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jueves, 2 de agosto de 2018

VEXILLUM LEGIONIS


Probos ciudadanos recreacionistas haciendo como que parten del campamento a darle estopa a los enemigos del
imperio. Junto al SIGNIFER marcha el VEXILLARIVS

Bajorrelieve del Arco de Marco Aurelio que presenta
la rendición de sus enemigos germanos. Junto al césar
se aprecian dos VEXILLARI de sus legiones
Bien, prosigamos con el tema de las enseñas legionarias, que aún queda camino por delante. Hoy, el VEXILLVM, un característico estandarte que, aunque más antiguo que la AQVILA, era el segundo más importante en una legión. Como dato curioso, su morfología perduró hasta nuestros días a lo largo del tiempo. En la Edad Media, en los gonfalones usados en Italia, durante los siglos XVIII y XIX en muchos estandartes del ejército prusiano y, ya en el siglo XX, como componente indispensable en la parafernalia nazi. E incluso hoy día los conservamos en los simpecados cofradieros que solemos ver en las procesiones de Semana Santa. Pero antes de entrar a fondo en el tema, veamos el origen del palabro. Según el visigodo Isidoro, que se molestó en legarnos unas enjundiosas etimologías de mogollón de términos latinos, VEXILLVM procede de VELVM, uséase, vela. Pero no la de cera, sino de barco. Según este eminente personaje, es una forma corrupta del diminutivo de VELUM, que sería VELXILLVM. VELVM tiene otras acepciones como toldo, manto, tela o cortina, siendo de esta última donde proviene visillo, o sea, una tela que, estando colgada oculta, es decir, VELARE, el interior de la casa. Recuerden esta chorradita para sorprender a la parienta cuando les de el coñazo para que cojan la escalera y le pidan que los descuelguen para echarlos a la lavadora porque la costra de nicotina adherida tiene ya un espesor tal que no deja ni pasar la luz. Bueno, coñas aparte, VEXILLVM sería como decir velita o cortinita. 

Probo ciudadano votando en unos comicios. Los romanos lo
votaban todo, y no como ahora, que votar es dar a un fulano
y sus palmeros patente de corso para hacer lo que les de
la gana, especialmente robar y colocar cuñados por la jeta
El VEXILLVM era pues un trozo de tela cuadrangular, generalmente de unos 50 cm. de lado, que pendía de una asta que, a su vez, sostenía la bandera mediante un travesaño horizontal. No se sabe cuándo se adoptó para uso militar, pero parece ser que se inspiraron en una enseña de origen etrusco o incluso celta, si bien la realidad es que aún no se sabe con exactitud su procedencia. La representación más antigua que se conoce de este estandarte es la que aparece en una urna datada en tiempos de Sila, donde aparece un sujeto portando un VEXILLVM. Este hombre representa a un APPARITOR, un funcionario público cuya misión era actuar de asistente a los magistrados. Pero, además, se sabe que era izado en el monte Juniculo mientras se celebraban las COMITIA CENTVRIATA, las asambleas del pueblo que formaban parte del intrincado sistema legislativo y político de la antigua república. Por lo tanto, parece ser que este estandarte era usado como distintivo de determinados personajes o eventos  civiles antes de ser adoptado por el ejército. 

En lo tocante a su uso militar, al igual que la AQVILA, su custodia era encomendada a la 1ª cohorte de cada legión y era depositado junto a los demás SIGNA en el SACELLVM, el santuario donde se custodiaban las enseñas de todas las unidades acantonadas en un CASTRVM. En las imágenes inferiores podemos ver una recreación de dicho recinto. A la izquierda tenemos su aspecto exterior, y a la derecha una vista del interior. En el pozo que se abre en el centro de la estancia se guardaban los dineros custodiados en el campamento para el salario de las tropas, adquisición de vituallas, mantenimiento, el wifi gratuito para el personal, etc. Una vez cubierto con su trampilla se colocaba sobre el mismo un pequeño altar con todos los dioses preferidos de la legión de turno.



Pero el VEXILLVM era además, según palabras de Virgilio, un estandarte de guerra en toda su extensión. Cabe suponer que tal afirmación se debía a que, cuando se declaraba el estado de alarma, se sacaba del SACELLVM y se plantaba delante del pabellón o la vivienda del legado que mandaba la legión a modo de llamada a las armas. Pero, por otro lado, ya en tiempos de César se denominaba como VEXILLATIO  a unidades segregadas de una legión que, por el motivo que fuese, eran enviadas a llevar a cabo determinados servicios fuera de su campamento. A estas unidades, cuyo número de efectivos no era fijo sino que se supeditaba a las necesidades de cada momento, se les daba ese nombre y recibían sus propios VEXILLI para ser identificados por propios y extraños. Del mismo modo, en caso de necesidad se recurría a VEXILLATIONES nutridas por veteranos que eran llamados de sus dulces retiros para ir a dar un poco de guerra.


Durante las marchas se colocaban a los lados de las AQVILÆ de las legiones que formaban el ejército, y una vez entrados en combate se situaban al frente de la 1ª cohorte que, como dijimos, estaba encargada de su custodia. Ya se explicó en la entrada anterior como evolucionaban las distintas enseñas durante la batalla, así que no lo vamos a repetir de nuevo. Solo añadir que, como vemos en la foto de la derecha, en caso de que la legión se viese abrumada por los enemigos, el VEXILLVM debía ser protegido a toda costa, colocándose en el interior de la formación. Para un soldado romano, las enseñas eran sagradas, y lo importante era "NEQVE AB SIGNIS DISCEDERE", o sea, no abandonar los estandartes. Solo matando a sus defensores podrían sus adversarios apoderarse de ellos. Como ya sabemos, los romanos eran terriblemente supersticiosos, y la perspectiva de perder sus emblemas en batalla era peor que si se les presentasen sin avisar en el campamento los 6.000 cuñados de cada efectivo de la legión. No obstante, el valor espiritual del VEXILLVM no alcanzaba al del AQVILA, por cuya posesión cualquier legionario era capaz de dejarse arrancar las tiras de pellejo.


En el caso que nos ocupa, no solo las unidades de infantería tenían su propio VEXILLVM, sino también las de caballería, tanto las TVRMÆ de cada legión como las ALÆ. Su morfología era básicamente la misma que la del VEXILLVM de infantería, de cuyos detalles daremos cuenta más adelante. Lo único que variaba de forma ostensible era, como es lógico, el tamaño del asta, más corta en este caso para ser manejada con más comodidad. En la imagen de la derecha podemos ver varios ejemplos procedentes de la columna de Antonino Pío. Tanto a la izquierda del bajorrelieve como en el extremo opuesto podemos ver como los VEXILARII se pasean a caballo con sus respectivas enseñas mientras que en el centro vemos a unos SIGNIFERI de infantería.


El estatus del VEXILLARIVS era similar al del AQVILIFER, o sea, eran equiparables a un suboficial de nuestros días. Jerárquicamente estaban por debajo del centurión y por encima del OPTIO. Así mismo, la elección para el cargo recaía por sistema en hombres de probada valía y arrojo ante el enemigo. En tiempos de paz sus quehaceres eran los mismos que los de sus demás colegas abanderados dedicándose a cuestiones de tipo administrativo, y su salario era el mismo: doble paga. Su indumentaria era la reglamentaria del ejército, pero, en este caso, con el añadido de la típica piel de oso o lobo que tanto se ha popularizado. Los VEXILLARII de la guardia pretoriana usaban pieles de león, que era un bicho de más categoría y para eso ellos eran los guardias de la persona del emperador. En las fotos de arriba podemos ver dos VEXILLARII, el de la izquierda de una legión normal y corriente cubierto con una piel de lobo, mientras que el de la derecha pertenece a la guardia pretoriana con su pellejo leonino. En su VEXILLVM vemos el bicho tótem de esta selecta unidad: el escorpión. Por lo demás, ambos llevan en su costado izquierdo una PARMVLA, la pequeña rodela que empleaban en lugar del pesado SCVTVM reglamentario.


