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miércoles, 17 de mayo de 2023

CANIS PVGNAX

 


De un tiempo a esta parte, parece que ha proliferado la idea de que los romanos hicieron uso de los perros de guerra, los temibles CANIS PVGNAX, perros de combate. De hecho, desde muchos siglos antes tenemos sobrados testimonios gráficos que demuestran que otras culturas anteriores sí emplearon perros con fines bélicos, por lo que no sería raro que un ejército como el romano no se dignara copiar a sus enemigos, como era habitual entre ellos. Pero, ¿qué hay de verdad en esto? Veamos qué podemos averiguar al respecto... 

INTROITO

En su momento, ya dedicamos un par de articulillos dedicados a los perros de guerra, uno más bien generalista y otro dedicado a los chuchos peligrosos llevados por los españoles a conocer el Nuevo Mundo. Como ya se comentó, el uso militar de estos animales es más antiguo que la tos, y desde hace miles de años ya formaban parte de los ejércitos de las potencias de la época. En la ilustración de la derecha podemos ver al joven Tutankamón (c. 1342 a.C. - c.1325 a.C.) en plan victorioso, disparando su arco mientras tripula su carro de guerra. Si nos fijamos en la escena que tiene lugar debajo de los pencos del tiro, podemos ver como dos chuchos muy agresivos se entretienen mordisqueando sañudamente las cabezas de dos nubios. Esa imagen, aparentemente intrascendente, nos revela mucho más que todas las batallitas perrunas que nos pueda contar algún cuñado que se compró anteayer un rottweiler para acojonar al chiguagua de la vecina porque se mea en el macetón del portal de entrada al edificio.

Apostaría mi augusta pelambrera facial a que nunca han caído en un detalle, y es que la selectiva agresividad perruna no es fruto de su naturaleza, sino de la manipulación humana. Se calcula que los perros conviven con el hombre desde hace unos 30.000 años, más de lo que dura una hipoteca, que ya es decir, por lo que hemos tenido tiempo sobrado para, a base de cruces y adiestramiento, someter la psique de estos animales para que sean útiles en los cometidos más dispares, desde la caza a la guerra, pasando por la búsqueda, la guardia, la guía y protección de rebaños o incluso hacer monadas para hacernos compañía. En la foto de la izquierda tienen un ejemplo: una pintura rupestre hallada en los Montes Akakus (Libia), datada hace unos 12.000 años, que nos muestra a tres perros acosando a un antílope. Pero la cuestión es que estos perros no perseguían a la presa para zampársela, sino porque su dueño les había ordenado perseguirla ya que los antílopes corren más deprisa que los humanos y nos resultaba más fácil enviar tras ellos animales igual de veloces y con su agresividad sometida a nuestra voluntad.

Grabado de Bartolomeo Pinelli (1829) que muestra la ejecución de un
ciudadano romano, adversario de Domiciano, despedazado por perros
de presa. Obviamente, solo mediante una manipulación de su instinto
se consigue que unos animales ataquen ferozmente sin motivo alguno

Ahí es donde está la madre del cordero: hemos sido capaces de manipular los instintos agresivos de una especie en beneficio propio. Los predadores en libertad solo atacan si se sienten amenazados o para trincar algún bicho con el que aplacar su hambre. Pero si están saciados y el visitante no hace nada que les haga suponer que es un peligro, no le harán ni caso. Se limitarán a observarlo mientras pasa de largo y santas pascuas. Un león, una manada de lobos o un oso, no atacarán sin motivo. Un perro sí, en el mismo instante en que su amo se lo ordene. El nivel de manipulación ha llegado a tal extremo que pueden pasar de la fiereza más furibunda a menear la cola reclamando una caricia literalmente en un segundo. Bastará una orden para que el perro que dormita apaciblemente se convierta en un energúmeno ávido de vísceras, y en el momento en que se produzca la contraorden volverá a retomar su indolencia habitual aunque el objetivo de su ataque siga presente. En resumen, hemos sido capaces de convertir a estos animales en pseudo-autómatas que incluso llegan a dejarse matar con tal de obedecer la orden recibida. Un toro de lidia ataca porque se ve acorralado, sin posibilidad de escapar del coso, y acaba muerto porque no ha podido largarse con viento fresco. Pero ese mismo toro, en mitad de la dehesa, se irá echando leches en el instante en que note lo que duelen los puyazos y las banderillas, y que no hay forma de cornear al fulano vestido de colorines que lo chulea con un trozo de franela roja. Su agresividad es la natural, la defensiva. La del perro, además de natural, es impuesta por la voluntad del hombre.

Bajorrelieve asirio ubicado en Nínive y datado hacia el siglo VII a.C.
que muestra a un guerrero hostigando a un hipotético enemigo con
su lanza, mientras que su perro, un animal de buen tamaño, se
muestra en actitud agresiva con la cola enhiesta y ladrando
En fin, creo que queda aclarado un aspecto que, por visto cotidianamente, lo consideramos como una faceta innata del carácter perruno cuando la realidad es muy distinta. El hombre, desde que empezó a convivir con estos animales, puso tal empeño en modificar sus instintos naturales que hasta consiguió que los contuviera, como por ejemplo ocurre en los perros de muestra o de cobro, que se limitan a señalar dónde se encuentra la presa en vez de abalanzarse sobre ella, o los buscan incluso bajo el agua para recuperar las piezas abatidas. Esto no es un acto natural, es, repetimos, una manipulación que, tras cientos y cientos de generaciones, se ha convertido en lo más normal del mundo. Y lo mismo ocurre con los perros que en su día se destinaron a la guerra ya que desencadenaban su ferocidad obedeciendo una orden, no porque vieran en los enemigos posibles presas. Y, ojo, estos animales estaban tan bien entrenados que podían distinguir en plena vorágine a quiénes tenían que soltar la dentellada en la pantorrilla, lo que indica que su adiestramiento se había llevado a cabo de forma concienzuda y eficaz.

Mosaico aparecido en la que fue la casa de Publio Paquio Próculo,
en Pompeya. Nos muestra un perro guardián atado a lo que parece
la puerta de la casa si bien los adornos de la misma- un hacha bipenne,
una lanza y un escudo- podrían sugerir un entorno militar
Bien, la cosa es que no son pocos los autores clásicos que hacen referencia al uso de perros en los ejércitos, especialmente los de Oriente Próximo, los de las naciones situadas en los Balcanes y los griegos. Sus facetas más habituales como el pastoreo, la guarda de rebaños o el pisteo de piezas de caza se vieron aumentadas con las de vigilancia de campamentos o ciudades, incluyendo el ataque a posibles intrusos y a la persecución de huidos del campo de batalla. Ya en el siglo IV a.C., Eneas el Táctico recomendaba encadenar chuchos en el exterior de las ciudades y fortificaciones sitiadas para que, en caso de que los enemigos intentasen un golpe de mano con nocturnidad y alevosía, los ladridos de los perros pusieran sobre aviso a los centinelas, que desde siempre han tenido la fea costumbre de quedarse fritos durante las guardias. También recomendaba que estos centinelas hicieran sus rondas acompañados de perros que, obviamente, veían y oían mejor de noche que sus guías. Eso sí, se supone que no liarían un caos como el que narré sobre el phantasma que apareció en la pista de Tablada. También, según Eneas, se usaban perros como correos cual paloma mensajera terrestre. Se les colocaba el mensaje debajo del collar y partían hacia su destino, para a continuación volver al punto de origen. Cabe suponer que no eran tan listos como para indicarles un itinerario concreto, pero sí lo suficiente como para habituarlos a hacer un determinado recorrido de ida y vuelta, similar al de los perros mensajeros que se usaban en la Gran Guerra cuando la artillería volatilizaba las líneas telefónicas.

Cane corso. Según la opinión de muchos, es el descendiente
directo del CANIS PVGNAX. Lo malo es que nadie sabe cómo
era en realidad el CANIS PVGNAX
Pero, como comentábamos al principio de este articulillo, prácticamente no hay referencias acerca del uso de perros por parte del ejército romano o, al menos, de perros de guerra tal como los conocemos. Hoy día han surgido bastantes opiniones que afirman que estos probos imperialistas emplearon grandes cantidades de chuchos peligrosos para lanzarlos contra sus enemigos a pesar de que ni un solo historiador latino haga mención a ese hecho. Más aún, conociendo como conocemos la forma de combatir de las legiones, así como su despliegue táctico en el terreno, el uso de perros de guerra se nos antoja bastante complicado, por lo que los únicos cometidos viables para ellos sería como perros de guarda en los campamentos, para perseguir fugitivos tanto enemigos como desertores y como mensajeros. Sea como fuere, creo que es más que obvio que, de haber sido usados en combate, los historiadores romanos que dejaron pelos y señales de todo lo referente a sus guerras nos habrían hecho llegar información al respecto.

