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jueves, 18 de enero de 2018

¿Cómo funciona una granada de mano?

Probo tedesco lanzando una granada de mano contra las posiciones enemigas mientras sus dos colegas intentan
cortar las alambradas. No sé por qué, pero intuyo que se trata de una imagen de propaganda


Ya se han dedicado varias entradas a las granadas de mano, desde sus orígenes como meros recipientes cerámicos rellenos de pólvora negra a las primeras y rudimentarias granadas modernas que se empezaron a usar a raíz de la Gran Guerra, en la que los ejércitos en liza estaban más escasos de este tipo de armas que un político de honradez. La guerra de posiciones hizo imprescindibles estos diabólicos artefactos con los que un simple infante podía desplegar una notable potencia de fuego tanto a la hora de atacar las posiciones enemigas como de defender las propias, y todo ello con un coste mínimo y de forma inmediata sin necesidad de tener que pedir apoyo de la artillería.  No obstante, debe quedar claro que la capacidad letal de las granadas de mano no se acerca ni remotamente a la de una proyectil de artillería o de mortero, pero su reducido tamaño permite a cualquier soldado llevar varias encima que le serán de extrema utilidad en determinadas circunstancias a la hora de eliminar pequeños puntos de resistencia, nidos de ametralladoras o para limpiar trincheras o fortificaciones de campaña.

Varios british inspeccionando cientos de granadas alemanas abandonadas
durante la batalla del Somme
Como ya sabemos, se fabricaron millones y millones de granadas que sembraron todos los frentes de batalla durante el conflicto y, a partir de ahí, no solo no han perdido vigencia, sino que se han ido ampliando tanto en modelaje como en prestaciones. Sin embargo, salvo en el caso de las granadas de mecha cuya forma de disparo es más básica que el cerebro de un cuñado, hemos ido mencionando los diversos tipos de espoletas que emplean estos chismes, pero nunca nos hemos detenido a explicar detalladamente cómo es su funcionamiento, o sea, qué ocurre en las tripas del artefacto para que explote y produzca los efectos deseados, que son obviamente herir o matar a los enemigos. Estamos hartos de ver en documentales y películas como los probos ciudadanos combatientes las arrojan contra el enemigo, y todos sabemos que la cosa va de tirar de una anilla y tal, pero puede que muchos no sepan qué es lo que pasa una vez que la granada sale despedida de la mano del lanzador. Así pues, veamos como son los entresijos es estos pequeños pero malvados artefactos.

En primer lugar, y por tenerlo claro, conviene especificar los dos tipos de granadas que hay. Ojo, hablamos de granadas de guerra convencionales usadas en el ejército, no las aturdidoras, cegadoras, de gas o de humo que emplean actualmente las unidades anti-terroristas y anti-disturbios. Este tipo de granadas no son letales, y están concebidas para dejar momentáneamente fuera de combate al personal para reducirlos sin necesidad de acribillarlos a tiros. Por lo tanto, nos referiremos exclusivamente a las que hacen pupa y que son las que se emplean en combate desde hace más de cien años porque, en esas circunstancias, no hace falta dejar momentáneamente fuera de combate al enemigo, sino darlo de baja de forma definitiva ya que no hay mejor enemigo que el enemigo muerto.

Tedesco a punto de activar la espoleta de su granada de mango
Así pues, tenemos dos tipos: las ofensivas y las defensivas. Las primeras están concebidas, como su nombre indica, para defender una posición, por lo que el lanzador estará a cubierto y no será víctima de su propia arma. Este tipo de granada tiene un radio de efectividad mayor y el cuerpo de la misma, generalmente prefragmentado y fabricado con hierro colado, sembrará de metralla un determinado perímetro alrededor del lugar de la explosión. Las ofensivas, por el contrario, se emplean por el atacante que carece de protección, por lo que su radio de acción será inferior y generará poca o ninguna metralla dependiendo del material con que esté fabricado el cuerpo de la granada, confiando su poder letal ante todo en la onda expansiva de la explosión. Ojo, que un arma de este tipo, arrojada dentro de un búnker deja listo de papeles a todos sus ocupantes ya que la onda expansiva, sin posibilidad de salir del interior, rebota contra las paredes dejando al personal bastante perjudicado. Añadir que en algunos modelos y para simplificar la producción se optaba por fabricar una granada ofensiva a la que bastaba añadirle una cubierta metálica o una malla de alambre para convertirla en defensiva. En resumen, la diferencia ente ambos tipos es que unas arrojan metralla mientras que las otras tienen un radio de acción inferior y fían su capacidad letal a la onda expansiva. Además, en el segundo caso debemos reseñar el efecto psicológico que ejercían sobre los enemigos gracias a los sonoros estampidos producidos por la carga de alto explosivo, lo que siempre venía bien para acojonarlos un poco más.

