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martes, 21 de mayo de 2013

Chatarra bélica 4ª parte



Granadas de mano, de mortero y de artillería intervenidas por la Guardia Civil. 


Bueno, en la entrada anterior dije "mañana acabamos con este tema" pero no ha sido "mañana", sino "hoy". He estado pelín difuso y con la neurona evanescente, así que no ha habido más remedio. En fin, al tema pues...

Ya hemos visto todo lo referente a las granadas de mano y a las espoletas, así que solo nos resta el tema artillero y las granadas de circunstancias.

El porcentaje de proyectiles de artillería y de mortero que quedaban sin explotar es más elevado de lo que el personal se imagina. Bien por estar defectuosa la espoleta, bien por caer en terrenos muy blandos, como arena o fango, la cosa es que hay miles y miles diseminados por nuestra vapuleada geografía a la espera de que algún insensato se tope con ellos y decida que deben formar parte de la decoración del salón de casa. 



Las posibilidades de encontrar uno de estos proyectiles son tres diferentes. Una, que será la más habitual, proyectiles ya disparados y que no explotaron, como el que vemos en la foto de la derecha. Es una granada de 105 mm. con la espoleta montada y que sabemos que ha sido disparada simplemente observando su banda de forzamiento, en la cual está marcadas las estrías del ánima del cañón.

Otra posibilidad es encontrar uno que esté ya armado con espoleta pero que no fue disparado por el motivo que fuera. En ese caso, la banda de forzamiento no tendrá marcas. Ese es aún más peligroso porque la espoleta no falló, así que con muchas posibilidades estará activa, así como la carga. Que no nos engañe la capa de moho y la mugre que lleva pegada la carcasa, porque estas eran de más de 1 cm. de grosor, o sea, que la corrosión no habrá llegado ni remotamente al interior del proyectil. ¿Y de qué potencia explosiva hablamos? Pues por mencionar uno como el de la foto superior, un proyectil rompedor de 105 mm., llevaba una carga de 2.200 gramos de trinitrotolueno. La carcasa pesaba 12 kilos, la cual se convertía en metralla al detonar la carga. O sea, suficiente para convertirlo a uno en carne para albóndigas.



Finalmente, puede darse el caso de dar con una granada sin espoleta, o sea, abandonada antes de ser disparada o que en su día se usó la carga explosiva para fabricar granadas de circunstancias o cosas así. Obviamente, esta es la posibilidad más improbable, pero puede darse. En este caso el peligro es menor como se puede suponer ya que, en la mayoría de los casos, la carga explosiva habrá desaparecido y solo quedará la carcasa hueca. Como ejemplo, a la izquierda podemos ver una granada de 77 mm. ya disparada que casi con seguridad fue desmontada para recuperar su carga explosiva. En cuanto a las granadas de motero, todo lo dicho más arriba es aplicable a las mismas. 



Otro regalo que nos puede deparar un paseo por añejas trincheras son las granadas de circunstancias, rudimentarios chismes fabricados por lo general en las posiciones republicanas, casi siempre faltas de material, por los artificieros de las minas que solían darse buena maña a la hora de manipular explosivos. Eran casi siempre botes de hojalata rellenos de pólvora de fusil o de explosivo extraído de las granadas de artillería a las que se añadían piedras, arena o trozos de hierro o clavos para actuar como metralla. La detonación se lograba mediante una simple mecha con una longitud calculada para que explotase al cabo del tiempo deseado, pocos segundos como es de suponer. La que vemos en la foto estaba cargada con 200 gramos de pólvora más gravilla fina. El gancho de alambre era para sujetarla al correaje, y el tapón rojo era una cubierta de caucho para preservar la carga de la humedad. Era denominada como "granada Castillo" en honor del teniente de los guardias de asalto asesinado por elementos de Falange días antes del inicio de la guerra.

En todo caso, en este tipo de granadas de circunstancias no podemos ceñirnos a baremos fijos ya que, en la mayoría de los casos, se elaboraban con lo que se tenía más a mano, empezando por las latas de conserva vacías. Con todo, estos chismes son los menos peligrosos porque las latas están prácticamente deshechas tras tantos años, y la carga desaparecida. De todas formas, no hay que perderles el respeto por si acaso. 

Finalmente, toca mencionar las bombas de aviación. Y antes de nada, advertencia: ESTOS CHISMES SON PELIGROSÍSIMOS. SUS ESPOLETAS SON MAS SENSIBLES QUE UN OJO CON ORZUELO, Y PUEDEN DETONAR CON UNA CAGADA DE MOSCA QUE LE CAIGA ENCIMA. Y no hablamos de una granada de mano, sino de una bomba de incluso 500 kg. como las que se trajeron de Alemania y que los Stuka dejaban caer con escalofriante precisión aderezada con el terrorífico aullido de las sirenas que sonaban en cuando iniciaban el picado. Veamos algunas...



