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jueves, 13 de junio de 2019

FLAKTÜRME BERLIN. FRIEDRICHSHAIN


Maqueta de uno de los proyectos presentados inicialmente por Tamms, en este caso de una Flakturm construida enteramente
de piedra en vez de hormigón, que es como más feillo y tal. Como ya comentamos anteriormente, la idea era que estas
fortificaciones se integrasen armoniosamente en el entorno monumental de la ciudad como una muestra del poder militar
de la futura capital del mundo: Germania 

Bueno, criaturillas, retomamos las poderosas Flaktürme para proseguir con las situadas en Berlín. Conviene aclarar que las tres parejas eran de características muy similares, lo que se dio en llamar Bauart 1 o, como denominaríamos actualmente, de primera generación. Por ello, lo tocante a su distribución interior, dimensiones y tal eran básicamente las mismas salvo los detallitos que se irán enumerando, no sea que algún cuñado tenga información sobre el tema y le demos el gustazo de humillarnos vilmente. No se puede bajar la guardia con esos malvados, ya saben... Así pues, para ir comparando o recordando cualquier dato de interés no estará de más que abran el enlace sobre la Flakturm Zoo por si quieren consultar algo y, de paso, vuelvo a poner la ortofoto donde aparecen las tres parejas de torres para que podamos situarnos. Hela aquí:



Bien, como ya sabemos, tras mogollón de cónclaves, reuniones y ataques de ansiedad, finalmente se decidió la construcción de tres parejas de torres, la primera de la cuales fue la del Tiergarten que se estudió en la entrada anterior de esta pequeña monografía, así que hoy daremos cuenta de las de Friedrichshain, situadas al este de Berlín para ir completando el triángulo que debía proteger la zona central de la población y donde se encontraban los centros del poder político, policial y militar de la misma. Y dicho esto, comencemos sin más demora.

GEFESCHTSTURM II FRIEDRICHSHAIN


La G-Turm de Friedrichshain durante su construcción. A la izquierda se ve
la grúa especial que hubo que usar para elevar las cúpulas blindadas de los
ascensores de munición. El barracón que aparece en primer término era
para los obreros
El 20 de enero de 1941, cuando el hormigón de las Flaktürme del Tiergarten estaba aún fraguando a base de toberas de vapor, se empezó a estudiar la ubicación de la siguiente pareja en el Friedrichshain, un barrio obrero que, para colmo de males, fue de los más castigados por los bombardeos y encima hasta tuvieron la desgracia que quedar en el lado oriental cuando se construyó el Muro en 1961. Lo que sí se tenía claro era que las torres estarían en el Volkpark Friedrichshain, un parque proyectado en 1840 para conmemorar el centenario del ascenso al trono de Federico II de Prusia cuyas obras se desarrollaron entre 1846 y 1848. En principio, la torre de mando estaría ubicada en el centro del parque con la G-Turm situada a 350 metros al oeste, junto a la confluencia de la Am Friedrichshain y la Friedenstraße y justo detrás de la Märchenbrunner, la Fuente del Cuento de Hadas, un monumental estanque inaugurado en 1913 y decorado con estatuas de los personajes de los cuentos de los hermanos Grimm. Sin embargo, la construcción de un proyecto anterior de un edificio de grandes dimensiones en ese lugar obligó a desplazar la G-Turm, lo que a su vez también hizo que la ubicación de la L-Turm se viera modificada de forma que, finalmente, la torre de combate quedó situada en el centro del parque y la de mando a unos 480 metros al nordeste de su hermana mayor.


En la foto podemos ver el parque de Friedrichshain. Los círculos blanco y azul muestran las ubicaciones proyectadas en principio para la G-Turm y la L-Turm respectivamente. Las cruces señalan la posición final de ambas. A la derecha del circulo blanco se ve un pequeño óvalo marrón que corresponde a la Märchenbrunner actual.

Las dimensiones de la G-Turm eran las mismas que la del Tiergarten con solo una diferencia, y es que en la que nos ocupa los nidos de golondrina de la plataforma artillera inferior eran un poco más grandes y que el puesto de mando de la plataforma superior era cuadrangular en vez de circular. Por lo demás, el resto era igual y estaba artillada con piezas similares, inicialmente de 10'5 cm. y posteriormente con los montajes dobles de 12'8 cm. además de las piezas ligeras de 3'7 y 2 cm. emplazadas en la plataforma inferior. Además, como ya se ha comentado, en esta torre fue la única junto a la del Tiergarten en la que se colocaron las descomunales cúpulas blindadas para proteger los ascensores de munición, una grande en cada batería y dos pequeñas para la evacuación de las vainas servidas.

En octubre de 1941 la G-Turm ya estaba operativa, aunque no terminada del todo. En la foto de la izquierda, tomada durante el verano del año siguiente, la vemos erguirse entre la espesa fronda del parque con los cuatro Flak 38/39 de 10'5 cm., pero en los nidos de golondrina de la izquierda se ven aún los encofrados de madera. Además, los postigos blindados de las ventanas aún estaban sin colocar, y solo se aprecian los huecos con las mortajas previstas para su instalación. Estos postigos, que en realidad tenían el tamaño de una puerta de cualquier casa normal, tenían una altura de 2'10 metros, una anchura de 1'07 metros y un grosor de 6 cm. Como recordaremos de la entrada anterior, por dentro disponían de una ventana acristalada normal y corriente.

En cuanto a las instalaciones interiores de luz, agua, etc., eran las mismas que en la G-Turm del Tiergarten. Disponía de su propio generador de electricidad, su hospital, sus dos plantas destinadas a refugio de la población, depósito para obras de arte procedentes de los museos y alojamientos para el personal militar. En la foto de la derecha podemos ver el aspecto del enorme generador que permitía disponer de suministro eléctrico aunque toda la ciudad se quedase a oscuras. Y esto no solo era importante para el funcionamiento de los instrumentos de seguimiento y tiro, quirófanos y tal, sino para los miles de personas apiñadas como sardinas en lata dentro de la torre. Imaginen a diez o veinte mil personas dominadas por el pánico y, encima, sumidos en la oscuridad más absoluta, con los nenes berreando, sus mamás dando alaridos y los papás echando sapos y culebras. Inquietante, ¿no?

La G-Turm del Friedrichshain no tuvo tanta suerte como la del Tiergarten, que apenas sufrió daños durante la contienda. Al estar situada, como hemos dicho, en una zona especialmente castigada por los bombardeos, sufrió varios impactos que dejaron tras de sí las bajas de rigor. La foto nos muestra el incidente de más gravedad, acaecido durante la noche del 3 de febrero de 1945. Una bomba acertó de lleno en el pañol de uso inmediato de la batería "Cäsar"(marcado con la flecha), partiéndolo en pedazos y haciendo explotar nada menos que 400 proyectiles de 12'8 cm. almacenados en su interior y matando a nueve servidores de la pieza. No obstante, y a pesar de los daños producidos, la solidez de la construcción quedó patente ya que un impacto directo más la friolera de 400 proyectiles explotando de golpe solo pudieron romper el pañol de hormigón y poco más.

