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martes, 31 de marzo de 2020

PANZERFAUST. Variantes y evolución


Un impacto de un Panzerfaust en un lateral del casco y a esa distancia te freía sí o sí

Prosigamos...

Como decíamos en el artículo anterior, junto al Panzerfaust 30 klein se desarrolló de forma paralela un modelo más potente apellidado en un alarde de ingenio como groβ, o sea, grande, lo cual era una obviedad teutónica ya que su ojiva era más gorda que la de su hermano menor. Curiosamente, nadie le añadía el adjetivo, siendo denominado por el personal como Panzerfaust 30 a secas, mientras que el pequeño sí conservó el klein aparte de los cariñosos motes con que fue bautizado por los abnegadas tropas del ciudadano Adolf. Bien, como ya se avanzó, la ojiva de este chisme estaba basada en la HH.3, la mina magnética de carga hueca que lo fundía todo pero que requería acercarse a menos de medio metro del vehículo enemigo y que, junto a otras armas similares, fueron las que hicieron que a Heinrich Langweiler, el ingenioso ingeniero que ingenió estos artefactos producidos por la HASAG, se las ingeniase para poder alcanzar los carros enemigos a una distancia razonable.

Tropas finlandesas a la espera de hacer un recibimiento por todo lo alto a
los carros del padrecito Iósif. Los tres están armados con Panzerfaust 30
groβ
y, si observamos el cerrojo, están listos para abrir fuego
El Panzerfaust 30 groβ solo tenía en común con su hermano el sistema de disparo que ya vimos detalladamente en el artículo anterior, pero el resto era totalmente distinto. Ante todo, para impulsar una cabeza de guerra más pesada- 3,4 kilos de los que 1,58 eran de la ojiva y, de ella, 800 gramos eran de pentolita- hubo que aumentar la carga de proyección hasta los 96,3 gramos de pólvora negra para obtener un alcance y una velocidad similares a los del klein, 30 metros y 30 m/seg. Sin embargo, donde se notaba la diferencia más notable era en la capacidad de penetración, que llegaba hasta los 200 mm. para un objetivo con un ángulo de inclinación de entre 0 y 30º (esta inclinación era el baremo por el que se regían los tedescos para calcular la penetración en todos sus lanzagranadas). En cuanto al tubo, se alargó hasta los 809 mm. y los 44 mm. de diámetro. En marzo de 1943 fueron probados ambos en el campo de Kummersdorf obteniendo el visto bueno del Heereswaffenamt y puestos en producción de inmediato porque la guerra estaba tomando un cariz un poco chungo para las otrora arrolladora Wehrmacht.

Pero aparte de todos los cambios llevados a cabo, quizás el más significativo era el que podría pasar más desapercibido. Como recordaremos, el klein daba bastantes problemas a la hora de roscar la cabeza a la cola del proyectil cuando se cargaba con el iniciador y la espoleta. Este problema también se remedió en el groβ de una forma más que eficiente: como vemos en las fotos, la ojiva se fijaba a la cola del proyectil mediante un fleje (flecha roja) que se encajaba en un tetón (flecha negra). De ese modo, bastaba tirar del fleje, sacar la ojiva, introducir el iniciador y la espoleta tal como se ve en la foto de la derecha, y volver a colocarla en su sitio. Este sistema permaneció invariable en las demás variantes que estuvieron en servicio y, de hecho, las fotos son en realidad de un Panzerfaust 60 aunque valen para este caso porque el sistema es, como decimos, idéntico.

Otra modificación respecto al klein fue el alza que, como vemos en la foto, se fijaba con el pasador de seguridad a una orejetas colocadas en el mismo proyectil y no en el tubo de forma que este quedaba bloqueado de forma que siempre se colocara en la misma posición. Estas orejetas entraban en una muesca practicada en el tubo, tal como vemos en la foto de la izquierda. Por otro lado, se amplió el rango de distancias que, como recordaremos, en el klein se limitaba a solo 30 metros. En el alza que vemos en la foto tenemos que, además de la muesca graduada a 30 metros, se le añadieron dos alcances más- en este caso en sendos orificios- de 20 y 40 metros si bien el segundo correspondía a una distancia más acorde para meterle un pepinazo a una casa antes que a un carro de combate, y menos estando en movimiento. No olvidemos que estas cargas huecas no solo se fundían una coraza como quien mete un cuchillo al rojo en mantequilla, sino que eran sumamente eficaces para incinerar enemigos que los hostigasen desde casas o posiciones rudimentarias. Un grupo de hombres parapetados en una casa a los que costaría tiempo y bajas propias desalojar se los podía aniquilar disparando contra la pared sin más historias, abrasando a todo aquel que estuviera a unos metros del orificio de salida en el interior de la habitación.