Ahí tenemos la bomba Hispania A-6 de 50 kg. En el detalle de la derecha aparece la espoleta que, como podemos observar, dispone de una hélice que, al caer, gira hasta liberar los mecanismos de la misma. O sea, que una de estas bombas que aparezca en el suelo sin detonar puede significar que fue lanzada desde una altura que impidió que la espoleta se terminara de liberar, así que si nos da por darle vueltas a la hélice la cosa puede acabar mal. De este modelo se fabricaron bombas de hasta 500 kg. apodadas "Negrillas" por el color en que iban pintadas.



Bomba rusa FAB 500 SV, cargada con 235 kilos de TNT
Iba armada con la espoleta APUV con retardo de 0,3 seg.


Y ojo, no solo había bombas explosivas sin más. En la guerra civil se usaron decenas y decenas de tipos diferentes y con pesos que oscilaban entre los 10 y los 500 kg. Las hubo también incendiarias, con espoletas hidrostáticas, de demolición, de fragmentación, perforantes, contrapersonal, e incluso químicas, cargadas de iperita y que se usaron en la guerra de África si bien no tengo constancia de que se lanzaran durante la guerra civil. Pero haberlas, las hubo en los arsenales de la época.



En fin, con esto creo que queda todo dicho. Los peligros que acechan a los amantes del tema de la guerra civil son variados y, como hemos visto a lo largo de estas entradas, muchos de ellos están latentes a la espera de pardillos que piensan que porque estén llenos de moho y mugre han perdido su capacidad letal. Pero de eso nada. Quedan aún muchas décadas antes de que los campos queden enteramente limpios, y eso que la guardia civil detona anualmente cientos de estos chimes encontrados de forma más o menos casual. Así pues, mucho ojo, que nadie vaya ni de héroe ni de enterado, y si aparece algo sospechoso salir zumbando a dar aviso.

Hale, he dicho...


viernes, 17 de mayo de 2013

Chatarra bélica 3ª parte



Imitar a este sujeto que tan decididamente desentierra una granada de mortero de 120 mm. es tener todas las papeletas
para que, al cabo de tres o cuatro días y una vez finalizadas las diligencias judiciales, nuestros deudos aventen las cenizas
de lo que hayan podido recuperar de nuestros averiados cuerpos.

Bueno, tras haber visto el tema de las granadas de mano, más extenso por ser más utilizadas, quedan por repasar:

1. Las espoletas 
2. Las granadas de mortero
3. Los proyectiles de artillería
4. Las granadas artesanales

Obviamente, no vamos a entrar en los tipos de proyectiles, calibres de los mismos o las espoletas que montaban porque no tiene sentido, y más para ciudadanos paseantes que no tienen pajolera idea del tema. Pero lo que sí les conviene saber es como son, qué forma tienen y, lo más importante, la pupa que pueden hacer si uno los confunde con algo digno de ser pateado justo antes de dar la última patada de su vida. Veamos pues...

LAS ESPOLETAS


Proyectil de 105 mm. hallado en una
finca en Alcaracejos (Córdoba).
Como se puede ver, tanto el
proyectil como la espoleta están
intactos.
Estos chismes son para los proyectiles de artillería y de mortero lo mismo que los multiplicadores de las granadas de mano. O sea, lo que hace estallar la carga explosiva. Van enroscados en la punta de dichos proyectiles y pueden ser de diversos tipos: de impacto, de retardo, de proximidad... 

En el campo podemos encontrarlas de dos formas: ya detonadas y que en su día salieron disparadas junto a los cientos de fragmentos de la carcasa del proyectil convertidos en metralla, o bien intactas por una sencilla razón: como medida de seguridad, los proyectiles solían ser trasladados a la posición artillera desprovistos de espoletas, siendo estas montadas in situ y del tipo que se considerase necesario. Obviamente, las detonadas carecen de peligro ya que su carga de iniciación detonó en su momento, pero las que no hayan sido usadas sí pueden darnos el último gran susto. Lo repito una vez más: una espoleta tiene potencia suficiente para arrancarnos una mano de cuajo o matarnos allí mismo. Así pues, y ante la duda de si está viva o no, pues ya sabemos lo que tenemos que hacer: marcar el sitio y avisar a la guardia civil. ¿Que como sabemos si está detonada o no? Anda, se me acaba de olvidar, mira por donde. 



Ahí tenemos tres espoletas de mortero de uso habitual. De izquierda a derecha son:  espoleta de percusión Brand con retardo. Estaba fabricada con latón, y armaba las granadas Brand para morteros de 81 mm. 
Espoleta de percusión tipo Valencia, también para las Brand de 81 mm. Al igual que la anterior, estaba fabricada con latón. Tenían un seguro de transporte consistente en un pasador de horquilla, así que ya saben vuecedes, si ven la horquilla, está viva y coleando (esto de los pasadores es válido para cualquier tipo de espoleta). Finalmente tenemos una espoleta de percusión Valls fabricada de aluminio y con la parte inferior, donde va la carga del multiplicador, de latón. Se usó en las granadas para mortero Valero de 50 y 81 mm. Hay mogollón más, pero basten estas tres como ejemplos.