La G-Turm de Friedrichshain totalmente operativa con los cañones dobles
de 12'8 cm. y la plataforma inferior atestada de artillería ligera
En las primeras horas del 2 de mayo de 1945, el el teniente coronel Karl Hoffmann, comandante de Turmflakabteilung 123, intentó romper el férreo cerco enemigo con todo el personal de la Luftwaffe disponible. Conviene aclarar que Hoffman no tenía su puesto de mando en la G-Turm, sino en la torre de mando, por lo que quizá su intención era sumarse a la defensa de otras torres o incluso de la misma torre de combate. Sea como fuere, debió tener claro que seguir resistiendo tenía menos sentido que pretender que un político sea un sujeto honorable, así que se largó y se acabó lo que se daba.

Plano de la plataforma artillera de la G-Trum, igual al de la
Tiergarten salvo en la forma del puesto de mando. Las
baterías se designaban por nombres de la A a la D:
Anton, Bertha, Cäsar y Dora
Como ocurrió con la G-Turm del Tiergarten y, de hecho, ocurriría con las demás Flaktürme de Berlín, su destino quedó sellado en 6 de diciembre de 1945, cuando mediante el  Decreto Aliado nº 22 se ordenaba destruir todos los edificios y fortificaciones incluidas en el plan de desmilitarización de Alemania. Se dividió la capital en zonas para que cada ejército aliado se encargase de demoler las instalaciones señaladas, quedando Friedrichshain bajo la tutela de los belicosos hijos del padrecito Iósif. Los rusos no estaban por la labor de perder el tiempo, así que nada más publicarse el decreto se pusieron manos a la obra empezando a volar los edificios que les correspondían. No obstante, las autoridades civiles de Berlín lograron convencerlos para que demorasen la destrucción de las Flaktürme que, como ya vimos en la entrada anterior, pretendían destinar como refugio a las ingentes cantidades de personas cuyas casas habían desaparecido y se veían con el invierno encima y sin tener un techo donde cobijarse.

Aspecto de la G-Turm tras el segundo intento. Fue como si la hubieran
cortado con un cuchillo, pero de ahí no pasaron
Pero en cuanto pasó el invierno, los soviéticos mandaron a hacer puñetas a los sin techo, heridos convalecientes y demás personal de la torre y se dispusieron a volarla por los aires. El 29 de abril tuvo lugar un primer intento que, como no podía ser menos, resultó fallido porque estos monstruos, como ya hemos visto, tenían una solidez monolítica. El 2 de mayo siguiente se llevó a cabo un segundo intento que, esta vez sí, logró al menos partir en dos el edificio. O sea, que lo dañaron, pero en modo alguno pudieron demolerlo. Se desconoce la cantidad de explosivos que usaron, así como la distribución de los mismos porque los hijos del padrecito Iósif eran aún más obsesivos con los secretos militares que los tedescos. 

La G-Turm ante la que se puede ver circulando el tren de vía estrecha para
acarreo de materiales
Al igual que hicieron los british (Dios maldiga a Nelson) en primera instancia con la G-Turm del Tiergarten, los rusos decidieron que seguir gastando explosivos y tiempo en reducir a gravilla aquella mole no tenía mucho sentido, así que optaron por enterrarla, lo que ciertamente no era un trabajo rápido. Entre 1946 y 1950 se reclutaron "Notstandsarbeiten", trabajadores de emergencia, para acometer la ardua tarea. Estos eran obreros procedentes de las listas de parados que, caso de no encontrar ocupación en su oficio, debían trabajar de forma obligatoria en las obras públicas. Para transportar los materiales con que sepultar la enorme mole de hormigón, en el verano de 1946 se tendió una línea de ferrocarril de vía estrecha en la que una pequeña locomotora remolcaba un tren formado por vagonetas mineras de esas que vuelcan el contenido hacia un lado. Al parecer, el puñetero tren tenía más peligro que un cuñado ávido de marisco porque descarrilaba cada dos por tres, y la locomotora acababa deslizándose cuesta abajo porque el firme, que había que compactar a medida que el montículo iba ganando altura, no tenía la consistencia adecuada.

Mujeres sepultando la G-Turm en el invierno de 1946/47. Lo verdaderamente
penoso y agotador de este trabajo es que no se trataba de mover paletadas de
tierra, sino de escombros y adoquines, más pesados y difíciles de manejar
Pero aparte del tren con las vagonetas, los obreros no dispusieron de más herramientas para su trabajo que picos y palas. O sea, que tuvieron que mover cientos de miles de metros cúbicos de tierra y escombros para sepultar la G-Turm. De hecho, se emplearon también bastantes cantidades de mujeres que, a la vista del hambre y la necesidad reinante, no debían ser precisamente fortachonas tedescas, sino más bien tedescas canijas que tuvieron que batirse el cobre con frío, calor, lluvia o nieve hasta conseguir sepultar la mole, lo que por fin se consiguió en la primavera de 1950 con la creación de lo que desde entonces se denomina como Großer Bunkerberg, la Montaña del Búnker Grande. Este montículo, de 78 metros de altura, está actualmente cubierto por una densa arboleda y coronado por un mirador. Para llegar a la cima hay unos senderos en los que aún se pueden ver algunas partes de la antigua G-Turm que no quedaron completamente cubiertas. 

La Großer Bunkerberg en 1950. Poco menos que levantar una pirámide mediana a pico y pala. Su altura es la misma
que el cuerpo de campanas de la Giralda de Sevilla, así que los que hayan subido ya pueden hacerse una idea de las
vistas que se contemplan desde esas alturas.

LEITTURM II FRIEDRICHSHAIN

La L-Turm de Friedrichshain era idéntica a la del Tiergarten que ya conocemos pero con la salvedad de que, en este caso, carecía de la plataforma de observación en la azotea de la torre. Por lo demás, sus características y morfología eran las mismas: una grúa en la plataforma inferior, otra en la superior con carril de desplazamiento y la base del radar Würzburg-Riese que, al igual que la del Tiergarten, era ocultado en un pozo de 12 metros en el interior de la torre. La artillería ligera se componía de varios Flakvierling de 2 cm. distribuidos tanto en los nidos de golondrina como en el resto de la plataforma. A mediados de julio de 1944, las piezas de 2 cm. fueron sustituidas por Flak 43 de 3'7 cm. que al cabo de un año fueron nuevamente sustituidos, en esta ocasión por las MG-151/20 de tres cañones.

