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lunes, 11 de noviembre de 2013

El alcón, un arma de caballeros



Un caballero se dispone a hacer frente a la acometida de un jinete con su alcón
Ilustración de © Eduardo Gutiérrez García


Es ya hora de completar la entrada que se publicó en su momento sobre estas peculiares armas. Para coger el hilo de la misma, un pinchazo aquí, por favor. En dicha entrada nos dedicamos a estudiar las arcanas etimologías de las mismas, así que ahora toca hablar de su desarrollo, manejo, tipologías, etc. Vamos pues...

Origen

Al parecer, el alcón tiene su origen en la alabarda. Ciertamente, sus morfologías son bastante similares si bien, como podremos observar a continuación, mientras las segundas se componían siempre de las mismas partes - hacha, pica y pico -, el alcón podía presentar combinaciones diferentes. En las ilustraciones comparativas de abajo lo veremos más claramente:

A la izquierda tenemos un alcón de la tipología más habitual, mientras a la derecha aparece una alabarda, en este caso contemporánea a la época de aparición del alcón. Enumeremos las diferencias más sobresalientes:

1. Cabeza de armas. En la alabarda es de una sola pieza, mientras que en el alcón está fragmentada en al menos dos partes: hacha y pico/martillo y pica superior. 

2. El hacha. La alabarda presenta una hoja de generosas dimensiones, siempre con cierto grado de inclinación o bien convexa. El alcón la presenta recta o convexa.

3. El pico. Mientras que en la alabarda es una parte inseparable de la misma, no es así en el alcón, ya que puede llevar el pico o bien una cabeza de martillo o varios petos.

3. La pica. Aunque en este caso aparecen en ambas armas picas prismáticas, en los alcones se pueden ver en forma de lanza. Por otro lado, la pica de la alabarda suele ser más larga. 

4. Longitud del asta. Generalmente, las alabardas tienen un asta más larga, de hasta dos metros. La de los picos muy rara vez excedía de los 180 cm.

Dos ciudadanos recreacionistas se enfrentan en un
combate a pie con sendos alcones. Estas armas eran
mucho más manejables que las alabardas de infantería
Bien, esas serían las principales diferencias entre ambas armas. Así pues, el alcón aparece en escena hacia comienzos del siglo XV y prácticamente siempre en manos de caballeros, los cuales lo usaban para combatir a pie. Algunos piensan que era un arma concebida para torneos o duelos, pero la podemos ver representada en multitud de obras sobre batallas y en las que también aparece por norma en manos de caballeros o nobles. Así pues, colijo que el alcón nació para que los hombres de armas y caballeros dispusieran de un arma eficaz cuando llegaba la hora de combatir pie en tierra. 

¿Y por qué no usaban la alabarda? se preguntará posiblemente más de uno. Diría que por dos razones básicamente: una, por aquello del estatus social. Un caballero no gustaba de usar armas de plebeyos, y menos aún que un plebeyo usara las propias de su rango superior. Y por otro lado, la alabarda era un arma creada principalmente para formar líneas de infantería capaces de detener una carga de caballos coraza y, gracias a su pico, derribar a los jinetes para luego apiolarlos en el suelo. Sin embargo, un caballero que lucha a pie no precisa formar líneas contra la caballería y mucho menos derribar jinetes. Si echaba mano a su alcón era para luchar a pie contra enemigos a pie, ya fuesen peones, hombres de armas o caballeros como él. Y una razón más: la masa del alcón era inferior a la de la alabarda, lo que convertía a los primeros en armas mucho más manejables. Recordemos que el caballero se entrenaba para su uso correcto, y en muchas ocasiones se enfrentaría a un igual. Por lo tanto, era preciso disponer de un arma menos masiva que la pesada alabarda.

