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viernes, 19 de abril de 2019

NEGRILLOS. Las improvisaciones: el Panzer lanzallamas


Uno de los prototipos de PzKpfw I provisto con un lanzallamas de lanza larga. Como podemos imaginar, los hipotéticos
ocupantes de la trinchera sobre la que abre fuego quedarían convertidos en torreznos si previamente no habían puesto
tierra de por medio a toda velocidad

Guastori italiano en acción. Se aprecia perfectamente el traje de amianto
que lo protege de las llamas. En el detalle, un lanciafiamme 1935
Sí, también se pensó que no sería mala idea quitarle a uno de estos chismes sus Dreyse y plantarles un lanzallamas para achicharrar bonitamente milicianos bien atrincherados o protegidos por casamatas, de donde solo se podía sacar al personal tirándoles bombas de mano por las troneras o convirtiéndolas en hornos crematorios de hormigón. En realidad, en este caso no se inventó nada nuevo ya que, como se comentó en su día, los CV-33 fueron los primeros vehículos acorazados en ser equipados con lanzallamas, siendo estrenados contra las "tropas de élite" del rey de reyes en Etiopía y usados en España para corroborar que no solo valían para exterminar ejércitos nutridos por desnutridos ciudadanos melaninos armados con lanzas, sino también contra ciudadanos caucásicos bien pertrechados con armas modernas. De hecho, aunque el tema de los lanzallamas es por lo general bastante desconocido en nuestro conflicto, el inefable Benito proveyó al ejército nacional con una generosa partida de 531 lanciafiamme modelo 1935 como el que vemos en el detalle de la foto de la izquierda. Este artefacto estaba formado por dos depósitos, uno de propelente que contenía 6 litros de nitrógeno y otro de combustible con una capacidad de 11,8 litros a razón de 9 partes de gasoil por 1 de gasolina. Su alcance oscilaba por los 20-23 metros y su autonomía era de 20 segundos. Con los lanzallamas se enviaron además 105 trajes de amianto ya que los guastori (ingenieros de asalto) que los manejaban debían protegerse con ellos más la máscara antigás, aditamentos ambos que eran un coñazo y que limitaban bastante tanto la movilidad como la capacidad visual de sus usuarios. 

Legionarios recargando el depósito de un lanzallamas
siguiendo las indicaciones de un instructor de la
Legión Cóndor, que es el fulano que lleva boina
En las entradas que se han ido dedicando al uso de estos artefactos hemos tenido ocasión de comprobar que el miedo atávico a palmar envuelto en llamas, cosa que debe ser extremadamente desagradable, surte entre las filas enemigas un eficaz efecto psicológico además del más que obvio canguelo por ser alcanzado por un chorro de petróleo inflamado. Nada mejor para despejar de enemigos correosos y renuentes a desalojar sus posiciones como el tufo que desprendían, y por este motivo hacer que empezasen a cuestionarse seriamente la necesidad de mantener sus puestos a ultranza como si de un subsecretario puesto a dedo se tratase. Finalmente, bastaba ver al cuñado más cercano dando alaridos convertido en una antorcha humana para que, de forma unánime, decidieran que lo más sensato era dejar el heroísmo para otro día y largarse de allí cagando leches. En resumidas cuentas, el ejército nacional debió tomar nota de las experiencias de los italianos en Etiopía y los tedescos en el Frente Occidental durante la Gran Guerra porque la cosa es que mostraron bastante interés en obtener lanzallamas que, sin duda, les vendrían de perlas para enviar al paraíso comunista a más de un miliciano recalcitrante. El ciudadano Adolf, más rácano que el inefable Benito, fue bastante menos generoso a la hora de enviar material de este tipo. En total se recibieron 129 lanzallamas, 9 a través de la Legión Cóndor y los 120 restantes suministrados por la empresa HISMA que, como sabemos, se dedicaba a enviar material de forma soterrada al ejército nacional. Los enviados por la Legión Cóndor, 4 Flammenwerfer 35 y 5 modelos pesados de trinchera se entregaron a la Legión para que fueran adiestrados en su manejo en la base de Las Arguijuelas, en Cáceres.

En las fotos de la izquierda podemos ver a dos de los 30 legionarios destinados por el general Varela a la misteriosa base extremeña, donde fueron enviados bajo el mando de uno de sus oficiales para recibir el adiestramiento adecuado por parte del Gruppe Drohne del picajoso Von Thoma. En la imagen superior vemos como dos legionarios avanzan en plan dragón vengativo soltando llamaradas por el campo de maniobras seguidos de cerca por un instructor tedesco. En la foto inferior vemos a ambos personajes más de cerca en una imagen que nos recuerda enormemente a las de la Gran Guerra, cuando las parejas de pioniere alemanes avanzaban por los dédalos de trincheras limpiándolas de enemigos. En este caso, el legionario que empuña la lanza dirige el chorro de fuego hacia una hipotética posición enemiga para freír a sus ocupantes de forma inmisericorde imaginando que son los cuñados que le esperan en retaguardia. Por cierto que el modelo alemán, aunque con una capacidad similar al italiano, pesaba unos 9 kilos más (27 contra 35'8 kg.) si bien su alcance era mayor, entre 25 y 30 metros. El combustible consistía en una porquería llamada Flammöl 19, un compuesto a base de alquitrán y gasolina que hacía la mezcla más densa y, por ello, podía obtener un mayor alcance. 

Bien, con estos datos ya vemos que, aunque el uso del lanzallamas no se prodigó mucho en el conflicto, al menos sí te tuvo conciencia de la importancia de este tipo de armas y, por ello, el ejército nacional se proveyó de una cantidad de unidades nada despreciable y se preocupó de que las mejores tropas de que disponía, la Legión, fueran los encargados de su manejo llegado el caso. Al parecer, la misión principal que se les encomendaría si era necesario sería la de acompañar a las compañías de choque para desalojar posiciones o fortificaciones enemigas. No obstante, no hay constancia de las acciones en las que pudieran haber intervenido. 



Flammenwerfer 35. El depósito pequeño era
para el propelente a base de nitrógeno
Bueno, con esta introducción ya podemos hacernos una idea del tema, así que vamos a lo que vamos, los Panzer lanzallamas. Solo la existencia de testimonios gráficos y algún que otro informe nos permiten conocer la existencia de estos vehículos. Sin embargo, los datos disponibles son tan escasos, cuando no incluso contradictorios, que es prácticamente imposible saber de ellos poco más que, al menos, se modificaron dos PzKpfw I, uno del modelo A y otro del B, y ni siquiera se puede afirmar si llegaron a entrar en combate o se quedaron en meros proyectos. Por no saber, ni siquiera ha llegado a nosotros de quién partió la idea, si fue de un español o de algún tedesco del Gruppe Drohne, o si la fuente de inspiración fue el CV-33 italiano. Según Molina Franco, se recurrió a un modelo A al que se sustituyó una de las ametralladoras por un lanzallamas (se supone que un Flammewerfer 35) colocando el depósito en el interior del vehículo. Afirma que fue usado de forma experimental en la Escuela de Carros de Casarrubuelos, dependiente de la Legión, y que no llegó a entrar en combate. Sin embargo, los testimonios fotográficos dejan claro que hubo dos tipos diferentes.