En esta torre instaló su puesto de mando el teniente coronel Hoffmann, que como ya hemos comentado antes era el comandante de la Turmflakabteilung 123, y en el interior de la primera planta se habilitaron 700 m² para poner a buen recaudo 1.636 pinturas procedentes del Museo Káiser Guillermo además de gran cantidad de obras de arte procedentes de museos etnográficos, esculturas, arte egipcio, griego y romano, etc. En la foto de la izquierda vemos el comienzo del extenso inventario de más de 200 páginas en el que los aliados detallaron minuciosamente todo lo que contenían las torres, en este caso especificando la procedencia de las obras depositadas en las Flaktürme de Friedrichshain. Sin embargo, los rusos ya habían trincado mogollón de objetos y pinturas que, o bien desaparecieron para siempre, o bien desaparecieron hasta que, como por arte de magia, aparecieron de nuevo en museos de Moscú. De hecho, cuando Hoffmann tomó las de Villadiego con el personal militar todo el contenido quedó a merced de los soviéticos, que serían un poco analfabetos en su mayoría pero no tan tontos como para no darse cuenta de que lo que los tedescos guardaban con tanto celo debía ser valioso. El día 6 de mayo, uno de los directores de los museos cuyos fondos se guardaban en la L-Turm fue a recuperar lo que pudiera y vio que la primera planta había ardido entera, y posteriormente, el día 18, también el 2º y el 3er. piso. Cabe suponer que los soviéticos arramblaron con todo y luego metieron fuego al mobiliario o lo que fuera para simular el expolio ya que años después aparecieron más de 400 obras en Moscú, como hemos comentado.

Guarnición completa de la L-Turm: 161 hombres
En cuanto al personal, al igual que ocurrió con la torre de mando de la Tiergarten, a medida que avanzaba el conflicto había que echar mano a lo que había ya que los 100 hombres de la Luftwaffe destinados a cada L-Turm no eran suficientes. Para aumentar la dotación de la artillería de las torres se recurrió a los Luftwaffenhelfer, Auxiliares de la Luftwaffe, una unidad nutrida por mozalbetes de entre 15 y 18 años que, a pesar de su poca edad, estaban muy motivados políticamente y bastante fanatizados. Para no perder los estudios- alucino con el sentido del deber de esta gente- acudían a las L-Türme profesores que por su edad o estado físico no eran aptos para ir al frente, impartiendo clases durante las horas en que estos voluntariosos mocitos estaban libres de servicio. Así mismo se sumaron a la guarnición Blitzmädchen, auxiliares femeninas dedicadas a operadoras de radar y telecomunicaciones. Incluso se aceptaron voluntarios rusos y ucranianos; los primeros porque eran renegados que odiaban a muerte a los comunistas desde el padrecito Iósif para abajo, y los segundos porque odiaban, además de a los comunistas, a los rusos en general y al padrecito Iósif en particular. 

Una vista de la G-Turm del Friedrichshain, al fondo de la imagen, tomada
desde un nido de golondrina de la L-Turm, ambas aún sin terminar. Los sacos
terreros actúan como rudimentario parapeto para proteger a los servidores
del Flakvierling 38. En los arcones junto al parapeto de hormigón está
la munición para uso inmediato
El final llegó poco después de que Hoffmann rompiese el cerco de tropas enemigas, rindiendo ambas torres el médico de mayor graduación ya que los pocos oficiales que quedaban eran todos del cuerpo sanitario. Su destino corrió paralelo al de la G-Turm: el 20 de abril de 1946 se hizo un primer intento de voladura que no logró acabar con la torre. Un segundo intento a principios de mayo acabó con ella sin que, al igual que con la G-Turm, trascendiesen las cantidades de explosivos que necesitaron para volarla. No obstante, debieron meter dinamita como para volarla siete veces porque, según dijeron los que presenciaron la explosión, los muros reventaron hacia fuera como si los hubiesen golpeado con un martillo pilón gigante. Del mismo modo, una vez destruida se procedió a sepultarla formando la Kleine Bunkerberg, la Montaña del Búnker Pequeño, que alcanzó los 68 metros de altura, o sea, diez menos que el de la G-Turm. En 1950, cuando se terminaron los trabajos, se habían removido la friolera de 2,1 millones de m³ de tierra y escombros, o sea, suficiente para llenar unas 825 piscinas olímpicas.

En fin, con esto terminamos por ahora. Con la próxima daremos término a las Flaktürme berlinesas, que ya va siendo hora, qué carajo.

Hale, he dicho

Vista aérea del Volkpark Friedrichshain tras la voladura de las dos torres. Abajo se atisban los restos de la L-Turm, y en
la parte central de la foto la G-Turm partida en dos y volcada hacia atrás, bueno, o hacia adelante, según se mire. Cuatro
años más tarde ya estaban sepultadas, y al día de hoy son meros montículos cubiertos de una espesa arboleda donde acuden
los berlineses a correr con los pinganillos del móvil enchufados en las orejas, a hacer el gamba en los monopatines o a mostrar su chispeante ingenio artístico haciendo pintadas chorras en los escasos restos que aún asoman a la superficie

jueves, 6 de junio de 2019

FLAKTÜRME BERLIN. TIERGARTEN


Fachada norte de la G-Turm del Tiergarten, cerca del parque zoológico

Bueno, como hemos dedicado tres artículos al tema artillero, he pensado que quizás sea mejor ir entremetiendo las distintas Flaktürme que se fueron construyendo. Así vamos dando una de cal y otra de arena para hacer más entretenida la cosa. Por lo tanto, daremos comienzo por las que se edificaron en primer lugar y que, además, fueron las más emblemáticas por ser las que defendieron la capital del Reich de los Mil Años que al final duró apenas doce, pero al menos le echaron voluntad, qué carajo...

En la primera entrada de esta serie monográfica ya se habló del origen de estas poderosas fortificaciones, así como algunas de sus características más relevantes para ir entrando en situación, pero antes de ir al meollo de los entresijos de cada una de ellas será conveniente detallar como se fraguó la puesta en marcha de las mismas. Así pues, sin más dilación vamos al grano, que para luego es tarde y el camino es largo.

