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miércoles, 25 de marzo de 2020

GLADIUS. Adiestramiento y uso en combate


Formación en cuña. Una de las ventajas del entrenamiento constante y la férrea disciplina impuesta por los centuriones
era la rapidez y facilidad con que adoptaban cualquier formación o movimiento en el orden más absoluto como
si se tratase de autómatas cuidadosamente programados

Prosigamos con la cosa gladiatoria para acabar de arrasar al cuñado más pretencioso que se ha visto todos los documentales del calvo ese del Canal Historia.

Escipión Africano (236 a.C.-183 a.C.), uno de
los más grandes militares que dio Roma.
Fundó la ciudad de Itálica, cerca de Sevilla,
como asentamiento para los heridos y
eméritos de su ejército durante las Guerras
Púnicas
Bien, la adopción del GLADIVS HISPANIENSIS supuso en cierto modo un revulsivo notable en el ejército romano, y no ya por la adopción de una nueva arma y la consiguiente adaptación del personal para su uso táctico, sino también en la forma de combatir. Al parecer, el primero que tomó las medidas oportunas para iniciar un método de entrenamiento para la nueva espada fue Publio Cornelio Escipión, Escipión Africano para los amigos, cuando se acantonó con sus tropas en Carthago Nova, la actual Cartagena, tras serle arrebatada a los africanos. En 209 a.C., este sagaz personaje tuvo una idea bastante sensata y, a la par, sumamente básica: si los hombres más diestros en el manejo de las armas eran los gladiadores, lo adecuado para conseguir tropas igualmente diestras era entrenarlos como si de gladiadores se tratase. O sea, que había que olvidarse del soldado que luchaba como buenamente sabía y enfrentándose con uno u otro enemigo de forma desordenada, y entrenar a los hombres de manera que supiesen golpear, apuñalar, protegerse y, en definitiva, matar de forma rápida y eficaz a un único enemigo antes de atacar al siguiente. Para ello recurrió a espadas de madera con las que las tropas luchaban unos contra otros basando su forma de combatir en el apuñalamiento. El GLADIVS era un arma más ligera que el XIPHOS, y tenía claro que lo más inteligente era basar el entrenamiento en ataques fulgurantes que contrarrestarían de manera contundente la de sus enemigos, mayoritariamente armados con espadas largas que herían de filo y que precisaban de una serie de movimientos previos antes de descargar el golpe. 

Horas, y horas y más horas de ejercicio eran la clave para hacer rendir al
máximo a los hombres. Si disponían de instalaciones adecuadas, lo habitual
era hacer uso de ellas si el clima no permitía hacerlo a la intemperie
Por ello, el uso táctico de la nueva espada se reducía inicialmente a dos movimientos: una cuchillada (PVNCTIM) aprovechando el momento en el que el enemigo se descubría para preparar el golpe, o una cuchillada en el momento en que el enemigo acaba de descargarlo contra el SCVTVM. Esos eran los instantes más adecuados para sacar la mano por el lado y meter la cuchillada en un costado o en el abdomen. Como ya comentamos en una entrada anterior, bastaba una cuchillada de dos VNCIÆ (49 mm.) de profundidad para que fuera letal. Pero si el enemigo estaba provisto de armadura, como podía ser un celtibero o un germano, la cuchillada se podría dirigir contra el rostro, especialmente la boca, o bien descargar un tajo  en los tendones de las rodillas o los tobillos que dejarían fuera de combate al adversario y literalmente a su merced antes de finiquitarlo metiéndole el GLADIVS por el cuello, lo que lo mataría ipso-facto al alcanzar la médula espinal o, en el peor de los casos, en apenas unos segundos al seccionar la yugular o una carótida.

El sistema de entrenamiento de Escipión tuvo bastante éxito porque otros grandes militares no dudaron en seguirlo. En 105 a.C., Publio Rutilo Rufo recurrió a MAGISTRI de las escuelas de gladiadores para que actuaran como instructores  a fin de enseñar a sus tropas, no solo como manejar la espada con destreza, sino todas las triquiñuelas propias de los gladiadores en lo referente al uso del escudo, como parar los golpes más inesperados o asestar las cuchilladas en los sitios más letales. Incluso el gran Gaio Mario hizo que estos MAGISTRI adiestraran a sus legiones, y si un hombre con un talento natural para la milicia decidía contar con la colaboración de estos hombres es porque el sistema resultaba de extrema eficacia. Estos instructores fueron los que implantaron la típica postura de espera y ataque que ya conocemos (foto de la derecha): cuerpo enteramente protegido por el escudo, pierna izquierda adelantada, brazo derecho flexionado con la espada paralela al suelo y la pierna derecha hacia atrás, de forma que se conseguía una posición extremadamente estable con la que se lograban dos cosas: una, resistir la embestida de una masa de enemigos que buscaban el contacto, chocando contra la primera fila para intentar romperla; y dos, caso de tener que acortar la distancia con el enemigo bastaba avanzar un paso, acuchillar y retroceder, lo que no le llevaba ni dos segundos, volviendo a retomar la posición inicial a la espera de un nuevo enemigo al que escabechar.

Entrenando en el PALVS. En pocas semanas, los brazos de los reclutas
serían hierro cárnico
En algún momento de la historia alguien, no sabemos quién, implantó lo que Vegecio llamó la ARMATVRA. Como sabemos, este historiador del siglo VI d.C. se limitó a recopilar lo que ha había escrito sobre la fecha, pero olvidó o quiso olvidar o, simplemente, desconocía, quién fue el que ideó este método de entrenamiento. La ARMATVRA consistía en realidad en un sistema basado en obligar a las tropas a llevar un entrenamiento muy duro, a veces incluso draconiano, para que a la hora de la verdad, una caminata les pareciese un paseo campestre, el peso de las armas como llevar una simple túnica, y moverse en un campo de batalla un juego en el campo de maniobras. Para que ganasen agilidad y destreza con la espada y el escudo, plantaban un PALVS (poste) de seis pies romanos de altura (el pie romano equivale a 0,296 mm.), o sea 1,80 metros redondeando.