Imagen del segundo prototipo basado en un PzKpfw I A que, por su situación
en una columna de carros, podría hacernos pensar que forma parte de una
unidad de combate. Sin embargo, no hay constancia documental de que
entraran en acción. Sobre el motor vemos a un augusto cochino que tiene
toda la pinta de convertirse en una suculenta cena para el personal
Otro autor, en este caso Artemio Mortera, asegura que en una época tan temprana como octubre de 1936, o sea, recién llegados a España, ya se habían modificados dos PzKpfw I adaptándoles un Flammenwerfer 35, pero sin especificar qué versión de carro aunque por la época tenían que pertenecer a la primera remesa de 38 unidades del modelo A llegados a Sevilla el 7 de ese mismo mes. Francamente, dudo que se acometiese esa modificación usando dos carros en aquel momento siendo mucho más necesarios para otros menesteres que para probarlos como lanzallamas. Lo lógico a mi entender es que, en todo caso, se hubiese empleado uno y en vista de los resultados decidir si se modificaba alguno más. Sea como fuere, estos vehículos los localiza en Las Arguijuelas, lo que sí casa con la ubicación del primer contingente de PzKpfw I recibidos, como ya se explicó en su momento pero, como en el caso anterior, menciona la modificación partiendo de un solo modelo cuando sabemos que fueron uno del A y otro del B, estos últimos llegados en noviembre, o sea, después de la fecha que menciona Mortera. Así pues, y en vista de la confusión y las contradicciones existentes, nos limitaremos a dar cuenta de los detalles de los dos carros que conocemos en base a las escasas imágenes que tenemos de ellos.


Por las fotos disponibles sabemos que uno de ellos, concretamente el modelo B, estaba equipado con un lanzallamas provisto de una lanza corta, tal como vemos en la imagen de la derecha. Para protegerla de los disparos enemigos se colocó un protector blindado con perforaciones en la parte inferior y superior para evitar recalentamientos y se anuló la ametralladora de la tronera izquierda, posiblemente para impedir que al cortarse el chorro de combustible la dañase. Además, al escaso alcance de estos lanzallamas hay que añadir que cuando el propelente empezaba a agotarse perdía presión, por lo que dicho alcance disminuía de forma progresiva y, por ende, llegaría un momento en que las llamaradas finales se cortarían peligrosamente cerca de la torreta. Con el viento de cara podría incluso penetrar en el interior de la misma. De ahí tal vez que, como vemos, la tronera fue soldada. Lo curioso es que los dos personajes que se ven trapicheando en la torreta son miembros del Gruppe Drohne, así que igual fue una idea de los tedescos y por eso nadie protestó en esta ocasión del agujero que quedaba vacío en la tronera mientras que no pararon de dar la murga por la ventanita de puntería del Panzer Breda que, como sabemos, sí fue una idea española. En la foto inferior vemos ese mismo vehículo haciendo prácticas, y se aprecia el escaso alcance del chorro de fuego.


La escasa longitud del lanzador fue posiblemente el motivo por el que se desarrolló el otro prototipo con una lanza larga, en esta ocasión en el modelo A que mostramos anteriormente y que podemos ver en la foto de la izquierda en plena acción en un campo de pruebas. La lanza larga permitía conservar la ametralladora izquierda, lo que obviamente mejoraba las prestaciones del vehículo al poder emplear un arma u otra según las necesidades del momento. Su uso táctico sería más básico que la sesera mononeuronal de un político: el lanzallamas desalojaba al enemigo de casamatas y/o trincheras, y los que no quedaban convertidos en momias carbonizadas serían exterminados bonitamente con la ametralladora. 


Sin embargo, la escasa autonomía del lanzallamas que llevaban a bordo limitaba mucho la capacidad de acción de este ingenio. El reducido espacio interior no permitía almacenar un depósito de más tamaño, y la recarga del mismo no era cuestión de dos minutos ya que, además del combustible, había que reponer el propelente con el añadido de que la carga debía tener una presión determinada para obtener un rendimiento adecuado. En resumen, que su intervención se limitaría a soltar una media de ocho o diez descargas de dos segundos de duración y se acabó lo que se daba. El modelo que conservaba una ametralladora podría seguir en combate, pero el otro no tenía más opción que dar media vuelta y retornar a sus líneas a recargar. En fin, que aquel chisme no era ninguna maravilla. En las láminas de la derecha podemos ver de forma más clara el aspecto de los dos prototipos. Imagino que para el conductor sería bastante molesto tener que manejar el carro mientras soltaba sus chorros de fuego a pesar de contar con la protección de los cristales blindados del visor frontal. 


PzKpfw I A en acción contra las defensas que rodeaban el perímetro de
Tobruk en 1941
Y prácticamente nada más se sabe sobre estas dos máquinas. De la misma forma que aparecieron sin que se tenga noticia de sus orígenes, a finales de 1937 pasaron a ser historia. No obstante, parece ser que los tedescos tomaron buena nota de las experiencias obtenidas con ellos, porque en un informe enviado a Berlín con fecha 30 de marzo de 1939, apenas dos días antes de que Franco emitiese su lacónico comunicado informando de que la fiesta había terminado, se daba cumplida cuenta de la posibilidad de instalar un lanzallamas en la tronera derecha de la torreta conservando la ametralladora de la izquierda. Así mismo, se insistía en la importancia de que se pudiera obtener un alcance mayor para ofender a más distancia al enemigo sin que este pudiera permanecer peligrosamente cerca del carro y dejarlo fuera de combate. Y ciertamente no relegaron al olvido las experiencias del Gruppe Drohne, porque la 5 Leichte División que servía en el Afrikakorps hizo precisamente lo que ya se había probado en España, acoplar un Flammenwerfer 35 en las torretas de varios PzKpfw I A para desalojar las fortificaciones de los british (Dios maldiga a Nelson) en Tobruk, naciendo así una saga de carros lanzallamas tedescos que dieron guerra toda la ídem. No sabremos si la idea fue española y los hombres de Von Thoma se limitaron a dejar constancia del invento o si, como podría sugerir la foto en la que aparecen dos de ellos instalando el lanzallamas en la torreta del primer prototipo, fue una ocurrencia de los alemanes precisamente para desalojar posiciones en un terreno especialmente escarpado como el hispano. Sea como fuere, lo cierto es que la experiencia del Gruppe Drohne en España dejó huella en ese sentido.


Teniente y legionär ante los PzKpfw I del Gruppe Drohne. La experiencia
aportada por sus miembros resultó de una importancia vital para el ejército
alemán de la misma forma que los pilotos de la Legión Cóndor adquirieron
y desarrollaron técnicas de combate que permitieron a la Luftwaffe hacerse
los amos del cotarro hasta que la superioridad aérea aliada pudo más que
su veteranía.
Bueno, dilectos lectores, con esto terminamos. A lo largo de estas entradas hemos podido conocer desde la gestación hasta el parto y los primeros pasos de estas criaturillas metálicas. Como ya comentamos en su momento, su vida operativa en España se alargó hasta los años 50 cuando, con la llegada de material yankee, se pudieron dar de baja tanto los Negrillos y sus versiones de mando como los PzKpfw IV, además de los Sturmgeschütz III G y los T-26 rusos que se mantuvieron operativos tras el final de la contienda. Todas estas máquinas fueron la semilla de la futura arma acorazada española, y de las experiencias obtenidas durante el conflicto civil se pudo cambiar de cabo a rabo el concepto táctico del carro de combate para guerras futuras. Bueno, de un futuro inmediato, porque apenas cinco meses más tarde el ciudadano Adolf desencadenó el mayor conflicto jamás conocido en el que sorprendió a propios y extraños gracias a las novedosas doctrinas del ejército alemán y al empleo táctico propugnado por Guderian, que les permitió aplastar literalmente a todos los ejércitos que les hicieron frente durante el comienzo de la guerra. En cuanto a la aportación del padrecito Iósif, ya hablaremos de ella en su momento porque también permitió marcar un antes y un después en muchos aspectos.