Veterano tedesco practicando con un
Panferfaust 30 groβ en las postrimerías de la guerra
Su bajo precio y las enormes cantidades que se suministraron ya no obligaban, como antaño en el ejército tedesco o como a los yankees con sus bazookas, a desplegar un determinado número de unidades por compañía o batallón sino que, llegado el caso, cada hombre podía ser portador de uno o más de estos artefactos, lo que suponían decenas o cientos de Panzerfäuste en un frente relativamente pequeño acechando en busca de carros para calcinarlos en un periquete. De hecho, la ojiva chata del groβ resultó más eficiente a la hora de asegurar la detonación respecto a la del klein, siendo efectiva contra cualquier carro aliado salvo, a veces, el escudo del cañón o en frontal del casco, y no ya por la angulación del mismo, sino por la posición del tirador. Hay que tener en cuenta que si un objetivo ya de por sí fabricado en ángulo se añade que el tirador está a nivel del suelo, dicho ángulo es mayor que cuando lo hace, por ejemplo, de pie, o menor aún si lo hace desde una posición elevada como el primer piso de una casa o un montículo. Sea como fuere, lo cierto es que prácticamente no había carro de combate que resistiese los efectos del Panzerfaust 30 groβ, cuya penetración teórica era, como se ha dicho, de 200 mm. A todo esto, quizás la principal ventaja que ofrecían esta gama de armas era su simplicidad, que permitió que chavales de apenas 13 o 14 años, abuelos con más de 65 e incluso amas de casa aprendieran a manejarlo en menos de una hora y mandasen al paraíso comunista a mogollón de hijos del padrecito Iósif mientras ellos partían al del ciudadano Adolf acribillados a tiros, porque para escabullirse de una infantería armada hasta los dientes, cabreada a tope y con cuatro años de guerra a cuestas hacía falta algo más que echarle cojones a la cosa.

Proyectil del Panzerfaust 30 groβ y 60 (eran iguales). Podemos apreciar los
estabilizadores ya desplegados, y dentro la ojiva el iniciador y la espoleta.
Como vemos, están rodeados de pentolita para favorecer la detonación
Pero el principal defecto de los dos Panzerfäuste 30 era su escaso alcance, que incluso comprometía seriamente a los tiradores si los carros llevaban infantería de acompañamiento. La solución era bastante simple: aumentar la carga de proyección hasta los 134 gramos, lo que obligó a fabricar tubos un poco más gruesos para resistir la presión. En este punto hay cierta controversia porque, mientras que algunas fuentes afirman que el diámetro exterior siguió siendo de 44 mm., otras dicen que subió hasta los 50. En lo que a mí respecta, colijo que si hubo que engrosar el tubo manteniendo el diámetro exterior habría que haber modificado el calibre del proyectil por razones obvias. O sea, que el engrosamiento debió hacerse "hacia fuera", lo que supondría esos 6 mm. extra. En cualquier caso, el aumento de la carga de proyección permitió elevar la velocidad hasta los 49 m/seg. La nueva versión entró en producción a inicios de 1944 con la denominación de Panzerfaust 60. Y es que no hemos comentado una chorradita a este respecto: el número de cada modelo obedecía a su distancia de tiro óptima. De ahí los Panzerfaust 30, para 30 metros, el 60 para 60 metros y los que vendría a continuación y que veremos más adelante. 

Pinchar en la imagen para verlo con más detalle
El Panzerfaust 60 no solo vio su carga de proyección aumentada y, por ende, su alcance, sino también un nuevo mecanismo de disparo mucho más básico e incluso más seguro. Veamos su como funciona...

Fig. A: Ahí tenemos el mecanismo completo, formado por solo tres piezas de acero estampado: la base, la palanca de disparo y el alza, y dos resortes planos, uno para el seguro y otro que actúa como percutor. El alza está fijada por su correspondiente pasador de seguridad (flecha negra), y mientras que no se levante es imposible armar el mecanismo porque en posición tumbada bloquea el avance del seguro (círculo negro), que está inmovilizado por el saliente de la palanca de disparo (flecha roja). Debajo del seguro vemos una pegatina con dos palabras: Sicher (seguro) en color negro, y Entsicher (desbloqueado) en rojo.

Figura B: Ahí vemos la carcasa que va soldada al tubo y sobre la que se montan los mecanismos.

Figura C: Ídem, pero con el resorte del seguro ya colocado en la parte delantera (flecha negra). Se trata de una pieza corrediza en cuyo extremo inferior tiene un pasador para facilitar su manejo. Cuando se baja, el resalte que tiene en el otro extremo en forma de T puede subir gracias al modelado que tiene la palanca de disparo. Si no se desliza hacia abajo el resorte la palanca queda inmóvil. La flecha roja señala el resorte que hace de percutor. Está fijado a la base con un tornillo, y en el extremo posterior tiene una pequeña púa para detonar el pistón.

Figura D: Vemos como el alza ya ha sido elevada, permitiendo que el resorte del seguro sea deslizado hacia adelante (flecha negra) y desbloqueando la palanca. El resorte de percusión queda retenido por un pasador en la parte trasera (flecha roja).

Figura E: Finalmente, apretamos la palanca. Al girar, el pasador que sujeta el resorte hace que este salte de su posición, cayendo y golpeando la tuerca hexagonal que contiene el pistón e iniciando la carga de proyección. Por cierto que la palanca también llevaba una pegatina en la parte delantera con la leyenda "Feuer" (fuego). 