En boca cerrada no entran espadas. Ante un enemigo bien protegido
no había mejor sitio para acuchillar que la cara o meter la hoja
por la boca hasta la empuñadura
Bajo la supervisión de los instructores, debían practicar todo tipo de golpes contra el PALVS, su enemigo de circunstancias, armado con una RVDIS (espada o bastón de madera) el doble de pesado que un GLADIVS, y un SCVTVM fabricado de mimbre sobre un armazón de madera que, al igual que la falsa espada, pesaba el doble de uno normal, por lo que hablamos de sujetar y mover en todas direcciones un chisme de unos 15 kilos con una sola mano y una espada de al menos kilo y medio como si fuera una pluma. Cabe suponer que el brazo de Rafa Nadal parecería un fideo comparado con el de estos sujetos que, dos veces al día, mañana y tarde, debían dedicar horas a practicar con el dichoso PALVS. De hecho, y por no dejar escapar este detalle, ya citamos en una entrada anterior que el SCVTVM no solo servía como defensa, sino como arma. El "recibimiento" que un legionario le hacía a un desaforado enemigo era estamparle en la jeta el umbo de bronce o hierro de su SCVTVM, lo que ya podría bastar de por sí para dejarlo en el sitio. A continuación, mientras el enemigo quedaba momentáneamente cegado y aturdido por el golpe, podía descargarle el canto forrado de bronce en los pies o golpearle en las espinillas, produciéndole dolorosas fracturas y, por supuesto, dejarlo totalmente anulado para proseguir la lucha. El siguiente paso sería rematarlo sin más historias.

Formar el TESTVDO 23 veces al día no solo facilitaba reaccionar
rápidamente en batalla para adoptar una formación defensiva, sino para
desarrollar la sincronización entre los hombres y saber qué hacer en
todo momento sin dejarse apabullar por la tensión del combate
Al parecer, el invento del PALVS fue también una aportación de los MAGRISTRI de las escuelas de gladiadores porque, según Vegecio, "los antiguos, como está registrado en los libros, entrenaron reclutas de esta manera. Tejían escudos redondeados de mimbre como cestería, de tal manera que el armazón debería ser el doble del peso de un escudo de batalla. Y del mismo modo, dieron a los reclutas bastones de madera, también de doble peso, en lugar de espadas. Y luego fueron entrenados en los postes, no solo por la mañana, sino también por la tarde. El uso de postes es particularmente ventajoso no solo para los soldados sino también para los gladiadores. Y ni en la arena ni en el campo demostraron ser un hombre invencible en armas, a menos que se le enseñara cuidadosamente a entrenar en el poste."  

Marchas constantes con toda la impedimenta amablemente estimulados
por el VITIS del centurión hacían que caminar 20 km. a marchas
forzadas fuese un agradable paseo
Como ya podemos suponer, la ARMATVRA contemplaba otra serie de actividades como marchas de diversas distancias cargados como mulos, evolucionar en el campo de batalla, etc. pero que, como no vienen al caso, las pasaremos por alto. Pero en lo que si se insistía bastante era en el uso de la espada, haciendo hincapié en que "...aprendieron a atacar apuñalando, no cortando. Los romanos no solo conquistaron fácilmente a los que lucharon cortando, sino que también se burlaron de ellos. Para un corte, si se administra con cualquier fuerza, con frecuencia no es mortal cuando las partes vitales son defendidas por el equipo y el hueso. Por el contrario, una punta clavada es fatal a dos VNCIÆ, porque inevitablemente penetra las partes vitales en las que está clavada. Luego, al cortar, el brazo derecho y el flanco quedan expuestos, pero la punta se lanza con la protección del cuerpo y hiere al enemigo antes de que la vea." En resumen, que la madre del cordero consistía ante todo en lanzar una cuchillada fulgurante y definitiva, y solo en casos concretos era cuando el legionario tendría que plantearse desjarretar las rodillas o los tobillos del enemigo, o bien meterle por el morro la espada para sacársela por el cogote o apuñalarlo en la ingle si tenía ocasión.

Una herida punzante en el abdomen era mortal prácticamente de necesidad.
Bien por la hemorragia, por interesar órganos vitales o por una simple
septicemia, el herido tenía todas las papeletas para largarse en breve
al Averno con la moneda en la boca para pagarle a Caronte
Como muestra de la eficacia de la cuchillada, la Dra. Sarah Hainsworth en su obra "The forensic of knife crime" especifica en su estudio que con solo 20 mm. de penetración se tienen un 41% de probabilidades de perforar los pulmones, lo que produciría un neumotórax fatal por asfixia, y más de un 60% de rotura de hígado o, caso de incidir en la pierna, de seccionar la femoral, y ya sabemos lo que pasa cuando a un torero le dan una cornada en ese sitio: mana un chorro de sangre de más de un metro que provoca un shock hipovolémico en menos de un minuto. Del mismo modo, con una penetración tan birriosa hay incluso un 6% de posibilidades de alcanzar el corazón a pesar de que lo protegen el esternón y las costillas. En resumen, que una cuchillada de 15, 20 o más centímetros propinada con un GLADIVS en el abdomen era mortal sí o sí salvo que a la víctima se le apareciera la Virgen, pero como era unos paganos y además la Virgen aún no había nacido se iban a hacer puñetas al Más Allá a paso ligero.

Publio Elio Adriano (76-138)
Lógicamente, la ARMATVRA fue evolucionando con el tiempo, pero lo que nunca se perdió fue rigor y la disciplina más extrema. Adriano, que antes de alcanzar la guirnalda imperial había sido tribuno y legado, "...mantuvo el entrenamiento a sus soldados como si la guerra fuera inminente" y, según Dion Casio, "entrenó a los hombres en todo tipo de batalla", llegando a incluir en la caballería el manejo del arco al estilo de los partos, sármatas y armenios. Cicerón aseguraba que el entrenamiento "produce el espíritu preparado para enfrentar heridas en batalla. Presenta a un soldado de igual coraje, pero sin entrenamiento, y parecerá una mera mujer". En fin, ya vemos que a lo largo de los siglos se consideraba absolutamente vital mantener un nivel de adiestramiento máximo para tener a raya a los mil y un enemigos que esperaban el más mínimo signo de debilidad para abalanzarse como lobos contra sus dominadores. Obviamente, un emperador que sabía de primera mano lo que era la guerra y el rendimiento que había que exigir a las tropas no era lo mismo que un depravado como Calígula, que solo se le daba bien fornicar con su hermana o un memo de solemnidad como Clau-Clau-Claudio, que no sabían una papa del tema.

