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jueves, 2 de agosto de 2018

VEXILLUM LEGIONIS


Probos ciudadanos recreacionistas haciendo como que parten del campamento a darle estopa a los enemigos del
imperio. Junto al SIGNIFER marcha el VEXILLARIVS

Bajorrelieve del Arco de Marco Aurelio que presenta
la rendición de sus enemigos germanos. Junto al césar
se aprecian dos VEXILLARI de sus legiones
Bien, prosigamos con el tema de las enseñas legionarias, que aún queda camino por delante. Hoy, el VEXILLVM, un característico estandarte que, aunque más antiguo que la AQVILA, era el segundo más importante en una legión. Como dato curioso, su morfología perduró hasta nuestros días a lo largo del tiempo. En la Edad Media, en los gonfalones usados en Italia, durante los siglos XVIII y XIX en muchos estandartes del ejército prusiano y, ya en el siglo XX, como componente indispensable en la parafernalia nazi. E incluso hoy día los conservamos en los simpecados cofradieros que solemos ver en las procesiones de Semana Santa. Pero antes de entrar a fondo en el tema, veamos el origen del palabro. Según el visigodo Isidoro, que se molestó en legarnos unas enjundiosas etimologías de mogollón de términos latinos, VEXILLVM procede de VELVM, uséase, vela. Pero no la de cera, sino de barco. Según este eminente personaje, es una forma corrupta del diminutivo de VELUM, que sería VELXILLVM. VELVM tiene otras acepciones como toldo, manto, tela o cortina, siendo de esta última donde proviene visillo, o sea, una tela que, estando colgada oculta, es decir, VELARE, el interior de la casa. Recuerden esta chorradita para sorprender a la parienta cuando les de el coñazo para que cojan la escalera y le pidan que los descuelguen para echarlos a la lavadora porque la costra de nicotina adherida tiene ya un espesor tal que no deja ni pasar la luz. Bueno, coñas aparte, VEXILLVM sería como decir velita o cortinita. 

Probo ciudadano votando en unos comicios. Los romanos lo
votaban todo, y no como ahora, que votar es dar a un fulano
y sus palmeros patente de corso para hacer lo que les de
la gana, especialmente robar y colocar cuñados por la jeta
El VEXILLVM era pues un trozo de tela cuadrangular, generalmente de unos 50 cm. de lado, que pendía de una asta que, a su vez, sostenía la bandera mediante un travesaño horizontal. No se sabe cuándo se adoptó para uso militar, pero parece ser que se inspiraron en una enseña de origen etrusco o incluso celta, si bien la realidad es que aún no se sabe con exactitud su procedencia. La representación más antigua que se conoce de este estandarte es la que aparece en una urna datada en tiempos de Sila, donde aparece un sujeto portando un VEXILLVM. Este hombre representa a un APPARITOR, un funcionario público cuya misión era actuar de asistente a los magistrados. Pero, además, se sabe que era izado en el monte Juniculo mientras se celebraban las COMITIA CENTVRIATA, las asambleas del pueblo que formaban parte del intrincado sistema legislativo y político de la antigua república. Por lo tanto, parece ser que este estandarte era usado como distintivo de determinados personajes o eventos  civiles antes de ser adoptado por el ejército. 

En lo tocante a su uso militar, al igual que la AQVILA, su custodia era encomendada a la 1ª cohorte de cada legión y era depositado junto a los demás SIGNA en el SACELLVM, el santuario donde se custodiaban las enseñas de todas las unidades acantonadas en un CASTRVM. En las imágenes inferiores podemos ver una recreación de dicho recinto. A la izquierda tenemos su aspecto exterior, y a la derecha una vista del interior. En el pozo que se abre en el centro de la estancia se guardaban los dineros custodiados en el campamento para el salario de las tropas, adquisición de vituallas, mantenimiento, el wifi gratuito para el personal, etc. Una vez cubierto con su trampilla se colocaba sobre el mismo un pequeño altar con todos los dioses preferidos de la legión de turno.



Pero el VEXILLVM era además, según palabras de Virgilio, un estandarte de guerra en toda su extensión. Cabe suponer que tal afirmación se debía a que, cuando se declaraba el estado de alarma, se sacaba del SACELLVM y se plantaba delante del pabellón o la vivienda del legado que mandaba la legión a modo de llamada a las armas. Pero, por otro lado, ya en tiempos de César se denominaba como VEXILLATIO  a unidades segregadas de una legión que, por el motivo que fuese, eran enviadas a llevar a cabo determinados servicios fuera de su campamento. A estas unidades, cuyo número de efectivos no era fijo sino que se supeditaba a las necesidades de cada momento, se les daba ese nombre y recibían sus propios VEXILLI para ser identificados por propios y extraños. Del mismo modo, en caso de necesidad se recurría a VEXILLATIONES nutridas por veteranos que eran llamados de sus dulces retiros para ir a dar un poco de guerra.