Sin embargo, si hay bastantes testimonios de tropas romanas atacadas por perros, o tuvieron ocasión de ver como determinadas razas se mostraban especialmente útiles para determinados fines castrenses, empezando por los molosos. Estos chuchos, originarios de Molosia, en el Épiro, eran animales grandes, fuertes y especialmente agresivos. Por su aspecto, algunos los consideran como los antepasados del mastín napolitano o del cane corso, una raza de apariencia similar al alano español y que se usa como perro de presa. Para hacernos una idea, podemos tomar como modelo el famoso "Perro de Jennings" (foto de la derecha), una escultura de mármol copia de una original griega en bronce ya desaparecida y que estaría datada hacia el siglo II d.C. Como vemos, su aspecto es el de un perro de presa en toda regla: grande, musculoso, con una generosa papada, hocico corto y orejas cortadas. Un perro así puede convertirse en un enemigo temible, capaz de matar sin problemas a un hombre si este no sabe defenderse o se deja dominar por el miedo.

Y, al igual que los pueblos originarios de Grecia y los Balcanes usaron perros contra los invasores romanos, también lo hicieron los celtas a raíz de la primera visita a la isla llevada a cabo por Gaio Julio César a partir del 56 a.C. Parece ser que esta gente tenía especial apego a sus perros si bien no estaban concebidos exclusivamente para la guerra, sino como un animal polivalente que igual valía para cazar que para proteger la aldea o mordisquearle las canillas a un romano. De hecho, los perros eran un motivo recurrente en el monetario celta, y presentan animales que, por su aspecto, bien podrían ser los ancestros de los actuales galgos irlandeses, unos cánidos grandes, veloces, muy fuertes y perfectamente válidos para defender un rebaño del acoso de los lobos o para perseguir a un agresivo jabalí, aparte de guardar la casa o la aldea. Según Plinio, los perros celtas (grabado de la izquierda) se distinguían por una especial ferocidad y una lealtad granítica hacia sus amos, hasta el extremo de que, tras la conquista de la isla en tiempos de Clau-Clau-Claudio, se empezaron a exportar PVGNACES BRITANNIÆ (britanos de combate), creándose incluso la figura de un PROCVRATOR CINEGII encargado de la selección de los mejores ejemplares para exportarlos a Roma.

Más lógico es lo que vemos en la foto: un moloso con su guía, que
se encargaba de cuidarlo y tal, y cuya misión era ante todo la vigilancia
del CASTRVM, pero no la de combatir
Pero, una vez más, insistimos en que esto no significa que el ejército adoptara perros de guerra. Los datos de los que disponemos, bastante ambiguos, solo sugieren que los romanos criaron perros molosos, pero no se concreta con qué fines. Es evidente que si hubiesen sido destinados a las legiones, habría datos sobre los encargados de adiestrarlos, mantenerlos y alimentarlos. Si las crónicas nos han legado hasta los nombres de los caballos de carreras más afamados, ¿no iba a haber un solo chucho heroico que apareciese en las historias de la época? De todo ello, podemos colegir lo más probable, que no es otra cosa que la selección de animales de determinadas razas para obtener ejemplares que se adaptaran a sus necesidades más perentorias, y entre ellas no estaba precisamente la de ir a la guerra. El despliegue en el campo de batalla de las legiones era algo muy complejo, y azuzar una jauría de perros contra enemigos bien armados no causaría ni remotamente el mismo efecto que un lanzamiento masivo de PILA tras el IMPETVS. Más aún, los perros, fuera de sí por su agresividad desaforada, serían ingobernables en la vorágine de la batalla, y por lo tanto inservibles.

Por lo tanto, los perros que acompañaban a las legiones debían ser mucho más útiles como guardianes, para pistear enemigos ocultos, atacar pequeños contingentes de merodeadores y llevar mensajes. Pero esa imagen de video-juego donde aparecen tropocientos chuchos con sus respectivos guías que se abalanzan sin dudarlo contra el enemigo, como que no. Este tipo de imágenes como la que vemos a la izquierda, donde un legionario cachas sujeta a su perro antes de azuzarlo contra el enemigo no tiene base histórica alguna, y no es mencionada en una sola crónica. Se siente, pero las cosas son a veces así de decepcionantes. Ya me dirán cuántos perros harían falta para hacer retroceder a una caterva de germanos cabreados, bien armados y a los que bastaba un tajo de espada para descabezar a su enemigo de cuatro patas.

En resumen, me temo que el pavoroso CANIS PVGNAX estaba destinado a otros menesteres menos castrenses y más domésticos y, sobre todo, circenses. Como sabemos, en las VENATIONES se efectuaban simulacros de cacerías de fieras donde se acosaba y daba muerte a tigres, leones, osos y demás animalitos especialmente fieros y fuertes. Para ayudar a los VENATORES y BESTIARII, es evidente que hacían falta algo más que perros falderos, y para ello nada mejor que recurrir a los enormes molosos que, formando una jauría, podrían sujetar a una fiera agotada para que el figura de turno lo rematase de un lanzazo.  En el fragmento de la derecha vemos una escena de una VENATIO en la que dos perros que parecen lebreles acosan a un gamo y un antílope, lo que demuestra que su uso en estos espectáculos debía ser habitual. 
Por otro lado tenemos la opción del BESTIARIVS que se enfrentaba a uno o más perros, o los fulanos que eran condenado a morir AD BESTAS, y para ello nada mejor que un perro adiestrado para atacar. Esperar a que un león se abalance contra un hombre inmóvil e indefenso podía ser desesperante, pero uno o más perros adiestrados para atacar lo harían en cuanto su guía lo ordenase, abreviando la espera para regodeo del sádico público asistente. Finalmente, podemos también considerar las peleas de perros, igual de entretenidas para el respetable que las de leones o entre perros con cualquier otro bicho. 

Y concluyamos, que ya es hora de merendar. No hemos entrado a analizar el uso bélico de otros pueblos que, en estos casos, sí hicieron uso de perros de guerra, pero estos no eran el objeto de este articulillo. Aquí hemos tratado de indagar si, verdaderamente, las legiones emplearon perros de combate, y por lo que vemos no fue así. No hay referencias al respecto, y las mínimas representaciones artísticas no conducen a nada claro. Por citar una, tenemos una escena de la Columna de Marco Aurelio en la que vemos unos perros desembarcando junto a las tropas en el contexto de la campaña del Danubio. Pero la presencia de esos dos únicos perros más bien nos indican que eran perros guardianes, no perros de guerra.  No vemos en ninguna parte los cientos de animales que harían falta para ofender a un ejército formado por miles de hombres. 

CAVE CANEM. CUÑADOS, VADE RETRO
Finalmente, una consideración de tipo semántico: PVGNARE significa luchar, por lo que un CANIS PVGNAX era un perro de lucha, pero de la misma forma que nosotros clasificamos como perros de presa a determinadas razas aunque los dediquemos a acariciarles el lomo mientras nos joden los cojines del sofá. Un rottweiler, un bulldog, un dogo de cualquiera de sus variantes, un alano, un mastín, etc., son razas de presa, son CANIS PVGNAX, pero nunca harán otra cosa que dormitar, devorar sacos de pienso que valen carísimos y mearse en la rueda del coche del vecino. Y, con suerte, ladrarán y se mostrarán agresivos con los intrusos como aquellos perros romanos cuyos dueños advertían que había que tener cuidado con ellos porque tenían muy mala leche: CAVE CANEM, cuidado con el perro. Uséase, lo mismo que hoy día. Por lo tanto, la conclusión a la que podemos llegar es el que el CANIS PVGNAX era, como en el caso de los celtas, un perro grande y fuerte que valía para cualquier cosa, pero que nunca fue destinado a protagonizar una batalla.

Bueno, no creo que se me olvide nada relevante, de modo que colorín colorado, el articulillo se ha acabado.

Hale, he dicho

domingo, 16 de enero de 2022

LVDI CIRCENSES. CABALLOS Y CARROS

 

Fotograma de la adaptación de "Ben Hur" filmada en 2016. Observen detenidamente el carro y los atalajes de los caballos. ¿Ya? Bueno, pues tomen buena nota de que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Ni los carros eran semejantes a ese mamotreto ni los atalajes tienen nada que ver con los usados en la época que nos ocupa

Bueno, con este artículo completamos esta pequeña monografía dedicada a los LUVI CIRCENSES, y en el que hablaremos de los coprotagonistas de los mismos: los equinos y los carros que, junto a los AGITATORES, formaban el trío imprescindible para que pudiera tener lugar una carrera como Júpiter manda. Ante todo, y como comentamos en el pie de la foto de cabecera, me harán el favor de olvidarse de todo lo que han visto en el cine, que nos ha adulterado este enjundioso tema con la búsqueda de efectos estimulantes para los espectadores aún a costa de pasarse por la bragueta la fidelidad histórica. Ni los caballos eran esos pencos de generosas dimensiones, ni los carros eran esos chismes enormes donde cabría la familia incluyendo la suegra para irse de excursión a zamparse la paella en la zona de descanso carreteril dominguera, donde los pequeños orcos de las demás familias presentes no paran de aullar como íncubos sacados del abismo, los "machos de la manada" no paran de hablar de balompié y de soltar estupideces a todo pulmón entre botellín y botellín y las marujas chillan y ríen en unos tonos de agudos como para hacer saltar en pedazos las botellas de tintorro y zumo de cebada del lugar. Sí, una visión apocalíptica, lo sé. Por eso jamás se me ha ocurrido ir a "paellar" a esos enclaves tan espantosos, propios del noveno círculo infernal. En fin, vamos a lo que nos ocupa...