Combates entre grupos, donde se daban estopa en cantidad
De hecho, incluso se llevaban a cabo maniobras en las que grupos de legionarios (se desconoce la cuantía de cada grupo) llevaban a cabo simulacros de batallas combinándolas con al menos tres marchas mensuales. Flavio Josefo da cuenta de que eran bastante realistas, hasta el extremo de que "... sus maniobras de enfrentamiento son batallas sin sangre y sus maniobras sangrientas" porque, de hecho, al final de las mismas la colección de hematomas, lesiones, luxaciones e incluso fracturas era notable, lo que es un claro indicio de que no se dedicaban a jugar con las espaditas, sino a darse estopa a base de bien. En el siglo I d.C. apareció la figura del CAMPIDOCTOR (instructor de campo), que eran los que organizaban y dirigían este tipo de maniobras y que, por lo general, solían ser pretorianos que trasladaban a las centurias para controlar el entrenamiento de cada una de ellas. A su vez, los CAMPIDOCTORES de los pretorianos serían probablemente DOCTORES procedentes de las escuelas de gladiadores, luchadores retirados que se las sabían todas por haber salido vivos y razonablemente enteros de multitud de combates y que se habían pasado la vida en un campo de entrenamiento de sol a sol. Además, había CAMPIDOCTORES para otras disciplinas, como el DOCTOR SAGITTARVM, que se encargaba del adiestramiento con arco.

Bosque de Teutoburgo, donde las legiones de Varo con Varo incluido fueron
exterminadas en el año 9 d.C. Ese era el único punto débil de una legión:
la imposibilidad de desplegarse y adoptar su formación de combate
La cuestión, como vemos, es que desde el final de las Guerra Púnicas hasta al menos el siglo II d.C. las legiones alcanzaron un nivel de preparación que las hacía prácticamente invencibles, y que su adiestramiento, disciplina y flexibilidad táctica convenció a sus enemigos que la única forma de hacerles frente con un mínimo de probabilidades de éxito era, paradójicamente, no enfrentarse a ellos. Las legiones, bien las antiguas de manípulos como las divididas en cohortes, eran una máquina perfectamente engrasada que funcionaba al 150%, y su destreza con las armas difícilmente superable por guerreros que, por muy cafres y belicosos que fueran, no podían dedicarse a diario a practicar porque en tiempos de paz tenían que buscarse las habichuelas como artesanos, ganaderos o labradores hasta que eran llamados a las armas. ¿Cómo hacer frente a hombres que durante años llevaban practicando los siete días de la semana? La solución llegó en forma de guerra de guerrillas. La única forma de vencerlos era hostigándolos durante las marchas o en sitios donde no podían desplegarse, como ocurrió en Teutoburgo con las legiones de Varo. Pero como se les diera la más mínima oportunidad para reaccionar y adoptar su formación de combate lo mejor era salir echando leches y dejar la batalla para otro día.

Bien, esto es lo más destacable en lo referente al adiestramiento y uso en combate del GLADIVS. Pero la introducción de esta espada supuso también tener que llevar a cabo ciertos cambios en la forma de portarla, siendo quizás el más característico de ellos colocarla en el costado derecho. En realidad, esta costumbre no la habían implantado ellos, sino los celtiberos, y no por cuestiones prácticas, sino de tipo social: si la portaban en el costado izquierdo, el escudo ocultaría el arma por lo que nadie podría verla; y siendo la espada entre los peninsulares un distintivo de su rango, decidieron cambiarla de sitio para que fuera visible en todo momento. Obviamente, a los romanos la cuestión del estatus les daba una higa. De hecho, los mandos de una legión a partir de los centuriones llevaban las espadas en el costado izquierdo, así que tendremos que buscar el motivo en cuestiones de orden práctico. 

A la izquierda vemos la posición de la mano para desenvainar. A la derecha,
el instante inmediatamente posterior. Como vemos, el arma queda en una
posición que permitiría asestar una cuchillada por encima del escudo. Caso
de no ser necesario se bajaba hasta el costado a la posición de espera
Como por norma siempre hemos visto las espadas en el lado izquierdo, damos por sentado que es el sitio más idóneo y más cómodo para desenvainar. Pero hablamos de SPATHÆ, espadas medievales, etc., armas con hojas mucho más largas que los GLADII en cuestión. Sin embargo, el desenvainado cruzado requiere unas fracciones de segundo más de tiempo, así como adoptar una posición adecuada de ataque. Mientras tanto, el legionario que desenvainaba su GLADIVS verticalmente lo hacía muy rápido y con mucha comodidad por ser un arma con una hoja corta y, además, el mismo movimiento de extracción ya facilitaba colocar el arma en una posición que permitía asestar una cuchillada o un golpe con el casquillo del pomo que, a lo tonto, podía causar una fractura en el hueso frontal del cráneo o en cualquier parte de la cabeza si el enemigo no la llevaba protegida por un casco (el frontal es el hueso de mayor espesor de la bóveda craneana). Por ejemplo, en un cráneo hallado en el foso de CAMVLODVNVM datado antes de la revuelta de Boudica entre el 60 y el 61 d.C. presentaba una pequeña fractura esférica cerca de la coronilla causada por el casquillo de un GLADIVS, o sea, que recibir un golpe con el pomo no era ninguna tontería. No olvidemos que hablamos de hombres con una fuerza física muy superior a la de un hombre moderno que durante los primeros doce años de servicio no paraba literalmente un solo día de entrenar varias horas con ejercicios que se basaban en mantenerlos en forma y desarrollar su masa muscular.

Reconstrucciones de Connolly donde vemos el antiguo sistema de suspensión
de dos cinturones y el posterior de un cinturón y tahalí para la espada
Pero lo más singular del cambio al lado derecho era su posición, muy elevada para una espada hasta el extremo que muchos historiadores la consideraban inviable hasta que los probos ciudadanos recreacionistas demostraron que no solo era fácil de ejecutar, sino además muy eficaz. La mano agarraba la empuñadura en posición invertida, o sea, con el pulgar hacia abajo, y daba un fuerte tirón que hacía que la punta quedase enfrentada al enemigo. Si en ese momento no era preciso asestar la cuchillada se bajaba el brazo para adoptar la posición de espera habitual. Precisamente la adopción de la SPATHA fue lo que obligó a cambiarla al lado izquierdo al poco tiempo de entrar en servicio porque, en este caso, la longitud de la hoja lo complicaba bastante.