En cuanto a las espoletas para proyectiles de artillería, ahí tenemos algunas de ellas. De izquierda a derecha podemos ver en primer lugar la espoleta alemana AZ-23, usada para proyectiles de 75 y 105 mm., así como para el famoso Flak 88 alemán para tiro terrestre, ya que fue precisamente en España donde se percataron de lo bien que iba ese cañón, creado como arma anti-aérea, para batir objetivos en tierra, especialmente blindados enemigos. A continuación tenemos una espoleta Garrido modelo 24, una de las más usadas por la artillería española. Armaba los proyectiles de 70, 75, 105 y 155 mm.. La siguiente es la espoleta de doble efecto para el obús Palencia. Por último tenemos la espoleta de doble efecto de 40 divisiones para granadas rompedoras de 70 y 75 mm., o sea, se trata de una espoleta de tiempo. Estas son especialmente válidas para dar sustos a los ciudadanos intrépidos. ¿Por qué? Un ejemplo... Esas espoletas eran reguladas antes de ser disparadas. El artillero la calibraba al tiempo que estimaba oportuno, pensando en que el proyectil explotase en el aire, sobre las trincheras enemigas de forma que el cono de fuego aliñase al personal que se agazapaba en ellas. Básicamente podemos decir que funcionaban como esos relojes de cocina que van girando a medida que avanza el tiempo. Imaginemos que el artillero se equivoca, o bien le da más tiempo para que explote después de tocar el suelo y sorprender al enemigo, pero que el proyectil de entierra en fango, y éste detiene el giro del mecanismo. Al ser de latón no se oxidará, y un día encontramos la granada intacta. Oh, qué bonita... Oh, qué bien lucirá en la mesita del salón. Le quitamos la mugre, la limpiamos a conciencia, el mecanismo se pone nuevamente en marcha y el ciudadano se va al carajo junto a la mesita del salón y medio bloque de pisos. Se me entiende, ¿verdad? Bien, prosigamos...



En lo tocante a las espoletas de aviación, considero irrelevante el tema porque esas, si se encuentran, es porque la bomba explotó. No ocurre como las de artillería o morteros, que sí cabe la posibilidad de dar con ellas sin haber sido usadas. Pero sí quiero concretar otra cosilla que puede ser importante, y es como saber si un proyectil de artillería que podamos encontrar fue o no disparado. ¿Que qué importancia tiene eso? Pues mucha. Si fue disparado y no explotó cabe la posibilidad de que la espoleta esté muerta aunque la carga siga activa. Si no fue disparado, seguro al 99% que ambas cosas, espoleta y carga, están vivas. Observemos la zona resaltada de rojo de la foto. La granada de la izquierda tiene una tira de cobre o latón con las estrías del ánima del cañón bien marcadas. La de la derecha permanece lisa. O sea, la primera fue disparada y la otra no. Esa tira es lo que se conoce como "banda de forzamiento", y están concebidas para que el proyectil tome las estrías con la misma. En este caso no ocurre como con las balas de fusil o pistola, que toman las estrías en toda la superficie de contacto de las mismas con el ánima del cañón. Resumiendo: si la banda de forzamiento muestra las marcas de las estrías, el proyectil fue disparado. Si está lisa, no fue disparado, o sea, a ese no se le puede ni estornudar encima por si acaso.



Granada de mortero alemán de 50 mm. y una vista del culote
con el estopín
En las granadas de motero no podremos ver esto porque estas armas son de ánima lisa, así que llevan en la parte trasera unos estabilizadores que le permiten mantener una trayectoria correcta. Tampoco tienen vaina con la carga de proyección, sino que dicha carga forma parte del proyectil. Así pues, la única forma de saber si están disparadas o no es comprobando si es estopín está picado por la aguja percutora, lo cual es complicadillo porque estará todo lleno de tierra y tal. ¿Que se limpia y se averigua? Sí, ya, ya... Por cierto, estos estopines tienen la apariencia de un cartucho de caza, pero fabricado enteramente de latón. Los de artillería se asemejan a una vaina de pistola o fusil pero sin la bala.

Bueno, con esto vale por hoy. Mañana concluímos con la chatarra belicosa.

Hale, he dicho...