AGITATOR de la FACTIO RVSSATA junto a uno de sus caballos
que, como vemos, no se asemeja en nada a los enormes bridones
que tanto proliferaron en la baja Edad Media
Los caballitos. Como ya se comentó en su día cuando hablamos sobre los caballos de batalla medievales, las razas equinas tal como las conocemos son un invento relativamente moderno. Antaño no había razas claramente diferenciadas, como ocurre hoy día, extraídas de cruces cuidadosamente seleccionados para buscar que el animal resultante tenga unas determinadas cualidades que lo hagan apto para un cometido concreto: correr, saltar, arrastrar, cargar, etc. La manipulación humana ha permitido que haya descomunales pencos de raza Shire, bichos poderosos y muy pesados creados para la guerra y posteriormente usados como caballos de tiro, o caballitos árabes, pequeños y de finas patas pero veloces e incansables. En tiempos de nuestros probos imperialistas digamos que los caballos se caracterizaban por tener tal o cual cualidad en función del territorio donde se reproducían, quizás por cuestiones meramente climatológicas y/o alimenticias y que los hizo genéticamente más adecuados para una función concreta, de la misma forma que los dromedarios pueden pasar días sin beber ni comer porque la evolución los ha adaptado para sobrevivir en determinadas zonas del planeta especialmente inhóspitas. Por lo tanto, lo que sabemos de estos animales se limita a los testimonios gráficos en forma de mosaicos, las crónicas que dan cuenta de los enclaves donde se obtenían los mejores ejemplares y los restos óseos que han aparecido en lugares que permiten asegurar que se trataba de caballos de carreras. 

EQVES de tiempos de la República, de donde surgieron los
EQVITES como rango social. Al cabo, todo es siempre
cuestión de tener pasta
Por otro lado, aunque el tema equino parece ser una cuestión menor cuando se habla de Roma, lo cierto es que los imperialistas latinos adoraban a esos bichos. De hecho, recordemos como su baja aristocracia eran los EQVITES, o sea, hombres que, originariamente, contaban con medios económicos para costearse y mantener un caballo cuando los ciudadanos eran llamados a filas, pasando a poseer un estatus social que les permitió acceder a cargos públicos a los que los plebeyos no podían optar. Por otro lado, a la obvia necesidad de disponer de caballos para nutrir las TVRMÆ de las legiones se sumó la aún mayor demanda de animales para espectáculos ecuestres, lo que hizo que las remontas, tanto privadas como estatales ya en tiempos del imperio, proliferasen sobremanera en las provincias que daban buenos caballos para estos menesteres. La importación de animales a la metrópoli y el suministro de los mismos al ejército se convirtió en un negocio bastante suculento, y muchas cuadras se preocuparon de adquirir caballos de otras zonas del imperio para cruzarlos con los propios y, de ese modo, ir creando sin darse cuenta el concepto de raza si bien en la época que nos ocupa, como se ha dicho, no existían como tales, sino que se hablaba de caballos hispanos, libios, etc.

Las carreras requerían animales veloces y muy resistentes, capaces de soportar durante los aproximadamente 8 minutos que duraba la competición el ritmo infernal de la misma. La fuerza física era un elemento secundario ya que como veremos más adelante, el peso del carro y el auriga era en realidad casi insignificante para cuatro animales, por lo que se insistía sobre todo en su ligereza y velocidad. Por todo ello, quedaban descartados los caballos grandes y pesados que se agotarían rápidamente y cuya masa les impediría correr a galope tendido durante los 5 km. del recorrido. Por los restos óseos, así como por la gran cantidad de fuentes gráficas de la época, podemos establecer con toda claridad que se trataba de animales con una alzada de entre 135 y 155 cm., con una media de alrededor de 145-147 cm. en su mayoría. Por lo general se usaban machos enteros si bien, por los nombres que han llegado a nosotros, parece ser que alguna que otra yegua también era considerada como válida. 

Biga con sus dos caballos descubiertos en Croacia. Este tipo de
hallazgos ha permitido tener información de primera mano sobre
la constitución de los animales de la época, así como los achaques
adquiridos a lo largo de su vida operativa 
Por lo tanto, hablamos de lo que actualmente se conoce como un poni o pony. Ojo, al decir poni todo el mundo piensa en esos simpáticos caballitos enanos como los Shetland que hacen las delicias de los nenes que tienen la suerte de que papá les regale uno, pero la cosa es que al hablar de ponis hablamos de caballos cuya alzada hasta la cruz no supera las 14'2 manos. Esto de la mano es un sistema de medida usado desde hace la torta de años en temas ecuestres y que es, simplemente, la anchura de la mano de un hombre con los dedos juntos, medida esta que se considera es de 10 cm. aunque haya fulanos con manazas como remos de galera. Por lo tanto, los caballos de carreras estaban en el ratio comprendido entre un caballo de pequeña alzada y un poni. A la hora de seleccionarlos, según Plinio se esperaba a que tuvieran al menos cinco años, y no se miraba si sus patas eran cortas o largas o la elegancia de sus formas. El caballo de carreras solo necesitaba dos virtudes incuestionables: rapidez y resistencia. Lógicamente, eran animales que, como ocurre actualmente, eran muy mimados en las remontas. Tenían sus VETERINARII para proporcionarles los cuidados necesarios, su alimentación era de primera clase, con forraje fresco y jugoso y grano del bueno, y se vigilaba especialmente que sus cascos fuesen lo bastante sólidos como para resistir el tremendo desgaste que padecían en las carreras. Recordemos que las herraduras aún no las vendían en AMAZONVM con gastos de envío gratis si estabas suscrito a PREMIVM, por lo que un caballo con cascos- o sea, uñas- blandos tendría una vida operativa bastante breve.

Lápida de Lucio Avilio dedicada por su  digna parienta,
Claudia Helice. Bajo los nombres de los caballos se da
cuenta de los logros de cada uno, figurando una relación
de las carreras donde obtuvieron el primero, segundo y
tercer puesto
No obstante, si sus cualidades físicas eran las adecuadas y no sufrían lesiones que los incapacitasen o los dejasen tullidos, en cuyo caso se sacrificaban, uno de estos caballos podía tener una carrera bastante extensa, habiendo ejemplares que alcanzaban los 20 años de edad si el cuerpo aguantaba. En esos casos, aparte de ser venerados por el público, eran obviamente reservados como sementales y acababan sus días pastando apaciblemente en el ejido de la remonta a la que pertenecía, y hasta les dedicaban cipos, monumentos funerarios con sentidos epitafios, algún que otro bajorrelieve en su memoria y, faltaría más, mogollón de grafitis en los revocos de las casas que aún se conservan en las ruinas de algunas ciudades romanas. Prueba del cariño que les tomaban a estos bichos sería la lápida de Lucio Avillio Dionisio, CONDITOR de las FACTIO RVSSATA hacia finales del siglo I d.C. y en el que aparece el difunto con un bastón en una mano y un puñado de forraje en la otra dando de comer a dos caballos, AQVILO y su hijo HIRPINO, ilustres equinos cuya relación de victorias son enumeradas en la lápida. Hablamos de caballos que habían hecho ganar fortunas al personal, que eran tan queridos y admirados como los aurigas o, comparando a pelo, con los pencos que corren las carreras más populares de los british (Dios maldiga a Nelson) o los yankees (a Hearst también), y que, como decía Marco Valerio Marcial, "soy conocido por la gente y las naciones pero, ¿por qué me envidias? No soy más famoso que el caballo Androemo." Por otro lado, en algunos de los mosaicos que se han mostrado en las entradas anteriores hemos podido ver cómo, además del nombre del AGITATOR, aparece también el del caballo líder y, en algunos casos, incluso el del tiro completo.

Las curvas de 180º tomadas a toda velocidad ponían a prueba la
resistencia de las extremidades de estos animalitos. Pero si el carro
volcaba o se producía una colisión, las lesiones podían ser definitivas.
Una pata rota o un tendón desgarrado eran fatales
Con todo, aunque en las remontas se trataba como reyes a estos animalitos, lo cierto es que su vida era tan sufrida como la de los aurigas. Aparte de las crónicas de la época que dan cuenta de los padecimientos y remedios que se les administraban, por los restos que se han hallado se ha podido comprobar que sufrían lesiones de todo tipo, especialmente en las patas y la espalda como es lógico. Ante todo, en los poderosos huesos de las extremidades y el espinazo presentan signos claros de haber soportado un gran estrés en las articulaciones debido a los bruscos frenazos y los giros en las curvas. A ello habría que sumar los golpes recibidos por las ruedas o los cubos de las mismas de otros carros, que los caballos que corrían en la parte externa del tiro se tenían que tragar continuamente. A ello habría que añadir otras lesiones de las que no han llegado testimonios pero que serían obvias en los caballos destinados a las carreras como daños oculares, a causa de la arena o piedrecillas que salían despedidas a toda velocidad, los golpes de látigo y, por supuesto, el gran desgaste en los cascos. Las bruscas frenadas para no chocar contra un contrincante o los giros de 180º a toda velocidad en las METÆ no eran precisamente las recetas más adecuadas para llegar a la vejez con la osamenta impoluta.