Esquirlas de metralla de una granada de mano comparadas con una
moneda de 10 céntimos. Si a uno le llenan el cuerpo de porquerías
de esas lo deben dejar bastante maltrecho
Esta será más o menos potente en función del tipo de explosivo que se use. Durante muchos años se usó pólvora negra o de fusil, práctica que llegó hasta la 2ª Guerra Mundial en caso de escasez de explosivos adecuados, pero ya desde 1887 se empleaba el ácido pícrico o trinitrofenol, que podía usarse directamente como explosivo o como iniciador de otros (casi todas las espoletas de artillería lo contenían), así como en estado puro o combinado con otras substancias como el algodón pólvora. Sin embargo, tendía a volverse inestable en condiciones de humedad, reaccionando con el contacto con los metales, lo que obligaba a barnizar el interior del cuerpo de las granadas o proyectiles que lo usasen. El problema se solucionó con la introducción en 1902 del trinitrotolueno que, aunque menos potente, era mucho más estable y, al mismo tiempo, podía mezclarse con otra substancias para obtener otros explosivos como el amatol, la pentolita, el tetrytol, etc. En cualquier caso, es el trinitrotolueno el que se usa como baremo para medir la potencia de los explosivos con un índice de 1.00, siendo a partir de dicho índice el indicador que nos dirá si es más o menos potente. Por ejemplo, mientras que el nitrato de amonio tiene un índice de 0,42, el amatol 50/50, o sea, una mezcla de esa substancia con trinitrotolueno a partes iguales, tiene un índice de 1,20. El más potente es el hexógeno con un índice de 1,60, también conocido como RDX, T4 o ciclonita, y que se empezó a usar durante la 2ª Guerra Mundial. Mezclado con trinitrotolueno es el Torpex que puede que a alguno le suene de alguna peli de malvados de esos que se despiertan oyendo voces que les dicen que sólo Alláh es grande. Estos explosivos son generalmente muy estables ante los golpes o la fricción, precisando para su detonación una detonador o multiplicador como veremos más adelante. De hecho, el hexógeno puede arder sin explotar, y el famoso C-4, cuyo principal componente es precisamente el hexógeno en un 91% combinado con un plastificante y un aglomerante, era usado por los yankees en Vietnam para calentarse sus abominables latas de judías con jamón si se veían sin las pastillas de gasolina que suministraban para ello. Eso sí, los vapores que soltaba el C-4 al arder podían fundirte medio cerebro, así que había que tener la precaución de ponerse siempre con el viento a la espalda por si acaso.

Granada japonesa Tipo 91, cargada con 65 gramos de TNT. Esta granada
tenía una espoleta de tiempo por percusión. Quizás algunos las recuerden de
la película "Cartas desde Iwojima" cuando el personal se suicida golpeando
la espoleta contra el casco para activarla y luego apretándolas contra el
vientre en plan hara-kiri explosivo. Su retardo era de 7-8 segundos
Aclarada la cuestión explosiva, independientemente del tipo de granada que sea usará una espoleta de tiempo o de impacto. Las primeras están concebidas para detonar pasado un determinado tiempo desde el armado de la granada, generalmente entre 4 y 8 segundos dependiendo del modelo y fabricante, mientras que las otras detonarán cuando choquen contra algo, ya sea el suelo, una pared, el mismo cuerpo de un enemigo o la dentadura de un cuñado. El tipo de espoleta no tiene nada que ver con el de la granada, es decir, que una granada, ya sea ofensiva o defensiva, puede usar ambos tipos de espoleta. Las ventajas e inconvenientes de ambos sistemas los veremos a continuación. Ojo, expondremos las tipologías más representativas ya que, de lo contrario, esto no sería una entrada bloguera, sino una enciclopedia detonante. No obstante, dentro de cada tipología las distintas versiones venían a tener un funcionamiento similar. De lo que se trata es de que podamos comprender el proceso de funcionamiento en general, no modelo por modelo. Bueno, al grano...

ESPOLETAS DE TIEMPO

Cartel propagandístico en el que se ve a un poilu
arrojando una  granada mod. 1914 provista de
un retardo de 4 segundos. Pesaba nada menos
que 1 kg. con una carga de 110 gramos de
pólvora negra
El origen de este tipo de espoleta lo tenemos en las mechas usadas en las granadas hasta la Gran Guerra. Como ya podemos suponer, de su longitud dependía el tiempo que tardaba en explotar, y para encenderlas era preciso llevar encima otra mecha, fósforos, una pipa o cigarrillo encendidos, etc. Lógicamente, el retardo debía ser lo suficientemente largo como para lanzar la granada sin que explotase demasiado cerca, ni tan largo como para dar tiempo al enemigo a devolverla. En caso de existir ese riesgo por estar el enemigo demasiado cerca o en una situación que se lo permitiera, al lanzador no le quedaba más remedio que mantener la granada en la mano y lanzarla con el tiempo justo para ponerse a cubierto ya que la explosión tendría lugar en un segundo o dos. Por poner una situación en que fuera necesaria esta peligrosa práctica, pongamos que se quiere arrojar una dentro de una casamata. Si los ocupantes se percatan del peligro tienen tiempo de sobra de echarla fuera por una tronera, así que para eliminar esa posibilidad se dejaba arder la mecha hasta que la explosión fuese inminente. Como es lógico, para esto hacía falta una dosis de testiculina y sangre fría que no todos tenían. 

El retardo habitual oscilaba entre los 4 y los 6 segundos, llegando a los 8 en algunos modelos con una tolerancia de ±0,5 segundos. La principal ventaja de este tipo de espoleta es que, salvo defectos de fábrica, eran bastante seguras para el lanzador, que podía controlar el momento preciso para arrojarla en función de la distancia a cubrir. En cuanto a sus defectos, aparte de la posibilidad de que el enemigo la devolviera, tenemos los fallos de ignición. Si el retardo no prendía ya no había posibilidad de hacerla estallar salvo que se recuperase la granada, se desmontase la espoleta y se sustituyera por una nueva, lo cual era una chorrada como ya podemos imaginar. Si fallaba se lanzaba otra más y santas pascuas. Veamos los distintos tipos de espoletas de tiempo más significativos.