Durante las marchas se colocaban a los lados de las AQVILÆ de las legiones que formaban el ejército, y una vez entrados en combate se situaban al frente de la 1ª cohorte que, como dijimos, estaba encargada de su custodia. Ya se explicó en la entrada anterior como evolucionaban las distintas enseñas durante la batalla, así que no lo vamos a repetir de nuevo. Solo añadir que, como vemos en la foto de la derecha, en caso de que la legión se viese abrumada por los enemigos, el VEXILLVM debía ser protegido a toda costa, colocándose en el interior de la formación. Para un soldado romano, las enseñas eran sagradas, y lo importante era "NEQVE AB SIGNIS DISCEDERE", o sea, no abandonar los estandartes. Solo matando a sus defensores podrían sus adversarios apoderarse de ellos. Como ya sabemos, los romanos eran terriblemente supersticiosos, y la perspectiva de perder sus emblemas en batalla era peor que si se les presentasen sin avisar en el campamento los 6.000 cuñados de cada efectivo de la legión. No obstante, el valor espiritual del VEXILLVM no alcanzaba al del AQVILA, por cuya posesión cualquier legionario era capaz de dejarse arrancar las tiras de pellejo.


En el caso que nos ocupa, no solo las unidades de infantería tenían su propio VEXILLVM, sino también las de caballería, tanto las TVRMÆ de cada legión como las ALÆ. Su morfología era básicamente la misma que la del VEXILLVM de infantería, de cuyos detalles daremos cuenta más adelante. Lo único que variaba de forma ostensible era, como es lógico, el tamaño del asta, más corta en este caso para ser manejada con más comodidad. En la imagen de la derecha podemos ver varios ejemplos procedentes de la columna de Antonino Pío. Tanto a la izquierda del bajorrelieve como en el extremo opuesto podemos ver como los VEXILARII se pasean a caballo con sus respectivas enseñas mientras que en el centro vemos a unos SIGNIFERI de infantería.


El estatus del VEXILLARIVS era similar al del AQVILIFER, o sea, eran equiparables a un suboficial de nuestros días. Jerárquicamente estaban por debajo del centurión y por encima del OPTIO. Así mismo, la elección para el cargo recaía por sistema en hombres de probada valía y arrojo ante el enemigo. En tiempos de paz sus quehaceres eran los mismos que los de sus demás colegas abanderados dedicándose a cuestiones de tipo administrativo, y su salario era el mismo: doble paga. Su indumentaria era la reglamentaria del ejército, pero, en este caso, con el añadido de la típica piel de oso o lobo que tanto se ha popularizado. Los VEXILLARII de la guardia pretoriana usaban pieles de león, que era un bicho de más categoría y para eso ellos eran los guardias de la persona del emperador. En las fotos de arriba podemos ver dos VEXILLARII, el de la izquierda de una legión normal y corriente cubierto con una piel de lobo, mientras que el de la derecha pertenece a la guardia pretoriana con su pellejo leonino. En su VEXILLVM vemos el bicho tótem de esta selecta unidad: el escorpión. Por lo demás, ambos llevan en su costado izquierdo una PARMVLA, la pequeña rodela que empleaban en lugar del pesado SCVTVM reglamentario.


En cuanto al aspecto del VEXILLVM, ya hemos comentado sus dimensiones aproximadas. El asta, de madera que podía estar forrada por una fina lámina de plata, estaba rematada bien por una moharra lanza, una pelta o, como aparecen en la escena V de la columna de Trajano, pequeñas imágenes de dioses. El color de la tela era rojo o púrpura para que resultase bien visible en la distancia, y en la misma se solía pintar el número de la legión y el nombre del emperador o bien algún animal zodiacal relacionado con la unidad. Por ejemplo, la LEGIO X, la favorita de César, llevaba pintado un toro, animal asociado con la diosa Venus, la GENITRIX o tronco familiar de la GENS IVLIA, es decir, de donde provenía el clan de los Julios. Eso son antepasados y lo demás son chorradas, ¿que no?.. La parte inferior se remataba con flecos de oro, y tanto las letras como el animal o figura que acompañaba al texto podían estar pintados, bordados o sobrepuestos con tela de otro color. También se podía dar el caso se estar profusamente bordado a base de motivos florales con hilo de oro para que resultase aún más vistoso. A la derecha tenemos un par de ejemplos. El de la izquierda está basado en un bajorrelieve del Arco de Constantino, y pertenece al período de Marco Aurelio. El VEXILLVM está formado por un trozo de tela cuadrangular o STOLA púrpura festoneada por arriba y los lados y rematada en su parte inferior por una hilera de flecos dorados. A ambos lados penden dos correas de cuero en cuyos extremos vemos dos piezas metálicas llamadas SIPHARA que podían tener forma de almendra, pelta o corazón. El ejemplar de la derecha corresponde a la tipología más básica que se puede ver en multitud de bajorrelieves y monedas de la época. Con todo, hay que tener en cuenta estos ejemplos, aún siendo los más habituales, no eran los únicos, y se tiene constancia de otros diseños en los que variaba el material de las SIPHARA, que podrían ser de tela, o de la distribución de los emblemas dentro de la STOLA.