En realidad, estos chismes estaban llenos de avisos e instrucciones por todas partes de forma que hasta un cuñado sería capaz de dispararlo sin tener que dar un curso de 80 horas lectivas. Como vemos en la foto de la izquierda, en la ojiva traía una pegatina todo un manual de instrucciones, lo que se complementaba con los avisos de fogonazo que, en un alarde de meticulosidad germánica, en el lado derecho estaban escritos boca abajo para que el usuario pudiera leerlos si giraba un poco el arma. En fin, que solo los memos de solemnidad y los políticos no eran aptos para su manejo. En todo caso, este sistema de disparo permaneció ya invariable para los modelos siguientes. Por lo demás, el peso del arma ascendió hasta los 6 kilos por el aumento de grosor del tubo lanzador porque la ojiva, tanto en este modelo como en otros posteriores, siguió inalterable, con una carga de 800 gramos de pentolita. Por cierto, abramos un paréntesis para dar algunos detalles sobre este explosivo:

La pentolita, llamada Pentol en alemán, es una mezcla de un 53,4% de tetranitrato de pentaeritrita y un 46,6% de trinitrotolueno que tenía un característico color ocre. Era vertida en el interior de las ojivas y moldeada para permitir hacer el hueco donde irían el iniciador y la espoleta. Era mucho más potente que el trinitrotolueno que, como muchos ya sabrán, es el explosivo que se toma como referencia con un valor de efectividad relativo de 1. Bien, pues la pentolita alcanzaba un valor de 1,60, que era lo que convertía las cargas huecas tedescas en unos chismes muy eficientes. A la derecha podemos ver unos cilindros de pentolita usada actualmente para cargas de demolición. Los orificios son para los detonadores eléctricos. Sí, esos que salen en las pelis y en los que el protagonista las pasa moradas porque nunca se acuerda si hay que cortar el cable rojo o el verde. Cierro paréntesis

En la ilustración inferior podemos ver lo que ocurre dentro del Panzerfaust cuando se produce el disparo. La llamarada del pistón penetra en interior del tubo, donde se encuentra la carga de proyección en un envase de cartón. Esta se inflama y los gases que genera producen una elevación de presión que empuja al proyectil hacia adelante mientra que otra parte de dichos gases sale por la parte posterior del tubo. También podemos ver el proyectil antes de iniciar su recorrido con las aletas estabilizadoras metálicas enrolladas alrededor del manguito de madera en la parte posterior de la ojiva. Previamente al disparo, no lo olvidemos, el tirador ha quitado el capuchón de cartón impermeabilizado que se colocaba en el extremo del tubo para impedir la entrada de suciedad.



Otra innovación fue el sistema de puntería. Aparte de adaptar la numeración del alza a los alcances teóricos del nuevo modelo, se añadió un pequeño punto de mira en el borde de la ojiva que, obviamente, facilitaba la alineación con el objetivo. Como podemos apreciar en la ilustración de la izquierda, se suprimieron las antiguas ventanas y los orificios por la típica configuración de un alza tangencial con su muesca en V donde había que colocar el punto de mira. Lo del 80 era un pegote similar al "40" del groβ, o sea, que era un poco muy bastante sumamente difícil acertar a un blanco a esa distancia aún estando detenido. En teoría, las probabilidades de acertar a un objetivo inmóvil a más de 60 metros estaban entre un 50 y un 70%, pero los proyectiles de los Panzerfäuste eran extremadamente sensibles a la dirección del viento, y si encima era lateral la desviación podía ser escandalosa aún a corta distancia. Por lo demás, el costo del modelo 60 oscilaba entre los 25-30 marcos, y el tiempo de fabricación de cada unidad completa era de unas ocho horas.

Vistas delantera y trasera del Panzerfaust 100, el último de la saga.
Obsérvense la cantidad de avisos que aparecen en el tubo para no
achicharrar a otro que no sea el enemigo
Pero a pesar del salto cualitativo que supuso en Panzerfaust 60, el alcance eficaz seguía siendo considerado como escasito, así que el equipo de ingenieros de la HASAG liderado por Langweiler seguía devanándose los sesos para ver la forma de ir más lejos. En pura lógica, la solución sería aumentar aún más la carga de proyección, pero la presión que generaría haría necesario aumentar notablemente el grosor del tubo y eso, en una industria machacada a diario por los bombardeos aliados no era un reto, sino una verdadera proeza. De hecho, aunque en teoría los tubos de los modelos existentes eran desechables no por ello no podrían recargarse en las fábricas, por lo que se ofrecía a las tropas una gratificación de tres cigarrillos a todo aquel que devolviera el dichoso tubo de los modelo 60 y 100. 

Despiece de un Panzerfaust 100. En el centro vemos la ojiva, el iniciador y la
espoleta, el manguito del proyectil con los estabilizadores y el tubo de
cartón con las dos cargas de proyección. Debajo del todo, tenemos el
tubo lanzador. El cacho guita debía ser un apaño para llevarlo colgado
Sin embargo, este incentivo no caló entre el personal, que optó de forma mayoritaria por seguir tirándolo una vez usado. Por cierto que la firma que produjo todos los tubos fue la Volkswagen Werke, en Fallersleben, una pequeña población entre Berlín y Hannover donde aún sigue operativa la fábrica, pero produciendo piezas de automóvil. Así pues, había que seguir empleando los mismos del modelo 60 por lo que la solución fue, en efecto, aumentar la carga hasta los 190 gramos de pólvora negra, pero dividida en dos partes de 95 gramos dejando un espacio vacío de 15 cm. entre ambas. De ese modo, una vez que empezaba a arder la carga principal debajo del disparador, en dos milisegundos se inflamaba por simpatía la colocada detrás, logrando de ese modo el empuje necesario sin tener que modificar el tubo a causa de un pico de presión. En la ilustración inferior podemos ver la secuencia de disparo del que sería el último modelo de Panzerfaust convencional, el 100.