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miércoles, 15 de mayo de 2013

Chatarra bélica 2ª parte


Miembro del TEDAX junto a una bomba alemana de
250 kilos hallada en Morata de Tajuña. Fue detonada,
llegando la metralla hasta una distancia de
kilómetro y medio del lugar de la explosión.
Bueno, en la entrada de ayer ya tuvimos ocasión de ver las granadas de cuerpo pre-fragmentado. Pero había más tipos, naturalmente, y más peligrosos que las que hemos visto ya. Y no por llevar una carga más potente ni nada semejante, sino porque estaban fabricadas de aluminio, por lo que la corrosión apenas las ha podido afectar y, por otro lado, sus mecanismos, que ya eran peligrosos con la granada nuevecita, al cabo de más de 70 años pueden ser la releche.

En cualquier caso, las granadas que veremos a continuación son del tipo ofensivo las cuales, como ya se comentó ayer, estaban destinadas a lanzarlas cuando el atacante carecía de defensa contra la explosión de su propia granada. De ahí que los cuerpos de estas granadas estuvieran fabricados con materiales que arrojasen poca metralla, como el aluminio o el latón, y basaban su efectividad en la onda expansiva, que era mucho más efectiva dentro de un bunker o una trinchera que en campo abierto. Para entendernos: una granada ofensiva tenía un alcance eficaz de escasos metros (10 ó 15 a lo sumo) pero si explotaba en un espacio cerrado la onda expansiva podía aplastar a los ocupantes del reducto.

Veamos las más habituales...

Granadas de huevo


Eran denominadas así por su aparente similitud con los huevos (de ave, naturalmente), para lo que ciertamente hay que tener bastante imaginación, digo yo. 


Granada italiana OTO modelo 35. Fabricada con cuerpo de aluminio pintado de rojo y provista de espoleta de impacto, o sea, no explotaba pasados x segundos, sino, en teoría, cuando golpeaba contra algo. Para lanzarla se le quitaba el tapón de seguridad (en color negro) y se tiraba de la lengüeta, fabricada de caucho para poder hacerlo con los dientes en plan peliculero. Lo malo es que el mecanismo eran tan cutre que más de una vez la misma energía que le imprimía el lanzador bastaba para hacerla explotar y arrancar la mano del desgraciado. Estas granadas fueron usadas por el ejército nacional y son bastante fáciles de reconocer por su pintura roja, que suelen conservar. Estaban cargadas con 70 gramos de trinitrotolueno, y dos advertencias: si no tienen puesto el capuchón pueden explotar aún conservando la lengüeta. Y si encontramos una sin capuchón ni lengüeta, NI RESPIRARLE ENCIMA. Marcar el sitio y salir literalmente cagando leches de allí.



Granada italiana Breda modelo 35. Otra enana peligrosa como la anterior. Pesaba apenas 180 gramos, pero iba cargada con 63 gramos de trinitrotolueno. La chapa perforada era el seguro de distancia ya que mientras no se separase del cuerpo de la granada, esta no explotaría. Pero los italianos cultivaron a base de bien la "granada con sorpresa", porque cuando un guripa arrancaba la puñetera lengüeta no sabía si acabaría matando al enemigo o, por el contrario, sería él el que causaría baja de forma traumática. Ojo, en éste modelo el tapón no es de aluminio, sino de hierro. Eso quiere decir que dicho tapón habrá desaparecido casi con seguridad, mientras el cuerpo y, por ende, la espoleta y la carga, estarán vivitos y coleando. Hace cosa de dos o tres años recuerdo haber leído la noticia de que un albañil había encontrado un chisme de estos en una casa de campo por Tarragona, si mal no recuerdo. Bueno, pues a pesar de que estaba en perfecto estado por haber sido hallada en un muro explotó nada más cogerla. Está de más decir que se dio de baja como albañil porque este oficio es complicado de llevar a cabo con la mano zurda solamente. Reitero y repito: ES MUY PELIGROSA.



Granada italiana SRCM modelo 35. La tercera enana hideputa. Igual de mala, igual de peligrosa y mismos mecanismos que sus hermanas. La carga era de 43 gramos de trinitrotolueno. Otro de los inconvenientes de este tipo de granadas era que si caían en suelos poco consistentes, como enfangados, arenosos o nevados, podían no estallar. Pero bastaba darles el más mínimo golpecito para que lo hicieran, así que muchas de ellas quedaron latentes en sitios donde, por ejemplo, nevara cuando se usaron. 




Granada "de bola de cama". Aunque de origen polaco, esta granada fue fabricada en grandes cantidades en España. Podría ir armada con tres espoletas diferentes, la B-3, la Koveshnikov (a la izquierda) y la WZ-GR 31 (a la derecha), muy similar a la B-3. El cuerpo estaba fabricado de latón o de acero, y la carga, dependiendo del lugar de origen y la espoleta, podía ser amonal, ácido pírico o trinitrotolueno.

Granadas de bote

No creo que haga falta especificar que la morfología de estas granadas era similar a la de una lata de leche condensada. Podremos encontrar solo una: la Lafitte usada en cantidades masivas por el bando nacional. Veamos de qué iba éste chisme...