El gráfico nos permite ver como las anillas de suspensión
podían modificar fácilmente la inclinación de la espada
respecto al cuerpo, adoptando la más cómoda para cada uno
Así pues, la vaina se sujetaba de forma que el brocal quedase por encima del nivel del cinturón, con el pomo prácticamente a la altura de la axila. Las cuatro anillas de suspensión con que estaban provistas las vainas permitían, llegado el caso, darle un pequeño grado de inclinación hacia adelante para facilitar la extracción. Pero queda otro detalle por mencionar: una espada que se porta demasiado caída tenía muchas probabilidades de moverse hacia adelante cuando se corría y se metiera entre las piernas, provocando una caída o cualquier otra molestia que, a la hora de la verdad, resultase fatal. Así, cuando más alta estuviera menos probable era que se moviese de su sitio. Recordemos que durante el período republicano y el Principado Temprano los legionarios usaban dos cinturones que llevaban cruzados uno sobre el otro. En uno colgaba el PVGIO, mientras que en el otro iba la espada. La posterior adopción del tahalí a finales del siglo I d.C. obligó a bloquearlo con el único cinturón que permaneció en servicio, el del PVGIO, porque una espada colgando del hombro tenía aún más posibilidades de acabar en cualquier sitio o incluso salirse de la vaina. Esto podía hacerse, bien pasando el tahalí por debajo del cinturón o, quizás más probablemente, sujetándolo a dicho cinturón con una pequeña correa que envolvía la vaina. La verdad es que no se sabe con certeza el método empleado, pero alguno debieron usar porque, de no ser así, la adopción del tahalí habría sido un atraso más que otra cosa. En todo caso, el cambio sí tenía una ventaja muy evidente: un cinturón puede descolgarse hacia el lado con los movimientos de la batalla, un tahalí no porque no pende de la cintura, que es flexible y se mueve continuamente, sino del hombro.

En cuanto a sus efectos, he rebuscado en mi colección de cráneos y osamentas varias para comprobar que, a pesar de la repetida tendencia a herir de punta, no por ello las heridas de corte eran cosa baladí. Recordemos por otro lado que las cuchilladas se propinaban casi siempre en el abdomen interesando vísceras y vasos sanguíneos, por lo que no se pueden conservar testimonios de las mismas. A la izquierda vemos dos esqueletos extremadamente perjudicados aparecidos en el yacimiento del Cerro de la Cruz, en el término de Almedinilla (Córdoba). Pertenecieron a dos iberos que fueron literalmente machacados a golpe de GLADIVS, y uno de ellos presenta, aparte de los cortes que muestran en los círculos, un omóplato seccionado, como si lo hubieran alcanzado desde atrás cuando huía perseguido por un jinete que le asestó un poderoso tajo en el hombro. 

Estos dos muestran tremendas heridas en el lado derecho de la cabeza. El que aparece a la izquierda de la imagen pertenece a un sujeto procedente del norte de Italia que recibió un potente tajo que le seccionó el cráneo desde el arco superciliar hasta la mandíbula superior, rompiendo la órbita del ojo y el arco cigomático. Aparte de eso muestra otro corte en la zona parietal que sería seguramente el rotundamente mortal. El otro no necesita explicaciones, le abrieron literalmente la cabeza como un melón. Como vemos, la contundencia de los GLADII a la hora de herir de filo no era para despreciarla por mucho que los autores de la época insistieran en que lo importante era herir de punta, lo que no quitaba, como ya hemos comentado varias veces, que no dejaban pasar la oportunidad de acabar con quien fuera y como fuera si se les presentaba la oportunidad, como el hecho de cortar los tendones de rodillas y tobillos para dejar fuera de combate y rematar al caído antes de que pretendiera seguir dando guerra.

El nuevo legionario surgido a partir del
siglo II d.C.
En fin, criaturas, con esto acabamos. Con todo lo que hemos ido viendo podremos comprender cómo y por qué el GLADIVS fue, junto a la férrea disciplina y el extraordinario entrenamiento recibido, los que propiciaron la formación de un imperio y convertirse en una infantería invencible durante siglos. Y finalmente la gran pregunta: ¿si tan buen rendimiento daba el GLADIVS, por qué cambiar a la SPATHA? Yo al menos lo tengo claro y ya lo anticipé en un artículo anterior: los enemigos de Roma sabían que con el contacto directo no eran rivales para los legionarios, así que optaron por rehuir esa forma de combate, manteniendo una saludable distancia que los mantenía alejados de sus GLADII con hojas de medio metro. ¿Solución? Alargar la hoja y, de paso, obtener un arma más polivalente que ya no solo era eficaz hiriendo de punta, sino que podía descargar unos tajos iguales o más contundentes que los primitivos GLADII HISPANIENSIS. Nadie cambia de arma por una simple moda y menos por capricho cuando lo que está en juego es la supremacía en el campo de batalla.

Y mientras tanto el confinamiento y el maldito virus de los cojones prosigue su implacable avance, así que se me cuiden, que ya ven que el bicho ese no respeta a nadie, que hasta hoy he visto en el periódico que el mismísimo príncipe de Gales (Dios maldiga a Nelson) está infectado. Ya saben: mascarillas hasta para sacar la basura, que yo incluso he tenido que rasurarme mis augustas barbas, fieles compañeras durante décadas, para ajustarme bien esos chismes. Me resultaría enormemente enojoso pillar el bicho coronario, para qué mentir.

CVRA VT VALEAS

Hale, he dicho

ENTRADAS RELACIONADAS:



Fotograma de la película "El águila perdida" (2011), razonablemente bien ambientada y tal. Pero, como vemos, aparte de los
gazapos de los escudos y las LORICÆ SEGMENTATA de cuero, esa pose tan molona con los GLADII asomando por encima es falsa. Nunca aprenderán, carajo, y mira que hay información al respecto...

domingo, 22 de marzo de 2020

GLADIUS. TIPOLOGÍAS Y EVOLUCIÓN


Probo ciudadano recreacionista lanzando una
cuchillada con su GLADIVS conforme al estilo
habitual en las legiones: cuerpo protegido tras el
SCVTVM mientras se apuñala sacando la mano
por el lado derecho
Faltaría a la verdad si negase que soy un auténtico desastre, paradigma el caos y quintaesencia de la más absoluta falta de método. Como diría el impagable Tip, estoy agilipoyuá. Resulta que ahora me doy cuenta de que hemos hablado del origen del GLADIVS HISPANIENSIS, del GLADIVS de pomo anular, de la SPATHA, de las diferencias entre la SPATHA y el GLADIVS, de los distintos tipos de vainas que usaron y hasta de sus más remotos ancestros hispanos, las espadas de frontón y de antenas. Pero resulta que del puñetero GLADIVS y sus diversas tipologías, así como sus métodos de fabricación y demás chorraditas chincha-cuñados aún no hemos dicho nada. En resumen, habría sido capaz de inventar el arcabuz antes de saber siquiera si existía la pólvora, qué carajo... Bueno, nunca es tarde si la dicha es buena, así que aprovechando el período de enclaustramiento promovido por los régulos tribales que dirigen los destinos de la Nación, aprovecharemos para elaborar una enjundiosa entrada al respecto, y así compenso mi falta de metodología metódica y ordenada. Por cierto, para los que no hayan leído o no recuerden el artículo dedicado al origen de esta peculiar arma, convendría que antes de proseguir le echaran un vistazo para que todo lo que viene a continuación les resulte más comprensible. Al final de este artículo aparecen las entradas relacionadas con el mismo.