ENCENDEDOR DE PERCUSIÓN. Es el sistema más antiguo cuyo modelo más representativo era el modelo 1915 que armaba la granada F-1 francesa.  Este modelo, como vemos en el croquis de la derecha, estaba formado por un cuerpo de hierro fundido pre-fragmentado que, sin embargo, era habitual que se partiese en trozos más grandes. Como vemos, el tapón encendedor estaba protegido por un protector de cartulina de 60 mm. de largo por 12 de diámetro que, debido al material empleado, era susceptible de deteriorarse con la humedad. Una vez retirado se golpeaba el tapón encendedor bien contra la palma de la mano, el casco o lo que fuera para iniciar el proceso que sería el siguiente:

1. El mixto colocado en la parte interior del tapón golpea el frictor, haciendo saltar una chispa. Para hacernos una idea, es el mismo sistema empleado por los fulminantes de los cartuchos, pero en vez de golpear la cápsula por fuera se golpea directamente el mixto por dentro.
2. Dicha chispa prende el retardo colocado en el interior de un tubo. En este caso era de 5 segundos. El orificio de salida de humos era para favorecer la combustión.
3. El retardo arde hasta llegar al detonador a base de fulminato de mercurio, que estalla.
4. El detonador inicia la carga explosiva, en este caso de 60 gramos de chedita, shneiderita o amatol. Su radio de acción era mortal hasta los 20 metros, y bastante peligroso hasta los 75 si bien incluso a 200 metros podía matar o herir gravemente si alguno era alcanzado por algún fragmento de metralla.

Este sistema tenía un grave inconveniente, y era que si el tapón protector se caía inadvertidamente o se ablandaba a causa de la humedad y la granada caía al suelo, golpeándose el tapón encendedor, ya podemos imaginar las consecuencias. Este tipo de accidente no fue raro, por lo que el tapón de cartulina fue sustituido por otro de bronce de menor longitud. Además, para asegurar un encendido correcto era preciso golpear el tapón verticalmente. De lo contrario el frictor podía no hacer saltar la chispa del mixto. A la derecha podemos ver en el centro la primera versión de esta granada con el tapón protector de cartulina. A la izquierda tenemos la segunda versión con el tapón de bronce y, finalmente, a la derecha está la granada desprovista del protector con el tapón encendedor a la vista.

ENCENDEDOR DE TRACCIÓN. Este sistema fue introducido por los alemanes con la Kugelhandgranate (granada de bola) modelo 1913, una granada defensiva con el cuerpo de hierro prefragmentado que podemos ver en la ilustración de la derecha. En este caso, el armado de la granada se efectuaba tirando de un frictor que prendía el retardo, que según la versión podía ser de 5, 7 u 8 segundos. El peso total de la granada era de 1 kg. con una carga de 45 gramos de una mezcla de pólvora negra, nitrato de bario y perclorato de potasio. Sin embargo, este sistema es mucho más conocido gracias a su emblemática granada de mango, la Stielhandgranate modelo 1915 que con sus sucesivas versiones, se convirtió en algo tan representativo del ejército alemán como su característico casco. Esta granada tenía un peso bastante elevado, 820 gramos de los cuales 270 eran la carga de nitrato de amonio que, posteriormente, fue sustituido por la más potente tolita. Sin embargo, su mango de entre 24 y 26 cm. de largo permitía lanzarla a distancias superiores que los modelos convencionales más livianos. Básicamente, este tipo de granada constaba de un cuerpo metálico forrado por dentro con una lámina de cartón para impedir que la carga explosiva tocase el metal. El detonador iba en el mango de madera cuyo interior hueco permitía alojarlo, así como el cordel que accionaba el mismo. 


En el croquis de la derecha tenemos una vista en sección de la granada y el detalle del detonador. En este primer modelo el cordel no quedaba oculto dentro del mango, que estaba cerrado con un tapón, sino que asomaba por el extremo del mismo y era asegurado con una simple tira de papel. Ante la evidente falta de seguridad de este sistema fue cuando se introdujo el tapón en el modelo 1916 y posteriores. La secuencia de ignición sería como sigue: 

1. El lanzador rompe la tira de papel situada en la base del mango y tira del cordel que va unido al alambre.

2. Este alambre está a su vez unido al frictor, que al bajar bruscamente encenderá la substancia inflamable que vemos al final del tubo de cartulina que contiene todo el conjunto. Básicamente sería algo similar a lo que hacemos al prender una cerilla.

3. La substancia inflamada prenderá el retardo, que podía ser de 5,5 o 7 segundos. El tiempo estaba marcado en el mango por si algún despistado no se daba la suficiente prisa por lanzarla y le estallaba en plena jeta.

4. El retardo prendía al final de su recorrido un fósforo que, a su vez, iniciaba el detonador produciéndose la explosión de la carga.

Como vemos, el sistema es básicamente similar al de encendido por percusión con la única diferencia de que en el primero se armaba la granada golpeando un tapón y en este caso tirando de un cordel, pero a partir de ahí el proceso de ignición era exactamente igual.


Dos tommies practicando el lanzamiento de granadas. Para
que aprendieran con rapidez les hacían lanzarlas como si
fueran pelotas de cricket
ENCENDEDOR DE PALANCA. Este es sin duda el más conocido de todos, o sea, el que hay que tirar de la anilla. Las dos primeras granadas en usarlo fueron la Mills británica, introducida en 1915, y la F1 francesa como la que vimos anteriormente, pero armando una espoleta inventada por Billant en 1916. Este sistema es el más seguro para el lanzador ya que la granada no se arma hasta que abandona su mano y se libera la palanca. La anilla famosa, para el que no lo sepa, solo sirve para extraer el pasador que retiene la palanca en su sitio, y hasta que esta no salta impulsada por un resorte no pasa absolutamente nada. De hecho, si no se ha soltado la palanca en cuestión se podría volver a colocar el pasador en su sitio y guardar la granada para mejor ocasión. En sí, este sistema es igual al de encendido por percusión salvo con la diferencia que, en este caso, la ignición no la produce el lanzador, sino un percutor alojado en la espoleta. Veamos la secuencia en una granada Mills:


1.Una vez extraída la anilla, el lanzador arroja la granada. En el momento en que esta abandona la mano, un resorte impulsa la palanca de seguridad y comienza el armado de la granada.