Granada modelo 1921 Lafitte. Esta granada, de origen franco-italiano, cosechó críticas similares a sus primas, las enanas de color rojo. Declarada como reglamentaria por el ejército español en el año 21, se fabricó en la Pirotecnia de Sevilla. A saber a quién leches sobornaron para aceptar una granada tan mala y poco útil, pero la cosa es que estuvo en activo hasta el año 46. Mi venerable abuelo, que fue alférez provisional y dotado de un carácter excesivamente fogoso el hombre, cuando me contaba sus batallitas siempre dedicaba un capítulo a las Lafitte, que bajo su experta opinión de guerrero avezado eran simple y llanamente "una puta mierda italiana". Su funcionamiento era el siguiente: al retirar el seguro y lanzarla, la chapa que llevaba pegada al cuerpo hacía desliarse la cinta que la envolvía y que actuaba como seguro de distancia. Cuando se desliaba del todo, un pasador colocado al final de la misma liberaba el percutor que incidía en el multiplicador por impacto. El mismo sistema que usaba la posterior P-01 y que recordarán los que hicieron la mili. Bueno, pues la puñetera cinta se liaba en todas partes, incluyendo las ramas de los árboles. Sobre esto narraré una anécdota al final de la entrada.



Por lo demás, era demasiado grande para ser una granada ofensiva, y más de uno se vio alcanzado por su propia metralla. Era tan engorrosa que los tapones que se ven en el ejemplar de la foto eran: uno para llenarla de explosivo, otro para el percutor y su muelle y otro para el multiplicador, el cual se colocaba solo cuando se iba a usar porque era bastante peligroso llevarla armada. De ahí que muchas de ellas aparezcan sin dicho multiplicador, pero mejor no intentar comprobarlo porque esa pieza estaba fabricada con fulminato de mercurio o bien con nitruro de plomo, substancias ambas que pueden explotar con solo rozarlas. Y aunque la carga esté muerta, el detonador tiene energía para dejarle a uno la mano con aspecto de calamar atropellado por un trolebús. Era la granada más potente de todas las usadas en la guerra, ya que cargaba nada menos que 200 gramos de nitramina moldeada dentro de su cuerpo de chapa de hierro. En cuanto a su enorme tamaño, la foto de la derecha nos muestra claramente sus generosas dimensiones en manos del soldado de la izquierda que está a punto de lanzar una. No llegaría demasiado lejos con ella ya que pesaba 415 gramos. Demasiado para una granada ofensiva.


Granadas de mango



Aparte de la Ferrobellum que vimos en la entrada anterior y que clasifiqué como pre-fragmentada, se usaron granadas de este tipo procedentes de Alemania y Rusia, si bien la más habitual fue la Sthg (Stielhandgranate, granada de mano con mango) modelo 1924. Ahí la tenemos...

Granada alemana modelo 1924. Si las granadas italianas eran una porquería, esto era una verdadera virguería made in Germany que daría hasta pena lanzarla de lo bonita y bien acabada que estaba. Su mango le permitía alcanzar grandes distancias, lo que le daba ventaja sobre las usadas por el enemigo. Fue utilizada prácticamente en su totalidad por las tropas nacionales, y cargaba 165 gramos de trinitrotolueno que detonaban mediante una espoleta de retardo BZ.26 de 5 segundos. Las que puedan aparecer, salvo casos raros, habrán perdido el mango total o parcialmente. Ojo pues, porque el frictor y el multiplicador estarían a la vista. 

Bueno, con esto concluímos con las granadas. Para la próxima, temas artilleros, que acojonan más y tal...


Anécdota del abuelo fogoso:

Me contó una vez que una noche, cuando estaban todos en brazos de Morfeo recordando a las novias y las camas blanditas, se vieron repentinamente sacados de sus míseras piltras llenas de chinches y piojos por un ataque por sorpresa por parte de brigadistas checos. Pero ojo, un ataque a gran escala, no un golpe de mano para robar tabaco y latas de sardinas. Total, se lió parda allí, con el personal sin saber de donde le venían los tiros y haciendo lo posible por no dejarse superar por el enemigo. Y como se veía más bien poco por ser luna nueva, nada mejor que echar mano a la reserva de granadas de mano, que de eso solían ir sobrados, y liarse a lanzar como locos.