Tipologías

Dentro de este tipo de armas podemos diferenciar dos morfologías bien distintas: los alcones en sí y los picos de cuervo o martillos de Lucerna. Veamos algunos ejemplos de ambas tipologías:


Ahí tenemos seis ejemplares bastante representativos. Como nexo común entre todos tenemos las barretas de enmangue, que siempre montaban cuatro: dos para sujetar la cabeza de armas al asta, y otras dos para reforzar dicha asta a fin de impedir que las armas de corte enemigas la partiesen. Las hachas podían tener el filo recto o presentar una curvatura más o menos acentuada. La parte trasera podía ir provista de una cabeza de martillo, bien lisa, bien dentada (mucho más frecuente) o bien con un pequeño peto prismático emergiendo de la misma; en otros casos, con una cabeza de aristas, generalmente tres o cuatro, ideal para producir heridas abiertas en las carnes del enemigo. En cuanto a la pica, podía ser prismática o en forma lanceolada. Por lo general, los alcones solían presentar unos acabados mucho más elaborados, lo que corrobora su uso en manos de sujetos de cierto rango y poder económico. En muchos de ellos se pueden observar grabados, cincelados o incrustaciones de bronce. Y otro detalle más que solo podemos ver en estas armas es el pequeño varaescudo para proteger la mano maestra, el cual es bien visible en el segundo ejemplar empezando por la izquierda.  

A la izquierda tenemos tres picos en los que podemos ver sus características. Como nexo común presentan los siguientes elementos: una pica superior que, como en el ejemplar de la izquierda, puede llegar a tener una longitud notable. El hacha es sustituida por un pico de sección triangular y con el filo hacia arriba, muy adecuado para perforar metal. Y en lugar del martillo, una cabeza con aristas. Por lo demás, la fijación se realiza mediante barretas de enmangue como en los alcones, y su poco peso los hacía aun más manejables. Como vemos, presentan menos diferencias entre ellos, radicando las mismas solo en detalles irrelevantes o longitud de la pica, mucho más larga en los martillos de Lucerna.

Fabricación

Los alcones, como ya comenté más arriba, se componían de varias piezas. Ello puede dar que pensar que su robustez no era la adecuada, pero recordemos que los martillos tampoco se fabricaban de una sola pieza y su resistencia era proverbial. De todas formas, la cabeza de armas sí era una única pieza y su fijación bastante sólida. Veamos paso a paso como se elaboraban...

En esa ilustración tenemos todos los componentes necesarios para fabricar un alcón. Veámoslos uno a uno...
A. El asta. Al igual que la alabarda, su sección era cuadrangular u octogonal. La madera preferida, el fresno por su ligereza, robustez y veteado. La longitud habitual oscilaba entre los 140 y 180 cm.
B. La cabeza de armas. En una sola pieza tenemos el hacha y el martillo. En su parte central presenta un rebaje para encastrarla en la pieza E, que veremos más abajo. El orificio servirá para fijarla al conjunto mediante el tornillo D.
C. La pica, la cual va soldada a una pieza en forma de U que abrazará la cabeza de armas y quedará unida a ella también mediante el tornillo D. El C de la derecha es la misma pieza vista de frente. La línea de puntos marca el lugar por donde va el orificio.
E. Vista lateral y frontal de las barretas de enmangue. Es la pieza principal para el montaje, ya que es la que, fijada al asta, sustentará la cabeza de armas y la pica. En la vista frontal podemos ver la muesca donde se encastra la cabeza de armas. Empecemos el montaje...

El primer paso consiste en unir el asta con las barretas. Dicha asta, una vez preparada, recibe las barretas las cuales serán fijadas mediante remaches pasantes o bien tachuelas. En ese segundo caso, los orificios de las barretas irán a diferentes alturas de una a otra para que no se crucen las puntas de las tachuelas. Caso de fijarse otras dos barretas, estas serán solo dos pletinas fijadas en la parte libre del asta.