Probo ciudadano recreacionista en una biga. En este caso, el
INTROIVGIVS es el caballo situado a la izquierda del tiro
La colocación en el tiro era cosa de los DOCTORES de cada FACTIO. Ellos los entrenaban, ejercitaban y preparaban a diario, observando cuidadosamente sus cualidades y defectos para saber en qué lugar se podría obtener el mejor rendimiento del conjunto. Los dos más aptos eran los IVGALES, los que eran enganchados al yugo colocado al final de la lanza del carro. Eran los caballos mejor domados y que mejor respondían a las órdenes del auriga, y dentro de los IVGALES, el líder era el INTROIVGIVS, que se colocaba en el lado izquierdo y era el que guiaba a los otros tres, especialmente en las METÆ. Era el que marcaba el camino a sus tres colegas en las curvas, y su buen adiestramiento era vital para que el carro no volcara en la primera META. Los enganchados en los lados exteriores eran los FVNALES, más indicados para impulsar el carro a toda velocidad en las rectas, donde podían alcanzar 70 km/h para, antes de llegar a las curvas y reducir la velocidad a menos de la mitad para no irse al garete. De los atalajes y demás arreos hablaremos en el apartado de los carros.

Los espléndidos "caballos árabes" del jeque Ilderim eran en realidad
lipizzanos, una raza originada en el Renacimiento con cruces de
caballos españoles y de los Balcanes con una alzada mayor de la
habitual en los caballos usados en Roma
En cuanto a los territorios más afamados por sus caballos, ante todo estaban la Hispania y Libia. Ojo con los temas raciales, porque aquí no hablamos del caballo español y el caballo árabe actuales, sino de los animales autóctonos de cada una de esas provincias y que, por sus cualidades, eran especialmente deseados. Como hemos dicho, las remontas adquirían sementales de estas zonas para cruzarlos con yeguas seleccionadas para obtener potros con lo mejor de cada sangre. Otras zonas que daban buenos caballos eran la Capadocia, una región de la actual Turquía cuyo nombre significa precisamente "tierra de hermosos caballos", Sicilia y Tesalia, al norte de la actual Grecia. Considerando el enorme número de caballos que tomaban parte en cualquier LVDVS, hablamos de un negocio que movía todos los años miles de cabezas que eran devoradas en los circos. Entre las yeguas reproductoras, los caballos destinados a la venta a las FACTIONES y los sementales que eran seleccionados para aumentar la cabaña, si consideramos que cada vez que tenía lugar un NAVFRAGIVM podía salir de cada tiro uno o más caballos lisiados que quedaban inútiles para correr o que, simplemente, había que sacrificar, el tema equino debía ser un negocio redondo.

Caballo de la FACTIO ALBATA de cuyo cuello penden dos
collares con colmillos de lobo. Aprovechen la imagen para
observar las protecciones que el auriga lleva en las piernas
En fin, ya vemos que la cría y selección de caballos idóneos para las carreras se lo tomaban muy en serio. De hecho, y debido que eran unos supersticiosos patológicos, está de más decir que, igual que recurrían a las DEFIXIONES para atraer la mala suerte sobre aurigas y pencos de las FACTIONES adversarias, los DOMINI FACTIONES hacían lo propio para protegerlos de los conjuros, el mal de ojo y los tropocientos maleficios que podían buscarles una ruina. ¿Recuerdan las campanitas que aparecen en los pescuezos de un tiro de cuatro caballos que mostramos en el artículo anterior? Bien, pues eran amuletos en los que se grababan los nombres del AGITATOR y el INTROIVGIVS, con lo cual se supone que ahuyentarían el mal de ojo. Otros amuletos para los mismos fines eran las LVNVLÆ, lunas pequeñas, unos colgantes con forma de media luna en los que también se grababan conjuros anti-conjuros, y para hacerlos correr más les colgaban collares fabricados con colmillos de lobo. Más aún, la obsesión de los romanos por las carreras y las pasiones que levantaban les llevaba a cometer los actos más pintorescos. De la misma forma que un seguidor de un equipo de lo que sea afirma saber de primera mano si la estrella del mismo se fue de juerga la noche antes del partido o esnifa cualquier porquería, lo que podría hacerle bajar el rendimiento y fastidiar las apuestas, los aspirantes a amos del mundo conocido aspiraban las boñigas de los caballos de su FACTIO, con lo cual el "experto" de turno decía ser capaz de conocer el estado de salud de tal o cual caballo, o del tiro completo si hacía falta. Obviamente, la información del experto aspirador de cagajones era tenida en cuenta a la hora de apostar por uno u otro tiro.

Mosaico que presenta un caballo de cada FACTIO con sus
respectivos nombres: PVPILLVS, AMATOR, CVPIDO y una
peculiar excepción, una yegua llamada AVRA
En cuanto a los nombres, no se asemejaban en nada a los de los actuales caballos de carreras. Entre crónicas, relatos, DEFIXIONES y mosaicos hay registrados alrededor de 600 nombres equinos, y se han podido clasificar en seis tipos claramente diferenciados: los más comunes son los que exaltan las cualidades físicas del animal, como la velocidad (CELER, veloz) o la ligereza (PASSERINVS, gorrión); otros hacen referencia a su apariencia física en detalles como el color (AVREVS, dorado), su hermosura (ELEGANS, elegante) o su tamaño (ADAVCTVS, crecido); otros eran llamados como sus progenitores o por el lugar de procedencia (HISPANICVS, ÆGYPTVS...); también se les daba nombres que atrajesen buenos augurios, como VICTOR (victorioso), por su carácter (TEMERARIVS, VOLENS, dispuesto) y, finalmente, nombres de tipo afectivo como ADAMATVS (querido). Como es habitual en estos casos, sus dueños, cuidadores y demás personal de la remonta o la FACTIO humanizaban a los animales, a los que profesaban un cariño como el que solemos tener hacia las mascotas, a las que tratamos y hablamos como si fueran personas, e incluso con más deferencia que a determinadas personas. Todos conocemos al famoso INCITATVS, el caballo del depravado Calígula que comía en un pesebre del marfil y que su enloquecido dueño nombró senador y, sin llegar a tales extremos, en un mosaico hallado en Constantina, una ciudad situada cerca de la costa de la actual Argelia, aparece un caballo al que su amo debía profesarle un afecto superlativo ya que junto al animal aparece una leyenda que dice VINCAS NON VINCAS TE AMAMVS POLIDOXE, "ganes o pierdas, te amamos, Polidoxe". Imagino que el Polidoxe este, además de ser muy simpático, hizo ganar un pastizal a su amo.

Fotograma de "Ben Hur" (1959) en la que dos fulanos echan el bofe
para enderezar un carro volcado. En la realidad, un solo hombre
podría arrastrarlo fuera de la pista sin apenas esfuerzo
Bien, con todo lo dicho creo que poco más quedaría por añadir a la cosa equina, por lo que podemos pasar a los chismes que iban tras los caballos, uséase, los bólidos de la época. Como ya he advertido nada más empezar, me hagan el favor de borrarse de los magines lo que han visto en las pelis. A título orientativo para deshacer el camelo cinematográfico, los carros que aparecen en el "Ben Hur" de 1959 fueron elaborados por los hermanos Danesi, y cada uno pesaba algo más de 400 kilos, algo totalmente impensable en una carrera real. El más espectacular, el "carro griego" del malvado Mesala, aparece con una impresionante decoración de bronce que, obviamente, solo servía para añadir peso a un carro que solo buscaba la vistosidad. 

El TRIVMPHATOR Marco Vinicio en olor de multitud guiando
su lujosa cuadriga. Este tipo de licencias cinematográficas son las
que han dado lugar a conceptos totalmente erróneos acerca de los
carros de carreras
Por otro lado, las cuchillas que lleva en los bujes de las ruedas son una mera fantasía para darle morbo a la carrera. Es absurdo pensar que los organizadores permitirían un carro provisto de semejantes accesorios que, no solo dañarían a los de los demás participantes, sino que podrían destrozar las patas de los caballos. En todo caso chorradas cuchilleras aparte, la cuestión es que los hermanos Danesi no se inspiraron en las reproducciones de la época que muestran perfectamente el aspecto de los carros de carreras, sino en los CVRRVS TRIVMPHALIS, los carros usados en los triunfos y en los que el peso daba igual porque los animales solo tenían que tirar del carro más el fulano triunfante y el cuñado que iba detrás sujetando la corona de laurel sobre su cabeza y repitiéndole por lo bajini que no olvidase que solo era un hombre de mierda.

Escultura de bronce datada hacia el siglo I que muestra la apariencia
real de un carro de carreras. Como vemos, eran pequeños y ligeros,
con el espacio justo para el AGITATOR
El CVRRVS CIRCENSIS tenía en realidad un aspecto muy distinto. Su origen tenemos que buscarlo en los antiguos carros de guerra tirados por dos caballos usados por los micenos durante siglos, si bien su uso militar fue a menos hasta que, finalmente, hacia el siglo VI a.C. habían caído en la obsolescencia. Al final del artículo dejo los enlaces a algunas entradas dedicadas a carros de guerra para los que quieran ilustrarse al respecto. Estos carros fueron los que empezaron a usar los griegos en las carreras y, posteriormente, fueron importados por etruscos y romanos para sus movidas circenses, añadiendo al tiro tradicional de dos caballos los de tres y cuatro animales. Con el paso del tiempo, en los circos de Roma acabaron prevaleciendo las bigas y cuadrigas, quedando las trigas relegadas a eventos de tipo ceremonial y religioso hacia finales de la República.