Diseño monumental de una G-Turm que aunaba la grandiosidad con la
solidez. No obstante, al final prescindieron de la estética en favor de la
resistencia
En septiembre de 1940 y ante la inesperada visita de los british (Dios maldiga a Nelson), se dio la orden para iniciar las obras de las torres que debían defender la capital. Inicialmente, el proyecto incluía la construcción de seis torres de combate (GeschuztürmeG-Türme) con sus respectivas torres de mando (LeittürmeL-Türme): tres en el Tiergarten, una en el Humboldthain, otra en el Friedrichshain y otra en el Hasenheide, cerca del aeropuerto de Tempelhof. Para los que lo desconozcan, esos lugares son parques berlineses, emplazamientos elegidos por varias razones, a saber... en primer lugar, para no tener alrededor edificios que pudieran obstaculizar el radio de acción de la artillería. Por otro lado, el eco producido por la cercanía de esos mismos edificios provocaría interferencias en los radares de las torres de mando y, finalmente, se pretendía que el acceso a los refugios de su interior- recordemos que además de ser fortificaciones defensivas estaban concebidas como refugios antiaéreos- fuera lo más cómodo posible para la población, que en momentos de pánico no suele comportarse de forma ordenada y serena como es lógico. Había una razón más, esta de tipo, digamos, estético, que consistía en hacer coincidir las torres en los cruces de avenidas o alineadas con monumentos para que no supusieran una merma visual al magnificente aspecto de la capital berlinesa. Sí, una chorrada de antología, pero por aquella época el ciudadano Adolf confiaba ciegamente en la victoria- cinco minutos antes de volarse la tapa de los sesos creo que ya dejó de creer en ella-, y cabe suponer que las torres, unos edificios concebidos para durar más que las pirámides de Egipto, serían una muestra más del genio y la capacidad germánicas que asombrarían al mundo tras ganar la guerra.

El mayor general Kurt Steudemann
El 20 de septiembre se celebró una reunión en la que tomaron parte varios mandamases de alto rango para ir dando forma a un proyecto que, a la vista de como estaba el patio, había sido considerado como muy urgente de iniciar y llevar a buen término. En el cónclave, presidido por el mayor general Steudemann, Inspector de la Artillería Antiaérea, se toparon con el primer inconveniente, que era algo tan vital como las piezas que debían armar las torres. El emblemático cañón de 8'8 cm. se consideraba inadecuado ya que su alcance efectivo estaba en los 7.500 metros aproximadamente, por lo que había que emplazar armas de más potencia. En principio se había optado por los cañones de 10'5 cm. usados por la Kriegsmarine a razón de cuatro piezas dobles por torre, pero para ello había que modificar los que había disponibles ya que estaban dispuestos formando posiciones triples sobre cureñas provistas de un mecanismo de oscilación para compensar el balanceo del buque donde estuvieran instalados. Por lo tanto, había que modificar ese sistema por uno que permitiera bloquear las piezas ya que su emplazamiento sería estático y, por otro lado, reformar las baterías para que fuesen de dos cañones en vez de los tres originales. Esto supondría una demora de año y medio, y la verdad es que tenían un poco de prisa. La segunda opción era un cañón de 12'8 cm. diseñado por la marina para emplazamientos fijos, pero tampoco estaban disponibles de momento así que, finalmente, se decidió usar cañones simples de 10'5 cm. de forma provisional, además de artillería ligera a base de cañones de 3'7 y 2 cm.

Kommandogerät 40 en su plataforma. Este chisme requería de siete
operadores, cada uno encargado de un determinado seguimiento
En cuanto a la estructura de las torres de combate, el diseño presentado por Tamms consistía en un edificio central con cuatro torres, una en cada esquina con un espacio de 10 10 metros para la plataforma artillera, de forma que hubiera una distancia de entre 50 y 70 metros entre cada cañón. En el centro de la azotea y a una distancia mínima de 35 metros de las piezas habría un puesto de mando provisto de un Kommandogerät 40, un telémetro computerizado con capacidad de predicción de rumbo, trayectoria y distancia que sería empleado en caso de que no estuviera operativa la L-Turm asociada a cada torre. Las dimensiones de la torre de combate serían de 60 60 metros y tendría una altura de 25 para sobresalir entre la espesa arboleda de los parques donde se construirían. Las torres de mando, como ya se comentó, se situarían a una distancia de entre 300 y 500 metros de su G-Turm, comunicándose entre ellos mediante un cable telefónico enterrado bien hondo y bien protegido por los cuales llegarían además los datos de tiro procedentes de los dispositivos de seguimiento. La dotación prevista sería de 160 hombres y 6 oficiales para las torres de combate y de 100 hombres y 6 oficiales para las torres de mando. 

Maqueta de la G-Turm Zoo
Su interior estaría dividido en un sótano, planta baja y cinco plantas superiores. Los pañoles de munición se encontraban en el sótano, comunicados con las torres mediante ascensores paternóster, un tipo de elevador rotativo consistente en una serie de compartimentos situados uno sobre el otro que, cuando están en funcionamiento, transportan de forma constante personas u objetos. Las dos plantas siguientes estaban preparadas para su uso como refugio antiaéreo con una capacidad para 8.000 personas si bien, como ya dijimos en una entrada anterior, llegaron a meterse hasta 30.000 berlineses muy acojonados como arenques en un barril. 


Puesto de mando de la G-Turm Zoo. Era el único con forma circular.
Al fondo se ve la L-Trum
Los muros, de 2,5 metros a nivel del suelo, se iban estrechando un poco a medida que se elevaban hasta quedarse en 2 metros por la parte superior. El techo, de 3 metros de espesor, era a prueba de bombas de modo que le podía caer encima un diluvio de ellas que solo rascarían la pintura gris verdoso con que se pintarían las torres. Otro problema a solucionar estaba en el emplazamiento de la artillería ligera, que inicialmente se había previsto situar en una plataforma central elevada, rodeando el puesto de mando. Pero, aparte de limitar el número de piezas, se corría el peligro de que si los cañones principales disparaban en un ángulo demasiado bajo podían alcanzarlos o, simplemente, el rebufo de cada disparo los pondría calentitos. Así pues, se modificó el proyecto inicial añadiendo a la torre de combate una plataforma rodeando todo su perímetro provista de tres salientes circulares por torre, los llamados nidos de golondrina, situados a una cota inferior para no verse afectados por los cañonazos de sus hermanos mayores. 