A continuación se encaja la cabeza de armas en la ranura del terminal de las barretas. Para evitar posibles holguras como consecuencia de los cambios de temperatura o humedad, a veces se colocaba a unos centímetros debajo de la cabeza de armas una argolla de sección cuadrada, la cual se deslizaba hacia abajo para hacer más presión contra la madera. Hay que tener en cuenta que las astas tenían los extremos un poco más finos que la parte central.

Finalmente, se añade al conjunto la pica, tras lo cual se une mediante el tornillo piramidal, que además servirá de peto. De ese modo, las barretas, la cabeza de armas y la pica forman una sola pieza. Cabe suponer que el tornillo sería apretado en caliente de forma que al enfriarse se contrajera, impidiendo de ese modo que se aflojara con los golpes. Este sistema de montaje tenía una ventaja añadida, y es que en caso de rotura de alguna de las partes bastaba con desmontarla y sustituirla, no perdiendo así un arma que, con seguridad, sería bastante cara. En cuanto al montaje de los picos, a continuación veremos uno de los métodos seguidos porque, salvo éste, los demás son idénticos a los utilizados para fabricar los martillos de guerra. Veámoslo...

A la izquierda podemos ver las dos piezas de que se compone un pico.  Por un lado, a la derecha tenemos la cabeza de armas, forjada en una sola pieza. En su parte central tiene un orificio cuadrangular, similar al de un mazo o un martillo doméstico de nuestros días, por el que se deslizará la pica que, en este caso, forma una sola pieza con las barretas de enmangue. En ambas se aprecia el orificio que servirá para unir ambas partes como veremos a continuación.

La cabeza de armas se introduce por la pica, deslizándola hasta que el orificio que lleva coincida con el de la pica. Previamente hemos fijado las barretas al asta, en este caso de sección cuadrangular, mediante los métodos habituales: tachuelas o remaches pasantes. Una vez en su sitio, para lo cual será preciso ajustarla con unos golpes ya que se trataba de que careciera de holguras, se unían ambas partes bien con un remache pasante provisto de una arandela o bien con un peto atornillado como vimos en el alcón de más arriba. El conjunto formaba una sólida arma capaz de dar miles de golpes sin inmutarse y, caso de romperse alguna de sus partes, siempre podía ser sustituida. 

Manejo

En muchas ocasiones, el  jinete se veía obligado a combatir a pie. Bien por haber perdido el caballo, bien como imposición de tipo táctico, no siempre podía disponer de la ventaja de luchar a caballo. Así pues, el alcón le permitía disponer de un arma combinada sumamente eficaz no ya contra sus iguales, sino contra una infantería que, al ir armada con bisarmas, alabardas, etc., podía poner las cosas muy difíciles a un caballero armado con espadas, hachas o martillos. Era una mera cuestión de alcance: un arma enastada de infantería podía ofender a un enemigo a dos metros de distancia mientras que un caballero no alcanzaba más del metro y poco que le daba la hoja de su espada más la longitud de su brazo. O sea, que el infante podía escabechar bonitamente al odiado caballero. Pero si este tenía un alcón en sus manos la cosa variaba de medio a medio, porque era un arma que daba alcance y contundencia y, lo más importante, era un consumado maestro en su uso. 

De ahí que en muchos manuales de la época se contemplara el alcón como "asignatura" al igual que las espadas, las dagas, los montantes o la lanza. Puede que eso indujera a más de uno a pensar que era un arma ideada para justar a pie, pero hay muchas representaciones gráficas de la época que nos indican los contrario. Un ejemplo lo tenemos a la derecha, en el que vemos un fragmento de que representa la batalla de Aljubarrota entre Castilla y Portugal. El sujeto de la izquierda enarbola un alcón dispuesto a darle estopa al enemigo castellano, mientras que uno de estos acaba de hundir el hacha de su arma en el cráneo de un lusitano tras hendirle el yelmo. 