SEIVGAE que corona el arco de triunfo de Narva, en San
Petersburgo. Licencias artísticas aparte, ese es el aspecto que
ofrecería uno de esos carros, para cuyo manejo no era apto un
auriga cualquiera
No obstante, tenemos constancia de tiros de seis (SEIVGÆ), ocho (OCTOIVGÆ) y diez caballos (DECEMIVGÆ), y hasta aparece por ahí algún carro tirado nada menos que por 20 pencos que, intuyo, se trata en este caso de algún tipo de licencia artística o algo por el estilo. En cuanto a los tiros de entre seis y diez caballos, eran empleados en ocasiones muy especiales, y estaban destinados ante todo al lucimiento del AGITATOR que los manejaba ya que requerían una destreza inigualable. De hecho, es posible incluso que se tratara de carreras de exhibición a velocidades más reducidas. Solo mantener alineado un tiro formado por tanto bicho ya debía precisar de una habilidad notable, aparte de tratarse de animales domados ex-profeso para esa modalidad. En todo caso, lo cierto es que los tiros que prevalecieron y gozaron de la máxima popularidad fueron las bigas y, sobre todo, las cuadrigas, los Fórmula 1 de la época.

Carro de bronce sobredorado con su auriga a bordo. Obsérvese
la escasa altura del parapeto del mismo, que apenas sobrepasaba
las rodillas, así como la forma de la lanza para poder ajustar el
yugo a la altura de la cruz de los IVGALES
En cuanto a su estructura, según los testimonios que han llegado a nuestros días los CVRRVS CIRCENSIS eran en realidad todo lo opuesto a los carros triunfales que vemos en las películas. Se trataba de pequeños vehículos con capacidad para un solo hombre fabricados con un armazón de madera que se recubría con tela o cuero. El suelo se construía con un entramado de gruesas tiras de cuero entrelazadas para evitar añadir peso extra y, además, servía para amortiguar un poco el traqueteo de la marcha y hacerla menos incómoda al auriga. Para darles estabilidad, eran carros bajos, con una altura máxima por la parte delantera de apenas 70 cm. y provistos de ejes muy anchos, de alrededor de 150 cm. Al final de los ejes tenemos unas ruedas provistas de 6 u 8 radios de un diámetro más bien pequeño, de unos 65 cm., lo que ayudaba a evitar en lo posible los derrapes en las METÆ. Aunque no se sabe con certeza, estas ruedas podrían tener unas finas llantas de hierro para darles más resistencia y mitigar el desgaste. En realidad, los metales brillaban por su ausencia en los carros y, aparte de estas llantas, se cree que si había otro sitio donde encontrarlo sería en los extremos de los ejes y los cubos de las ruedas, simplemente para evitar roturas y desgaste. El resto, como hemos ido detallando, era todo madera y cuero o tela.

Obsérvese la disposición de los arreos: el collar, que no collera,
era junto a la cincha los puntos en los que el caballo ejercía la
tracción, donde predominaba la potencia muscular de los hombros
del animal
Así pues, nos encontramos que los pesados mamotretos peliculeros eran en realidad unos carros pequeños, manejables y, sobre todo, muy ligeros. Tanto, que su peso se calcula en menos de un 10% de los fastuosos carros del cine ya que su masa oscilaba por los 30 kilos a la que habría que añadir el peso del AGITATOR, lo que nos daría un total de 90 o 100 kilos que para dos caballos suponían un esfuerzo más bien escasito, y para cuatro sería como tirar de un crío de 5 o 6 años montado en un monopatín. La otra parte del carro la formaba la lanza, que se proyectaba unos 230 cm. delante del carro formando una curvatura hacia arriba en su extremo, donde se colocaba el yugo. Los arneses tampoco tenían nada que ver con los modernos ya que aún no se habían inventado la collera y el balancín. Así pues, los caballos IVGALES, los uncidos al yugo, eran unidos al mismo a la altura de la cruz mediante unas correas que partían de la cincha y de un ancho collar que rodeaba el pecho. Los FVNALES, al no haber balancín, se unían a los IVGALES y al carro también con correas, por lo que tiraban del carro al mismo tiempo que apoyaban a sus compañeros, de forma que se "animaban" mutuamente a correr al unísono. Por cierto que, para impedir que las colas se trabaran en las correas, las riendas o cualquier otro sitio eran recogidas con cintas por los mozos de cuadra antes de cada carrera.

Mosaico en el que aparecen varios carros participando en una
carrera. Obsérvese que se muestran los nombres de los caballos:
ERIDANVS, ISPVMIVS PELOPS Y LVCXVR. En las grupas de
los caballos en primer término leemos CONCORDI, en alusión a
la armonía del tiro, y detrás de la espalda del auriga el nombre del
dueño de la cuadra, NICETVS. Sobre el mismo vemos la cola de
uno de los caballos totalmente encintada, y en las patas se pueden
apreciar las protecciones que les colocaban en las mismas
En fin, como vemos, los carros reales eran muy diferentes de la imagen que tenemos de estos chismes. En puridad, se puede decir que los caballos de una cuadriga corrían prácticamente sin realizar ningún esfuerzo excepcional salvo el de la carrera en sí, ya que los 25 kilos máximos que correspondían a cada animal eran insignificantes para caballos muy entrenados, fuertes y habituados a un constante ejercicio. Un caballo de carreras moderno debe soportar un peso mucho mayor, ya el que un jockey birrioso que ni fue a la mili por no dar la talla más la silla oscila, según el reglamento, entre los 48 y los 61 kilos, y para un caballo supone más esfuerzo galopar con un fulano encima que tirando del mismo. De ahí que las cuadrigas desarrollaran unas velocidades impresionantes, y que por ese motivo el personal contuviese el aliento cuando tomaban las curvas y estallasen de júbilo al ver que los carros de su FACTIO de su alma lograban salir airosos de la misma, bien pegados a la SPINA y ganando terreno a los adversarios. Ciertamente, debía ser un espectáculo visual sobrecogedor, las cosas como son.

Bueno, criaturas, espero que este trío de articulillos les haya ilustrado, deleitado y, sobre todo, les haya permitido olvidarse para siempre de los falsos mitos propalados por el cine. En lo único que se han aproximado a la verdad es en que los LVDI CIRCENSES eran un deporte de alto riesgo en el que la vida de aurigas y caballos pendía de un hilo cada vez que salían echando leches de las CARCERES, tanto o más que las de un piloto de coches o motos de carreras, de los que ya hay una larga lista de bajas por accidentes de lo más brutales. 

En fin, ahí queda eso.

Hale, he dicho

ENTRADAS RELACIONADAS:







"Circus Maximus", obra de Jean-Leon Gerome realizada en 1876 que nos muestra la grandiosidad del inmenso recinto atestado de público en el momento en que las cuadrigas toman la curva de la SECVNDA META. A la izquierda, sobre las gradas, aparece el Palatino, y delante de la barrera varios miembros de las FACTIONES observan el desarrollo de la carrera junto a un par de HORTATORES. Sin duda, las carreras de carros han debido ser el espectáculo más impresionantes de todos los tiempos

jueves, 6 de enero de 2022

LVDI CIRCENSES. FACTIONES Y AURIGAS

 

Unas de las METÆ, en ese caso la SECVNDA, donde el personal se daba unas costaladas de antología y no era raro causar baja absoluta, permanente, definitiva y rotunda de la FACTIO por la que corrían. Por cierto que esta panorámica nos permite apreciar muy bien la posición de las CARCERES respecto a la SPINA, y lo ventajoso de salir desde las situadas en el centro

El EDITOR LVDORVM a punto de dejar caer la MAPPA que daba la
salida a la carrera. Aunque la foto es del petulante prefecto de Judea
de la cinta Ben Hur (1959), la escena sería igual en cualquier caso
Prosiguiendo con la cosa circense, como complemento al artículo anterior hoy veremos con detalle quiénes eran sus principales protagonistas. Las carreras de carros no se organizaban como los MVNERA o las VENATIONES, cuyos componentes salían de las FAMILIÆ GLADIATORIA propiedad de un LANISTA que alquilaba a sus luchadores, por lo general y salvo el caso de los AVCTORATI que se enrolaban en la misma por su voluntad a cambio de un estipendio, nutridas por esclavos y prisioneros de guerra. Como ya se ha explicado más de una vez, el EDITOR LVDORVM de un MVNVS contrataba los servicios de un LANISTA que, en base al prestigio de su SCHOLA, cobraba más o menos por sus feroces pupilos. El negocio de la SCHOLA radicaba en la calidad del producto. Si sus luchadores ofrecían un buen espectáculo, la demanda aumentaba, ergo el LANISTA se podía permitir cobrar más y la plebe acudiría en masa a los anfiteatros porque estaba anunciada la presencia de FEROX, el tracio que se comía crudas las vísceras de sus oponentes, o de CARNIFEX, el hoplómaco que los troceaba con su gladio para preparar brochetas con sus cachos. Sin embargo, las carreras de carros eran un monopolio manejado por las FACTIONES, que son lo más parecido a un club deportivo de nuestros días. Esto quiere decir que si algún político con ganas de ganarse el favor de la plebe quería organizar un LVDVS CIRCENSE, no podía optar por los servicios de tal o cual LANISTA en base a su poder adquisitivo, sino que tenía que hocicar con las tarifas de las FACTIONES sí o sí, porque solo ellos podían organizar estas movidas.