Brigadistas asaltando una posición enemiga. Van
armados con el fusil ruso Mosin-Nagant
Al amanecer, los brigadistas se largaron porque les había dado para el pelo. Eso de ponerse en plan bravo con la infantería española por muy comunistas que fuesen no les salió bien, y cuando el abuelo y sus colegas asomaron cuidadosamente la jeta por encima de los parapetos a ver cómo estaba el patio, vieron el campo sembrado de checos de aquellos más tiesos que la mojama, aparte de unos cuantos que aún berreaban como consecuencia de sus heridas. Total, que salieron a retirar a los heridos y a recolectar a los muertos pero, de repente, se levantó un fuerte ventarrón y, enseguida, empezaron a escucharse explosiones. Volvieron echando leches a sus trincheras pensando que era un nuevo ataque pero, al cabo de un rato seguían sonando las explosiones sin que nadie se acercase a su posición. Al final se dieron cuenta de lo que pasaba: las puñeteras Lafitte, al estar las trincheras en una zona con arbustos y árboles, se habían quedado enganchadas con las cintas sin llegar a detonar. Al levantarse el aire se terminaron de soltar, y caían al suelo una tras otra causando el desasosiego del personal, que se dedicaron el resto del día a detonarlas a tiros de fusil mientras que una pira de checos bien rociados de gasofa soltaba un aroma nada gratificante. Al parecer, la cremación era habitual cuando el número de caídos era excesivo o si por las circunstancias del momento no era posible abrir fosas comunes.

En fin, cosas que pasan en las guerras. Mira que venir desde Checoslovaquia a España para diñarla en un sitio que ni siquiera sabían que existía...

Bueno, mañana más.

Hale, he dicho


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martes, 14 de mayo de 2013

Chatarra bélica 1ª parte







Esta entrada se sale un poco de la temática habitual del blog pero he estimado oportuno hacerla inspirado por el interesante trabajo que lleva a cabo el Sr. Medyr acerca de las líneas fortificadas, trincheras y demás restos de nuestra deplorable guerra civil. Tomen nota del mismo los interesados en estos temas. Por cierto, también hace unas fotos muy chulas, así que oído al parche: http://www.apratizando.com/



Trece proyectiles de artillería y dos carcasas de mortero
hallados en Oviedo
Bien, como iba diciendo, me consta que hay mucha afición a moverse por las zonas en las que hubo violentos cambios de impresiones, líneas fortificadas, etc. Sin embargo, puede que más de uno ignore lo peligroso que puede ser bichear por esos sitios sin saber lo que puede encontrarse, así que creo que no será mala cosa invertir un rato en leer esta entrada y tomar buena nota de los peligros que los acechan. Vamos al tema...



Granada de mortero de 81 mm. aparecida
en la provincia de Guadalajara
Afortunadamente, en nuestra guerra civil no se usaron armas químicas ni artillería de calibres monstruosos tan al gusto de los germanos. Sin embargo, las preparaciones artilleras no tuvieron en muchos casos nada que envidiar a las habidas en la Gran Guerra, y con el añadido de que mientras en ese conflicto la aviación se dedicaba más que nada a ametrallamientos de posiciones en tierra, en la nuestra sí se usaron bombas de caída libre con una potencia terrorífica. Recordemos que nuestro conflicto fue la antesala de la siguiente guerra mundial y el campo de pruebas de multitud de nuevas armas, y para liarla aún más se usaron de las más variopintas procedencias: desde fusiles Arisaka japoneses a revólveres Nagant rusos o bombas de mano alemanas de mango. Como en todos los conflictos, un determinado porcentaje de proyectiles no estallaba al llegar a destino, permaneciendo enterrados durante décadas a la espera de que alguien lo manipule inadecuadamente para provocar un desastre.



Alijo de chatarra bélica intervenido por la guardia civil.
Si todo eso explota no encuentran del fulano ni los
botones de la bragueta.
Así pues, conviene saber qué era y como funcionaba lo que podríamos encontrar, de forma que sepamos ante qué estamos. Pero, ojo, que a nadie se le ocurra ponerse a jugar a artificieros. De hecho, ni siquiera estos profesionales optan por ponerse a desmontar nada si no lo tienen clarísimo, y prefieren detonarlo antes de jugarse el pellejo. Por otro lado, las leyes españolas prohíben terminantemente la tenencia de explosivos, de modo que nada de llevárselo a casita para presumir ante los colegas timoratos. Así pues, si encontramos cualquier cosa sospechosa, lo mejor es marcar el lugar y comunicarlo enseguida a la guardia civil. Ellos avisarán a los TEDAX y se acabó el peligro. Y nada de largarse sin decírselo a nadie, porque otro que venga detrás podría topar con el chisme y palmarla.

ADVERCENCIA FINAL: Voy a explicar como es la apariencia y el funcionamiento básico de estos artefactos, pero no como desactivarlos o ponerlos en uso. No quiero que me dejen un comentario en esta entrada escrito con los dedos de una mano por alguno que pensó que jugar a los desactivadores de bombas molaba mazo, y menos aún de otro dándome las gracias por haberle librado de su cuñado en lo que sería el crimen perfecto: "Cógela, cuñado, que no pasa nada...", ya nos entendemos, ¿no? Ah, tampoco diré cuales son las que carecen de peligro. Háganse vuecedes a la idea de que TODAS SON MÁS PELIGROSAS QUE UN MACACO CON UNA GUILLETTE.