Como colofón, un par de chorraditas más. Una de ellas es que solo se ha hallado un VEXILLVM de época que podemos ver en la foto de la derecha. La pieza, aparecida en Egipto y datada hacia el siglo III d.C., presenta una diosa con una corona de laurel en una mano y una palma de la victoria en la otra. Fue hallada a principios del siglo XX. El VEXILLVM, como pasó con las águilas, no desapareció con el advenimiento del cristianismo como religión oficial. Una vez que Constantino se hizo un "ferviente cristiano" se les añadió en la parte superior del asta el crismón, dejando así de lado su vertiente pagana. Acababan pues de nacer los lábaros, palabro que sale mucho en los crucigramas como "estandarte de los emperadores romanos", pero en realidad lo fueron a partir de Constantino y no como estandartes de emperadores, sino con el mismo uso que tenían desde hacía siglos. En cuanto al término lábaro, lo usó por primera vez hacia el 400 d.C. un poeta de origen hispano llamado Aurelio Clemente Prudencio (348-410), considerado como uno de los mejores autores de su tiempo. Sin embargo, no se sabe aún de dónde leches sacó el palabro, porque al día de hoy aún se desconoce su etimología. Y por último, comentar que la actual ciencia de la vexilología que estudia las banderas y demás enseñas similares tomó su nombre precisamente de estos estandartes.

Bueno, con lo dicho supongo que ya tenemos información sobrada para apabullar a cualquier cuñado, así que vale por hoy. Ya proseguiremos porque, como decía el eximio y añorado Daniel Rabinovich en su impagable monólogo, él te mató. Davía da... ¡pará!...más.

Hale, he dicho

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AQUILA LEGIONIS


Recreación según Angus McBride de la batalla de Teutoburgo, librada en el año 9 d.C. y que resultó una de las más aplastantes derrotas sufridas por las legiones romanas en toda su historia . La escena muestra a Marco Caelio, centurión de una VEXILLATIO de veteranos de la LEGIO XVIII cuyo VEXILLARIVS aparece con la jeta cubierta con una máscara típica de las unidades de caballería. Al parecer, fue una práctica común entre los VEXILLARII durante el siglo I d.C.

domingo, 15 de julio de 2018

AQUILA LEGIONIS


Probos ciudadanos recreacionistas encabezados por el AQVILIFER, el legionario sobre el que recaía una de las más
grandes responsabilidades del ejército romano: portar y defender el águila de su legión. A su izquierda marcha el
PRIMVS PILVS, y detrás el SIGNIFER de la 1ª cohorte, que por norma era la depositaria del águila

Shhhhhhist... Ni una palabra. Todo el mundo como si tal cosa, no sea que la agquegoza de la musa haya venido solo a cambiarse las bragas y no a quedarse tras su interminable periplo del que hoy, casualmente, se cumplen ya dos largos meses. No conviene darle a entender que su presencia es de vital importancia para la continuidad del blog, así que actuemos como si tal cosa, en plan fray Luis de León cuando volvió a su cátedra tras cinco años en la trena y soltó su famoso "como decíamos ayer", ¿entendido? Bien, a lo que vamos...

Fragmento de la Paleta de Narmer (c. 3050 a.C.) en la que aparece el
faraón homónimo precedido por cuatro enseñas de su ejército
Desde los tiempos más remotos los ejércitos han hecho uso de un extenso surtido de símbolos con diversos fines, desde algo tan práctico como facilitar a sus jefes el conocer su posición en el campo de batalla como para anunciar al enemigo que tenían muy mala leche y que se mearían en sus míseras calaveras si no se largaban de inmediato camino de vuelta a su territorio. Ídolos antropomorfos, animales de aspecto feroz o incluso la jeta de algún cuñado mostrando sus fauces ávidas de vísceras permitían distinguir una unidad de otra o la situación del comandante del ejército durante la batalla. Sin embargo, las profundas connotaciones de tipo religioso o espiritual que incluso hoy día tienen las enseñas de los ejércitos fueron creadas, como no, por los insignes hijos de la augusta Roma que, como en tantas otras cosas, han sido los que dieron forma a nuestra civilización moderna.

Denario de plata de Heliogábalo en el que se puede ver
un AQVILA con sendos SIGNAS a cada lado, lo que
denota la importancia simbólica de los estandartes que
hasta aparecían en las monedas
Las SIGNA MILITARIA, las enseñas militares, ya no solo servían para que el general pudiera constatar que tal o cual unidad no había tomado las de Villadiego, o que permanecían clavados al terreno combatiendo al enemigo con la furia y el denuedo que se esperaba de ellos, sino que fueron envueltas en un halo glorioso, una mezcla de superstición y religiosidad y, lo más importante tal vez, permitieron crear lo que hoy conocemos como "espíritu de cuerpo", un sentimiento de camaradería y unidad bajo un símbolo común que convertía a una legión en una bloque monolítico dispuesto a entregar gustosamente el pellejo en el campo de batalla con tal de no dejar a parte de los suyos a merced de los enemigos y, aún más importante quizás, a no permitir que su prestigio como guerreros fuera puesto en entredicho. La cosa evolucionó de tal forma que la sola perspectiva de perder los estandartes en manos del enemigo les provocaba vahídos de terror porque eso solo significaba una cosa: eran unos mierdecillas que no habían puesto toda la carne en el asador, habían sido vilmente acoquinados por una caterva de bárbaros y todas las maldiciones y castigos tanto divinos como humanos serían pocos para purgar semejante felonía. De hecho, la posibilidad de perder los estandartes en combate era tan terrorífica que se dieron casos de comandantes de unidades que, al ver flaquear a sus tropas, tomaban las enseñas y las arrojaban hacia las filas enemigas para obligar a sus hombres a revolverse y a recuperar el empuje para rescatarlas como fuese.