2. Al saltar la palanca queda liberado el percutor que vemos dentro de un muelle helicoidal pintado en azul y que permanece comprimido por la acción de la palanca. El muelle impulsa al percutor hacia abajo, golpeando un pistón que inicia el retardo, en este caso de 7 segundos. Este pistón es en realidad el culote de una vaina de calibre .22 de percusión anular, de ahí los resaltes que vemos en el percutor. De ese modo se asegura la detonación al golpear en más de un sitio.


3. Una vez que el retardo ha ardido inicia el detonador que a su vez hará estallar la carga explosiva. La masa total de la granada era de 700 gramos  aproximadamente, incluyendo una carga de unos 60 gramos de explosivo. Se usaron varios de ellos: alumatol, amonal, amatol, bellita, trinitrotolueno y sabulita. Aunque el cuerpo de esta granada era el típico de hierro prefragmentado, se hicieron pruebas en las que se pudo observar que la explosión producía muchísimos más cascos de metralla que lo que le correspondía, alcanzando casi 500 fragmentos que iban desde pequeñas esquirlas a trozos de 2,5 cm. Sus efectos eran los habituales en este tipo de granadas, siendo mortal en un radio de unos 20 metros y capaz de causar heridas graves o matar a unos 100. 

En la imagen de la derecha podemos ver el cuerpo de la espoleta cortado en sección para apreciar con más detalle los mecanismos. En el interior vemos el percutor con el muelle totalmente extendido. La flecha roja señala la muesca donde encaja la palanca que lo mantiene en posición de seguridad. La flecha azul marca el detonador de fulminato de mercurio contenido en una cápsula de aluminio, y la verde señala la mecha.

A lo largo del tiempo se han diseñado infinidad de espoletas de este sistema que, naturalmente, siguen en uso. De hecho, la Mills ha estado en servicio en algunos países como Pakistán o la India hasta los años 80, lo que demuestra lo acertado de su diseño. Y si alguno se pregunta qué hacer en caso de necesitar que la explosión se produzca apenas se lance, pues bastaba con sacar la anilla y abrir un poco la mano para que la palanca salte, armando así la granada. A partir de ahí bastaría contar hasta casi agotar el retardo mientras los testículos trepan a la garganta a una velocidad increíble, porque si  uno de esos chismes le explota a uno encima lo deja muy, pero que muy perjudicado. 

Bien, estos son los tres sistemas de encendido con retardo que, con sus diversas variantes, han armado estos peligrosos artefactos durante más de un siglo. Veamos a continuación como funcionaban las espoletas de impacto.


Granada Lafitte mod.1921
Este tipo de espoleta, como ya avanzamos anteriormente, detonaban al chocar contra cualquier cosa. En función del modelo podían armarse liberando un pasador de seguridad o mediante una cinta que se iba desliando a medida que volaba hacia el objetivo. Una vez que esta se soltaba, generalmente por la acción de un contrapeso situado en el extremo, la espoleta quedaba armada. Es lo que se conoce como seguro de distancia, concebido para que no pueda explotar por la simple inercia en el instante de lanzarla, o bien si por error o un mal uso del arma se golpea contra el parapeto de la trinchera o se deja caer a pocos metros de distancia, como ocurría con la Nº 1 Mk. I británica, que incluso las mismas tropas se negaban a usar por el peligro que entrañaban. El modelo quizás más conocido por estos lares de este tipo de granada era la Lafitte italiana, muy usada por las tropas nacionales durante la guerra civil y en servicio en el ejército español durante varios años después. Se trataba de una granada ofensiva de 415 gramos de peso con un cuerpo de hojalata que, a pesar de todo, al estallar podía fragmentarse en trozos lo bastante grandes como para hacerle la pascua a más de uno, y sus 200 gramos de nitramina producían unos estallidos que dejan al personal los testículos del tamaño de canicas. Como vemos en la foto, la cinta del seguro de distancia estaba unida a una chapa que la ayudaba a desliarse.


A la izquierda, una granada P1 francesa, y a la derecha una Diskusgranate
15 alemana. Son feas de cojones, ¿que no?
Otro de los primeros modelos en usar una espoleta de impacto fue la granada de disco alemana, la Diskusgranate mod. 1915, un curioso artefacto defensivo con el cuerpo prefragmentado en el interior y provisto de seis detonadores cuya intención era producir la explosión gracias a la inercia de un percutor en forma de estrella situado en el centro de la granada. Así, cayese como cayese, se aseguraba la explosión. Por cierto que, gracias a su peculiar morfología, un lanzador podía alcanzar los 50 metros de distancia. En todo caso, no tuvo una vida operativa precisamente extensa debido a las preferencias por otros modelos en servicio. Por citar una más del período de la Gran Guerra tenemos la P1 francesa, conocida como granada de pera o de cuchara. El primer mote era por su forma, y el segundo por la palanca que armaba la espoleta, de aspecto parecido a uno de esos chismes tan útiles para tomarse la sopa. Tuvo también poca vida operativa, pero en este caso porque tenía más peligro que un alacrán infectado de viruela, y es que ambos modelos tenían el mismo defecto: quedaban armadas antes del lanzamiento, lo cual era bastante inquietante, por lo que se prefirieron los modelos provistos de seguro de distancia por si las moscas. Pero, cuestiones de seguridad aparte, las granadas con espoleta de impacto eran muy útiles para preparar trampas explosivas ya que, una vez armadas y manipuladas con precaución, podían idearse infinitas maldades para chinchar al enemigo. Por ejemplo, poner una encima de una puerta entreabierta. Si alguien la abría, la granada caía al suelo y explotaba, cosa que no se podía hacer con una de retardo. Bueno, dicho esto veamos como funcionaban estas granadas.