Efigie funeraria de Minucio,
centurión de la LEGIO I MARTIA.
Obsérvese el peculiar pomo
trilobulado de su GLADIVS
Bien, ante todo, empecemos por el nombre. Contrariamente a lo que muchos puedan pensar, el término GLADIVS no procede de la lengua ibera ni nada similar. Nadie tiene la más remota idea de qué palabra usaban los naturales de la Península para denominar estos chismes y, como ya sabemos, hasta lo de falcata es un invento del siglo XIX. De hecho, GLADIVS es una palabra latina usaba para denominar de forma genérica a las espadas. O sea, que no tiene nada que ver con su origen hispano. Según mi paisano Isidoro, se dio ese nombre "...a la espada (...) porque abre la garganta (GVLA), es decir, secciona la cabeza. Para esto se ideó en un principio, pues todos los demás miembros suelen cortarse con el hacha, en tanto que el cuello únicamente con la espada" (Etimologías, XVIII, 6-1). En honor a la verdad, suena un poco cogido con pinzas porque un pescuezo se corta incluso con un serrucho mohoso si se tercia, pero lo cierto es que, fuese cual fuese el origen del palabro, la cosa es que los romanos lo usaban para denominar cualquier espada independientemente de que de forma coloquial, usaran otros términos como ENSIS, FERRVM o MVCRO. Lo que en verdad señalaba su origen era HISPANIENSIS que, en realidad, es una palabra compuesta por HISPANIA y ENSIS. ENSIS, también según el eximio visigodo Isidoro, hace referencia a la hoja en sí, por lo que si tomamos el término completo, GLADIVS HISPANIENSIS, en teoría estaríamos diciendo espada de hoja hispana, no gladio hispano o espada hispana. Más aún, se tiene constancia del uso de los términos GLADIVS PVGNATORIS (espada de combate) o GLADIVM INSTITVTVM (espada reglamentaria) sin que se haga referencia a su lugar de origen.

Relieve que muestra a un legionario con un GLADIVS
tipo Pompeya en posición de ataque. En el momento en
que el enemigo se acercase más de la cuenta, su brazo
saldría disparado hacia adelante buscando su estómago
Como ya se explicó en su momento, estos voraces imperialistas latinos se quedaron con la jeta a cuadros cuando sufrieron en sus propias carnes la devastadora eficacia de las armas usadas por los celtiberos al servicio de los cartagineses, así que decidieron mandar a paseo sus elegantes XIPHOI griegos y sustituirlos por las eficaces armas usadas por los hispanos. Según la SUDA bizantina, "los romanos abandonaron sus espadas ancestrales después de la guerra contra Aníbal y adoptaron las de los iberos. Pero aunque adoptaron la construcción de las espadas, de ninguna manera pueden imitar la excelencia del hierro u otros aspectos de su fabricación cuidadosa". Como ya se comentó en su momento, la calidad de los aceros hispanos superaba con creces la de los romanos que, bien por falta de conocimientos, bien por facilitar la producción en masa, se conformaron con armas cuyos aceros eran de inferior calidad, aunque no tan malos como los galos, que se doblaban al primer envite. Según Polibio, "las espadas galas sólo tienen eficaz el primer golpe, después del cual se mellan rápidamente, y se tuercen de largo y de ancho de tal modo que si no se da tiempo a los que las usan de apoyarlas en el suelo y así enderezarlas con el pie, la segunda estocada resulta prácticamente inofensiva". Vamos que ni compradas en los chinos...

El XIPHOS, la espada destronada por
el GLADIVS HISPANIENSIS
En cuanto a su adopción por el ejército romano y su posterior adaptación a su forma de combatir, el debate sigue abierto y seguirá hasta que las ranas críen pelo porque, como está mandado hay teorías para todos los gustos. Al parecer, inicialmente no fue bien recibido por las tropas el cambio de sus XIPHOI por las espadas hispanas, un poco más cortas. No obstante, ya en aquella época los romanos buscaban el contacto para asestar una cuchillada, arma para la que la hoja pistiliforme del XIPHOS se prestaba a la perfección. Polibio nos dice al respecto que "...utilizan sus espadas no de filo, sino de punta, porque no se tuercen, y su golpe resulta muy eficaz, herían, golpe tras golpe, pechos y frentes, y mataron así a la mayoría de enemigos".

En todo caso la contundente eficacia de las espadas hispanas aconsejaban hacer el cambio sobre la marcha porque los africanos podrían trocearlos una vez más tras la nefasta jornada de Cannas, donde tras derrotarlos bonitamente se mearon en sus calaveras sin más historias. Algunos autores sugieren que dicho cambio fue propiciado por Escipión Africano, que a la vista del panorama decidió que sus tropas adoptaran un nuevo método de combate aprovechando su estancia en Carthago Nova durante la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.). En todo caso, lo que sí debemos tener en cuenta es que el GLADIVS HISPANIENSIS primigenio tenía una hoja más larga que las versiones romanas posteriores ya que, inicialmente, esta arma equipó también a la caballería hasta que esta fue dotada  posteriormente de SPATHÆ. Pero en origen, la espada de hoja hispana era adecuada para herir tanto de filo como de punta hasta que fue "recortada" para su uso en la infantería y su nuevo uso táctico, o sea, buscando el cuerpo a cuerpo más cerrado y primando la cuchillada sobre el tajo aunque esto no quiere decir que, llegado el caso, se procediera a cercenar un pescuezo o un brazo enemigo si era menester.

No se sabe con exactitud en qué momento se procedió a acortar la hoja de los GLADII, pero puede servirnos de orientación cómo Cicerón se cachondeó de su yerno Publio Cornelio Dolabela (70-43 a.C.), que al parecer era escasito de talla, cuando le espetó al verlo:

-¿Quién ató mi yerno a su GLADIVS?- se mofó aludiendo a que la espada era más grande que el que la llevaba, lo que indicaría que, al menos en esa época, aún estaba en uso la hoja más larga original. 