La fase de estudio del Panzerfaust 100 empezó en el verano de 1944, estando listo para entrar en producción en septiembre y siendo distribuido entre noviembre y las navidades de ese año. La verdad, no deja de ser increíble la capacidad de la industria alemana que, a pesar del castigo que sufrían a manos de los Avro Lancaster de los british y los B-17 yankees podían seguir fabricando todo lo necesario para enviarlo al frente. Siempre he estado convencido de que sin guerra mundial los tedescos serían hoy la primera potencia mundial, no los cantamañanas de los yankees.

Aparte de la carga doble, pocas modificaciones más se hicieron en este modelo. El proyectil era el mismo que el usado por el groβ y el 60, pero el aumento de la velocidad hasta los 62 m/seg. hizo que los estabilizadores rectangulares que usaban los anteriores mermaran de forma notable la precisión del mismo por lo que, tras las pruebas de rigor, se sustituyeron por otras de forma triangular como las que vemos en el gráfico de la izquierda. Y, en un alarde de pijerío tecnológico, pintaron el alza con pintura fosforescente para facilitar el uso nocturno del arma. Y de qué calidad sería la pintura que la de la foto, con 75 años a cuestas, aún conserva sus propiedades como el primer día. También se sustituyó la espoleta FPZ 8002 del modelo 60 por otra menos sensible a los golpes, la FPZ 8003, lo que permitía enviar los Panzerfäuste y armados desde fábrica. Sin embargo, al cabo de dos meses tuvieron que volver a retomar el sistema tradicional de espoleta e iniciador aparte porque los paletos que habían aprendido a manejar estos chismes con el modelo 100 creían que todos venían ya armados, de modo que si le daban un 60 (a simple vista lo único que los diferenciaba era la escala de distancias del alza), o un 30, pues los disparaban sin espoleta y sin iniciador

Panzerfaust 150
Pero, a pesar de estar ya literalmente dando las boqueadas como un salmonete fuera del agua, los tedescos seguían erre que erre. En octubre de 1944 aún tenían ímpetu para desarrollar un nuevo modelo, pero este bajo un concepto totalmente distinto a los anteriores ya que los tubos no sería desechables debido a la escalofriante escasez de materiales- hasta hubo períodos de demora en la fabricación de algo tan básico como la pólvora negra para las cargas de proyección a causa de los bombardeos-, sino que en este caso eran recargables. No obstante, daban por sentado que estaría operativo en enero o febrero de 1945. Hablamos del Panzerfaust 150 y, además de la capacidad de ser recargado, era un concepto totalmente novedoso ya que el proyectil también era diferente. 

Los ingenieros de la HASAG pudieron comprobar que si se aumentaba la distancia entre el punto de impacto y el de detonación de la ojiva, el chorro de plasma era más denso y eficaz. Esto se traduce simplemente en que el perfil del proyectil debía ser más puntiagudo en vez de con la forma de cono truncado habitual. No hay datos ciertos sobre su capacidad de penetración real, y mientras que unos dicen que llegaba a la escalofriante cifra de 340 mm., otros dicen que era similar a la de los modelos 60 y 100, pero usando mucha menos pentolita. Y no solo se pensó en su uso convencional como arma de infantería, sino incluso para adaptarlo a los cazas para ataque al suelo dotándolo de una banda prefragmentada como la Splitterring de la granada de mango Stg 24 (foto de la izquierda) que se activaría con un temporizador pirotécnico para estallar tras un vuelo de 300 metros. Con todo, esto también lo convertiría en una excelente arma anti-personal para la infantería, a la que las cargas huecas hacían poco daño. Por lo tanto, se planeó distribuir una Splitterring por cada tres proyectiles.

Cabo 1º de la Luftwaffe probando un prototipo del
Panzerfaust 150
Por lo demás, la carga de proyección sería la misma que en los modelos anteriores, que tendría que ser reintroducida al igual que el proyectil por ser un arma recargable. Las pruebas que se efectuaron dieron como válido un alcance efectivo de 200 metros, y en la primavera de 1945, con el ciudadano Adolf totalmente enloquecido dirigiendo un ejército prácticamente aniquilado desde el búnker de la cancillería, aún tuvieron moral para encargar nada menos que cien mil unidades a la firma Robert Thümmler Metallwaffenfabrik, de Döbeln, que imagino destinarían a los abuelos, abuelas y críos capaces de sujetarlo. No hay datos fiables de si se llegaron a fabricar siquiera, o de si algunos llegaron a ser enviados al frente. Otros dicen que ciertamente ya había empezado la producción, pero que al ser ocupada la fábrica por las tropas del padrecito Iósif las existencias pendientes de enviar fueron destruidas, o quizás se las quedaron para idear el RPG-7, vete a saber... Y ojo, en la mesa de diseño quedó pendiente un Panzerfaust 250, y si los aliados tardan seis meses más en acabar la fiesta hubiese llegado a entrar en acción.

En fin, criaturas, con esto creo que ya pueden provocarle convulsiones al cuñado más empecinado. Como colofón, y para darle la puntilla si aún se resiste, un par de chorraditas más. Por un lado, tenemos las posiciones de tiro. Por lo general, y sobre todo en los primeros modelos con menos alcance, lo habitual era colocar el tubo bajo la axila  para obligarse a levantar el proyectil y obtener la trayectoria parabólica que le daría mayor alcance. Otra opción era colocarlo sobre el codo flexionado, en el hueco del mismo. Para distancias menores se podía disparar apoyando el tubo en el hombro. En todo caso, también obligaba a adoptar una determinada postura el lugar donde se encontraba el tirador. Por ejemplo, el de la foto inferior, en la que el soldado está en un pozo, es evidente que solo puede disparar desde el hombro. En resumen, no había normas fijas al respecto y cada cual adoptaba la postura que mejor le convenía de las tres. Por cierto que, aunque está de más decirlo, los Panzerfäuste podían ser disparados por diestros y zurdos indistintamente.