Uno de los cañones de 10'5 cm. de la G-Turm Zoo en acción. Obsérvese la
cúpula blindada del ascensor para munición, así como los pañoles para uso
inmediato al fondo de la batería. Más abajo los veremos con más detalle
Cuando ya tenían más o menos claro cómo y de qué manera debían construirse las torres la Inspección de Artillería Antiaérea emitió un informe el 23 de septiembre en el que señalaba que era complicado situar de forma armoniosa las tres parejas de torres destinadas al Tiergarten, y que la integración de estas estructuras en el entorno monumental del parque sería más fácil si se reducía a dos parejas. Sí, aunque suene a coña, decidieron supeditar la defensa antiaérea a una mera cuestión estética, pero es evidente que por aquel entonces ni siquiera podían imaginar la de miles de toneladas de bombas que les dejarían caer encima los bombarderos aliados. Más aún, el mismo Tamms incluso llegó a plantear otro emplazamiento porque se sentía preocupado por los animalitos del zoo, que sufrirían mucho con el fragor de la artillería cuando, en realidad, si la artillería sonaba era porque llovían bombas, así que el estrés padecido por las explosiones sería por partida doble. Obviamente mandaron a Tamms a hacer puñetas y para contentarlo le dijeron que cuando tuvieran un rato libre cambiarían el zoo de sitio. En todo caso, la cuestión es que finalmente se construyó una pareja de torres en el Tiergarten en lugar de las tres iniciales, y la del Hasenheide fue definitivamente desechada por lo que quedaron tres parejas de las seis que figuraban en el proyecto original: la del Tiergarten, más conocida como Flakturm Zoo, la de Friedrichshain y la de Humboldthain.




Probos tedescos derrotados buscándose las habichuelas, y nunca mejor
dicho. La foto es de 1946. Al fondo se ve la cúpula del Reichstag y más
a la izquierda la Puerta de Brandenburgo
En la ortofoto superior podemos ver la posición de las tres parejas, que formaban un triangulo en cuyo interior estaban los enclaves de más importancia de la capital empezando, como es lógico, por la cancillería. Obsérvese la enorme extensión del Tiergarten, una superficie de más de 200 Ha. que originariamente había sido un coto de caza de los electores de Brandeburgo, de donde procede su nombre (Tiergarten significa jardín de animales). En 1740 se destinó como parque público y en 1844 se construyó una suelta para faisanes que fue el germen del parque zoológico cuyos inquilinos tanto preocupaban a Tamms. Por cierto que, tras la guerra, el parque quedó dentro de la zona controlada por los british, que prácticamente talaron la totalidad de la arboleda para usarla como combustible y se parceló el terreno para cultivos de subsistencia de la población. También se puede apreciar que, tras tanto debate sobre el encaje armonioso de las torres en el parque, al final quedaron desplazadas respecto al eje principal formado por la Charlottenburger Chaussee y la rotonda central donde se yergue la Columna de la Victoria. Y hechos estos preliminares genéricos, veamos los entresijos de cada pareja de torres.

GEFESCHTSTURM I ZOO


Distribuyendo el hormigón en la plataforma artillera
Esta fue la primera en construirse. Las obras requerían un esfuerzo notable tanto en hombres como en materiales y, por supuesto, en medios para disponer de los mismos. Para ello, el Reichbahn, el servicio de ferrocarriles, tuvo que garantizar el suministro de 1.600 Tm. diarias de materiales de todo tipo mientras que otras 500 Tm. llegarían por vía fluvial. En principio se emplearon 1.500 obreros que, posteriormente, fueron ampliados a 3.250, de los cuales la mitad eran alemanes. El resto eran extranjeros, en su mayoría italianos, y entre 300 y 400 prisioneros de guerra dedicados exclusivamente al acarreo de materiales. Las obras de la G-Turm y la L-Turm comenzaron a mediados de octubre y finales de noviembre de 1940 respectivamente, y con el invierno prácticamente encima se presentó un problema con el fraguado del hormigón, que se retrasaría mucho con las bajas temperaturas. Pero eso era un problema menor para los tedescos, que usaron calentadores de carbón y toberas de vapor para acelerar el proceso y tener ambas torres concluidas a finales de marzo del siguiente año. O sea, que apenas tardaron cinco y cuatro meses en concluir dos edificios a lo bestia, sobre todo la G-Turm, de la que los berlineses decían con cierta dosis de humor negro que era "el ataúd más seguro del mundo".


Aspecto exterior e interior de las ventanas. La barra que se ve en el centro era
para apoyarse en ella y tirar del postigo blindado sin caerse de cabeza al vacío
Las dimensiones finales de esta primera torre de combate fueron de 70'5 7o'5 metros de superficie y 35 de altura. El grosor de los muros mantenía las especificaciones originales: 2'5 metros por la parte inferior estrechándose a medida que ascendía hasta quedarse en 2 metros. Se siguió el mismo proceso que en las torres Winkel: más gordo por abajo, que era donde explotaban las bombas, y más delgado por arriba para aliviar de peso aquella moles de hormigón. El techo tenía 3 metros de espesor y era impenetrable para las bombas convencionales. Solo la Tallboy o la Grand Slam británicas podrían haberlo traspasado, pero estas no entraron en servicio hasta 1944. Para acceder a las plataformas superiores había una amplia escalera en espiral en cada torre además de otras escaleras secundarias distribuidas por el recinto. Disponía además de dos montacargas reservados para el personal militar y el traslado de heridos al hospital. En cuanto a las numerosas ventanas que se abrían en las fachadas, aparte del cierre de cristal disponían de unos postigos blindados que se cerraban cuando sonaba la alarma, impidiendo así que pudieran entrar en el interior fragmentos de metralla o cualquier otra porquería producto de las explosiones.

La G-Turm Zoo en plena guerra. En la plataforma de la
derecha se ve que ya habían emplazado los Flak 40 de
dos cañones de 12'8 cm.
Para acceder al interior se disponía de tres enormes puertas de 4 metros de ancho por seis de alto que, a medida que se intensificaron las alarmas, se mostraron insuficientes por lo que hubo que construir en la fachada oeste escaleras de madera sobre pilares de ladrillos que permitían acceder directamente a la primera planta a las masas de civiles aterrorizados. Tanto la planta baja como el primer piso estaban destinados a refugios. En el segundo piso se habilitaron 1.500 m² para poner a buen recaudo los fondos de los museos berlineses, empezando por el famoso tesoro de Príamo hallado por Schliemann y el más famoso aún busto de Nefertiti. Para su mejor conservación disponían incluso de una instalación de aire acondicionado, todo sea por la cultura y tal... No obstante, hacia el final de la guerra y ante el peligro de ver a los enemigos paseándose por Berlín se decidió trasladarlo todo a profundas galerías de minas lo más lejos posible de la capital, si bien la evacuación no pudo completarse ni remotamente.