Ah, por cierto, al cansino de Von Thoma lo despacharon de vuelta a casa con una Medalla Militar Individual nada menos, y eso que no entró en combate durante su estancia en España. Es la segunda condecoración más importante que se puede obtener, solo superada por la Cruz Laureada de San Fernando, de modo que no se pudo quejar del trato recibido. 

Y colorín colorado, esta historia se ha terminado.

Hale, he dicho

Monografía completa pinchando exactamente aquí: AQUÍ


Naturalmente, los pequeños Negrillos tuvieron que pagar un elevado precio por su escasa protección cuando se tuvieron
que enfrentar con enemigos mucho más poderosos. La foto nos muestra uno de ellos puesto fuera de combate por un T-26
en la Casa de Campo, en Madrid. Otros muchos sufrieron un destino similar

lunes, 15 de abril de 2019

NEGRILLOS. Las improvisaciones: el Panzer Breda


En la imagen vemos un Pzkpfw I Ausf. A con la torreta modificada para acoger un cañón Breda de 20 mm. En un "alarde
de ingenio" fue bautizado de forma oficiosa como Panzer Breda, y de forma oficial de ninguna manera porque el proyecto
acabó en agua de borrajas

Panzer Breda circulando la calle de alguna población posiblemente del
Frente de Madrid
Bueno, dilectos lectores, con esto llegamos a la penúltima entrada de esta breve monografía sobre estos pequeños pero eficientes vehículos que, a lo tonto a lo tonto, eran la columna vertebral de la Panzerwaffe tedesca en los albores de la 2ª Guerra Mundial. Muchos se preguntarán como un ejército cuyas unidades acorazadas se nutrían mayoritariamente de carros ligeros y en las que el PzKpfw III con su cañón de 37 mm. era lo más potente que había (los efectivos de PzKpfw IV aún eran muy escasos en aquel momento) pudieron barrer del mapa a ejércitos como el gabacho (Dios maldiga al enano corso) que, al comienzo de la contienda, disponía de más de 3.000 carros de combate con un armamento y un blindaje igual o superior a los modelos más pesados de los alemanes. Pero fueron precisamente las doctrinas de Guderian y la experiencia adquirida en España lo que permitió al ciudadano Adolf hacerse de momento el amo del cotarro y, además de darse el gustazo de fotografiarse delante de la Torre Eiffel, humillar a los gabachos haciéndoles firmar la rendición en el mismo vagón en el que apenas 22 años antes sus paisanos tuvieron que firmar el armisticio en el bosque de Compiègne.

FA-1 soviético. Iba tripulado por dos hombres y con un peso de 2 Tm.
podía alcanzar los 80 km/h por carretera. Estaba armado con una DT mod.
1932 con una dotación de 1.512 cartuchos calibre 7'62x54R
No obstante, los comienzos no fueron fáciles. En las entradas anteriores hemos ido estudiando desde la gestación de estos vehículos acorazados en los años 20 hasta su llegada a España, pero cuando llegó la hora de entrar en combate tuvieron que enfrentarse a la cruda realidad: sus pequeños y simpáticos carros ligeros solo valían, como ya daban por hecho Lutz y Guderian, para que los hombres de la Panzerwaffe aprendieran como manejarlos y a darles el empleo táctico de una fuerza acorazada como Thor manda, pero poco más. Y en cierto modo les vino bien el choque que supuso tanto a los tedescos como a los italianos, cuyos CV-33 eran aún más debiluchos que sus colegas alemanes, porque cuando llegó el momento de hacer frente al material enviado por el padrecito Iósif en ayuda del gobierno republicano, tuvieron que admitir que sus carros ligeros podían ser literalmente aplastados por el enemigo si no se ponían las pilas. Así pues, a continuación veremos cómo pudieron salir adelante los atribulados miembros del Gruppe Drohne y sus aventajados alumnos hispanos no sin antes advertir que el material ruso lo tocaremos solo de pasada en lo que concierne a este tema ya que más adelante tendremos oportunidad de estudiar más a fondo su intervención en el fratricida conflicto ibérico. Empecemos por los antecedentes para ponernos en situación...

El kombrig Krivoshéin (1899-1978)
Del mismo modo que el ciudadano Adolf y el inefable Benito se dieron prisa por enviar material al bando que les caía mejor, el padrecito Iósif hizo lo propio porque, a mi entender, el principal error de la república fue posicionarse ideológicamente. Había mogollón de gente de derechas que eran republicanos convencidos pero, como es obvio, si solo por ser de derechas ya te fusilaban pues estaba claro que tenían que cambiar de bando. Así, los de izquierdas se quedaron con la república y los de derechas con los nacionales, no les quedaba otra ni a unos ni a otros. Por esa misma razón, el padrecito Iósif se debió tomar mucho interés en apoyar al gobierno republicano ya que, como comentamos en una entrada anterior, si ganaban la guerra tendrían un valioso aliado, cuando no gobierno títere, dominando el sur de Europa y el paso hacia el Mediterráneo. Así pues, el 12 de octubre de 1936, prácticamente al mismo tiempo que sus enemigos, arribó al puerto de Cartagena el primer envío de material procedente de la URSS y que, entre otras cosas, traía consigo lo que más falta hacía: 50 carros ligeros T-26 B, 25 autoametralladoras cañón BA-6 y 6 autoametralladoras FA-1, todo ello al mando del coronel (según otras fuentes kombrig, abreviatura de comandante de brigada) Semión Moiséievich Krivoshéin. Conviene aclarar que las cifras varían un poco según las fuentes a consultar pero, en cualquier caso, ya vemos que el padrecito Iósif no se cortó un pelo, y que solo con esos dos primeros envíos ya superaba holgadamente lo que los tedescos habían entregado a los nacionales tanto en cantidad como en calidad. Debemos de tener en cuenta que el FA-1 era un vehículo de prestaciones inferiores al PzKpfw I tanto en blindaje como en armamento, pero los BA-6 y los T-26 los superaban con creces.

Aspecto de un cañón 1932 de 45 mm. desmontado. En la foto
superior lo vemos sin la ametralladora. En las dos inferiores
podemos apreciar el visor de puntería y la recámara tanto
cerrada como abierta.
Ambos estaban equipados con la misma torreta, armada con un cañón modelo 1392 de 45 mm. que podía atravesar la coraza de un carro alemán y, por supuesto, la de un CV-33 italiano como si fueran de plastilina. Además, disponía de una ametralladora coaxial Degtyarev DT (lo de DT es por Degtyaryova Tankovy, o sea, Degtyarev para tanque) de calibre 7'62x54R alimentada por cargadores de plato de 47 o 60 cartuchos. El blindaje de los T-26 era similar al de sus enemigos alemanes, 15 mm. de chapa de acero, pero como es lógico el cañón de 45 mm. podía ofenderlos a una distancia mucho mayor. Junto al coronel Krivoshéin llegó también un contingente de 51 instructores similares a los del Gruppe Drohne con la obvia misión de adiestrar a los bisoños españoles en el manejo de aquellos trastos lo que, además, no era moco de pavo porque del mismo modo que las tropas nacionales eran más profesionales y por ende más habituadas al manejo de las armas, en el caso de la república las cosas pintaban peor. El ejército peninsular, nutrido de quintos que se limitaban a hacer la mili y largarse a casa y, a partir del estallido de la guerra, de milicianos que lo más que sabían era manejar la escopeta del abuelo, no eran precisamente el personal más adecuado para convertirlos en máquinah de matá. Pero de todos estos entresijos ya hablaremos detenidamente cuando llegue el momento, así que por ahora bástenos saber que tanto tedescos como italianos se quedaron un poco preocupados tras el primer intercambio de opiniones entre el material ruso y ellos, el cual tuvo lugar en Seseña a finales de octubre.