La cosa alcanzó un arraigo tan profundo entre los supersticiosos romanos que veneraban a sus enseñas como objetos divinos, las ungían como si de dioses se tratase e incluso hacían sacrificios en su honor, juraban por ellas como se juraba por los dioses y eran guardadas celosamente en los SACELLI, unos pequeños santuarios ubicados en el centro de los campamentos durante los períodos de paz como si fueran las imágenes de sus deidades, y hasta los manes y lares del personal quedaban relegados a un segundo plano cuando se alistaban en el ejército. Cuando un romano se enrolaba en una legión su principal objeto de adoración eran las SIGNA, a ellas se debía por encima de todo, y se dejaría arrancar las tiras de pellejo defendiéndolas hasta el final de su existencia. No debe de extrañarnos esta actitud ya que hoy día se sigue jurando defender la bandera "hasta la última gota de nuestra sangre", y perderla o verla en manos del enemigo es aún la mayor deshonra y la más tremenda humillación que puede sufrir un ejército. Solo en contadas ocasiones el pánico se apoderó de las tropas y estas abandonaron sus enseñas, como en el episodio que vemos a la derecha, donde aparece el mismísimo César intentando detener a sus tropas en fuga que, sorprendidas por las tropas pompeyanas cuando atacan el campamento enemigo en Dirraquio, salieron en desbandada abandonando hasta la cartera con el DNI. No fue una jornada gloriosa precisamente, pero la falta de decisión de Pompeyo para rematar su victoria le impidió acabar con su enemigo para siempre, lo que con el tiempo acabó costándole a él la vida. Otro caso sonado fue el de la tremenda derrota sufrida por Varo en Teutoburgo, donde naturalmente las águilas volaron, y nunca mejor dicho.

Gaio Mario, inventor del AQVILA
Bien, sirva este breve introito para ponernos en situación de poder calibrar adecuadamente la enorme importancia que tenían para los romanos sus enseñas, de las que iremos dando detalles en sucesivas entradas. La de hoy estará dedicada a la más importante de todas, el águila, plumífero que quedó unido de forma indeleble a las legiones y que llegaron a ser consideradas como los verdaderos dioses guardianes de las mismas desde su adopción hasta el final del imperio. Porque a pesar de que Constantino declaró el cristianismo como la religión oficial de sus vastos dominios, el ejército no se resignó a borrar de un plumazo el símbolo que durante siglos les había precedido en todas y cada una de las batallas en las que habían tomado parte desde la guerra civil entre Gaio Mario y Lucio Cornelio Sila y, no lo olvidemos, independientemente de que el paganismo había sido oficialmente abolido no por ello desapareció como por ensalmo, y muchos legionarios seguían siendo fieles a la religión de sus ancestros y, por ende, mantenían de forma discreta su veneración por los SIGNA y demás dioses como Mithra, por el que los legionarios siempre habían tenido especial predilección. Y dicho esto, vamos sin más dilación al grano que para luego es tarde.

El origen del águila como emblema único de las legiones se debe a Gaio Mario, que en el 104 a.C. unificó en este símbolo los otro cuatro que hasta aquel momento habían sido los que representaban a las legiones. Además del águila estaban el lobo, el toro y el caballo. Al parecer, estos animales tenían su origen en las cuatro legiones consulares que formaban el núcleo del ejército romano en los albores del imperio, cuando los ciudadanos solo eran llamados a las armas cuando la cosa se ponía chunga y solo se mantenían esas cuatro legiones como una especie de fuerza de intervención inmediata en caso de emergencia mientras se procedía a la leva de las tropas necesarias para rechazar a posibles invasores o para invadir un territorio enemigo. La ilustración superior nos muestra a los cuatro SIGNIFER de cada legión con sus respectivos SIGNA con los bichos de cada una de ellas y una cartela con su número identificativo: la primera ostentaba el lobo, la segunda el toro, la tercera el caballo y la cuarta el jabalí.

Parece ser que la decisión de Mario de unificar todos los símbolos en uno solo no obedecía a un mero capricho, sino a una costumbre que las legiones habían empezado a adoptar por su cuenta unos años antes. Según Plinio el Viejo, "...en su segundo consulado asignó el águila exclusivamente a las legiones romanas. (...) Algunos años antes de su tiempo había comenzado a ser costumbre llevar solo el águila a la batalla, dejando los otros estandartes en el campamento. Sin embargo, Mario abolió el resto". A partir de aquel momento, el águila se convertiría en el símbolo exclusivo de cada legión, por encima de los SIGNA y los VEXILLA que eran los que distinguían a manípulos y luego cohortes de cada legión. Al ser el más preciado emblema de cada unidad, el AQVILA era entrega a la custodia de la 1ª cohorte, la más poderosa de todas, bajo el mando del PRIMVS PILVS, la primera lanza, el centurión de mayor rango de toda la legión. El encargado de portarla no podía ser un pelagatos cualquiera, sino un hombre cuyo valor y capacidad de sacrificio estuviera por encima de toda duda ya que su misión principal no era combatir, sino impedir que el AQVILA cayera en manos del enemigo, dando la vida para ello si era preciso. De ahí que el AQVILIFER fuera todo un personaje en su legión, absolutamente respetado por todos y, a pesar de su rango menor equiparable a lo que actualmente sería un suboficial, era tenido en cuenta incluso en los consejos de guerra. Parece ser que el rango no se obtenía a la primera, sino que se establecía un escalafón entre los SIGNIFERI de cada legión por el que iban ascendiendo hasta llegar al grado máximo que, en su caso, sería AQVILIFER. Una prueba de ello sería la el bajorrelieve que vemos arriba, un altar votivo como acción de gracias a los dioses y perteneciente a un personaje anónimo que empuña un águila mientras que a su izquierda vemos el SIGNVM que posiblemente ha estado paseando hasta su ascenso.