ESPOLETAS DE IMPACTO. En este caso mostraremos la secuencia en el modelo británico nº 69 Mk.I que entró en servicio en 1940 y que se asemeja mucho a la fabricada en España por Plásticas Oramil, S.A., la cual puede que muchos recuerden si tuvieron la ocasión y el honor de servir a la Patria antes de que se aboliera el servicio militar. Me refiero a las PO-1, 2 y 3 que parecían talmente un termo para gnomos, pero que con sus 150 gramos de trilita daban unos petardazos importantes. Al igual que la PO-1, la nº 69 era una granada ofensiva con el cuerpo de baquelita que quedaba pulverizado por la acción de la carga explosiva, en este caso de 92 gramos de amatol, ácido pícrico o baratol y, según vemos en el gáfico de la derecha, estaba provista de un seguro de distancia en forma de cinta, como era habitual, así como un seguro de transporte que sería el tapón superior, el cual impide que se deslíe la cinta hasta que se arroje la granada. La secuencia sería la siguiente:

1. El lanzador gira el tapón y lanza la granada sin más historias. No hace falta que lo haga de inmediato ya que hasta que no vuele por los aires no se desliará la cinta del seguro de distancia.

2. Una vez lanzada y según vemos en la figura central, el contrapeso de plomo situado en el extremo de la cinta ayudará a desliar los 29 cm. de dicha cinta. Al final de la misma está unida al pasador de seguridad que, una vez extraído, liberará la bola de inercia. Cuando se produzca el impacto, esta golpeará el percutor que a su vez iniciará el detonador, y este a su vez la carga explosiva. 

En sí, como decíamos, este sistema era bastante eficaz por su seguridad a la hora de manejarlas tropas poco o nada entrenadas ya que evitaba multitud de accidentes. No obstante, la bola de plomo podía causar, y de hecho causó, heridas en los mismos lanzadores. La PO-1 no solo tenía la bola en cuestión, sino también la carcasa de latón que alojaba el percutor, así que había que tener cuidado porque no eran cien por cien inofensivas para el que las arrojaba. En cualquier caso, como ya hemos dicho, el principal cometido de este tipo de granadas era acojonar al personal y, si caían en una trinchera o una casamata, la onda expansiva podía resultar mortífera ya que su radio letal oscilaba por los 2 o 3 metros en campo abierto, y en un sitio cerrado eran devastadoras.

Bueno, dilectos lectores, con esto terminamos. Los cuatro tipos de espoletas más empleadas son las que hemos ido viendo a lo largo de esta entrada, que espero haya resultado clarificadora para los que están hartos de ver como se lanzan esos chismes pero nunca han podido averiguar como leches funcionan. 

Acaba de sonar la campana de la merienda, así que me piro prestamente.

Hale, he dicho

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Granadas de mano

Sobrino del tío Sam arrojando una granada, posiblemente una Mk I muy similar a la F1 francesa. Como en tantas cosas,
el ejército yankee adolecía de una carencia total de este tipo de armas cuando se sumó a la fiesta. La producción en masa
del modelo mencionado no se pudo iniciar hasta después del verano de 1917

lunes, 23 de octubre de 2017

Lanzadores de granadas durante la 1ª Guerra Mundial, 2ª parte


Escuadra de granaderos franceses en plena acción


Poilu a punto de disparar una granada VB con
su Lebel. En la bolsa que le cuelga del pescuezo
lleva más para enviárselas a los tedescos
Prosigamos...

Mientras que los british (Dios maldiga a Nelson) se dedicaban a sus trapicheos con las bocachas lanzagranadas que vimos en la entrada anterior, los gabachos (Dios maldiga al enano corso) hacían lo propio y, las cosas como son, con un modelo tanto de bocacha como de granada más acertado. Al igual que sus aliados, tuvieron sobrados motivos para llevar a cabo el diseño ya que las granadas de fusil con vástago, como ya se comentó en su momento, tenían la irritante tendencia a deteriorar el estriado de las armas, dejándolas inútiles para disparar cartuchería de guerra normal. Así pues, y tras varios intentos fallidos para encontrar algo razonablemente válido, dos civiles dieron con la solución. Los artífices del invento fueron Jean Viven, un industrial dedicado a cuestiones metalúrgicas, y Calix Gustave Bessières, un ingeniero mecánico a los que se debió un diseño que se mantuvo operativo hasta los años 90 en manos de las unidades anti-disturbios para el lanzamiento de gases lacrimógenos y demás porquerías para hacer ver a la ciudadanía cabreada que se está mejor en casa, apalancado en la butaca viendo pelis chulas de guerra.