BA-6. Además del cañón estaba armado con dos ametralladoras DT-1932.
Con un peso de 5.200 kilos, estaba tripulado por tres hombres
Inicialmente, se intentó contrarrestar la potencia de fuego de los T-26 usando munición perforante SmKH en las Dreyse de los PzKpfw I, pero solo eran efectivas hasta un alcance máximo de entre 120-150 metros dependiendo del ángulo de la superficie impactada, por lo que a las tripulaciones republicanas les bastó mantenerse alejados de sus enemigos para chulearlos bonitamente. De hecho, el cañón de 45 mm. era efectivo a distancias de hasta un kilómetro, lo que obligó a las tropas nacionales a enfrentarse a los republicanos agregando a las compañías de carros cañones PaK 36 de 37 mm. como armas de apoyo a razón de cinco piezas por compañía. De ese modo al menos evitaban que los T-26 jugaran al pim-pam-pum con los vulnerables vehículos blindados del ejército nacional, tanto de procedencia alemana como italiana. Ante semejante perspectiva, a principios de diciembre de 1936 Von Thoma requirió a Berlín que se enviaran vehículos armados con el cañón KwK 30 de 20 mm. ya en uso en los PzKpfw II. Más aún, parece ser que los tedescos intentaron instalar un cañón Solothurn de 20 mm. en un PzKpfw I A, pero el invento no dio el resultado apetecido. 

Tuvo que ser la inventiva hispana la que llevó a cabo una modificación verdaderamente viable muy a pesar de Von Thoma, que era en todo momento el que quería llevar la voz cantante. Imagino que en su soberbia teutónica daba por sentado que los españoles éramos poco más que cromagnones peleándonos a pedradas y estacazos, y que solo la incomparable y proverbial eficacia germana nos sacaría las castañas del fuego. 

General García Pallasar (1877-1960)
En agosto de 1937, cuando las bajas producidas entre los carros rusos se debían en su mayoría a las botellas de gasofa que, en un alarde de testiculina, les arrojaban las tropas nacionales, el mandamás de la Jefatura General de la Artillería, el general Joaquín García Pallasar, envió una carta a la 4ª Sección de Estado Mayor de Franco dando cuenta de la necesidad de solicitar al Panzer Gruppe Imker un Negrillo que debía ser enviado al teniente coronel Ayuela en Bilbao, donde estudiaría la posibilidad de adaptarle un cañón de 20 mm. Los candidatos eran los cañones antiaéreos Breda modelo 1935 italiano y el Flak 30 alemán. Ambas armas, con prestaciones similares, podían perforar sin problemas la coraza de un T-26 a distancias de hasta unos 250 metros que, aunque no igualaban ni de lejos a los poderosos cañones de 45 mm. rusos, al menos permitirían a los carros nacionales disponer de un medio capaz de dejar fuera de combate a los enemigos sin tener poco menos que dispararles a bocajarro los proyectiles perforantes de las Dreyse. Finalmente, de las dos opciones barajadas se optó por el cañón italiano por resultar más fácil de manejar y tener un diseño más simple que su colega tedesco, lo que se traduciría en un mantenimiento menos complejo y una notable reducción de posibles averías. 

Prototipo del CV-33 con el Breda instalado en el lugar de las ametralladoras
Previamente, Pallasar había solicitado a los italianos que intentaran efectuar una conversión similar, adaptando un Breda en un CV-33. El prototipo resultante convenció de momento a los mandamases del ejército nacional, así que se encargaron 40 unidades. Sin embargo, finalmente se decidió quedar a la espera de los resultados del prototipo obtenido de la fusión de un PzKpfw I Ausf. A con el Breda, para lo que hubo que llevar a cabo notables cambios en la torreta del vehículo. En primer lugar fue necesario, como ya podemos imaginar, sustituir el escudo original por otro de mayor tamaño capaz de sustentar la pieza, que tenía 130 cm. de largo. El escudo en cuestión, que se fijaba a la torreta mediante tornillos, tenía incluso juntas tóricas para ofrecer protección antigás a la tripulación si bien era un detalle bastante superfluo tanto en cuando no se habían usado nunca armas químicas en la contienda y, por otro lado, todos los vehículos en liza tenían mogollón de rendijas por donde colarse la porquería esa. 

Vista comparativa entre el PzKpfw I y el CV-33 con el cañón Breda montado. Salta a la vista que hasta la posibilidad de
regulación del ángulo vertical era mínima en el prototipo italiano

Un Breda en su afuste original. El ciudadano de la derecha
sostiene un peine completo de munición que nos permite
hacernos una idea de sus dimensiones
El cambio más notable consistió en la elevación de la altura de la torreta para permitir darle al cañón el ángulo vertical necesario, por lo que hubo que cortar el techo de la misma y añadirle una estructura superior cerrada a la que se añadía la escotilla original. La alimentación del arma se llevaba a cabo mediante peines de 12 cartuchos y, como dato curioso, el mecanismo del Breda hacía que la vaina servida no saliera expulsada, como es habitual, sino que era vuelta a colocar en el peine, por lo que se evitaba ver el espacio interior del carro, de por sí bastante reducido, lleno de vainas rodando por todas partes que podían incluso interferir en la conducción del vehículo o producir daños en la transmisión. Para efectuar la puntería no se previó la instalación de ningún tipo de visor, sino que se llevaría a cabo con los elementos de puntería instalados en el arma para lo cual hubo que abrir en el escudo una pequeña abertura por donde el comandante/tirador podía apuntar al enemigo. Esta chorrada de la ventanita de puntería trajo cola, como iremos viendo más adelante.

Marcada con la flecha, el odioso agujerito que tanto preocupaba a Von
Thoma. Tras él carro vemos un T-26 capturado
A finales del septiembre de 1937 los dos vehículos estaban listos para efectuar las pruebas, liándose a tiros con dos camiones que actuaron como blancos. Desde el primer momento quedó claro que el Panzer I era la opción preferible por su torreta giratoria que, como es lógico, le daba más facilidad para buscar, apuntar y disparar al enemigo mientras que el CV-33, con el cañón instalado en una casamata fija, había que hacerlo girar entero para apuntar. Si a ese inconveniente añadimos que el blanco estuviese en movimiento, era casi imposible acertar salvo que el conductor fuese un genio capaz de ir girando lentamente su carro para no perder la cara al enemigo. En resumen, las pruebas fueron bastante satisfactorias en lo tocante al prototipo basado en el alemán, de modo que las 40 unidades de CV-33 en espera fueron definitivamente anuladas y se ordenó que se enviaran tres unidades más del PzKpfw I Ausf. A a la Fábrica de Armas de Sevilla para ser modificados con la perspectiva de completar de momento hasta nueve unidades con la idea de dotar con un Panzer Breda a cada sección del batallón.