Escena de la Columna de Trajano en la que vemos los estandartes de una
legión cruzando un puente de barcas. Junto al águila marcha un estandarte
a modo de amuleto con un carnero, y a continuación los SIGNA de la unidad
El AQVILIFER, junto al SIGNIFER y al VEXILLARIVS, eran selecionados, además de por su VIRTVS (valentía, arrojo) por tener un nivel cultural superior al de las tropas ya que cuando no combatían eran los encargados de llevar las cuestiones administrativas y contables de su legión, por lo que debían saber leer, escribir y tener nociones de números. Su rango, por debajo del PILVS y por encima del OPTIO, les proporcionaba un estatus bastante sólido en su unidad y, por supuesto, beneficios de tipo pecuniario ya que eran DVPLICARIVS, o sea, cobraban el doble de la paga de un legionario raso. El prestigio del AQVILIFER llegaba al extremo de ser personas cuasi intocables. Un buen ejemplo lo cita Tácito en sus "Anales del imperio romano" cuando relata como Lucio Munacio Planco, llegado a la ciudad de los Ubios (la actual Colonia) al frente de una embajada del senado para solventar los disturbios provocados por las tropas de Germánico, tuvo que recurrir a abrazarse a las enseñas para no ser linchado allí mismo ya que su DIGNITAS le impedía largarse echando leches. Fue Calpurnio, AQVILIFER de la LEGIO I, el que le sacó las castañas del fuego ya que si "... no lo hubiera defendido de la última fuerza, un embajador del pueblo romano, cosa execrable aun entre enemigos, hubiera en el campo romano manchado con su sangre el altar de los dioses", o sea, el SACELLVM donde se custodiaban el águila y demás enseñas de la legión. En resumen, el prestigio de los portaestandartes era capaz de someter a una turba cabreada mientras que esta no se privaba incluso de desobedecer a sus legados.

Estela funeraria de Tito Flavio Surilio,
AQVILIFER dela LEGIO I ADIVTRIX
empuñando el asta del estandarte que,
en este caso, presenta curiosamente las
alas bajadas. Obsérvese la PARMVLA
a la izquierda de la imagen, escudo
habitual de los portaestandartes
Durante los desplazamientos, las águilas de las legiones que formaban parte de un ejército marchaban todas juntas al frente del mismo formando un grupo que, a a su vez, era rodeado por los VEXILLARI de las mismas. A continuación iban los músicos para darle ambientillo a la cosa, mientras que los SIGNIFERI permanecían con sus respectivas unidades. Una vez en combate, la misión de los abanderados y, por supuesto, la del AQVILIFER no era en modo alguno permanecer como postes junto al comandante de su unidad, limitándose a vigilar que ningún enemigo se acercase con intenciones aviesas. Antes al contrario, su cometido era de suma importancia ya que eran los que guiaban los movimientos de sus  cohortes- o de toda la legión en el caso del AQVILIFER- en función de las órdenes que recibían del legado. Mediante un sistema de señales ideado por César, cuando recibían una determinada orden movían su enseña para darse por enterados, y a continuación se ponían en movimiento siguiendo las órdenes de sus respectivos mandos para evolucionar por el campo de batalla. Así se puede uno hacer una idea de que la eficacia de las legiones no solo estaba basada en su disciplina o su destreza, sino en el adiestramiento para moverse siguiendo las instrucciones de su comandante que, colocado en una posición desde la que dominaba todo campo de batalla, podía hacerlos maniobrar como si de una partida de ajedrez se tratase mientras que sus enemigos se limitaban a atacar como energúmenos pero sin una idea clara de lo que pasaba a su alrededor.

En cuanto al aspecto de las AQVILÆ, debido a los escasísimos ejemplares que han llegado a nosotros precisamente por el temor de los legionarios a perderlas, tendremos que guiarnos por las representaciones gráficas y artísticas de la época, básicamente las estelas funerarias de AQVILIFERI difuntos y monumentos como la Columna de Trajano. Básicamente se puede decir que su diseño permaneció inalterable a lo largo del tiempo. El águila era una pieza de plata, plata dorada o bronce dorado que, en base a un ejemplar conservado en el Museo Arqueológico Nacional de los Abruzos que podemos observar a la derecha, tenía unos 25 ó 30 cm. de altura, y solía representarse con las alas abiertas o levantadas hacia arriba. Las patas podían reposar sobre unos rayos en referencia a Júpiter y que solían ser de oro o plata, y no ya por una mera cuestión ornamental, sino para que su brillo ayudase a distinguirla en la distancia. A veces llevaban en el pico algún objeto como bellotas u hojas de olivo o laurel para diferenciarlas unas de otras. Del mismo modo, rodeando las alas podían llevar coronas de laurel o murales. 