Sea como fuere, no debió pasar mucho tiempo hasta la adopción de una tipología más corta que facilitaba la nueva forma de combatir buscando la máxima aproximación al enemigo. De hecho, la opinión más generalizada es que el cambio tuvo lugar en las postrimerías de la República o los primeros años del Principado, pudiendo incluso haber habido una coexistencia de ambos tipos durante un breve espacio de tiempo. 


Podemos tomar como referencia un par de tipologías datadas hacia finales de la República o los primeros años del Principado y que, por su morfología, bien podrían ser los últimos GLADII HISPANIENSIS válidos para la caballería y la infantería si bien hay autores como Miks que los consideran como las primeras SPATHÆ de caballería. No obstante, sus hojas son en esencia como las de los primeros GLADII acortados exclusivamente para el combatiente de a pie. A la derecha tenemos el tipo Fontillet, con un perfil similar a la variante Haltern del GLADIVS tipo Mainz que veremos más tarde. Hablamos de una hoja de filos paralelos o ligeramente ahusados y una larga punta recta o con una mínima curvatura de entre ⅓ y  de la longitud total de la hoja. Como vemos en el gráfico, su sección podía ser tanto lenticular como en diamante, así como estar provistas de dos o tres finas acanaladuras. Esta arma, según Miks es una SPATHA mientras que Bishop o Gordon la consideran un GLADIVS en su forma original. La longitud de su hoja oscilaba entre los 57 y los 77 cm., y su anchura entre 47 y 62 mm., estando datadas principalmente en la segunda mitad del siglo I a.C. Estamos pues ante una espada polivalente que igual valía para propinar una estocada rotunda como descargar un tajo capaz de cortar una cabeza, abrirla en dos como un melón maduro o separar un brazo del cuerpo por el hombro.


Un caso similar lo tenemos en el tipo Nauportus, similar a las variantes Sisak y Mühlbach del tipo Mainz. Su hoja pistiliforme incluso nos retrotrae a los antiguos XHIPOI, si bien en este caso su masa desplazada hacia el extremo de la misma nos permitiría asestar buenos golpes de filo aparte de tener una capacidad de penetración notable. Las longitudes de las hojas de esta tipología oscilan entre los 60,5 y los 70 cm., y la anchura entre los 40 y 55 mm. por lo que estaríamos ante un arma un poco más larga pero tal vez un poco más liviana que la anterior. Lo más reseñable es quizás su larga punta de filos rectos, extremadamente aguzada y que debía ser absolutamente mortífera en caso de penetrar en el cuerpo de un enemigo. Con una media de 22 cm. de longitud ocuparía aproximadamente ⅓ de la longitud total de la hoja que, como vemos, podían tener sección lenticular, en diamante y, de forma muy eventual, con un par de acanaladuras. En ambos casos, los ejemplares hallados no proceden de Italia, sino de territorios fuera de la metrópoli. En cualquier caso, lo cierto es que, al menos en lo que a mí respecta, estas dos tipologías podrían ser muy bien los últimos a GLADIVS HISPANIENSIS operativos ya que contienen las características morfológicas de los tipos de espada corta que surgieron con el Principado y, por otro lado, tienen una longitud que se adapta a la perfección a su uso en las ALÆ de caballería que, como sabemos, usaban una espada larga antes de la adopción de la SPATHA. Un jinete con un arma provista de una hoja de medio metro lo tendría más que complicado para sablear a un enemigo que huye y más aún para finiquitar a otro que yace en el suelo haciéndose el muerto a ver si, con suerte, el jinete pasa de largo y le abre la cabeza a su cuñado, que huye despavorido llorando y llamando a mamá, o sea, a su odiosa suegra.

Bien, puestos en antecedentes creo que ya podemos ir concretando las dos tipologías en que se dividen los GLADIVS: Las Mainz surgidas con el advenimiento del Principado a mediados del siglo I a.C., y las Pompeya de mediados del siglo I d.C.

El tipo Mainz debe su nombre a que los primeros ejemplares aparecieron en las proximidades del CASTRVM de Mogontiacum, la actual Mainz o, dicho a la española, Maguncia, como prefieran. Estas armas fueron halladas en el Rin a raíz de unos trabajos de dragado del mismo en el siglo XIX. A partir de los ejemplares aparecidos a lo largo y ancho del imperio, Christian Miks pudo establecer una serie de variantes en base a su morfología común, dando como resultado seis diferentes: Mühlbach, Sisak, Clásica, Fulham, Wederath y Halter-Camulodunum. Veámolas...



A. Variante Mühlbach. Como ya podemos suponer, el nombre proviene del lugar del primer habllazgo, Mühlbach am Glan, un distrito del municipio de Altenglan, en la Renania. Según podemos apreciar, a partir del primer tercio la hoja sufre un brusco estrechamiento para, a continuación avanzar los filos paralelos o ligeramente ahusados. Nuevamente se ensancha cuando llega a la punta, dando a la hoja un perfil pistiliforme no excesivamente acusado. La longitud de la misma oscila entre los 51 y 59 cm. y una anchura de entre 40 y 50 mm., con una punta de una longitud media de 17 cm. Se han hallado ejemplares con sección tanto lenticular como en diamante, y están datadas hacia mediados del siglo I a.C. 

B. Variante Sisak. Respecto al nombre, pues como todas. En este caso se trata de una población croata llamada Segestica por los probos imperialistas latinos. Con un perfil similar a la anterior, esta variante es un poco más masiva. Su longitud oscila entre los 52 y los 58 cm., con un ancho entre 40 y 56 mm. Su forma pistiliforme no es tan acusada en el primer tercio de la hoja, cuyos filos corren paralelos hasta la punta que, al igual que la anterior, ocupa un promedio de 172 mm., o sea, alrededor de un tercio de su longitud total. En esta variante, los ejemplares hallados hasta ahora muestran todos una sección en diamante, lo que la hacía más adecuada para apuñalar. Su datación es de finales del siglo I a.C., desapareciendo en los comienzos del Imperio.

C. Variante Clásica. Más masiva que las anteriores pero de formas más suaves, esta variante presenta un estrechamiento en el tercio medio con filos ahusados hasta alcanzar la punta, que puede ser recta o levemente curvada y de generoso tamaño. La longitud de la hoja oscila entre los 42,5 y los 55 cm., y la anchura entre 50 y 70 mm. Como sus hermanas anteriores, la punta ocupa por lo general el último tercio de la hoja, con unos 16 cm. de largo. La sección puede ser tanto lenticular como en diamante, y la datación corresponde a las postrimerías del siglo I a.C. hasta los primeros años del siglo posterior.  