En cuanto al aspecto del VEXILLVM, ya hemos comentado sus dimensiones aproximadas. El asta, de madera que podía estar forrada por una fina lámina de plata, estaba rematada bien por una moharra lanza, una pelta o, como aparecen en la escena V de la columna de Trajano, pequeñas imágenes de dioses. El color de la tela era rojo o púrpura para que resultase bien visible en la distancia, y en la misma se solía pintar el número de la legión y el nombre del emperador o bien algún animal zodiacal relacionado con la unidad. Por ejemplo, la LEGIO X, la favorita de César, llevaba pintado un toro, animal asociado con la diosa Venus, la GENITRIX o tronco familiar de la GENS IVLIA, es decir, de donde provenía el clan de los Julios. Eso son antepasados y lo demás son chorradas, ¿que no?.. La parte inferior se remataba con flecos de oro, y tanto las letras como el animal o figura que acompañaba al texto podían estar pintados, bordados o sobrepuestos con tela de otro color. También se podía dar el caso se estar profusamente bordado a base de motivos florales con hilo de oro para que resultase aún más vistoso. A la derecha tenemos un par de ejemplos. El de la izquierda está basado en un bajorrelieve del Arco de Constantino, y pertenece al período de Marco Aurelio. El VEXILLVM está formado por un trozo de tela cuadrangular o STOLA púrpura festoneada por arriba y los lados y rematada en su parte inferior por una hilera de flecos dorados. A ambos lados penden dos correas de cuero en cuyos extremos vemos dos piezas metálicas llamadas SIPHARA que podían tener forma de almendra, pelta o corazón. El ejemplar de la derecha corresponde a la tipología más básica que se puede ver en multitud de bajorrelieves y monedas de la época. Con todo, hay que tener en cuenta estos ejemplos, aún siendo los más habituales, no eran los únicos, y se tiene constancia de otros diseños en los que variaba el material de las SIPHARA, que podrían ser de tela, o de la distribución de los emblemas dentro de la STOLA.


Como colofón, un par de chorraditas más. Una de ellas es que solo se ha hallado un VEXILLVM de época que podemos ver en la foto de la derecha. La pieza, aparecida en Egipto y datada hacia el siglo III d.C., presenta una diosa con una corona de laurel en una mano y una palma de la victoria en la otra. Fue hallada a principios del siglo XX. El VEXILLVM, como pasó con las águilas, no desapareció con el advenimiento del cristianismo como religión oficial. Una vez que Constantino se hizo un "ferviente cristiano" se les añadió en la parte superior del asta el crismón, dejando así de lado su vertiente pagana. Acababan pues de nacer los lábaros, palabro que sale mucho en los crucigramas como "estandarte de los emperadores romanos", pero en realidad lo fueron a partir de Constantino y no como estandartes de emperadores, sino con el mismo uso que tenían desde hacía siglos. En cuanto al término lábaro, lo usó por primera vez hacia el 400 d.C. un poeta de origen hispano llamado Aurelio Clemente Prudencio (348-410), considerado como uno de los mejores autores de su tiempo. Sin embargo, no se sabe aún de dónde leches sacó el palabro, porque al día de hoy aún se desconoce su etimología. Y por último, comentar que la actual ciencia de la vexilología que estudia las banderas y demás enseñas similares tomó su nombre precisamente de estos estandartes.

Bueno, con lo dicho supongo que ya tenemos información sobrada para apabullar a cualquier cuñado, así que vale por hoy. Ya proseguiremos porque, como decía el eximio y añorado Daniel Rabinovich en su impagable monólogo, él te mató. Davía da... ¡pará!...más.

Hale, he dicho

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AQUILA LEGIONIS


Recreación según Angus McBride de la batalla de Teutoburgo, librada en el año 9 d.C. y que resultó una de las más aplastantes derrotas sufridas por las legiones romanas en toda su historia . La escena muestra a Marco Caelio, centurión de una VEXILLATIO de veteranos de la LEGIO XVIII cuyo VEXILLARIVS aparece con la jeta cubierta con una máscara típica de las unidades de caballería. Al parecer, fue una práctica común entre los VEXILLARII durante el siglo I d.C.

domingo, 15 de julio de 2018

AQUILA LEGIONIS


Probos ciudadanos recreacionistas encabezados por el AQVILIFER, el legionario sobre el que recaía una de las más
grandes responsabilidades del ejército romano: portar y defender el águila de su legión. A su izquierda marcha el
PRIMVS PILVS, y detrás el SIGNIFER de la 1ª cohorte, que por norma era la depositaria del águila

Shhhhhhist... Ni una palabra. Todo el mundo como si tal cosa, no sea que la agquegoza de la musa haya venido solo a cambiarse las bragas y no a quedarse tras su interminable periplo del que hoy, casualmente, se cumplen ya dos largos meses. No conviene darle a entender que su presencia es de vital importancia para la continuidad del blog, así que actuemos como si tal cosa, en plan fray Luis de León cuando volvió a su cátedra tras cinco años en la trena y soltó su famoso "como decíamos ayer", ¿entendido? Bien, a lo que vamos...

Fragmento de la Paleta de Narmer (c. 3050 a.C.) en la que aparece el
faraón homónimo precedido por cuatro enseñas de su ejército
Desde los tiempos más remotos los ejércitos han hecho uso de un extenso surtido de símbolos con diversos fines, desde algo tan práctico como facilitar a sus jefes el conocer su posición en el campo de batalla como para anunciar al enemigo que tenían muy mala leche y que se mearían en sus míseras calaveras si no se largaban de inmediato camino de vuelta a su territorio. Ídolos antropomorfos, animales de aspecto feroz o incluso la jeta de algún cuñado mostrando sus fauces ávidas de vísceras permitían distinguir una unidad de otra o la situación del comandante del ejército durante la batalla. Sin embargo, las profundas connotaciones de tipo religioso o espiritual que incluso hoy día tienen las enseñas de los ejércitos fueron creadas, como no, por los insignes hijos de la augusta Roma que, como en tantas otras cosas, han sido los que dieron forma a nuestra civilización moderna.

Denario de plata de Heliogábalo en el que se puede ver
un AQVILA con sendos SIGNAS a cada lado, lo que
denota la importancia simbólica de los estandartes que
hasta aparecían en las monedas
Las SIGNA MILITARIA, las enseñas militares, ya no solo servían para que el general pudiera constatar que tal o cual unidad no había tomado las de Villadiego, o que permanecían clavados al terreno combatiendo al enemigo con la furia y el denuedo que se esperaba de ellos, sino que fueron envueltas en un halo glorioso, una mezcla de superstición y religiosidad y, lo más importante tal vez, permitieron crear lo que hoy conocemos como "espíritu de cuerpo", un sentimiento de camaradería y unidad bajo un símbolo común que convertía a una legión en una bloque monolítico dispuesto a entregar gustosamente el pellejo en el campo de batalla con tal de no dejar a parte de los suyos a merced de los enemigos y, aún más importante quizás, a no permitir que su prestigio como guerreros fuera puesto en entredicho. La cosa evolucionó de tal forma que la sola perspectiva de perder los estandartes en manos del enemigo les provocaba vahídos de terror porque eso solo significaba una cosa: eran unos mierdecillas que no habían puesto toda la carne en el asador, habían sido vilmente acoquinados por una caterva de bárbaros y todas las maldiciones y castigos tanto divinos como humanos serían pocos para purgar semejante felonía. De hecho, la posibilidad de perder los estandartes en combate era tan terrorífica que se dieron casos de comandantes de unidades que, al ver flaquear a sus tropas, tomaban las enseñas y las arrojaban hacia las filas enemigas para obligar a sus hombres a revolverse y a recuperar el empuje para rescatarlas como fuese.