Panzer Breda que, por lo que parece vislumbrarse en su distintivo,
pertenece a la 5ª compañía
El 1 de octubre, las cuatro unidades disponibles, el prototipo y las tres recién terminadas en Sevilla, fueron enviadas al Batallón de Carros de Combate, donde permanecieron hasta el 1 de mayo de 1938, siendo reasignados a la Bandera de Carros de Combate de la Legión. Esta unidad estaba formada por dos Grupos de tres compañías cada uno, numeradas del 1 al 3 y del 4 al 6 respectivamente. Parece ser que los Panzer Breda fueron destinados a las compañías 1ª, 2ª(según las fuentes pudo ser la 5ª), 3ª y 4ª. Pero mientras empezaba la misteriosa vida operativa de estos vehículos, porque la cuestión es que no se sabe gran cosa acerca de la misma ni de sus resultados en combate, el 6 de enero de 1938 el general Pallasar había ordenado al teniente coronel José Pujales Carrasco, jefe de la Agrupación de Carros de la Legión, que entregara seis  PzKpfw I más para su reconversión, pero Von Thoma se cabreó y envió un informe al Cuartel General de Franco manifestando su disconformidad con el proyecto en base a algo tan chorra como que la mínima ventana de puntería, carente de protección, dejaba vendido al ocupante de la torreta ya que una bala enemiga podría entrar por la misma.

Panzer Breda del 1er. Batallón. Obsérvese el T-26 del fondo a la izquierda,
uno de los muchos capturados al ejército republicano
Para colmo, incluso afirmó que las tripulaciones de los Panzer Breda se negaban a usar los vehículos, a los que según él apodaron con el siniestro y a la vez ridículo mote de "coches de la muerte" porque daban por sentado que los malvados enemigos se percatarían de la puñetera ventanita y dejarían seco de un certero balazo al comandante del carro. A todo ello, y ahí sí podía tener algo de razón, añadió que no había vehículos disponibles para andarse con más experimentos ya que, al cabo, sus enfrentamientos con los carros rusos habían mermado las existencias a pesar de que, en realidad, la proporción de bajas entre ambos bandos favorecía con gran diferencia a los nacionales ya que estos supieron dar un uso táctico más inteligente a sus carros que los republicanos muy a pesar de los instructores rusos que, todo hay que decirlo, se pringaron a base de bien. Pero bueno, de eso ya hemos dicho que hablaremos en mejor ocasión, así que nos limitaremos al hecho de que Von Thoma se salió con la suya y la orden de Pallasar fue inmediatamente cancelada para mayor cabreo de este, que como está mandado protestó con la debida energía hispánica cuando se nos lleva la contraria.

Panzer Breda de la 3ª compañía. La letra E negra que aparece en el rombo
significa según algunos autores "especial", aunque no hay certeza al respecto
Como hemos visto en la foto anterior, el orificio de puntería era tan pequeño que solo un disparo muy afortunado podría acertar y colarse dentro del vehículo, por lo que Pallasar sugirió si era una postura inteligente limitar la producción del único medio con el que podía hacer frente a los carros rusos ante la ínfima posibilidad de que alguien acertara en el agujerito, el cual podría proveerse de un cierre que se abriría en el instante de apuntar y disparar, lo que supondrían escasos segundos, o incluso de un cristal blindado. Según sus propias palabras en un informe enviado a Franco, afirmaba que "...en nuestra opinión, esta dificultad debe ser sometida a la decisión de Su Excelencia lo que es mejor: privarnos del recurso de combatir a los carros enemigos con otros capaces de destruirlos o dejar que los soldados del coronel Von Thoma corran el riesgo de morir dentro de los carros porque un disparo de fusil se introduce a través de una pequeña ventana que, por otro lado, puede y debe mantenerse cerrada hasta el momento de apuntar".

Compañía de Negrillos con su Panzer Breda
Al parecer, Von Thoma se la tuvo que enfundar de momento porque Pallasar tenía más razón que un santo, así que se encargó a Alemania una partida de cristal antibalas por la suculenta cifra de 4.831 Reichsmarks y 8 pfennigs, un verdadero pastizal que, para hacernos una idea, podemos comparar con las 333 pesetas con 33 céntimos que cobraba al mes un alférez provisional por tener una muerte heroica a las dos semanas de salir de la Academia de Ávila. Pero Von Thoma no paraba de dar la murga sacando más y más pegas sin que en realidad se sepa actualmente cuáles fueron los motivos para ello cuando, según vimos al principio, él mismo informó en su momento a Berlín de que, ante la llegada del material ruso, era de vital importancia equipar a los carros con un cañón de 20 mm. y, de hecho, hasta se probó con el Solothurn. Puede que fuera por mera cabezonería y/o soberbia (aunque aliados, los tedescos siempre miraron a los militares españoles por encima del hombro), puede que intentase forzar al gobierno de Franco a adquirir más unidades de PzKpfw I, o puede que incluso del II o, simplemente, puede que en su cuadriculada mentalidad germánica no cupiese la idea de que el escudo de una torreta pudiese tener un agujerito aunque fuera del tamaño de una mosca. 

Carristas italianos del CTV muy contentitos ante un T-26 capturado y, en
apariencia, en perfecto estado. Quizás sufrió una avería y fue abandonado
por sus tripulantes o fue alcanzado en algún punto que logró inmovilizarlo.
En todo caso, lo más probable es que pasase a engrosar la fuerza acorazada
del bando nacional una vez puesto a punto
Pero, por otro lado, y esto sí influyó en el Cuartel General, las tropas nacionales habían ido capturando bastantes cantidades de material ruso, especialmente T-26, BA-3 y BA-6 que, naturalmente, pasaron a nutrir sus filas. Algunos, en perfecto estado, fueron repintados sin más y destinados a unidades acorazadas. Otros fueron puestos en orden de combate canibalizando piezas de los que estaban más deteriorados, pero la cosa es que en 1938 la fuerza acorazada nacional disponía de un buen número de carros con los que combatir de igual a igual, y nunca mejor dicho, a los enemigos. Así pues, y sin más historias, el Panzer Breda no pasó de las cuatro unidades iniciales que, no obstante, fueron una buena muestra de como con una mera improvisación se podía haber salido del brete y reciclar carros muy inferiores en otros con una capacidad ofensiva superior. La última noticia que hay de ellos data de finales de 1938, concretamente en una nota fechada el 11 de noviembre en la que se solicitaban dos cañones Breda para sustituir los deteriorados en dos Negrillos, especificando no obstante que ambos vehículos estaban en perfecto estado. La respuesta fue que no había Bredas disponibles, por lo que debían ser enviados al Arsenal de Artillería de Zaragoza para su revisión. Desgraciadamente, no se conserva ningún Panzer Breda, y ni siquiera se sabe qué fue de ellos, así que solo nos quedan los testimonios gráficos del mismo como prueba de la inventiva española.