El conjunto estaba rematado por su parte inferior por una pieza metálica en forma de pirámide truncada con la punta hacia abajo, aprovechando el estrechamiento de la misma para ajustarla al asta. Esta podía ser de metal plateado o de madera, y solía estar provista de un asa para facilitar su transporte. En algunas representaciones aparecen fijadas al asta tres PHALERÆ, posiblemente a modo de condecoración colectiva de la unidad. En la parte inferior había una contera o regatón de hierro con una cruceta en forma de T para poder clavarla en el suelo durante las paradas. Un ejemplo bastante ilustrativo lo podemos ver en la imagen de la derecha. Pertenece a la estela funeraria de Gneo Musio, AQVILIFER de la LEGIO XIIII GEMINA MARTIA, que palmó con 32 años no sabemos si heroicamente o a consecuencia de una apuesta con su cuñado a ver quién se comía antes un quintal de higos. No obstante, el bueno de Gneo Musio debió ser un sujeto valeroso, y no ya por ostentar el rango de AQVILIFER que, como comentamos anteriormente, solo podía ser concedido a tipos bragados, sino por las PHALERÆ y torques que muestra sobre su LORICA. Con su mano derecha sujeta el AQVILA de su legión, cuyas alas en este caso están rodeadas por una corona de laurel.

Otro ejemplo, en este caso de la estela de Lucio Sertorio Firmo, AQVILIFER de la LEGIO XI CLAVDIA PIA FIDELIS. El AQVILA aparece con las alas levantadas, pero no las envuelve ninguna corona. Sus garras, al igual que la anterior, agarran firmemente un haz de rayos. En la parte inferior podemos ver el regatón metálico y la cruceta que permitía clavarla al suelo. En cuanto al equipo de los AQVILIFERI, parece coincidir más con el de los PILVS, o sea, una LORICA SCAMATA o PLVMATA en vez de la SEGMENTATA propia de la tropa. Así mismo, la espada la llevaban en el costado izquierdo, y en vez del enorme SCVTVM reglamentario usaban una PARMULA, una pequeña rodela más cómoda, manejable y ligera ya que su misión no era combatir en primerísima línea. Conviene también aclarar un detalle acerca de las pieles de leones, lobos u osos con que se suelen cubrir los ciudadanos recreacionistas o que vemos en muchas ilustraciones modernas. Según los testimonios gráficos de la época, este complemento en forma de pellejo disecado era propio de los SIGNIFERI y VEXILLARI, pero no de los AQVILIFERI. De hecho, estos no aparecen en ningún momento con su cubierta peluda mientras que los otros sí, como se puede ver por ejemplo en la Columna de Trajano. No hay constancia del por qué era así, pero es un hecho que no disponemos al día de hoy un solo testimonio que diga lo contrario.

Bueno, vale de momento que no conviene abusar después de tanto tiempo aletargado. En sucesivas entradas ya iremos explicando los demás estandartes usados por las legiones a través del tiempo ya que el advenimiento del principado implicó la creación de otros nuevos como complemento a los SIGNA de siempre. En fin, esperemos que la musa de los cojones no de la espantada de nuevo, porque esta vez no se lo perdonaría a la muy...

Hale, he dicho

Probos ciudadanos recreacionistas mostrando un extenso surtido de estandartes de la época imperial. Ya los iremos
viendo con detenimiento

lunes, 7 de octubre de 2013

La sombra de las banderas






Desde antes de los tiempos de Cristo, los ejércitos tuvieron la necesidad de hacer uso de símbolos o distintivos que los representaran e identificaran. Estos símbolos, aparte de servir para que las tropas no se confundieran de bando en plena batalla y degollasen a sus cuñados sin querer, contenían un elevando componente espiritual y de hermandad entre los que combatían arropados por dicho símbolo. Defenderlo era defender al camarada de al lado, perderlo era una desgracia y una terrible deshonra, verlo caer en manos del enemigo implicaba la derrota. Por ostentarlo y conservarlo con honor han muerto millones y millones de hombres a lo largo del tiempo, y en tiempos de paz eran y son guardados en los lugares más seguros dentro de acuartelamientos y campamentos. La bandera es el símbolo de una unidad, de un ejército, de una nación. Todos la honran y la veneran, y hasta los monarcas inclinan sus coronadas testuces ante ella.

Pero también servían para advertir al enemigo de que el ejército propio tenía muy mala leche, que se mearían en sus calaveras y entrarían en su territorio a  sangre y fuego, les violarían a sus parientas, hermanas e hijas, capturarían a sus hijos y cuñados como esclavos, degollarían bonitamente a sus bondadosas abuelas y no les dejarían una migaja de pan que llevarse a la boca. De hecho, ¿cuántos ejércitos han dado media vuelta en pleno campo de batalla solo por ver ondear la bandera de tal guerrero, hueste o monarca?