En cuanto a la producción, la mayoría fueron fabricados por la HASAG de Leipzig mientras que la Robert Thümmler Metallwaffenfabrik manufacturó pequeñas cantidades. Los tubos fueron todos fabricados por la Volkswagen-Werke, como ya se ha dicho. En cuanto a las cifras, solo se conocen con certeza los del Panzerfaust 30 klein: 123.900 en 1943, 1.418.300 en 1944 y 12.000 en el primer trimestre de 1945 que dan en total de 1.554.200. Pero del resto solo se dispone de cifras en conjunto sin especificar modelos: de los Panzerfäuste 30 groβ, 60 y 100 se fabricaron 227.800 en 1943, 4.120.500 en 1944 y 2.251.800 en el primer trimestre de 1945. De la producción del 150 solo hay conjeturas y, como se ha dicho, se supone que no llegó a entrar en servicio. Por lo tanto, la cifra alcanzaría los 8.254.300, si bien otras fuentes afirman que se superaron los 9 millones. Sea como fuere, es difícil establecer cifra exactas porque mucha documentación desapareció antes de que cayese en manos de loa aliados, de modo que bástenos con decir que se hicieron una burrada de chismes de esos. Por lo demás, entre un 5 y un 10% (en esto tampoco hay unanimidad, como está mandado), fueron reenviados a fábrica por estar defectuosos, y entre otro 5 y un 6% tuvieron fallos de ignición o de detonación.

Bueno, con esto concluimos esta pequeña monografía dedicada a los Panzerfäuste. Pero la historia aún no ha terminado, porque hay mucho que hablar del bazooka a la alemana, el Panzerschreck, el Terror de los Blindados. Desde luego, los tedescos son únicos para buscar nombres sugerentes a las armas, ¿que no?

En fin, ahí queda eso.

Hale, he dicho

ENTRADAS RELACIONADAS:



Probos miembros del Volkssturm armados con un simple Panzerfaust para inmolarse en un postrero y desesperado
intento de evitar lo inevitable mientras que el ciudadano Adolf movía en la sala de mapas del búnker divisiones que
no existían y esperando que la llegada del SS-Obergruppenfhürer Steiner detuviera a los rusos que ya combatían en los arrabales de Berlín sin saber que Steiner le había hecho dos higas negándose a enviar más hombres al matadero.
Nadie se privó de participar en la fiesta: ancianos, tullidos, inútiles para el combate de cualquier edad, mutilados de
guerra, adolescentes de ambos sexos e incluso amas de casa que luego fueron violadas por decenas de miles por
los hijos del padrecito Iósif, que lo tomaron como una venganza personal por la de putadas que les hicieron a ellos los
tedescos, especialmente las SS y los Einsatzgruppen. Como suele pasar, siempre pagan justos por pecadores

domingo, 29 de marzo de 2020

PANZERFAUST. Origen y desarrollo


Dos tedescos armados con sendos Panzerfäuste 30 (groβe). A pesar de su simplicidad, sus devastadores efectos acabaron
resultando eficaces no solo contra los carros enemigos, sino contra fortificaciones o defensas de cualquier tipo

En unas pocas semanas se cumplirá el septuagésimo quinto aniversario del final de la 2ª Guerra Mundial, así que habrá que celebrar la efemérides con algunos artículos adecuados. Para la ocasión he elegido el Panzerfaust, y por tres motivos, a saber: primero, por haber sido el modelo que marcó el comienzo de una generación de lanzagranadas desechables que aún perdura; segundo, porque fue quizás el arma con mejor relación costo-eficacia/rendimiento de todo el conflicto; y tercero, porque siempre me han gustado esos chismes, qué carajo.

Cúpula de hormigón del fuerte Eben-Emael perforada por una de las cargas
huecas que vemos a la derecha y que ayudaron a los paracaidistas alemanes
a apoderarse de la estratégica fortificación en mayo de 1940
Bien, ya vimos en los artículos dedicados a los bazookas yankees que lo de fabricar armas ligeras pero con la suficiente potencia como para destruir los cada vez más poderosos carros de combate se lo tomaron muy en serio. Y si se lo tomaron en serio los yankees, pues también los tedescos, que se llevaron una desagradable sorpresa cuando vieron en el Frente Oriental como sus cañones anticarro de 37 y 50 mm. apenas saltaban la pintura a los T-34 y los KV-1 del padrecito Iósif. Obviamente, la artillería convencional no valía para perforar el blindaje de los carros modernos salvo la que armaba otros carros y según cuál fuese el enemigo, que ya sabemos que, por ejemplo, el cañón de 75 mm. de un Sherman solo podía acabar con un Tiger desde corta distancia y gracias a que prácticamente todas sus superficies eran rectas. Alguno me dirá que el famoso Pak 88 alemán era cojonudo, pero el Pak 88 era un trasto enorme que ni se podía emplazar con la rapidez de un Pak 36 y, naturalmente, menos aún pegar cuatro cañonazos y salir echando leches en cuanto eran localizados por el enemigo. La única opción era la carga hueca, que ya era sobradamente conocida por los tedescos y que incluso las emplearon en la conquista del fuerte belga de Eben-Emael en 1940, pero como cargas de demolición. No obstante, ya tenían constancia de su notable capacidad perforante sobre el acero.