El invento en cuestión consistía en una bocacha como la que vemos en la foto de la izquierda, provista de un vástago con dos ranuras que era encajado en el cañón del fusil simplemente a presión, por lo que las tolerancias en su fabricación eran mínimas para que no tuviese holguras. Una de las ranuras era para el punto de mira, mientras que la otra era para dar cabida al raíl de engarce de la bayoneta. La banda moleteada era para facilitar la extracción con las manos llenas de mugre, grasa o cualquier porquería resbalosa. Tenía un peso de 1,5 kg. y su diámetro interior era de 5 cm. Junto a la bocacha vemos la funda de cuero donde se guardaba y que se prendía al cinturón del correaje. Se entregaban 16 unidades por compañía con la finalidad de desplegar una gran potencia de fuego tanto a la hora de atacar como de defenderse, pudiendo abarcar un frente de hasta 200 metros con una cadencia de 150 granadas por minuto, lo que suponía una barrera artillera en miniatura sumamente eficaz si era necesario detener en seco el avance del enemigo hacia sus posiciones.

Granada VB
En cuanto a la granada que disparaba, en honor a sus inventores recibió el nombre de Grenade à fusil Viven-Bessières o, simplemente, VB. Contrariamente a las británicas, que eran granadas Mills con un accesorio que permitía su uso en este tipo de lanzador, la VB estaba concebida para ser empleada exclusivamente con su bocacha. Esto, que podría parecer un inconveniente de cara a la logística del ejército, no solo no supuso ningún problema sino que facilitó en gran medida su uso porque no necesitaba cartuchos de proyección ya que era disparada con la munición convencional. De hecho, debido a la tensión del combate más de una vez algún british introdujo un cartucho de guerra en vez de uno de proyección a la hora de lanzar una de sus granadas, con las consecuencias que ya podemos imaginar. Este problema no se podía dar en la VB porque, simplemente, era la bala la que activaba la espoleta. Veamos sus entresijos...



En la figura A tenemos una vista en sección de la granada, por cuyo centro transcurría un orificio por el que pasaba la bala. El tapón marcado en rojo era para llenarla de explosivo. El verde tapaba el alojamiento del multiplicador que hemos marcado en naranja. Para impedir accidentes por golpes o caídas accidentales- recordemos que el fulminato de mercurio era más inestable que la moral de un político reclamado en 37 juzgados por corrupción- encima del tapón llevaba un tope de caucho. El tapón amarillo era el alojamiento de la mecha de retardo de 8 segundos que podía tener una tolerancia de ±1 segundo. Finalmente, en color púrpura vemos el pistón que iniciaba la mecha. El proceso de disparo podemos verlo en las siguientes figuras. En la B vemos como la bala avanza por el orificio central. Los gases que le siguen son los que impulsarán la granada fuera de la bocacha. En la figura C vemos el instante en que la bala empuja el percutor que detona el pistón, iniciando el retardo que, una vez consumido, hará detonar el multiplicador y este a su vez la carga explosiva. Si alguien no acaba de verlo claro, en la foto de la derecha puede que lo aprecie mejor. La flecha roja marca el pistón, mientras que la azul señala el percutor. 

Para evitar posibles accidentes con el multiplicador ya montado en las granadas, estas iban protegidas por una tapa de latón como vemos en la foto de la izquierda. Estas tapas también tenían el orificio para la bala ya que podían dispararse dos a la vez, aumentando así su cadencia de tiro. A la derecha vemos el interior de una de estas granadas que, como se aprecia, estaban divididas mediante acanaladuras en 40 partes para facilitar una fragmentación uniforme. El motivo de hacerlo así en vez de por fuera, como era lo habitual, era impedir fugas de gas entre las acanaladuras, lo que mermaría su alcance. El peso total de la granada era de 490 gramos, y su carga era de 60 gramos de chedita, un explosivo habitual en los proyectiles franceses que debe su nombre a la ciudad de Chedde, una población francesa donde estaba radicada la firma Berges, Corbin & Cie., empresa en la que trabajaba su inventor, E. Street, que lo creó en 1897.

Granadero francés introduciendo una VB en la bocacha
de su fusil. Entre la mano izquierda se adivina el tapón
de otra granada
Su manejo era aún más fácil que el de las granadas británicas. Solo había que introducirlas en la bocacha, cargar el fusil y disparar. No era necesario remover ningún tipo de seguro o activar algún mecanismo. Lógicamente, esto no solo repercutía en la seguridad del hombre que la manipulaba, generalmente sometido a la tensión del combate salvo que las lanzara desde la seguridad de la trinchera, sino que facilitaba enormemente aumentar la cadencia de tiro. Por otro lado, su pequeño tamaño permitía llevar encima una buena cantidad de ellas, de forma que los 16 granaderos por compañía que citamos anteriormente podían desencadenar un verdadero infierno en caso de querer desalojar una trinchera enemiga o de detener un ataque. Cuando ya no era necesario proseguir con los lanzamientos solo había que extraer la bocacha y guardarla en su funda sin necesidad de cambiar de munición ni nada por el estilo. Buena prueba de su eficacia es que se mantuvieron operativas durante todo el conflicto, alcanzando una producción de 50 millones de unidades. Estuvo en servicio hasta aproximadamente 1940.

Su alcance máximo era de unos 190 metros a 45º, disponiendo de un sistema de puntería que podía acoplarse en el lateral izquierdo del fusil, atornillado en el alza. Este chisme, que podemos ver a la izquierda, recibía el nombre de appareil de pointage et de repérage Modèle 1917, que traducido en román paladino viene a significar dispositivo de puntería y marcación modelo 1917. Este aparato estaba graduado desde los 50 a los 85 grados con escalas de 10 metros, lo que permitía cubrir distancias entre los 175 y lo 80 metros. Para disparar se recurría al mismo método explicado en la entrada anterior: bien apoyando la culata en el suelo o bien desde la cadera o el hombro. Aunque el retroceso era muy violento, al parecer no se producían las roturas en los guardamanos frecuentes en los Enfield británicos. 