MARCIANVS NICHA, Marciano gana, de la FACTIO
VENETA
, con sus cuatro ilustres pencos liderados por INLVMINATOR
(el que guía). Este probo auriga pudo haber corrido en otras
FACTIONES, pero el respetable seguía a su FACTIO predilecta,
no a su persona. Por cierto, observen las campanitas que cuelgan de
los pescuezos equinos. Ya hablaremos de ellas

No se sabe en qué fecha concreta surgieron las FACTIONES si bien fue en tiempos de la república. Eran, como se ha dicho, lo más parecido a un club deportivo actual ya que, además de los aurigas y los caballos, necesitaban un elevado número de personal para su funcionamiento que detallaremos más adelante. En este punto conviene tener en cuenta las principales diferencias de cara al público entre los gladiadores y las carreras de carros: mientras que los primeros permanecían toda su carrera en la misma FAMILIA GLADIATORIA, los aurigas podían cambiar de FACTIO como si de un jugador de balompié se tratase. Salvo que fuera un esclavo perteneciente al DOMINVS FACTIONIS, el "gerente" de la FACTIO, los aurigas solían ser libertos u hombres libres aunque de baja extracción social que podían cambiar de "club" si las condiciones que les ofrecían les resultaban más ventajosas. Por otro lado, mientras que la admiración popular en los MVNERA recaía sobre un determinado gladiador independientemente de la SCHOLA a la que perteneciera, en el caso de las carreras era al revés: la afición era hacia una determinada FACTIO, fuesen quienes fuesen sus aurigas. Un auriga podía ser un ídolo en todo el orbe romano y reconocido como tal, pero la devoción era hacia las FACTIONES. Es decir: tal como ocurre hoy día, aunque la afición admire a un jugador, siempre será partidaria de su club de su alma, y si la estrella ficha por otro equipo el personal no cambiará jamás su lealtad. Plinio el Joven lo explicaba a la perfección cuando decía que:

...si se sentían atraídos [el público] por la velocidad de los caballos o la habilidad de los conductores, uno podría explicarlo, pero de hecho son los colores de los tiros lo que realmente apoyan y les interesan, y si los colores se cambiaran a mitad del recorrido durante una carrera, transferirían su favor y entusiasmo y rápidamente abandonarían a los famosos conductores y caballos cuyos nombres gritan al reconocerlos de lejos. Tal es la popularidad y la importancia de una túnica sin valor con el color de la FACTIO, y no me refiero a la multitud, que vale menos que la túnica, sino a ciertos individuos importantes.

Más claro, agua: desde el más misérrimo plebeyo hasta el más encumbrado OPTIMAS (aristócrata) mantenían a ultranza su lealtad por una FACTIO, y el auriga más afamado no cambiaría esta devoción ni aunque ganase absolutamente todas las carreras. 

Aurigas junto a los caballos líderes de cada tiro. Cada pareja
representa a una de las FACTIONES que gozaban del
monopolio circense. De izquierda a derecha y de arriba abajo
vemos la VENETA, la RVSSATA, la ALBATA y la PRASINA

Originariamente se formaron en Roma dos FACTIONES, la FACTIO RVSSATA (los Rojos) y la FACTIO ALBATA (los Blancos), a las que durante los primeros tiempos del Principado se sumaron dos más, la FACTIO VENETA (los Azules) y la PRASINA (los Verdes). Diocleciano añadió otras dos, la PVRPUREA y la AVREA (Púrpura y Dorada), si bien estas duraron lo que la vida del emperador, porque en cuanto palmó desaparecieron. Así pues, las FACTIONES se constituyeron en poderosas empresas que movían cantidades ingentes de dinero ya que cualquier carrera que se organizara en el territorio del imperio tenía que pasar por ellos. Lógicamente, establecieron una extensa red para controlar los circos de sus provincias, así como la crianza e importación de los cientos de caballos necesarios para el mantenimiento del negocio. De ese modo, mientras que entre los griegos la posesión de caballos y la participación en las carreras eran un símbolo del estatus social y económico de un ciudadano, en Roma ese prestigio lo ostentaban las FACTIONES.

Como ya podrán imaginar, cada FACTIO requería unas instalaciones de envergadura para acoger a su extenso catálogo equino más el personal destinado a todo tipo de labores relacionadas tanto con los animales como el mantenimiento de carros, atalajes, etc. Lo habitual era que los STABVLA FACTIONVM (establos de cada FACTIO) estuvieran ubicados a escasa distancia de los circos, no más de un par de kilómetros. En el caso del Circo Máximo, se encontraban en el CAMPVS MARTIVS (Campo de Marte), donde podían aprovechar el TRIGARIVM del mismo para ejercitar sus pencos y que no se les ensainaran en demasía. El TRIGARIVM era un extenso llano dedicado a ejercicios ecuestres, sobre todo por el ejército. Tomaba su nombre de las TRIGÆ, carros con un tiro formado por tres caballos que acabó dando su nombre para designar de forma genérica a estos ejidos donde poder practicar la cosa hípica. En la recreación de la izquierda vemos el Campo de Marte sombreado de verde hacia el siglo III d.C., anejo al Circo Máximo. El antiguo estaba fuera del POMERIVM, los límites de la ciudad.

Este bajorrelieve muestra lo que podrían ser tres SPARSORES
debajo de los tiros
Cada FACTIO, formada por una FAMILIA QVDRIGARIA, estaba dirigida, como se ha dicho, por un DOMINVS FACTIONIS perteneciente al orden ecuestre. Este probo EQVES era el que dirigía el cotarro y tenía a sus órdenes a un pequeño ejército de currantes de todo tipo que iban desde los ojeadores que acudían a las carreras en busca de nuevos talentos a los mozos de cuadra pasando por los SVTORES, talabarteros dedicados a la fabricación y reparación de los arneses, los TENTORES, encargados de accionar las puertas de las CARCERES cuando el EDITOR dejaba caer la MAPPA, el CONDITOR, cuya tarea era supervisar el buen estado de los establos asistido por su ayudante, el SVBCONDITOR, o el MORATOR (sujetador), que era el que retenía a los animales antes de la salida o se encargaba de sacarlos de la arena en caso de NAVFRAGIVM. A estos oficios habituales se sumaban otros más curiosos, como el SPARSOR (esparcidor), un personaje que suele aparecer en los bajorrelieves de la época y que parece ser que tenían como misión esparcir agua en la arena para asentar la polvareda que levantaban los carros de otras FACTIONES, sobre todo en las cerradas curvas de las METÆ. Otros opinan que su cometido era echar agua sobre los caballos para refrescarlos. Sea como fuere, lo cierto es que las representaciones que se conservan no dejan muy claro cuál era su trabajo.

Auriga victorioso con la palma y la corona acompañado de su
HORTATOR, que le ha ayudado a obtener la victoria
Y, contrariamente a lo que solemos ver en las pelis, los carros no corrían solos. Los aurigas de cada FACTIO iban acompañador de un HORTATOR (animador), denominado también como IVBILATOR, un fulano que cabalgaba tras ellos animándolos y, posiblemente, haciéndole advertencias acerca de sus adversarios y transmitiéndoles instrucciones del DOMINVS porque, como ocurre en las carreras actuales, en los LVDI las FACTIONES corrían por equipos, poniendo en liza hasta un máximo de tres carros por carrera. Uno de ellos era el líder, mientras que sus colegas se encargaban de cerrar el paso y obstaculizar en lo posible a los carros adversarios, así como impedir que se echasen encima de su compañero. Obviamente, esto tenía una finalidad muy lógica: además de los premios y el prestigio, las apuestas movían verdaderas fortunas en las carreras, y había que hacer todo lo posible por hacer ganar al auriga más selecto de cada FACTIO. A todo este personal tenemos que añadir obviamente a los MEDICVS, tanto para aurigas como caballos, y los DOCTORES, los entrenadores, aurigas retirados que, como los actuales apoderados taurinos, no sabían vivir fuera del ambientillo circense y tras jubilarse seguían en la brecha enseñando a los jóvenes los ardides y triquiñuelas para culminar exitosamente cada carrera, llegando vivos y enteros al final de la misma.

Anverso de un dracma donde aparece un DESVLTOR
con su mínima indumentaria: un gorro cónico y un
taparrabos
Hablamos pues de una plantilla de unos 250 hombres, más una cuadra formada por cientos y cientos de caballos, si bien de estos animalitos hablaremos con detalle en la siguiente entrada. Hay que tener en cuenta que, para hacernos una idea y según registros de la época, en el período imperial se celebraban hasta 24 carreras en un solo día, y había 66 días a lo largo del año en los que por un motivo u otro- religiosos, celebraciones civiles o militares, etc.-, aparte de los celebrados motu proprio por algún ricachón, tenían lugar LVDI CIRCENSES. Como ya podrán imaginar, tanta carrera requería unas infraestructuras muy complejas y una abrumadora cantidad de personal, y no solo en Roma, sino en cualquier población que tuviese un circo. Por otro lado, si en esas 24 carreras corrían doce carros a razón de tres por FACTIO y considerando que no todos eran QVADRIGÆ, sino también BIGÆ y TRIGÆ, hablaríamos de alrededor de unos 800 caballos aproximadamente, a los que habría que sumar unos 200 más para los empleados de las FACTIONES y los DESVLTORES (saltadores), unos jinetes acrobáticos que hacían las delicias del personal haciendo malabarismos sobre dos caballos que galopaban juntos, saltando de uno al otro y, en resumen, haciendo filigranas ecuestres para entretener al público entre una carrera y otra. Imaginen vuecedes el maremagno que supondría manejar a un millar o más de briosos pencos, todos ellos enteros y extremadamente inquietos por el ambiente lleno de tensión y 150.000 gargantas en carne viva de otros tantos ciudadanos berreando como íncubos desollados sacados del abismo.