En el tercer piso había un espléndido hospital con  capacidad para 95 camas atendido por ocho médicos, 20 enfermeras y 30 sanitarios. El personal debía ser de primera clase, porque los miembros del partido y los militares más relevantes pasaron por él, desde la famosa Hanna Reitchs al archicondecorado Hans Ulrich Rudel, que con su Stuka y sin piernas destruía carros de combate rusos como quien mata ratones con un tirachinas. El personal militar tenía sus dependencias en las plantas superiores. En el plano podemos ver la distribución de la cuarta planta que, contrariamente a lo que algunos podrían imaginar, no eran diáfanas, sino que estaban divididas en multitud de dependencias destinadas a dormitorios, comedores, pequeños almacenes, aseos, etc. Obsérvense las escaleras de las torres que se veían complementadas por otras dos a cada lado de ellas más otras dos en el centro de la torre. A todo lo reseñado hay que añadir una amplia cisterna en el sótano que se suministraba por conductos independientes de la red urbana, un conjunto de generadores que permitía disponer de electricidad en cualquier momento, una amplia cocina, una panificadora y almacenes repletos de víveres. Su nivel de autonomía sumado a su invulnerabilidad era tal que muchos militares afirmaban que podían resistir hasta un año después de que la ciudad hubiese caído en manos enemigas si bien, como podemos imaginar, semejante panorama era excesivamente optimista. No obstante, lo cierto es que su capacidad de resistencia fue sorprendente hasta el último minuto de guerra.

En este otro plano podemos ver la distribución de la plataforma artillera cuyas piezas estaban al mando del teniente coronel Maschewski, de la Turmflakabteilung 123. Como vemos, a una cota inferior está la plataforma con tres nidos de golondrina en cada ángulo para la artillería ligera y una grúa Flohr con capacidad para 10 Tm. que quedaba situada sobre la puerta principal del recinto. Para acceder a la plataforma superior disponían de dos pares de escaleras en tres de sus fachadas, quedando la cuarta reservada para la grúa. En amarillo tenemos el puesto de mando donde se situaba el Kommandogerät 40 rodeado por un grueso muro de hormigón. En rojo hemos señalado los pañoles de munición de uso inmediato para los cañones antiaéreos emplazados en cada torre. Como ya se comentó, inicialmente se usaron piezas de 10'5 cm. hasta que estuvieron disponibles los montajes dobles de Flak 40 de 12'8 cm. En azul vemos otros pañoles que, además, actuaban como traveses para impedir que, en caso de caer una bomba directamente sobre la torre, la explosión afectara a toda la superficie de la plataforma y sus ocupantes. 

Pañol de uso inmediato. La foto muestra claramente las puertas correderas
que protegían la munición, así como la disposición de la misma en el interior
Los pañoles estaban protegidos por puertas correderas de acero. Y en verde tenemos las que quizás sean las piezas más peculiares, las cúpulas de los ascensores paternóster que iban desde el polvorín a las plataformas. Las dos cúpulas de color naranja, más pequeñas, eran para evacuar las vainas servidas al polvorín, y solo se llegaron a instalar en esta torre y en la de Friedrichshain. Las cúpulas eran monstruos de nada menos que 72 Tm. de peso que requirieron la instalación de una grúa especial para subirlas a la plataforma. Las cúpulas fueron llevadas a la torre con la ayuda de un remolque Culemeyer-Straßenroller con 16 ruedas dobles de goma maciza. Una vez en la base de la torre eran subidas mediante una grúa especial provista de raíles facilitada por el Reichsbahn y colocadas en su lugar. Veámoslas con más detalle.


En la foto de la izquierda podemos ver una cúpula sobre el remolque Culemeyer-Straßenroller camino de la torre. El tractor es un Kaelble facilitado por el Reichsbahn y que se usaba para mover el pesado material ferroviario. En la imagen de la derecha aparece ya enganchada en la grúa. Se pueden apreciar las ruedas del remolque que, en la parte trasera y delantera, tenía cuatro pares de ruedas. Ni un impacto directo de artillería de la gorda podría traspasar esa mole de acero.


En estas fotos podemos ver, en primer lugar y a la izquierda, el elevador paternóster. Los proyectiles se colocaban en posición vertical en los soportes rotativos, y cuando llegaban al fondo eran traspasados automáticamente al elevador. Cuando llegaban a la cúpula un mecanismo los volteaba para que quedaran en posición horizontal. El elevador, como se ha dicho, funcionaba constantemente una vez que se ponía en marcha, por lo que los encargados de municionar situados en el polvorín solo tenían que ir colocando un proyectil tras otro. En el centro vemos como tres hombres echan un poco los bofes para abrir la puerta, cuyo espesor, comparándolo con el tamaño de la mano del probo artillero que vemos en primer término, debía rondar por los 30-35 cm. de acero. En la foto de la derecha vemos como abren la pesada puerta empujando entre dos hombres y, por lo que se puede apreciar, con bastante esfuerzo.


En la foto izquierda vemos como se extraía la munición de la cúpula, y al mismo tiempo se podía depositar en los dispensadores las vainas servidas si bien, como hemos comentado anteriormente, para esta misión se usaban dos elevadores más pequeños. La foto de la derecha muestra la escotilla de inspección que permitía controlar el elevador por si había algún problema o interrupción. Las cúpulas pequeñas no estaban provistas de estas escotillas.

Una sala de estar de las dependencias para el personal. A la izquierda vemos
un cuadrante de trabajo, y la puerta del fondo indica que se trata de un
aseo para hombres con baño y retrete
A lo largo de su vida operativa, la G-Turm fue alcanzada alguna que otra vez por las bombas enemigas. En 1943 tuvo lugar el incidente más grave al ser tocada de lleno y matando e hiriendo prácticamente a todos los servidores de la plataforma superior. Como ya podemos imaginar, del suelo no pasó porque tres metros de hormigón armado son muchos metros. Hacia finales de abril de 1945 los rusos habían ocupado toda la zona alrededor de la torre, quedando bajo el fuego de la artillería soviética. Sin embargo, las piezas de 12'8 cm. devolvían los disparos a las posiciones enemigas emplazadas en Marzahn, a unos 12 km. de distancia. Se llegaron a contabilizar unos 500 impactos de la artillería enemiga en la torre sin que hicieran poco más que sacar un poco de hormigón de la fachada, mientras que los Flak 40 efectuaron unos 400 disparos contra Marzahn. Al parecer, llegaron a destruir incluso algunos carros de combate rusos que se aproximaron más de la cuenta y se pudieron a tiro.

