsillos, compadres de sus compadres, amantes del maletín de arcano contenido, con sonrisas de bobos de pueblo, zotes, bigardos, zascandiles, calostrarios de ego insaciable, maestros del embuste, catedráticos del donde dije digo, digo Diego, et cetera. Y paro de despotricar porque me va a dar una jodida alferecía.



Vista cenital del Cerro del Pajarete, situado
al norte de Prado del Rey (Cádiz).
Esto es o, mejor dicho, era, el castillo de Matrera. Sombreado en rojo aparece el sector que se ha ido a hacer gárgaras, si bien desconozco el alcance total del desastre porque no ha sido hasta este lunes, según reza la noticia, cuando se ha tenido conocimiento del mismo. Lo que al parecer sí está claro es que la torre del homenaje ha palmado, así como un gran tramo de la muralla norte. Así pues del poderoso castillo solo quedaría la muralla sur que, como vemos en la foto, es una larga cortina que bordea la cima del Cerro del Pajarete donde se asienta.



A la izquierda, cara oeste de la torre. A la derecha, la cara sur


Lo que vemos arriba es la ya desaparecida torre del homenaje la cual, como se aprecia en ambas fotos, incluso estaba defendida por una camisa. Toda la plaza de armas estaba cubierta de infinidad de piedras que se han ido desprendiendo tanto de la torre como de la muralla a lo largo de los siglos. O sea, que para restaurar el recinto ya tenían los materiales. Sólo había que añadir mortero de cal.


Cara norte del recinto


Y aquí vemos la parte norte que ha finiquitado. Da a la ladera más empinada del cerro. Cuando visité este castillo hace ya varios años no tuve mejor ocurrencia que subir precisamente por ese lado. Jurovos que lo dejé todo sembrado con los trozos de hígado que fui escupiendo mientras subía por la abrupta ladera (lo verdaderamente empinado queda fuera de encuadre).


Puerta oeste, defendida por dos torres de flanqueo


Y esta es la puerta de poniente. Hay otra en el lado opuesto del recinto. Como vemos, toda la cantería desprendida sigue ahí, esperando que alguien se moleste en volverla a poner en su sitio.

En fin, dilectos lectores, quede pues constancia del nefasto hecho acaecido. Aprovecho para, además de dar constancia del mismo y dejar este breve testimonio gráfico, maldecir mil veces a los "servidores de la cosa pública" que solo sirven a sus intereses espurios. Mala peste los confunda, amén de los amenes.

Cuando se me pase el berrinche completaré una entrada digna de tan altiva fortaleza, dando cuenta de su historia y con más fotos que sirvan de testimonio de lo que ya no existe.

Hale, he dicho...