Dos probos tedescos armados con varias HH.3 en
busca de una presa. La pieza que vemos dentro del
círculo es el tirador que activaba la espoleta
Un poco agobiados por la indudable superioridad que mostraban los rusos con su arma acorazada, se recurrió a los más variopintos inventos. El más eficaz fue la Magnetische Hafthohlladung 3 o, más fácil de pronunciar para un cristiano, la HH.3, una carga magnética de 3 kilos de peso capaz de perforar 130 mm. de blindaje. Solo tenía un pequeño inconveniente: había que colocarla a mano, lo cual era enormemente enojoso para los abnegados soldados del ciudadano Adolf, y simplemente suicida si el carro enemigo iba protegido por infantería de acompañamiento. En todo caso, si podía colocarla y activar la espoleta tenía un retardo de 7,5 segundos para que le diera tiempo de meterse en el hoyo más cercano antes de que aquel chisme detonara. Porque, como ya se explicó en el artículo sobre los bazookas, las cargas huecas proyectaban al interior del vehículo un chorro de plasma a 10.000 m/s que no solo convertía a sus tripulantes en momias carbonizadas, sino que podía- y de hecho era habitual- hacer detonar toda la dotación de proyectiles del carro, por lo que cualquiera que estuviera cerca en ese momento quedaría convertido en comida para gatos. Con todo, y a pesar del evidente riesgo que suponía manejar la HH.3, desde el comienzo de la producción en 1942 hasta octubre de 1944, cuando se dejó de fabricar, se construyeron 547.000 unidades. Por cierto, también se fabricó una versión mejorada con un peso de 3,5 kilos cuya capacidad perforante aumentó hasta los 160-180 mm., o sea, sobrada para mandar al paraíso comunista a cualquier hijo del padrecito Iósif.

Secuencia de armado y lanzamiento de la Panzerwurfmine-1. Cabe suponer
que para acertar a un carro en movimiento habría que acercarse a una
distancia excesivamente corta
En todo caso, el evidente riesgo que suponía el uso de la HH.3 obligó a buscar algo que permitiera alcanzar los carros enemigos a distancia. Un intento fallido fue adaptar los viejos Panzerbüchse 39, unos fusiles anticarro de 7,92 mm. a los que se adaptó una copa para disparar una pequeña carga hueca que, en teoría, podría perforar hasta 70 mm. de blindaje. Otro intento fallido fue la Panzerwurfmine-1 leichte, una cosa de aspecto similar a una granada de mango de gran tamaño con una ojiva de 114 mm. de diámetro. Cuando se iba a lanzar, el suicida de turno quitaba la tapa metálica que cubría el extremo del mango, la armaba y, al lanzarla, se abrían unos estabilizadores de tela accionados por un resorte. Al golpear contra el carro detonaría mediante una espoleta de impacto, pero no solo había que echarle cojones a la cosa, sino además tener una puntería notable ya que su trayectoria parabólica obligaba a que cayera en vertical. Fueron probadas en el Frente Oriental a principios de 1942, obteniendo un alcance medio de entre 10 y 15 metros y sin que se lograse alcanzar el nivel de perforación deseado. En fin, un churro, para qué mentir...

Heinrich Langweiler con su primogénita criatura
en la mano. No valía para nada, pero fue la que
marcó la pauta a las siguientes
Así pues, lo que había que idear era un arma ligera que disparase una carga hueca y que pudiera ser manejada por un solo hombre y, sobre todo, que permitiera disparar contra el objetivo a una distancia segura. Los carros rusos solían llevar contingentes de infantería de acompañamiento que hacía imposible acercarse a ellos, así que los chismes mostrados anteriormente solo valdrían para vehículos que avanzasen en solitario. En resumen, lo que necesitaban era un bazooka a la alemana. El primer intento surgió de un requerimiento del Heereswaffenamt (HWA, Departamento de Armamento del Ejército) que, en abril de 1942, emitió un llamamiento a la industria tedesca para fabricar un arma anticarro de esas características. De todos los proyectos presentados, el que llamó más la atención fue el diseño de Heinrich Langweiler, de la HASAG (Hugo Schneider Aktien-Geellschaft), de Leipzig, designado como Faustpatrone, que podríamos traducir como Proyectil de Puño (literalmente significa "cartucho de puño") en referencia a que se podía llevar en una mano. Oficialmente denominado como Faustpatrone 8001 y de forma oficiosa como Faustpatrone 43, era un tubo de apenas 28 cm. de largo en cuyo extremo llevaba una ojiva de 80 mm. de diámetro cargada con una mezcla de trinitrotolueno y hexógeno con un peso total de 1 kg. y una longitud de 35 cm. entre el tubo y la ojiva. El Fauspatrone no era un lanzacohetes, como el bazooka, sino un lanzador. O sea, el proyectil no avanzaba mediante una carga contenida en su interior, sino por una carga de proyección consistente en 30 gramos de pólvora negra que ardía dentro del tubo que quedaba en la mano del tirador. Dicha carga impulsaba la ojiva mientras que por la parte trasera del tubo salían parte de los gases ardiendo de la deflagración, anulando así el retroceso.