En definitiva, el alcón fue un arma que gozó de bastante popularidad en el corto espacio de tiempo en que permaneció activo. Ya en el siglo XVI, las armas de fuego y las nuevas tácticas de combate empezaron a relegar cada vez más este tipo de armas caballerescas en unos campos de batalla donde, de forma inexorable, cada vez primaban menos los estatus sociales del personal y se imponía una uniformidad impensable apenas cien años antes. Poco podía hacer un caballero o un hombre de armas con su alcón si el enemigo le endilgaba un arcabuzazo en plena jeta, así que la obsolescencia de estas armas fue ya galopante.

Bueno, no creo olvidar nada, así que sanseacabó.

Hale, he dicho


sábado, 17 de agosto de 2013

El alcón o pico de cuervo. Introducción etimológica


Iluminación medieval en la que se aprecian un alcón y un bec-de-corbin



Por desgracia, las denominaciones de determinados tipos de armas se prestan, como hemos visto a lo largo del tiempo, a gran cantidad de errores, confusiones y tergiversaciones. Ello es debido, aparte del desconocimiento general del tema por los "expertos" que suelen hablar sobre estas cuestiones, a que los idiomas evolucionan mientras la sesera de algunos permanece igual desde tiempos del Homo Afarensis. De aquí que se cometan tantos errores y que, al final, nadie se aclare y se denominen de la misma forma armas diferentes, o de distinta manera armas iguales.



Duelo entre dos caballeros combatiendo
con picos de cuervo
Así pues, antes de entrar a fondo en esta nueva serie de entradas prefiero dedicar un poco de tiempo a esclarecer el origen de sus denominaciones para, de ese modo, saber de qué estamos hablando y no haya necesidad de salir por los cerros de Úbeda que, además de quedar bastante lejos de casa, son muy altos y debe cansar horrores subir a ellos. Vamos pues al tema...

Ante todo, debo reconocer que he pasado un largo rato pensando como titular esta serie. Obviamente, quería una denominación española, que para eso estamos en España y, como muchos ya saben, detesto los extranjerismos. Y jurovos que no ha sido fácil, sangre de Cristo...

Para empezar, en la rica y gloriosa lengua de Cervantes no hay un solo término que describa de forma inequívoca a este tipo de armas. En el Tesoro de la Lengua Castellana de Covarrubias no hay nada. En el Diccionario Etimológico Militar de Almirante, cuatro chorradas sin coherencia y, encima, se contradicen con las que cita Leguina en su imprescindible Glosario de Voces de Armería. Solo hay un término que se aproxima, creo, y aparece precisamente en el Leguina: DESTRAL.

Concretamente, en una cita del Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano sobre un fragmento de "El Libro de Alexandre":


"Mandó luego delante entrar a los peones con 
destrales agudos, con bonos segurones"



Pero esto se contradice con un detalle, y es que estas armas, precisamente estas, no eran de uso común entre los peones, mira qué casualidad. Y además, el término destral se contradice también con la denominación que aparece en el Almirante, en el que dice que se trataba de una pequeña hacha o segur arrojadizo usado por los gisarmiers gabachos. Conclusión: destral no nos vale. 

Por otro lado, tenemos el término pico de cuervo aportado también por Leguina y que lo equipara al de alcón (citado por él pero obtenido del Diccionaro Militar de Hevia), definiendo pues el pico de cuervo como un 

...arma blanca enastada a manera de hacha de armas, teniendo
por el lado opuesto un pico o gancho de hierro.

Y el alcón es definido de la siguiente manera:

Arma blanca enastada lo mismo que pico de cuervo, a manera de un hacha de armas, teniendo por el lado opuesto un gancho o pico de hierro, con el que procuraban desmontar al enemigo y matarle sin defensa. Esta arma la usaba la infantería contra la caballería.