En fin, s'acabó por hoy

Hale, he dicho

Monografía completa pinchando exactamente aquí: AQUÍ

Panzer Breda en el que podemos apreciar su esquema de camuflaje con el perfilado sin difuminar. Este vehículo debía
estar recién incorporado al frente ya que carece de distintivos y, además, muestra todo el equipo que se instalaba en los
guardabarros completo. La foto nos deja ver las proporciones del escudo del cañón, muy pronunciado para permitir
alcanzar el mayor ángulo vertical posible. Obsérvese el grueso cordón de soldadura que une la torreta original con el
añadido posterior, así como la tapa de la escotilla entreabierta

jueves, 11 de abril de 2019

NEGRILLOS. Su misteriosa llegada a España


Panzerbefehlswagen I Ausf. B rodeado por varios instructores tedescos. Al fondo aparecen los carristas españoles que
debían recibir adiestramiento del personal alemán

Tropas de Regulares embarcando en un Ju-52 para ser trasladados desde
el aeródromo de Sania Rahel, en Tetuán, al de Tablada, en Sevilla. El primer
puente aéreo de la historia comenzó el 20 de julio de 1936
Siempre he estado convencido de que los motivos que impulsaron al ciudadano Adolf a ayudar a los nacionales estuvieron encaminados más bien para usar España como campo de pruebas real de las nuevas Wehrmacht y Luftwaffe, donde podrían testar a fondo tanto su maquinaria bélica como el adiestramiento del personal. De hecho, el padrecito Iósif fue mucho más generoso a la hora de enviar material a la república, aunque en este caso colijo que su intención era convertir España en un satélite como luego pasó con los países que quedaron bajo la órbita soviética tras la 2ª Guerra Mundial. El inefable Benito fue quizás el que se portó de forma más altruista, enviando material en abundancia así como tropas, el famoso CTV que, aunque militarmente hablando no eran precisamente tropas de élite y los republicanos les dieron las del tigre en Guadalajara, al menos se pringó mucho más y sus aviones, tanto cazas como bombarderos, dieron cantidad de estopa. Pero bueno, no vamos a entrar en asacar los motivos por los que los tres dictadores se metieron de por medio porque sobre ese tema se han publicado tropociendos mil libros, cada cual con su teoría, y lo cierto es que en realidad nadie ha podido afirmar nada de forma contundente.

Schneider CA-1 en Marruecos. Se compraron seis unidades para equipar a la
artillería de asalto, y fue el primer vehículo blindado del ejército español.
En la época de su adquisición, 1917, ya era un vehículo obsoleto
Así pues, en lo que a mí respecta tengo claro que el campo de batalla en que se había convertido España era una oportunidad espléndida para comprobar si las teorías urdidas por los tedescos durante los años 20 y principios de los 30 eran tan eficaces como afirmaban sus promotores, y que las tácticas de la Gran Guerra estaban ya más anticuadas que los balcones de palo. Por otro lado, los dos bandos en liza estaban vírgenes, por así decirlo, en lo referente al empleo táctico del carro de combate. La neutralidad española durante la Gran Guerra no obligó al ejército a ponerse al día en el uso de las nuevas armas, y nuestros enemigos seguían siendo los rifeños contra los que los Schneider y los pocos FT-17 que se adquirieron a Francia en 1921 no servían de gran cosa. A eso, añadir algunos camiones blindados "customizados" que quedaron prácticamente todos en manos de la república cuando se llevó a cabo el golpe militar, por lo que la fuerza acorazada hispana era, más que de risa, de carcajada. Con todo, debemos tener en cuenta que, grosso modo y salvo contadas excepciones, la guerra en África era a la antigua usanza, casi una guerra de guerrillas en la que las grandes masas de tropas carecían de sentido y donde primaban más los cojones que las máquinas modernas. Por todo ello, el conflicto civil español era una perita en dulce para corroborar que la doctrina impulsada por Guderian era acertada, y que el empleo táctico del carro de combate supeditado a la infantería era una chorrada. En resumen, era el sitio ideal para reproducir a pequeña escala, como si de unas maniobras se tratase, la futura Blitzkrieg que dejó a todo el mundo pasmado a partir del 1 de septiembre de 1939.

Mapa de España tras el golpe militar. Como se puede ver, la práctica
totalidad de los puertos de mar y todas las zonas industriales del país
habían quedado en manos del gobierno, así como las grandes capitales
excepto Sevilla y Zaragoza
Considero que buena prueba de que la intención del ciudadano Adolf era testar su maquinaria bélica fue el secretismo que envolvió el envío de los primeros Negrillos a la España nacional, de forma que absolutamente nadie supiera una palabra ni de sus efectivos,  intenciones o planes, y solo los que estaban en el ajo fueron los que tuvieron conocimiento de primera mano sobre lo que se cocería en los primeros meses de guerra tras la llegada de la primera remesa de material. Es como si se quisiera dar la impresión de que el gobierno tedesco no tenía nada que ver con el suministro de aquel material, y que su empleo táctico y el adiestramiento necesario para ello había sido cosa de los militares españoles con la ayuda de personal civil extranjero contratado para ello. En fin, en esta nueva entrada trataremos precisamente de cómo se gestaron los envíos y de cómo se ocultó en todo momento la presencia de instructores alemanes, hechos estos que si hubiesen sucedido en los Estados Juntitos ya le habrían hecho alguna película. Y sin más prolegómenos, vamos al grano...

El Director, verdadero artífice del golpe militar
Desde el mismo comienzo del conflicto quedó claro que lo que "El Director", nombre en clave del general Mola y cerebro del golpe, consideraba que sería cuestión de horas o de pocos días a lo sumo se había convertido en una guerra como Dios manda. Una guerra que prometía ser larga y costosa porque el golpe no triunfó de forma generalizada y la mayor parte de las capitales se mantuvieron fieles al gobierno republicano. Los sublevados tenían a su favor contar con las mejores tropas del ejército español: la Legión y los Regulares, soldados profesionales fogueados y combativos que llevaban la torta de años batiéndose el cobre en Marruecos, pero la república se había quedado con la mayor parte del material, la aviación, la armada y la mayoría de las fábricas de armamento y munición. Así pues, solo con ayuda de potencias extranjeras en forma de armas y material podrían derrotar a un ejército que, aunque nutrido en gran parte por milicias políticas y con una organización jerárquica bastante deficiente, estaban muy motivados a nivel ideológico, contaban con el apoyo inicial de Francia y, durante todo el conflicto, del padrecito Iósif, que envió cantidades verdaderamente importantes de todo tipo de armas, aviones y, por supuesto, instructores y comisarios políticos para hacerse los amos del cotarro para, caso de ganar la guerra, convertir a España en una república bolchevique situada en una posición geoestratégica de primerísima clase.

Fachada del palacio de los Golfines de Arriba. La flecha
señala una placa conmemorativa que se colocó posteriormente
y en la que se indica que fue sede del Cuartel General
de Franco
Bien, así estaban las cosas cuando a primeros de septiembre de 1936, o sea, apenas mes y medio después de empezar la fiesta, tuvo lugar una reunión en Cáceres, concretamente en el palacio de los Golfines de Arriba, que acabaría siendo trascendental para el devenir de la guerra. En dicho palacio se había instalado la primera sede del Cuartel General de Franco justo un mes antes, y si la guerra civil había podido continuar había sido gracias a los aviones de transporte facilitados por el ciudadano Adolf, que permitieron crear el primer puente aéreo de la historia y trasladar miles de hombres y toneladas de material del ejército de África a la Península. O sea, que el futuro Generalísimo (no lo fue hasta varios días después) se puso la mar de contentito cuando recibió en el palacio en cuestión de forma sumamente discreta a tres personajes que venían a concretar las condiciones en que se seguiría desarrollando la ayuda de sus respectivos países a la causa nacional. 