Componentes principales del Faustpatrone 43. Si se disparaba con el brazo
estirado para intentar hacer algo de puntería, el rebufo te dejaba la jeta como
un chicharrón, así que había que colocarlo paralelo al cuerpo 
Pero el Faustpatrone tampoco era ninguna maravilla, sino más bien todo lo contrario. Una vez que se iniciaba la carga de proyección, la llamarada que salía por detrás obligaba a disparar el arma alejada del cuerpo, por lo que era imposible apuntar. Su alcance era de unos 70 metros, pero con efectividad no iba más allá de 20 o 30 siempre y cuando el tirador lograse alcanzar el objetivo, lo que era más bien un golpe de suerte. Para colmo, las quemaduras en la mano e incluso el cuerpo eran habituales, y si la temperatura era baja la combustión de la pólvora negra de la carga de proyección se ralentizaba ergo el proyectil también. Si por casualidad alcanzaba el objetivo, la masa de inercia que contenía el percutor golpeaba una espoleta de impacto Eihgr-39 y se producía la explosión, pero eso siempre y cuando el impacto fuese sobre una superficie razonablemente recta. Si era excesivamente inclinada la masa de inercia se desviaba y no se producía la explosión, y si por un descuido el proyectil se caía al suelo de punta y la masa de inercia alcanzaba la espoleta, adiós muy buenas. Aquello era como pasearse con una Mills con la anilla quitada y apretando la palanca que podías soltar si te venía un estornudo de repente, vaya. No obstante, a pesar del fracaso, al menos sirvió para marcar el inicio porque Langweiler se dio cuenta de que el concepto era bueno, y que lo que había que hacer era mejorar el arma.


Aspecto exterior de la ojiva del Fauspatrone 30 klein
y una vista en sección de la misma. Obsérvese la rosca
para fijarla al resto del proyectil
La cuestión era en realidad bastante simple. Bastaba con alargar el tubo de forma que el extremo posterior quedara por detrás del tirador para no verse afectado por el rebufo. Así pues, se construyó un tubo de 33 mm. de diámetro y 809 mm. de largo con el mecanismo de disparo en la parte superior. Además, se le añadió una rudimentaria alza con una única abertura para 30 metros- pretender un alcance mayor era imposible de momento-, y una carga de proyección de 53,6 gramos de pólvora negra situada debajo del mecanismo de disparo. En cuanto a la cabeza de guerra, consistía en una ojiva de 95 mm. de diámetro con una carga de pentolita de 400 gramos, siendo el peso total del arma de 3,2 kilos, de lo que 800 gramos correspondían a la ojiva con su carga explosiva y 2,4 kilos al tubo con sus mecanismos de disparo y la carga de proyección. Esta primera versión, denominada klein (pequeño), se probó en noviembre de 1942 con resultados satisfactorios, logrando perforar un blindaje de 140 mm. de espesor a una distancia de 30 metros. Y lo mejor de todo es que salía muy barato: unos 25 marcos la unidad.


Embalaje con cuatro Panzerfäuste 60. A la izquierda se ve la caja que
contiene los iniciadores y las espoletas
Su sistema de funcionamiento era relativamente básico, y digo básico porque como medida de seguridad las espoletas y las cargas para iniciar la detonación venían aparte. O sea, los Faustpatronen se distribuían en cajas de madera con cuatro unidades. Dentro del tubo venía ya de fábrica cada carga de proyección en un contenedor de cartón, pero las espoletas y los iniciadores no se instalaban en origen, sino que debía hacerlo el usuario. Obviamente, cada embalaje contenía sus correspondientes espoletas e iniciadores. Así pues, antes de poder usarlo había que desenroscar la ojiva y meter dentro del tubo ambas piezas, tras el que había un manguito de madera al que se le habían añadido cuatro aletas de acero flexible de 10 cm. de largo. Estas aletas quedaban enrolladas en sentido horario cuando estaban dentro del tubo lanzador, y se desplegaban en el momento en que el proyectil salía del mismo. Bien, pues al parecer no era precisamente raro que la rosca, con un paso y unos hilos demasiado finos, se pasara al apretarla, lo que inutilizaba el arma. 


Para disparar, debido a la escasa potencia de la carga de proyección había que colocar el tubo debajo del brazo para lograr una trayectoria parabólica y alinear la única muesca del alza con el borde de la ojiva y el objetivo. Previamente había que armar el sistema de disparo, que veremos mejor en el gráfico de la derecha:
En la figura A tenemos una vista en sección del mecanismo, un simple tubo de chapa estampada soldado al lanzador. En la foto del detalle podemos ver el alza abatida y fijada mediante un pasador de seguridad que había que remover para levantarla. En el círculo se observa la muesca del alza graduada a 30 metros. Si se fijan, dos dientes sobresalen a ambos lados. Ahí es donde había que alinear el borde de la ojiva. Previamente a la preparación del arma se quitaba la tapa de cartón impermeable que llevaba como protección en la parte trasera del tubo, tras lo cual se armaba el mecanismo de disparo. Para ello, se giraba el cerrojo a la izquierda 45º y se empujaba hacia adelante, de forma que el percutor avanzaba hasta quedar retenido por un tetón en el disparador. Si por el motivo que fuere no era necesario efectuar el disparo, por seguridad podía volver a desmontarse la ojiva y extraer la espoleta y la masa de inercia.