Pero Almirante, para acabar de fastidiarlo todo, dice que alcón es sinónimo de falconete. La verdad, en esa acepción creo que mete un gazapo glorioso. Y no ya porque es el único sitio donde aparece ese sinónimo, sino porque tiene mucho más sentido la denominación de Leguina. Así pues, y para concluir con la terminología hispana, proclamo que son picos de cuervo o alcones. Por cierto que en la Wikipedia esa los llaman hachas de petos, pero al menos el autor del artículo reconoce que el palabro es un invento suyo en referencia a los petos atornillados con que, a veces, se unían las cabezas de armas a las barretas en enmangue, como ya vimos en las entradas dedicadas a los martillos de guerra. Pero la cosa es que esos petos no los llevaban por norma, sino más bien en contadas ocasiones por lo que eso de hacha de petos me chirría un poco por describir una excepción y no una regla, así que tampoco nos sirve. Además, no es un término oficialmente reconocido, qué carajo. 


Batalla de Aljubarrota
Pero que nadie piense que en la lengua de Schakespeare la cosa es más fácil. No, nada de eso. En inglés tenemos que rebuscar en la gramática medieval para saber de qué va la cosa. Vean, vean...

Actualmente es habitual ver que se les suele denominar como poleaxe o pollaxe, que traducimos como hacha enastada. Esto es una perogrullada tanto en cuanto todas las hachas llevan un asta aunque mida medio palmo, pero bueno... sería relativamente correcto si no fuera porque el hacha forma parte de una cabeza de armas compuesta por más elementos. Pero el término original no es poleaxe, sino pollax (se pronuncia polax, que más de uno empezará a sonreír con expresión malévola con eso de las pollax). Hoy día, si ponemos la palabra poll en un diccionario en línea, aparecen las acepciones votación, encuesta o sondeo. Así pues, vuecedes se preguntarán qué leches tienen que ver las armas enastadas con las elecciones, aparte de ser un instrumento muy útil para eliminar rivales políticos incluyendo al presidente de la comunidad de vecinos. Pero la cuestión es que en los albores del siglo XV, el término poll hacía referencia a la cabeza y al cuero cabelludo, y no fue hasta 1620 cuando se asimiló a temas electorales por los "recuentos de cabezas", o sea, de personas para los censos electorales o para los recuentos de votos. 

Una ilustración del De Arte Gladiatoria Dimicanti, 
una de los mejores manuales para el uso
de estas armas
En cuanto al término ax, proviene del inglés antiguo aeces, que más adelante evolucionó a aex y finalmente a ax. La forma axe es relativamente moderna, ya que data del siglo XIX. En ese tiempo empezó a prevalecer en detrimento del término más antiguo ax, el cual está actualmente en desuso a pesar de ser la forma culta del mismo. 

Quizás sean los tedescos los que le dan el nombre más descriptivo: fussstreitaxt, palabro rarísimo traducible como hacha para combatir a pie. Y es así: el pico de cuervo era en sí un arma destinada a duelos y para cuando los caballeros y hombres de armas echaban pie a tierra en plena batalla y que, en vez de recurrir a una alabarda, muy similar en forma y cometido, o una bisarma, preferían uno de estos alcones quizás por aquello de que siempre hay clases, digo yo... Por cierto que también las denominaban como mordaxt, término bastante gráfico ya que se puede traducir como hacha para matar, lo cual es de una evidencia palmaria, digna de las cuadriculadas mentes germánicas. No van a necesitar un chisme así para hacer ganchillo, ¿no?

Réplica moderna de un alcón
Finalmente, concretar que tanto gabachos como italianos no se comieron el seso. Los primeros las denominaron como hache o hache de pieton, y los segundos como ascia da fante (hacha de infante) o azza a secas, o sea, hacha en ambos casos. Incluso hay un tratado sobre esgrima escrito en Francia en el siglo XV y que se titula Le jeu de la hache, lo que corrobora que cuando estas armas estaban en pleno uso ya las denominaban de esa forma. 