De izquierda a derecha, Warlimont, Roatta y Bernhardt
Se trataba del general italiano Mario Roatta, jefe de los servicios secretos del ejército italiano y primer comandante del CTV, el teniente coronel alemán Walter Warlimont, miembro del Abwher, la inteligencia alemana dirigida por el almirante Canaris hasta que este acabó colgado de un gancho con una cuerda de piano en Flossenbürg por su implicación en el atentado del 20 de julio de 1944 contra el ciudadano Adolf y, finalmente, un misterioso personaje llamado Johannes Bernhardt, un próspero hombre de negocios afiliado al partido nazi desde 1933 y establecido en Tetuán, donde se dedicaba temas de importaciones. Al parecer, Bernhardt fue el que supo convencer al ciudadano Adolf de que había que ayudar a los militares sublevados si no quería ver a España en manos de los comunistas con la ayuda de los masones y los judíos, o sea, la famosa "conspiración judeo-masónica" con la que el régimen franquista estuvo culpando de todos los males del mundo durante 40 años. Tras el golpe estuvo al frente de la  Hispano-Marokkanische Transport-Aktiengesellschaft, la Sociedad Hispano-Marroquí de Transportes más conocida por el acrónimo HISMA, una empresa fantasma creada para la importación de material de guerra a la España nacional bajo el paraguas de una sociedad civil que, como es lógico, no tenía oficialmente relación alguna con el gobierno alemán. Este Bernhardt era el típico personaje novelesco de aquella época que se movía en los ambientes más selectos vestido de forma impecable, que tenía más relaciones y contactos que un empresario de la construcción y que, además, mantenía una estrecha relación de amistad con Franco.

Von Thoma ya en plena guerra mundial, cuando
había sido ascendido a general
Tras esta reunión, Warlimont envió a Berlín un detallado informe acerca de la necesidad de facilitar al ejército nacional armas anti-carro, de las que estaban más escasos que un político de decencia, vehículos de diversos tipos y, por supuesto, carros de combate. El ciudadano Adolf tardó apenas 15 días en tomar una decisión que, además, cubría e incluso sobrepasaba las peticiones de Warlimont. Así pues, se decidió formar un grupo acorazado dependiente del Heer (el ejército. Hasta aquel momento el protagonismo de la ayuda alemana recaía en la Luftwaffe), y se ordenó al teniente coronel Wilhelm, ritter von Thoma que se presentase voluntario para hacerse cargo de dicho grupo, que recibiría el nombre en clave de Panzer Gruppe Dhrone, aunque de forma oficiosa todo el mundo lo conoció por el nombre de su comandante. Por cierto que, aunque en las fuentes que tratan este tema traducen Dhrone como "zumbido", colijo que en realidad debían referirse a "zángano", término que, de hecho, es la primera acepción que aparece en los diccionarios y que casa más con la designación del Grupo Terrestre de la Legión Cóndor: Imker (apicultor). En cualquier caso, von Thoma, que en aquel momento era el comandante del 2º batallón de 4º Panzer-regiment, era un denodado defensor de las teorías de Guderian, así que era el hombre ideal para poner en práctica los principios tácticos de la nueva guerra acorazada. Y para impedir que en caso de caer prisionero se le pudiera relacionar de algún modo con el ejército o el gobierno alemán, fue dado de baja en la Wehrmacht para pasar a convertirse en "oficial en destino especial", así que su presencia en España sería como si de un civil se tratara. 

Tedescos aburriéndose como galápagos en la cubierta del Girgenti. La
travesía duró una semana
El día 20 de septiembre se reunió a todos los miembros del 4º Panzer-regiment para pedir voluntarios para una operación secreta y de gran importancia si bien no se especificó dónde sería. Solo se añadió que existía la posibilidad de ser heridos, capturados o muertos, así que no habría que ser un portento para imaginar de qué sitio se trataba. Sea como fuere, la cuestión es que no se reveló el destino que tendrían los voluntarios. No se aceptaron soldados rasos, sino a partir del grado de cabo y, al igual que en el caso de von Thoma, los que finalmente se apuntaron a la fiesta fueron también dados de baja en el ejército para no comprometer al gobierno del ciudadano Adolf si caían en manos de los milicianos de la república o palmaban en tierra de nadie y les encontraban la chapa de identificación. 


Tarjeta militar de "Guillermo" von Thoma. Nada más llegar
a España fue ascendido a coronel, mientras que los cabos de
su grupo fueron habilitados a sargentos para tener más
autoridad sobre sus futuros alumnos españoles
En resumidas cuentas, desde aquel momento dejaban de existir como miembros de la Wehrmacht e incluso se les proporcionó documentación y pasaportes falsos. El primer contingente lo formaron un total de 267 hombres entre oficiales, suboficiales y clases que fueron trasladados al puerto de Stettin (actualmente Szczecin ya que al término de la 2ª Guerra Mundial pasó a manos de Polonia), donde recibieron ropa de paisano y 200 marcos para gastos. Junto al material, que iba cuidadosamente embalado, embarcaron en los buques mercantes "Passages" y "Girgenti" el 30 de septiembre. La intención era hacerlos pasar por turistas, pero no habría que ser un sagaz espía para percatarse de que una repentina horda de 267 tedescos, todos varones y con porte marcial, no casaban mucho en la achicharrante Sevilla estival en pleno golpe de estado, con un ambiente un tanto opresivo en las retaguardias de ambos bandos a la caza, captura y fusilamiento sumario de los desafectos y, concretamente en la capital hispalense, con el personal pendiente de las agresivas pero, al mismo tiempo, sumamente eficaces charlas radiofónicas de Queipo de Llano, que era bastante lenguaraz si bien hay que reconocerle que fue el inventor de la guerra psicológica moderna desde el micrófono de Unión Radio Sevilla, poniendo a caldo al enemigo con su voz astillada y delatando los lunares que las señoras de los mandos republicanos tenían en sus zonas más íntimas.

Llegada del material a la estación de Aldea del Cano, población situada a
unos 7 km. al sur de Las Arguijuelas. Obsérvese la parte trasera de un
Panzer I asomando de su embalaje
El 7 de octubre arribaron en el puerto de Sevilla, donde se descargó el material que, para no delatar su naturaleza, iba todo embalado en enormes cajas de madera incluyendo los 38 PzKpfw I Ausf. A de la primera remesa, de los que uno de ellos era un ohne Aufbau para entrenar pilotos, y tres Panzerbefehlswagen I Ausf. B. A ello había que sumarle varios camiones, camiones taller, motocicletas, municiones en cantidad, repuestos y, casi tan importante como los carros de combate, 20 cañones anticarro Pak 35/36 de 37 mm., un arma que por aquel entonces era extremadamente eficaz contra los blindajes con que se dotaban a los vehículos acorazados de la época. Por cierto que, para los que no lo sepan, Pak es el acrónimo de Panzerabwehrkanone, uséase, cañón anticarro. Desde Sevilla fueron embarcados en ferrocarril hasta su punto de destino, la base de Las Arguijuelas, en la provincia de Cáceres y a unos 15 km. al sur de la ciudad. Las Arguijuelas es una vasta finca que por aquel entonces era propiedad de Don Ramón Jordán de Urríes y de Ulloa, XVIII vizconde de Roda. En su interior y a escasa distancia de la N-630, la famosa Vía de la Plata, se yerguen dos castillos situados a apenas 350 metros uno del otro y denominados de Arguijuelas de Arriba y de Arguijuelas de Abajo.