D. Variante Fulham. Esta debe su nombre a haber aparecido en el Támesis cerca de Fulham, al sudoeste de Londres. Su exponente más famoso es la conocida Espada de Tiberio, aparecida en el Rin junto a sus hermanas de Mainz y cuya vaina está en un sorprendente buen estado. Se conserva en el Museo Británico. Esta variante es quizás la espada tipo Mainz más conocida debido en gran parte a su aparición en todas las pelis de romanos habidas y por haber. En lo referente a su hoja, de sección en diamante, su longitud oscila entre los 44 y los 55 cm y una anchura de 56 a 75 mm. Su perfil es paralelo o con un leve ahusamiento hacia su larga punta de filos rectos que, como las anteriores, ocupa un tercio de la longitud total, en este caso alrededor de los 17 cm. Su datación abarca los reinados de Augusto y Tiberio y junto con la Clásica son las variantes más masivas de esta tipología. 

E. Variante Wederath. Aparecida por vez primera en la población homónima, en Renania-Palatinado (Alemania). Es la variante más tardía, datada a partir de mediados del siglo I d.C. De dimensiones similares a la Fulham, aunque sin llegar a su anchura más extrema, su morfología difiere del resto de las Mainz por su hoja de filos rectos y su punta triangular, más corta de lo habitual. De hecho, a veces se la confunde con una tipo Pompeya. Como algunas de sus hermanas, sus hojas pueden tener sección lenticular o en diamante. Su vida operativa debió ser relativamente corta ya que, como sabemos, los GLADII pasaron a la historia unos 100 años más tarde para ser sustituidos por las SPATHÆ.

F. Variante Haltern-Camulodunum. En este caso el nombre hace referencia a la población de Haltern am See, en Renania del Norte-Westfalia, y a la famosa ciudad donde radicaba la capital de los trinovantes y, posteriormente, convertida en un CASTRVM romano tras la ocupación de la Britania (Dios maldiga a Nelson, que hace tiempo que no lo mencionaba) en el 43 d.C. por Aulo Plaucio. Actualmente es la ciudad de Corchester, en Essex. Y al igual que la variante anterior fue la más tardía, esta fue la más temprana ya que los primeros ejemplares aparecen datados a finales del siglo II a.C., ergo también debió ser la más longeva ya que aún perduraba a mediados del siglo I d.C. La hoja es por lo general de filos paralelos o levemente ahusados, con una longitud y una anchura bastante dispar de un ejemplar a otro que va desde los 40 a los 55 cm. de largo y de 30 a 70 mm. de ancho.  No muestra como las demás la parte de la hoja donde comienza el filo, sino que este se presenta como una continuidad de la misma siguiendo su mismo perfil si bien sigue la pauta de las demás, ocupando alrededor de un tercio del total. Se han hallado ejemplares con sección lenticular, en diamante y ocasionalmente con dos acanaladuras, que es la que hemos mostrado en la ilustración.

Bien, estas son las seis variantes de las Mainz. Sus pesos son difíciles de calcular por la evidente pérdida de material debido a la corrosión, así como por la ausencia de las empuñaduras. En todo caso, se considera que oscilarían entre los 600 y los 800 gramos. Para saber las longitudes totales bastaría sumar la empuñadura al largo de la hoja que, dependiendo de su forma, variaría en unos centímetros. Pero de ese tema hablaremos más tarde para no liarnos. Veamos a continuación las variantes del tipo Pompeya.


No hace falta tener un C.I. de 160 para imaginar de dónde proviene el nombre de esta tipología. Las primeras aparecieron en Pompeya, bajo las cenizas del taponazo bestial que pegó el Vesubio en el 79 d.C. Más ligeras y básicas que sus antecesoras, Miks las dividió en tres variantes: la Clásica (figura A), la Putensen-Vimose (figura B) y la Hamfelde (figura C). Solo la primera de ellas ha aparecido dentro del LIMES, mientras que las otras dos han sido halladas principalmente en el BARBARICVM. Como ya se ha dicho, son en líneas generales unas armas más ligeras y más cortas que sus hermanas mayores. Del mismo modo, ofrecen un perfil muy similar en los tres casos, basados en filos rectos y puntas cortas, bien triangulares como la Clásica o curvilíneas como la Putensen-Vimose o la Hamfelde. En lo referente a la sección de sus hojas, la Clásica podemos verla tanto lenticular como de diamante. La Putensen lo mismo, salvo casos muy puntuales en los que presenta dos finas acanaladuras. Finalmente, la más peculiar de las tres, la Hamfelde, además de lenticular es el único GLADII que vemos con sección hexagonal. Las longitudes de las hojas del tipo Pompeya oscilan entre los 37,5 y los 56,5 cm., mientras que la anchura va desde los 35 mm. hasta los 70 mm., en este caso obviamente del tipo Hamfelde. Obviamente, para fabricar una de estas espadas no se requería tanto material como en una Mainz, precisando entre un 10 y un 20% menos de hierro. Esta disminución de masa se veía reflejada en un peso inferior, de unos 600-660 gramos aproximadamente.

Una característica peculiar de esta tipología que presentan algunos de los ejemplares que se conservan de la misma, especialmente el depositado en la Royal Armouries de Londres, es una protuberancia de sección cuadrangular en la punta, tal como vemos en el gráfico inferior.




La opinión más extendida, por no decir unánime, es que esta protuberancia tenía como objeto facilitar el momento de la clavada. Su sección cuadrangular extremadamente aguzada favorecía la penetración de la piel, dejando el filo para hacer su trabajo cercenando vasos sanguíneos y órganos vitales una vez que la hoja penetraba en el interior del cuerpo. Al parecer, y de esto hablaremos más a fondo en otra entrada, fue una iniciativa de los GLADIARII, los armeros que servían en cada legión para el mantenimiento y reparación de las armas.