Y, naturalmente, nunca estaba de más decorar las banderas con algo que indicara al enemigo que uno no estaba por la labor de ser benevolente, sino todo lo contrario: calaveras o fieras de terrible aspecto, que sobre eso se podría escribir un libro relacionando la simbología banderil con la psicología. Pero hoy no toca hablar de las neuras bélicas del personal, sino de los diferentes tipos de banderas que han sido y son en el mundo occidental y, por mera invasión cultural, en el oriental ya que, al fin y al cabo, ha sido Occidente el que ha llevado la guerra a todos los confines de la Tierra. Veamos pues el origen y morfología de las más importantes, que aunque muchos piensan que son la misma cosa, pues no lo son y hay mogollón de ellas...


El lábaro. Casi con seguridad, el LABALVM o lábaro es una de la banderas más antiguas que existen. Aunque muchos indican que el primer lábaro lo usó Constantino decorado con el crismón tras su victoria sobre Majencio en el puente Milvio, en el año 312 , hay constancia gráfica de que ya era utilizado desde mucho antes. De origen romano, su etimología es bastante confusa si bien es la opinión más extendida el que proviene de LABORVM, trabajo, si bien yo no veo mucha relación entre el trabajo y las banderas, la verdad. Hay otra versión que, aunque parezca más peregrina, no por ello deja de tener incluso más lógica. Aparece en el diccionario de Terreros, y dice que lábaro proviene lau-baru, un término que en la ignota lengua de los vascones significa "cuatro cabezas" ( no se una papa de vascuence, así que no lo puedo corroborar), y que era el estandarte de guerra de los cántabros el cual, arrebatado en combate por las tropas de Augusto y expuesto como trofeo, acabó dando nombre a la enseña imperial. 



A la derecha tenemos el reverso de un denario de Constantino en el que podemos ver al emperador con dos lábaros los cuales tienen forma de VEXILLVM, que era una bandera cuadrada que pendía del asta verticalmente, sustentada por un travesaño acoplado a la tela. En el lábaro de Constantino se sustituyó el águila que habitualmente remataba la VEXILLVM por una corona de oro. Otros lábaros iban remados con el crismón, viéndose en la tela el retrato del emperador. Al portador del lábaro se le denominaba LABALIFEVM.



La insignia. Se trata también de una bandera de origen romano. Su uso nació por la necesidad de que las tropas supieran en todo momento donde estaba su unidad, no se fueran a despistar y tomaran camino a casa alegando pérdida circunstancial de orientación espacial, síndrome muy habitual que se da en las batallas y se confunde generalmente con la cobardía. La insignia era un VEXILVM decorado con un animal insigne, como el lobo o el caballo, y de ahí su nombre. Hoy día se usa, aparte de como palabra genérica, para designar a las pequeñas banderas que ondean en los buques de la armada con el rango del oficial que los manda. A la izquierda podemos ver un probo ciudadano recreacionista que actúa como VEXILLARIVS, de la III cohorte pretoriana, unidad que usaba como símbolo el escorpión que aparece en la bandera.



El pendón. Aparte de designar a las ciudadanas de escasa moral y poco sentido de la decencia, el pendón se empezó a usar en la Edad Media para identificar a las milicias concejiles y las mesnadas de los ricoshombres. Precisamente, ser un señor "de caldera y pendón" denotaba ser un noble poderoso ya que disponía de medios económicos para formar una mesnada, o sea, levantar pendón, y alimentarlos a su costa, lo que era obviamente representado con la caldera. Este utensilio de cocina aparece precisamente en los escudos de armas de muchas casas nobiliarias, empezando por los Guzmán. El pendón era una bandera más larga que ancha, de pequeño tamaño y que en todo momento iba en manos de un abanderado que permanecía junto al que mandaba la mesnada de turno, ya fuera adalid o el noble que la levantaba. Hincar el pendón en el suelo tras una jornada de marcha señalaba el final de la etapa y el lugar donde se acamparía esa noche. El término proviene del francés medieval penon. Arriba a la derecha tenemos a varios caballeros entre los cuales destaca el que aparece en primer término, el cual porta un pendón en el que lucen tres calderas. Debía ser un noble forrado de pasta seguramente...



En tiempos de Alfonso X ya se designan diferentes tipos de pendones, cada uno para un uso o identificación concretos. Por un lado, estaban los pendones posaderos, "que son aquellos que son anchos contra el asta y agudos facia los cabos, ... e los llevan las huestes que van a correr las posadas", que eran los encargados de buscar alojamiento para la tropa o bien señalar el lugar más adecuado para la acampada. Usaban también ese tipo de pendón las huestes o mesnadas compuestas por entre cincuenta y cien hombres a caballo. Las compuestas por diez o menos debían llevar un pendón más ancho que largo en proporción de uno a tres, y que eran denominadas precisamente con el término que hoy día usamos de forma genérica para estos objetos: bandera. A la izquierda tenemos algunos ejemplos para mejor comprensión. Arriba tenemos tres banderas, y abajo tres pendones. 




El estandarte. También de origen medieval, hay diversas opiniones acerca de su etimología. Según la RAE, el término proviene del francés medieval estandart, que a su vez viene del franco stand hard, mantenerse firmes. Otros dicen que viene del latín EXTENDERE, que se despliega o extiende. En cualquier caso, ya hay constancia de la existencia de los estandartes en el siglo XV, concrétamente en tiempos de Enrique IV, el pitopáusico y voluble hermano de Isabel, la que quería ser esposa y madre antes que reina según el trailer de esa serie televisiva a la que ya dediqué una entrada tiempo ha. Aunque en sus primeros era una bandera usada tanto por la infantería como la caballería, a partir del siglo XVI acabó siendo una enseña típica de esta última. A la derecha podemos ver a un portaestandarte (que no abanderado) de la caballería española en Cuba. Como se puede apreciar, el estandarte es más pequeño que las actuales banderas de infantería por razones obvias, ya que una de estas últimas harían complicado e incluso peligroso cabalgar a lomos de un resabiado penco militar. 