Armando el mecanismo de disparo
Este chisme funcionaba al revés que todas las armas del planeta ya que al disparar el percutor salía despedido hacia atrás. Bien, una vez bloqueado el percutor en su posición más avanzada ya estaba listo para abrir fuego. Pasemos a la figura B. Una vez que el tirador había apuntado el arma solo tenía que apretar el botón del disparador. El percutor retrocedía, iniciando el fulminante que, a su vez, emitía su llamarada sobre la carga de proyección de pólvora colocada dentro del tubo del lanzador. El proyectil alcanzaba una velocidad de unos 100 km/h, o sea, la mitad de la que alcanza el saque de un jugador normal de tenis. Y ahí acababa todo. Si el proyectil acertaba en el objetivo y detonaba, cuatro o cinco hijos del padrecito Iósif se estarían calcinando en aquel instante, y si no pues mejor salir echando leches y dejar el tubo tirado en cualquier sitio porque era desechable. La detonación de la ojiva se basaba en el mismo sistema que el Fauspatrone 43: una masa de inercia golpeaba el iniciador. Este sistema se aplicó en todas las versiones posteriores de esta arma.


Soldado de la Luftwaffe montando la ojiva
de un Panzerfaust 30 klein
Como las pruebas resultaron satisfactorias y tal, una vez que se pusieron a punto los defectillos de siempre se pudo iniciar la producción en agosto de 1943 para ser probada en el Frente Oriental, donde fueron enviadas 3.000 unidades. Una vez dado el visto bueno, en el mes de octubre siguiente se inició la producción en masa, que se mantuvo hasta el primer trimestre de 1945 alcanzando un total de 1.554.200 unidades. El ciudadano Adolf, al que aquello de Faustpatrone le sonaba poco agresivo le cambió el nombre por el que todos lo conocemos: Panzerfaust, Puño Acorazado, en referencia al personaje de la novela de Goethe, Götz von Berlichingen, si bien al parecer a nivel burocrático se conservó la denominación original. Por lo demás, el Panzerfaust solía ir enteramente pintado en el típico color dunkelgelb (ocre) del ejército alemán- a veces se pintó de verde- con un vistoso anuncio que advertía de que si te ponías detrás del tubo en el momento del disparo estabas listo. El aviso en cuestión estaba pintado con letras rojas y decía "Achtung! Feuerstrahl!", que en cristiano significa "¡Atención! ¡Chorro de fuego!", y ciertamente era un buen chorro porque el tirador tenía que dejar como mínimo tres metros libres en su parte trasera. De hecho, si disparaba dentro de un edificio tenía que tener la precaución de que hubiera una puerta o una ventana abierta detrás, porque si el chorro impactaba contra una pared podía revolverse y dejarle la espalda un poco morena. Del mismo modo, la espoleta de impacto hacía poco o nada recomendable disparar entre la maleza, cristales de ventana o cualquier obstáculo aparentemente débil porque podía detonar la ojiva y dejar al tirador como al pato Lucas cuando se enfrenta con el marciano, convertido en un montoncito de cenizas con el casco encima.


Aspecto del Panzerfaust 30 klein y del proyectil con las aletas estabilizadoras desplegadas. Como no podía ser menos,
enseguida recibió su apodo correspondiente: Gretchen o Kleine Gretel

Yankees reforzando su M4A3E8 con sacos terreros, una imagen muy
habitual tras el desembarco de Normandía
Pronto, tanto los soviéticos como los aliados vieron como un simple guripa armado con aquella cosa cabezona podía hacer verdadero daño, y no solo contra sus carros- el klein de por sí podía traspasar cualquier coraza-, sino que también era capaz de penetrar muros de hormigón de hasta 25 cm. de grosor. Obviamente, no podía contra un búnker normal, pero sí era capaz de abrasar posiciones construidas a base de sacos terreros, troncos y demás aditamentos propios de nidos de ametralladora o posiciones de mortero. La penetración sobre sacos terreros podía alcanzar los 127 cm., que no es moco de pavo. Los yankees, cuyos Shermans eran carros medios con un blindaje inferior a los T-34- 63 mm. en el costado de la torreta y apenas 38 en el lateral del casco, según modelo-, vieron como los tedescos los convertían en torreznos, y si el carro no estaba provisto de armarios húmedos para la munición saltaban literalmente por los aires. Idearon de todo para reforzarlos aún a costa de añadir un peso extra que, en el mejor de los casos, podía llegar a las 3 toneladas. Fragmentos de cadena, sacos terreros sobre una estructura metálica, planchas de blindaje extra, hormigón, etc., pero eso no impedía que un impacto en el tren de rodaje o el motor los inmovilizara, y un carro inmóvil era muy fácil de rematar.


Soldados finlandeses armados con sendos Panzerfäuste 30 groβe pasando ante un T-34 soviético literalmente pulverizado
por un impacto que detonó la munición de a bordo. A los tripulantes no podrían recogerlos ni con una bayeta húmeda

En fin, así fue como se gestó y dio los primeros pasos el famoso Panzerfaust. De forma paralela al klein se desarrolló un modelo más potente basado en la ojiva de la HH.3 que recibió el mismo nombre, Panzerfaust 30, pero con la coletilla "groβ" (grande), el cual ya veremos en la siguiente entrada junto a las versiones posteriores porque, aparte de que ya me he enrollado más de la cuenta, tengo un dolor de cabeza suntuario, así que me piro a ponerme de metamizol magnésico hasta las cejas.

Con Dió.

Hale, he dicho

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Fotograma de la película "Fury" (2014) que muestra de forma bastante gráfica y acertada los devastadores efectos de un
Panzerfaust sobre un Sherman. El chorro incandescente a una velocidad de 10 km/seg. convertía el interior del vehículo
en lo más parecido a un infierno en la Tierra en fracciones de segundo