La cosa alcanzó un arraigo tan profundo entre los supersticiosos romanos que veneraban a sus enseñas como objetos divinos, las ungían como si de dioses se tratase e incluso hacían sacrificios en su honor, juraban por ellas como se juraba por los dioses y eran guardadas celosamente en los SACELLI, unos pequeños santuarios ubicados en el centro de los campamentos durante los períodos de paz como si fueran las imágenes de sus deidades, y hasta los manes y lares del personal quedaban relegados a un segundo plano cuando se alistaban en el ejército. Cuando un romano se enrolaba en una legión su principal objeto de adoración eran las SIGNA, a ellas se debía por encima de todo, y se dejaría arrancar las tiras de pellejo defendiéndolas hasta el final de su existencia. No debe de extrañarnos esta actitud ya que hoy día se sigue jurando defender la bandera "hasta la última gota de nuestra sangre", y perderla o verla en manos del enemigo es aún la mayor deshonra y la más tremenda humillación que puede sufrir un ejército. Solo en contadas ocasiones el pánico se apoderó de las tropas y estas abandonaron sus enseñas, como en el episodio que vemos a la derecha, donde aparece el mismísimo César intentando detener a sus tropas en fuga que, sorprendidas por las tropas pompeyanas cuando atacan el campamento enemigo en Dirraquio, salieron en desbandada abandonando hasta la cartera con el DNI. No fue una jornada gloriosa precisamente, pero la falta de decisión de Pompeyo para rematar su victoria le impidió acabar con su enemigo para siempre, lo que con el tiempo acabó costándole a él la vida. Otro caso sonado fue el de la tremenda derrota sufrida por Varo en Teutoburgo, donde naturalmente las águilas volaron, y nunca mejor dicho.

Gaio Mario, inventor del AQVILA
Bien, sirva este breve introito para ponernos en situación de poder calibrar adecuadamente la enorme importancia que tenían para los romanos sus enseñas, de las que iremos dando detalles en sucesivas entradas. La de hoy estará dedicada a la más importante de todas, el águila, plumífero que quedó unido de forma indeleble a las legiones y que llegaron a ser consideradas como los verdaderos dioses guardianes de las mismas desde su adopción hasta el final del imperio. Porque a pesar de que Constantino declaró el cristianismo como la religión oficial de sus vastos dominios, el ejército no se resignó a borrar de un plumazo el símbolo que durante siglos les había precedido en todas y cada una de las batallas en las que habían tomado parte desde la guerra civil entre Gaio Mario y Lucio Cornelio Sila y, no lo olvidemos, independientemente de que el paganismo había sido oficialmente abolido no por ello desapareció como por ensalmo, y muchos legionarios seguían siendo fieles a la religión de sus ancestros y, por ende, mantenían de forma discreta su veneración por los SIGNA y demás dioses como Mithra, por el que los legionarios siempre habían tenido especial predilección. Y dicho esto, vamos sin más dilación al grano que para luego es tarde.

El origen del águila como emblema único de las legiones se debe a Gaio Mario, que en el 104 a.C. unificó en este símbolo los otro cuatro que hasta aquel momento habían sido los que representaban a las legiones. Además del águila estaban el lobo, el toro y el caballo. Al parecer, estos animales tenían su origen en las cuatro legiones consulares que formaban el núcleo del ejército romano en los albores del imperio, cuando los ciudadanos solo eran llamados a las armas cuando la cosa se ponía chunga y solo se mantenían esas cuatro legiones como una especie de fuerza de intervención inmediata en caso de emergencia mientras se procedía a la leva de las tropas necesarias para rechazar a posibles invasores o para invadir un territorio enemigo. La ilustración superior nos muestra a los cuatro SIGNIFER de cada legión con sus respectivos SIGNA con los bichos de cada una de ellas y una cartela con su número identificativo: la primera ostentaba el lobo, la segunda el toro, la tercera el caballo y la cuarta el jabalí.

Parece ser que la decisión de Mario de unificar todos los símbolos en uno solo no obedecía a un mero capricho, sino a una costumbre que las legiones habían empezado a adoptar por su cuenta unos años antes. Según Plinio el Viejo, "...en su segundo consulado asignó el águila exclusivamente a las legiones romanas. (...) Algunos años antes de su tiempo había comenzado a ser costumbre llevar solo el águila a la batalla, dejando los otros estandartes en el campamento. Sin embargo, Mario abolió el resto". A partir de aquel momento, el águila se convertiría en el símbolo exclusivo de cada legión, por encima de los SIGNA y los VEXILLA que eran los que distinguían a manípulos y luego cohortes de cada legión. Al ser el más preciado emblema de cada unidad, el AQVILA era entrega a la custodia de la 1ª cohorte, la más poderosa de todas, bajo el mando del PRIMVS PILVS, la primera lanza, el centurión de mayor rango de toda la legión. El encargado de portarla no podía ser un pelagatos cualquiera, sino un hombre cuyo valor y capacidad de sacrificio estuviera por encima de toda duda ya que su misión principal no era combatir, sino impedir que el AQVILA cayera en manos del enemigo, dando la vida para ello si era preciso. De ahí que el AQVILIFER fuera todo un personaje en su legión, absolutamente respetado por todos y, a pesar de su rango menor equiparable a lo que actualmente sería un suboficial, era tenido en cuenta incluso en los consejos de guerra. Parece ser que el rango no se obtenía a la primera, sino que se establecía un escalafón entre los SIGNIFERI de cada legión por el que iban ascendiendo hasta llegar al grado máximo que, en su caso, sería AQVILIFER. Una prueba de ello sería la el bajorrelieve que vemos arriba, un altar votivo como acción de gracias a los dioses y perteneciente a un personaje anónimo que empuña un águila mientras que a su izquierda vemos el SIGNVM que posiblemente ha estado paseando hasta su ascenso.

Escena de la Columna de Trajano en la que vemos los estandartes de una
legión cruzando un puente de barcas. Junto al águila marcha un estandarte
a modo de amuleto con un carnero, y a continuación los SIGNA de la unidad
El AQVILIFER, junto al SIGNIFER y al VEXILLARIVS, eran selecionados, además de por su VIRTVS (valentía, arrojo) por tener un nivel cultural superior al de las tropas ya que cuando no combatían eran los encargados de llevar las cuestiones administrativas y contables de su legión, por lo que debían saber leer, escribir y tener nociones de números. Su rango, por debajo del PILVS y por encima del OPTIO, les proporcionaba un estatus bastante sólido en su unidad y, por supuesto, beneficios de tipo pecuniario ya que eran DVPLICARIVS, o sea, cobraban el doble de la paga de un legionario raso. El prestigio del AQVILIFER llegaba al extremo de ser personas cuasi intocables. Un buen ejemplo lo cita Tácito en sus "Anales del imperio romano" cuando relata como Lucio Munacio Planco, llegado a la ciudad de los Ubios (la actual Colonia) al frente de una embajada del senado para solventar los disturbios provocados por las tropas de Germánico, tuvo que recurrir a abrazarse a las enseñas para no ser linchado allí mismo ya que su DIGNITAS le impedía largarse echando leches. Fue Calpurnio, AQVILIFER de la LEGIO I, el que le sacó las castañas del fuego ya que si "... no lo hubiera defendido de la última fuerza, un embajador del pueblo romano, cosa execrable aun entre enemigos, hubiera en el campo romano manchado con su sangre el altar de los dioses", o sea, el SACELLVM donde se custodiaban el águila y demás enseñas de la legión. En resumen, el prestigio de los portaestandartes era capaz de someter a una turba cabreada mientras que esta no se privaba incluso de desobedecer a sus legados.