En la ortofoto podemos ver la posición de ambos edificios, y en los detalles de la izquierda su aspecto actual, que prácticamente no ha variado en mucho tiempo por haber permanecido habitados. El de Arguijuelas de Arriba, como vemos en la imagen, ha sido profanado y convertido en una vil fonda para celebraciones y bodorrios de catetos cursis. Además, al parecer los actuales propietarios, todos con relación de parentesco entre ellos, andaban no hace mucho de pleitos para perpetrar aún más felonías y mutar añejas fortalezas en ventas carreteriles. Bueno, cuestiones actuales aparte, este fue el lugar donde se estableció el Panzer Gruppe Drohne al mando de von Thoma que, con los efectivos disponibles, estaba formado por una plana mayor, dos compañías con 16 carros más tres secciones con 5 carros cada una. Los Panzerbefehlswagen se distribuyeron asignando uno a cada compañía y el otro como carro de mando del batallón, y a todo eso se añadió una compañía de transporte y otra de mecánica. Los siete Panzer I restantes quedaron como reserva para cubrir posibles bajas una vez que entraran en combate. Una vez organizada la base, ni un solo miembro de la unidad fue enviado al frente, sino que debieron permanecer en Las Arguijuelas a la espera de la llegada de las tropas españolas que debían ser adiestradas por los recién llegados.

Tienda de campaña para la tropa. Tras la misma se ven las torres de uno de
los castillos. 
A pesar de que la presencia de los tedescos no debió pasar ni mucho menos desapercibida tanto por el traslado del material desde la estación de ferrocarril desde Aldea del Cano a la base como su situación casi a pie de carretera de la misma, la cosa es que el Franco puso especial énfasis en que nadie debía saber qué se cocía en Las Aguijuelas, y menos aún quiénes eran aquellos tipos que hablaban rarísimo y que no tenían pinta de españoles bajitos y morenos. Nadie podía acceder al interior de la base sin el permiso correspondiente, tuviera el rango que tuviera y ya fuese civil o militar. La primera bronca se la llevó el gobernador civil de Cáceres, que invitó a tres periodistas portugueses a visitar la base. Recordemos que en aquella época la dictadura salazarista era una valiosa aliada de la causa nacional, así que el gobernador consideró oportuno dar a conocer la generosa ayuda que el ciudadano Adolf les estaba prestando. 


El ohne Aufbau tripulado por un piloto español en Las
Arguijuelas. A su derecha está el instructor alemán, y tras él
otros dos aspirantes a conductores de carros. Este vehículo
se mostró como una excelente herramienta de aprendizaje
Está de más decir que los periodistas no pasaron de la puerta, y que el mismísimo Franco advirtió al gobernador civil que ni se le ocurriera volver a facilitar a nadie el acceso a un recinto militar en el que no solo no tenía autoridad, sino que además contenía material que debía mantenerse en secreto. Intuyo que el chismoso del gobernador debió coserse la boca con alambre porque, al decir de todos los que lo trataron, a pesar de su escasa estatura y su voz atiplada Franco era de los que te clavaban la mirada y te subían los testículos a la garganta a una velocidad meteórica. En cuanto a los tedescos, se evitó que tuvieran contacto con la población civil. Para ello se dispuso en uno de los castillos una cantina en la que pasar el rato o los días libres y donde podían oír la radio con emisoras alemanas e incluso se les proveía de bebidas traídas de su país exclusivamente para ellos. En fin, que no vivían mal del todo. 


En el mes de noviembre siguiente se hizo cargo del Gruppe Imker el teniente coronel Hans, freiherr von Funck (foto de la derecha), que llegó acompañado por un nuevo envío de material formado por 28 Pak 35/36, 37 instructores y 21 PzKpfw I Ausf. B, el nuevo modelo que, por así decirlo, venía calentito y recién salido de fábrica ya que, como se comentó en la entrada anterior, hacía apenas un año que se habían empezado a distribuir las primeras unidades en el ejército alemán. Este material arribó en Sevilla a bordo del mercante "Urania" el 25 de aquel mismo mes, y fue rápidamente enviado a la base de Las Arguijuelas para terminar de formar una tercera compañía. El 1 de octubre de 1937 se formó el que sería el Batallón de Carros de Combate al mando del comandante José Pujales Carrasco con personal del Regimiento de Infantería Argel Nº 37, siendo enviados a Cubas de la Sagra, cerca del Frente de Madrid, donde lógicamente eran más necesarios una vez que los tripulantes fueron debidamente adiestrados por los instructores de von Thoma. 


Un tedesco del Gruppe Thoma en plena sesión de adiestramiento. Junto al
instructor aparece un oficial español que quizás actuase además como
intérprete
La misión de la base de Las Arguijuelas empezó a finalizar en los primeros meses de 1937, quedando reducida a un mero depósito de material con un destacamento para su custodia. Los primeros 72 carros enviados con el Panzer Gruppe Drohne fueron el germen de la fuerza acorazada nacional y, aunque combatieron en manifiesta inferioridad con los T-26 y los BA-6 enviados por el padrecito Iósif al gobierno republicano, se batieron el cobre a base de bien. Tras los dos primeros envíos fueron recibidas cuatro remesas más a través de la HISMA. En agosto de 1937 habían llegado al puerto de Vigo 18 PzKpfw I Ausf. A que fueron enviados a Cubas de la Sagra, donde el Gruppe Thoma había establecido su nueva base y se había creado un Centro de Instrucción y Reserva de Carros y Anticarros. En la misma fecha llegaron otros 12 al puerto de Sevilla que, del mismo modo, fueron remitidos inmediatamente a la base madrileña. Con este material se pudo formar una cuarta compañía, aumentar en dos carros las tres compañías que ya existían y dejar 8 vehículos de reserva. A finales de ese año se recibieron 10 unidades más y, por último, en enero de 1939 llegaron otros 20 carros junto a una quincena de motores para reponer los que estaban ya dando las boqueadas. En total se recibieron 122 carros: un ohne Aufbau de instrucción, 3 Panzerbefehlswagen I Auf. A, 97 PzKpfw I Ausf. A y 21 PzKpfw I Ausf. B. Al final de la contienda aún estaban operativos 84 unidades que se mantuvieron hasta los años 50 cuando, a raíz de la importación de material yankee, se pudieron dar de baja todos los fósiles que aún perduraban de la contienda civil.


Distintivo y prenda de cabeza del Panzer Gruppe Drohne
Bueno, con esto terminamos por hoy. Como hemos visto, los envíos de material para suministrar al Gruppe Imker estuvieron siempre envueltos en un secretismo que da lugar a muchas interpretaciones porque el ciudadano Adolf no solo no pretendió ocultar su ayuda al bando nacional, sino que no se privó de hacer un recibimiento por todo lo alto a los miembros de la Legión Cóndor a su regreso a Alemania con una fastuosa parada militar encabezada por su comandante supremo, el general Wolfram, freiherr von Richthofen (era primo del famoso Manfred). De ahí que, como comentábamos al principio, quizás le interesaba especialmente mantener en secreto las nuevas tácticas predicadas por Guderian y desarrolladas con más o menos dificultad por von Thoma debido a que los militares españoles seguían también empeñados en que los carros debían estar al servicio de la infantería, lo que impidió en más de una ocasión sacarles mucho más partido si bien, como ya se ha dicho, su manifiesta inferioridad tanto en armamento como en blindaje respecto a sus enemigos tampoco facilitaba mucho las cosas. Y de ese tema hablaremos en el siguiente artículo para, a modo de colofón, dar pelos y señales de lo complicado que tuvieron los carristas del ejército nacional enfrentarse a los republicanos provistos de material mucho más potente y, encima, en más cantidad.

Ya'tá.

Hale, he dicho

Monografía completa pinchando exactamente aquí: AQUÍ


PzKpfw I Ausf. A conservado en el Museo de Medios Acorazados ubicado en la base de "El Goloso", en Madrid.
Foto cortesía del Sr. CSF