Dormitorio para civiles con capacidad para dos literas
triples. A pesar de la imagen de relativo confort que
muestra la foto, en los últimos meses de guerra la
sensación de claustrofobia debía ser tremebunda al
verse encerrado en ese zulo atestado de gente y con el
fragor sordo de las explosiones como música de fondo
El mismo mariscal Zhukov declaró que la G-Turm Zoo "...formaba el principal punto de apoyo para la defensa del centro de Berlín...", por lo que además de verse sometida constantemente al fuego de la artillería rusa también era atacada sin descanso por la aviación y, en resumen, con todo lo que tenían a mano sin lograr abrir la más mínima brecha. No obstante, el interior se había convertido en un maremagno dantesco. A pesar de que el día 26 se aumentó su capacidad para dar cabida a más heridos, los muertos y los miembros amputados se amontonaban en las dependencias hospitalarias sin que se pudiera salir a enterrarlos. Solo muy de vez en cuando, si amainaba el fuego enemigo, salían a toda prisa para echar los despojos en cualquier cráter y taparlos con unas paletadas para volver a encerrarse en aquel inmenso sarcófago. En aquellos momentos había en la torre más de 2.000 militares e incontables civiles que el Dr. Hagedorn, uno de los miembros del cuerpo médico de la Luftwaffe, cifró en 30.000. En el hospital había más de 500 cadáveres que no era posible evacuar y unos 1.500 heridos. La resistencia duró hasta el 2 de mayo, cuando el coronel Wöhlermann entregó la torre a los rusos a las 00:30 horas tras lo cual tuvo lugar una oleada de suicidios por parte de los que no estaban por la labor de poner sus vidas en manos de las hordas del padrecito Iósif, que con toda seguridad estarían deseosos de tomarse cumplida venganza por todas las barbaridades que los tedescos  perpetraron en Rusia.


El coronel Hans Oskar Wöhlermann, el hombre
que entregó la G-Turm a los rusos
Tras la rendición, el Tiergarten quedó dentro de la zona controlada por los british si bien previamente al reparto de la ciudad los rusos entraron a saco y arramblaron con lo que quedaba de los fondos museísticos para trasladarlos a Moscú. En el mes de agosto siguiente, las autoridades de Berlín obtuvieron permiso para usar la torre como hospital para infecciosos, concretamente los casos de tifus y disentería, más los pacientes del hospital XII/3 de la Luftwaffe alcanzando un total de 330 personas con la perspectiva de aumentar la capacidad hasta las 500 camas. Posteriormente sirvió como refugio a miles de personas sin techo durante la Hungerwinter, la terrible hambruna que asoló Berlín durante el invierno de 1946 a 1947. Sin embargo, en abril de ese año los british notificaron al personal que debían evacuar el edificio para ser volado, chorrada absurda propia de anglosajones porque la torre ya no tenía capacidad ofensiva y servía tanto de hospital como de refugio para mucha gente cuyas casas habían quedado reducidas a escombros.


Segundo intento
El 30 de julio siguiente, a las 16:00 horas, el 338 Batallón de Construcción al mando del mayor Soden llevó a cabo una voladura controlada distribuyendo explosivos por todo el edificio: 22.500 libras en la planta baja, 3.800 en la 1ª, 7.800 en la 2ª, 4.300 en la 3ª, 4.000 en la 4ª y 7.600 en la 5ª. En total, 5o.000 libras, o sea, 22.680 kilos, que no es moco de pavo. Bueno, pues tras la fastuosa explosión y disiparse la humareda la G-Turm no se había inmutado para mayor regodeo de los tedescos, cabreo de los british y mofa y befa de la prensa que había sido invitada para contemplar la eficacia de los Reales Ingenieros a la hora de destruir edificios de los malvados nazis. Un periodista yankee, con evidente mala leche y ante la rechifla generalizada y la jeta de humillación de los british exclamó: "Made in Germany!". Supongo que el tal Soden querría haberlo asesinado allí mismo. El 27 de septiembre siguiente Soden llevó a cabo un segundo intento. Esta vez convirtió la monolítica torre en un queso Gruyère practicándole 380 orificios que fueron cargados con 4.200 libras de explosivo y que, para su desesperación, tampoco sirvieron absolutamente para nada. La G-Turm se mantenía erguida y desafiante. Total, que en vista del éxito obtenido, al Soden este le echarían una bronca fastuosa y lo mandaron a hacer puñetas mientras que a su batallón lo pusieron a rellenar los cráteres que su propia aviación había hecho en Berlín. Enviaron a una nueva unidad de ingenieros a ver si conseguían echar por tierra la dichosa torre, que solo en explosivos les había costado ya un dineral.



Preparando el tercer intento. Las flechas marcan la hilera superior de orificios
En la tercera intentona se llevó a cabo un nuevo método. Se practicaron en los muros exteriores dos hileras de orificios situados a uno y doce metros de altura hasta un total de 435 perforaciones para lo que fue necesario recurrir a lanzas térmicas si no querían estar allí hasta el Día del Juicio abriendo agujeros con medios convencionales. Estos orificios estaban a la altura de la planta baja y el segundo piso. A continuación se distribuyeron explosivos de la siguiente forma: 21.046 libras de trinitrotolueno en la planta baja; 17.892 libras en el piso 1º; 16.532 en el piso 2 más un total de 22.463 libras de GP 852 (explosivo plástico) en los orificios. ¿Qué por qué esas cifras tan exactas? Pues ni idea, criaturas. Como digo, la cosa iba de experimentos así que el ingeniero que planeó la voladura se la cogía con un papel de fumar. Sea como fuere, la cosa es que en este tercer intento se emplearon nada menos que 77.933 libras, 35.350 kilos de explosivos para acabar con aquella siniestra masa de hormigón que se negaba a rendirse.

Tercera intentona. A la izquierda se ven en primer término los restos de
la L-Turm
A las 12:24 horas del 30 de julio de 1948, justo un año después del primer intento y tras cuatro meses de preparativos, una tremenda explosión logró finalmente derribar al gigante, si bien no pudieron derrumbar por completo el edificio, sino partirlo en tres trozos como se ve en la foto inferior, lo que al cabo no dejaba de ser en realidad un nuevo fracaso y, de hecho, así fue considerado por todo el mundo. Además, la explosión fue de tal envergadura que incluso produjo bastantes daños en las instalaciones del zoo, donde muchos de los animalitos previamente evacuados a lugar seguro no pudieron volver hasta reparar el desaguisado británico. Pero como no era plan de seguir invirtiendo más dinero para quedar en evidencia una vez más y por otro lado la única opción verdaderamente viable aunque imposible era que se abriese la tierra y se tragara al monstruo, decidieron acabar de una vez con un vil remedo de la segunda opción: enterrarlo.