Estela funeraria de Tito Flavio Surilio,
AQVILIFER dela LEGIO I ADIVTRIX
empuñando el asta del estandarte que,
en este caso, presenta curiosamente las
alas bajadas. Obsérvese la PARMVLA
a la izquierda de la imagen, escudo
habitual de los portaestandartes
Durante los desplazamientos, las águilas de las legiones que formaban parte de un ejército marchaban todas juntas al frente del mismo formando un grupo que, a a su vez, era rodeado por los VEXILLARI de las mismas. A continuación iban los músicos para darle ambientillo a la cosa, mientras que los SIGNIFERI permanecían con sus respectivas unidades. Una vez en combate, la misión de los abanderados y, por supuesto, la del AQVILIFER no era en modo alguno permanecer como postes junto al comandante de su unidad, limitándose a vigilar que ningún enemigo se acercase con intenciones aviesas. Antes al contrario, su cometido era de suma importancia ya que eran los que guiaban los movimientos de sus  cohortes- o de toda la legión en el caso del AQVILIFER- en función de las órdenes que recibían del legado. Mediante un sistema de señales ideado por César, cuando recibían una determinada orden movían su enseña para darse por enterados, y a continuación se ponían en movimiento siguiendo las órdenes de sus respectivos mandos para evolucionar por el campo de batalla. Así se puede uno hacer una idea de que la eficacia de las legiones no solo estaba basada en su disciplina o su destreza, sino en el adiestramiento para moverse siguiendo las instrucciones de su comandante que, colocado en una posición desde la que dominaba todo campo de batalla, podía hacerlos maniobrar como si de una partida de ajedrez se tratase mientras que sus enemigos se limitaban a atacar como energúmenos pero sin una idea clara de lo que pasaba a su alrededor.

En cuanto al aspecto de las AQVILÆ, debido a los escasísimos ejemplares que han llegado a nosotros precisamente por el temor de los legionarios a perderlas, tendremos que guiarnos por las representaciones gráficas y artísticas de la época, básicamente las estelas funerarias de AQVILIFERI difuntos y monumentos como la Columna de Trajano. Básicamente se puede decir que su diseño permaneció inalterable a lo largo del tiempo. El águila era una pieza de plata, plata dorada o bronce dorado que, en base a un ejemplar conservado en el Museo Arqueológico Nacional de los Abruzos que podemos observar a la derecha, tenía unos 25 ó 30 cm. de altura, y solía representarse con las alas abiertas o levantadas hacia arriba. Las patas podían reposar sobre unos rayos en referencia a Júpiter y que solían ser de oro o plata, y no ya por una mera cuestión ornamental, sino para que su brillo ayudase a distinguirla en la distancia. A veces llevaban en el pico algún objeto como bellotas u hojas de olivo o laurel para diferenciarlas unas de otras. Del mismo modo, rodeando las alas podían llevar coronas de laurel o murales. 

El conjunto estaba rematado por su parte inferior por una pieza metálica en forma de pirámide truncada con la punta hacia abajo, aprovechando el estrechamiento de la misma para ajustarla al asta. Esta podía ser de metal plateado o de madera, y solía estar provista de un asa para facilitar su transporte. En algunas representaciones aparecen fijadas al asta tres PHALERÆ, posiblemente a modo de condecoración colectiva de la unidad. En la parte inferior había una contera o regatón de hierro con una cruceta en forma de T para poder clavarla en el suelo durante las paradas. Un ejemplo bastante ilustrativo lo podemos ver en la imagen de la derecha. Pertenece a la estela funeraria de Gneo Musio, AQVILIFER de la LEGIO XIIII GEMINA MARTIA, que palmó con 32 años no sabemos si heroicamente o a consecuencia de una apuesta con su cuñado a ver quién se comía antes un quintal de higos. No obstante, el bueno de Gneo Musio debió ser un sujeto valeroso, y no ya por ostentar el rango de AQVILIFER que, como comentamos anteriormente, solo podía ser concedido a tipos bragados, sino por las PHALERÆ y torques que muestra sobre su LORICA. Con su mano derecha sujeta el AQVILA de su legión, cuyas alas en este caso están rodeadas por una corona de laurel.

Otro ejemplo, en este caso de la estela de Lucio Sertorio Firmo, AQVILIFER de la LEGIO XI CLAVDIA PIA FIDELIS. El AQVILA aparece con las alas levantadas, pero no las envuelve ninguna corona. Sus garras, al igual que la anterior, agarran firmemente un haz de rayos. En la parte inferior podemos ver el regatón metálico y la cruceta que permitía clavarla al suelo. En cuanto al equipo de los AQVILIFERI, parece coincidir más con el de los PILVS, o sea, una LORICA SCAMATA o PLVMATA en vez de la SEGMENTATA propia de la tropa. Así mismo, la espada la llevaban en el costado izquierdo, y en vez del enorme SCVTVM reglamentario usaban una PARMULA, una pequeña rodela más cómoda, manejable y ligera ya que su misión no era combatir en primerísima línea. Conviene también aclarar un detalle acerca de las pieles de leones, lobos u osos con que se suelen cubrir los ciudadanos recreacionistas o que vemos en muchas ilustraciones modernas. Según los testimonios gráficos de la época, este complemento en forma de pellejo disecado era propio de los SIGNIFERI y VEXILLARI, pero no de los AQVILIFERI. De hecho, estos no aparecen en ningún momento con su cubierta peluda mientras que los otros sí, como se puede ver por ejemplo en la Columna de Trajano. No hay constancia del por qué era así, pero es un hecho que no disponemos al día de hoy un solo testimonio que diga lo contrario.

Bueno, vale de momento que no conviene abusar después de tanto tiempo aletargado. En sucesivas entradas ya iremos explicando los demás estandartes usados por las legiones a través del tiempo ya que el advenimiento del principado implicó la creación de otros nuevos como complemento a los SIGNA de siempre. En fin, esperemos que la musa de los cojones no de la espantada de nuevo, porque esta vez no se lo perdonaría a la muy...

Hale, he dicho

Probos ciudadanos recreacionistas mostrando un extenso surtido de estandartes de la época imperial. Ya los iremos
viendo con detenimiento

lunes, 10 de abril de 2017

Curiosidades curiosas sobre el origen de las SS




Sí, ya sé que en plena Semana Santa no resultaría tal vez adecuado hablar de esos terribles ciudadanos que tanto dieron y siguen dando que hablar, pero como ya en su momento se dedicó una entrada al vil apiolamiento del venerado rabí Yeshua bar Yosef, conocido hasta por los ateos contumaces como Jesucristo o Jesús a secas, pues prefiero seguir con esta temática de la que ya hemos publicado algunas entradas que, por cierto, han tenido bastante éxito. En todo caso, ¿quién no tiene un cuñado con 429 documentales sobre la Orden Negra metidos en el apartado de "favoritos" de Youtube? Necesario es pues disponer de información para plantarles cara y rebatirles adecuadamente las trolas que nos intenten colar por la cara.

El SS-Hauptsturmführer Michael Wittmann.
¿Quién no ha sentido admiración por su hazaña
de Villers-Bocage, cuando su unidad escabechó
al regimiento County of London Yeomanry?
Curiosamente, las SS siguen contando con infinidad de admiradores a pesar de su siniestra fama. Ello es sin duda debido a su faceta puramente militar ya que, justo es reconocerlo, el arrojo y la combatividad de sus unidades han logrado eclipsar ante mucha gente el hecho de que estos belicosos sujetos pertenecían a la misma formación que organizó y llevó a cabo con precisión germánica el genocidio de millones de personas. Algunos dirán, y no sin parte de razón, que hombres como Skorzeny, Peiper o Wittmann no tenían nada que ver con colegas como Eichmann, Eicke o Höss. Al cabo, los tres primeros no se vieron involucrados en los monstruosos crímenes en los que intervinieron los tres segundos pero, no nos engañemos, podían haber luchado por su patria en la Wehrmacht de la misma forma que lo hicieron millones de alemanes, y no formando parte de una de las mayores y más eficientes organizaciones criminales de la historia. Porque la cosa radica en cómo habrían actuado los SS "buenos" si hubiesen sido destinados a una unidad de la Totenkopfverbände en vez de a una división acorazada o de infantería. Me temo que alguien tan admirado como Skorzeny, que ante todo era un organizador nato, habría llevado a cabo una labor que no habría desmerecido en nada a la tenebrosa eficacia de la que hizo gala Eichamnn, así que colijo que, en realidad, como dice el conocido adagio, eran el mismo perro con distintos collares.