Recreación del circo de CAMVLODVNVM, actual Colchester, en
Essex (R.U.) Como vemos, sus dimensiones eran impresionantes y,
a pesar de la lejanía respecto a Roma, también era controlado por
las FACTIONES para organizar los LVDI del país
Con el paso de los años, las FACTIONES se habían convertido en un negocio de tal envergadura y movían tales cantidades de dinero que, hacia el imperio tardío, fueron fagocitadas por el estado que, como es habitual, nunca ha dejado ni deja pasar la ocasión de trincar pasta. Así, hacia el siglo IV d.C. los EQVITES que ejercían como DOMINVS FACTIONIS fueron sustituidos por FACTIONARII, unos meros funcionarios estatales que, generalmente, eran elegidos entre antiguos aurigas. De ese modo, el emporio que suponían las carreras quedó en manos del estado, que por razones obvias pasó a embolsarse los suculentos beneficios que generaban las FACTIONES. Hablamos de decenas de circos repartidos por el imperio, y de una afición formada por cientos de miles de personas deseosas de presenciar las carreras que, año tras año, los políticos ávidos de ganarse el favor del pueblo seguían organizando a costa de entramparse hasta las cejas para una temporada pero que, si obtenía el cargo deseado en los comicios de turno, sabían que compensarían con creces el desembolso.  

Tensión a tope en las gradas. La cuadriga de la FACTIO VENETA
acaba de perder una rueda mientras es seguida a escasa
distancia por la de la FACTIO PRASINA
Hacia el siglo VI d.C., las cuatro FACTIONES se habían reducido a dos debido a que los Rojos se fusionaron con los Azules y los Blancos con los Verdes, de forma que acabaron prevaleciendo los segundos, o sea, las FACTIONES VENETA y PRASINA, que eran las que desde mucho antes habían gozado de más popularidad incluso entre los mismos emperadores, que se declaraban abiertamente partidarios de una u otra FACTIO y colmaban de honores, prebendas y regalos a los aurigas que les habían hecho ganar en las apuestas. Porque no olvidemos que en Roma apostaba hasta los difuntos, y los OPTIMATES eran los primeros en jugarse hasta las pestañas cuando combatía su gladiador favorito o corría el auriga de la FACTIO de sus entretelas. De hecho, igual que Cómodo era tan aficionado a los MVNERA que se dice que llegó a luchar en la arena, hubo gente de alcurnia- al parecer incluso Nerón- que no dudaron en conducir un carro poseídos, según Suetonio, por un FOEDVM STVDIVM, un deseo vergonzoso impropio de su estatus.

Recreación del circo de Constantinopla
Ya en las postrimerías del imperio, hacia los siglos V y VI, mientras que en Occidente la afición por las carreras fue decayendo, en el imperio de Oriente aumentaron de forma ostensible. En Bizancio, luego rebautizada como Constantinopla, Septimio Severo había edificado un circo a principios del siglo III que, posteriormente, fue reformado y aumentado de tamaño por Constantino. En dicho circo, el que el personal mostraba aún más fanatismo y denuedo que en la antigua metrópoli, dando lugar a rivalidades que convertirían las batallas campales entre los hooligans de los british (Dios maldiga a Nelson) en insignificantes refriegas barriobajeras, dando lugar a verdaderas asonadas que tuvieron que ser reprimidas a sangre y fuego por el ejército con miles de muertos por medio. Con todo, y para no alargarnos más, creo que es preferible dejar el mundo de las carreras en el Imperio de Oriente para un articulillo en exclusiva, porque él te mató. Davía da... ¡pará!... más (el eximio, genial e inolvidable Daniel Ravinovich DIXIT).

Estatuilla de bronce que muestra un AGITATOR victorioso.
En la mano izquierda lleva la palma. En la derecha,
desaparecida, empuñaría la corona de laurel y el látigo
Bien, creo que ya tenemos claro qué eran las FACTIONES y el importante papel que tuvieron en el desarrollo de las carreras de carros, por lo que ahora toca estudiar a los verdaderos protagonistas de estas movidas: los aurigas. Ante todo, debemos tener en cuenta que, aunque nosotros usamos el término auriga de forma genérica para referirnos a los conductores de carros de cualquier tipo, en realidad eran un rango dentro de los profesionales de las carreras. Según mi paisano Isidoro, la palabra AVRIGA proviene de AGERE o REGERE (conducir o guiar un carro), y es considerada como sinónimo de AGITATOR, también derivada de AGERE. Pero en la FAMILIA QUADRIGARIA era considerado el conductor con menos experiencia. Ojo, experiencia, habilidad, independientemente de su edad. Podía haber conductores muy expertos e incluso considerados como estrellas del espectáculo siendo apenas un FLORENS PVER (muchacho en ciernes, o sea, que apenas habían dejado atrás la adolescencia), y otros con más vueltas dadas que un tiovivo que no ascendían de rango, por lo que primaban ante todo las dotes y el talento de cada conductor. El de rango más elevado era el AGITATOR, también llamado QVADRIGARIVS por ser los conductores de cuadrigas, el tiro más complicado dentro de los habituales (los había de hasta diez caballos, pero de esos ya hablaremos en su momento), y como es lógico manejar cuatro fogosos pencos era bastante complicado. De hecho, a partir del siglo III los EQVES dejaron de dirigir las FACTIONES, cuya administración empezó a confiarse en el más aventajado de una FACTIO con el rango de DOMINVS ET AGITATOR FACTIONIS si bien no se sabe con certeza el motivo del cambio, que bien podría ser para evitar que determinados EQVITES se forraran con los jugosos beneficios que obtenían y poder así ganar influencia política. Tras el AGITATOR tenemos al BIGARIVS, los conductores de las BIGÆ, los carros de dos caballos que eran más frecuentes en las carreras de lo que imaginan porque en las pelis siempre nos ponen cuadrigas. Finalmente, el AVRIGA era el tercero en el escalafón, o sea, el menos cualificado, solo por encima del RVDIS AVRIGA, el conductor inexperto que estaba empezando su carrera en la FACTIO y que habría sido reclutado por algún ojeador de la misma si veía potencial como para sacar de él un AGITATOR como Júpiter manda.

Un auriga ganador de una carrera junto al HORTATOR y el
SPARSOR, que refresca el belfo de uno de los caballos. En
realidad, el éxito de una carrera dependía de un trabajo en
equipo. Sin buenos colaboradores, el mejor auriga no se
comía un rosco ni a tiros
Como ya hemos comentado, los aurigas más renombrados eran hombres que levantaban pasiones en el circo como hoy día lo hace un jugador de balompié o baloncesto. Aparte de su estipendio como empleado de la FACTIO cobraba un premio en metálico además de la corona de laurel y la palma, premio que variaba en cuantía según el tipo de carro que conducía, el puesto que alcanzaba en la carrera y si el premio había sido obtenido de forma individual o por equipos. Para aclararnos, podemos tomar la trayectoria de Gaio Apuleyo Diocles, considerado como OMNIVM AGITATOR EMINENTISSIMVS, el más destacado de todos los conductores tras retirarse con 42 años tras 24 de carrera profesional. Este probo conductor, cuya trayectoria es perfectamente conocida, es considerado como el profesional del deporte mejor pagado de la historia. De hecho, se han hecho conversiones de su fortuna, que alcanzó los 35.863.120 sestercios, al valor adquisitivo de la misma en nuestros días, y comparados con las actuales estrellas deportivas les echa la pata con creces. Su capital era equivalente a la friolera de 11.200 millones de dólares, mientras que Michael Jordan, el jugador mejor pagado de nuestros tiempos, ha ganado 1.850 de nada. El tristemente maltrecho Schumacher, que tras desafiar cientos de veces a la muerte como piloto de Fórmula 1 lleva varios años descerebrado por algo tan chorra como una caída esquiando, ganó 1.000 millones, así que un auriga de fama podía ser mucho más ricachón que cualquier OPTIMAS romano.