Pero poder, lo que se dice poder, no pudieron reducirla a escombros
Entre noviembre de 1950 y abril de 1951 se efectuaron los trabajos para sepultar la torre, para lo que fueron necesarios más de 400.000 Tm. de material hasta convertir la G-Turm en un montículo que borrase de la memoria su existencia. Sin embargo, en abril de 1955 el senado de Berlín decidió desenterrarla para destruirla por completo y usar los escombros como material de construcción. Se hizo cargo de la descomunal tarea la firma Oxygen, de Hamburgo, que invirtió tres años en pulverizar aquella mole para obtener nada menos que 412.000 m³ de escombro de hormigón que se usaron para firmes de carreteras y balasto de vías ferroviarias. Curiosamente, los beneficios del reciclado cubrieron sobradamente los cuatro millones de marcos que costó la demolición. Por último, entre 1969 y 1970 se demolió también la losa de hormigón de la base, que produjo otros 17.600 m³ más de escombro para construcción. 

El enterramiento provisional


LEITTURM I ZOO



Como ya avanzábamos al principio del artículo, la L-Turm se empezó a construir a finales de noviembre de 1940 a unos 300 metros al NE de la G-Turm. Sus dimensiones finales fueron de 50 x 23 metros y una altura de 44. Como vemos en la maqueta de la izquierda, el concepto era similar al de su hermana mayor: una plataforma que, en este caso, estaba destinada a los radares y una plataforma situada a un nivel inferior con un nido de golondrina en cada equina para emplazar piezas ligeras contra aviones que volasen a baja cota. En este edificio instaló su puesto de mando el general Erich Kressmann, comandante de la 1ª Flak-division a principios de febrero de 1944, cuando la creciente intensidad de los ataques aéreos recomendaba buscar sitios más seguros donde meter la cabeza. Por la misma razón, en el otoño de aquel mismo año también se trasladó a la L-Turm Zoo la unidad de inteligencia 121 de la Luftwaffe al mando del teniente coronel Frikke.


Vista de la L-Turm desde un nido de golondrina de la
G-Turm Zoo. A la izquierda se aprecia el enorme radar
Würzburg, y a la derecha el observatorio
En la plataforma inferior había una grúa fija para subir las pantallas de radar y las piezas de artillería del Turmflakabteilung 123 al mando del teniente coronel Karl Hoffmann , y en el nivel superior otra más pequeña instalada sobre un carril móvil para el radar. Se había dispuesto además una plataforma cubierta de observación con capacidad para una docena de personas. A esta plataforma solo podían acceder militares de alto rango o gerifaltes del gobierno para contemplar los bombardeos desde una posición segura, y no como entretenimiento, como es lógico, sino para calibrar sus efectos. Al parecer, Speer era un asiduo visitante de la L-Turm, desde donde podía contemplar con una mezcla de asombro y temor el dantesco pero a la par sobrecogedor espectáculo de los miles de trazadoras cruzando el espacio, los deslumbrantes haces de luz de los reflectores y las explosiones de las bombas. Algo más o menos similar a esto:





El principal dispositivo de la torre era el FuMG 65 Würzburg-Riese (Würzburg Gigante), una versión mejorada del radar FuMG 62 Würzburg, un chisme enorme diseñado por la Telefunken que pesaba 11 Tm. y tenía una pantalla de 7'5 metros de diámetro. Era el primero en recibir la señal de aproximación de los enemigos por su alcance de hasta 70-80 km. con un rango de precisión de entre 15 y 20 metros. Este aparato perdía su utilidad cuando el enemigo se echaba encima, así que para protegerlo su plataforma descendía por un pozo de 12 metros de profundidad, donde quedaba a salvo de las bombas enemigas. A finales de 1943 se les dotó de un dispositivo llamado Würzlaus capaz de discriminar las interferencias causadas por las "windows", la tiras de aluminio que arrojaban los bombarderos que encabezaban los ataques para perturbar los radares tedescos y dificultar su localización.


El Würzburg-Riese en su emplazamiento.Bajo la base se abre el pozo de
12 metros que lo ponía a salvo de las bombas enemigas
En el nivel inmediatamente inferior había varias dependencias donde se recibían y procesaban las alertas emitidas desde los puntos de observación cuando se detectaba el paso de una oleada de bombarderos, salas de mapas, de radio y, en definitiva, de todo lo necesario para que cuando los aparatos enemigos llegaran a Berlín se desencadenase sobre ellos un infierno. Porque se suele tener la idea, como siempre propalada por el cine, de que los tripulantes de los bombarderos que se veían dentro del radio de acción de la artillería antiaérea solo sentían como el avión daba algunos saltitos mientras que alrededor aparecían nubecillas negras. Pero la realidad era mucho más pavorosa, y los fragmentos de metralla atravesaban la fina chapa de aluminio de los fuselajes como si fuera mantequilla causando graves heridas o matando a los artilleros y demás tripulantes, cuando no les arrancaban de cuajo un ala o les incendiaban uno o más motores y se iban irremisiblemente a hacer gárgaras. Muchos volvían a la base con graves desperfectos, algunos con boquetes que parecía imposible que el aparato no se hubiese partido en dos o con el timón de cola prácticamente desaparecido. En resumen, no era una vida fácil la de las tripulaciones de bombarderos a pesar de que en las pelis siempre salen dándose la vidorra padre en sus barracones, pero la verdad es que muchos miles de ellos se quedaron en el camino.

La L-Turm no resistió tanto, pobrecita...
Tras el implacable cerco soviético a las torres, la L-Turm Zoo se rindió a las 05:00 horas del 2 de mayo, o sea, cuatro horas después de su hermana mayor. El 28 de julio de 1947 y siguiendo el mismo destino que su pareja fue volada, si bien en este caso los british lograron derribarla al primer intento con "solo" 12 Tm. de trinitrotolueno. Años después y también para el aprovechamiento de sus materiales, a finales de 1954 fue totalmente aniquilada mediante 800 voladuras que produjeron 12.000 m³ de escombros de hormigón y unas 200 Tm. de varillas corrugadas. Para impedir que los cascotes que salían despedidos a causa de las explosiones causaran daños en el personal o las viviendas cercanas se instaló una red anti-torpedos traída de Hamburgo que, obviamente, tenía resistencia sobrada para impedir que cualquier cacho de escombro saliera disparado más allá de los límites marcados. Este material fue destinado también a la construcción de vías ferroviarias y carreteras.

Actualmente, en el Tiergarten no queda ni rastro de las torres. El lugar que ocupaba la G-Turm es una laguna donde viven apaciblemente los hipopótamos mientras que el solar de la L-Turm es la zona dedicada a las aves.

Bueno, con esto terminamos, que bastante me he enrollado ya. Por cierto, hoy se cumple el septuagésimo quinto aniversario del Día D. Esperemos que nunca más se den las circunstancias para que algo semejante tenga que volver a repetirse.

Hale, he dicho

Flusspferdhaus, la Casa de los Hipopótamos actualmente. Nadie podría imaginar la descomunal fortificación que se
irguió en ese lugar, más los cientos de cadáveres y restos humanos que fueron sepultados en los alrededores