Muchos jóvenes alemanes se unieron a las SA y las SS
para vestir un uniforme bonito y comer caliente tres
veces al día antes que por compartir el ideario nazi pero,
además, verse formando parte de la élite era una droga
que a muchos les resultaba terriblemente adictiva
Sea como fuere, lo que muchos desconocen es que la génesis de esta tristemente célebre organización paramilitar fue bastante más prosaica de lo que imaginan y, en todo caso, muy alejada de las brillantes paradas militares y de sus elegantes uniformes negros vestidos por los ciudadanos sumamente arios, rubios y atléticos que solían aparecer en los carteles de propaganda o los documentales de la UFA con los que Leni Riefenstahl embobaba al personal y dejaba claro al resto del planeta que herr Hitler era algo así como un nuevo redentor, un mesías austriaco enviado para vengar a la Gran Alemania de las humillaciones sufridas a raíz del Tratado de Versalles. Porque, como es de todos sabido, si a una sociedad o a una parte de ella no dejan de repetirle a diario que tienen un enemigo, real o imaginario, culpable de sus miserias, que ellos merecen un destino acorde a su glorioso pasado y, además, que son los más listos y los más guapos, pues ya tenemos el caldo de cultivo adecuado para que una juventud como la alemana, que solo había conocido el hambre, el caos y las privaciones derivados de la Gran Guerra, se uniese fervorosamente a formar parte de la élite que salvaría a la patria de todos los males habidos y por haber, y que los perversos culpables de sus sufrimientos recibirían su justo castigo por bellacos, malsines y alevosos. Y en crear ese estado de ánimo, las cosas como son, Hitler fue un maestro consumado.

Hitler a la salida de una de sus apasionadas charlas escoltado
por miembros de las SA. El primero de la izquierda, tocado
con un quepis negro, es un SS
Sin embargo, como ya sabemos, las andanzas del antiguo gefreiter Hitler en el campo de la política fueron bastante movidas. En los turbulentos tiempos de la República de Weimar los mítines solían acabar en algaradas y broncas a palos, cuando no a tiros. Estos mítines no se solían celebrar, como ocurre hoy día, el espacios abiertos y con un público pacífico que como se aburre en casa pues se da un garbeo a escuchar a tal o cual líder político poniendo a caldo al adversario y asegurando que su sistema para que todo funcione mejor es el suyo (en esto los políticos no han variado nada desde que los griegos inventaron la democracia). Antes al contrario, los locales donde por lo general tenían lugar estos eventos solían ser las grandes cervecerías donde, además de disponer del aforo necesario, el personal se ponían de grana y oro a base de zumo de cebada, lo que caldeaba el ambiente una cosa mala. Y como era costumbre en la época, los elementos más bragados de los partidos contrarios al que daba la charla se presentaban en el local para reventar el acto, lo que derivaba en una batalla campal que daba como resultado mogollón de heridos y algún que otro muerto. En fin, algo muy desagradable.

Hitler con algunos miembros del Stabswache. Schreck es el segundo por
la izquierda. Como se puede ver, aún no usan ningún tipo de distintivo
propio del cuerpo salvo la calavera del quepis. Obsérvense los vergajos que
portan los dos SS de los extremos
Obviamente, los líderes de los diferentes partidos disponían de unos pequeños pero aguerridos grupos de guardaespaldas que, ante todo, tenían la misión de protegerlos a ellos independientemente de que el resto del personal se liara a hostias. Es decir, que, en el caso de Hitler, mientras los SA despachaban a los comunistas o socialistas que iban a fastidiarle el mitin, unos cuantos de sus más fieles seguidores se encargaban de impedir que cualquiera se acercase a su amado líder y de sacarlo del local ileso. Concretamente, fue en marzo de 1923 cuando el futuro führer ordenó la formación de esta pequeña pero selecta tropa que fue denominada como Stabswache, palabro que podríamos traducir como "barrera de protección", o sea, lo que hoy es el equipo de seguridad que vela por el charlatán de turno. El Stabswache lo componían apenas una docena de hombres que, independientemente de su testiculina, eran primero y ante todo leales a Hitler por encima de cualquier otro jerifalte del partido. O sea, que pasaban olímpicamente de Röhm y demás mandamases nazis, y solo acataban las órdenes de su líder, al que estaban ligados por un juramento de fidelidad.

Josef Berchtold, el primer Reichsführer
A la vista de que el ambiente se ponía cada vez más tenso y las luchas políticas se asemejaban más a una pelea entre cuñados que a un intercambio de ideas, apenas dos meses después de la creación del Stabswache Hitler decidió aumentar la plantilla del mismo, pasando de la mínima docena inicial a un centenar de hombres. Y como cien no son lo mismo que doce, pues lógicamente hubo que establecer una jerarquía y una organización adecuada porque sino aquello acabaría como el rosario de la aurora. Para ello puso al mando de la nueva unidad a Julius Schreck y a Josef Berchtold, hombres de su total confianza. Ambos habían formado parte del Stabswache primigenio, y Schreck en concreto eran uno de los hombres más allegados a Hitler hasta el extremo de ser su chófer y guardaespaldas personal. En cuanto a Berchtold, había sido un antiguo teniente del ejército imperial durante la Gran Guerra y reciclado luego junto con Schreck en jerifaltes de un freikorps conocido como Marinebrigade Ehrhardt para, finalmente, acabar como tantos otros formando parte del partido nazi. Esta nueva unidad pasó a llamarse Stoßtruppen Adolf Hitler, "tropas de asalto de Adolf Hitler", lo que nos da un indicio de que su cometido ya no solo era proteger íntimamente a Hitler sino también, llegado el caso, a acometer con furia visigoda a sus enemigos políticos de la misma forma que lo hacían las SA. De hecho hasta fueron provistos de un par de camiones para facilitar su desplazamiento a los mítines y, de paso, acojonar a los paisanos ante semejante despliegue de fuerza.

Hess vistiendo en uniforme de las SS.
Era más frecuente verlo con el uniforme
del partido
Puede que alguno se pregunte qué sentido tenía contar con dos fuerzas paralelas, las SA y las SS, cuando además los segundos dependían jerárquicamente de los primeros. La respuesta es simple: a medida que el partido nazi se fue expandiendo más allá de las fronteras de Baviera, cada vez que Hitler salía de "sus dominios" a dar un mitin sabía que la lealtad de los SA era para sus líderes locales antes que para él, así que no era ninguna insensatez ir siempre acompañado de los mismos hombres destinados a velar por su seguridad fuesen donde fuesen sin tener que preocuparse que en tal o cual ciudad podía verse con el culo al aire si las cosas se ponían chungas, lo que como hemos dicho solía ser la tónica habitual. Por esa razón y no otra fue por la que desde el primer momento Hitler se rodeó de hombres absolutamente leales como Rudolf Hess, Julius Shaub, Sepp Dietrich o los mentados Schreck y Berchtold además de Emil Maurice, uno de sus más fervorosos y leales seguidores desde los primeros tiempos del partido y del que, mira por donde, se descubrió años más tarde que uno de sus bisabuelos era judío. Eso sí, en este caso Hitler no olvidó sus servicios ni tampoco que acabó en prisión por lo del putsch de Munich, por lo que ordenó que lo nombraran ario honorario. Total, por un bisabuelo birrioso que llevaba más de 40 años criando malvas no era plan de fastidiarle la vida al hombre.

Así pues, ya vemos que la todopoderosa organización tuvo como origen un simple puñado de leales cuyo cometido no era otro que impedir que un comunista le abriera la cabeza a Hitler con una de las enormes jarras cerveceras que gastan los tedescos. Pero como si algo despierta pasiones furibundas entre los alemanes es todo lo relacionado con la parafernalia militar, está de más decir que rápidamente hubo que diseñar un uniforme para este pequeño grupo de cien hombres y, de esa forma, no solo crear un espíritu de cuerpo sino, quizás más importante para ellos, marcar las diferencias con las SA, de quienes seguían dependiendo de momento. Y por cierto que fue de una forma asaz curiosa.