Para el tiro desde posiciones estáticas se disponía de una base que, lógicamente, permitía una precisión mucho mayor. Como se puede apreciar en el dibujo, en la parte delantera llevaba unas picas para fijar el soporte al terreno e impedir que con el retroceso producido tras cada disparo hubiese que volver a apuntar el arma. En la práctica, estos artefactos convertían un simple fusil en un lanzagranadas a pequeña escala como los que hemos visto en las entradas correspondientes a este tipo de armas y que, aunque con unos efectos muy inferiores como es lógico, no por ello dejaban de ejercer una fuerte presión psicológica en los enemigos a base de someterlos a un machaconeo constante. 

El tiempo de permanencia en el aire, dependiendo del alcance, oscilaba entre los 5 y los 7 segundos según vemos en la tabla de la izquierda. Conviene aclarar que todos los cálculos, tanto para lanzar desde posición estática como a mano, estaban basados en dos factores: el primero era el tipo de munición, en este caso concreto el cartucho con bala tipo D (puntiaguda de cobre macizo y ranura de engarce) y pólvora tipo BN de filiación 3F. El segundo sería la temperatura ya que, a medida que se disparaba, el cañón se calentaba, lo que suponía un aumento de presión que, lógicamente, influía en la potencia del lanzamiento. Es decir, que si se mantenía fuego sostenido habría que ir corrigiendo el tiro a medida que la temperatura del arma fuese ascendiendo.


Por último, comentar que esta bocacha podía disparar también bengalas de señales, con o sin paracaídas, e incluso granadas porta-mensajes como la que vemos en la foto. Este tipo de artilugio, que creo haber comentado en alguna ocasión para otro tipo de arma, venía bastante bien para enviar mensajes a posiciones que, por el motivo que fuese, habían quedado aisladas o bien por haber sufrido alguna interrupción en la línea telefónica. En su interior había un pequeño contenedor que era cerrado con el tapón superior, más una carga fumígena para permitir su localización una vez que caía al suelo. Su alcance máximo era de 350 metros, y para lanzarla era preciso recurrir a un cartucho de proyección como el que vemos en la foto. Las bengalas eran lanzadas también con ese tipo de munición. No obstante, este tipo de granada no fue precisamente exitosa ya que si caía sobre un suelo duro el tapón se partía, perdiendo el mensaje, y si era demasiado blando se enterraba y no quedaba ni rastro de la misma.

Doughboy yankee cargando su Springfield para
disparar una granada. La bocacha que usa es la
original francesa encajada a presión
Debemos añadir que los yankees adoptaron tanto la granada como la bocacha a su llegada a Europa ya que carecían de este tipo de armas, siendo adquiridas 50.000 unidades a las que hubo que modificar las ranuras para adaptar las bocachas a los cañones de los fusiles Springfield mod. 1903. Por cierto que, en un alarde de despiste majestuoso, las granadas fabricadas por los yankees estaban copiadas de las francesas, calibradas como es lógico para el cartucho de 8x50R del Lebel, por lo que el orificio para la bala era demasiado grande para el proyectil de los cartuchos 30-06 del Springfield, lo que dio lugar a no pocos problemas. Total, que tuvieron que desecharlas y fabricarlas de nuevo con las modificaciones pertinentes. Posteriormente se fabricó también una bocacha modificada, la Mk. IV que vemos en el detalle de la foto superior y que, contrariamente al modelo original, tenía un engarce en espiral y un bloqueo mediante dos tornillos que fijaban sólidamente la pieza al cañón del arma. 


Tras el problema surgido con la diferencia de diámetro del orificio para la bala, las granadas que se fabricaron en USA tenían dicho orificio de mayor diámetro que las originales francesas, lo que no acabo de entender porque el 30-06 es de un calibre inferior al 8x50R  del Lebel. Pero, sea como fuere, la cosa es que si se disparaba una VB fabricada en Francia en un Springfield se producían peligrosos picos de presión, por lo que idearon un sistema bastante elemental para que ambas granadas fueran intercambiables. Se limitaron a abrir dos pequeños orificios en la base de la bocacha que facilitaban la salida del excedente de presión. En la foto superior podemos observar uno de ellos dentro del círculo rojo en una vista superior de una bocacha Mk. IV en la que, además, vemos el sistema de fijación mediante tornillos mencionado en el párrafo anterior. Se pueden apreciar junto al punto de mira.

Lebel con su tromblon montado. Tromblon era el nombre que le daba los gabachos a la bocacha. Significa trabuco.
Qué originales, ¿no?

Bien, ya solo nos resta comentar el lanzador empleado por el ejército alemán que estaba claramente inspirado, por no decir casi copiado, del que acabamos de ver. Cabe suponer que los alemanes, que consumían granadas de fusil en cantidades industriales, debieron echarle el guante a un poilu equipado con bocacha y granadas y las fusilaron bonitamente si bien, eso sí, con las mejoras pertinentes, que para eso los tedescos se pintan solos. No obstante, conviene aclarar que, aunque la granada estaba inspirada en el mismo sistema de funcionamiento, contenía algunas mejoras e incluso su forma era diferente. En la foto de la derecha tenemos un grupo de granaderos en una posición estática pasando el rato lanzando granadas modelo 1914, de las que ya hablaremos en su momento y que, como ocurría con las demás granadas provistas de vástago, dejaban las ánimas de los cañones listas de papeles en menos que canta un gallo. De ahí, lógicamente, su interés por copiar la VB de los gabachos.