Empuñadura de un Mainz enteramente laminada de plata procedente de
Rheingŏnheim
En lo referente a las empuñaduras, por norma se componían de tres partes básicas: el guardamanos, la empuñadura y el pomo. Lo habitual es que estuviesen fabricados con materiales orgánicos como madera, marfil, hueso o asta, y en algunos casos se recubrían de metal en parte o en su totalidad, por lo general de una aleación de cobre llamada ORICHALCVMAURICHALCVM por su similitud al oro una vez que se pulía. Esta aleación se componía por lo general de un 80% de cobre y un 20% de zinc. También podía darse en caso de cubrirlas con una fina lámina de plata si el poder adquisitivo del dueño se lo permitía. En todo caso, lo habitual era fabricar empuñaduras enteramente de madera, a veces de distinto tipo en la empuñadura para darle dos tonalidades con fines decorativos, o fabricar esta con marfil, hueso de vacuno o equinos o asta mientras que para el guardamanos y el pomo se usaba madera por lo general boj, cerezo o cualquier otra que mostrase una apariencia agradable a la vista. Ya sabemos que estos probos imperialistas se pirraban por pasearse por el mundo luciendo sus mejore galas.


Vista inferior y superior de un guardamanos forrado de AVRICHALCVM.
Como complemento, bajo el guardamanos y en contacto con la hoja se solía colocar una placa de bronce o hierro que, caso de que el filo de la espada enemiga resbalase por el de la propia, no cortase o partiese la madera del guardamanos. La espiga de las hojas, siempre de sección rectangular, pasaba por todas las piezas y era remachada sobre el pomo usando una arandela cuadrada o bien un casquillo de hierro o bronce que, llegado el caso, podría servir incluso para estampárselo en plena jeta a algún enemigo más pegajoso que un cuñado en un bufete libre. Solo en caso de que el guardamamos estuviera forrado de metal, como vemos en la ilustración de la derecha, se prescindía de la placa base, recurriendo en ese caso a practicar en la madera del núcleo una hendidura para ajustar adecuadamente los hombros de la hoja e impedir que se girase sola cuando, debido al uso, llegase a tomar un poco de holgura.


En el gráfico podemos ver las distintas partes
de que se compone le empuñadura
Las morfologías de los guardamanos y pomos podemos verlas en las muestras de los distintos tipos de GLADII que hemos ido presentando, así como sus posibles combinaciones que, no lo olvidemos, no obedecían a un patrón fijo sino al gusto del propietario, que por cierto solía grabar mediante punción su nombre, centuria y nombre de su centurión por si algún desaprensivo se lo robaba. Como hemos visto, los guardamanos son hemisféricos, elípticos, cuadrangulares redondeados o semi-ovoides. Los pomos, pues sobre todo esféricos, y en menor grado hemisféricos u ovoides. La idea era que la mano se viera bloqueada por delante y por detrás una vez que se empuñaba el arma para impedir deslizamientos y desvíos fuera de lugar debido a la sangre, la mugre, el sudor, etc. Para calcular la longitud total podemos basarnos en una aproximación de entre 17 y 20 cm. dependiendo del largo de la empuñadura, que había que ajustar a la anchura de la mano, por lo general entre 75 y 95 mm.


Las formas más habituales podemos verlas a la derecha. La figura A es quizás la más frecuente, una pieza de marfil o hueso con tres nervaduras para asentar firmemente los cuatro dedos. Esta empuñadura podía tener sección circular o elíptica, habiendo más de uno que prefería esta última porque se ajustaba mejor a la mano, impidiendo que la espada girase sobre ella en el momento decisivo de la cuchillada o el tajo. La figura B presenta una variante de la anterior, pero de sección hexagonal. Las figuras C y D muestran dos tipos de empuñaduras de madera con estriados de dos tipos, a gusto de cada cual. La madera, siendo un material muy absorbente y con ese acabado proporcionaría un agarre muy superior al de las anteriores si bien, lógicamente, su apariencia no era tan vistosa. En la parte inferior he añadido, para que no se diga que es cosa de películas, una empuñadura con cabeza de águila procedente de una réplica moderna y que, en efecto, existieron si bien su uso estaba relegado a los personajes del rango más elevado, como emperadores, cónsules, legados y similares. Se suelen ver en estatuas en la que estos probos mandamases aparecen con indumentaria militar. Con todo, podemos casi asegurar que estas espadas eran más bien de ceñir que para su uso en combate.


Piedra de afilar aparecida en Le Châtelet-sur- Sormonne
(Francia), donde se aprecia claramente el estriado que,
en teoría, sería de utilidad para un desbaste inicial antes
de pasar a las piedras de grano fino
Como colofón, hacer una breve mención al mantenimiento de estas armas que, por cierto, sería extensivo a cualquier espada. Desde muy antiguo se tenía muy claro que una hoja limpia y libre de óxido era más eficiente. El óxido tiende a desprenderse en forma de costras con nada que uno se descuide, y más si se tiene el arma envainada en un material higroscópico como la madera y en un clima húmedo como el de Germania o Britania. Marco Cornelio Frontón, senador, gramático, retórico y amigo personal de Marco Aurelio, afirmaba que "...si uno debe luchar con un GLADIVS, hay una diferencia si está oxidado o brillante" (DE ELOQVENTIA 1-16), por lo que los centuriones no dudaban en hacer uso de su VITIS en los lomos de todo aquel que no mantuviera sus armas en buen estado en plan sargento Hartman dando caña al personal para tener sus M14 más limpios que el virgo de una doncella. Para ello usaban una pasta a base de arena muy fina mezclada con aceite de oliva con la que frotaban hasta dejar la hoja pulida a espejo. Para el mantenimiento del filo se sabe, porque se han encontrado en antiguos asentamientos militares romanos e incluso centros de fabricación de este tipo de material, piedras de afilar y piedras de agua para dejar sus GLADII como auténticas navajas barberas. Solo en caso de que el arma presentara melladuras o deformaciones había que mandarla al GLADIARII de su legión el cual desmontaría la empuñadura y procedería a reparar el arma, tras lo cual se volvía a afilar y pulir. Estas piedras, de forma rectangular como las que se usan actualmente o bien cilíndricas, muestran incluso el desgaste de su uso constante. Por otro lado, ya se conocía el aceite de roca, o sea, el petróleo, y según Plinio el Viejo los herreros ya sabían darle multitud de usos para prevenir la aparición del óxido.

En fin, criaturas, creo que con esto ya tienen lectura para olvidar durante un rato este confinamiento que, según acabo de leer en el periódico, se alarga otras dos semanas más. En una próxima entrada y para darle remate a este tema gladiatorio hablaremos un poco sobre cómo entrenaban, cómo combatían y los efectos de estas armas en los enemigos de la todopoderosa Roma.

Se me cuiden, no dejen las mascarillas al alcance de sus cuñados y hagan acopio de estricnina por si se ponen muy pesados con el encierro, que ahora podemos echarle al virus coronario de los cojones la culpa de cualquier deceso inesperado.

Hale, he dicho

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