Foto de 1931 en la que aparece Hitler vistiendo el
uniforme enteramente pardo del partido. Los dos
SS que lo escoltan aún no llevan las conocidas
runas en el cuello de la camisa
Como todos sabemos, el color por antonomasia del partido nazi era el pardo, o sea, un marrón claro. La elección de este color no fue tal, o sea, nadie dijo en ningún momento que los miembros de las SA y luego las SS debían usar camisas de ese color, sino que fue más bien una causalidad, que no casualidad. A finales de 1924, Gerhard Rossbach, un antiguo teniente reciclado en jefe de las SA, adquirió un excedente del ejército imperial compuesto por un lote de camisas de ese color procedentes de las tropas coloniales alemanas destinadas a las posesiones africanas del káiser. Así, cuando en 1925 se decidió uniformar a las SS se recurrió a estas prendas que, junto a unos calzones, una corbata y un quepis de color negro, dieron lugar a su uniforme reglamentario con el añadido de la calavera de la que ya hablamos en su momento. Así pues, el color que llegó a ser temido y odiado en medio mundo no surgió de un diseño específico o por la búsqueda de una simbología a la que tan aficionados eran los nazis, sino a la compra de un lote de prendas de desecho que, obviamente, debieron costar muy baratas para que las arcas del entonces pobretón partido nazi se las pudiera permitir. Pero cuestiones de uniformes aparte, los distintivos de rango seguían siendo los de las SA porque sus propias siglas aún no habían sido inventadas.

Erhard Heiden, el segundo Reichsführer
En 1925 se formó una nueva guardia de corps aún bajo los auspicios de las SA y su todopoderoso jefe, Ernst Röhm, la cual fue rebautizada inicialmente como Schutzkommando y, al poco tiempo, como Sturmstaffel. Finalmente, en noviembre de aquel mismo año y quizás por sugerencia de Göring recibió el nombre con el que pasaron a la historia: Schutzstaffel. Para ingresar en el mismo se requerían hombres de entre 25 y 35 años con buena reputación, que no fuesen conocidos como bebedores o proclives a difamar a sus jefes ni a ser boquiflojos, que no era plan de ir contando hasta a sus cuñados los entresijos del partido o lo que se cocía en las reuniones de los mandamases. Además, para más seguridad, debían ser presentados por dos miembros del partido a fin de prevenir infiltrados de otros partidos o de la misma policía. Fue a raíz de la creación de este nombre cuando surgieron las siglas SS, que hasta entonces no habían sido empleadas. El mando de este nuevo grupo fue encomendado a Berchtold mientras que Schrenck, como se comentó anteriormente, recibió un encargo digno de la confianza que Hitler tenía en él ya que lo separó de la organización para hacerlo su chófer personal y su guardaespaldas. En aquel momento las SS contaban con un millar de hombres bajo las órdenes del Reichsführer Berchtold. 

Sí, que nadie se extrañe. Himmler no fue el primero. Ni siquiera el segundo sino más bien el tercero ya que en 1927 Berchtold presentó la dimisión por su negativa a seguir constreñido por los jerarcas de las SA, siendo sustituido en el cargo por Erhard Heiden. Himmler, su adjunto, fue el que lo relevó apenas dos años más tarde, concretamente en enero de 1929 ante la incapacidad de Heiden por relanzar una organización que, a pesar de su prometedor futuro, se había visto cada vez más marginada a causa de las SA, que los veían como unos competidores que podían arrebatarles el poder como así fue más tarde a raíz de hacerse Himmler con el control de la organización. Conviene aclarar que algunos autores señalan a Julius Schrenck como el primer Reichsführer, por lo que Himmler sería en ese caso el cuarto de la saga, pero en realidad las SS que todos conocemos no existían cuando Schrenck dirigió el germen de las mismas cuando mandaba el Stabswache. En todo caso y como testimonio de lo dicho, en la foto vemos a un joven Himmler que luce en el cuello de la camisa el distintivo de rango de SS-Oberführer, así que aún le quedaba un poco de carrera para alcanzar la cima.

De hecho, ni siquiera existía aún la famosa insignia de las dos runas, que no surgieron hasta 1931 de la mano de un miembro de las SS llamado Walter Heck el cual había sido diseñador gráfico en una empresa dedicada a la fabricación de emblemas y quincallería militar radicada en Bonn y propiedad de un tal Ferdinand Hoffstäter. Heck, que sin duda supo crear uno de los distintivos más simples y a la par significativos de la historia, se limitó a poner juntas dos runas sig bordadas en hilo de plata sobre un parche negro, las cuales estuvieron inicialmente destinadas en exclusiva al Leibstandarte, la más selecta formación de las SS, si bien en 1933 el uso de este símbolo se generalizó en toda la organización. Al parecer, a Heck solo le pagaron 2 marcos y 50 pfenings por los derechos del invento. Hoy día se habría forrado de millones solo con las copias que se hacen, lo que son las cosas. Por cierto que, al parecer, Heck también llevo a cabo el diseño de la insignia de las SA, que en este caso consistía en una runa sig y una A en letra gótica según vemos en la foto superior

Hebilla superior de las SA. La inferior
pertenece a las SS
Aquel mismo año de 1931 se gestó también el que luego sería el famoso lema de las SS: Meine Ehre heißt Treue, Mi honor se llama fidelidad, el cual tuvo su origen al parecer en una carta abierta que Hitler envió a Kurt Daluege tras el llamado Stennes Putsch, una revuelta interna que llevada a cabo aquel año por Walter Stennes, un jerarca de las SA que no estaba conforme con la trayectoria ideológica que estaba tomando el partido. En dicha carta, Hitler invocaba a la lealtad de sus SS con la frase "SS mann, deine Ehre heißt Treue", que viene a querer decir algo así como "hombre de las SS, tu honor se llama fidelidad" en relación al comportamiento de la organización durante la movida de Stennes. La frase moló tantísimo que inmediatamente se tomó como lema y no tardaron en mandarlo estampar en las hebillas de los cinturones del cuerpo, que hasta aquel momento seguían siendo las mismas de las SA, siendo encargadas a la firma Overhoff & Cie. de Lüdenscheid. Como se ve en las fotos de la derecha, ambas son muy parecidas salvo en que la corona de laurel fue sustituida por el lema en cuestión. Como ya sabemos, también fue grabado en sus dagas Holbein, pero de esos puñales tan chulísimos ya hablaremos otro día.

A la izquierda, el Ehrenwinkel. A la derecha, el distintivo
de gefreiter
Como curiosidad final, comentar que en febrero de 1934 Himmler quiso distinguir a los miembros de la vieja guardia con otro símbolo además del Totenkopfring, el anillo del que hablamos en la entrada anterior el cual había sido incorporado al extenso catálogo de quincallería unos meses antes. Consistía en un chevrón de plata que iba colocado en la parte superior de la manga derecha y que no debemos confundir con el distintivo de los cabos del ejército, muy similar por cierto, pero que se llevaba en la manga izquierda. Este distintivo, conocido como Erhenwinkel für Alte Kämpfer o "Ángulo de Honor para Viejos Luchadores" podía ser usado por cualquiera que se hubiera unido a las SS antes del 30 de enero de 1930.

Otto Skorzeny, que acabó sus días en España sin haberse
arrepentido jamás de haber sido miembro de las SS. No
obstante llegó incluso a trabajar para el Mossad
En fin, ese fue el origen de las SS. No deja de ser curioso que una organización que contó con decenas de miles de miembros, varias divisiones militares de todo tipo, que gestionaba en la sombra multitud de empresas que les rindieron pingües beneficios y que llevaron a cabo un proceso de exterminio tan meticuloso que más bien parecía la contabilidad de una firma de relojería suiza surgieran de un simple grupúsculo de veteranos del ejército imperial con la finalidad de proteger al ex-cabo Hitler. Por cierto que cuando salen en los documentales esos vejetes de aspecto venerable a pesar de que sirvieron en el siniestro cuerpo, aún no he visto a uno solo que reniegue de haber pertenecido a las SS. Algunos dicen arrepentirse de haber tomado parte en alguna masacre, otros de haber liquidado a mogollón de judíos, otros no se arrepienten de nada los muy hideputas, pero todos siguen mostrándose orgullosos de haber sido, o de ser aún en su fuero interno, un SS, lo cual no deja de ser un curioso ejemplo de como fomentar un inamovible espíritu de cuerpo que durará toda la vida. De hecho, tras la guerra muchos acabaron asesorando a diversos países de Sudamérica, Egipto, Irán o incluso Estados Unidos o el mismísimo estado de Israel, lo que denota que sus métodos no eran ninguna chorrada. Lo malo fue el uso que les dieron.