La bocacha, como vemos, era muy similar salvo con dos diferencias. Una, que su interior tenía 6 centímetros de diámetro, o sea, era un centímetro más gruesa que la francesa. Y dos, la más importante, es el disco de fijación de que iba provista. Este era básicamente una tuerca moleteada cuya finalidad era bloquear mediante presión la bocacha al cañón del fusil y que, al contrario que su homóloga, tenía solo una ranura para dar cabida al punto de mira ya que el encastre de la bayoneta quedaba demasiado atrás. Por lo demás, su cometido era exactamente el mismo: servir de lanzador a la granada. En cuanto a su denominación oficial era Schießbecher, que podríamos traducir como copa de disparo.

Gewher 98 con la bocacha montada


En cuanto a la granada se trataba de la Gewehrgranate 17, o sea, granada para fusil modelo 1917, año en que entró en servicio este chisme. A la derecha podemos verla y, por su aspecto, los aliados las llamaban ink pot, tintero, y ciertamente no andaban muy descaminados. Como salta a la vista, su apariencia no se asemeja en nada a la VB salvo por el orificio central y en que, aunque no salga en la foto, también estaba pre-fragmentada interiormente. Por lo demás, la ausencia de mecanismos en la parte exterior de la granada le permitía prescindir de dispositivos de seguridad para su transporte, como ocurría con la granada francesa. Veamos el interior...



Aspecto de la granada desmontada antes de proceder a su
carga. El alojamiento para el retardo y el multiplicador
estaba en la parte superior si bien en el ejemplar de la
foto ha desaparecido. Dicho alojamiento estaba conectado
con el orificio que se ve en un lado del tubo central
Esta granada carecía de tapón de llenado para el explosivo. Al estar fabricada en dos partes, que hemos señalado con una raya púrpura, se introducía la carga, en la mitad inferior y la mecha y el multiplicador en la superior para, a continuación, sellar ambas partes. En la figura A vemos la granada ya cargada y con sus accesorios. En rojo tenemos el tapón por donde se introducía el pistón (en amarillo) que iniciaba la mecha, lo que permitía manipular las granadas sin riesgo hasta que dicho pistón era introducido ya en el frente. En naranja tenemos el multiplicador y en verde la mecha de retardo de 5 segundos. En la figura B ya vemos como la bala avanza por el orificio central mientras que los gases de la pólvora empujan la granada fuera de la bocacha, de la misma forma que ocurría con la VB. Finalmente, en la figura C vemos como la bala, antes de abandonar la granada, impacta contra el pistón, haciendo que este inflame la mecha.

Aspecto de la bocacha montada en el fusil y con una granada lista para
ser lanzada
El peso de la granada era de 440 gramos, y la carga de 36 gramos de trinitrotolueno, un explosivo obtenido mediante la mezcla en caliente de tolueno con nitrato y ácido sulfúrico. Es lo que en España conocemos como trilita. Es un explosivo muy estable y, muy importante en este caso, no explotaba si por accidente la bala golpeaba y/o penetraba en la granada. El alcance oscilaba por los 180 metros, más o menos similar a las de sus adversarios.

Inicialmente se distribuyeron cuatro bocachas por compañía, número que se duplicó a partir de 1918. En lo referente a sus efectos, alcances y demás podemos remitirnos a todo lo detallado en las VB. Y, faltaría más, también disponían de una base para fijar el fusil en una posición estática, pero hecho en plan germano, o sea, una virguería absoluta. Ese trasto lo introdujeron en 1915 para disparar granadas de fusil convencionales y, lógicamente, también sirvió para el modelo que nos ocupa. Como vemos, disponía de regulación vertical y horizontal, y hasta de un muelle helicoidal para que el retroceso no afectase a la culata. La base consistía en una pesada plancha metálica para darle estabilidad al conjunto. En fin, una chulada tedesca. 


Miembros de la UIP en acción con un par de escopetas provistas de
bocachas. A la izquierda vemos los cartuchos de proyección de las mismas
Puede que durante la lectura de estas dos entradas a alguno que otro se le hayan venido a la mente las escenas en que las unidades de anti-disturbios se ven obligadas a disolver manifestaciones formadas por ciudadanos irritados por algún motivo o, simplemente, por los cafres esos que no es que protesten por alguna medida injusta, sino que están contra el mundo entero y tienen como oficio producir el caos, atemorizar a la gente y destrozar mobiliario urbano. Las bocachas que usan para lanzar botes de humo, de gas CS o esas pelotas que están duras como un cuerno son herederas directas de las que acabamos de ver y funcionan exactamente igual, así que ya vemos que, a pesar de que ha transcurrido un siglo desde su invención, la vigencia del diseño se mantiene y así seguirá durante muchos años salvo que la paz reine en el mundo, cosa que dudo. Bueno, no nos engañemos, no lo dudo, estoy totalmente convencido de que eso no ocurrirá mientras haya dos humanos vivos. Cuando quede nada más que uno por fin habrá paz porque entonces ya solo podrá pelearse consigo mismo, y eso es bastante aburrido.

Bueno, con esto concluimos. Supongo que después de estas dos enjundiosas entradas podrán vuecedes chafar al cuñado más empollado en este tema, así que podrán humillarlo de forma inmisericorde hasta dejarlo transido de amargura. 

En fin, ya hablaremos otro día de las granadas de fusil para completar esta interesante temática.


Foto obviamente destinada a la propaganda que muestra una ametralladora Maxim MG 08/15, un fusil con su
bocacha y hasta una P08 que empuña el fulano del extremo izquierdo, más la Mauser C96 del sargento de la derecha.
Todo un arsenal para mandar la foto a casa y poner a la familia contentita