Los objetos que podremos encontrar, salvo la lata de sardinas mohosa o el peine de cartuchos de un Mauser, son los siguientes:

- Granadas de mano, tanto defensivas como ofensivas.
- Granadas de mortero.
- Granadas de fusil.
- Proyectiles de artillería.
- Las espoletas de todos ellos.
- Bombas de aviación. Son más raras, pero haberlas haylas.
- Artefactos explosivos de circunstancias y totalmente artesanales.

Dicho esto, al grano...

Granadas de mano


Estos malévolos chismes fueron usados por millones, tanto por parte de los que atacaban una posición como por los defensores de la misma. Básicamente constan de un cuerpo metálico hueco y relleno de cualquier substancia que la haga estallar, desde pólvora negra a amatol, nitramina, trilita, etc. Para que detone la carga es preciso un multiplicador, que es lo verdaderamente peligroso porque la substancia explosiva casi siempre pierde propiedades con el paso de los años. Pero el multiplicador no, y esos chismes, compuestos a veces por fulminato de mercurio, tienen potencia para arrancarte de cuajo una mano. En lo tocante a su cometido se diferencian en ofensivas y defensivas. Las primeras tienen menos radio de acción ya que son usadas cuando uno ataca, por lo que podría quedar expuesto a su propia metralla ya que carece de protección en el momento de la explosión de la granada. Las defensivas son para usarlas lanzándolas sobre el enemigo que intenta tomar la posición que uno defiende, por lo que tienen un radio de acción mayor y lanzan más metralla ya que el que la arroja cuenta con la protección que le brinda la trinchera. Su radio de alcance teórico suele rondar los 100 metros, si bien el real es bastante inferior, como la mitad o incluso algo menos. 

Comenzaremos por estas últimas, no sin antes recordar por enésima vez que estos chismes son asaz peligrosos, y que una de las granadas que veremos a continuación tiene, caso de estar aún activa, potencia para convertirlo a uno en comida para gatos. Bueno, al grano...


Granadas de cuerpo pre-fragmentado


Un soldado nacional arroja una granada contra
una posición republicana
Son las que comúnmente se conocen como "granadas de piña" por su similitud con estos frutos. Generalmente son de hierro colado, y las espoletas y multiplicadores van atornillados en su parte superior. La carga explosiva era generalmente introducida por el mismo orificio donde luego iba roscada la espoleta y eran transportadas separadas unas de otras por meras cuestiones de seguridad. Una vez en el frente se procedía a unir granada con espoleta. Este tipo de granada, por ser de hierro, son las que en peor estado se encuentran y, por lo general, sus espoletas tienen los mecanismos totalmente oxidados o se trata de una simple mecha podrida hace décadas. Pero mucho ojo, que dependiendo de la espoleta usará un multiplicador distinto, y ese puede estar aún vivo. Son, como se ha dicho, a base de ácido pírico o, lo más peligroso, fulminato de mercurio, substancia tremendamente inestable que se vuelve aún más inestable con el paso del tiempo. Que a nadie se le ocurra intentar desenroscar la espoleta, porque al hacerlo puede activar el frictor y partir de este cruel mundo al cabo de 6 segundos a lo sumo mientras vemos nuestra envoltura carnal un tanto averiada y con un aspecto sumamente desagradable.

Veamos algunos modelos habituales:



Granada francesa F-1 modelo 1915. El ejemplar de la izquierda lleva montada la espoleta francesa 1915, con mecha de 4 a 6 segundos prendida por un frictor. La de la derecha lleva la espoleta Brilliant, un modelo posterior a la 1915 la cual fue sustituida por la poca fiabilidad de ésta. Al igual que la anterior, el multiplicador detonaba mediante una mecha que se encendía al liberarse la palanca. En este modelo, la carga explosiva de 60 gramos de cheddita (la cheddita era una mezcla de clorato y dinitrotolueno), era introducida por un orificio practicado en la base del cuerpo que, a continuación, era cerrado mediante un tornillo. 




Granada "Universal", fabricada en España. Va armada con la espoleta B-3 con retardo pirotécnico. Como vemos, había dos tipos, una el cuerpo pre-fragmentado en seis filas y otra con ocho, si bien la primera era la más frecuente. La carga consistía en 45 gramos de nitramina o amatol. Además de la espoleta B-3 podía usar la Brilliant, en cuyo caso la palanca quedaba alojada en una acanaladura longitudinal.







Granada de discos, copia española de una granada francesa. La de la imagen monta la espoleta B-3, si bien también podía usar la Brilliant, con la que podía utilizarse como granada de fusil. Los discos eran para hacer de obturador ya que también podía ser disparada con morteros de 52 mm.








Granada rusa modelo F1. Monta la espoleta Koveshnikov, provista de un retardo de cuatro segundos. La carga era de 60 gramos de trinitrotolueno. La espoleta Koveshnikov podía también usarse en la "Universal", para lo cual precisaba un manguito de latón para poder adaptarla a la misma. También podía montarse en la modelo 31 polaca y la F-1 francesa.