La bandera. Aparte de la primitiva acepción que vimos más arriba, el verdadero esplendor de las banderas tuvo lugar a partir de la creación de los tercios, que para identificarse mejor en los campos de batalla usaban unas banderas enormes y chulísimas de la muerte. Por cierto que este tipo de bandera se propaló por toda la Europa ya que el retorno a las añejas formaciones en falange propugnado por Maquiavelo se impusieron en el arte militar del Renacimiento. El origen del palabro es, según la RAE, banda, en referencia a grupo de personas, o sea, una banda como unidad militar pero sin las connotaciones chungas que la palabra banda tiene hoy día. 



Las banderas renacentistas eran bastante grandes, cuadradas o levemente rectangulares siendo más largas que anchas, de más de cuatro metros por 3,5 por lo general. Las había para identificar compañías, batallones y coronelías, siendo el fondo de un diseño al gusto del maestre de campo pero conservando siempre en primer término de forma obligatoria las aspas de Borgoña, emblema de la monarquía hispana de los Austrias. Estas banderas, según vemos en los cuadros y tapices de la época, iban montadas en picas y permanecían en todo momento en el centro del cuadro formado por una compañía, batallón o tercio. Ahí podemos ver algunos ejemplos de esas banderas cuya sola visión, en su época, provocaba en los enemigos de España severos movimientos peristálticos con la consiguiente y repentina necesidad de evacuar inmediatamente, o sea, cagalera atroz. 



El guión. Como ya podemos suponer, guión viene de guía. Surgió en la Edad Media como enseña del monarca, la cual era portada por los denominados pajes de guión. Estos guiones solo se usaban durante la guerra a fin de que las tropas supieran en todo momento donde se encontraba la persona regia (supongo que si dejaban de verlo de repente era señal de que se había largado echado leches del campo de batalla dejando a su gente en la estacada). En caso de no estar el rey presente, sólo el que comandaba la hueste podía hacer uso de este tipo de bandera a modo de representante del monarca. Era una bandera pequeña, cuadrada, "de cuatro o cinco palmos cuadrados" y que era también bastante útil para identificar al rey cuando este se sumía en la vorágine de la batalla totalmente cubierto por la armadura y, por ello, imposible de identificar. Para ello, el paje de guión permanecía siempre junto a su señor. La imagen de arriba muestra el caballo vacío y el guión del reino de Mallorca en las exequias de Carlos I. En este caso, es un tal don Gonzalo Chacón el que actúa como paje de guión.




Ya en tiempos modernos, el guión tomó otras acepciones diferentes. Una se refiere a los pequeños banderines que usan los coches oficiales para el rey, el príncipe o los altos mandos del ejército. Otra, más antigua, se refiere a los guiones de machete usados por los cabos de escuadra para que la tropa no se despistase mucho tanto en las maniobras como en el campo de batalla. Puede que más de un lector se haya percatado en algunas paradas militares como un soldado colocado al final de su sección lleva uno en su bayoneta. También se llaman actualmente guiones a las pequeñas banderas cuadradas correspondientes a unidades determinadas a nivel de regimiento o compañía. A la izquierda tenemos el guión moderno para los almirantes de la armada española. Finalmente, aclarar que los banderines son guiones que, en vez de ser cuadrados, son triangulares. Su uso es el mismo para unos que para otros.

Bueno, estas son los principales tipos de bandera. A continuación detallo algunos más que actualmente han caído en desuso, pero que conviene recordar:


Oriflama. Era el estandarte real en Francia, si bien en España también se usa como sinónimo un tanto poético de bandera. Esta en concreto era un estandarte bastante largo y terminado en tres puntas. El palabro viene de AVRVM, oro, y de FLAMMA, llama, por el efecto visual que producía al ondear siendo sus colores el dorado y el rojo.


Flámula. Similar al anterior pero de pequeño tamaño y terminado en dos puntas que parecen que llamean. Solemos verlas sobre todo en los grabados de navíos del siglo XVIII.

Gonfalón o confalón. Estandarte o bandera tres veces más largo que ancho y terminado en dos puntas. Su forma era progresivamente triangular. 

Grímpola.  Bandera que se colocaba en las sepulturas.

Bueno, estas son las acepciones banderiles más relevantes. Para saber más, echan mano vuecedes al diccionario de sinónimos porque sino me puedo tirar un mes si se trata de reseñarlas una a una. 

Es hora del aperitivo, así que me piro. Ojo, mi "aperitivo" no consiste en un zumo de cebada heladito y una tapita de algo con mucho colesterol y grasas saturadas, sino en una manzana asquerosa. Llevo ya demasiadas manzanas asquerosas en el cuerpo. Tengo ya complejo de Adán. Quiero jamón, coño. Y chorizo del bueno. Y... y...

Hale, he dicho... 



Dulce remembranza de tiempos pasados... Ay...