Bien, así pues ya tenemos las etimologías y denominaciones en las lenguas más comunes, por lo que ya hemos dado un paso de gigante que vuecedes se podrán ahorrar gracias a que he destruido varios miles de neuronas solo con este tema y que ruego me reembolsen al menos en parte. Por lo tanto, tenemos:

ESPAÑOL: Alcón, pico de cuervo
INGLÉS: Pollax, pollaxe, poleaxe
ALEMAN: Fussstreitaxt, mordaxt
FRANCÉS: Hache, hache de pieton
ITALIANO: Ascia da fante, azza



Bec-de-corbin
Y quieto todo el mundo, que aún no hemos terminado. Nos queda una variante: el bec-de-corbin y el martillo de Lucerna, que aunque todo el mundo piensa que son la misma cosa en realidad son dos diferentes. Estuve en la duda de si incluirlas en la serie de los martillos pero como se trata de armas de dos manos a las que se daba exactamente el mismo uso que los alcones, pues finalmente decidí estudiarlas en esta otra serie.

Bien, aunque hablamos de un arma cuya morfología difiere respecto a la anterior tanto en cuanto carece de hacha en su cabeza de armas, era también utilizada como arma de duelo y para combatir a pie. Originaria de Francia, los gabachos le dieron el nombre de bec-de-corbin, término que todo el mundo traduce como pico de cuervo o pico de grajo. Sin embargo, sírvanse vuecedes poner el término corbin en un traductor, a ver que pasa. ¿Ya? ¿Aparece algo? Nada, ¿verdad? Resulta que cuervo se dice en francés corbeau y grajo, freux. Entonces, ¿qué es un corbin? Pues, al parecer, es el diminutivo en francés medieval de esos bichos, o sea, cuervito o grajito.




Martillo de Lucerna
Pero, ¿qué pasa con los demás idiomas? ¿Cómo se denomina un bec-de-corbin en inglés o en español? Pues me da la impresión de que el término no fue jamás traducido debido a que el uso de este tipo de armas fue cuasi exclusivo de Francia y poco más. Al parecer, también se les denominaba como bec-de-faucon, o sea, pico de halcón, pero la terminología más conocida es la primera. Y alguno me dirá que qué pasa con los martillos de Lucerna. Pues no pasa nada ya que es una denominación moderna data del siglo XIX y que se empezó a utilizar para diferenciar una tipología característica de esa ciudad Suiza muy similar al fusssstreithammer, un martillo de dos manos para combatir a pie. Así pues, los suizos germanoparlantes los llamarían en su época fussstreitaxt, fussstreithammer o rabenschnabel y los francoparlantes, pues igual que en francés: bec-de-corbinEn italiano denominaban a estos chismes como mazzapicchio, que podríamos traducir como maza que golpea. Resumiendo:

FRANCÉS: Bec-de-corbin, bec de faucon
ALEMÁN: Fussstreithammer, rabenschnabel
ITALIANO: Mazzapicchio

¿Verdad que es absolutamente enloquecedor? Bueno, como ya me estalla la cabeza con esta historia, vale por hoy. Aunque ha sido precisa una entrada solo para dar cuenta de las terminologías y etimologías de estos chismes, creo que ha merecido la pena porque, de esa forma, sabremos qué es cada cosa y podremos fardar enormemente con nuestro cuñado más abominable cuando, visitando un museo militar, lo dejemos callado y humillado ante nuestra sapiencia. En cuanto a las diferencias entre tipologías y terminologías, de eso ya se hablará en la siguiente entrada.

Hale, he dicho...



Dos ciudadanos recreacionistas deleitan al personal dándose estopa bonitamente con sus pollaxes.
Una aclaración: el chiringo de tacos, palomitas y demás chucherías feriantes es totalmente
anacrónico, así como el castillo hinchable instalado para regocijo de la chavalería.
Lo especifico no sea que algún "experto" quiera pillarme con el paso cambiado y diga que
 el Amo del Castillo no repara en errores palmarios en temas de ambientación