Granada francesa "Citron Foug" (significa algo así como limón furioso). Esta peculiar granada iba provista de una espoleta bastante simple: al retirar el capuchón que aparece en la foto bastaba pulsar un percutor que inflamaba un fulminante, el cual iniciaba una mecha. El muelle del percutor no tenía demasiada potencia, por lo que eran habituales los accidentes en caso de que la granada hubiera sido desprovista del capuchón de seguridad y se pulsara por descuido o pequeños golpes. La carga consistía en 50 gramos de cheddita.





Granada española modelo 1921. Creada por el comandante Carvajal, ya era obsoleta a mediados de los años 30. Su espoleta consistía en una lengüeta que, al tirar de la misma, iniciaba una mecha con un retardo de entre 4 y 6 segundos. Esta espoleta carecía de cualquier elemento de seguridad para su transporte o manipulación. Su carga, de 65 gramos de pólvora negra de grano medio, la hacía muy sensible a la humedad. Es un modelo que se usó muy poco, pero lo pongo por si acaso.




Granada española modelo "República". También conocida por la tropa en plan de coña como "biberón" o "sifón" por su peculiar morfología. Tiene otra peculiaridad, y es que, como vemos en la foto, la palanca se liberaba extrayendo dos anillas en vez de una solo, como es habitual. Ello era debido a que el muelle del percutor que iniciaba el fulminante que prendía la mecha era tan potente que, a veces, rompía el pasador de la anilla dando el último gran susto de su vida al pardillo que llevaba la granada encima. De ahí equiparla con las dos anillas, que no estaba el personal para sustos que te dejan seco. Se desconoce tanto la carga como el explosivo usado, si bien al estar producida en Valencia con pocos medios supongo que le pondrían lo que pillaban, y ya sabemos que en Valencia siempre ha habido pólvora en cantidad.




Granada española Mod. 1, más conocida como "de tonelete". Se trata de una granada fabricada en la Pirotecnia de Sevilla y profusamente usada por las tropas nacionales. Este chisme era la quintaesencia de lo básico. Se rellenaba por la base a través de un orificio que se cerraba con un tapón de plomo para lograr una mejor estanqueidad. La carga era de pólvora nitrocelulósica para fusil y la espoleta era algo tan simple como una mecha lenta y un cerillo. Al retirar el tapón, que aparece en la pieza de la izquierda, quedaba a la vista la mecha en cuyo extremo había una cabeza de fósforo. Para encender el cerillo bastaba rascarlo contra el trocito de lija pegado en el interior del tapón. Como medida de seguridad, llevaban un trozo de algodón entre el cerillo y la lija, por si acaso. La mecha tenía una longitud de 6 centímetros, lo que daba un retardo de 7 segundos. 



Granada polaca modelo 31. Esta granada arma la espoleta B3, aunque también puede encontrarse con la rusa Koveshnikov. Sus niveles de calidad eran bastante altos y lograban una estanqueidad notable, hasta el extremo de que actualmente pueden conservar tanto la carga como el multiplicador en perfecto estado. Lo habitual es que el cuerpo esté pre-fragmentado en cinco filas, si bien se fabricó una variante con cuatro que, por su parecido con la F1 rusa, podemos distinguirla una de otra porque el tapón de rellenado para la carga va en el modelo polaco sujeto mediante un pasador, mientras que el de la rusa va atornillado. La carga era de trinitrotolueno.






Granada española modelo "Hispana". Se trata de una pieza de gran calidad que fue desarrollada en los años 20. Iba provista de una espoleta de impacto que se activaba cuando una cinta que llevaba envuelta se soltaba, de forma similar a la de la Lafitte italiana (de esa ya hablaremos). Ese sistema actuaba como seguro de distancia, ya que si caía cerca del lanzador y la cinta aún no se había soltado del todo, no explotaba aunque le dieran de patadas. Se desconoce el tipo de explosivo que usaban, así como la carga.






Granada española "Ferrobellum". Inspirada en la Sthg 24 alemana, se diferencia de ésta en que la española lleva el cuerpo pre-fragmentado. El funcionamiento era el mismo: al desenroscar el tapón que va a final del mango sale una anilla unida a un cordel del cual se tira para iniciar el frictor, consistente en una pasta pirotécnica que, tras un retardo de unos 6 segundos, hacía detonar el multiplicador. El mango iba roscado al cuerpo de la misma forma que los cepillos para barrer al palo.

Qué... no se imaginaban vuecedes que eran tantas, ¿eh? Esos once tipos de granada pueden aparecer en cualquier parte de nuestra vapuleada geografía, de modo que mucho ojo. 

Bueno, proseguiremos mañana, que aún quedan multitud de chismes por estudiar.

Hale, he dicho...


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