En fin, ya tá.

Hale, he dicho

sábado, 1 de abril de 2017

Curiosidades: der Totenkopfring, el anillo de las SS


Esas manos tan cuidadas eran las del siniestro jefe del RSHA,
el tristemente célebre Reinhard Heydrich. En el dedo anular
de su mano derecha se percibe claramente su Ehrenring, que
sustituyó a la alianza matrimonial que se le ve en otras fotos
De toda la abundante quincallería que tanto entusiasmaba a los nazis y en especial a Heinrich Himmler, una de las piezas quizás menos conocida es el anillo que el Reichsführer entregaba a modo de recompensa a los miembros más distinguidos de las SS. Sin embargo, este pequeño y aparentemente simple adorno era tal vez el que contenía una carga simbólica más profunda que todas las medallas, distintivos, parches, cintas y demás parafernalia con que los nazis adornaban sus elegantes uniformes. Hablamos del SS-Ehrenring (anillo de honor de las SS) o, como se le conocía vulgarmente, Totenkopfring (anillo de la calavera), un objeto envuelto en tal misticismo que actualmente aún se fabrican réplicas o versiones basadas en una simbología similar por todo el mundo. Y lo más curioso es que el mercado al que van dirigidos estos anillos no parece ser exclusivamente el de grupos neonazis y coleccionistas, sino a mucha gente que, simplemente, les llama la atención eso de la calavera y las runas. Colijo que la inmensa mayoría de ellos no sabe la historia del anillo en cuestión ya que, de ser así, supongo que no se avendrían a pasearse por el mundo luciendo semejante objeto en un dedo. En cualquier caso, que cada cual se ponga lo que le de la gana y aquí paz y después gloria, amén de los amenes.

Sepp Dietrich junto a varios oficiales del SS-Leibstandarte
durante la celebración del cumpleaños del famosísimo
SS-Strurmbannführer Kurt "Panzer" Meyer, al que podemos
ver tras Dietrich, a la izquierda de la imagen. En la mano
derecha de Dietrich se ve su Ehrenring
El Ehrenring fue una más de las muchas ocurrencias de Himmler que, como muchos sabrán, estaba verdaderamente obsesionado con la búsqueda de todo lo referente a la mitología germánica y sus símbolos que, está de más decirlo, creía a pie juntillas hasta el extremo de mandar a Otto Rahn al Languedoc para intentar averiguar el paradero del Grial basándose en el poema épico "Parsifal", obra de Wolfram von Eschenbach, o mandar una expedición al Tibet en busca de los orígenes de la raza aria. Por cierto que el parecido físico de un tibetano con un alemán se me antoja tan similar como el de un sifón a un botijo. En cualquier caso, lo cierto es que el inefable Heini, como llamaban a Himmler sus más allegados, destinó jugosísimas sumas de dinero a una legión de pseudo-historiadores, "expertos raciales", científicos más falsos que una moneda de plomo y, en definitiva, toda una fauna dedicada enteramente a complacer al obsesivo Reichsführer en su afán por dotar a su Orden Negra de toda una compleja simbología. De hecho, él mismo se creía una reencarnación del emperador Enrique I el Pajarero, así que ya podemos imaginar como estaba el patio. No obstante, Himmler tenía las ideas muy claras en ese sentido ya que sabía perfectamente que la principal herramienta para desarrollar en la población un nacionalismo acérrimo consiste en crear y fomentar todos los mitos, símbolos y personajes que ayudarán a convertir una caterva desorientada en un ejército de fanáticos seguidores que, sin darse cuenta, serán capaces de darlo todo, incluyendo la propia vida, para coadyuvar a la consecución de su ideología, y esto por desgracia lo seguimos viendo a diario aún en pleno siglo XXI.

Naturalmente, Heini también tenía su anillo, que para eso
era el amo del cotarro y se lo otorgó a sí mismo. Se puede
ver perfectamente en el anular de la mano derecha
Bien, aclarado el motivo del por qué Himmler se esforzaba tanto en buscar hasta el paradero de los calzoncillos de Sigfrido o la barra de labios de Brunilda, veamos cómo se gestó la creación del Totenkopfring. La idea estaba inspirada en un anillo que, según las leyendas germánicas, poseía el dios Thor, y que era tan sagrado para los paganos tedescos como el crucifijo para un cristiano. Con un objeto con tanta carga simbólica Himmler pretendía crear una recompensa, una especie de distintivo que pudiera llevarse siempre encima incluso cuando uno se duchaba, cosa que no era posible con una condecoración convencional ya que comprobaron que clavarse el alfiler en el pellejo del pecho resultaba extremadamente doloroso y nada práctico. Así pues, qué mejor que un anillo que, además, es un objeto que desde tiempos inmemoriales está relacionado con las alianzas entre personas, hermandades, tribus, sectas, etc. En este caso, como podemos suponer, dicha alianza era con el Führer, el partido y las SS que, en un futuro no muy lejano, tenía la intención de convertir en una especie de orden militar al uso medieval que sería la salvaguarda de la pureza racial y los guardianes del Reich de los Mil Años que tanto cacareaba Hitler en sus fastuosas movidas en Nuremberg.

Karl Maria Wiligut con uniforme de SS
El diseño fue llevado a cabo por un peculiar personaje llamado Karl Maria Wiligut (1866-1946), que estaba considerado por Himmler como el más profundo conocedor de los entresijos de la simbología del alfabeto rúnico que tanto gustaba en las SS. Al cabo, las mismas siglas de la organización estaban escritas con la runa sig o sigel, que tiene la característica forma como de rayo. Wiligut era un militar austriaco que se distinguió durante la Gran Guerra por su valía, pasando a la reserva en 1918 con el grado de coronel. Pero nuestro hombre, además de ser un militar capacitado, estaba obsesionado por las historias que le contaba su abuelo cuando era crío acerca de la mitología germánica, hasta el extremo de que, tras dejar el ejército, se entregó en cuerpo y alma a estudiar todas esas leyendas como si fuesen absolutamente ciertas. La cosa es que su parienta, hartita de tanta chorrada y que no atendiese a su familia porque dedicaba su vida por entero a sus indagaciones, en 1924 logró que lo metieran en un sanatorio mental, siendo incapacitado porque un tribunal médico declaró que estaba como un cencerro, que era un megalómano contumaz y, lo peor de todo, padecía una esquizofrenia de tomo y lomo. 

Runas armanen
Tres años más tarde pudo largarse del sanatorio, le hizo dos higas a la parienta y a sus hijas y se marchó a Alemania, donde empezó a relacionarse con organizaciones masónicas, de neotemplarios y, en fin, con todas aquellas sectas o grupúsculos pseudo-religiosos y espirituales que se pusieron tan de moda en aquellos años. Y, mira por donde, en 1933 tuvo la suerte de conocer a Himmler, el cual fue inmediatamente seducido por la sarta de historias que Wiligut le contó y que le venían de perlas para su proyecto. Lo nombró SS-Standartenführer (coronel) y lo puso al frente de un departamento de historia para que investigara todo lo investigable. Además, hasta creó un alfabeto rúnico de 18 letras que, en realidad, no eran más que una variación de las runas armanen de Guido von List, un ocultista de cierta fama a finales del siglo XIX y principios del XX. Pero como Himmler se creía todo lo que Wiligut le contaba y, además, le aseguró que estaban basadas en las más profundas raíces de la mitología germánica, pues fueron aceptadas para adornar el dichoso anillo. 