Moneda que presenta una Victoria alada conduciendo una TRIGA,
uno de los tiros más desconocidos por lo general
Diocles compitió en 4.257 carreras, ganando en total 1.462 tanto en CERTAMINA SINGVLARVM (a nivel individual) como en CERTAMINA BINARIVM (por equipos) conduciendo tiros de dos, tres y cuatro caballos, y en ocasiones más especiales hasta de seis y siete. Una victoria con una cuadriga le suponía un premio de 20.000 sestercios, mientras que con tiros especiales podía oscilar entre los treinta y cincuenta mil sestercios. Pero aún siendo Diocles el más exitoso, no era el único MILIARI, los conductores que sobrepasaban el millar de victorias, y como ya sabemos se conservan mogollón de mosaicos o se han descubierto grafitis con los nombres de aurigas de relumbrón como Flavio Scorpus, que participó en 2.048 carreras antes de estamparse con su carro, Publio Elio Gutta Calpurniano, Pompeyo Muscloso o Scirto. Otros se quedaban solo en promesas truncadas, muertos en la arena cuando tenían por delante una fructífera carrera profesional, como Eutyches, que se estrelló en Tarraco con solo 22 años siendo ya BIGARIVS, o Sexto Vistilio Heleno, que debía ser un chaval talentoso ya que, siendo apenas un adolescente, corría con los Verdes para acabar su carrera con los Azules con solo 13 años. Como vemos, en el mundo de las carreras no había edades si uno tenía talento, y Orfeo, el entrenador de Heleno, debió ver el potencial del mocito cuando a tan temprana edad ya lo hacía correr como AVRIGA en la FACTIO PRASINA tras arrebatárselo a los de la VENETA. Más aún: se tiene constancia de un tal Crescens, un chaval que corría en el Circo Máximo que ganó su primera carrera conduciendo una cuadriga con solo 13 años tras haber iniciado su andadura como AVRIGA con apenas 10, siendo por ello considerado el conductor más joven del que se tiene noticia.

Sórdidos, viles, infames y blablabla, pero hasta los senadores
decoraban sus suelos con los aurigas más afamados incluyendo
a sus pencos más célebres
Sin embargo, y a pesar de su fama y el pastizal que ganaban, los aurigas estaban considerados, como dijimos en el artículo anterior, PERSONÆ INHONESTI. Los picos de oro de la época como Tácito, Dion Casio, Suetonio o Marco Valerio Marcial los señalaban como gente SORDIDA, FLAGITOSA, INFIMA y VILISSIMI, quizás porque la práctica totalidad de los nombres de aurigas que han llegado a nosotros indican que eran mayoritariamente, sino todos, de origen griego, cuando no esclavos y libertos que, como sabemos, adoptaban los nombres de sus antiguos amos cuando eran manumitidos. Además, por sus escritos dan la impresión de que envidiaban sobremanera ver que estas figuras del circo ganaran dinero a espuertas mientras que ellos no alcanzaban a ganar en sus vidas lo que uno de estos aurigas de relumbrón en un año. Obviamente, tapaban sus envidias insanas alegando que los atletas de toda la vida ganaban en CERTAMINA SACRA, competiciones sagradas, mientras que los aurigas lo hacían por el cochino y vil dinero que ellos anhelaban pero no ganaban a pesar de sus elegantes poemas, epigramas y demás obras literarias con las que hacían la pelota a los mandamases. El mismo Marcial se delataba descaradamente cuando escribió que él mismo ganaba poca cosa en todo el día "...mientras que en una sola hora Scorpus, un ganador de la carrera, se lleva quince bolsas de oro reluciente." Envidia, envidia cochina, ¿qué no?

Derrape en una curva. Si el carro volcaba tenían claro que los
que venían detrás le pasarían por encima sí o sí
Con todo, es evidente que no todo era oro como el que trincaba Scorpus. La realidad es que el mundo de las carreras de carros era un oficio de muy alto riesgo, y hasta los ídolos más venerados por el pueblo podían acabar sus días estrellados contra la SPINA o arrollados por otro carro cuando el suyo volcaba en plena recta, cuando los tiros alcanzaban su máxima velocidad y el conductor o no podía o no quería esquivar al rival en apuros. En la arena no había amigos, y solo contaba una cosa: ganar. En las carreras prácticamente no había reglas. Los aurigas expertos eran temibles porque sabían cerrar el paso, cruzarse en el camino del adversario y tomar las curvas sin derrapar. El líder de cada FACTIO, como hemos comentado antes, era arropado por dos colegas que eran tanto o más marrulleros, y se encargaban de impedir que los aurigas de las otras FACTIONES interfirieran en su trayectoria. Los accidentes eran la tónica habitual, y no eran para tomarlos a broma porque quedar lisiado o acabar muertos no era la excepción, sino la regla en la mayoría de los casos.

Auriga mostrando las FASCIÆ PECTORALIS
con que protege su cuerpo. En el óvalo vemos
el pequeño cuchillo curvado para cortar las
riendas en caso de accidente
Para protegerse en lo posible de los golpes, los aurigas se cubrían la cabeza con un PILLEVS, un gorro fabricado de cuero o grueso fieltro, y se envolvían el cuerpo con FASCIÆ PECTORALIS, unas gruesas bandas de cuero que, aun sin restarles movilidad, les ofrecían protección para no reventarse la caja torácica en un encontronazo. Las piernas se las cubrían con FASCIÆ CRVRALES, unos perniles similares a los usados por los gladiadores. A todo ello sumaban un pequeño cuchillo curvo a modo de tranchete afilado como una navaja barbera y que llevaban bien ajustado entre las FASCIÆ para no perderlo. Como recordaremos, tanto etruscos como romanos tenían la costumbre de envolverse las riendas en la cintura, dejando la mano izquierda para manejarlas y la derecha para sujetar el látigo. Esta norma, aparentemente suicida, no se había adoptado para matarse antes, sino para manejar mejor el carro. Cuatro pencos tiran una burrada, y era más fácil manejarlos usando el peso del cuerpo balanceándose de un lado a otro, limitándose a tirar de las riendas en las curvas para obligar a tomarlas lo más cerradas posible a los caballos situados en el lado izquierdo del tiro. Recordemos que el recorrido era en sentido contrario a las agujas del reloj. Así pues, en caso de salir despedido del carro, que este se rompiera en pedazos o lo que fuese, el auriga se veía arrastrado por cuatro caballos que corrían como demonios, y la única forma de no dejar literalmente el pellejo en la arena era sacar el cuchillo y cortar las riendas que lo mantenían unido al tiro. Con todo, el peligro no terminaba cuando el atribulado auriga lograba separarse del tiro ya que los carros que venían detrás podían arrollarlo y hacerlo pedazos, o quedar tan maltrecho que no podía moverse hasta que los camilleros acudían en su auxilio y se lo llevaban a toda prisa. En cuanto al tiro, un MORATOR de su FACTIO se encargaba de detenerlos con la ayuda del HORTATOR para sacarlos de la arena. Un tiro de caballos sin control era muy peligroso para los aurigas que seguían en liza, así como los restos del carro accidentado, que tenían que ser evacuados para impedir que en la vuelta siguiente provocaran otro NAVFRAGIVM. A pesar de sus anacronismos y sus errores palmarios, en la peli de Ben Hur reflejan de forma bastante acertada esta parte tan chunga de las carreras, y muestra fielmente cómo debían ser los terroríficos accidentes que hacían clamar de angustia a los seguidores de la FACTIO malograda, y de alegría a los que veían asegurada su apuesta.

Una DEFIXIO TABELLA datada hacia el siglo IV d.C.
El FVROR CIRCENSIS, la pasión por el circo, iba mucho más allá de las discusiones tabernarias o las broncas en el graderío. Los romanos, que como sabemos eran supersticiosos hasta la médula, recurrían a lo que fuera con tal de que su FACTIO ganara el LVDVS que se avecinaba. Hechizos, conjuros y todo tipo de amuletos eran habituales para poner a Fortuna de su lado, y hasta se recurría a las DEFIXIONES, unas tablillas de arcilla, bronce o cobre con las que los seguidores de una determinada FACTIO invocaban a las fuerzas cósmicas y el poder de los dioses para hacer la puñeta a los carros de las FACTIONES rivales, conjurando todo tipo de males hacia sus aurigas y caballos más conocidos. Se las ingeniaban para enterrarlas en las CARCERES el día antes de la carrera, o sobornaban a cualquier funcionario del circo para que las pusiera cerca del carro rival. Más aún: en un intento de atraer sobre sí la suerte de los aurigas más afamados, hasta se mandaban fabricar anillos a modo de amuletos en los que incrustaban una piedra del color de su FACTIO, o les hacían grabar invocaciones como las que exclamaba la multitud durante las carreras, tales como AVE (¡Salve!), NICA (¡Gana! en griego, término que trascendió al mundo romano) o NICA VENETE (¡Ganad, Azules!). Algunos, verdaderos fanáticos, hasta se mandaban decorar las tumbas con motivos circenses gracias a los cuales podemos tener testimonios gráficos sumamente valiosos para conocer mejor los pormenores de los LVDI CIRCENSES. Vienen a ser como los que palman y dejan dicho a la familia que echen sus cenizas en el campo del Betis o del Sevilla, hecho de los que tengo constancia por conocidos.

Bueno, criaturas, con esto terminamos por hoy. En la próxima entrada hablaremos de los caballos y los carros, que son los otros protagonistas de este espectáculo que, como ya anunciamos en el artículo anterior, era el que de verdad apasionaba a los habitantes del imperio. Si hay algo que imite a la perfección el FVROR CIRCENSIS es el desmedido fanatismo de los seguidores de los equipos de los deportes espectáculo del mundo que, como las FACTIONES, no solo son capaces de gastarse los ahorros en una entrada y un billete de avión para ver un partido, sino de palmarla de un infarto si su equipo pierde. 

AVE ATQVE VALE

Hale, he dicho

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Si en las pelis resultan emocionantes, ¿cómo no serían en la realidad?