A la derecha podemos ver un Ehrenring desde todas las perspectivas para poder contemplar la compleja simbología que contenía. Se trataba de una pieza de plata cincelada en todo su contorno con hojas de roble, árbol sagrado en la mitología germánica. En lugar preferente, como no, la calavera que identificaba al cuerpo y de cuyo origen ya hablamos en una entrada anterior. A cada lado, con la letra A en la figura inferior y flanqueando la calavera aparecen dos runas sig dentro de un triángulo. Este simbolizaba la vida eterna ya que sus tres caras representan el nacimiento, el desarrollo y la muerte del hombre. La runa está relacionada con el sol y la buena salud, así como con el símbolo pagano de la victoria. Por ello, simbolizaba tanto el saludo nazi "Heil" (salud) como la victoria "Sieg". Fue precisamente de la simbología de esta runa de donde surgió el grito de guerra nazi con que los ciudadanos tedescos se desgañitaban en las movidas hitlerianas: Sieg heil!, que repetían enloquecidos hasta que les sangraban los gañotes. Marcada con la B tenemos una esvástica dentro de un cuadrado. Dicha esvástica está formada por cuatro ur rúnicas, que era símbolo de fertilidad y de la comunión del hombre con los dioses y la eternidad. La letra C muestra la Heilzeichen dentro de un círculo asociado a la prosperidad. La Heilzeichen estaba formada por dos runas sig y una combinación de la runa tyr y la os. El círculo representa el movimiento de la divinidad en la Naturaleza, el círculo de la vida. Las runas sig ya hemos explicado lo que significaban, mientras que la tyr era la representación en forma de lanza del dios de la guerra nórdico del mismo nombre. Este galimatías simbólico venía a querer decir que la muerte carece de poder ante un hombre valeroso, y que no hay que temerla. Finalmente, la letra D nos señala la runa hagall dentro de un hexágono, signo de fuerza ante la adversidad, de la fe inquebrantable en uno mismo y de la capacidad del hombre para alcanzar la máxima sabiduría. En fin, todo eso encierra el puñetero anillo, y ciertamente el tal Wiligut se devanó la sesera a base de bien para encerrar esta interminable letanía en un pequeño aro de plata.

El diseño final del Totenkopfring fue presentado a Himmler el 24 de diciembre de 1933, siendo institucionalizado oficialmente el 10 de abril de 1934. Inicialmente estaba destinado a los miembros más veteranos de las SS, concretamente a aquellos cuyo número de filiación estuviera entre los 3.000 primeros. Con el anillo se adjuntaba un documento con el nombre del destinatario, una explicación abreviada de la simbología que acabamos de explicar y, finalmente, una serie de advertencias en las que se avisaba que el anillo no estaba disponible a nivel comercial, que no debía caer en manos ajenas y que cualquier imitación del mismo era delito. Por último, una sentencia molona: "Tragen Sie den Ring in Ehren!", que viene a querer decir "¡Porta el anillo con honor!", y al final la firma de Himmler. No obstante y a pesar de tratarse de un obsequio personal del mismísimo Reichsführer, parece ser que no todos los beneficiarios del anillo llegaron a obtenerlo ya que los que creían tener derecho al mismo debían solicitarlo a través de los conductos reglamentarios de las SS así que, bien por desinterés, bien por que simplemente se les olvidó o porque les daba una higa el regalito hubo quien nunca llegó a recibirlo. El documento que vemos en la foto superior, fechado el 1 de diciembre de 1934, es el que concedía el anillo al SS-Hauptsturmführer Gehardt, que vete a saber quién leches fue. En todo caso, por la fecha se trataba de uno de los privilegiados con la primera tanda de anillos calavéricos.

El Totenkopfring se entregaba en el estuchito tan chulo que vemos a la derecha (había algunas variantes). La entrega oficial se solía llevar a cabo aprovechando las fechas señaladas del partido o de las SS: el 20 de abril (cumpleaños de Hitler), el 21 de junio (el Sommersonnenwende, la fiesta del solsticio de verano), el 9 de noviembre (la efemérides del Putsch de Munich) y el 21 de diciembre (el Wintersonnenwende, la fiesta del solsticio de invierno), quedando reflejadas en la Dienstaltersliste, una relación donde figuraban los premiados por orden de antigüedad. Por lo demás, en la parte interna llevaba grabada una inscripción con las letras S Lb, abreviatura de Seinem Lieben (A su estimado...), con el apellido del beneficiario y, a continuación la firma de Himmler y la fecha de la concesión. No obstante y a pesar de ser un regalo personal, el propietario del anillo podía verse privado del mismo si era sometido a medidas disciplinarias, pudiendo verse desanillado desde 3 meses a 3 años en función a la falta cometida. Obviamente, si la cosa era muy gorda se lo quitaban para siempre por golfo y por ser un mal nacionalsocialista. Pero lo más peculiar de este objeto era la obligatoriedad de devolverlo al departamento de personal de las SS en caso de muerte, natural o no, para ser depositado en el castillo de Wewelsburg, una peculiar fortaleza triangular situada en Renania que Himmler quería convertir en el Camelot de las SS si la guerra no se lo hubiese impedido. 

Algunos anillos inspirados en el Totenkopfring
Tras la primera hornada de anillos, el Totenkopfring se fue convirtiendo en un preciado objeto que fue imitado por encargo por muchos miembros del partido, la policía y las SS que no figuraron entre los elegidos para ostentarlo. Así pues, recurrieron a joyerías o a los hábiles orfebres judíos de los campos de exterminio para que les elaborasen ejemplares de cierta similitud en oro o plata. Iguales no podían ser porque, recordémoslo, estaba prohibido y te metían un paquete si falsificabas uno, así que le ponían los símbolos más emblemáticos de las SS: las runas y la calavera, pero no mucho más por si acaso.

Castillo de Wewelsburg
No obstante, con la llegada de la guerra la concesión de anillos se hizo menos selectiva ya que, a partir de 1939, muchos oficiales de las SS con al menos tres años de servicio pasaron a formar parte de la élite señalada por Himmler para matar de envidia a sus cuñados con el anillo de la calavera. Sin embargo, como los SS caían como moscas en el campo de batalla muchos ejemplares fueron enviados a Wewelsburg por haber causado sus dueños baja definitiva, quedándose abonando el campo por toda Europa. Tras la primera entrega de 3.000 ejemplares y hasta 1944 se hicieron entrega de unos 14.500 anillos, de los cuales un 64% habían sido depositados en Wewelsburg en enero de 1945, mientras que un 10% no pudieron ser recuperados y un 26% estaban aún en poder de sus dueños, al menos oficialmente ya que si eran capturados por el enemigo no tardarían mucho en tirarlos o en tragárselos si hacía falta con tal de no verse señalados como SS distinguidos, lo que les podía costar un disgusto gordo, sobre todo si caían en manos de los rusos. En la primavera de 1945 y ante el imparable avance enemigo, los SS-Ehrenring depositados en Wewelsburg fueron al parecer llevados a una gruta que fue volada tras ser escondidos en sus entrañas para que no cayeran en poder de los aliados. Y allí deben seguir, porque nadie ha sido aún capaz de dar con el lugar.

Ejemplar original perteneciente al SS-Hauptsturmführer
Kurt Taschner, entregado el 9 de noviembre de 1942.
Quién lo pillara, ¿que no? Con lo que den por él fijo que
hay para unas vacaciones por todo lo alto
En fin, esta es la historia de estos peculiares anillos que, como comentaba al inicio de la entrada, aún se fabrican en cantidades masivas. Si alguno de los que me leen tiene alguno procedente de un abuelo tedesco, que sepa que le puede ganar un verdadero pastizal porque las piezas originales son muy escasas. De hecho, de los 3.000 primeros ejemplares quedan por lo visto menos de veinte unidades, por supuesto depositadas en colecciones privadas, así que ya podemos imaginar lo que pedirían por uno.

Bueno, esto es lo que hay.

Hale, he dicho